Capitulo II

Santana había revisado, una y otra vez hasta el más mínimo detalle para la cena; quería que Quinn se sintiera cómoda, evitar cualquier tipo de gesto o mirada que la hiciera volver a desaparecer, no quería que se alejara de su vida como en este último mes; aquel último beso lo enredó todo y ahora solo le quedaba deshacer el entuerto; si había logrado ocultar lo que sentía por Quinn durante meses, tendría que seguir haciéndolo o la perdería. Pero, sus pensamientos, se sucedían unos a otros de forma caótica; trataba de autoconvencerse y la boca de Quinn acudía a su recuerdo, sus labios, el roce de su lengua, su forma de besarla...aquella última escena. Y dejaba volar su imaginación... Sentada en la terraza, con una copa de vino en la mano, intentando tragarse la serenidad que no podía encontrar antes de que su amiga llegara.

Si pudiera tenerla, de nuevo, entre sus brazos, no la dejaría ir, a menos que ella así lo quisiera; se fundiría con ella en un abrazo para poder sentir su piel, sus músculos tersos, su calor; sin dejar de besarla, de atrapar su lengua, soltando su pelo, dejando caer sus ropas, oliendo su piel, mordiendo su cuello...

El timbre del portero la trajo a la realidad, dicen que para el cerebro es exactamente lo mismo pensar que estás haciendo algo que hacerlo; se activan exactamente las mismas redes neuronales en las mismas zonas cerebrales, así que Santana, al salir corriendo hacia el telefonillo para abrir la puerta, tenía los mismo signos corporales que si hubiera estado haciendo lo que pensaba; rubor, en ella de normal tan acentuado, cierta sudoración, pulso acelerado y un gran pudor al darse cuenta de que Quinn pudiera advertirlo.

Al contestar y comprobar que era Quinn trató de controlarse mediante algunos ejercicios rápidos de respiración, normalmente le servían a la hora de actuar, para controlar los nervios del momento previo, en esta ocasión, también creyó conseguirlo, se tranquilizó, pero sólo hasta que abrió la puerta y la vio, tratando de sonreír algo cohibida y con aquel azul inmenso llenando su mirada y atrapando su alma.

Si aún le quedaba alguna duda de lo que sentía por Lucy, al tenerla frente a ella, de nuevo, se disipaba. La amaba. ¿Y qué podía hacer con toda esa certeza? ¿Dónde la podía esconder durante esa noche?

Ahora, en este instante, mirándola, ¿Cómo podría ocultarla?...

-San... ¡Al fin nos vemos!- Entró apartando su mirada y como lo normal, entre amigas, es darse un beso en la mejilla, se acercó a ella con ciertas dudas, esperando la misma respuesta; Santana reaccionó enseguida, respondiendo a su beso, a modo saludo, tan distinto a aquel otro.

- Si, tenía ganas de volver a verte. ¿Qué has estado haciendo? ¿Dónde te has metido?- no quería que sonara a reproche, así que la miró divertida y sonriendo, mientras entraban al salón- ¿Una copa de vino? Yo me estaba tomando una en la terraza, hoy cenamos al aire libre.

-¿Si? – Quinn salió a la terraza y vio un enorme edredón tirado una esquina de la misma, pequeñas velas en fila a su alrededor, cojines enormes y alguna manta, las noches en Nueva York, aún en verano, eran muy frescas.- Guau ¿Y esto?

- Quería que estuviéramos a gusto, para que me cuentes que tal en este tiempo y he pedido comida china, ya sabes que yo cocinar, lo justo.- Santana le dio a Quinn una copa de vino y se sentaron en el edredón, Quinn pensó que al menos había elegido unos pantalones para esa noche, así estaría cómoda allí sentada en cualquier posición sin estar pendiente de enseñar más pierna de las que debiera...

- Se está bien aquí, siempre me ha encantado tu terraza... – Quinn miraba el cielo lleno de estrellas, en un Nueva York sin nubes. Santana había alquilado un pequeño ático con una terraza enorme, en un edificio antiguo, justo cerca de central park; en esa parte de Nueva York, lo urbano y la naturaleza parecían convivir de la mano.

Si mirabas hacia el norte edificios y coches por doquier, hacia el sur, árboles y verde se extendían hasta donde la vista alcanzaba ver.

- Y a mí tu jardín lleno de todas esas plantas y flores que sólo tú sabes sus nombres...

- Eh, no te metas conmigo - inclinándose hacia ella le dio un codazo, Santana le sonreía llena de dulzura- Me gusta saber sus nombres- Lucy bajó la vista hacia la boca de su amiga y sólo advirtió la forma en que miraba sus labios cuando Santana empezó a sonrojarse, tenerla tan cerca y disimular cuanto deseaba besarla, no iba a ser nada fácil.

Santana se levantó apresurada y apuró de un trago el vino que quedaba en su copa.

- Voy a por la cena, ha llegado un momento antes que tú, así que estará caliente aún...

- Te ayudo...- hizo amago de levantarse, pero Santana no la dejó.

- No te muevas, la traigo en seguida.

Comieron en sus respectivos envases, con palillos que Quinn no terminaba de dominar, así que mientras comían un poco de pollo agridulce con almendras, unas gotas de salsa cayeron sobre su blusa.

Entraron corriendo, entre risas, porque Quinn siempre tenía que ir impecable y no soportaba verse la mancha; fueron al baño, dentro de la habitación de Santana; ella había visto su cama en varias ocasiones, aunque nunca se había quedado a dormir, pero al pasar, junto a ella, se sintió incómoda, como si la intimidad del dormitorio de San le hiciera levantar sus propias barreras y pudiera ser descubierta o bien revelarse ella misma.

