Sucesos inesperados
"Wow"-fue lo primero que pensó al llegar a la recepción del restaurante.
Si, recepción. La estancia era tan poderosamente gigante, que estaba dividida en tres salones: "El Gran Salón", "El Salón Imperial" y "Salón azul", además de la recepción.
Llevaba casi diez minutos de atraso y completamente desorientada, en aquella entrada principal, que tenía una cúpula muy alta con vigas de madera de color dorado y piso lustroso color caoba.
A su frente estaba "El Salón Imperial", con una puerta enorme de color oscuro y con la inscripción del nombre en una placa de mármol y letras doradas. Había visto por la puerta entreabierta una enormísima sala con mesas y manteles dorados, además de un enorme escenario donde tocaba un pianista, muy experimentado. Dudaba que Harry estuviese ahí.
A su izquierda, otra enorme puerta abierta, pero de madera clara y manijas muy decoradas y pulidas. Las paredes del "Salón azul" estaban revestidas, al igual que su nombre, de azul, muy clarito y vigas blancas, manteles del mismo color y piso claro. Era una habitación llena de luminosidad. En el frente cantaba una chica preciosa, junto a otro pianista. Harry, no elegiría ese salón.
Y por último, tras unas escaleras de piedra clara estaba, por deducción, "El Gran Salón", con puertas de Madera oscura y cosas talladas. La puerta estaba cerrada. No sabía si Harry escogería ese.
En conclusión, estaba perdida. Hermione no tenía ni la más mínima idea de donde estaba su amigo y la gente del lugar la empezaba a mirar raro, como si esperaran a que se moviera de una buena vez.
Hermione, empezaba a rallar en la desesperación. Iba de salón en salón intentado encontrar la cabellera pelinegra de Harry. Pero nada…genial.
Suspiró frustrada. No tenía dinero en el móvil para llamar a Harry y preguntarle en donde diablos se había metido, ni ninguna posibilidad de encontrarse con el chico, pues los tres salones estaban llenos. ¿Qué haría? ¿Quedarse ahí parada esperando que por arte de magia saliera un cartel que la guiara? No tenía ni la más mínima idea.
Y a pesar de estar ahí en medio de la recepción, media ida, se sentía como una princesa o como la chica del Titanic. La habitación era tan hermosa, que cada detalle era nuevo para ella y la llenaban de asombro. Por ejemplo es lámpara que colgaba sobre su cabeza. Había levantado hace un par de minutos la vista y no le había quitado la mirada de encima…¡Pero eso no venía al caso! Harry ese era el tema, debía concentrarse.
Su bolso, de color casi negro con un dije dorado, vibró y comenzó a sonar la típica música de llamada. Su corazón se aceleró. Esperaba que fuese Harry, o si no seguiría ahí como tarada viendo las puertas de los tres salones. Para su suerte era él. Estaba tan feliz que no reaccionó de inmediato ante el inminente gritoneo del chico.
-¿¡SE PUEDE SABER DONDE DEMONIOS ESTÁS!
Hermione dio un brinco y abría jurado que había escuchado al Harry de carne y hueso desde su lugar en la recepción.
-Shhs, No grites- siseo la muchacha mirando para todos lados por si alguien más había escuchado el gritoneo, pero la recepción estaba tan llena que nadie lo había percatado.
-Está bien-dijo el chico un poco más calmado, aunque su respiración sonaba acelerada. Hermione, que consideraba pan de cada día, la impaciencia del muchacho, le restó importancia-¿Dónde estás?
-En la recepción-dijo ella girando, esperando ver a Harry asomándose por alguna de las puertas aunque no paso nada. La gente entraba en las salas, pero no salía- Hay tres salones… ¿Dónde estás tú?
-Mira estamos… ¿Amor, como se llamaba este?...En algo como el salón Grande, no lo recuerdo…Sabes que no soy bueno para los nombres.
-¿El Gran Salón?- dijo ella, conociendo la dificultad de Harry. Recordó fugazmente que el chico se había demorado casi un mes en pronunciar su nombre bien, creyendo que se llamaba Hermen o algo parecido.
-¡Exacto!
-Llego en un momento. Espera, no cuelgues.
Subió la escalera de piedra con rapidez, no era muy larga y no había nadie en ella. Al segundo estuvo frente a las oscuras puertas del salón.
-Llegué, estoy en la puerta-dijo ella, un poco acalorada por la subida. Harry suspiró, de alivio, sabiendo que estaban en el mismo lugar. Hermione abrió la puerta y se encontró con una de las salas más lindas que había visto en su vida.
