Capítulo 2
Lo que hacen los ángeles
A la mañana siguiente, las niñas estaban conversando antes de desayunar.
- ¿Qué fue ese ruido anoche?
- Alguien estuvo llorando durante horas.
- Eso no es nada, deberían escuchar roncar a Josephine.
- ¡No es cierto!
- ¿Quién es la chica nueva? Ni siquiera ha salido de su cuarto.
- ¿Vieron todos sus juguetes?
- Su padre cultiva nueces, son muy ricos.
- Y es británico, dicen que es amigo del rey y la reina.
- Pues, yo oí que lo expulsaron de La India porque murió gente por comer sus nueces envenenadas.
Esa mentira, fue dicha por Eliza Leagan. Quien inmediatamente sintió envidia hacia la recién llegada el día anterior. Mientras tanto, Candy salía de su habitación. Antes de alejarse, se devolvió para intentar descubrir a Emily adquirir vida. Pero no lo logró.
- ¡Cielos! Sí que es veloz.
Al comenzar a bajar la escalera, logró ver en la pared la misma foto que guardaba en su camafeo.
- Mamá…
- ¿Candice? No acostumbramos demorar el desayuno por una estudiante.
- Lo siento, pero encontré…
- Entiende que no eres la única niña aquí. ¡Oh! Bonjour Monsieur Dufarge. ¿Recuerda a nuestra nueva alumna? Lo visitamos ayer.
- Sí, buenos días.
- Candice, él es Monsieur Dufarge. Empezarás clases de francés con él esta tarde.
- ¿Debo hacerlo?
- ¡Candice! Por supuesto que sí. Discúlpate con Monsieur en este instante por tu descortesía.
- Pero no pretendía ser descortés.
- ¡Ahora!
- *Monsierur, Je regrette. Mais, Je sais parler français. J'ai étudié en Inde avec mon père. Qu'habitait à Paris quand il était un petit garçon.
- ¡Esa niña no necesita estudiar francés! Habla como francesa. Dice que se lo enseñó su padre.
- Entendí perfectamente lo que dijo Monsieur.
- Lo siento, pero tratamos de decírselo.
- Bueno, talvez pueda ayudar a las más pequeñas, y también podría auxiliarla con su pronunciación Señorita Minchin.
Ante el comentario del profesor, la directora sintió grandes celos, pero no dijo nada. Ya sentadas para desayunar, la niña que Candy había visto limpiando le sirvió una cucharada de avena.
- Gracias.
- Candice, nadie habla en la mesa.
- No me parece natural.
Su respuesta dejó asombradas a las otras chicas.
- No volveré a repetirlo.
Después del desayuno, comenzó la clase de matemáticas. La lección consistía en repasar las tablas de multiplicación.
- Siete por cinco, 35
- Siete por seis, 42.
- Siete por siete,49.
Siete por ocho… ¿58? No espere, ¿54? No… ¿55?
- ¿O 72? ¿O 93? ¿O 12?
- Lo siento Señorita Minchin, estuve estudiando anoche.
- Me parece difícil creerlo, y creo que a tu padre también le parecerá difícil.
- Por favor no se lo diga Señorita Minchin. Le prometo que voy a mejorar. Por favor.
- Eliza, ¿Puedes continuar?
- Siete por ocho, 56.
- Siete por nueve, 63.
El nombre de la niña a quien le costó responder correctamente, era Patty O'Brian. Era a quien Eliza le metió el cabello en tinta. Ella era rellenita, con anteojos, muy tierna, y muy interesada por aprender. Pero a veces, le resultaba difícil comprender las lecciones. Se sentía muy avergonzada por fallar. Candy pudo ver como derramaba una lágrima.
Cuando Candy estuvo en su habitación, pudo ver que un joven con uniforme militar subía a un carruaje.
- Adiós, papá.
- Cuídate mucho hijo.
Con lágrimas en los ojos, la niña escribió una carta para su padre. Una vez que la recibió, la leía refugiado de una lluvia torrencial.
