Advertencias: Me ha sorprendido el recibimiento del fic, no voy a negarlo, pero era solo una introducción a esos sentimientos ocultos. Es posible que este capítulo no guste, presenta una situación más arriesgada. Trato un tema polémico y es más dramático. También hay un OC, no se roba protagonismo, sólo quiero que cumpla el papel de malo maligno xD.

Estetoscopio

Cero negativo

Leyó el último informe y algo, no sabía si porque la misma moda es cíclica, la llevó a aquella conversación ¡Qué buena decisión había tomado su secretaria al abandonar la empresa! Estaba acabada, sin duda. Cada temporada era peor que la anterior y su valor iba disminuyendo todos los días. Ya no recordaba cuál había sido la última tienda importante inaugurada. Nadie tenía muy claros los motivos, pero era seguro, solo podían salvar la firma vendiéndola a la competencia: Mark Mühlenen, el dueño del imperio alemán online que arrasaba en oriente.

Y, aun tomando esa decisión, tendrían que reducir gran parte de la plantilla. Las tiendas online salen muy baratas en cuanto personal.

―Me apena esta situación ―había dicho Mark el gordo, como a sí mismo le gustaba llamarse. Bromeaba con poseer una tripa con órbita propia (creía que el mundo giraba en torno a él) e incluso, cuando no estaba en un casino apoyando cubatas encima de ella, daba conferencias defendiendo su enorme barriga como símbolo contra los "comehierbas"―. De ningún modo trato de aprovecharme de ella. Así son los negocios, el pez grande se come al pequeño, pero no puedo dejar de pensar en esas personas que han dedicado la mitad de sus vidas a esta casa. Pensadlo, pero hacedlo rápido, no quisiera terminar comprando una tienducha de barrio. Ya sabes las condiciones de mi oferta.

Sora conocía bien esas condiciones, eran tan indignas e insultantes que solo podía escupirles encima. Ni siquiera entendía por qué tenía tanto interés en acostarse con ella aunque intuía que sus noches con putas se habían vuelto aburridas. Siendo su lema "si el dinero no puede solucionar algo, es que no has ofrecido la cantidad suficiente", no necesitaba indagar en su persona.

No se lo había contado a nadie más, los rumores de la quiebra se iban haciendo más consistentes pero la parte sonriente era la que iba todos los días a la oficina.

Claro que la mueca se asomó sin poder detenerla. Se dijo, es imposible y a la vez, algo le indicaba que no lo era.

"Un nuevo caso de ángel de la muerte"

Su corazón se aceleró. Agarró el periódico con las manos temblorosas y leyó palabras sueltas necesitando algo, un indicio de que sus latidos estaban errados, las iniciales que le dijeran que no era su amigo el rostro pixelado de la fotografía. Podía haber más médicos con ese corte de pelo, con la misma palidez, podían ser igual de delgados… podían ser J.K. Millones de personas, no es mucho suponer que pudiesen coincidir en eso también.

Además, era estúpido pensar en ello. Joe Kido jamás podría ser un ángel de la muerte, porque en todos esos años nunca había visto a su amigo hacer algo que fuese en contra de la ley. Joe Kido, el mismo que rezaba oraciones antes de una operación pidiendo un milagro, no podía inducir a la muerte siendo consciente de ello.

No podía ser real y estaba ante sus ojos.

"Hasta el momento se han investigado treinta presuntos asesinatos cometidos por el médico, pero no se descarta que haya muchos más…"

"Al parecer, comenzó a practicar eutanasias activas a raíz de una depresión cuyos allegados aseguran…"

Sora detuvo la lectura. No se pudo sentir más estúpida por creer que su amigo había sobrellevado bien la situación. Qué injusta había sido, solo por seguir sus consejos, porque sentía que eso era lo que él esperaba de ella, que permaneciera con su familia. Le había abandonado en su peor momento ¿Cómo pudo creer que se valía por sí mismo? ¿Cómo no ser capaz de ver sus tormentos?

¿Cómo no apoyarle después de presenciar el inicio de su locura años atrás?

El día que nadie quiso esperar. Su rostro descompuesto delante de sus mismos pacientes. Desquiciado por completo, y sin embargo, tan cuerdo.

―¡No! ¡NO! ―había gritado hasta que fue imposible saber qué estaba diciendo.

―¿Qué hace él aquí? ―preguntó el jefe del hospital, ataviado en su bata como rara vez ocurría, solo para poder intervenir en ese caso―. Sacadlo, lleváoslo, que no lo vea. Conectad los monitores, vamos, no podemos perderlo.

―¡Puedo hacerlo! ―exclamó soltándose con una fuerza nunca vista en su delgado cuerpo. Dos hombres más corrieron para detenerle.

―No puedes, no puedes ejercer con un familiar, lo sabes.

Joe Kido conocía el reglamento y por primera vez quería saltárselo como fuese.

―Es su corazón ¡Está en su corazón!

―Lo saben Joe, todos son médicos, por favor, mantente alejado de esto.

Joe Kido solía ser un hombre medido. Hacía mucho tiempo que había controlado su ansiedad, todos se extrañaron al verle así. Pero quién, de todos ellos, sería capaz de actuar con la cabeza fría al ver que el paciente adolescente con un cuadro crítico que ha llegado a urgencias y necesita una sangre muy rara, no es otro que tu hijo.

