Nota de Autor: Bien, dejaré el capítulo 1 y volveré a mis estudios. Realmente espero que aprecien la historia. Disculpenme si algo no tiene sentido y haganmelo saber, me estoy esforzando en escribir con coherencia e intento recordar todo lo que pueda de la serie Hey Arnold, pero creo que es difícil cuando tengo tanto tiempo sin escribir...
Muchas gracias por llegar al primer capítulo. Escribo con el corazón.

IMPORTANTE: Ninguno de estos personajes me pertenece, todos los derechos de autor son dirigidos a Nickelodeon y su creador, Craig Bartlett.
ESTE CAPÍTULO CONTIENE UNA IMAGEN QUE PODRÍA CAUSAR IMPACTO EN CIERTAS PERSONAS, LEAN CON PRECAUCIÓN.


Capítulo 1.
Oblivion

El sonido de la videollamada del Skype despertó a Gerald.
El chico moreno gruñó y miró la hora. 4 am. Sólo podía ser él.

-Maldita sea Arnold, puede que para ti sean las 8 de la noche, pero para mi, es hora de soñar con mi nena y tener todo el dinero del mundo.

La risa del chico cabeza de balón lo hizo sonreir. Pero algo había cambiado, y Gerald lo notó enseguida.

-Bien, antes que nada, ¿Donde estás? No veo palmeras, tampoco arena... No veo un volcán de fondo... Hermano, la última vez que estuviste en un edificio fue hace 2 años porque tu madre se enfermó... ¿Ocurrió algo?

El chico rubio dejó que Gerald se sentara, prendiera la luz y siguiera hablando. No podía negar que estaba feliz, y sabía que la siguiente noticia lo sorprendería tanto como a él le sorprendió cuando sus padres le dijeron.

-Encontraron la cura, volvemos a casa.

Arnold pudo jurar que a su mejor amigo se le habían salido los ojos y habían caido fuera de sus huecas, colgando al lado de su nariz. El moreno estaba en shock, tenía que procesar palabra a palabra. Cada verbo, adjetivo, artículo, letra, era importante. Su cara comenzó a brillar poco a poco, sus manos temblaron mientras sostenía la tableta, pero en todo eso, la sonrisa más grande que había podido dar en 8 años estaba apareciendo. Si eso es lo que significaba realmente, que de verdad estaba ocurriendo, entonces tenía que hacerlo. El rubio del otro lado del teléfono miró su expresión y aguantó la respiración. No se atrevería, pensó.

-¡ARNOLD VUELVE A HILLWOOD!

El rubio rodó los ojos con una gran sonrisa, en el fondo eso era lo que esperaba, esa alegría que el mismo sintió (para su sorpresa) cuando sus padres le dijeron que era tiempo de volver a casa. Era hora, tiempo de volver a su vecindario, con sus abuelos, su mejor amigo, su familia de la Casa de Huespedes y sus amigos de la escuela...
Un recuerdo se asomó de repente en sus pensamientos, algo que no había pensado hasta ahora y la sonrisa se apagó, su cara adoptó la misma preocupación que cuando pensó que Gerald y él perderían contacto; la misma que cuando su abuela Gertie enfermó y no conseguían boletos de avión o que Eduardo pudiera llevarlos. Esa misma cara que su mejor amigo hizo que detuviera la celebración y también recordara.

-Oh hermano, ya sé que estás pensando...

-Yo... Nunca hablamos de ella.

-Arnold, apenas podemos hablar nosotros cuando te conectas a Skype, agradecele a los dioses la Gente de Ojos Verdes y a los dioses del internet en San Lorenzo que pudimos hablar en los últimos años, como mínimo, 20 minutos... Cada tres meses.

-Lo sé... Pero creo que va a ser extraño que les avises que volveré, han pasado 8 años y... Sinceramente, aunque vuelva, será sólo para terminar la preparatoria, tener mi diploma e ir a la universidad para estudiar Antropología... Sólo estaré allí un año. Y después de nunca haberle escrito... ¿Cómo está Helga, Gerald?

