Capítulo 2

Rutina. Más rutina

Noviembre 01

6:45 am

Voy rumbo a mi casa sentada en el colectivo, mirando por la ventana y escuchando música desde mi móvil. Observo como las personas caminan a toda prisa por las calles, probablemente también van a tomar el bus que los llevara a sus respectivos trabajos, madres llevando casi a rastras a sus pequeños a la escuela, el eco de los insoportables cláxones de los vehículos, conductores que sacan sus cabezas para mentarle a la madre a otro conductor. Nada fuera de lo normal. La tediosa rutina de la sociedad.

—¡Gracias! —le digo agradeciéndole al chofer cuando bajé del bus.

Camino a la panadería de la esquina, compró un baguette y mermelada de fresa. Rutina. Más rutina.

Sacó las llaves del bolsillo de mi pantalón para abrir el portón de la entrada de mi pequeña casa, la cual tengo y agradezco que mi padre me obsequiara porque me brindó libertad, pero la libertad tiene un costo. Implica responsabilizarse de uno mismo.

Cierro tras de mí, abro la puerta principal, tiro mi bolsa a uno de los sillones, me enrumbo a la cocina, coloca el pan y la mermelada, caliento café, sacó un cuchillo del gavetero, y me preparo un sándwich.

Sorbo esa maldita y legalizada droga llamada café mientras mordisqueo el emparedado.

Mi mente divaga entre el cansancio y una ola de recuerdos que no sé porque vienen a colación.

Mi padre es mecánico automotor. Esposo de una mujer sin igual, hijo excepcional y padre de unos revoltosos críos. Incluyéndome. Que, por azares del destino, una vez fue acosado por una viejecita por toda una cuadra para que le comprara unos boletos de lotería, al final y por tanta insistencia de la anciana de mala gana los adquirió siendo estos el premio mayor.

Ganó una considerable suma, pero con el costo de la vida, le alcanzó para pagar deudas, la hipoteca de la casa y comprarnos una pequeña pieza a cada uno. Según no cito mal sus palabras fueron: "con esas cuatro paredes pueden hacer lo que quieran venderla, alquilarla o incluso volverla escombros; eso dependerá de sus decisiones. Yo solo les daré un empujón para que inicien. El resto les toca a ustedes."

Él no pudo terminar su carrera profesional en ingeniería en electromecánica porque metió las de andar con mi madre, siendo ella aún una colegiala. Producto de ello nací yo.

Sabaku no Rasa, tomó la responsabilidad con gallardía, se casó con mi madre cuando ella cumplió su mayoría de edad, formó una familia con grandes sacrificios, tuvo a cargo a mis abuelos, les dio calidad de vida hasta donde estuvo su alcance, respeto y amor hasta el fin de sus días. Por supuesto que no digo que es perfecto, aunque de niña lo creía así, ya que, era su consentida.

Pero llegó ese día… ese que eclipsó el cuento de una familia feliz de clase media. El día en que mi madre descubrió que su amado marido, cuando eran novios por un tiempo le fue infiel con su exnovia del instituto, que dio como resultado a… Sasori, mi hermano mayor. Él tiene el cabello rojo un tanto más opaco que Gaara, y nuestro pésimo carácter. No cabe duda. Es un Sabaku no, por cualquier costado que se le mire.

Hoy por hoy y luego de una infidelidad que por poco acaba con su matrimonio, lograron superar sus equivocaciones. Se les ve contentos. Fue el renacer de su amor. Parecen un par de tortolitos que empalagan. A tal punto que un día Gaara los encontró en la sala en pleno coito. El pobre pasó unos días traumado.

No es para menos. Son tus padres y si bien sabes perfectamente que ellos practican tal acto y que incluso tú también lo haces, uno no se los imagina en esas. Nunca.

Salgo de mi ensoñación al sentir el suave pelaje de mi obeso gato restregarse en mis pantorrillas. Rosquilla, mi adorable mascota ex callejero, al que encontré siendo un cachorro sacado a escobazos de la panadería por maullar y maullar, al pedir comida.

—¿Qué quieres mi amor?, ¿Comida?

Tomó el último trago de cafeína, llevo el plato con las migas sobrantes al fregadero. ¡Lo lavaré después!, le doy de comer a mi gordinflón favorito.

Camino con parsimonia hasta mi cuarto, me sacó las zapatillas y me tiro sobre la cama, estoy hiper exhausta, que no me preocupo en quitarme la ropa, acomodo mi almohada, sintiendo la grata compañía de Rosquilla en mis pies. Me pierdo en el insipiente sueño que comienza a darme.

12:00 md

He despertado luego de cuatro horas de dormir, no es que no apetezca volver a los brazos de Morfeo, simplemente el deber me llama. Tengo clases y debo apurarme ordenar un poco la casa y que luzca habitable. —Manía heredada de mi madre que nunca permitió que mis hermanos y yo saliéramos de casa sin antes haber hecho algún quehacer.

