Los opuestos se atraen.
Capitulo II: tortura silenciosa.
Hermione rápidamente se secó los rastros de las lágrimas que había en su rostro, bajo la mirada de la profesora y de Malfoy.
- Creo que pregunto algo... Señorita Granger, ¿el señor Malfoy la ha molestado? – interrogó de nuevo McGonagall. Hermione solo atinó a negar con la cabeza.
- No, no... Profesora, no... No se preocupe, no... No ha pasado nada. Hemos tenido un pequeño... imprevisto, pero ahora mismo empezaremos la ronda... – habló la castaña entre balbuceos.
- Si usted dice Señorita Granger – respondió la jefa de la casa Gryffindor, con evidente disconformidad por la respuesta de su alumna predilecta – Bueno... Me retiro, y será mejor que comiencen de inmediato la ronda.
La profesora se dio la vuelta y se dirigió hacia las escaleras de mármol, no sin antes dirigirle una mirada de advertencia a Draco. Una vez que los pasos de la anciana mujer dejaron de resonar haciendo evidente que ya se encontraba a suficiente distancia como para no oírlos, Hermione se despego de la pared, pero intentó que hubiese la mayor distancia entre ella y el slytherin. Cuando en eso de repente el chico volteó la vista y se encontró con que la castaña estaba ya casi a la entrada de uno de los pasillos. Corrió con suma elegancia hacia ella, tomándola de un brazo, volteándola bruscamente.
- Granger, no te pienses que manteniendo tu bocaza cerrada con la vieja te salvarás de mi... – le espetó impregnando en cada palabra el mayor odio que pudo.
- ¡Suéltame Malfoy! – gritó la ojimiel, el chico observó la muñeca que tenía apresada por una de sus porcelánicas manos.
Draco la soltó bruscamente y haciéndola chocar con la pared, le dirigió una última mirada de desprecio y se dirigió hacia la zona en la que debían patrullar, dejando a Hermione apoyada contra la pared devolviéndole la mirada de desprecio.
El rubio comenzó su ronda sin dejar de pensar en el "pequeño imprevisto", como lo llamó Hermione.
- "¡Por Merlín, Draco Malfoy! ¿Qué demonios te pasó cuando estabas con Granger?"- se cuestionaba mentalmente una y otra vez, hasta que una voz sumamente chillona lo saco de sus auto-reproches.
- Draco, menos mal que te encuentro – dijo una voz femenina, detrás de él, que era de Sarah Parker, una chica de 7º año de Slytherin de hermosa cabellera caoba, ojos verde hierba, a la cual el chico estuvo intentado seducir en sus vacaciones.
- Y... ¿Para que me buscabas? – preguntó Draco esbozando una de sus típicas sonrisas seductoras.
- Quería hablar contigo... – dijo Sarah mirando los finos labios del muchacho.
- Y dime, ¿sobre que era?
- Preferiría que fuese en un lugar... más... más privado – dijo tímidamente la chica mientras que sus mejillas habían perdido el color blanco para tomar un rozado y le guiñaba un ojo. Draco entiendo perfectamente a donde iba a terminar eso.
"Es una buena manera de olvidarme del desagradable suceso con Granger" pensó el slytherin, así que sin titubear aceptó la propuesta de Parker para ir a un lugar más privado a "hablar".
Mientras Draco se alejaba, Hermione se quedó apoyada contra la pared que había sido arrojada por este. Lentamente sus ojos se iban llenando de lagrimas mientras observaba la muñeca que segundos antes Malfoy había sido apresada fuertemente con su mano, y que ahora solamente como rastro de esto quedaba una marca roja. Cerró sus ojos con fuerza intentado retrasar lo inevitable: ponerse a llorar. "¿Pero por que? Estas peleas con Malfoy son... ¿normales?" pensaba consternada la castaña.
En su cabeza no paraban de resonar las palabras que habían sido pronunciadas por Malfoy. Pero había una sola cosa que podía opacar todo eso, y era el simple hecho que no entendía que diferenciaba esta pelea de las anteriores. ¿Había sido el simple hecho de que por unos instantes pensó que la iría a besar?
No, no y no. Negó rotundamente la castaña. ¿Malfoy besar a una sangre sucia? ¡Imposible!
Silenciosamente se despegó del muro tomándose la muñeca lastimada con la otra mano.
