Kakashi Después De La Guerra

By Tsuki No Hana

II

"Consuelo, apoyo y sentencia"

Sin mencionar que la lluvia estaba torrencialmente copiosa, me tardé más de lo habitual en llegar al sector donde vive Sakura, bueno, donde vivía. No pude evitar entristecerme un poco al ver las casas demolidas y todo el barrio en ruinas. El olor a quemado aún abundaba en el lugar y la lluvia ayudaba a que ese olor se mezclara con tierra mojada y hollín húmedo.

Mi cuerpo aún no se recuperaba prácticamente nada, así que no podía utilizar el sharingan para buscarla en la oscuridad. Comencé a desesperarme cuando la lluvia intensificó, impidiéndome ver bien el camino. Llegué a la casa que era de ella, era triste ver cómo terminó todo, nada había quedado más que ruinas y muerte.

Sakura… ¿Dónde estás? —apreté los puños con impotencia de sólo imaginar cómo se sentiría en estos momentos.

Comencé a correr por las ahora frías calles, completamente empapado e ignorando el frío que sentía, sin mencionar el dolor de mis heridas. Las débiles luces de las farolas que aún seguían en pie comenzaron a parpadear hasta finalmente fundirse, complicando más mi trabajo de encontrarla.

—Mierda.

Trastabillé un poco al doblar en una esquina, me sostuve de los restos de una pared y me aferré con fuerza al sentir que mi visión se nublaba un poco y que todo me daba vueltas. Genial, ahora comenzaba a sentirme débil. Miré en todas direcciones, debía encontrarla cuanto antes y llevarla al hospital, Tsunade sama sabría qué hacer.

Cada vez era más tarde y más difícil encontrarla. Pero una repentina idea hizo que me detuviera. Recordé perfectamente que alguna vez dijo que le gustaba mucho ir a caminar a un parque cercano a su casa, un parque con muchos árboles y bancas ¿Sería posible que estuviera allí? ¿Aún con esta lluvia? Debía intentarlo, pues ya había buscado en todos los lugares posibles. Con mis esperanzas renovadas, cambié de dirección y volví a correr, esta vez con más desesperación. Necesitaba encontrarla a como fuese.

La imagen de Sakura se formó de pronto en mi mente. Siempre sonriente, segura de sí misma, feliz y siempre preocupada por los demás. Quizá no volvería a ser la misma al experimentar tales pérdidas de un solo tirón. Tragué saliva y me enderecé buscando con la mirada algo que delatase la presencia de ella en algún lugar, pero la oscuridad no ayudaba mucho.

Sin embargo, en medio de esa oscuridad, pude distinguir una menuda figura, inmóvil y encorvada sobre una banca de lo que parecía haber sido un parque, pues ya ni siquiera quedaban árboles en pie. Un relámpago iluminó momentáneamente el lugar antes de dejarlo de nuevo en penumbra. Pero no necesité más que esos escasos segundos para reconocerla. Apresuré el paso al ver que se trataba de ella. Estaba empapada, no se movía, miraba a la nada, sus ojos estaban rojos e hinchados, no parecía siquiera respirar. Por un momento tuve miedo de acercarme ¿Qué le diría? ¿Cómo podría reconfortarla? Por dios, soy su maestro, debería saber hacer algo de eso, pero no sé… nunca he sido bueno en estas cosas.

—¡Sakura!

Mi voz resonó en la noche, haciendo que ella levantara la mirada, sorprendida. Sus ojos verdes se encontraron con los míos y fue ahí cuando pude ver la profunda tristeza que la envolvía.

—Sakura —repetí, algo asustado al ver que no se movía, se estaba dando por vencida—. ¿Estás bien? ¿Te encuentras bien?

No me contestó. Tan sólo se limitó a bajar la mirada.

Me quité la chamarra con capucha que llevaba para la lluvia y se la puse en los hombros.

—Vamos, póntela —la obligué a meter los brazos por las mangas—. Maldición, estás helada —mascullé con algo de enfado—. ¿Por qué rayos te quedas aquí bajo la lluvia? Vas a enfermar, además, ni siquiera te has cambiado de ropa.

—Mi familia murió.

Me detuve abruptamente y todos mis intentos por levantarla de esa banca cesaron.

—Lo sé… —le dije.

—Estoy sola.

—No lo estás, por supuesto que no —me senté a su lado, sin importarme que el agua seguía con la misma intensidad, ambos estábamos más empapados que nada.

