Overkligt
.
.
.
En tardes como estas me invaden los recuerdos, las memorias fragmentadas que me han acompañado hasta el día de hoy. Desde hace algunas semanas hay una monotonía inquebrantable que se ha establecido a mí alrededor, como que las cosas más simples se vuelven pesadas de hacer desde levantarse por la mañana hasta acostarse por la noche. Este día intenté hacer que todo fuera diferente. Quise cambiar las sabanas de la cama, dormir en el otro lado del colchón, hacer las compras yendo por calles distintas. No obstante no surtió el efecto que deseaba, todo es exactamente igual.
Al regresar con las compras las acomodé en su sitio categóricamente como suelo hacer, prácticamente soy enemigo de que haya latas y empaques fuera de lugar. Luego de eso abrí una botella de agua y me senté frente al escritorio que está muy cerca de la ventana, contemplé largo rato el bello atardecer que tenía enfrente mientras el aroma de las rosas llenaba la habitación. Desde hacía algún tiempo que mis flores preferidas me causaban cierta nostalgia.
Nostalgia por un par de ojos que no he podido olvidar a pesar de que su rostro de ha ido borrando poco a poco de mi memoria, tan solo recuerdo vagamente el color de su cabello, un verde que jamás pasaría desapercibido o ya no estoy tan seguro porque lo he buscado en varias ocasiones desde que nos despedimos hace ya algunos años.
—Me gustaría decirte que no te olvidaré pero eso no podré saberlo —eso fue lo que le dije antes de despedirme, no puedo recordar con claridad que paso después, tan solo me veo a mi mismo en el tren que va hacía Mälmo desde Copenhaghe.
Sé que ella me acompañó hasta Estocolmo y pasamos juntos un par de días antes de regresar a Grecia. Yo viví un tiempo en Atenas hace ya varios años, estoy seguro de que ella también vivió allá pero no puedo encontrar en mi memoria algún recuerdo suyo de esos días. Como si el tiempo hubiera sido recortado de una manera abrupta borrando todo recuerdo de mi juventud temprana.
Me recargué en la silla pesadamente dejando el agua sobre el escritorio, tanto silencio me está haciendo pensar tonterías nuevamente por lo que preferí encender la radio buscando algo que entretenga mi mente. "Sounds of silence" está sonando en una conocida estación de clásicos, esa misma canción sonaba en la estación del tren aquel día que regresé a este país.
En ese momento saqué una vieja libreta de notas que estaba bajo una pila de papeles sobre el escritorio, en esa libreta apunté algunos datos respecto a la misteriosa joven a la que no consigo recordar: visitamos Estocolmo a finales de marzo de 19.., estuvimos en la vieja casa donde nací muy cerca del Gamla Stan, luego de eso recorrimos las calles de Estocolmo y yo compré un libro. Sí, estoy seguro de haberle regalado el libro pero no consigo recordar con exactitud si le escribí alguna dedicatoria.
— ¿Lo escribí o lo habré soñado…? —apunté esto último en la libreta garabateando "Var det en dröm?": "¿Fue un sueño?"— ¿Un sueño o realmente paso?
Tomé una de las rosas del florero y la contemplé detenidamente. El rostro de Narcisa, la chica que me cuidó, apareció en mi mente y al instante fue sustituido por las facciones borrosas de la chica de cabellos verdes cuyo nombre soy incapaz de recordar.
—Podría ser Laura o Lea o… no lo sé, son nombres muy comunes y no creo que ella tuviera uno así. Recuerdo que era demasiado especial y única.
En ese instante sonó el teléfono, me levanté para responder y vi en el identificador de llamadas un número de larga distancia. Sonreí porque no me esperaba la llamada de mi viejo colega italiano al que, por casualidad, encontré en un viaje que hice a Roma unos meses atrás.
—Podría apostar a que sigues pensando en esa chica que supuestamente conociste —me dijo mordaz al otro lado de la línea.
—No te equivocas, me sorprende lo bien que me conoces —sonreí ante el ocurrente comentario—, no he dejado de pensar en ella desde hace varios días. Me frustra no saber ni su nombre como para pensar en ponerme en contacto con ella.
—Lo que yo no acabo de entender es cómo estás tan seguro de que la conociste, ¿Qué tal si solo lo soñaste y te estás confundiendo? —al otro lado de la línea se oyó una voz femenina, deduje que estaba lejos, al otro lado de la habitación parecía ser, y me sorprendí por eso.