Desarrugo la sobrecama, recojo y coloco el bolso en su debido lugar, lavo el plato que use horas antes y me dedico en intervalos a preparar mi almuerzo, el bocadillo para la noche y pasar el trapeador por la sala. —«Mañana lavaré»—analicé.

Le doy alimento a mi felino amigo, —«tengo que ponerlo a dieta»—me siento a comer mi almuerzo, enciendo el televisor haciendo zapping, me llevó una cucharada de pasta y me quedó casi perpleja al ver que en uno de los canales estaban dando una película que me atrajo a lo vivido escasas horas… "Media noche en París", un filme romántico que me hizo pensar en que habrá pasado con el sujeto de ayer. —El amor, el amor, el amor… que jode todo aquel que toque. Si no que le diga el mequetrefe ese, pretendiendo que con alcohol y mujeres va ahogar sus penas. No tardo en pagar el televisor, no tengo tiempo para vaguear, debo apresurarme.

Me baño en un dos por tres, me coloco mi ropa interior, notando que no hacen dúo, pero me resbala. Cepillo mis dientes, seco mi cabello con la secadora. Saco de mi cosmetiquera la mayor invención del mundo actual. El corrector de ojeras. —Si no fuese por ese pequeño producto, luciría como el quinto integrante del grupo Kiss. Me pongo la ropa, perfume, ato mi cabello en una coleta alta, meto mis pies en las ballerinas; agarro mi bolso, el móvil, las llaves, mi lonchera y los libros para salir disparada a tomar el bus.

5:45 pm

Observo la luz verde que indica que he ingresado a la empresa. Las clases de hoy fueron un tanto pesadas de no ser porque el profesor devolvió revisado el anteproyecto de tesis, donde tuve calificación perfecta. Esto de estudiar a distancia (1) me está matando, pero es a lo único que puedo aspirar.

Hago el mismo trayecto de siempre, saludo con las mismas frases y por lo general a las mismas personas.

Mismo, mismo, mismo… todo es lo mismo.

Llego a mi cubículo deteniéndome a pasos de este porque percibo algo diferente.

—¿Quién dejo esto acá? —dije en voz baja.

—¿Y ese hermoso ramo de flores?, ¿Quién te lo dio? —pregunta Karin, quién tiene su cubículo a mi diestra.

—Su eterno enamorado. El Hyūga, ¿quién más? —responde Tenten por mí y en un tono molesto.

—Ten. No empieces. ¡Sí!

No dice nada solo me hace un mohín y gira su silla para continuar con su trabajo.

Neji Hyūga, es el sobrino predilecto del dueño de la corporación. Funge desde hace seis años como CEO y según presumen mis compañeros se desvive por mí. Cada San Valentín me llegan chocolates o rosas en su nombre.

Lo irónico de todo es que yo no le doy ni la hora Neji, y él no alza a ver a Tenten, quién tiene años suspirando por el "ojos bellos". —como le decimos a sus espaldas. Lo único que me gusta, aparte de los exóticos ojos perlados que posee el Hyūga, es aquella larga, sedosa y perfecta cabellera que es la envidia de cualquier mujer.

—Me cae que tienes un gen lésbico revoloteando por tu organismo, Tema. —acota Karin, cerrándome un ojo para molestar a Tenten. —Mira que el futuro dueño de todo esto esté de rechupete.

Pongo mis ojos en blanco. —Él no es mi tipo. —contestó, viendo como Ten se zambulle en el monitor para aplacar la conversación a sus espaldas.

—Es una lástima que no me de bola porque yo si me lo como completico.

—«¡zorra!» —el susurro de Tenten llega a mis oídos, y pido a dios que sucediera lo contrario con Karin porque no me interesa hacer de réferi.

Ten se hace la que no es con ella, Karin se dirige a su puesto y yo suspiro con cansancio emocional y físico, porque el drama de la chica de moñitos durará hasta quién sabe cuándo. Coloco el delicado arreglo floral, —era un puñado de Camelias de todos los colores y tamaños que desprendían un delicioso aroma—sobre el CPU. Me siento en la silla con rodines, el cronómetro marca las 6:00pm hora de empezar con el trajín.

Las horas pasan y el tedio de reiterar el autómata frase me parece que cada vez más insoportable.

Dos horas más tarde

—Iré por un café, ¿quieren algo de la cafetería, brujas? — acota Karin.

—Un expreso cargado y doble para mí por favor. —le digo con súplica a mi pelirroja compañera. —en media hora que es mi receso tengo que ponerme adelantar mi tarea.

—Insisto, mujer. Te estás matando de a poquitos. —me regaña la cuatro ojos. —¿Y tú, Ten? ¿Deseas algo?

—Una soda de naranja, por favor.