¿Por qué le había dolido tanto los insultos de Malfoy? ¿Por qué simplemente no podía hacer como las veces anteriores e... ignorarlos? ¿Por qué? Esas preguntas no paraban en resonar en su cabeza, cuando la imagen de Malfoy acercándose a su boca apareció en su cabeza. "¡Hermione, por Merlín! No seas idiota, él te odia, tú a él. Fue una pelea más; él nunca te iba a besar, fue tu imaginación... ¡Fin del dichoso problema!"
Así comenzó su ronda. Caminando lentamente; con una mano tomándose la otra intentando opacar de este modo el dolor y luchando por no echarse a llorar. Sin prestar atención en el camino. Llegó un momento que su vista se nublo por contener las lagrimas, y sintió como se chocaba con alguien, con tanta fuerza que caía al piso mientras que una lagrima rebelde escapaba de uno de sus ojos y surcaba su cara para morir en su boca.
- ¿Herrrmione? – alguien la llamaba. Levantó la vista y se encontró con un rostro que la miraba sumamente preocupado, y el dueño de ese rostro no era otro que su nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras, el famoso jugador de Quidditch: Víktor Krum.
- Si... – respondió ella al llamado.
El chico le ofreció una mano para levantarse, ya que seguía tendida en el piso, la Griffindor la aceptó y la tomó con la mano sana; con ayuda de Víktor se incorporó bruscamente.
- Estabas... ¿llorrando? – pregunto el muchacho, con su acento natal. Ella rápidamente se secó lo que quedaba de las lágrimas.
- Ehh... ¡No, no!
- Hermione, ¿me mientes a mí? – dijo el chico mientras le dedicaba una pequeña sonrisa. Ella suspiró, y le devolvió el gesto.
- ¿Como puede ser que no me hallas dicho que ibas hacer mi profesor?
- Es que... Me ofrrecierron el puesto hace menos de un mes.
- ¿Y? – la castaña levantó una ceja - ¿Eso te impide mandarme una carta para avisarme? – dijo sarcástica, mientras esbozaba una sonrisa. Víktor río.
- No, es solo que... Al prrincipio te iba a mandarr una carrta, perrro luego prreferrí que fuese una sorrprresa. – respondió el búlgaro – Acaso... ¿No te agrrada que este aquí? –
- ¡Víktor! ¡Por Merlín! Que estupideces dices… Por supuesto que me agrada que estés aquí… solo que…
- ¿Qué?
- Me sorprendió verte entrar por la puerta del Gran Comedor hace rato, mientras Dumbledore te anunciaba como el nuevo profesor; pensé que me lo contarías... Era eso...
- Bueno... Está bien, me ha quedado clarro – habló un sonriente Viktor – Perro... ¿Qué haces a estas horras en los pasillos?
Hermione sonrió, y señaló la insignia que lucía en su túnica.
- ¿Eso responde tu pregunta? Soy prefecta y hacía la ronda… – respondió la muchacha con sencillez - ¿Pero tu... que hacías?
- ¡Ah Ah! – negó el robusto muchacho – Soy tu prrofesorr… Y no tengo porrque darr explicaciones.
La castaña lo miro ceñudo y el profesor río.
- Estaba aburrido.. y salí a darr un paseo. Serra mejorr que no te rrobe más tiempo y que sigas con tu rronda, prrefecta. – dijo Krum poniendo enfatiz en la ultima palabra. Hermione no pudo evitar soltar una risita.
- Esta bien 'profesor' - la chica hizo lo mismo que el chico y resaltó su última palabra con deleite – Seguiré con mi ronda.
Le dedico una mirada a modo de saludo y continuó caminando con mucho mejor humor que el que tenía hace menos de 15 minutos atrás. Continuó su tarea sin problemas, y al terminar se dirigió derecho hacia la torre de Gryffindor. Al entrar en la sala común la encontró completamente vacía, así que sin más subió a las escaleras que daban al cuarto de las chicas. Se coloco el pijama rápidamente y se echó en su adoselada cama, y en cuestión de minutos cayó en un profundo sueño.
Mientras que en la mazmorras, territorio slytherin, Draco Malfoy también se acostaba pero no precisamente en su cama, ni tampoco para quedarse dormido rápidamente, sino que le sacaría jugo a su primera noche en Hogwarts y la afortunada que dormiría con él, no era otra que la ya mencionada Sarah Parker, que Draco estuvo los últimos dos días de sus vacaciones intentando conseguir lo que estaba apunto de hacer ya que la morena era sumamente quisquillosa y no tan rastrera como las otras que tan solo con una mirada se derretían. Pero después de todo no le había costado tanto, pensó el rubio.
