Hola a todos, espero que les guste este primer capítulo, de mi humilde experimento, ya saben que sin comentarios no público, este capítulo en particular se lo dedico al primer seguidor de la historia siboney griffin. Y ya saben si quieren que incluya algo o tiene una sugerencia para algún fic o adaptación soy toda oídos. Bye bye.

Presentando A Los Tres Taisho

En el tamaulipeco vemos que se encuentra una gran taberna abarrotada de gente, propiedad de uno de nuestros famosos triates, don Sesshomaru Taisho, hombre alto de porte elegante y rígido, de ojos dorados, semblante frio y una larga cabellera platinada oculta casi siempre por su sombrero de alas.

quien como de costumbre se encontraba jugando cartas con uno de sus muchos clientes, mientras observaba que nada fuera mal hecho en su negocio, al rederos de las mecas llenas de humo de tabaco y varias jarras de licores cantaban un trio de mariachis, porque ¿Qué va a ser ambiente mexicano sin la música?

soy de la mera huasteca ,

nacido en el carrizal, mi cantar es caña muerta ,

da un sonido sin igual

la lara la la la lai la lara la la la lai ai lara la la la la la lai laralai la la la

-diablos, estaba seguro que esta era la ganadora, pero no- refunfuño el jugador.

-caray que suerte tiene usted don Sesshomaru, es más, me gustaría conocer a uno solo que le haya ganado a usted- ante eso Sesshomaru sonrió.

-yo también- sin prestarle mucha importancia al asunto comenzó a barajar las cartas y contar su ganancia.

-ahora hay mucha gente ¿no cree?-murmuro el cliente.

-¿ahora? Si usted viera patrón, desde que el nuevo cura del potosino, prohíbe a la gente venir acá a divertirse y beber, está más lleno que nunca, incluso vienen de las tres huastecas- aclaro el viejo tabernero.

-¡no me diga! Ya ve y usted que le tenía miedo al señor cura- se burló el señor antes de recibir una mirada asesina de Sesshomaru.

-b-bueno… eso dicen, que es que el curita venia para acá, y que por culpa de usted se tuvo que ir al potosino. Lo cual es una lástima, mire como se está cayendo la pobre iglesia- Sesshomaru dejo el mazo en la mesa y se le tanto para dirigirse a la ventana.

-ojala se caiga esta y todas las iglesias, con los curas adentro, aquí en el tamaulipeco, no ay más iglesia que mi taberna y ¡el único cura yo!-

-¡cállese usted don Sesshomaru! ¿Qué no teme usted a la justicia de dios?- tembló santiguándose el hombre.

-este es mi dios- mostro un fajo de billetes bien gordo.

-y esta su justicia- señalo su pistola del sinto.

-cállate y juega- ordeno al hombre.

-pero si ya no traigo…- se excusó el hombre.

-lárgate- le estepo fríamente el ojidorado.

-si ya me voy- Sesshomaru lo vio marcharse antes de llevarse un puro a la boca.

-el nuevo cura del potosino…hmph ese no es malo, es idiota- sonrió y luego volvió su atención a su negocio.

En el potosino

el follaje es abanico aaaayyyy

con adornos de papayas

y yo aquí me siento rico aaaayyyy

con camisa de cambaya

la guanábana me agrada aaaayyyy

y también el tamarindo

en el agua bien helada aaaayyyy

mirando el cielito lindo

Vemos a Hoyo Taisho y su ayudante y sacristán Hachi cubriendo de cal las paredes de la iglesia. El ultimo muy molesto porque los hombres del pueblo se la pasaban sentado tomando el fresco y cantando mientras ellos trabajaban.

no se hagan disimulados aaaayyyy

el pescuezote no estiren

holgazanes desgraciados aaaayyyy

no nomas miren y miren

El padre Hoyo Taisho, hombre delgado de porte sereno, cabello corto plateado y ojos dorados ocultos por un par de anteojos redondos, no pudo evitar encogerse ante la desafinada voz del sacristán. Y decidiéndose por no prestarle atención reanudo su trabajo.

que no vayan a cansarse aaaayyyy

sus miradas soñadoras

ándenle pueden sentarse aaaayyyy

las gentes trabajadoras

Canto la bella Kagome Higurashi, una joven de extraordinaria belleza y picardía que se ganaba la vida vendiendo chacharillas, regalitos e incluso oraciones y trabajillos a los habitantes de la huasteca. Al que todo el mundo adoraba por ser un alma caritativa y generosa que daba de lo poco que tenía al hambriento.