—Mis padres murieron… —hipó—. Estoy sola…

Me quedé de piedra ¿Qué debía hacer? Cuando mi padre murió yo odiaba que la gente me dijera "Todo va a estar bien" "El tiempo lo cura todo" porque sólo eran mentiras, además, ellos qué sabían si no lo estaban viviendo en carne propia.

—Es doloroso, vaya que lo sé, pero no estarás sola nunca —me atreví a extender mi mano hasta alcanzar su mejilla y obligarla a mirarme. El corazón se me hizo un nudo al ver el dolor en sus ojos enrojecidos—. No te diré que el tiempo lo cura todo y mucho menos que todo estará bien. No te volveré a mentir con una ilusión como esa. Será difícil superar esto, pero eres Sakura Haruno, la kunoichi más fuerte que conozco y estoy seguro que sabrás manejarlo correctamente —sonreí suavemente al ver que sus ojos al fin me miraban fijamente—. Dolerá un tiempo, quizá toda la vida, pero aprenderás a vivir con ese dolor.

Tal vez mis palabras no eran para nada de aliento, pero al parecer fueron las indicadas.

—Kakashi sensei…

—Dime.

—¿Puede… puede abrazarme?

Esa petición me dejó desarmado.

Ni siquiera me di tiempo a pensarlo, mis brazos ya estaban envolviendo su pequeña figura con fuerza. Estaba helada y temblaba sin parar, no sabía si era por el frío o por el llanto. Estuvo llorando con fuerza durante unos minutos.

—Vamos, desahógate todo lo que quieras —susurré con cariño, acariciando su espalda consoladoramente y ella accedió, pues su llanto se hizo más fuerte mientras preguntaba un sinfín de veces "¿Por qué? ¿Por qué ellos?"

La lluvia parecía competir con su llanto para ver quién era más fuerte y el corazón se me partía al sentirla tan frágil y vulnerable.

Pasado un rato, me di cuenta que su llanto disminuyó un poco, ya sólo se aferraba a mi camiseta con fuerza, escondiendo su rostro en ella y dejándose abrazar. Vaya… nunca me había percatado de lo pequeña que era en comparación mía.

—Debemos volver antes de que cojas una pulmonía —me puse suavemente de pie y ella me imitó después de deshacer el abrazo. Tenía la cabeza gacha, no podía ver su rostro.

Comencé a caminar, pero Sakura no parecía tener intenciones de moverse. Me desconcerté un poco y me giré para finalmente toparme con sus ojos hinchados y enrojecidos. Esto causó en mí una oleada de furia hacia los causantes de tal desastre y de la muerte de tantos. Pero Sakura… ¿ella qué culpa tenía en todo esto? ¿Cómo se atrevían a hacerle daño a alguien como ella? Tenía ganas de regresar un poco el tiempo sólo para darle una paliza a Obito y a Madara, pero cuando sentí sus fríos dedos entrelazarse con los míos, esa ira pareció evaporarse durante unos instantes.

—¿Volver a dónde?

—Al hospital, con Tsunade sama y Shizune. Están muy preocupadas por ti.

—No quiero volver.

—Sakura…

—No, no quiero hacerlo.

Suspiré y miré hacia el cielo, recibiendo de pleno la lluvia en la cara, mi máscara estaba ya toda mojada y mi cuerpo resentía la falta de descanso en este último mes. Pensé en muchas maneras de convencerla a ir al hospital, pero ninguna parecía coherente o al menos no había ninguna que no implicara un toque de chakra en la nuca para dejarla inconsciente. Yo siempre buscaba la forma más práctica y rápida de hacer las cosas, si bien, pude haberla dejado inconsciente y cargarla directo al hospital para no complicarme la vida e irme a dormir ya, pero cuando se trataba de ella… sentía que mi parte más comprensiva salía a la luz.

—Mira, Sakura —suspiré y me incliné un poco para tener su rostro justo frente al mío—. Entiendo cómo te sientes, pero créeme que quedándote en medio de este diluvio sólo vas a empeorar las cosas. Enfermarás y es lo último que todos queremos.

No me respondió, sólo bajó la mirada.

Fue en ese momento cuando al fin me percaté de algo muy importante. Se había quedado sin hogar y yo le estaba ofreciendo llevarla al hospital. Que desagradable de mi parte.

