A/N: Bien, quien iba a decir que incluso la autora iba a comentar la traducción, pero bueno. Gracias por los comentarios. Disfruten de la lectura, y recuerden, me gustaría saber que opinan de la historia.

CAPÍTULO 2

REGRESO A LA INOCENCIA

-Bien, ¿Qué más tenemos aquí?

La duda crece por dejar así la atrocidad sin estampilla que está ocupando el bote de reciclaje ya empezó a adentrarse en ella mientras que él la mira ojeando las demás cartas, pero aún no está seguro de si deba hacerlo bajo el riesgo de alarmar (o más probablemente, irritar) a su independiente compañera. Sólo una carta hasta ahora, completamente anónima, sin un rastro de que haya tenido contacto con alguien más en otro lugar. Ella lo acusaría de exagerado.

Por supuesto que el verdadero problema era el hecho de que enviar cartas lujuriosas no es un crimen. Ni siquiera las anónimas sin estampillas son crímenes. El escritor no hizo amenazas directas hacia ella, solo era pornografía escrita cuya protagonista era Temperance Brennan. Todas las direcciones en las otras cartas indican que todas fueron enviadas a su publicista, así que asume que la anónima se haya colado entre todas ellas. Es mejor no suponer, pero aún así…

-¿Estas llegaron a tu apartamento?

-No, mi publicista me las dio esta mañana.

-¿Incluso la anónima?

-Sí.

'Ese es l lugar apropiado para mandar correos fanáticos' piensa Booth. La falta de estampilla sigue siendo algo problemático, pero es probable para para una casa editorial tan grande por la que pasan cientos de personas cada día. Además, está ubicada en Nueva York y no en DC.

Mientras Booth bufa, Brennan ordena rápidamente las otras 12 cartas y escoge una que llama su atención a gritos con letras en negrita y marcas coloridas en los bordes. Ella saca la nota de su sobre y ve como como una pequeña explosión de juegos pirotécnicos rosados y aqua, abriéndose a un grupo de palabras garabateadas a lo largo, caligrafía en forma de burbuja con corazones en los puntos de las íes y dibujitos de huesos en los márgenes.

Una ofrenda muy infantil y cordial.

"Querida Dra. Brennan:

Mi mamá dice que debería llamarla así porque usted trabajó muy duro para convertirse en doctora y se ganó el título y por eso tomo su consejo. ¡Pienso que usted es muy inteligente! Desearía ser como usted pero no creo que sea tan inteligente como usted. Quiero ser una científica cuando crezca aun cuando las matemáticas son tan difíciles.

¿Le gusta el álgebra?

Porque yo la odio.

Si me convierto en antropóloga, ¿Tiene que gustarme el álgebra? Espero realmente que deba saltarme esa parte.

Por favor, escriba de vuelta,

Kendra."

Pasando de pronto un sorprendente sentimiento de simpatía que se atoró en su garganta al leer la honesta admiración y la angustia por el álgebra porque él mismo recuerda lo difícil que fue para él esa materia, Booth le regresa la tan preciada carta a Brennan. Y carraspea, porque no es muy de hombres que las emociones se reflejen en su voz.

-Sabes, no es necesario que respondas a todas las cartas pero si hay alguna que merezca una respuesta, serían todas las cartas como esta… unas palabras que cambiarán su vida.

Sintiéndose como si Booth le hubiera puesto un gran peso encima, sus hombros se derrumban.

-Temía que dijeras eso…

-¿No quieres hacerlo?

Si la primera carta le puso la piel de gallina, esta segunda hizo lo mismo con ella, pero por razones totalmente diferentes.

-No sé que decirle.

Dándole palmaditas en la rodilla, Booth asiente hacia el rastro de brillo en su regazo hacia ella.

-Solo tienes que decirle que debe segur en la escuela, estudiar muy duro y aprender a que le agrade el álgebra.

-Y aprender a escribir bien… tiene muchos errores...

-Bones, solo tienes que ser amable, ¿Bien?