yo voy a vender mi toro aaaayyyy

yo voy a vender mi vaca

Volvió a cantar Hachi, haciendo que el dulce sabor de oído del cura fuera nuevamente reemplazado por un dolor de tímpanos. Mientras Kagome solo se soltó a reír.

y con lo que junte de oro aaaayyyy

es voy a comprar su hamaca

Hoyo cruzado de brazos decidió intervenir también en la cantarera. Ya que el, modestia aparte había sido un gran cantante del coro de la iglesia cuando chico.

no maltraten a la gente aaaayyyy

aunque sea muy holgazana

se debe ser indulgente aaaayyyy

hasta con una marrana

-bravo señor cura- sonrió Kagome antes de bajarse de su carrito con sus mercancías para irlas vendiendo.

-eso así ¿no les da vergüenza? Lo ven trabajando y ninguno se acomide- regaño a los hombres echados que no tardaron en bajar la mirada.

-si verdad, nos ven al padrecito y a mi trabaje y trabaje dale y dale y no ayudan- secundo Hachi

-eso hija, síguelos regañando a ver si así cooperan para tener un templo bonito, ¡ay!- sonrió hoyo antes de tropezarse con la cubeta de cal, que para mala suerte cayó sobre la cabeza de Hachi.

-válganme las venditas almas del purgatorio, mira nada mas como te deje muchacho- exclamo el padrecito apenado.

-cof, san angelito de la guarda-

-ándale corre a enjuagarte o la cal te va a despellejar- le indico mientras se bajaba de la escalera.

-jajaja, no se preocupe señor cura, la cal no le llega al cuero, trae una cascara de mugre que jajaja- sonrió la muchacha, mientras que el pobre Hachi solo frunció el ceño.

-míralo hasta que te vas a bañar, no te vaya a dar una pulmonía- le estepo cuando paso a su lado.

-¡no seas levanta falsos Kagome! ¡Que yo me ducho todos los meses aunque no me haga falta!- le gruño.

-ya está bien los dos, apúrate a enjuagarte Hachi- le regaño.

-¡oh! Se me olvidaba decirle padre, haya lo anda esperando doña Kikyo en la iglesia- le aviso antes de irse.

-claro, ahí voy-

-¡no te vayas a ahogar!- se volvo a burlar Kagome.

-así que… tú eres la famosa Kagome Higurashi – sonrió el sacerdote.

-bueno famosa no sé, pero Kagome si soy yo-

-me lo imaginaba, pero no deberías burlarte de las desgracias ajenas- la regaño.

-pero señor cura, bañarse no es una desgracia –

-pues para Hachi sí. Bueno cuando termine vas a pasar a verme, tengo un par de encarguitos que hacerte- le pidió antes de darse la vuelta para volver a ña iglesia.

-claro señor cura- sonrió Kagome.

Hoyo se encamino a la iglesia ha hacer la segunda confesión de esa tarde y como la décimo quinta de la semana a doña Kikyo. Claro que antes de que entrara una muchacha con los labios rojos le llamo la atención.

-¿y a ti que te paso?- le pregunto sumamente serio.

-¿a mí? nada padrecito-

-¿cómo nada? ¡Kagome ven acá!- llamo a la muchacha azabache.-

- a ti parece que te golpearon esa no es boca, pareces un payaso, no debes de estarte poniendo porquerías tan joven- continuo regañando a la muchacha mientras le limpiaba los labios con la manga de su habito.

-diga usted señor cura- llamo Kagome al llegar junto a él.

-¿Por qué le andas vendiendo estos menjurjes a las pobres niñas?-le riño. Kagome sin entender miro a la niña, entonces lo recordó.

-es que me pidió un remedio para los labios resecos- intento excusarse.

-pues ella está muy chica para que se los humedezcan- sin decir más se encamino de vuelta a la iglesia hasta que una canica salió volando por el aire frente a sus ojos, y al voltearse vio a tres niños peleando. Cosa que él no iba a tolerar.

-míralo, tiene un carácter fuerte, así cortitos se los trae a todos- comento Ayame a Kagome mientras miraban la escena.

-ay tan joven y con lo guapo que es- suspiro la azabache.

-¡hey que pasa aquí!-grito mientras los separaba.

