Aviso: Universo Alternativo. Historia inspirada en la serie para televisión "Life Unexpected". Todos los personajes pertenecen a JK Rowling. Hannah Tanner es creación de la autora.
¡Gracias a todos los que leyeron el prólogo! En especial a yassin20, Shadwood, Christine C, alexblack.07, reader-reader2 y Yoshimi Dragneel quienes se tomaron la molestia de dejar sus comentarios, son un amor!
Espero que este chapter cumpla las expectativas creadas en el anterior, déjenme saber que opinan y gracias por leer!
1. Conociendo a James.
-¡Ya despiértate, Potter! –Escuchó que gritaba la señora Rosewood.- ¡El desayuno está listo y si no llegas a tiempo te quedaras sin comer!
En una mañana normal, Harry se hubiese quedado unos minutos más tumbado sobre su pequeña cama, deseando estar en cualquier otro lugar menos en esa casa. Pero ese no era un día normal. Era el primer día del resto de su vida.
El chico estiró su mano, no mucho porque el lugar era mínimo, hasta una pequeña repisa que tenía junto a él y tomó sus anteojos y la primera de una pila de planillas que había recogido hacía unos cuantos días en el Ministerio. Encendió la bombilla del armario ya que a pesar de ser de mañana en ese lugar no entraba nada de luz, entonces cuando por fin pudo leer el título del pergamino que había tomado no pudo pero esbozar una enorme sonrisa de satisfacción.
Solicitud de Emancipación
Sip, finalmente Harry se había atrevido a hacer lo que él y muchos de los chicos huérfanos con los que había crecido se habían planteado muchísimas veces pero muy pocos de hecho lo llevaban a cabo. Había hecho una solicitud para emanciparse de la tutela del Ministerio de Magia.
Sonara muy loco pensar que un chico de trece años puede vivir y abastecerse solo pero Harry había estado así toda su vida y no veía la diferencia en seguir haciéndolo, solo que ahora con el bonus de no tener que vivir con padres adoptivos abusivos o delincuentes. La simple idea hacía que su corazón se hinchara con ilusión. Muchos le habían dicho que esperara a que fuera mayor pero ya él se había hecho a la idea de que nadie iba a adoptarlo y estaba bien, ya no le dolía, podía vivir con eso. Además, en un par de días cumpliría 14, ya no sería más un niño.
Con todas esas cosas en la cabeza Harry se levantó rápidamente y se vistió, ese sería un día largo y posiblemente lleno de emociones pero ya se había preparado psicológicamente para no dejar que lo afectara, era lo que tenía que hacer y mientras más rápido saliera de eso muchísimo mejor.
Ya había tomado todas sus cosas y estaba en proceso de abrir la pequeña puerta del armario cuando uno de los niños pequeños con los que compartía la casa pasó corriendo y riendo y la cerró con fuerza haciendo que Harry cayera de espaldas en la cama. Sintió como la rabia subía a su rostro, él era bastante amigable con los niños pero esos eran demonios.
Salió de su "habitación" y entro a la cocina donde los pequeños demonios ya devoraban el desayuno como animales mientras que su madre aplicaba pociones para mantener su falso cabello rojo, ignorando totalmente como los utensilios se lavaban mágicamente por detrás de ella.
-¿Podrías decirle a tus hijos que por favor no corran frente a mi armario? –Preguntó Harry con hostilidad.- Un día de estos van a romper la puerta.
-Pues si la rompen es asunto tuyo, Potter. –Respondió la mujer sin darle mucha importancia.- Es tu puerta, tu problema.
-Claro que es mi problema. –Refutó Harry tomando una tostada casi quemada de la mesa.- Si se rompe la puerta necesitaras otro cheque del ministerio para repararla y eso implicara que traerán a otra pobre alma aquí y no es que ame tus tostadas pero tampoco quiero compartirlas.