-Estoy siendo amable – parece que la maestra nunca se aleja de la pizarra, ella suelta un aire de impaciencia, dirigiendo una mirada casi escandalizada a la atrocidad llena de quien sabe cuantos errores - ¿De qué otra manera aprendería?

-El punto es agradecerle por escribirte, no calificar su trabajo.

-¿Por qué?

Oh sí, el eterno por que. Por supuesto que nunca estarán lejos de esa pregunta tampoco.

-Imagínate si escribes una carta a… - Booth se detiene un momento a imaginar a una persona que una joven Temperance Brennan pudiera idolatrar - … Margaret Mead cuando eras niña.

-No lo habría hecho – lo interrumpe.

Igual no es el punto, pero se debe a su loco racionalismo para desviar totalmente su argumento aun antes de empezar.

-Por el bien del argumento, es mejor que sigas la corriente.

-Pero eso sería un esfuerzo infructuoso para ambos. ¿Qué pude haberle escrito a esa edad que pudiera serle útil o de interés a una científica consumada?

-Esta niña te escribió a ti – le recuerda – porque te admira.

-Esto no tiene sentido – le asevera con la ceja y barbilla levantadas que le asegura a él que no va a convencerla de lo contrario.

Tratando de que su frustración no se redirija arrastrándose en su dirección, Booth deja salir una pequeña risa para retarla.

-Bones, ¿Nunca has admirado a alguien?

-Sí - su respuesta, saliendo tan rápida y suavemente, hace que su estómago se zambulla y de un giro mortal de alegría – te admiro a ti.

¿Cómo demonios puede voltear su mundo al revés con unas pocas palabas? Su lengua aún sigue atorada en la punta de la última palabra dicha, mientras su voz sorprendida mientras su cerebro intenta aferrarse a la oportunidad. Ahí está, su admiración ya no está escondida en un paquete firmemente atado, pero ahora está totalmente a la intemperie por todo lo que acababa de decir. La forma como ella lo mira a veces, la forma con que ella lo observa ahora a él, medio indecisa y a la vez paradójicamente directa: estuvo ahí todo el tiempo.

-¿En serio?

-Sí.

Ella no va a elaborarlo. Su ego está gritando por más, y su sentido común le niega con el dedo, recordándole que no es muy sabio pedir más.

Pero entonces sí lo hace, un comentario no solicitado y muy obvio que dice más que las simples palabras.

-Tú eres bueno con las personas, yo… no lo soy.

Sus ojos brillan como monedas de plata en una fuente, destellando desde una desmedida profundidad, atrayéndole con la promesa de una captura fácil que podría ahogarlo si se atrevía a hundirse en ellos. Él siente como sería de fácil solo inclinarse y tomar la oferta, ero sabe que si realmente se atreviera él no podría regresar a la superficie.

Pero aun así quiere asegurarle que está bien, susurrarle promesas de que ella e perfecta y que si nadie más notaba lo maravillosa que es, eso no es más que una victoria para él. Seeley Booth sabe que ella es más que un premio como ella piensa, mucho más de lo que un hombre como él se merece. En momentos de tranquila reflexión él puede ver dentro de esa reluciente piscina y admitir que quería a Temperance Brennan y luego ver a otro lado con la determinación de mantener ese secreto encerrado por el bien de su compañerismo. Luego ella dice algo como esto, tentándolo a descargar la prudencia y atreverse de todas formas.

Ella podría verlo a él así y él se preguntaría si ella así lo quiere.

La tentación brilla debajo de su piel, calentándolo, hirviéndolo peligrosamente bajo la superficie de su consciencia. Booth salta, tropezándose en su prisa por retirarse.

-¡Whoa, mira qué hora es!

El dolor brilla en sus ojos. Él lo notó en el mismo instante en que se desvaneció, la forma de su súbita retirada solo está confirmando sus peores temores. Nada de lo que diga haría más peligroso quedarse otro minuto aquí.

Brennan lo mira recogiendo su saco, la corbata colgando de su bolsillo mientras salta incómodamente hasta sus mocasines. Tal parece que fue su resbalosa corbata lo que la atrajo a él, su enfoque en intentar ayudarlo más que cualquier intención de hacer que se quede su presuroso amigo. Pero entonces se acerca a tirar de ella libremente, sosteniendo la suave seda hacia él como una ofrenda de paz.