-Muchachos, niños pesados casi me dan en la cabeza ¿Qué modos son esos? Juegos de manos son de villanos ¿Qué pasa para que se porten así?- les regaño.

-es que me quiere robar mis canicas- lloro la pobre niña mientras su hermano le abrazaba por los hombros.

-¡no es verdad! Yo las gane justamente, y ni de tonto se las devuelvo- gruño el otro niño. Hasta que hoyo le pego un zape.

-no diga así- le regaño.

-a ver linda ¿Cuántas canicas te quedan?-pregunto mirando a la niña.

-dos- contesto la pequeña.

-bien, dámelas, vamos a jugar topes- reto al otro niño.

-¡topes no! Estábamos jugando hoyito-

-bueno pues al hoyito ¿Dónde está?- los tres niños señalaron un montecito en la tierra.

-las disputas nunca se arreglan con los golpes- y sin mediar media palabra se arrodillo junto a ellos para jugar a las canicas.

Adentro de la Iglesia

-¿y el señor cura?- pregunto una mujer de edad mediana toda vestida de negro a Hachi mientras este pasaba por ahí.

-¿aún no ha llegado?- pregunto el sacristán sin hacerle mucho caso. Con la señora Kikyo era siempre lo mismo.

-tarado bruto ¿Qué no vez que no? Y yo con mi alma negra de pecado- se quejó la señora.

-sucia- murmuro, pero no muy bajo.

-¿Cómo dices?-

-su-sucia de pecado- se excusó rápidamente.

-ah, figúrate, si yo me muriera ahora mismo ¿A dónde iría a parar?- "no se ni me importa" pensó Hachi mientras se encogía de hombros.

-al infierno ¡yo! ¡Doña Kikyo Shichinintai al infierno!- se quejó la mujer.

-si le permiten entrar-

-¡¿QUÉ?!- sin decir otra palabra el pobre muchacho se echó a correr. No tardó mucho en localizar al párroco y fue directo hacia donde estaba.

-¡señor cura!- grito para llamar su atención.

-no me hables al tiro Hachi me siscas-

-perdone usted, pero es que doña Kikyo dice que se va a ir al infierno-

-ok ya voy- ganando la última canica.

-¿al infierno?- pregunto el sacristán sorprendido.

-¡HACHI!- lo regaño.

-usted dijo-

-bueno, como ya se las gane todas, se las voy a repartir equitativamente- tomo las 15 canicas y les dio 5 a cada niño, dándole las mas coloridas a la niña.

-¡muchas gracias señor cura!- sonrieron los hermanos. Mientras el tercero solo refunfuño.

-bien ahora ya me tengo que…- comenzó a retirarse cuando recordó otro detalle.

-óyeme ¿y se puede saber que haces tu siempre metida entre los muchachos?- pregunto serio a la niña (tengamos en cuenta que en esos años era muy mal visto que las niñas pasaran el tiempo con los niños, se decía que se volvían marimachas).

-vacilando- dijo la susodicha nocentemente.

-¿"vacilando"? las niñas como tu deberían estar en su casa o con sus amiguitas- la regaño.

-pero si yo no tengo amigas señor cura- sonrió ella.

-¿y tú mama como permite que andes así de vaga?- dijo ahora más escandalizado.

-¿ella? Ni cuenta se da ¿verdad Cruz?- le dijo mirando a su hermano.

-cierto, la Cristina y yo nos mandamos solos- secundo el muchacho.

-¿y su padre que opina de todo esto?- interrogo escandalizado.

-se enoja mucho con mama, pero ella ni caso le hace, siempre se la pasa ahí rezando- señalo a la iglesia.

-se cree santa- se burló el amigo.

-ajaja- frunció el ceño Hoyo antes de volverse a la iglesia.

-¡AHORA SI DAME MIS CANICAS, ES SEÑOR CURA ME LAS GANO PORQUE METIO MANO!- forcejeo intentando quitarle las canicas a Cristinita.

-¡ya Miguel suéltala!- intento defender Cruz a su hermana. Hasta que volvió el señor cura y le dio un buen zape al muchacho.

-¡no este diciendo mentiras! Y ahora si metí mano-le engaño antes de volver a irse.

-chicos, miren ahí viene la tropa y con un muerto- grito uno de los chicos, antes de que los tres se quitaran del camino.

