Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.


Capítulo 2


Para Van,

Porque a veces todo lo que se necesita es saber que puedes contar con alguien,

y contar contigo es uno de los regalos más bonitos que me ha dado esta página.


Querido Takeru:

¿No crees que dejar la carta en una banca que está frente al Jardín de niños donde trabajo es hacer trampa? Personalmente me parece que es ir demasiado lejos incluso para ti, lo que ya es decir bastante.

Además, estoy segura de que Miyako no sabía de qué iba el asunto. Me figuro que le habrás dicho que me llevara allí a la hora de almuerzo y que era un tema de vida o muerte. Es increíble lo fácil que puedes manipularnos después de todo el tiempo que ha pasado y estando a tantos kilómetros de distancia.

¿Tengo razón? Espera, no respondas. No puedo estar equivocada, ¿y sabes por qué? Porque aun cuando te gusta jactarte de que me conoces muy bien, siempre fui yo la que mejor te conoció a ti.

¿Crees que no sabía que ibas a volver? Lo sabía. Por eso dije lo que dije en aquella oportunidad, y lo mantengo ahora.

Por cierto, no estoy de acuerdo con lo que dices. Las personas cambiamos. Yo cambié. Ya no soy la misma Hikari de dieciséis años que se dejaba encandilar con tus comentarios ingeniosos y juegos de palabras.

Quizá si me hubieras enviado esta carta unos cinco años atrás te podría haber creído y habría caído en tu juego. No ahora. No más.

Todo lo que guardo por ti es un cariño que no quiero estropear. Por favor no me obligues a hacerlo.

Hasta siempre,

Hikari.


Takeru volvió a mirar la carta por última vez y la dobló por sus pliegues perfectamente hechos en el papel, antes de guardársela en un bolsillo de su chaqueta. La bahía de Odaiba estaba despejada aquella mañana y el viento le meció el cabello al escritor.

Quizá a otro las duras palabras de la chica le hubieran destruido la ilusión. No a él que pudo notar que la hoja estaba demasiado limpia y la letra extremadamente clara y cuidada, como si hubiera escrito la misiva varias veces hasta asegurarse de que no tuviera ningún borrón ni titubeo.

Estaba claro que ella se equivocaba. De los dos, él era quien mejor la conocía a ella; el que siempre la conoció mejor que nadie. Pero no lo decía de soberbio. Los hechos hablaban por sí solos, lo hacían si los dejabas hablar.

Si algo había aprendido en su corta vida llena de más desaciertos que aciertos era que para ganar una guerra no era necesario ganar todas las batallas, sino saber identificar cuándo era una victoria por más que pareciera una derrota para no darse por vencido antes de tiempo, porque aquello sería la peor derrota de todas.

Y él acababa de obtener una pequeña victoria a la que se aferraría con uñas y dientes.


Notas finales:

Seré muy honesta. Esta historia nació como un desahogo y no tenía planeado que fuera más que un one-shot con un final abierto, pero entre semanas me descubrí escribiendo este pequeño capítulo y sentí la necesidad de subirlo. Ahora bien, no estoy segura de continuarlo a pesar de que este capítulo deja todavía más dudas que el anterior; quiero decir que no puedo comprometerme, no que no quiere o no vaya a hacerlo. Si lo hago estimo que serán máximo unos cinco capítulos.

Solo espero no arruinar la historia con esta continuación tan impulsiva.

¡Gracias por leer!