El siguiente capítulo de nuestra locura compartida. Espero lo disfruten.
Kate salió de los baños. Caminó en dirección a la mesa en la que había dejado a Demming esperando. No pudo evitar darse cuenta que este misterioso hombre del cual aún no podía ubicar su rostro no le quitaba la mirada de encima.
Llegó a su destino, tomó asiento frente a Demming y volvió el rostro hacia Richard. Ahí estaba aún esa mirada azul que penetraba hasta los huesos con ese escalofrío incontrolable de arriba abajo.
-Kate, ¿Pasa algo?-Preguntó Demming tratando de llamar su atención sin mucho éxito.
-¿Cómo?- Kate aún estaba atontada ante aquel azul cielo. No sonreían, no se movían, no respiraban, estaban simplemente perdidos en los ojos del otro.
-¡Kate!- Insistió Demming tocándole el hombro con delicadeza procurando no exaltarla.
-¡¿Si?!- Saltó Kate volviendo la mirada hacia su compañero.
-¿Te pasa algo?
-No…No, ¿Por qué?- Preguntó Kate intentando recobrar la compostura.
-Pues, lucías un poco rara… Como en las nubes.
-mmm… si, en las nubes, claro. ¡Vamos, Demming! ¿Qué estás diciendo?
-Exactamente, no tienes idea de lo que estaba diciendo.- Exclamó un poco enfadado ante la situación.
-Bueno, puedes repetirlo y te pondré atención esta vez.
Mientras este par mantenía lo que parecía ser una charla solo de amigos, el increíble Richard Castle no podía apartar la mirada de aquella mujer que lo había hechizado de una manera que nunca nadie lo había hecho antes. Ni siquiera se molestaba en ser discreto, no le preocupaba lo serio de la situación ya que el chico parecía buscar tener algún contacto entre sus manos, pero ella lo rechazaba muy discretamente.
Terminó la hora de clase. Alexis corría en dirección a su padre con dos pequeños niños rubios tras de ella.
-Papá, ellos son mis amigos Peter y John. Los he invitado a jugar Laser Tag en casa el viernes después de natación. ¿Está Bien?- Preguntó la pequeña niña poniendo unos ojos a los que Rick jamás hubiera podido negar algo.
-Está bien, pero deben pedir permiso a sus padres.- Respondió Richard pasando la mano por el cabello aún mojado de su hija, sin saber de quién eran hijos esos pequeños.
-Está bien papá, ven que hablamos con su mamá, yo ya la conocí, es muy bonita y simpática.- Alexis tomó de la mano a su papá y lo llevaba arrastrando por el camino cuando escuchó el sonido de su móvil y tuvo que atender. Los 3 niños miraban expectantes.
-¡Diablos, lo olvidé!- Castle se llevó una mano a la frente golpeándola con fuerza por haber olvidado tan importante compromiso.- Está bien, ya estoy en camino…
Cortó la llamada, guardó el móvil y comenzó a tomar rápidamente las cosas de su hija sin tomar en cuenta a los 3 niños estaban esperando por él.
-Papá, espera, al menos deja que me cambie, estoy toda mojada.
-No importa, nos vamos así, se hizo muy tarde.- Richard tomó de la mano a su hija e intentó llevarla hacia la salida, pero Alexis puso resistencia.
-Papá, ibas a hablar con la madre de mis amigos para que vayan a jugar a mi casa el viernes.
-Podemos hacerlo mañana, ahora no hay tiempo.- Richard se volvió hacia los dos pequeños rubios.- Niños, pidan permiso y mañana hablo con su madre.
Rick y Alexis que se dirigieron a la salida, cerca de la mesa en la que se encontraba Kate. Pasó de largo sin tomar en cuenta que ahí estaba la mirada de la cual había estado prendado momentos antes.
En la banca cerca de la puerta de salida estaba una joven niñera de no más de 20 años leyendo el más reciente libro de Richard Castle. Entonces percatándose que era el escritor en persona corrió para alcanzarlo y pedirle un autógrafo. Rick Castle jamás era desatento con sus fans, así que se detuvo a prestarle la atención debida a una más de ellas.
-Dime, ¿Cuál es tu nombre?
-Ashley.- Dijo la joven temblando de los nervios.
-Muy bien Ashley, aquí está.- Rick le entregó el libro y le dedicó una sonrisa y salió del lugar con su hija de la mano y a toda prisa para llegar a su compromiso, no tan a tiempo como sería debido, pero por lo menos asistiría.
Kate se quedó atónita ante aquél suceso, no podía ser que ese hombre fuera el mismísimo Richard Castle, fue su escritor favorito durante la universidad, y aunque después se desconectó de su trabajo debido a sus hijos y a que ya no tenía tiempo no creía posible el hecho de no haber recordado su rostro si ya lo había visto en persona años atrás en una firma de libros. ¿A caso Richard Castle había cambiado tanto como para no ser reconocido por una de sus fans? ¿O era ella quién había cambiado?