Mi colega tenía una compañera que yo no conocía y de la que no me había hablado.
— ¿Quién es la chica que te acompaña? —pregunté.
—Nadie… no tiene importancia —su tono de voz me reveló que ocultaba algo pero no estaba preparado para decírmelo en ese momento o eso supuse—. Te comentaré sobre esto en otra ocasión cuando ella no esté, por el momento solo es una amiga —respondió rápidamente bajando la voz.
—De acuerdo, lo dejaremos en que solo es una amiga —sonreí.
—No estamos hablando de mi —sin pensárselo me cambio la plática haciéndome reír—. Insisto en que lo imaginaste o lo soñaste. Créeme que una cara bonita no se olvida tan fácilmente.
—Eso ya lo sé pero esta chica es más que una cara bonita, no es como las otras con las que he salido.
—Ahí vas de nuevo —mi colega parecía estar cansado de oírme decir lo mismo una y otra vez pero no podía evitarlo—, todo el tiempo comparas a cuanta chica que invitas a salir con la que creaste en tu mente. No me sorprende que te abandonen tan rápido.
—Yo he terminado con esas relaciones por si no lo recuerdas.
—Si claro…
La voz femenina se escuchó nuevamente, pude apreciar que él trató de tapar el auricular con una mano, murmuró algo en un tono de voz que no le conocía y luego continuó charlando conmigo por algunos minutos más. Debo reconocer que era raro en él ocultarme una relación como esa, estoy seguro de que era más que una amiga y me hacía feliz ver que finalmente mi buen amigo estaba sentando cabeza. De hecho me sorprendía que lo hiciera primero que yo, seguro en algún tiempo me lo estaría confirmando. Me despedí de él, colgué la llamada y me sumí en mis pensamientos mientras escuchaba la estación de clásicos en la radio.
Por ahora no puedo sacar a esa chica de mi mente. Algo me dice que no es una alucinación mía.
Encontré el ticket de compra del libro que le regalé en una vieja chaqueta, por eso estoy seguro de que le hice ese regalo. Le obsequie una copia de "El principito" en italiano. Entonces no era griega sino italiana pero no conocí a nadie mientras estuve en Italia visitando a mi amigo. Para mi desgracia cada nueva pista enredaba más las cosas y pareciera que nada tiene sentido, a veces pienso que él tiene razón y todo lo imaginé.
—Me estoy volviendo loco… tal vez sería mejor desistir.
Había ido varias veces a Estocolmo durante estos años con la vaga esperanza de encontrarla pero nunca he tenido suerte. He pensado en intérnalo en Atenas, ir allá para confirmar si realmente la conocí o solo es idea mía. Incluso arreglé mis vacaciones en el trabajo, me tomaría poco más de un mes para explorar ese país y ponerle fin a ese asunto. Realmente quisiera encontrarla o desmentirme a mí mismo. Sea como sea eso me tendría tranquilo y podría seguir adelante.
Tomé la libreta y escribí "Hoppas att se er igen", realmente espero volver a verla y parece que todo se aclara cuando haya ido a Grecia a poner en orden mis recuerdos. Creo que no debo posponer más este viaje y debería salir ahora mismo antes de que algo más se me atraviese. Terminé el agua y tiré la botella.
Llame a la Aerolínea local con la esperanza de que hubiera algún viaje a Atenas próximamente, no quería esperar demasiado.
—Hay un vuelo el día de mañana con salida a las dos y llegada a la ciudad de Atenas a las ocho. Quedan tres lugares disponibles, ¿le interesa?
—Me parece muy bien, por favor resérveme un solo asiento.
Llamé a un hotel bien recomendado que encontré en una de las tantas guías de viaje que he comprado en estos años y para mi buena fortuna contaban con una habitación decente y con una gran vista. Les indiqué mi fecha de llegada y cuanto tiempo quería quedarme, sin problemas conseguí mi reservación. Me sentí más tranquilo al ver concretado ese viaje.
Voy a encontrarla, de eso estoy seguro y mañana mismo me pongo en marcha.
.
.
*Notas: Parte del Universo de Cardinalidad, este corto se ubica entre los capítulos 4 y 5. Gracias por leer.