—¡Bien!, vendré con sus encargos. Antes de que me vaya debo advertirles que desde hace rato un vagabundo con dejo extranjero está llamando y pregunta quién es la operadora, para luego cortar.

—Estos hijos de puta no les bastó con bromear ayer. —musité con hastío y cruzando los dedos para que no me tocase a mí. —con el borracho despechado de anoche tuve suficiente.

—Las dejo chicas. Volveré pronto…

10:00 pm

Fue el turno de tomar receso Tenten, pero se marchó no sin antes hacer la misma advertencia acerca del inepto sin oficio ni beneficio que llamaba, oía el nombre de la operadora y colgaba.

¡Buenas noches! está usted llamando a la plataforma de servicios direccionales, le atiende Temari, ¿En qué le puedo ayudar? —«dios repárame un mejor empleo»

—¡Buenas noches! Estoy perdido en la capital, ¿podría ayudarme a dirigirme a la autopista?

—¡Es un gusto servirle, señora!, preste atención a las indicaciones…

Y así de rutinarias han estado mis doce horas de trabajo hasta el momento. Pero he topado con la suerte de no recibir una sola llamada del imberbe bromista.

12:15 am

Retomo la jornada luego de mi receso y de contestar a la carrera el test que me fue enviado como tarea.

Coloco los auriculares en mis oídos. Espero y espero, pero no entra ninguna llamada hasta diez minutos más tarde.

—¡Buenas noches! está usted llamando a la plataforma de servicios direccionales, le atiende Temari, ¿En qué le puedo ayudar?

—¡Oe! Hasta que por fin doy contigo… Te- ma- ri.

No puede ser. Esa tediosa voz…

—Espero haber atinado a las flores. ¿Fueron de tu agrado?

—¿Fuiste tú?

—Sí. Debía buscar una forma de disculparme.

—¿Las enviaste desde Francia? —pregunté en broma.

Soltó una risita que me crispó la piel.

—Lamento decepcionarte, pero son más japonesas que el Sake.

—¿Cómo le hiciste?

—Tengo mis trucos,

—No. ¿Cómo hiciste para localizarme?

—Eso es fácil, cuando logré tener un poco de dominio propio, busqué en el registro llamadas de mi celular, devolví nuevamente la llamada, luego busqué la ubicación del edificio en Google maps y listo.

—Chico astuto, ¿eh?

—¿Pues qué creías?

—No debiste tomarte tantos contratiempos.

—Claro que debía, mi reputación de a traspasado la frontera europea.

Sonreí ante su comentario. Volviendo a la realidad. —Acepto las disculpas, señor…

—Sh…

Me fue imposible escuchar su nombre, parecía que estaba metido en un circo o algo similar.

—Perdón, no escuche su nombre, señor. ¿Podría repetirlo, por favor?

—No me llames señor, mujer. Y me llamo…

Sencillamente era imposible escucharle.

—¿Cómo se llama?

—Déjalo así.

«¡Que descortés!»—Bien señor misterio, como bien lo sabe las líneas a las que usted está haciendo uso inapropiado no son para conversar socialmente así que sí me disculpa, me veo en la obligación de finalizar la llamada.

—Esté bien, mujer. Sólo quería saber que mi encargo había llegado y disculparme. No quiero causarte problemas.

«Tarde para eso»—¡No hay problema!

—Te llamo luego, ¡cherie!

Palidecí ante su última frase.

Algo me dice que este llorón hará mi vida cuadritos.


Hola!

Aquí les dejo un capítulo de esta nueva aventura. Karitnis, Anabelita, Lirio; infinitas gracias por siempre apoyar mis loqueras.

Mención aparte para Hanny Bell, quién se tomó el tiempo no solo de leer un fic de una pareja que no es de su agrado, sino que también por su curioso mensaje… ¡gracias!

Un honor que te agrade la historia, espero que tanto tu como ningún otro lector quede insatisfecho con este nuevo capítulo. «luego me comentan que les pareció XD»

Se me olvidó aclarar en el resumen que este relato es sin fin de lucro y se reserva los derechos de autor. Asimismo, brindo crédito a Masashi Kishimito creador de los personajes acá representados y al creador de la imagen ilustrativa.

Quise que en esta historia los padres de Temari no estén muerto y represente a Rasa como un buen hombre, porque al pobre por lo general lo dramatizan como paria. También, representé a Temari como una chica común y silvestre, guapa y trabajadora, pero con un estrato social ordinario.

Sin más que desearles buen fin de semana y que la luz de un ser divino los bendiga… me despido… ¡Au revoir!

(1) Clases a distancia es una modalidad que al menos en mi país, optan principalmente las personas que trabajan y estudian, ya que van un día o dos a la semana a clases para que los docentes evacuen sus dudas, pero todo el trabajo investigativo y de análisis, el estudiante debe hacerlo por sí mismo.