Capítulo 2: Viajes siniestros (Parte I)
Estaba asustada, muy asustada. Corrió hasta llegar a un viejo edificio no sabía dónde estaban los demás, hasta hace un momento Rin estaba con ella, y ahora había desaparecido. Se detuvo y trató de controlar su respiración, no sabía hace cuanto había estado corriendo y ni siquiera sabía de qué quería alejarse, solo sabía que debía hacerlo.
Miró a su alrededor, todo estaba a oscuras, y al ver al exterior se asustó, todo había desaparecido ¿Qué estaba ocurriendo? Quiso salir y la puerta por la que había entrado se cerró de golpe, entonces el edificio fue iluminado por una brillante luz roja, como las luces de emergencia, las luces guiaban a lo que parecía ser el sótano.
Sin intenciones de dirigirse a la zona iluminada, comenzó a forzar la puerta, pero era inútil; con la miraba buscó algo con lo que poder al menos romper una ventana, tenía que salir de ese lugar o buscar la manera de avisar que estaba allí.
Intentó recordar contra que se estaban enfrentando, ¿hombres lobo? ¿vampiros? ¿brujas? No podía recordarlo, quizás era algo nuevo.
—Kagome, estoy aquí —escuchó un susurro desde el lugar de donde provenía la luz.
—¿Quién está allí?
—¿Ya me has olvidado?
El miedo recorrió su cuerpo, algo estaba mal, muy mal, debía salir de allí. Desesperada comenzó a golpear la puerta con fuerza mientras gritaba por ayuda.
—Ven conmigo —escuchó a la voz ordenarle. Se detuvo porque se escuchaba más fuerte, más cerca.
Se dio la vuelta con lentitud, y se pegó lo más posible a la puerta. Logró ver una silueta, era alta y deforme, iba cubierto con algo, su rostro era como una especie de mascara de yeso gris quebradizo, y sus ojos eran solo dos cuencas vacías, llenas de total oscuridad. Comenzó a temblar de solo verlo, quería llorar y no sabía porque. Una risa escalofriante se escuchó por todo el lugar, esa que tantas veces la había atormentado ya. El cuerpo desgarbado se movía con cada vibración de la risa, estaba cubierto por esa capa de yeso y parecía ir quebrándose de a poco.
—¡Kagome! —escuchó una fuerte voz en su cabeza, era Rin. Cerró los ojos para lograr enfocarla.
—¡Te he dicho que vengas conmigo! —abrió los ojos justo cuando la silueta se acercaba a ella, se dio vuelta con rapidez para hacer un último intento con la puerta, antes de poder logarlo sintió una fuerte presión en su hombro derecho, quemaba.
—¡NO! —gritó y de golpe quedó sentada sobre la cama con los ojos desorbitados y las lágrimas recorriendo sus mejillas, apenas y podía mantener su respiración.
—Tranquila, ya termino. Respira —sabía que Rin estaba a su lado pero lo que había visto era tan real que casi esperaba que volviese a aparecer la silueta frente a ella.
Pasaron un par de minutos antes de que pudiese recuperarse del todo, aquellas pesadillas se estaban volviendo muy recurrentes, pero era la primera que lograba ver algo, antes solo habían sido voces y susurros.
Quizás ya comenzaba a afectarle estar en eso de la caza de monstruos, tenía un año de haberse unido a los hermanos cazadores junto a Rin, y era tal la cantidad de cosas que había visto o de las que había leído que no le sorprendía tener esas pesadillas, lo que no le gustaba era que resultasen tan reales.
—¿Kagome, me estas escuchando? —Rin la sacó de sus pensamientos, la vio regresar del cuarto de año.
—¿Qué sucede?
—Creo que deberíamos decirle a los chicos —comentó preocupada.
—No es nada de qué preocuparse, Rin, son solo pesadillas —dijo al intentar restarle importancia, porque después de todo solo eran eso, pesadillas.
—No creo que sean simples pesadillas —Rin le hizo dar media vuelta y le indicó que viera al espejo. Entonces se quedó petrificada, justo donde había sentido la presión quedaba una marca de quemadura, y formaba una mano desgarbada. Algo de verdad quería atraparla.
Escucharon golpes en la puerta y ambas se sobresaltaron, Rin fue quien se acercó a abrir en cuanto escuchó la voz de Inuyasha llamarlas.
—¿Están bien? —preguntó al apenas entrar en la habitación.
Rin le dedicó una mirada a Kagome, ella no sabía qué hacer, no quería que la catalogaran de loca o algo peor.
—Kagome no lo está —dijo Rin sin miramientos.