Era medianamente grande, con las paredes de piedra, clara y en de ellas había una enorme chimenea a leña, del mismo material que la pared, pero más oscuro.
Las mesas estaban exquisitamente adornadas, con manteles blancos y plateados sobrepuestos y en el centro había adornos florales de rosas blancas y rojas y platos de porcelana de fina calidad. Hermione pensó que era digno de la realeza y no pudo evitar un suspiro de admiración.
-Harry ¿Dónde…?
-Cerca de la cocina…Esas puertas blancas…Creo… ¡Ya te vi!-dijo suspirando de felicidad-Estoy moviendo el brazo...
A la chica le costó un poco enfocar a su amigo. Lo encontró a los pocos segundos con un traje de etiqueta y semi-parado en la silla. Hermione sonrió, caminó por entre las mesas, esquivando a los extrañados camareros y se dirigió a la mesa donde su mejor amigo, sonreía y meneaba el brazo en forma insistente.
Harry Potter seguía moviendo el brazo con entusiasmo en cuanto ella llegó a la mesa, con sus ojos verdes chispeantes, cubiertos por gafas redondas, el cabello negro, desordenado, como era tradición en él y su traje negro implacable. A su lado su novia Ginny Weasley, con sus pecas, cabello pelirrojo y ojos brillando como nunca. De espaldas a Hermione, había un chico, de cabello pelirrojo, como el fuego, que ella infirió sería el hermano de Ginny, Ron.
Hermione se sentó al lado del hermano de la pelirroja, quien curiosamente miraba a otra parte, no sin antes abrazar a Harry y dar sendos besos en las mejillas a Ginny.
-¡Hermione!-dijo Ginny, con su habitual entusiasmo y cara de felicidad. Ella siempre andaba radiante, pero ahora se le notaba más que nunca. Vestía un vestido de color amarilla pálido, que se le veía muy bien-¡Hace tanto tiempo que no nos vemos! Te ves realmente bien…
-Si, yo…
-¡Te has tardado!- dijo Harry, tenía el ceño fruncido y hacía una mueca de disgusto.
-¡No seas regañón!-Dijo Ginny dándole un empujoncito en el hombro, mientras Harry le tomaba la mano. Hermione los miraba con admiración. Ojala ella encontraran alguien que la quisiera, del mismo modo en el que Harry y Ginny se amaban. Lástima que con su plan "Anti-citas" eso nunca llegaría a concretarse.
-Ron también llegó tarde y al él no le dijiste…¡Que tonta!-dijo Ginny, golpeándose en la cabeza, en un gesto dramático, con su mano libre-¡No te he presentado a mi hermano! Ronald ella es Hermione, Hermione él es Ronald, dile Ron…
-¡Hola!-empezó Hermione, en el momento en el que se volteaba, con sonrisa afable y la mano extendida, al hermano de Ginny- es un…
No terminó la frase. Sus ojos se abrieron en forma grotesca y su boca se abrió de la impresión. Frente a ella tenía al mismo chico del taxi. Le sonreía en forma sarcástica y estrechaba su mano, cálida y suave, con la de ella. Hermione le hecho una mirada de rencor y se dio vuelta con los brazos cruzados, mientras el sonreía con suficiencia. La había reconocido al acto.
-Hola…Veo que estás seca- dijo él en forma dañina. La verdad era que la chica se veía preciosa, pero ni él ni su orgullo serían capaces de admitirlo en voz alta.
-Veo que sigues siendo un cretino-dijo Hermione evitando mirarlo. Harry y Ginny abrieron los ojos desmesuradamente, no sabiendo si reír o acomplejarse por la situación, en la que se veían excluidos.
-Disculpen-dijo Ginny con cara de curiosa-¿Se conocen?
-Por desgracia- dijo Ron, mirándola con furia. Luego del tema del taxi, mojado hasta los huesos el pelirrojo había tenido que ir caminando a la casa de Ginny, no sin antes caerse dentro de un charco de lodo y quedarse embarrado, siendo la burla de unas chicas, que intentaba impresionar. Para él la culpa era totalmente de la muchacha por haberle quitado su taxi.
-¿Enserio?-dijo Harry con interés renovado-¿De dónde?
-Robó mi taxi- dijeron los dos al mismo tiempo y después de una mirada fugaz, que podía cortar un cuchillo, miraron en direcciones opuestas.
