Capítulo 02 - La primera vez de verdad

Despiertas gritando por una de tus pesadillas relacionadas con Moriarty. Estás sudando y te recuestas mientras intentas respirar bien.

Le ves a tu lado, serio. Coloca una mano sobre tu mejilla y la acaricia dándote el confort que necesitas.

Cuando recuperas el aliento te abraza y acaricia tu pelo suavemente. Se lo agradeces internamente aunque tu orgullo te diga que está mal parecer tan indefenso ante aquel hombre.

Suspiras y tu ritmo cardíaco vuelve a su estado de relajación.

Se separa de ti y acaricia tu nuca suavizando el rostro. Te besa en la comisura de los labios, ambos con los ojos cerrados.

Miras detrás de él hacia el despertador, son las cuatro, quedan dos horas para levantarte. Decides no volver a intentar dormir porque sabes que no podrás.

Te levantas y vas a la cocina a prepararte un té caliente cuando aparece Sherlock en el salón y empieza a tocar con su violín una pieza melancólica y dulce. Te sientas en el sillón y le observas. Con su bata azul abierta que deja mostrar su torso completamente y con sus ojos cerrados, sintiendo la música mientras se mueve suavemente con el ritmo de la dulce melodía que sabes que está tocando para ti.

Sientes como tu cuerpo se calienta por el té y se relaja por la música. No te das cuenta de cuando te has quedado dormido.

Cuando abres los ojos encuentras a Sherlock vestido con su traje y su camisa blanca. Con el violín en su regazo y los ojos cerrados justo en frente de donde estás. Está pensando. Te levantas del sofá y miras el reloj de la cocina. Son las 7. Das gracias a que te da tiempo a desayunar y a vestirte para entrar a la clínica a las 7:30. Supuestamente deberías haberte levantado a las 6:00.

Te vistes con un jersey de color beige y una camisa de color azul, unos pantalones vaqueros y unos zapatos marrones oscuros. Te peinas con la mano, tomas dos tostadas de mermelada de fresa y un café negro sin azúcar.

Te pones tu cazadora y metes tu móvil y las llaves en los bolsillos.

Vas a junto de Sherlock, que ha cambiado de posición, y le dejas una nota sobre el violín diciendo que has ido a trabajar.

Bajas las escaleras y antes de salir compruebas si llevas tu pistola. La acomodas en su lugar antes de echar un suspiro al aire y salir a la fría calle de Londres para ir a trabajar.

Al terminar tu turno miras los mensajes de tu móvil y te encuentras con dos de Sherlock y uno de Lestrade. Uno diciéndote que tienes que ir a la compra, otro avisándote de un caso nuevo y el de Lestrade avisándote de que Sherlock está herido.

Coges un taxi y le das las coordenadas de la localización de tu amigo.

Corres hacia Sherlock al ver los coches de la policía y una ambulancia.

Lestrade te cuenta que fue en busca él sólo del asesino y acabó herido. Nada grave dice. Al parecer tener que dar tres puntos en la cara por arma blanca y hacer una extracción de bala de un costado no es nada grave. Enfureces.

Te acercas a Sherlock enfadado. No dices nada. Aquí no.

Al llegar a casa subís en silencio por las escaleras. Cierras la puerta y explotas.

-Podías haber muerto- susurras.

-Improbable- escuchas su voz más ronca de lo normal, seguramente han querido ahogarle otra vez.

-Es peligroso que hagas eso tú sólo Sherlock, debes avisarme.- Después de todo no quieres ser duro con él.

-Estabas en la clínica- Se tira sobre tu cama y se quita los zapatos.-No podía hacer nada, el asesino se escapaba y necesitaba detenerlo.- Se quita los calcetines, el abrigo y la chaqueta mientras le observas.

-La próxima vez llámame, iré enseguida, da igual dónde o con quien esté. Por favor Sherlock.- Y tus ojos cuando se cruzan con los suyos dicen lo que tus labios no: "no quiero perderte".

-John.- Se levanta y se acerca a ti. Te da un abrazo y aspiras su aroma.

-Sherlock- Susurras.

(John POV)

Me miras y acercas tu boca a la mía lentamente, noto tu aliento chocar con el mío y de repente nuestros labios se rozan. Cierras los ojos al igual que yo y pasas tus brazos alrededor de mi cuello colocando tus manos en mi nuca, haciendo el contacto más real.

Mueves tus labios atrapando los míos. Coloco mi mano sobre tu camisa blanca, ahora con una mancha roja de sangre, y te la desabotono lentamente.

Tu lengua busca la mía y lames mis labios, succionándolos, saboreándolos. Una de tus manos agarra mi pelo y la otra baja por mi espalda.

Te separas un momento para recoger aire y me quitas el jersey y la camisa.

Muerdes mi clavícula y bajas con besos por mi estómago hasta llegar al cierre de los pantalones. Es increíble como ya empiezo a ponerme erecto por tus caricias.

Me adelanto a ti y te quito los pantalones y la camisa. Te empujo suavemente hacia mi cama mientras te beso y me pongo encima de ti.

Dejo tu boca y me quito los pantalones mostrando que ambos estamos, de cierta manera, preparados. Sonríes sonrojado y algo avergonzado. Amo ver esa expresión poco tuya en tu rostro.

Te beso y bajo por tu torso acariciando suavemente la venda que oculta tu herida de bala.

Más abajo noto la urgencia en tus bóxers y lamo sobre la tela. Un gemido ronco sale de tu boca ante el contacto y me miras.

Te quito los bóxers y lamo el tronco. Suspiras apresando en tus manos las sábanas. Lamo, chupo y succiono haciéndote perder la cabeza. Firmando tus gemidos con mi nombre en tus labios.

Pierdes la cordura y llegas al orgasmo manchando parte de tu torso. Lo limpio con la lengua mientras intentas recobrar la respiración.

Cuando recobras tus fuerzas vuelves a besarme más deseoso que antes y te pones encima de mi. Con una sonrisa seductora metes un dedo en tu boca y lo humedeces. Pasas tus labios por mi cicatriz y por mi torso. Besas y lames la parte de dentro de mis muslos y gimo pidiéndote que termines de una vez.

Me bajas los bóxers mostrando mi avanzada erección y haces lo que he echo contigo antes con la excepción de que humedeces la entrada de mi ano.

Poco a poco consigues meter un dedo, y luego dos. Lo haces sin prisa, evitando hacerme daño y consigues tocar ese punto que me hace enloquecer. Lo tocas una, dos y tres veces.

Nunca he sentido tanto placer en el sexo. Sonríes ante mis reacciones. Subiendo las caderas buscando por más contacto, apretando los ojos, gimiendo tu nombre...

Cuando termino la mayoría acaba en tu boca y te relames con la lengua los restos en tu cara con una sonrisa seductora.

Parece que te empieza a gustar esto.