—Te llevaré a mi casa —tomé su mano y no la dejé refutar la idea. Atravesamos toda la aldea hasta que finalmente llegamos, en todo el camino no dijo nada, pero tampoco soltó mi mano, ésta se había vuelto cálida ante el contacto.

La ayudé –o más bien nos ayudamos mutuamente- a subir las escaleras que daban hasta el último piso, donde estaba mi departamento. Al entrar encendí las luces y la llevé hasta el baño. Cogí unas toallas y le extendí una para que se secara un poco, pero me llevé el susto del día cuando vi una mancha de sangre algo considerable en la chamarra que le presté.

—Estás herida —me apresuré a sacar el botiquín, pero me di cuenta de lo mucho que me faltaba, pues había desperdiciado muchas gasas tratando de curarme a mí mismo.

—No, sensei —miró la chamara—. Esta sangre no es mía —me miró y sus ojos se agrandaron—. ¡Está sangrando!

Bajé la mirada a mi torso y sí… en efecto, esa sangre era mía, no de ella. Vaya idiota. Suspiré pesadamente y le resté importancia al ver que no era la gran cosa.

—Será mejor que te cambies —fui hasta mi armario y busqué lo más pequeño posible. Encontré un pantalón negro de pijama y una camiseta blanca—. Lo mejor sería que tomaras un baño caliente antes.

—Estoy bien así, no quiero ser una molestia.

—Insisto —le sonreí y ella se sonrojó un poco después de aceptar—.Tómate el tiempo que necesites.

Ella asintió y yo le sonreí un poco antes de abandonar la habitación y cerrar la puerta tras de mí. Fui directo a cambiarme de ropa y de ahí a la cocina, donde me dispuse a calentar un poco de agua para hacer algo de té.

Cuando salió del baño la dejé vestirse en mi habitación, mientras tanto yo esperé afuera con las tazas de té en ambas manos. Luego de un rato toqué la puerta suavemente con la punta de mi pie, y tras recibir un casi inaudible "pasa", entré a mi habitación. Sakura ya tenía puesta la ropa que le presté, pero había un ligero problema… el pantalón le quedaba enorme, si lo soltaba, terminaría en el piso.

—Me temo que es lo más pequeño que tengo —la miré con algo de vergüenza y ella se sonrojó al instante.

—Está bien así, lamento ser una molestia —bajó un poco la mirada.

—Claro que no lo eres —sonreí y le extendí la taza—. Tómate esto, te sentará bien. Pero ten cuidado, quema —me senté en la orilla de mi cama y le indiqué que podía hacer lo mismo.

Noté que hacía una mueca de dolor antes de sentarse a mi lado.

—¿Te encuentras mejor?

—Sí —contestó, soplando sobre la taza entre sus manos—. Está muy bueno. Tiene mano para estas cosas —sonrió. Noté el esfuerzo que tuvo que hacer para conseguirlo. Sakura… Sakura… sigue intentando parecer fuerte a pesar de su situación.

Sakura.

No sabía cómo reaccionar, mi corazón dolía, pero al mismo tiempo no quería ser una carga para mi sensei, quien amablemente me abrió las puertas de su casa, me vistió y me preparó un té caliente. Si me ponía a llorar de nuevo sólo lograría incomodarlo.

Lo pienso y aún me sorprende que fuese él quien me encontrara bajo la lluvia, bueno, en realidad no debería sorprenderme… pues siempre ha sido él quien aparece para auxiliarme en los momentos más difíciles de mi vida. Siempre ha sido él… y ahora se había arriesgado a coger un resfriado saliendo en mi busca en plena tormenta. Después de eso me trae a su casa y me trata de esta forma tan cálida y reconfortante. La verdad es que nunca me imaginé que el despreocupado y vago de mi sensei sería ese hombro sobre el cual lloraría la muerte de mi familia. Él me había consolado cuando Sasuke se fue de la aldea, también cuando lo reencontramos en la guarida de Orochimaru y ni qué decir de hace unos meses cuando estuve dispuesta a ir a matarlo, cuando me enfrenté a él y fue el mismo Sasuke quien intentó acabar con mi vida; también estuvo ahí para mí cuando volvió a intentar hacerme daño en medio de la guerra…

Kakashi está demostrando una comprensión y paciencia que yo tanto necesito en estos momentos. Alcé la mirada de mi taza humeante para toparme con ese par de ojos negros mirándome con una mezcla de preocupación y cariño. Sus ojos se veían cansados y ojerosos.