Harry los miró con extrañeza. Hermione nunca se portaba así con nadie, es más, todos decían que ella era la chica más dulce de todo el país y Ron…bueno, era extraño el siempre intentaba complacer a las chicas. Tenía fama de conquistador empedernido.
Ginny los miró con los ojos entornados. Para ella era una situación de los más absurda . Pelearse por un taxi ¡Vaya tontería! Pero también conocía demasiado bien a los dos y sabía que tenían el orgullo del tamaño de una montaña.
El camarero llegó con unas cartas de cuero y Ginny ordenó un vino de buena cosecha, el chico, salió caminando rápidamente y volvió a los pocos minutos con la botella y unas copas que parecían de cristal. Hermione, asombrada por la rapidez, tomó una con desconfianza, como si se rompiese solo con una mirada. No quería ni imaginar qué pasaría si se caía al piso o le hacía un raspón.
-Bueno, deben preguntarse qué hacen aquí-dijo Harry con rostro sonriente, mirando a Ron a Hermione, que desistieron de lanzarse miradas furtivas, con odio, por la voz de Harry, y miraron al pelinegro como si recién recordaran que el motivo de la cena era algo importante y no el odio existente entre ambos desde aquella mañana.
Ron y Hermione asintieron, al mismo tiempo que el joven camarero, volvía, preguntando que querían del menú, en forma rápida y luego se fue. Volvió a los minutos con platos humeantes, tan rápido que Hermione se preguntó si en la cocina había seres humanos o maquinas.
-Esta atención sí que es rápida-expresó el muchacho a su lado, con cara de confundido, pensando lo mismo que ella. Hermione bufó, como si el pelirrojo le hubiese robado el pensamiento.
-Si-dijo Ginny con cara de confundida, al igual que su hermano. La rapidez era de lo más raro- ¡Deben tener a todos los cocineros del país en esa cocina!
-Bueno, Bueno, Bueno- dijo Harry, evidentemente alterado por haber perdido el hilo de la conversación. Estaba nervioso y no sabía cómo se lo iban a tomar los dos chicos del frente, que aparentemente querían estrangularse el uno al otro-Hablemos del por qué estamos aquí-tiritaba y Hermione que lo conocía como la palma de su mano, lo notó al acto.
-Si Harry-dijo Ron, con aire sarcástico- ¡Me he mordido las uñas y mojado todo el día por saber que hacemos aquí!
Hermione rió de mala gana, en son de burla.
-¡Que simpático eres, Ronald!-dijo ella, mirándolo fijamente. A él se le pusieron las orejas coloradas. Odiaba que le llamasen por su nombre. Ella había descubierto su debilidad y él estaba en desventaja- Sigue, Harry…
-Bueno…Esto…Nosotros…Ginny y yo- dijo tiritando y poniéndose pálido de improviso. Ni a Hermione ni a Ron interpretaron eso como un buen augurio. Ginny le tomó la mano para infundirle valor-Mmm...-tragó estruendosamente.
-Yo lo diré- dijo Ginny. Ella era tenía el valor suficiente para compartirlo con Harry-Muy bien, Harry y yo vamos a…
-¡Estás embarazada!-saltó Ron de improviso, haciendo que unas personas de las mesas cercanas se voltearan, Hermione se tapó la boca con ambas manos para evitar que saliera un grito de felicidad y Harry abrió los ojos tanto, que parecía que saldrían de sus orbitas en cualquier segundo. Ginny, en cambio mantuvo la calma.
-No es lo que…
-¡¿Te atreviste a poner las manos sobre mi hermana Potter?-dijo Ron algo furioso y alzando el puño en forma amenazadora, mientras Hermione le miraba aterrada. Pobre, de la chica que terminara siendo la novia de ese sujeto. Se veía un sobreprotector empedernido. Harry, al ver esa reacción, corrió un poco la silla hacia tras, negando con la cabeza y Ginny, para sorpresa de todos, empezó a contener la risa, hasta que terminó agarrándose el estomago riendo a carcajadas. Una mujer, sentada en la mesa continua, que acababa de llegar y que vestía un vestido tan brillante que parecía hecho de diamantes, la miró en forma reprobatoria.
El chico un poco serenado, captando que si su hermana reía era buen presagio. Cogió una copa de vino y la lleno con ese liquido, que el, catalogaba de los dioses. Su experiencia le decía que el camarero había acertado.
-¡Serás malpensado!-dijo Ginny, a penas tomó el aire suficiente y se secaba las lagrimas de la risa. Ron solo se contentó en tomar con apuro la copa de vino para no tener que declarar nada, que, conociendo a su hermana, terminaría en su contra-Yo quería decir que…-tomó aire y sonrió, de corazón-¡Harry y yo vamos a casarnos!