Querido Papá:
Ya te extraño. Todo está bien, pero nunca imagine que podría haber tantas reglas en la escuela. Creo que existen por una razón, y trato de obedecerlas. Pero tengo la impresión de que algo está mal.
Espero que cuando leas esto, se ilumine tu corazón y haya una sonrisa en tu rostro. Estoy tan orgullosa de ti. Pienso en ti cada momento, y te amaré por siempre.
Tu Candy.
Una tarde, la niña más pequeña de la clase llamada Milly, gritaba y lloraba a todo pulmón en el pasillo de arriba. La Señorita Amelia trataba de calmarla, pero ella no la escuchaba. La dama bajó para buscar una galleta, pensando que la tranquilizaría.
- Escucha, es muy difícil estudiar cuando estás gritando. – Le dijo Candy saliendo de su cuarto. –
- ¡QUIERO A MI MAMÁ!
- La verás pronto.
- ¡NO ES CIERTO! ¡ESTÁ MUERTA Y NO VOLVERÉ A VERLA!
Candy se le acercó, y le contestó con empatía.
- Verás, yo tampoco tengo a mi mamá.
La pequeña dejó de gritar y levantó la cabeza.
- ¿No? ¿Dónde está?
- En el Cielo, con mi hermanita. Pero eso no significa que no pueda hablar con ella, yo le cuento todo. Y sé que ella me escucha.
- ¿Cómo?
- Porque es lo que hacen los ángeles.
- ¿Tu mamá es un ángel?
- Por supuesto. Al igual que la tuya. Tiene hermosas alas de seda, y una corona con rosas. Y las dos viven juntas en un castillo. ¿Sabes de qué está hecho?
- No…
- De girasoles, cientos de ellos, tan brillantes como el oro. Y cuando los ángeles quieren ir a alguna parte, solo silban, así: "Fiuii" Y una nube flota hacia el castillo y los recoge. Y los ángeles, velan por el cielo sobre la nube, como una alfombra mágica. Bajo la luna, y a través de las estrellas, hasta quedar debajo de nosotros. Así es como se dan cuenta de que estamos bien. Y a veces, incluso nos envían mensajes. Sin embargo, no podrás escucharlos si gritas y pateas tan fuerte como ahora. Pero siempre pueden reintentar, por si acaso no lo recibimos.
Milly se sintió mucho mejor gracias a Candy. De pronto, ella vio a la niña que le sirvió avena. Ella subió corriendo la escalera.
- ¡Oye, espera!
- Ella es Annie, no le permiten hablar con nosotras.
- ¿Por qué no?
- Porque es la sirvienta. Antes estaba en la calle. Y, no podemos reclamar. Una vez la Señorita Minchin regañó a Patty por tratar de defenderla.
Candy no toleraba el desprecio, y decidió ofrecerle su amistad a Annie. Así que subió las escaleras, y llegó al desván. Encontró a Annie en su pequeña habitación, que era oscura y fría. Su cama tenía un colchón viejo y sucio. Se encontraba frotando un poco de hielo en su pie, estaba lleno de ampollas y le dolía porque sus zapatos le apretaban. Se asustó un poco al ver a Candy.
- Lo siento, yo…
- ¿Hay algo que pueda hacer por usted, señorita? Solo vine a cambiarme los zapatos.
- No, no necesito nada.
- Bueno, tendrá que disculparme. Pero las dos estaremos en problemas si se queda aquí.
Candy bajó y decidió que al día siguiente le dejaría una sorpresa.
Continuará…
Traducción* Señor, me arrepiento. Pero, yo se hablar francés. He estudiado en India con mi padre. Quien vivía en Paris cuando era un niño pequeño.
¡Hola! Segundo capítulo listo. Espero que lo disfruten
Aquí he puesto a Annie como reemplazo de Becky. En la película, Becky es de color, pero en el libro original de La Princesita no lo es. Además, como Candy fue sirvienta en su historia, este giro es válido ¿No?
Eliza reemplaza a Lavinia, la bravucona en la película. Por si no lo recuerdan, Milly es una de las niñas pequeñas del Hogar de Pony.