-Lo siento.

Su corazón se encoje de nuevo, revolviéndose de nuevo ante la vulnerabilidad que solo le muestra a él.

-No has hecho nada malo – le promete. Con la corbata en la mano, finalmente la suelta – me acabo de dar cuenta ya sabes, tengo una junta muy temprano. Tengo que ir a trabajo muy temprano. Ya es muy tarde…

Le gustaría quedare hasta muy tarde, cuando ambos tienen que salir muy temprano e incluso con vuelos madrugadores de improviso. Su asentimiento, muy pequeño, le muestra que ella está mejor sin él de lo que piensa. El deseo de apartar todas esas dudas con un beso lo dirige directo a la puerta.

Una vez ahí, sin embargo, otro deseo hace que se arriesgue a una última pregunta.

-Bones, ¿cuándo vienen a recoger tu reciclaje?

-Jueves en la noche, ¿Por qué?

Más vale prevenir que lamentar. Mantenerla a salvo (aun de él) es la razón de su salida, pero mantener su bienestar general es la razón por la que hace todo lo demás estos días, y con esa carta aun rondando por su mente… Lo más seguro es no sacar conclusiones apresuradas a pesar de tener tan poca información para actuar. No se hace ningún daño con tenerla un poco más cuando solo eran letras impresas con palabras sin sabor.

-No quiero que recicles esa carta.

-¿Quieres que la tire a la basura entonces?

-No, quiero que la guardes, por si acaso.

-Me dijiste que la despedazara…

-Cambié de opinión.

Él puede notar su desconcierto sobre su repentina preocupación.

-¿Por qué?

"Mis agallas…" no es que deba decírselo

-Solo hazlo, ¿bien?

No es que ella esté feliz con esa respuesta también

-No sé como tu entretenimiento tiene algo que ver con el desecho de una carta tan obscena.

-Algo me dice que debemos quedarnos con esa carta.

-Tus agallas – se burla ella, esperando a hacerlo brocheta con la estocada de su despido racional.

Es hora de sacar la artillería pesada, se inclina hacia ella con todas sus armas de persuasión apuntándole. Su sonrisa encantadora raras veces le fallaba, aún con la mujer que jura ser inmune a ella.

-Bones, así que tu admiras la forma como trato con la gente, ¿Eso dijiste cierto?

-Sabía que ibas a usar eso en mi contra - murmura. Pero aun así sonríe e inconscientemente se inclina hacia él, porque su sonrisa encantadora raras veces fallaba y ella no va a admitir aun cuando a veces ella caía rendida bajo su poder.

-Mis agallas eme están diciendo que deberíamos quedarnos con esa carta por un tiempo.

-Tus intestinos no poseen inteligencia.

Un paso más cerca, sus ojos pegándose en formas que no eran justas para ninguno de los dos. Es muy difícil estar tan cerca, de querer hacerlo y saber que nunca pasaría. Es demasiado cruel usar su encanto con Brennan especialmente, dado lo fácil que eso podría llevar a esta ingenua mujer que confía tanto en él. Así de mal como se siente, no siente ninguna culpa en usar su atracción a su favor si le ayudaba a mantenerla a salvo de los lobos que son un mayor peligro que él.

-Bones, por favor.

Dios, este es un juego muy peligroso y lo sabía.

Y ella también.

-Está bien, lo que sea… - ella cedió primero. Ambo sueltan suspiros que no sabían que estaban reteniendo.

-Cierra la puerta con llave – le advierte.

Rodando sus ojos, algo le dice que no debió de haberle enseñado, pero aún así lo aprendió de algún lado.

-Buenas noches Booth.

Ni siquiera es posible. Desde que él decidió que era hora de irse, la parte "buena" ya se había ido desde hace mucho; pero al menos estaba contento de escuchar el cerrojo bloquearse firmemente después de cerrarle la puerta en la cara.