-¡Eres un muchachito insolente y malagradecido! –Gritó la mujer, furiosa.- ¡Más te vale que obtengas la estúpida emancipación que tanto quieres porque no te tendré aquí por más tiempo!
Harry se limitó a encogerse de hombros para irritar más a la señora antes de tomar otra tostada y dirigirse a la salida de la casa, con un poco de suerte ya no tendría que seguir viviendo en ese lugar infernal por más tiempo.
En el momento que atravesó la puerta una lechuza voló sobre él y dejó caer una carta y la copia diaria de El Profeta. Harry tomó ambas y sonrió al leer el remitente de la carta. Era de Hannah, su mejor amiga, para no decir la única.
Hannah era una chica que Harry había conocido a los seis años cuando ambos vivían en un orfanato de Londres, se habían hecho amigos al instante, incluso habían compartido hogares de acogida un par de veces. Ella había sido de las afortunadas, hacía cuatro años que la habían adoptado, esto le había dado esperanzas a Harry de que tal vez a él le pasara lo mismo… Pero nunca ocurrió.
Después de caminar lo suficientemente lejos de la casa de los Rosewood, Harry se sentó en una banqueta para empezar a leer la carta de Hannah.
"Querido Harry;
¡Muchísima suerte hoy! ¿Estás asustado? Yo lo estoy y no tengo nada que ver con esto, anoche devoré toda una caja de grageas de la ansiedad que me da lo que vas a hacer (por accidente me comí una con sabor a vómito, fue asqueroso, gracias) Se que para estas alturas ya conoces mi opinión y es obvio que ésta no te importa (¡mocoso testarudo!) pero por última vez te lo diré: no te apresures, aun somos unos niños aunque digas que no y cualquiera puede adoptarte, no deberías perder la esperanza.
Bien, una vez dicho eso, te deseo mucha suerte hoy, tal vez hasta te cae bien el tipo, ¿Quién sabe? Y si no, no interesa, solo consigue que firme la maldita planilla, que te de el nombre y ¡listo! Libre como una lechuza.
Escríbeme cuando puedas, ¡quiero todos los detalles!, mucha suerte de nuevo. Con todo mi amor, Hannah Tanner.
PD: Mamá acaba de decirme que hoy iremos al callejón Diagon para almorzar y empezar con mis compras para Hogwarts, envíame una carta si quieres que nos encontremos en el Caldero Chorreante, ¡ojala puedas llegar!"
Como siempre Harry terminó de leer la carta con una enorme sonrisa en el rostro y una sensación de calidez en el pecho. No importaba lo nervioso, triste o molesto que estuviera, Hannah siempre encontraba la manera de hacerlo sonreír.
Suspiró con algo de abatimiento al leer que su amiga iría a recoger sus materiales para ir a Hogwarts, Harry siempre había deseado asistir, ¿Cómo no hacerlo? Era el mejor lugar para convertirse en un buen mago. Por desgracia, eran muy pocos los huérfanos que recibían su carta de aceptación. La mayoría, Harry incluido, tenían que conformarse con un mediocre tutor del Ministerio.
Guardó la carta de Hannah y decidió que le escribiría desde el servicio de cartas del callejón, le hacía mucha ilusión almorzar con ella.
Harry sabía que si quería llevar a cabo sus planes de ese día necesitaría todo el coraje posible y había algo que siempre se lo proporcionaba. Tomó el diario que le habían entregado y empezó a buscar su sección favorita, había días en los que no salía pero sonrió aliviado cuando la encontró.
El Mundo Según Lily
"Entonces, así están las cosas: Adam consiguió entradas para el Mundial de Quidditch que se realizará dentro de un mes y por varios días traté de inventar excusas para no tener que asistir porque asistí al pasado y un evento así de odioso debería vivirse solo una vez en la vida…"
Harry rió por lo bajo y sacudió la cabeza. Él amaba el Quidditch y no entendía porque a Lily no le gustaba, a veces se sentía herido por sus crueles comentarios sobre éste pero admiraba como era capaz de destruir el deporte favorito de todo el Mundo Mágico sin importarle nada.