¡Pero claro!

No había pasado ni un día desde que la guerra terminó, seguro que aún no descansaba y mucho menos había curado sus heridas. Pero sí salió a buscarme sin importar nada, sin importar su dolor, su cansancio. Se arriesgó por mí.

—¿Qué ocurre? —me preguntó al notar que mis ojos se inundaban en lágrimas nuevamente. Dejé la taza sobre el buró.

Y me atreví a hacerlo por segunda vez en mi vida.

Lo abracé, sólo que esta vez no pedí su consentimiento. Pasé mis brazos por el espacio entre los suyos y lo rodeé con fuerza, apoyando mi mejilla llorosa en su pecho.

—Muchas gracias —fue lo único que salió de mis labios. Enseguida sentí que correspondía el gesto con un brazo mientras que su otra mano la posaba con cariño en mi cabeza. Escuché cómo suspiraba y me apretaba un poco más, reconfortándome en el acto.

—Siento no haber hecho nada para evitarlo —su suave y ronca voz se escuchaba más cansada y pausada de lo normal.

Yo sólo pude negar con mi cabeza, aún escondida entre sus brazos. Si intentaba abrir la boca, seguramente sólo saldría llanto. Él se sentía culpable por no haber hecho nada, pero justamente ahora hacía todo por mí, y yo se lo agradecía con el corazón.

De pronto comencé a sentir algo cálido emanar de sus ropas, quise apartarme un poco para ver qué era, pero súbitamente todo su peso se fue sobre mí. Alcé la mirada y vi que había caído inconsciente. En ese momento recordé la mancha de sangre en la chamarra que me prestó, era de él. Estaba muy herido por la guerra y aun así fue en mi búsqueda, arriesgándose a tal grado. No importa lo grave que sea mi situación, no tengo derecho a poner su vida en riesgo, soy una egoísta…

Kakashi.

Un aroma sutil y delicioso llegó a mi nariz, fue lo primero que percibí antes de despertar por completo. Abrí los ojos lentamente cuando los vagos rayos de sol que entraban por la ventana me dieron en toda la cara sin compasión. Parpadeé varias veces hasta que mi visión se acomodó a la claridad del lugar y pude echar una rápida ojeada a mí alrededor.

Me llevé una mano a la sien y cerré los ojos durante unos instantes más. Me dolía mucho la cabeza y aunque podía reconocer esta habitación como mi dormitorio, no podía evitar sentirme algo desorientado. Miré hacia la derecha y centré mi atención en una taza de café y un par de panes tostados con jalea de fresa reposando sobre mi buró.

Con que de ahí venía ese aroma…

Observé un poco más allá y centré mi atención en la silla de madera perteneciente a mi escritorio, y que ahora se encontraba al lado de mi cama. ¿Qué hacía allí? Entonces todo llegó a mi mente con absoluta nitidez: la guerra, Sasuke y Naruto amputados y moribundos, Sakura perdida en medio de la lluvia, sus padre muertos, las heridas que no pude curarme bien y el motivo por el cual seguro me desmayé. Vaya viejo inútil en el que me he convertido… Qué ha de pensar Sak…

¡Sakura! ¿Dónde estaría?

Me incorporé un poco, pero me volví a tumbar sobre el colchón al sentir mis heridas más presentes que nunca. Me miré el torso y noté cómo un montón de vendas lo cubrían todo hasta el hombro derecho. La camisa que portaba anoche estaba en algún punto del suelo de la habitación, aún con esa mancha de sangre en ella.

—Ya despertó.

Alcé la mirada al ver que mi alumna entraba a mi habitación con otra taza de café en mano. Pero no fue eso lo que captó mi completa atención, sino el hecho de que no traía los pantalones que le presté, sólo la camiseta blanca. De pronto sentí mucho calor y comencé a sofocarme un poco. Claro que la camiseta le llegaba a la mitad del muslo, pero aun así… mi mente no dejaba de gritarme: "¡No trae pantalón!"

Caminó hasta sentarse en la silla de madera, luego se me acercó un poco y puso una mano en mi frente.

—No tiene fiebre, pero se ve algo acalorado ¿Se siente bien?

Carraspeé un poco y luego asentí. Usé mi autocontrol para poder hablar, pero ella se me adelantó.