—¡Rin!
—¿Qué? No voy a quedarme a esperar a que la próxima vez despiertes muerta. Porque no despertarías… —susurró.
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Rin había logrado pasarle su miedo y terminó contándole todo lo de sus pesadillas a Inuyasha y Sesshoumaru, el primero se mostró preocupado y el segundo seguía siendo difícil definir su estado de ánimo.
Hablaron gran parte de la madrugada y a primera hora de la mañana se comunicaron con Miroku, era un viejo amigo de Inuyasha y Sesshoumaru, un cazador retirado, y les solía ayudar a buscar información o con algunos trámites para lograr obtener acceso a los casos federales. Este les había dicho que les llamaría al tener la información.
Mientras tanto, ellos se encargaban de buscar manualmente en la biblioteca familiar de los Taisho, tenían una gran variedad de libros acerca de seres sobrenaturales, y lo único que habían logrado encontrar era un par de hechizos para manipular los sueños, pero Kagome no llevaba consigo ningún artilugio y tenían meses sin enfrentarse a una bruja.
Antes de conocer a Inuyasha y Sesshoumaru ella creía en los seres sobrenaturales, quizás no tanto, pero lo hacía; no solía pensar que habían vampiros y hombres lobos en medio de la gente, cazando para alimentarse, pero si creía en los fantasmas y que se comunicaban de ciertas formas, aunque no se imaginó que serían capaces de asesinar, tal como aquella noche en que Inuyasha y su hermano las rescataron a ella y Rin, sus amigos habían sido asesinados allí por algo que ella no creía maligno.
Ya había pasado un año desde entonces y aunque a su madre se le dificultó un poco, lo había tomado como un arranque adolescente, como si ella lo fuese.
—¿Dejar la universidad para unirte a unos chicos que acabas de conocer a recorrer el país en una camioneta blindada? Es una locura Kagome.
Esas habían sido las palabras de su madre, y visto de esa manera, si, lo era. Pero era algo que debía hacer, luego de vivir una experiencia como esa no podía dejarla olvidada, y si había la posibilidad de ayudar a otros quería hacerlo.
Su madre había terminado aceptado su decisión porque ya nada podía hacer para cambiarla, pero sin dejar de decirle que era una locura. Aún, cada vez que la llamaba solía pedirle que regresara a casa y dejara de vagar quien sabe en qué lugar. Quizás algún día pudiese explicarle lo que hacía y ella lograse entenderla.
La voz de Inuyasha llamándola la hizo apartar de sus divagaciones.
—¿Recuerdas haber tomado alguna bebida que pudiese tener hongos Psilocibios o escopolamina? —preguntó al revisar un libro de pociones.
—No, bebemos siempre lo mismo —estaba segura de no haber probado eso.
Desde que vivían en el bunker compartían todo, ella y Rin se encargaban de preparar la comida. Los chicos solían comprar mucha comida precalentada o ir a lugares de comida rápida, eso cambió cuando ellas llegaron, y solo solían hacerlo cuando viajaban por algún caso fuera de la ciudad.
—Quizás en algún bar o… —Ella le dedicó una mirada diciéndole todo. Inuyasha era sobrepotector, si ella estuviese cerca de ser drogaba en un bar él lo sabría antes de ella darse cuenta—. No lo has hecho. Es solo que ya no sé qué más pensar, y Miroku está tardando demasiado.
—Tiene tres hijos que piden su atención, dale un respiro.
Inuyasha soltó un suspiro y se tomó el último sorbo de café que le quedaba, él había dormido tanto como ella la noche anterior.
—Iré a montar más café. Espero que Sesshoumaru traiga más. —Kagome estiró una mano para detenerlo, le apretó una mano por sobre la mesa de caoba.
—Descansemos un minuto —con la mano libre apartó los libros que revisaban—. Esperemos que Miroku nos llame y luego veremos qué hacer.
—Pero…
—Nada, no te preocupes tanto, quizás solo sea una tontería —intentó restarle importancia.
—Una tontería peligrosa.
—Tal como me gustan —bromeó ella con una sonrisa pero Inuyasha no reía, aun así se quedó sentado con la mano de ella sujetando la suya. Vio a Kagome bostezar y pensó que necesitaban descansar un poco, desde hace días había notado que ella parecía más cansada y ahora unas ojeras comenzaban a hacer sombra bajo sus ojos, era obvio que no estaba durmiendo bien, debido a las pesadillas.