Pero mientras estaba con la flamante slytherin no pudo dejar de pensar en Hermione. Hermione mirándolo con asco, Hermione encerrada entre la pared y él, Hermione llorando, los labios de Hermione, Hermione mordiendo su labio inferior, Hermione, Hermione y más Hermione sería el motivo de su tormento y lo que no le dejaría disfrutar plenamente de esa noche…
La castaña se despertó temprano en su primer día de clases, tomó una ducha, salió del baño y comenzó a vestirse; al momento de colocarse la camisa no pudo dejar de notar un moretón violáceo en una de sus muñecas, fruto de la disputa de ayer con Malfoy.
Lo maldijo por lo bajo: si sus amigos llegaran a notar la marca, no podría mentirles, y eso traería grandes problemas.
Terminó de vestirse, tomó su mochila y bajó a la sala común a esperar a sus dos mejores amigos como siempre solía hacer. Segundos después bajo Clara, que la saludo enérgicamente, y tomó asiento en uno de los sillones de enfrente al de ella.
Los chicos bajaron las escaleras mientras iban charlando amenamente, unos cuantos minutos después que la francesa. Se acercaron a Hermione y a Clara. La primera se encontraba leyendo en uno de los sillones individuales; la segunda también estaba en un sillón individual pero con la mirada perdida en la chimenea. No habían notado su presencia.
Ron carraspeó ligeramente, logrando que las chicas posaran su atención en ellos. Hermione cerró el libro, y lo guardó. La morena se levantó, y se acercó a ellos mientras que se colgaba la mochila al hombro, luego Clara la imito.
- Buenos días – saludó con una amplia sonrisa la ojimiel; Harry y Ron correspondieron al saludo. Clara se limitó a sonreírles y así los cuatro se dirigieron hacia al Gran comedor mientras hablaban de cosas triviales.
Las clases de la mañana pasaron sin problemas, por suerte ese no habían tenido clases en común con los slytherin.
Lo más cercano que había estado de Draco había sido hace unos veinte minutos atrás cuando estaba entrando al Gran Comedor. Que a diferencia de otras veces, no la insultó sino que solo se limitó a lanzarle una mirada fulminante y luego a ir hacia la mesa de las serpientes como si nada. Cosa que desconcertó bastante a la Griffindor ya que estaba esperando la pelea verbal que veía avecinar, pero esta nunca llegó.
- Por suerte, no tenemos pociones hasta el miércoles – avisó Ron mientras leía el horario – y como es costumbre, tenemos esa clase con las asquerosas serpientes.
Profirió una mueca de desagrado, que imitaron Harry, Neville y Seamus.
- Defensa… La tenemos hoy; es la última clase del día. ¡Carajo! – espetó Ron de mal modo.
Hermione que estaba escuchando la conversación, por más de no participar.
- ¿Qué pasa Ron? – pregunto la chica extrañada, porque a pesar que durante el 4º curso Ron había odiado a Víktor, ahora parecía que su admiración por el había vuelto y en cantidades asombrosas.
- Que tenemos con Slytherin – se lamento el pelirrojo.
- Nada es perfecto... – habló Neville.
- Yo me pregunto: ¿quién arma los horarios? Porque el que los arma es un reverendo... – pero Ron no pudo terminar la frase ya que la voz de su jefa de casa lo interrumpió.
- Yo armo los horarios. ¿Tiene un problema Señor Weasley? – le dijo la profesora McGonagall con su típico tono autoritario que hacia estremecer a cualquiera. Ron que se había puesto tan rojo como su cabello negó con la cabeza – Que bueno... Potter, ya que usted es el nuevo capitán del equipo de Quiddicth, me gustaría que después de clases pase a buscar la lista de inscritos – Harry asintió – Y de paso arreglamos cuando será la elección.
Y sin más la profesora se fue. Hermione se incorporó de golpe, y coloco su mochila en su hombro.
- ¿A donde vas? – inquirió Ron.