—Espero no le moleste, pero usé su cocina —se sonrojó tiernamente y bajó la mirada hacia su taza de café—. Y anoche curé lo mejor que pude sus heridas, no pude terminar de hacerlo porque ya no tenía suficiente chakra, pero en un rato más puedo terminar —sonrió—. ¿Por qué no me dijo que se sentía tan mal? Perdió mucha sangre, incluso se desmayó. Me asustó mucho.

—Lo siento —al fin pude articular palabra—. Te traje a mi casa para cuidarte y fuiste tú la que terminó haciéndose cargo de mí —sonreí algo apenado.

Ella me devolvió la sonrisa y negó con la cabeza.

—No es ninguna molestia. Al contrario, le estoy agradecida por abrirme las puertas de su casa.

Me sorprendí un poco. Sakura siempre había sido impulsiva y su orgullo era más grande que cualquier cosa, también era agresiva y regañona, pero en estos momentos era demasiado buena, tierna y noble. No podía evitar sentir que estaba muy vulnerable.

—¿Dormiste en esa silla?

Asintió y me sentí muy mal por eso, me disculpé nuevamente y ella sólo le restó importancia, recalcando el hecho de que fui un idiota al dejar mis heridas sin tratar por tanto tiempo. Esa sí se parecía más a la Sakura normal. Ambos terminamos riendo un poco y desayunamos en un cómodo silencio.

Sakura.

Lo miré mientras terminaba su último sorbo de café. Miré la tranquilidad de su mirada y sentí paz, la misma paz que experimenté anoche al llorar durante horas apoyada en su pecho mientras él me sostenía y me acariciaba esporádicamente el cabello. No hablamos sobre el tema, tan sólo dejó que me desahogara y eso me causó un gran afecto hacia él, mucho más que antes, pues encontré en mi sensei a un amigo de verdad, y quizás fue por eso que me atreví a abrazarle de esa forma. Había sido un impulso, algo que no haría con la mente fría, pero me había sentido tan reconfortada entre sus brazos, fue… fue algo diferente.

Y sin previo aviso volví a sentir esa punzada en el pecho y esa opresión que dificultaba mi respiración. Me dolía el corazón y volvía a tener ganas de llorar. Pero ¿cómo podría asimilar la muerte de mis padres? Era imposible.

—¿Cómo estás?

La voz de mi sensei me trajo de vuelta a la realidad. Parpadeé un par de veces antes de responderle.

—Bien —sonreí, restándole importancia—. Bastante bien.

Él no rompió el contacto visual que se había formado, pero sí frunció el entrecejo, dando a entender que no estaba satisfecho con mi respuesta.

—¿Pretendes que me crea eso cuando has estado llorando toda la noche?

Abrí los ojos un poco sorprendida por su respuesta y bajé la cabeza, sintiéndome intimidada por esa penetrante mirada.

—Mira… sé por lo que estás pasando y sé también lo difícil que es la situación como para además añadirle una máscara de "estoy bien" —hizo comillas al aire—. Para que los demás no se preocupen. Eso sólo hace más difíciles las cosas, así que llora si tienes ganas de llorar, ríe si quieres reír, pero no finjas ¿quieres? —suspiró, pasándose una mano por su cabello—. A lo que quiero llegar es que… puedes confiar en mí.

—Ya confío en usted, sensei —musité, sintiendo el calor que emanaba de mi rostro—. Y le estoy muy agradecida porque… más que mi sensei, usted es mi amigo —sonreí levemente.

Noté cómo me miraba con sorpresa y alegría mezcladas.

—¿Sabes ya qué vas a hacer de ahora en adelante?

Negué con la cabeza. Apenas anoche me di cuenta de que no tengo hogar, ni familia. Aún no sé qué hacer a pesar de haber pasado toda la noche pensando en ello.

—Tal vez suene extraño viniendo de mí, pero puedes quedarte aquí el tiempo que necesites —se encogió de hombros—. Tengo una habitación vacía al lado de ésta, pero es algo pequeña y no está amueblada, sólo deberíamos conseguir una cama y…

—Oh Kakashi sensei, no se moleste en eso, yo… yo… —me avergoncé bastante.

—¿Confías en mí? —preguntó de pronto y yo asentí con confusión—. Entonces quédate —me sonrió con sus ojos cerrados.

—Muchas gracias —suspiré aliviada y pronto un nudo se formó en mi garganta. Oh… no de nuevo.