Como iba pendiente de cada detalle casi tropieza con Santana que volvía del baño con una toalla pequeña mojada para frotar la mancha. Ambas sonrieron, sin moverse, ni un paso atrás, tampoco hacia delante; pero lo suficientemente cerca como para poder percibir el olor de la otra; Santana intentó limpiar la mancha, frotándola suavemente, a la altura del ombligo de su compañera, por lo que tenía que inclinar la cabeza, sus ojos estaban muy cerca del pecho de la otra chica, que respiraba apresuradamente.

El efecto del olor de otra persona puede volver locas las hormonas en cuestión de segundos y de paso dejar un caos en la capacidad de razonar, Santana alzó la cabeza para decir algo pero se detuvo al ver la mirada de Quinn tan cerca de la suya, tragó saliva, sus piernas se iban debilitando y todo su cuerpo necesitaba del apoyo del otro cuerpo.

- Quítate la camisa...- era exactamente lo que quería decir, pero dicho en ese instante y mirando los labios de Quinn, hizo que ésta sonriera divertida y tímida-

Quiero decir, para poder limpiarla mejor. Puedo dejarte una camiseta...

Ya Quinn se la estaba quitando, dejando ver un sujetador color naranja. Se sintió muy débil ante la mirada de deseo de su acompañante, pero no se apartó de su lado, todo lo contrario, la vio como un reflejo de la suya propia. Pero ninguna se atrevía a dar el paso, sólo unos escasos centímetros separaban sus bocas; un breve acercamiento y todo volvería a encajar.

Se apartó, Santana ¿Qué estaba haciendo? Aún peor, ¿Que estaban haciendo las dos? Porque Quinn la miraba de aquella forma. ¿Qué quería de ella?

-Quinn ¿Qué está pasando?- preguntó algo confusa pero rotunda. La reacción de Lucy fue recobrar su camisa y volver a ponérsela, aturdida. Ya no la miraba, estaba avergonzada.

- Creo que me voy a ir...- dijo saliendo de la habitación, la seguía y se volvió a colocar frente a ella para no dejarla pasar.

- De eso nada, vamos a hablar.

- ¿Hablar? ¿De qué?

- De lo que está pasando entre nosotras...

- No sé a que te refieres Santana.

- ¡A esto!- Santana cogió a su amiga por la cintura y sin darle tregua la atrajo hasta tenerla abrazada, después le atrapó la boca con la suya, literalmente, chupando sus labios y penetrando su lengua hasta rozar la de Quinn, que emitía quejidos de deseo y se dejaba hacer, completamente rendida a ese beso y a otros tantos que llegaron, con las caricias.

La forma en que Santana la apretaba contra su cuerpo, bajando las manos por su espalda y parándose antes de llegar a sus nalgas, apartando su boca para poder respirar alteradas; como pidiéndole permiso para continuar, Quinn suplicándolo con la mirada y sin apartar del todo sus labios.- ¿Entiendes ahora a que me refiero?- San rozaba su boca mientras le hablaba, moviendo su cuerpo sobre el de su acompañante, mientras la llevaba, caminando acompasadas, hacia la cama.

Quinn, antes de caer sobre el colchón aprovechó para desabrochar el pantalón de Santana y bajarlo hasta los pies; mientras que ella los pisó hasta quitárselos y cayó sobre Quinn; le urgía desnudarla, que su piel rozara su piel, para poder abarcarla por completo; sentir ese poder que te da el deseo que sientes por alguien y saberte correspondida.

Quinn no le dio tiempo, había alzado su camiseta y apartado de un tirón parte de su sujetador para besar sus pechos, Santana escuchaba una melodía de teléfono lejana, pero estaba abandonada a las caricias de su amiga; Quinn paró de pronto y se levantó corriendo de la cama para salir de la habitación, Santana se recobró poco a poco para darse cuenta de que su amiga hablaba por teléfono, era la melodía de su móvil, claro, y se la oía desde la terraza. Era Sam. Se levantó y se apoyó en el marco de la puerta, mientras la veía ir y venir por la terraza, nerviosa, hablando con su novio.

- Si, íbamos a salir pero hablando nos han dado las tantas... menos mal que has llamado- al decir esto, advirtió la presencia de Santana y su mirada triste, deseó colgar el teléfono en seguida e ir a abrazarla, estaba tan hermosa medio desnuda y con esa mirada- Pete, iré más tarde, tu acuéstate tranquilo... Buenas noches. Yo también...- Se había ido acercando a su acompañante hasta tenerla frente a ella al cortar la llamada. Su amiga la miraba interrogante, a la espera de su reacción.

Quinn se acercó para volver a abrazarla, pero Santana dio un paso atrás instintivamente, a modo de protección; se dio cuenta cuanto podría hacerle daño aquella situación.

- Es mejor que te vayas. Sam te está esperando- dijo aquello a modo de reproche y porque sabía que la ayudaría a mantener a su amiga alejada.

-San... no me gustaría, que ahora que hemos mostrado lo que sentimos, nos apartemos la una de la otra- sabía que era sincera, pero estaba muy enfadada y abatida por la situación.

- No voy a ninguna parte, al menos, de momento...- regresó a su habitación para recoger los pantalones del suelo y volver a ponérselos. Quinn la seguía.

- ¿De momento?

- Si… al final no hemos podido hablar de nuestros planes y proyectos, iba a contarte que me han ofrecido un papel secundario en un musical...

- ¡Pero eso es genial!- Quinn sonreía ilusionada - ¿No será el mismo en el que voy a participar yo?

- No... tendré que mudarme durante un tiempo, no sé cuánto. Me voy a Londres.

Ni glee, ni sus personajes me pertenecen...

Muchisimas gracias, por leer...