Hermione, sonrió, encontrádnoslo adecuadísimo. 4 años de noviazgo eran más que suficientes. Y ellos eran obviamente uno para el otro. Ron que tomaba su vino, lo escupió, como se hace en las películas y lo poco que quedaba en su copa, terminó volteado, quien sabia como, en el regazo del vestido de Hermione. La chica lo miró indignada, aún no asimilando del todo la situación.
-¡Ron!-dijo Ginny, con el seño fruncido, mientras que Harry, corría a ayudar a su amiga e intentaba quitarle el viscoso liquido con una servilleta, aunque solo lo arruinó más, haciendo una mancha más grande y de un color más fuerte
-Harry, no importa- dijo simulando una sonrisa. Era, para ella, el momento de Harry- ¿Sabes donde hay un baño?
Hermione miró a Ron, esperando una respuesta, como acto mínimo de respeto, a la pregunta, pero el chico solo la miraba atragantándose de la risa sin ademán de culpa o de intentar ayudar. Hermione le miró con furia y Ron abría jurado que los ojos de la chica estaban rojos. Pero a ella le importaba un comino lo que él pensara, para ella era un grosero de primera línea.
Un camarero rubio y bastante alto, que al parecer había estado muy atento a la situación. Se acercó a la mesa y aclaró.
-El baño está ahí, señorita- dijo él señalando un pequeño hueco en la pared- Ahí un pasillo y luego a la derecha está el de damas.
Hermione le agradeció con una sonrisa, que intentaba ser amable, al acto en que el rubio se alejaba con una bandeja de plata y un plato de pescado. Se levantó y vio que la mancha era notoria, pero no en exceso. El color azul oscuro del vestido la disimulaba un poco.
-Vamos te acompaño-dijo Harry, intentando ser cortes y caballeroso, y agarrándola del brazo. Aunque se notaba un poco que quería quedarse con Ginny y quizás comentar el incidente. Hermione que lo conocía bien y sabía que tenía complejo de culpable, negó con la cabeza y se zafó de su agarre.
-No, no. Quédate con tu prometida- dijo. Ginny sonrió, por como sonaba y Hermione partió como un relámpago al baño, ante la vista de todos los asistentes. Algunos reían de ella a su paso y otros solo la ignoraban o echaban miradas de inferioridad. La chica llegó al baño, con el orgullo por el piso y con odio acumulado a ese tal Ronald Weasley.
-Serás tonto, Ronald-declaró Ginny, en el mismo instante en el que la chica había salido, casi corriendo al baño. Ron solo gruñó en forma evasiva. Estaba bien se había sentido un poco culpable y todo eso, pero la chica había exagerado un poco. Harry se sentó al lado de Ginny con el ceño fruncido.
-¡Hey! Ella lo exageró, fue solo una manchita-dijo Ron mientras su hermana le miraba con los ojos muy abiertos de incredibilidad. No comprendía la actitud de su hermano ante la pobre de Hermione.
-¿Una manchita? ¡Una manchita! ¡La mitad del restaurante se burló de ella por esa manchita!
Ginny, no ayudaba mucho a Ron. Ahora quería correr al baño a ayudar a Hermione. Su cara se puso de color escarlata, como solía ponerse cuando estaba avergonzado.
-Sí, Ron, lo que hiciste, no fue lo mejor…Es más, te reíste-dijo Harry alzando una ceja. Ron bajó la vista, era como si sus padres lo reprendieran, cosa que muy a menudo sucedía antes de que él se fuera a Nueva Zelanda.
-Sí, no fue muy atinado de tu parte- declaró Ginny, mientras se acomodaba en su silla. El mismo camarero rubio, llegó y retiró sus platos y otro venía con la cuenta de Harry. Él pelinegro, que estaba preparado psicológicamente para unos números exorbitantes, solo sacó su billetera y paso la tarjeta de crédito al chico, diciéndole que no le dijera cuanto costaba la cena.
-Y no alcanzamos a decirles, ni a ti ni a Hermione qué…
-¿Decirme que cosa?- la castaña había regresado, con la mancha, un poco menos notoria y pequeña, pero aún así presente. Sentó en la silla y la corrió lo más lejos posible de Ron, quien decidió pedirle disculpas, por el cargo de conciencia.