"…pero entonces pensé que tener una relación adulta y saludable incluye hacer concesiones por la otra persona y llegue a la conclusión de que si accedo a acompañarlo al Mundial entonces dejará de hablar de matrimonio por un tiempo ¡Gracias, Merlín! (PD: Adam me matará cuando lea esto. Lo siento, cariño)
Poco a poco Harry sentía como el pecho se le llenaba de confort y seguridad, no sabía porque pero esa columna siempre había sido capaz de calmarlo. Era como si Lily supiera que decir y justo como decirlo.
El chico tragó saliva antes de buscar entre los documentos para su emancipación el pergamino con la dirección que había conseguido unos meses atrás en su archivo de servicios sociales. Ir a ese lugar sería más difícil de lo que había pensado, no estaba muy seguro de que diría al llegar pero si de que no se iría hasta conseguir la firma y el nombre, como había dicho Hannah.
Por última vez antes de ponerse de pie para finalmente hacer lo que tenía que hacer, Harry leyó el nombre y la dirección que estaban escritos en aquel pergamino.
"Padre: James C. Potter
Dirección: Brooms on Fire Bar, Callejón Diagon, 3era transversal."
-Nunca jamás, Moony… Te juro que nunca jamás…
-¿Qué cosa? ¿Nunca volverás a beber?
-No… Nunca jamás dejaré que Peter vuelva a escoger la música, ¿Quién dijo que The Snitches es buena elección para una fiesta?
-Jódete, Padfoot.
-Ya tú me jodiste anoche con esa música, querido Wormtail.
-Sirius, shhh… Tu voz no es el sonido más agradable para escuchar cuando se tiene resaca.
-Aw, Moony, ¿a quien engañas? Si sabes que amas el sonido de mi… ¡Auch! James, no es de caballeros lanzarle cojines a la gente con resaca.
-Que bueno que yo no soy un caballero. –Respondió el aludido con la voz medio dormida.- Vamos, perrito, si eres bueno y dejas de ladrar, más tarde te daré una galleta.
Sirius le dedicó un gesto grosero con el dedo a su mejor amigo haciendo que los otros dos soltaran una risita por lo bajo. James también se hubiese reído de no haber tenido el rostro escondido en uno de los cojines del sofá en el que estaba durmiendo y por lo tanto no había visto el gesto.
Esta era la imagen: cuatro merodeadores y supuestos adultos tirados en distintas esquinas del departamento de James Potter y Sirius Black luego de otra de sus "legendarias" fiestas. James no recordaba mucho de lo que había pasado después de las 12 pero el dolor de cabeza que tenía solo podía indicar que había sido una noche genial.
Eso era el paraíso para él, fiestear con sus cuatro mejores amigos y otro montón de gente hasta que saliera el sol, no importaba las consecuencias del día siguiente, como que el lugar era un desastre o que todo el cuerpo le pasaba factura porque ya no tenía 21, todo eso valía totalmente la pena.
-Ay no… ¿Es mi turno de limpiar, cierto? –James escuchó a su amigo Remus preguntar.
-¿Qué? ¿Tú si puedes hablar? –Preguntó Sirius fingiendo indignación.
-Creo que era turno de Peter…
-Ni lo sueñes, yo limpie la última vez y además tuve que deshacerme de la chica con la que Sirius pasó la noche.
-Ja, cierto, buen punto, Pete. –Rió Padfoot.- Se lo ha ganado así que a limpiar, lobito.
-Sirius, no lo llames así… -Murmuró James, irritado porque no se callaban.
-¿Por qué? ¡Es un lobito!
-Y tú eres un idiota pero no te llamo así, ¿o sí?
-De hecho sí, Moony, sí lo haces y déjame decirte que me lastimas. –Respondió Sirius con un exagerado tono de lamentación.