- A la biblioteca – informó la castaña y se fue, sin ser conciente de que unos ojos color mercurio la seguían en su recorrido de la mesa de Gryffindor hacia la salida del comedor. Tan solo minutos después Draco se levantó para seguir su paso. "¿A donde habrá ido?" se cuestionó mentalmente el rubio. "No, eres un Malfoy, compórtate como tal. No vas a ir tras la sangre sucia" se reprendió el chico.
- Draco... ¿Pasa algo? – le preguntó Pansy. El chico negó y volvió a tomar asiento.
- "¡Maldita sangre sucia! Me arruinó la noche con Sarah..." – pesaba el slytheriano con gran rencor – "Pero yo me voy a encargar de arruinar su vida…"
Hermione entró a la biblioteca con paso lento, y pudo divisar en una de las mesas más apartadas a una morena rodeada de un pilar de libros.
Se acercó silenciosamente hacia Clara, y tomó asiento a su lado. Al observarla tan absorta en su ejemplar de "Elaboración de pociones avanzadas", por un momento se vio a ella, no pudo evitar contener una risita, que logró que Clara se percatara de su presencia.
- ¡Oh, Hermione! – exclamó la ojiazul – No me había dado cuenta que estabas aquí.
- No importa... – le respondió la castaña con una gran sonrisa. - ¿Te molesta si me quedo aquí haciendo mi tarea?
La morena negó con la cabeza, y se volvió a sumergir en su lectura. Hermione sacó su libro de Runas Antiguas, un pergamino, pluma y tintero. Y segundos después siguió el ejemplo de Clara: se puso a leer. La verdad era agradable tener alguien haciéndole compañía mientras hacia su tarea; nunca se imaginó encontrar ahí a Clara y tan concentrada en el libro que sujetaban sus pequeñas manos. Y eso que Clara no parecía de esas chicas estudiosas, parecían más del estilo de Parvati y Lavender. Pero evidentemente las apariencias engañan, pensó.
- Hermione... Clara... Hermione, Clara. ¡Hermione, Clara! – Harry y Ron habían ido a buscarlas a la biblioteca ya que ya tenían que en quince minutos tendrían que estar en la clase de botánica; Ron estaba intentando que las chicas se dieran cuenta de su reciente llegada, pero no había caso - ¡HERMIONE, CLARA! –gritó el pelirrojo, logrando que ambas chicas saltaran en el asiento sobresaltadas, y que la señora Pince lo empezara a regañar por haber gritado.
Harry observaba la situación intentando contener la risa, debido que su amigo estaba completamente rojo por el regaño de la bibliotecaria. Ambas gryffindor, empezaron a guardar sus pertenencias.
- Señora Pince... Lamento mucho tener que interrumpir, pero debemos ir a clases – hablo la morena. La mujer le dio una última mirada de advertencia a Ron y se marchó. Así el cuarteto comenzó su camino hacia los invernaderos.
- Clara, no sabíamos que estabas en la biblioteca, desapareciste luego de la clase de Historia de la Magia – habló el pelirrojo mirando a la joven con extrañeza – Es el primer día de clase... – Evidentemente el pelirrojo también tenia un concepto equivocado de esa chica, pero como no tenerlo primero de que recién la habían conocido el día anterior, tenia una imagen que decía cualquier cosa menos: "soy una estudiante modelo".
- Es que me surgió una duda con respecto a una de las cosas que dijo el Profesor Binns, y de paso, y como tenia tiempo me puse a leer el libro de pociones – respondió la chica con simpleza, bajo la mirada absorta de Ron. Harry inmediatamente rompió en risas.
- ¿La gracia? – preguntó Ron bastante molesto.
- Es que... me olvidé mencionarlo: Clara es una especie de mezcla entre Hermione y Ginny – y volvió a reír, mientras la ahijada de Lupin se sonrojaba.
Pero no pudieron seguir su conversación ya que una voz sumamente fría que arrastraba las palabras sonó tras ellos.
- Exupery, por dios. Pensamos que serias más inteligente y te juntarías con gente con clase – era Draco Malfoy – Otra traidora a la sangre... Que pena, tu abuelo Eddie se sentiría avergonzado de saber con quien te juntas – y rió cínicamente, mientras observaba por el rabillo del ojo a Hermione.
Harry se puso rojo de ira, y estaba por abalanzarse sobre él, cuando sintió que una mano le sujetaba su muñeca. Volteó para ver quien era y se encontró con una mirada suplicante de Clara. La chica caminó y se puso a la altura de Harry sin soltarle la mano.