A estas alturas numerosas lágrimas recorrían ya todo mi rostro. Me cubrí la cara con las manos para que Kakashi sensei no me viera llorar más, pero de pronto sentí unos brazos alrededor mío. No sé en qué momento se había puesto de pie, y ahora mismo me abrazaba con cariño, dejándome llorar y sacar todo el dolor dentro de mí. Estuvimos así durante varios minutos, yo me agarraba de su ancha espalda con cuidado de no lastimarlo mientras él acariciaba la mía intentando tranquilizarme. Me alteré un poco al no sentir la tela de una camisa bajo el tacto de mis manos, sino la sorprendentemente suave y tersa piel de su espalda, así, mis sollozos se fueron mitigando poco a poco, pero incluso cuando me calmé, no quise separarme de él. Me sentía extrañamente a gusto en sus brazos. Su piel era cálida y agradable, me hacía sentir protegida y reconfortada. La misma sensación que había tenido anoche al tenerlo tan cerca, al saberlo preocupado por mi bienestar.

—Debe de pensar que soy una tonta llorona—una ligera sonrisa mezclada con un leve rubor se formó en mi rostro al separarme—. Siempre llorando y mojándole la camiseta.

—Bueno, ya pensaba que eras una llorona mucho antes de esto, así que no hay mucha diferencia —comentó él, encogiéndose de hombros. Yo le di un pequeño golpe en el brazo sano, "ofendida" aunque no pude evitar reír un poco—. Y sobre la camiseta… —prosiguió—. Después de lo de ayer, créeme, esto no es nada.

Volví a reír, pero ahora le di un golpe más fuerte en el brazo, golpe que no le hizo ni cosquillas. De pronto él bajó la mirada y lo que alcanzaba a verse de piel en su rostro se volvió completamente roja. Se me hizo algo extraño, así que me le acerqué un poco y le pregunté si se encontraba bien, pero reaccionó de una manera extraña, haciéndose hacia atrás de repente y cayendo de espaldas en la cama. Se veía algo nervioso y sonrojado.

Kakashi.

Maldición. Se me ocurrió bajar la mirada y toparme de cerca con sus piernas tan blancas y aparentemente suaves.

Es mi alumna, lo sé. Pero no por eso yo dejo de ser hombre y vaya que Sakura es una mujer muy atractiva, cosa que no había notado sino hasta ahora… y al darme cuenta de esos pensamientos, no pude hacer más que reaccionar separándome bruscamente de ella y cayendo de espaldas al colchón.

Mierda.

¿Qué excusa podría darle ahora sin sonar tan estúpido?

—¿Estás bien? —preocupada y asustada se inclinó sobre mí y yo me sonrojé hasta las orejas al volver a poner mi mirada en esas piernas tan bien torneadas.

¡Soy un pervertido!

Carraspeé con incomodidad y miré hacia otro lado.

—Uhm… Sakura-chan ¿Dónde está el pantalón que te presté?

—¡Oh, eso! —se avergonzó y dio un paso atrás—. Me quedaba muy grande, no podía caminar ni un paso sin que se me cayera al piso —se sonrojó demasiado y yo me aguanté una risilla al imaginarme esa escena que describió—. Pero mi ropa ya debe de estar seca, iré a cambiarme ahora mismo —y sin decir más se dio media vuelta y salió de mi habitación, regalándome (Sin darse cuenta) una visión completa de sus pequeñas bragas rosadas.

Eres un pervertido de lo peor —me dije a mí mismo.

Narrador.

Ese mismo día Sakura terminó de curarlo, lamentó mucho no poder borrar las cicatrices, pero a Kakashi poco le importó, después de todo ya tenía muchas de ellas por todo su cuerpo.

Más tarde fueron al hospital a ver a Tsunade. El copyninja le había informado anoche que Sakura se encontraba bien y que estaba con él, ella sólo le pidió que al día siguiente fueran a visitarla para poder ver cómo estaban ambos. Cuando apenas entraron en su oficina, la rubia recibió a Sakura con un abrazo y le dio su más sentido pésame por tal pérdida. La pelirrosa quiso llorar de nuevo, pero se contuvo. Se le pasó un poco el sentimentalismo cuando sintió la mano de Kakashi sobre su hombro, dándole ánimo y fortaleza.