-Hermione, yo lo sie…-comenzó con mirada gacha y sincera. Pero a Hermione, que en el baño se había sorprendido a sí misma con el hecho de odiar tanto a una persona, sus lamentos y disculpas le valían un rábano y con la nariz alta se dirigió a Ginny.
- ¿Que querías decirme, Ginny?-dijo ignorándolo brutalmente, al tiempo que Ron abría los ojos algo sorprendido por su actitud. La chica hacía que se sintiera peor. Lo único que le faltaba era tener más enemigos y lo peor era que, aunque ella no era de su agrado, por su terca y cambiante personalidad, tampoco quería estar enemistado con ella, a pesar de que aún no tenía muy definido el motivo de lo último.
-Mmm…Si-dijo Ginny, también descolocada, por la actitud de Hermione, pero siguiéndole el juego- Bueno, Harry y yo nos casaremos, como les informamos hace un rato- esto lo dijo sonriendo, al igual que Hermione, mientras que Ron ponía mala cara. No era que Harry le cayera bien, es más lo consideraba desde hacía mucho el mejor candidato, para su hermana, solo era que…Ella era su hermanita-Y bueno, queríamos que ustedes fueran los padrinos de la boda…
Hermione y Ron, a pesar de sus recientes diferencias, se miraron mutuamente sorprendidos. Eso era más de lo que ambos podían esperar. Hermione sonrió a Ginny y se levantó para abrazarla, al tiempo en que Harry y Ron intercambiaban una mirada de agradecimiento y confianza. Cuando la castaña volvió a sentarse, Ginny prosiguió con sus "Anuncios".
-Si y bueno, como padrinos- y al decir esto ambos sonrieron. Era más que obvio que habían aceptado la petición no señalada- Tienen que estar con nosotros en cada momento y…
-¿Cuándo se casan?- Preguntó Ron, con cara de duda. Las bodas, según su conocimiento basado en los programas que veía su madre, se demoraban bastante.
-Bueno…Esto quizás sea raro, pero nos casamos en un mes…
-¡Un mes!-chillaron el pelirrojo y la castaña al unísono. Hermione miró a Ginny y a Harry con los ojos abiertísimos y mirada extrañada. ¿Una boda?¿En un mes? Eso era imposible…La boda de Hannah y Neville, en la que ella había sido dama de honor, había tomado casi un año en planificarse. Ambos estaban dementes si pensaban que sería posible que se arreglara todo en tan poco tiempo.
-Es muy poco tiempo…-señaló con lógica Hermione. Ron asintió con la cabeza y Hermione le miró en forma acusadora.
-No te preocupes-dijo Ginny con cara de calma absoluta, como si hubiese premeditado la situación.
-Ginny lo tiene todo planeado, o casi todo…Le falta el vestido, creo-dijo Harry mirando a la chica, que asentía con la cabeza.
-Ginny, no crees que es algo… ¿Apresurado? Es decir, ¿cuando le pediste matrimonio, Harry?-preguntó Ron con rostro pensativo.
-Hace dos semanas.
-¿¡Dos semanas! ¿Y Ginny ya preparó todo en tan poco rato?
-Que va…-dijo su hermana con semblante petulante-¡Lo llevo planeando desde el jardín de niños!
-¿Mamá sabe de esto?
-No
-¿Cuando se lo dirás?
-Este fin de semana y ustedes vendrán conmigo.
-¿Qué? ¿En dos días?- saltó Hermione, que había escuchado con atención la conversación de los hermanos- ¿Y dejar Jean's?- Preguntó. Ron la miró con curiosidad. ¿Jean's? ¿Qué demonios era eso?
-¿Que es…- dijo intentado expresar su duda, pero Ginny lo interrumpió mirando fijo a Hermione.
-¿No puedes dejarlo a cargo de Hannah durante un tiempo?-dijo Ginny con ojos suplicantes. Harry le miró advirtiendo peligro, Hermione, en lo que a su librería respectaba era de lo menos permisiva.
-¿Por cuánto tiempo?-dijo Hermione alzando una ceja. Estaría dispuesta a dejar Jean's solo por un par de días.
-Bueno…esto…-Ginny se veía indecisa. Ron miraba de un lado para otro a las dos chicas, como en un partido de tenis. Hermione se veía muy enfadada y poco dispuesta a abandonar ese tal Jean's, que Ron empezaba a sospechar que era un perro o alguna mascota, porque la castaña se veía muy pegada a "eso"-Hasta la boda…-dijo con la mirada en el mantel. Hermione abrió los ojos como si fuese un plan suicida.