El moreno se quedó en silencio. Tragó saliva mirando los ojos llenos de preocupación y curiosidad de su mejor amigo. Sabía que ese día llegaría en que preguntaría por la bully, Helga G. Pataki, el Terror Pataki, la mejor amiga de su novia. Sabía todo, absolutamente todo. Pero que Arnold no le hubiera preguntado nada desde que se habían conseguido en Facebook, después de insistirle en cartas que se creara uno, para después crearle un Skype y comenzaran las videollamadas, había sido un alivio. ¿Cómo le explicaré todo? Joder, se va a sentir una mierda... Ni siquiera, conociendolo, se culpará de todo como si él pudiera controlar el universo, como siempre. Le conocía demasiado bien. Debía pensar rápido, Gerald tenía que inventar algo, pero en la mirada de Arnold, se notaba que estaba sospechando que algo pasaba.

-Gerald, ¿Qué...?

Milles entró a la habitación sonriente, haciendo algo de ruido. El rubio volteó la mirada curioso y vio entonces que sacaba el boleto de avión de ida. Era perfecto. Unos 3 días antes de comenzar la escuela. Volteó sonriente mirando a Gerald olvidando por un momento de que estaban hablando.

-Llegaré el 12 de septiembre Gerald, nos veremos en Sunsent Arms, ¿Vale? Tengo que irme a empacar.

-Claro hermano, no te preocupes... Es bueno saber que volverás a casa.

-Es bueno saber que seré bien recibido.

Así concluyó la videollamada. El moreno se echó a la cama suspirando frotándose la cara. Miró en su escritorio una foto de las tantas fotos que tenía. Una era de sus compañeros de 4to grado cuando viajaron a San Lorenzo, otra era con Arnold a la tierna edad de 9 años y la más reciente era con Phoebe en su primer mes de novios donde se afloraban los nervios del amor. Se levantó tomando la foto con su novia prendiendo la luz de mesa mirándola, su pequeña, amada y futura doctora no se alegraría con esta noticia. Lo sabía. Y Gerald de alguna manera también se sentía culpable de no haberle insistido ninguna vez a Arnold que le dijera que había ocurrido con la declaración de amor que Helga le había dado a su mejor amigo en ese viaje. Dejó la foto y tomó la otra donde salía con Arnold.

-Viejo... Si supieras lo que ha ocurrido con todos... Hubiera sido mejor que sólo fueras a empezar la Universidad...

Era impresionante como Arnold Shortman no había cambiado. Su inocencia y esperanza de luchar por un mejor mundo seguía intacta. En cambio, Gerald sabía que cuando su mejor amigo llegase a la nueva realidad de Hillwood, sería como un puñetazo en el corazón... Una cosa era hablar a distancia y que, de alguna manera, el chico del afro se hubiera mantenido intacto a través de los años (Aunque también hubiese cambiado en muchas cosas que Arnold aún no notaba). Otra cosa era... Ver a sus amigos de la infancia. Y sabía que a quien más dolería ver sería a Helga.

Porque era ella quien había tenido que afrontar la vida como una mujer madura, sin siquiera tener la edad suficiente para manejar.


-Mamá, ya llegué

Helga acababa de llegar de la escuela. Había tardado más porque se había quedado en la biblioteca escondida leyendo los libros de Shakespeare. Se quitó sus audífonos donde salía una canción de la banda Bastille; bostezando, se acercó a la sala para ver que tanto había bebido su madre ese día. La sorpresa que recibió fue ver todas las botellas y los antidepresivos de Miriam en su lugar, sólo faltaba una botella de whisky.

-Algo está mal...- Pensó en voz alta, no era común esto. ¿Donde estaba Miriam?

La buscó en la cocina, y entonces se dio cuenta que su madre había ido de compras, para después limpiar ella misma la cocina y había dejado una nota en el refrigerador. La niña rubia tomó la nota temblorosa.

"Lo siento mucho Bob, Olga, Helga.
Es dificil seguír con una vida así, pero les prometo que estaré mejor así.
Todos estaremos mejor así.
Los amo.
Miriam."

Helga dejó caer la nota y sacando su celular mientras marcaba al 911, subió las escaleras corriendo como una gacela huyendo del peligro. Al llegar al segundo piso se dirigió a la puerta de la habitación de sus padres, tocó con fuerza llamando a su madre, intentando abrir la puerta. Escuchó la voz de la mujer que atendió al otro lado del teléfono a su llamada de emergencia al mismo tiempo que el seguro de la puerta cedía y se abría con violencia.

