Capítulo uno
《No sé porqué hago este tipo de cosas, se supone que no soporto a los niños》
Se detuvo en seco.
《Ah, el dinero》
El joven pelinegro se encaminaba a la casa del pequeño que iba a cuidar. Solo esperaba que el niño no fuese difícil de tratar, sino podría hacer algo que acabase mal para él.
Pero ¿Por qué trabajar de niñero? ¿No habían mejores opciones? La respuesta era simple: No lo aceptaron en ninguno. Ni siquiera de cajero en un supermercado lo quisieron contratar; según ellos aún no alcanzaba la edad necesaria y no tenia la experiencia para poder trabajar con ellos.
¿Y por qué buscar trabajo a tus 19 años, no deberías estar estresandote en la universidad en ese momento? Podría ser, pero no era su caso desgraciadamente. "Se encontraba con problemas económicos", era lo único que se limitaba a decir.
Después de haberse perdido ya tres veces por el lugar, logró llegar a la dirección que le habían asignado.
Eran las 7:30, a tiempo. Tocó el timbre. En lo que esperaba afuera pensaba en que el hecho de que lo contrataran fue como un milagro, justo cuando ya todas sus esperanzas estaban en el suelo, le llamaron para pedir sus servicios.
— Tú debes ser el nuevo niñero, ¿no? —"Niñero", aún no se acostumbraba a ese título— Vamos, te lo voy a presentar.
Sakuraba al entrar, notó que, si ya de por sí la casa ya se veía grande por fuera, por dentro era enorme. Por un lado podía ver una estantería llena de libros, adornos en esos estantes y más; por otro lado una sala con un gran televisor y varios muebles más a su alrededor.
La mujer que le atendió en la puerta le invitó a sentarse en uno de los dos sofás que estaban al lado del gran televisor mientras ella traía al niño, él se sentó en el sofá de la derecha. Sakuraba se dio cuenta de que habían carritos juguete tirados en ese mismo lugar ¿Qué tan pequeño será el niño?
— Te presento a mi hijo —Puso al niño frente suyo— Saluda Teru —Le pidió mientras movía la manita del niño.
El niño solo tenia una mirada de molestia dirigida a Sakuraba, no hacía intento alguno de saludarlo. No debía tener más de 6 años por lo que demostraba con su estatura.
— Acaba de cumplir sus 5 años hace unos días —Dijo mientras tomaba un bolso negro de una silla, se le veía apurada— Debo irme, llego tarde. Espero se lleven bien. Te quiero — Se agachó a la altura del niño y le besó sus dos pequeñas mejillas.
Teru no alcanzó a decir palabra alguna cuando su madre ya se había ido. Solo quedaban ellos dos en aquel gran lugar. Había un silencio absoluto entre ellos dos.
Sakuraba no sabia que hacer, nunca antes había hecho esto, no sabia como dirigirse a un niño de 5 años.
— Y ¿Ya te peinaste? — Preguntó viendo el peculiarmente desordenado cabello de Teru.
Teru solo le mostró su lengua para después dirigirse corriendo hacia una de las habitaciones que había en el segundo piso.
En efecto, no sabia como tratar con un niño.
