Thompson, Timber y Canterbury aparecieron unas horas después con un vestido cada uno. Thompson llevaba un vestido blanco con unas encantadoras rosas bordadas en el pliegue de la falda; Timber había optado por un sencillo vestido color azul; mientras que Canterbury traía entre las manos un elegante vestido amarillo más propio para un baile que para un paseo dominical. Alois inspeccionaba la ropa cuidadosamente.
-Bien, les daré permiso de abrir la boca, ¿porqué trajeron esto?
Los trillizos se miraron unos a otros, murmuraron dos segundos y de inmediato la graciosa voz juvenil de Thompson se escuchó.
-El amo pidió verse como una princesa.
-Entonces pensamos que tenía que ser un vestido lindo para que el amo se viera más lindo- secundó Timber.
-Por eso nosotros mismos diseñamos los vestidos, basándonos en las princesas de los cuentos- finalizó Canterbury.
De repente, cada uno sacó una cartulina con un peculiar dibujo: En el dibujo de Thompson aparecía Alois dormido entre muchas rosas, a un lado de él estaba Claude besando su mano.
-Pensé que sería una perfecta bella durmiente rodeada de rosas.
Alois se sonrojó, pero no pudo evitar soltar una carcajada al ver el dibujo.
-¿Y porqué la bella durmiente? –preguntó, enternecido.
-El amo es muy flojo, duerme todo el día y Claude tarda cuarenta minutos en despertarlo.
La sinceridad del sirviente irritó al rubio quien de inmediato desecho el vestido. El siguiente fue el dibujo de Timber. En el aparecía Alois dentro del mar, mirando melancólicamente un barco manejado por un monigote con lentes que, pensó, era Claude.
-¿Y eso?
-Me base en un cuento muy popular del señor Anderson: La Sirenita.
-¡¿Me estás queriendo decir que soy un monstruo? –soltó indignado el rubio quien, después de la explicación de Thompson se esperaba lo peor de ese trío.
-No- dijo Timber-. La Sirenita se convierte en humano para estar con el príncipe, sin embargo éste prefiere a otra- en ese momento sacó un dibujo de Ciel usando un sensual vestido negro, cual mujer fatal, mientras un chibi Claude intentaba ver bajo la falda-. Y no pude evitar pensar que tenían mucho en común.
Los ojos de Alois estaban inyectados con odio puro. De inmediato desechó el vestido.
-¿Y tú? Preguntó a Canterbury.
-Me base en la bella y la bestia- en el dibujo aparecía la elegante princesa Alois abrazada a una extraña mezcla entre Claude y una gárgola, bailando en un hermoso palacio-. En él la bella se enamora de una bestia, así como Claude: fea y mandona.
-¡Suficiente! ¡Fuera los tres y no me dirijan la palabra en lo que queda del año!
Los trillizos abandonaron la habitación, dejando a un colérico Alois destrozando los vestidos.
-¡Estúpidos! ¡Claude no es una bestia, y yo no soy un pez! ¡Además él me ama, sólo que se hace el difícil! ¡Arhg!
-¿Amo?- la voz de Hanna se dejó escuchar dentro de la habitación.
-¿Qué quieres?- soltó con desprecio el jovencito.
La bella sirvienta sonrió con ternura.
-Estoy segura que usted será una hermosa princesa y conquistará al príncipe.
-¡¿De qué demonios hablas mujer?
-Usted es una princesa- Hanna se acercó a Alois y lo tomó entre sus brazos amorosamente- La más hermosa del baile. Sólo tiene que pedirlo, amo, y yo le daré lo que quiera.
Y antes de que Alois pudiese decir algo coherente, delante de él se encontraba la solución a sus problemas. ¿Quién diría que aparte de un mayordomo demonio también tenía un hada madrina?