- Malfoy métete tu pena donde te quepa, porque no la necesito, no necesito la pena de un imbécil – dijo la reciente gryffindor mirándolo con una mirada que expresaba odio, que hubiese hecho temblar a cualquiera – Y la verdad que tú me das pena a mi. Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver... mándale de mi parte saludos a tu asqueroso padre, dile que deseo que se pudra en Azkaban por el resto de su vida.
Y sin decir más la chica se volteó y siguió su camino agarrando todavía la mano del "niño que vivió", y rápidamente Ron y Hermione que se encontraban asombrados, por la cara que había puesto el rubio al escuchar lo que le contestó, le siguieron el paso.
La clase de botánica pasó normalmente, compartida con los Hufflepuff. Al salir pudieron observar que Hagrid le daba unas últimas instrucciones a los slytherin de 6º, que se encontraban en Cuidado de las criaturas mágicas.
Así la tarde paso tranquila, entre clase y clase, y cada vez se avecinaba más la clase tan anhelada por unos. "El famoso Víktor Krum nos va a dar clase" decían una y otra vez Parvati y Lavender, Hermione se limitaba a mirarlas con fastidio.
La clase llegó, entraron despacio y los alumnos se fueron ubicando. La castaña se sentó con Clara en la primera fila a la derecha, Harry y Ron atrás de estas. Y el slytherin se sentó con Blaise, con una fila de medio, en la primera fila del lado izquierda.
La clase fue práctica más que nada, vieron muy superficialmente lo teórico, y solo les mandó de tarea un ensayo de las ventajas de los hechizos no verbales. Entre la castaña y la morena ganaron unos 60 puntos para su casa.
Draco se limitó a cada vez que pudo a lanzarle miradas a Hermione, cosa que la ponían demasiado nerviosa. "¿Por qué Draco Malfoy causa este efecto en mi?" se preguntaba la chica.
Cuando por fin la clase terminó, una nerviosa Hermione se apresuro a guardar sus cosas, lo que menos quería en ese momento era chocar con el odioso slytherin a la salida de la clase. Así que salió velozmente, acompañada por Harry, Ron, Clara y Neville. Juntos se dirigieron hacia su sala común. Las chicas subieron a dejar sus cosas en su cuarto.
- Hermione... – la llamo la ojiazul.
- ¿Si? ¿Qué pasa? – pregunto ella.
- ¿Pasa algo entre Malfoy y tu?
Hermione no pudo evitar abrir sus ojos como platos, porque pasar de pasar no pasaba nada... o al menos eso era lo que ella creía. Malfoy, no la insultó en todo el día, pero en cambio de eso utilizaba una tortura mucho peor, una tortura silenciosa, no paraba de observarla, durante la clase de defensa no la dejo de ver ni por un minuto, lo mismo en el desayuno y almuerzo, cosa que la exasperó bastante y que la elevaba sus nervios a niveles indispensables.
Por eso durante el almuerzo se vio obligada a ir a la biblioteca, y tuvo que agradecer que sus amigos no hayan notado su nerviosismo, ya que estaban demasiado preocupados fijándose en el horario.
- ¿A que te refieres? – balbuceo la chica.
- Mira Hermione - dijo Clara tomando asiento en su cama - yo entiendo que no me quieras contar porque recién nos conocimos ayer. Pero... digamos que me di cuenta de las miradas que te lanzo Malfoy durante todo el desayuna y en Defensa.
Hermione trago saliva, y pensó su respuesta. La cosa era que ella no sabía porque la observaba tanto el hurón, pero no podía evitar ponerse nerviosa.
- Yo no soy quien para juzgar a nadie Hermione, pero desgraciadamente conozco a Malfoy... y a su familia – hizo una mueca de desagrado y prosiguió – su padre es la peor basura que existe, no certeramente Draco tiene que ser así, porque apenas lo conozco, pero por lo que vi, no es muy diferente que el padre.
- Y créeme que no lo es.
- A mi siempre me enseñaron que hay que dar segundas oportunidades... – sonrió tristemente – Tres semanas antes de navidad, es el juicio de Lucius Malfoy, entre todos las cosas por las que se lo va a juzgar es...
Hermione noto como cambiaba la expresión de Clara, de expresar compresión y curiosidad, paso expresar tristeza, y ella no pudo evitar sentir lástima por esa chica, que había tenido una infancia tan sufrida y difícil como Harry, pero a diferencia de Harry, ella si tuvo gente que la quería a su alrededor, por más que algunos no le dieran el apoyo necesario, los tuvo y nunca le ocultaron la verdad. No creció pensando que sus padres habían muerto en un accidente de tránsito.