—Antes que nada, Kakashi, debo informarte sobre una decisión que tomamos esta mañana los demás Kages y yo —se inclinó hacia adelante en el escritorio de esa oficina de hospital. Apoyó los codos sobre la madera y su mentón sobre sus dedos entrelazados—. Todos estuvimos de acuerdo en que es necesario renovar a los líderes. La guerra nos dejó agotados y es hora de darle oportunidad a las nuevas generaciones. Todos a excepción de Gaara, nos retiraremos en poco tiempo. En el caso de Konoha… —sonrió de lado—. Tú has sido el elegido para próximo Hokage

Los hombros del peligris se fueron hacia abajo, no le hacía mucha emoción recibir ese puesto.

—¡¿Hokage?! ¡Kakashi-sensei, muchas felicidades! —se emocionó mucho.

—Eh… gracias —afortunadamente tenía su máscara, así no podrían ver la desilusión en su expresión.

—Obviamente tienes que prepararte para ello, así que aún falta un tiempo, antes de dejarte mi puesto quiero que la aldea esté por completo reconstruida y que las cosas estén mejor que antes. Tienes unos cuantos años para prepararte psicológica y físicamente para el puesto ¿Qué dices?

—Es todo un honor.

—También tengo otro tema que tratar con ambos —se puso algo seria, pero primero les dijo el gusto que le daba verlos con bien y que ambos estaban completos, a diferencia de los otros dos del equipo, de quienes por cierto, tenía muy buenas noticias. Ocuparían varias cirugías, pero recuperarían su brazo cada uno.

Pero no todo eran buenas noticias…

—El futuro del equipo siete no es muy bueno.

—¿Qué pasará con Sasuke-kun? —se adelantó a preguntar, sabía de antemano que se trataría de él.

La rubia los miró con mucha seriedad. No sabía si decirlo o no, Sakura ya había sufrido mucho con la muerte de sus padres y ahora con esto sería como darle un golpe bajo, pero debía hacerlo, así que decidió decírselo rápida y certeramente.

—Mañana será dado de alta, pero…

—¿Si? —inquirió, impaciente.

—Será confinado al encierro perpetuo.

Continuará…


Yo!

Hola chicos! Sé que había dicho algo sobre actualizar cada domingo, pero no me pude resistir al ver sus comentarios, mensajes y reviews. Antes que nada muchas gracias por todo eso, ya que me han animado bastante a seguir escribiendo esta historia, y me complace decirles que será larga, muy larga y espero que entretenida para ustedes.

Ahora, hablando sobre el capítulo...

¡Chan, chan, chan!

Sasuke será confinado a cadena perpetua! ¿Harán algo al respecto? ¿Se revelarán ante la Hokage? Y sí, Kakashi será Hokage!

Sobre las primeras escenas... quisiera decir que se me hicieron demasiado tiernas considerando que kakashi siempre fue algo distante con sus alumnos, o al menos no muy afectuoso en cuanto a contacto físico, el cual, al parecer, ahora le agrada mucho, sólo con Sakura. También pudimos ver cómo su lado masculino se alborota ante los encantos femeninos de su querida alumna. Se da cuenta de que ya no es una niña y que además se está convirtiendo en una hermosa mujer. Esto no significa que sienta algo especial por ella, simplemente es un hombre que siente, piensa y tiene hormonas como cualquier otro.

Algo que me encantó poner fue su repentina sugerencia de llevarla a vivir con él, aún sabiendo que tiene a muchos amigos con quienes podría compartir casa, pero así es Kakashi de impredecible, y aunque la llevó a su casa para cuidar de ella, fue la pobre de Sakura quien terminó cuidando y velando por la salud de su sensei (Creo que fue plan con maña del copyninja para ser cuidado con amor *risas morbosas*)

¡AVANCE DEL PRÓXIMO CAPÍTULO! (Domingo 13 de Nov 2016)

Lo resumiré en cinco palabras: Sakura y Kakashi se emborrachan (Jijitl)

Saludos! Que estén bien y no olviden dejar su review, mensaje privado, comentario por facebook, en Wattpad, etc, etc. Cualquier medio es válido :) Pero dejen su opinión! Que ya vieron que si cumplo mis promesas, hubo reviews, hubo actualización. Por cierto, a los que me dejan un review (Hermosos, los amo) procuro responderles ese mismo día por PM, pero hay algunos que no son usuarios de Fnf, así que quiero decirles: GRAAAAACIIIAAAAAS!

9/11/2016

11:00 p.m.