Cero negativo. Su padre tampoco podía ser donante, él era cero positivo. El negativo le venía por su madre. Joe solía decir con una sonrisa que era el grupo de los que daban todo sin esperar nada a cambio. Y ese tipo de personas no siempre se ven recompensadas.

"Según fuentes procedentes del hospital, el residente J.K., era uno de los mejores profesionales del país hasta el fatídico accidente hace dos años en el que..."

¿Dos años? Sora levantó la vista por primera vez, ese dato tenía que estar equivocado. Solo había visto a Joe en una ocasión tras el funeral de su hijo y, aunque estaba más callado de lo normal, lo encontró tan centrado como siempre. Se acordaba de haberlo comentado con Yamato. Lo guardaba en su mente, escuchar esa voz llena de celos mientras apoyaba los pendientes en la mesilla de noche.

―Centrado ¿Centrado, Sora? Sabes, siempre he creído que te ciegas cuando se trata de él ―confesó soltando el rencor acumulado―. Eres capaz de ver los defectos de cualquiera, eres igual que tu madre. Pero no, a él le encuentras centrado.

Si lo hubiese dicho de otro modo, demostrando cómo le preocupa que pudiera estar perdiendo el interés en la pareja, encontraría seductor esa llamada de atención, pero hablaba el amor propio, y ya ni recordaba la última vez que reaccionó al observarla quitándose el sostén.

―¿Acaso no es cierto? ―preguntó Sora con los ojos muy abiertos. Nunca había tratado con esa situación.

Yamato se desplomó sobre la cama con los zapatos puestos. Sora los miró con desaprobación, apretó los labios y se puso una camiseta.

―No es eso, es… cómo lo dices ―explicó Yamato bajando el tono de voz.

Su cuello se tensó al escucharlo.

―¿Cómo digo el que? Centrado, ¡a quién se le cuente! ¿Cómo te puede molestar eso? Nunca he escuchado a nadie decir "Dios, qué tío tan centrado. Cómo me pone eso".

Yamato le dio la espalda. A ella y a su risa burlona. Aquella noche la pasó despierto sobre la colcha sin quitarse los zapatos.

―Déjalo, para que luego te quejes de que no hablo sobre sentimientos…

Sora apagó la luz, lamentándose por no haber comprado una casa con un dormitorio extra.

Al día siguiente, Yamato, ojeroso, la llamó por teléfono dos veces. Una a la hora de la comida y otra antes de llegar a casa. Tenía que oírselo, no estaba enfadada, entendía su inseguridad y le seguía queriendo. Pero sobre todo, no volvería a pasar tanto tiempo hablando con otro hombre, ya fuese centrado o no, mientras desatendía a su marido.

No le costó mucho mantener esa promesa, ya que no había vuelto a saber de Joe Kido hasta ese momento.

Una sonrisa que aparecía en la intimidad revelaba que sí había roto esa promesa, pero Sora creía que si no pasaba de su mente no estaba tan mal.

Solía recurrir a Joe para poder excitarse. También cuando estaba aburrida fantaseaba con él, palpándole el cuerpo con ese aparato del cuál seguía sin recordar el nombre. Un roce frío. No entendía su atracción a lo frío. Le imaginaba impasible, tan solo su garganta se contraía tragando saliva, porque quería ver como su desnudo alteraba a alguien y quien mejor que él, a pesar de que un médico ve otros cuerpos a diario. Le gustaba que pusiese un poco de resistencia, porque de otro modo no sería el Joe que conocía. Le decía, "no podemos hacer esto, hay pacientes esperando". Y ella le contestaba que también estaba enferma. Cuando se daba cuenta de a quién estaba abrazando mientras pensaba esas cosas, llegaba a la conclusión de que no era tan fantasía después de todo. Estaba enferma.

"Declaran haberle visto con síntomas de resaca y abusando de pastillas…"

La noticia apuntaba a una posible reducción de condena si finalmente se aceptaba como atenuante su depresión. Sora no quería pensar en una reducción de condena, porque lo último que podía imaginar era a su amigo, el hombre con la actitud más recta que conocía, pasando más de un día en prisión.

A pesar de sus deseos, llevaba tres días encerrado.


1. ¿Por qué esa fijación con la barriga de Mark? Para mí en él representa la gula y quería mostrarlo como un millonario lleno de vicios (juego, comida, bebida, mujeres)

2. Ángel de la muerte puede tener muchos significados, pero así he visto que llaman en la prensa a las personas que son juzgadas por practicar la eutanasia. Es un debate que me queda grande, aunque trataré de profundizar más.

3. Los cero negativo pueden donar sangre a todos, pero solo pueden recibir del mismo grupo. Por eso "que dan todo sin esperar nada a cambio".

4. No quería matar a nadie, necesitaba a Joe condenado y para eso, tenía que justificar su cambio y fue lo único que se me ocurrió.

5. Intenté reflejar las dos partes del matrimonio Ishida, sí, Matt no era capaz de hablar; tampoco Sora colaboraba mucho. Muy pocas veces hay un solo culpable.

Ya está. Espero continuar pronto la historia.