Era increíble lo que había llegado a sentir por ella en ese año, en un principio solo pensó que era algo momentáneo, pero al mantenerse ella a su lado esa emoción fue creciendo, así como su instinto de protección, y ahora le frustraba pensar que había algo tras ella a lo que quizás no podría enfrentarse porque le era desconocido.
Aún le resultaba un misterio por qué había debía dejado que Kagome y Rin permanecieran con ellos, en un principio se convenció de que solo era por conseguir la verdad sobre Rin, pero ya había pasado un año y ellas seguían allí.
No fue del todo fácil poder llegar al lugar indicado por la abuela de Rin, y solo con la ayuda de Miroku pudieron conseguirlo, pero se llevaron una sorpresa, en el lugar encontraron una especia de cofre, totalmente sellado, y hasta el momento no habían logrado abrirlo con nada, no tenía ninguna abertura, ni cerradura alguna, intentaron abrirla a la fuera e incluso con hechizos, pero nada funcionó, al parecer tenía una protección muy poderosa. Cuando no se ocupaban de algún caso, buscaban la forma de poder abrir el cofre, pero ya Rin había dejado de mostrar interés, no lo veía prioritario, en cambio ahora se ocupaba de entrenar con Sesshoumaru, y para su sorpresa este no había mostrado mayores quejas. Le extrañaba que su hermano se mostrase tan complaciente con Rin, y más aún cuando había estado en total desacuerdo con que las jóvenes se unieran a ellos.
Siempre habían sido ellos dos, un par de veces coincidían con algún otro cazador, como Miroku, pero con ninguno compartían más de un par de días, y ahora ya tenían un año conviviendo y cazando con Kagome y Rin, y la verdad les iba bien, las chicas podían obtener información adicional sin problemas.
Antes pensó que aquello sería demasiado para ellas, pero no habían dejado de sorprenderlo, y a Sesshoumaru tampoco, se habían enfrentado con una variada cantidad de monstruos e incluso demonios, y ellas se mantenían firmes aun al verse acorraladas, eran astutas y valientes.
Sesshoumaru y Rin llegaron de hacer las compras, y la muchacha se llevó a Kagome para revisarle la herida y colocarle una crema que había comprado.
—¿Consiguieron algo? —preguntó Sesshoumaru una vez estuvieron a solas.
—Nada que pueda ayudar. No tiene sentido.
Su hermano se mantuvo en silencio, ya la noche anterior le había dicho que creía que quizás ella había sido herida por el dragón que atacaron hace un par de días y ahora era que se mostraba la marca, pero eso era ilógico, él mismo había sido herido y su herida se mostró de inmediato, no después; luego Sesshoumaru le había dicho que quizás ese mundo no era para Kagome, y comenzaba a afectarla en mayor medida. Él estaba seguro de que era algo más, pero a Sesshoumaru no le gustaba divagar, para él los problemas al igual que las soluciones debían ser claras y precisas.
Rin regresó luego de un rato diciendo que había dejado a Kagome dormida, y mientras que ella se ocupaba de preparar algo de comer él fue hasta la habitación de Kagome, ya habían revisado toda la habitación en busca de algo que causara pesadillas y no encontraron nada, ahora quería vigilarla él mismo durante el sueño.
Se sentó en una silla al lado de la cama y esperó, no tardó mucho en quedarse dormido, el desvelo lo venció. Despertó un rato después escuchando como Kagome murmuraba algo.
—¿Inuyasha? —murmuró ella y pensó que quizás estaba soñando con él, sonrió ante eso.
Entonces ella comenzó a alterarse, la respiración se le hizo irregular y tenía pequeños temblores, susurrando cosas inentendibles. Se acercó a ella para intentar despertarla, la llamó varias veces hasta que ella finalmente abrió los ojos y al enfocarlo se lanzó a sus brazos, temblando.
Inuyasha vio un mechón de cabello caer sobre la almohada. Algo había intentado hacerle daño de nuevo. Y teniéndola en sus brazos se prometió que sin importar lo que tuviese que hacer, la protegería.
Era ya de noche cuando Miroku se comunicó con ellos.
—De acuerdo con lo que me dijiste, solo pude enfocarme en dos opciones —comenzó a decir luego de saludarlos—. Lo primero que pensé fue que podría tratarse de un duende, estos suelen visitar los sueños de los humanos y tomar distintas formas, esto con la intención de divertirse.
—Hace un par de semanas nos enfrentamos a un duende —intervino Inuyasha—, quizás había más de ellos e intentan vengarse.
—No funciona así, en su mayoría los duendes seducen a la persona en sus sueños para atraerla, pero en ningún caso son capaces de lastimar a alguien en ese estado, por eso lo descarte. La segunda opción aunque es terrible, puede que sea la más acertada.