-Por Merlín, Black, cierra la boca…
-Oblígame, Potter. Vamos, intenta obligarme con la resaca que cargas.
James movió su mano hasta el bolsillo de su pantalón donde siempre guardaba su varita pero justo cuando estaba a punto de tomarla para echarle a su amigo un encantamiento silenciador, tocaron la puerta. A esto le siguió un gruñido colectivo.
-Padfoot, abre ya que tanto quieres hablar.
-Ni lo sueñes, Prongs, con este dolor de cabeza no puedo ni mantenerme de pie.
-Debe ser el chico del Firewhiskey para entregar el nuevo pedido, eres el encargado del bar así que atiéndelo
-Es muy temprano, que vuelva después.
-Son las diez de la mañana, ve.
-No.
-Sirius, ve. –Dijo Remus.
-¿Qué? ¿Tú también?
-Y yo también. –Se unió Peter.- Abre.
-Están soñando si creen que voy a…
-¡Abre la puerta, Black! –Le ordenaron los tres a unísono.
-Malditos sean, ¡De acuerdo, de acuerdo! –Gruñó éste, poniéndose de pie.- Si lo que dicen los Muggles es verdad y existe un infierno, juro que los tres irán a parar directo ahí.
-Y tú no irás a muy lejos, Pad… ¡Auch! ¡Eso dolió!
James rió por lo bajo, no veía lo que había pasado pero por lo que escuchaba podía decir que Sirius le había dado una patada más que fuerte al pobre Peter.
El mago de 31 años escuchó como su mejor amigo abría la puerta de la entrada, que quedaba en el piso inferior y decidió que podría dormir un poco más, Sirius podía encargarse de las entregas por un rato y luego volvería a unirse a su tradicional mañana de quejas y resacas tras una fiesta. No sería sino hasta la noche que tendría que abrir el bar al público y como le encantaba su trabajo aquello no representaba una molestia.
Así era James, amaba no tener ninguna responsabilidad verdaderamente importante en su vida, así todo era increíblemente fácil, relajado. Lo único por lo que tenía que preocuparse verdaderamente era por él mismo y por sus tres amigos. Pero ya, eso era todo.
Aunque no por mucho tiempo.
-¡Oh, Prongsy! –Escuchó a Sirius llamarlo desde el piso de abajo, con una voz cantarina que usaba cuando se estaba burlando.- Será mejor que bajes, hay una personita muy especial buscándote.
Harry nunca se había sentido tan nervioso como en ese momento, no tenía grandes expectativas acerca de la persona que estaba buscando, hacía ya un tiempo que había dejado de soñar con un padre perfecto, pero aun así tenía miedo de ver a la persona que le abriría la puerta.
Claro que no ayudaba en nada a sus nervios el hecho de que ya hubiesen pasado cinco minutos y nadie se dignara a abrir. El chico bufó con fastidio y volvió a tocar, esta vez con más insistencia, si pensaba que iba a irse tan fácil se equivocaba.
-¡Ya voy, ya voy! –Escuchó a una voz exclamar.- Merlín, además de inoportuno, impaciente…
Harry se sobresaltó al escuchar aquello. ¿Era él? ¿De verdad? ¿Finalmente iba a conocerlo? Su corazón empezó a latir con fuerza en su pecho.
Pero volvió a acompasarse en el momento que un sujeto de unos treinta y tantos, cabello negro largo y ojos azules abrió la puerta, Harry había vivido en suficientes hogares de alcohólicos para saber como se veía una resaca y ese sujeto definitivamente estaba teniendo una.
Pero lo que Harry sabía más definitivamente era que ese no era el hombre al que estaba buscando, no solo porque no se parecía en nada a él, sino porque algo dentro de si se lo decía. Ese no era su padre.
-Hey, tú no eres el de las entregas. –Dijo el sujeto, se veía que hacía un esfuerzo por abrir bien los ojos.- ¿Quién rayos…?