El cuerpo de su madre estaba en el suelo retorciéndose como en una película de terror, sus manos y brazos dobladas detrás de su espalda de una manera que se juraba imposible, sus piernas rectas totalmente tensas, estaba convulsionando con fuerza mientras la cabeza se golpeaba contra la pared, la espuma de su boca salía a montones; las pupilas se habían ido hacia atrás mostrando dos ojos blancos de una manera que congeló a la rubia de 11 años. Helga se orinó encima, presa del pánico mientras veía como su madre moría ante sus ojos, comenzando a temblar ella misma. Sus ojos se llenaron en lágrimas cuando al fin reaccionó y fue al lado de su mamá. Sin saber que hacer, tomó su cabeza con cuidado y gritó, con todas sus fuerzas, unas palabras que nunca se habían escuchado de la boca de Helga G. Pataki.

-¡POR FAVOR, AYUDENME! ¡TENGO MIEDO!


-¡Helga!

La adolescente rubia de 17 años despertó de golpe en la silla, jadeando. Estaba cubierta en sudor y temblaba violentamente. Estaba desorientada cuando Phoebe le acarició el cabello, relajándola poco a poco. Para la japonesa, era obvio que su mejor amiga acababa de tener una pesadilla, muy vivida.

-¿Qué fue esta vez?-Preguntó con una voz suave y dulce para no alterarla.

Helga apretó los labios cerrando los ojos.-La primera vez que encontré a Miriam... Ya sabes, el sushi que le cayó mal.- Intentó bromear con la patética excusa que había dado Olga y que, por ser ella, todos se la creyeron a la primera.
Todos, excepto Phoebe, quien interrogó después a su mejor amiga. Después de saber la verdad, la chica de cabellos negros invitó a Helga a hacer una fiesta de pijamas. Una fiesta que había durado 4 meses.

-¿Quieres quedarte una vez más en mi casa? Sabes que mis padres te adoran, Helga...

-No, Pheebs, ya he abusado mucho de tu amabilidad durante estos últimos años... Tengo que volver a casa y prepararme para el trabajo.-La rubia se levantó, quitándose el suéter de su amiga para devolvérselo, quién se negó.

-Al menos déjame decirle a Gerald que venga por nosotras.

-Pheebs...

La replica fue detenida por una mano en alto y suspiró, supo que no podría, por más que quisiera, discutir con su mejor amiga. Era obvio que se sentía inútil en esa situación y al menos quería darle un aventón con la ayuda de su novio, se volvió a sentar y acomodó su cabeza en el hombro de la chica más baja, para intentar dormir un poco más.

El teléfono no tuvo que repicar dos veces cuando lo atendieron y Phoebe arqueó una ceja.

-¿Puedo saber por qué no estás durmiendo?

La risa de su novio la dejó fuera de base, sonrojándose por eso y mostrando una pequeña sonrisa.-Me despertó el hecho de que tengo de novia a una chica tan inteligente, hermosa, considerada...

-Gerald, terminalo, sé que me intentas ocultar algo... Pero no hay tiempo para eso-La voz seria de su novia hizo que el moreno entendiera que estaba ocurriendo algo.

-¿Qué necesitas Pheebs?

-Es Helga...

-No digas más, voy en camino.

-Eres el mejor...

Gerald sonrió y colgó, se puso sus zapatos a la vez que tomaba las llaves de su mesa de noche, sabía que no podía simplemente salir por la puerta así como así, entonces fue por el plan B para esas salidas de emergencias. La ventana.
Suspiró, pareciera que la vida de Helga no sería más fácil... Y más si volvía la persona que le había roto el corazón a la edad de 9 años.


Nota de Autor,2: Bien, me costó escribir este capítulo y aún así, siento que tengo muy poco escrito comparado con otras historias que he leído...
Como verán, la canción de Oblivion es de Bastille, pero más que la letra, la melodía me encanta, es tan pacífica y a la vez siento que podría romperle el corazón a alguien...
Gracias por leer, intentaré escribir el capítulo 2 muy pronto. En serio.
Me despido, feliz día.