—¿De qué se trata? —quiso saber Inuyasha.
—¿Freddy Krueger? —la pregunta vino de parte de Rin, desde la noche anterior no había dejado de pensar en eso.
—¿Quién es Freddy Krueger? —preguntó Sesshoumaru un tanto irritado.
—Ya saben, ese hombre que atormentada a los chicos en sus pesadillas hasta matarlos —dijo como si tal cosa, ¿acaso ella era la única que lo había pensado?
—No existe tal cosa —habló Sesshoumaru tajante.
—Me temo que puede ser algo peor que Freddy Krueger —interrumpió Miroku—. Creo que Kagome tiene lo que se llaman viajes astrales, y de ser así se estaría enfrentando con un demonio.
—¿Qué? —preguntó una confundida Kagome.
—¿Alguna vez experimentaste como si una parte de ti saliera de tu cuerpo y viajara a otro lugar? ¿O quizás hayas sentido que tus sueños son demasiado reales?
—No creo que nada haya salido de mi cuerpo, no por mi voluntad, pero estos sueños sí que parecen reales.
—Eso me temía.
—¿Qué hay que hacer para que deje de buscarla? —preguntó Inuyasha, eso era lo que quería saber.
—Yo no sé mucho al respecto, esto va más allá de lo que ustedes o yo podamos enfrentarnos. Pero hay alguien que podría ayudarla.
—¿Quién? —estaba molesto por la idea de él no poder ayudar a Kagome.
—La conoces bien. Kikyou, ella podría saber qué hacer.
Hacía mucho que Inuyasha no escuchaba ese nombre, y le causaba cierta tensión volver a verla, pero si con ello lograba salvar a Kagome él mismo le suplicaría a Kikyou que la ayudase.
—¿Ya nos dirán a donde vamos y quien es Kikyou? —inquirió Kagome, después de que Miroku nombrara a esa mujer Inuyasha y Sesshoumaru casi habían enmudecido, en Sesshoumaru no era algo raro, pero si en Inuyasha.
Lo que les habían dicho era que se preparan para un viaje largo, ya llevaban dos horas en carretera y no habían dicho una palabra desde que salieron.
La noche anterior había vuelto a tener pesadillas, ya le comenzaba a dar miedo cerrar los ojos porque sentía que veía a lo que fuera ese ente acercarse a ella. Sentía que se estaba volviendo loca, por eso quería comenzar una conversación y mantenerse despierta.
—Es la ex novia de Inuyasha —dijo Sesshoumaru después de un rato.
—Ella… nosotros… —Inuyasha habló con rapidez pero no logró terminar alguna frase.
Eso extraño a Kagome, él no había mencionado nada al respecto, quizás es que no había sido algo relevante, pero por su nerviosismo parecía que sí lo era: tal vez aun sintiese algo por ella.
—¿Y cómo podría ayudar a Kagome? —preguntó Rin y Kagome agradeció la intervención.
—Kikyou es una médium, y conoce distintas forma de contactarse con fantasmas o demonios —esta vez respondió Inuyasha.
—¿Les ha ayudado en otros casos?
—Nosotros la ayudamos a ella —dijo Sesshoumaru con suficiencia, no aceptaba de buena manera que otros les ofrecieran ayuda.
La conversación quedo parada luego de que ellos anunciaron que quedaban al menos tres horas de viaje.
Kagome se quedó viendo a través de la ventana, no estaba molesta porque Inuyasha no le hubiese contado de Kikyou, era absurdo molestarse por eso, había sucedido antes de conocerse y al parecer no mantenían contacto alguno. Además, ella e Inuyasha no tenían una relación, es decir, puede que ella sintiese algo por él, pero no estaba enamorada; al menos no del todo.
Comenzó a sentir los ojos pesados por la falta de sueño, decidió cerrarlos solo un momento para descansar la vista, seguía escuchando la música que sonaba en la radio del auto, se concentró en seguirla para no quedarse dormida. Sintió como el auto se detuvo y abrió los ojos, le extraño ver todo oscuro, ni siquiera era mediodía y no se había previsto lluvia.
—¿Por qué nos hemos detenido? —pregunto a Rin, y se sorprendió al darse cuenta que ya no estaba a su lado— Chicos, ¿dónde está Rin? —buscó a Inuyasha y Sesshoumaru y tampoco estaban.