No terminó la pregunta ya que sus ojos se abrieron grandes como platos al mirar bien a Harry, haciendo que este diera un paso hacia atrás de manera instintiva. El tipo que había abierto la puerta parpadeó varias veces de forma incrédula, era casi como si no creyera que había un chico de trece años parado frente a él.
-¿Qué eres? –Preguntó atónito.- ¿Eres una broma?
Harry subió una ceja de manera inquisitiva. Este era uno de los borrachos más peculiares que había visto y había visto muchos.
-No, soy un adolescente. –Respondió Harry con obviedad.- ¿Y tú eres una broma?
El hombre abrió incluso más los ojos al escucharlo dar esa respuesta. Harry empezaba a cuestionar su salud mental.
-Disculpa, ¿Qué me dijiste que querías?
-No te lo he dicho… Como sea, estoy buscando al dueño de este bar... A no ser que tú seas el dueño, en ese caso me he equivocado de dirección porque definitivamente no eres tú a quien busco…
-Hey, ¿y por que no puedo serlo? –Preguntó el hombre, ahora se veía divertido.- ¿No soy suficiente para ti, niño?
-¿Qué…? No, no es eso solo que… -Suspiró, eso le estaba llevando demasiado tiempo.- Estoy buscando a James Potter, ¿vive aquí?
-Apuesto a que sí. –Rió el hombre para la sorpresa de Harry.- Esto será genial… ¡Oh, Prongsy! Será mejor que bajes, hay una personita muy especial buscándote.
-¿Personita especial? –Preguntó Harry.- No soy una personita.
-Bueno, un adolescente especial, ¿así está mejor, niño? –Bromeó.
Luego siguió examinando a Harry con la mirada, aun lucía sorprendido pero ahora la diversión se había unido a su expresión. Esto empezaba a poner a Harry increíblemente incómodo.
-Disculpa, ¿me parezco a alguien que conozcas?
El hombre soltó una inmensa carcajada que desconcertó a Harry. Sip, definitivamente ese tipo estaba loco.
-Ni te imaginas, niño… Merlín, sabía que algún día algo como esto pasaría, honestamente pensaba que me buscarían a mí pero que alivio que no sea así…
Harry estaba a punto de preguntarle cual era su problema cuando una voz habló por detrás de aquel hombre provocándole un escalofrío.
-¿Se puede saber de que te ríes, Padfoot? –Preguntó un hombre que se acercaba a la puerta.- Si le echaste una maldición al de las entregas y tenemos que cambiar de distribuidor te juro que…
Padfoot se hizo a un lado con una sonrisa divertida para darle espacio al hombre que acababa de aparecer en el umbral de la puerta.
Harry sintió como si los ojos se fueran a salir de sus órbitas en el momento en que lo vio, ahora entendía porque el otro sujeto había actuado así. De inmediato supo que era él. No solo porque era físicamente idéntico a Harry en maneras que eran casi ridículas, simplemente lo supo, algo en el fondo de su ser se lo decía.
Aquel hombre, James, parecía haberse dado cuenta de lo mismo ya que examinaba a Harry de pies a cabeza con una mirada entre aterrada y atónita. El chico trago saliva, había imaginado ese momento millones de veces y estarlo viviendo era bastante surreal. Entonces la mirada de James se detuvo en la de Harry y éste vio como el otro tragaba saliva y una oleada de realización atravesaba su rostro. El color de los ojos de James era avellana, así que el chico supuso que el verde de los suyos debía haberlo heredado de… Pues de ella.
-Tú… Tú… -Empezó a decir James, casi sin habla.- ¿Quién…? ¿Qué…?
-Emm… Hola. –Dijo Harry tratando que no le temblara la voz. Entonces decidió ir al grano y no alargar más el momento.- Mi nombre es Harry… Harry Potter, soy tu hijo.
PD: Si tienen dudas sobre la historia déjenmelo saber y con mucho gusto aclararé.