-... Entre esos delitos, lo van... lo van... a, a... juzgar por... – sus ojos azules se vieron opacados por lagrimas que amenazaban con salir – torturar a mi madre, y por.. por... por – y las lagrimas empezaron a escapar de sus ojos – el asesinato de mi padre – dijo con un hilo de voz.
Hermione no se pudo contener y se abalanzó sobre ella en un abrazo, que fue devuelta con igual con la misma intensidad.
- Quédate tranquila, todo va a salir bien – le dijo mientras le daba palmaditas en la espalda a modo de consuelo. A pesar que apenas se conocían no podía evitar sentir una especie de afecto hacia ella.
- ...Gracias... – dijo en un susurro apenas audible, pero lo suficientemente alto como para que Hermione la oyera.
Una hora más tarde Hermione, caminaba rumbo al baño de prefectos con unas toallas, pijama y ropa interior en un pequeño bolsito. Llegó delante de la estatua de Boris el desconcertado y dijo la contraseña en un susurro ("Baño de espuma"), la estatua se corrió dejándole paso. Entró sin echar el cerrojo y saco las cosas de su bolsito y las dejó en una banca. Abrió los grifos, se entretuvo una media hora jugando con estos. Cuando la gran bañera estuvo llena, y el baño estuviese cubierto por una fuerte bruma debido a los vapores de la bañera y los perfumes, espumas y demás, se quitó la ropa y la dejó sobre la banca.
Se entretuvo un buen rato en la bañera, cuando le pareció oír el ruido de la puerta, pero no le dio importancia.
Draco se encontraba sumamente molesto, esa tarde. El estúpido de Krum durante su clase no paraba de adular a Hermione. Y ella que lo había ignorado todo el día, sumado al hecho de que su nueva amiguita Exupery lo había dejado en ridículo cuando iban hacia la estúpida clase de Cuidado de las Criaturas Mágicas.
Así que decidió que no habría mejor cosa que tomar un relajante baño en el baño de prefectos (valga la redundancia).
Llego a la estatua que funcionaba de acceso al mencionado recinto.
- 'Baño de espuma' – dijo la contraseña, y acto seguido entró en el baño.
Miró extrañado: había una espesa bruma de perfumas y vapor de agua, la gran tina se encontraba llena, evidentemente alguien se estaba dando un baño y ese alguien había olvidado echar el cerrojo. Observo la banca que estaba a la derecha de la enorme tina y para confirmar sus sospechas encontró ropa y toallas.
Un uniforme de mujer, para su conformidad, y la túnica con el escudo de Gryffindor, no pudo evitar hacer una mueca de asco.
Su bolso vació: un pijama que constaba de un pantalón largo color azul marino y una remera de tirantes color celeste pálido.
Los vapores se estaban empezando a disipar lentamente, pero Draco no se había dado cuenta ya que estaba observando el conjunto de ropa interior que había encontrado, de algodón blanco.
Hermione en cambio, si lo notó, y cuando miró hacia la banca se encontró con Draco revisando sus cosas, y para su mayor horror parecía sumamente absorto en ver su ropa interior.
- ¡MALFOY! – escuchó que gritaban a sus espaldas, así que volteo rápidamente - ¿Qué demonio haces aquí?
Era Hermione, que se encontraba en la espaciosa bañera, trayendo hacia sí misma la mayor cantidad de espuma que podía para intentar cubrirse del slytherin.
Hola! Que tal? Espero que anden bien. Hay un par de cosas que quiero aclarar, que me olvide la vez pasada, como ven están en el 6º curso, se tomo todo lo que paso hasta el 5º libro, después lo que pasa en el Príncipe Mestizo, solo voy a tomar unas cosas como el tema de los Horrocruxes.
Yendo al tema de los reviews por más que no fueron muchos gracias a la personas que los dejaron 8) Y ya saben espero que les guste lo que estoy escribiendo, y una de las formas que me entere es que aprieten "GO" y me dejen un reviews. Todo es bienvenido, quejas, sugerencias, así que no cuesta nada ;) jejej.
Bueno eso es todo, así que hasta la próxima actualización :)
GALLETAA.
*editado el 8/09/2015.