Salió de la camioneta y comenzó a llamar a los tres, no se lograba ver nada, las luces de la camioneta seguían encendidas y pudo notar que todo el lugar estaba cubierto por niebla. Continuó llamando a sus amigos sin obtener respuesta, y no se atrevía a alejarse demasiado porque no llevaba consigo una linterna; regresó entonces a la camioneta para buscar su celular, con eso podría alumbrar un poco.
Al estar de regreso al auto no pudo conseguir su bolso, de hecho, no había nada, todo lo que llevaban había desaparecido. Comenzó a tener un mal presentimiento, y al intentar salir de la camioneta no lo logró, las puertas fueron cerradas con seguro, y entonces esa escalofriante risa llegó a sus oídos.
—No —susurró, no podía estarle sucediendo de nuevo.
Antes de poder reaccionar la camioneta se encendió y comenzó a rodar sin que nadie la controlase. La velocidad fue en aumento y la macabra risa se escuchaba más y más cerca.
—Detente —pidió.
—¿No te gusta jugar? Antes te gustaba, jugábamos siempre.
—No, esto no es juego.
—Oh, si lo es, y está por terminar. Pronto serás mía, Kagome.
La velocidad llegó a su límite y la camioneta se dirigía justo a una gran montaña, ella por un momento se olvidó de respirar, cubrió su rostro con sus manos preparándose para el impacto, ni siquiera podía gritar.
Abrió los ojos de golpe tomando una gran bocanada de aire, la risa aún hacía eco en su cabeza.
—Tranquila, estoy aquí —Inuyasha la sostenía, ella se aferró fuerte a su abrazo.
Se detuvieron en cuanto Rin les dijo que Kagome se había quedado dormida, e Inuyasha intentó despertarla en cuanto vio que parecía estar en problemas. Una vez despertó se cercioró de que no tuviese alguna herida. Le pidió a Rin que fuese de copiloto con Sesshoumaru para él poder quedarse con Kagome.
—¿Me estoy volviendo loca? —preguntó en un susurró, todo parecía tan real, cuando tenía sueños normales ella sabía que lo eran, pero ahora no podía diferenciarlo.
—No —respondió de inmediato, mientras le secaba las lágrimas que le corrían por las mejillas—. Terminaremos con esto, yo te ayudare. Estarás bien, te lo prometo, ¿confías en mí?
Kagome solo pudo asentir y volvió a aferrarse al pecho de Inuyasha, con él se sentía segura, a salvo.
Continuara…
Hola, gente linda! Sé que no tengo perdón y que estuve desaparecida, pero estos dos últimos meses han sido terribles, solo así puedo describirlos. Los que me tienen en Facebook, saben un poco de esto. La verdad lamento la ausencia.
Sé que tengo un montón de historias pendientes, pero ahora mismo necesitaba drenar un poco el desastre, y esta historia iba perfecta, además cuadraba bien con las fechas de Halloween. Necesitaba alejarme de los finales felices y escribir algo desastroso y angustiante, como mi vida actual(?)
Cuando comencé a escribir este capítulo, tenía la intención de que fuese solo uno, pero no dejaban de llegar y llegar ideas (vi muchas películas durante mi ausencia), entonces, cuando me di cuenta ya me había extendido demasiado cómo para hacerlo solo uno, además que temo que se confundan si lo leen todo de golpe (hasta lo me confundí mientras lo creaba, y luego al escribirlo otro poco). En fin, que ya van tres partes y cuidado si no sale una cuarta, culpen a mi cabeza que no se decide con el final.
¿Qué tal les pareció? ¿intrigante? ¿interesante? ¿Les dio escalofríos?
Debo aclarar que en esta historia se mostraran una gran variedad de referencias, como quizás ya se dieron cuenta, se engloban series, películas, libros, y todo aquello que alguna vez me intereso y gusto del mundo sobrenatural.
Así mismo, quizás notaron que le puso nombre a los capítulos, eso se debe a que me decidí a llevar esto como una serie. Por eso este arco de la trama estará dividido en partes, para que así sepan hasta donde llega cada arco.
Si tienen alguna duda, o algo les parece extraño o no lo entienden, díganlo y tratare de aclarárselo de la mejor manera.
Espero poder traer la próxima parte pronto, pero no aseguro nada. Nada es seguro ahora para mí.
Ya dejo de agobiarlos con tanta palabrería, y me retiro, esperando que esto haya resultado de su agrado.
Me disculpo una vez más por mi desaparición, y agradezco infinitamente a aquellos que se han mostrado preocupados por mí.
Nos estaremos leyendo.
Hongos Psilocibios o escopolamina: Suelen ser usados como sustancias alucinógenas que pueden mezclarse en alguna bebida o comida.