-¡mamá, mamá!- dijo Peter atrayendo la atención de su madre- mira esa niña pelirroja que va ahí, es nuestra amiga y nos invitó a jugar a su casa el viernes.
-Peter ¿Cuántas veces te he dicho que no señales a las personas? Y no, no pueden ir a jugar a su casa- Dijo Kate sin darle la oportunidad a su hijo de contestar a tal pregunta tan difícil de contestar para cualquier hijo en el mundo. ¿Quién lleva la cuenta de cuántas veces su madre dice las cosas?
-Pero mamá ¿por qué?- Replicó John
-Porque la acaban de conocer y saben que debo conocer a la familia de sus amigos antes de dejarlos ir a sus casas.
-El señor dijo que hablaría contigo mañana durante la clase- Peter cruzó los brazos molesto por la renuencia de su mamá.
Kate sintió que el estómago le bajaba hasta el suelo y subía de nuevo.
-Está bien, mañana arreglaremos este asunto, ahora vengan, vamos a cambiarse para regresar a casa.
Los gemelos chocaron los cinco con una sonrisa en esos hermosos rostros, habían obtenido lo que querían. Caminaron tras de su madre que se dirigía a los vestidores para quitarles el bañador y ponerles ropa seca y presentable, sin haber tomado en cuenta la presencia de Demming.
-Kate, yo tengo que irme ahora, tengo algo que hacer. ¿Nos vemos más tarde?- Kate se detuvo en seco y se volvió hacia él. Distraída una vez más.
-Está bien, gracias por el café, nos vemos luego.
Terminaron de cambiar la ropa y salieron del lugar con destino a su casa, aún tenían que resolver el asunto del auto de juguete roto.
...
Mientras tanto Demming caminaba por la calle camino a una joyería. No estaba seguro si era el momento adecuado, pero este tenía que llegar y quería comprar una sortija de matrimonio para Kate, cuanto antes.
Llegó a la joyería y trató de buscar algo "Bueno, bonito y barato" ya que su sueldo no era lo suficiente como para comprar algo ostentoso. Y Kate no era una mujer de apariencias, algo discreto sería lo apropiado para ella.
Eligió la sortija que más le había gustado y salió de la tienda. Estaba de camino a su casa pasando por el Central Park, quería caminar por ahí para tener un poco de inspiración, necesitaba pensar en la manera en que iba a declararse a Kate, debía ser algo íntimo y discreto, justo como a ella le gustaban las cosas. La conocía tan perfectamente bien y estaba consciente de que no había amor por parte de ella, pero mantenía la esperanza de que el amor pudiera llegar con el paso del tiempo, y pensaba que ella estuviera dispuesta a darle una oportunidad considerando que los gemelos podrían necesitar una figura paterna.
Iba inmerso en sus pensamientos cuando sintió un golpe muy extraño en la cabeza, se volvió hacia atrás para ver de dónde provenía cuando vio un ave tendida en el suelo con muy mal aspecto. Se puso en cuclillas para tener un mejor punto de vista ante semejante escena. Era un ave color café con un pico grande y extraño. Alargó la mano para reiterar el estado del ave, cuando esta abrió los ojos, tiró un picotazo en dirección a su dedo, el cual dejó levemente herido, se puso en pie, y levantó el vuelo en dirección a un árbol que se encontraba a unos cuantos metros de él.
Demming estaba muy extrañado ante la situación que acababa de presenciar, se puso en pié y se llevó la mano a la cabeza en el lugar del golpe para saber si tenía sangre, o una herida grave. Levantó la vista para continuar con su camino cuando se encontró con la mirada de dos hombres grandes y robustos cruzados de brazos mirándolo sin expresión alguna en el rostro, la situación se tornaba cada vez más extraña, así que decidió ir a su casa con un paso más a prisa a curar esa herida en el dedo.
Mientras tanto Kate llegaba a casa con sus dos pequeños que seguían discutiendo por el asunto del carro de juguete cuando sonó su móvil. Miró la pantalla, era Lanie, realmente no quería contestar, pero terminó por hacerlo.
-¿Si?
-Vaya, hasta que te dignas a contestar mis llamadas. Qué bien que lo hayas hecho, porque estaba decidida a que esta sería la última vez que llamaba.
-Hola Lanie, ¿Qué tal?
-¿"Qué tal"? Chica, no estoy dispuesta a soportar uno más de tus rechazos, nos vemos este viernes por la tarde, puede ser un Burger King si quieres así los gemelos tienen donde jugar, me muero por verlos.
-No, Lanie, lo siento, el viernes no puedo, voy a llevar a los chicos a jugar a casa de alguien que te interesará, podemos dejarlo para el sábado y te cuento los detalles ¿De acuerdo?
-Eso suena bien, me parece perfecto. Nos vemos el sábado por la tarde. Besos.