-¿los vendrá persiguiendo el coyote?- pregunto la niña.

-al revés manita, van para el veracruzano, ¿no te acuerdas que ahí está el cuartel?-

Y mientras en el cuartel

-firmes ¡ya!- ordenaba a la tropa un joven capitán, de ojos dorados, de pelo plateado pulcramente cortado a la mitad del cuello y recogido en una coleta. Y su uniforme militar bien planchado almidonado y limpio. (¿Saben quién es?)

-romper la formación ¡ya!-

-bien capitán Taisho, puede dar por terminada la parte oficial…- decía el antiguo regidor de las topas el coronel Totosay, un viejo y piojoso militar que ya estaba en las ascuas de su retiro y como último acto oficial tuvo que traspasar el mando al joven capitán.

-no sabes muchacho el gusto que me da el poder ya irme a mi retiro, toda esta persecución interminable me ha dejado agotado y no he sabido hacer más que ridículo, ah pero eso sí muy bien hecho- se lamentó el anciano mientras se sentaban ambos a la sombra del edificio.

-¿acaso es tan diablo el famoso "coyote" ese?- pregunto extrañado el joven, pues había sido trasladado exclusivamente para poder atrapar al bandido de la huasteca.

-brincos dieran los coyotes para tener tanta inteligencia capitán Taisho- sonrió Totosay llevándose un cigarro a la boca.

-bueno y ¿Quién ese tal coyote? ¿Qué hace y donde opera?-

-¿Quién es? Solo dios lo sabe, ¿Qué hace? Mata, roba, escarmienta a nuestros hombres, y nos pone en ridículo ¿y donde opera? Aquí en la huasteca, ataca y desaparece, se esfuma en el aire, y por ahí dicen y no creo que mientan que está en dos y tres lugares a la vez, algo muy sobrenatural- explico el anciano exhalando una nube de humo gris.

-para no atrasarte más muchacho, te deseo muy buena suerte, porque bien vas a necesitarla- le sonrió dándole una palmada en el hombro.

-le agradezco mi coronel, y más por la información, aunque no ha sido mucha- le devolvió la palmada el ojidorado.

-oh y debes tener mucho cuidado, ese vándalo siempre tira a matar, y hablando de muertos, te estas desangrando de la oreja- Inuyasha se llevó una mano al oído y vio tres gotitas de sangre.

-vaya, y frente a toda la tropa- se apeno.

-no te aflijas, a ellos no les asusta esa sangre- el relincho de un caballo los puso al tanto de que se acercaba uno de los destacamentos, con un cadáver cargado en uno de los caballos.

-aquí mi capitán- saludo uno de los soldados.

-lo hemos encontrado hoy en la mañana cerca del potosino, y traía esto prendido- le entrego un papel a los superiores, era una nota escrita a mano que ponía:

Por borracho y por soplón

El "coyote"

-¿Hace cuánto lo colgaron?- pregunto serio Inuyasha antes de doblar el papel y guardarlo en el bolsillo de su chaqueta.

-parece que no más de pocas horas mi capitán-

-¿y sabemos quién es?- pregunto Totosay después de terminar su cigarro.

-un tal Hipólito mi coronel, lo conocí del tamaulipeco, era un gran cliente de la cantina de Sesshomaru- Inuyasha sonrió.

-¿Sesshomaru Taisho?-

-si don Sesshomaru ¡digo mi capitán!- corrigió rojo de vergüenza el soldado.

-nos parecemos mucho verdad- se rio el ojidorado. El soldado solo asintió.

-¿y que piensas hacer muchacho?-

-de momento nada-

-¿y el muerto mi capitán?- consulto el soldado aun apenado.

-bájalo- el soldado se retiró para dar la orden y devolver el cuerpo a los familiares.

-¿no vas a salir a buscarlos?-

-no, estoy muy cansado además hace demasiado calor, ya tendré mucho tiempo para ir a por ese-

-¡¿ENTONCES ANTES DE TU DEBER Y LAS VIDAS QUE VINSTE A PROTEGER PONES TU COMODIDAD?!- grito escandalizado el coronel.

-no me insulte, además con esa actitud ya sé porque no ha podido dar con el coyote, a ese bandido se le debe atrapar con astucia no con fuerza-

-tienes razón muchacho, dejo el cuartel a tu cargo y mucha suerte- se despidieron con un último apretón de manos.

Continuaremos…