-No me puedo ir por un mes-dijo ella con cara de culpa, sabía que era importante para ellos su presencia, pero su librería…Para ella era su hogar, su familia, era la esencia de su madre-¿A quién dejaría a cargo?
-A Neville…
Ron pensó que Hermione, estaba demasiado unida a su mascota o lo que "eso" fuera. Pero la chica se veía honestamente frustrada y parecía preocupada y dividida internamente, parecía que quería con ganas ir a donde Ginny quería que fueran….Un momento… ¿Donde tenían que ir?
-¿Donde estaríamos ese mes?-dijo Ron y Hermione, que parecía haber perdonado momentáneamente el accidente del vino, le miró, como si estuviese de acuerdo con la pregunta. Si iba a dejar su librería botada por un mes, que por lo menos tuviera la decencia de decirle en donde iban a estar.
-En La Madriguera- Hermione miró a Ron como esperando que él le digiera que era eso, pero Ginny respondió ante la duda de Hermione, no pronunciada-Nuestra casa, en Ottery St. Catchpole…Bueno, en La Madriguera queremos que se celebre la boda…
Ron asintió y Hermione se sintió algo frustrada…Por segunda vez en su vida, no sabía qué era lo correcto, el primer, lugar era de su madre…Deseaba que ella estuviese ahí apoyándola, como lo hacía en antaño, mientras le formaba caireles con los dedos y le decía que todo estaría bien y siempre la acompañaría…Lastima que ese deseo no pudiese ser realizado…Suspiró y se mordió el labio. Pensar en ella le lastimaba, pero al mismo tiempo la hacía feliz y le recordaba cuando su vida era feliz.
Harry la miró esperando algún movimiento o signo de algo. Pero nada. La chica estaba mordiéndose el labio con la mirada fija en su copa de vino y tan quieta como estatua. Ginny, que también la miraba con extrañeza le tocó la mano, haciendo que Hermione pegara un brinco pequeñito y la mirara con amago de sonrisa y ojos acuosos. Harry, que supo al instante que estaba pensando en su madre, le tomó la mano en forma de apoyo.
-Y si fuéramos… ¿Cuándo partiríamos?-Preguntó Ron mirando al la chica con preocupación, se veía repentinamente afectada por algo. Por mucho que no le callera bien y todo eso, tampoco era un insensible.
-Ya lo dije, el fin de semana…Luego de decirle a Mamá empezaríamos a ordenar todo, es muy poco tiempo…Ya sabes…
Ron alzó una ceja, como diciendo, "Es tú culpa que sea poco tiempo". Ginny solo suspiró en forma altanera.
-Eso es en tres días-dijo Hermione con los ojos entrecerrados y mirada curiosa. Para ella la boda estaba demasiado adelantada en todos los sentidos y no se inclinaba mucho por la idea. Era demasiado rápido y la cantidad de información empezaba a nublarle la mente.
-Bueno…Si… ¿Nos acompañarán? Es muy importante, para nosotros…-dijo Ginny, había intentado ser lo más dulce y suave al momento de decirles todo. Sabía que a Hermione, le dolía alejarse por mucho tiempo de su librería. Aunque lo consideraba, algo exagerado de su parte. ¿Qué tan mal podían andar las cosas, durante un mes? Neville y Hannah llevaban la misma cantidad de tiempo que Hermione en el local y estaban perfectamente capacitados para hacerse cargo.
Aunque ella no conocía, el significado oculto del negocio, cosa que su novio y prometido Harry si conocía, por eso era tan permisivo con Hermione.
-Yo sí, sabes que me muero de ganas de ver a Mamá…-dijo Ron encogiendo los hombros y mirando a la castaña a su lado que parecía no muy convencida.
-No lo sé…- Dijo Hermione mientras todos se levantaban y dejaban el "Gran Salón" a sus espaldas-…Tengo…Tengo que pensarlo…
Salió a la fresca noche, sintiendo como el frió le cortaba dagas la cara, con la cabeza hecha un barullo y con preocupación y ansiedad desmesuradas…Tenía tres días para convencerse a sí misma, que dejar su librería por un mes, era la mejor solución para ella y para los prometidos y su boda.
¡Hola!
He llegado con otro capítulo de EC :) Espero que les guste.
Me encantaría agradecerle a Guest, Angy y a grintsonandromionelove, por comentar el capitulo anterior. ¡Los quiero chicos!
También a los que siguieron esta historia y a los que la leen :)
Actualizaré pronto.
Besos,
Lila
