01.- El señor Williams existe
"El café debe ser negro como el infierno, fuerte como la muerte y dulce como el amor" [Proverbio turco]
Desde hace muchos años ese libro había sido un lastre en la espalda de Severus, ninguna de sus otras obras le había costado tanto trabajo como este. No pedía mucho, solo ese chispazo de inspiración que le terminara de dar forma su personaje, pero el esquivo señor Williams se escapaba de su mente.
Quizás su amigo de años, Lucius, había tenido razón y lo que necesitaba era un descanso, y era por eso que le hizo caso a su editor para ir a un pueblo tranquilo y dado que en el pueblo que eligió daba la casualidad de que vivía uno de los mayores historiadores sobre el tema que trataba su libro, mataba dos pájaros de un tiro, descansaba y obtenía más información sobre el tema de su libro, aun cuando el personaje principal no terminaba de cuajar.
Llegó al pueblo de Hogsmeade cerca de las siete de la noche y desempaco sus cosas en aquella curiosa posada, la señora Rosmerta insistió en darle un cuarto cuando paro a comer ahí, ahorrándole el buscar un hotel por él mismo y así también podía evitarse pensar donde comer, pero en esos momentos lo que mas le apetecía era tomar un buen café y ya había probado el de la señora Rosmerta y no era bueno.
Preguntando, los lugareños le indicaron que el mejor café de la zona estaba en la cafetería de la universidad de Hogwarts, justo la que estaba pegada a los invernaderos por que la principal no tenia tan buen café como esa otra. Severus se encamino hasta el impresionante castillo convertido en universidad y luego de caminar lo que le parecieron horas pero que solo fue unos veinte minutos se encontró con una cafetería muy bonita.
Estaba justo como le dijeron, al lado de los invernaderos, la cafetería era en si un invernadero abandonado que fue convertido en cafetería y tenía varias mesas repartidas con vegetación trepadora por todo el domo y la estructura de metal de las paredes dándole una apariencia curiosa pero acogedora.
Severus se sentó en una de las mesas y pronto lo atendió una chica de cabello largo y esponjado y los dientes del frente un poco grandes y abiertos.
—Hola, ¿Qué te sirvo? —.
—Café negro—.
—Uhmm, ¿Qué opinas de un capuchino? El café negro aquí es algo fuerte—.
Severus estaba empezando a replantearse si haber ido ahí había sido una buena idea.
—Me gusta el café negro, el capuchino siempre es solo café latte con espuma—.
La joven sonrió.
—¿Qué opinas de esto?, te traigo tu café negro y un capuchino de cortesía, solo para que lo pruebes—.
—¿Cuál es tu insistencia de eso? —Severus no entendía por que la joven insistía con el capuchino.
—Ok, seré sincera. El barista es mi amigo y siempre se queja de que no puede hacer lo que aprendió en su curso porque todos aquí piden o café negro desde expresso hasta cortado o piden lattes que solo es café con leche y algún saborizante si gustan. En verano todos piden smoothies o café helado, pero nada más. Tiene más suerte haciendo los bocadillos que los cafés que aprendió a hacer—.
Severus supuso que no le hacía daño un café gratis, después de todo, la joven dijo que era una cortesía.
—Esta bien, venga ese café gratis—.
—Gracias, gracias, mi amigo estará muy feliz ¿Quieres alguien bocadillo o pastel con tu café? También sería cortesía—.
Ya que la joven estaba tan dadivosa...
—Un bagel de Roast Beef—.
—Enseguida traigo tu orden—.
Severus empezó a divagar viendo a los estudiantes y algunos profesores ir y venir del café, había un profesor tan pálido que parecía fantasma e incluso caminaba como un alma en pena, pero solo pidió la más grande jarra de café con tapa que alguna vez viera, la cual el barista llenó con presteza, o eso supuso, ya que solo veía un par de brazos desde donde estaba sentado. Luego entro un grupo que venía evidentemente de un partido y el barista tuvo su orden de café con sándwiches en menos de unos minutos, al menos el barista amigo de la mesera, parecía ser muy hábil y eficiente.
Unos diez minutos después, la chica regreso con dos cafés y su bagel.
—Aquí tienes, que lo disfrutes—La chica siguió tomando pedidos y entregándolos mientras Severus se sorprendía por lo que le entregaron.
Un café negro americano, pero con la fuerza de un expresso, al lado de la taza, en el plato, habían colocado tres cosas, pequeños cubos de azúcar, un sobre de edulcorante y una bola de chocolate oscuro macizo. Probo con la bola de chocolate y su café tomo un nuevo cuerpo que nunca hubiera esperado.
El capuchino era justo lo que él conocía como capuchino. La mayoría de los baristas y sobre todo los que servían en lugares para jóvenes, confundían el café latte con el capuchino, pero este barista no. La hoja dibujada en la espuma le saludaba desde la taza y tenia ese balance justo de leche y café.
Severus no dudo que el bocadillo que pidió, el bagel, fuera incluso hecho por el barista con verdadero Roast Beef en vez de la versión preenvasada que abundaba en las cafeterías. Si no fuera por que los bocadillos no eran una comida adecuada para todos los días, Severus hubiera estado tentado a comer ahí todos los días. El lugar era muy tranquilo y sereno y los estudiantes no eran los clásicos bulliciosos de casi todas las universidades.
—...¿Cuál es el veredicto? —Severus estaba a la mitad de su bocadillo cuando la joven regreso.
—Es bastante bueno—.
—Le diré a mi amigo que le gusto—.
—Bien, ¿Cuánto te debó? —.
—Nada, incluso tu café negro es de cortesía—.
—Insisto—.
—¿Vendrás a tomar tu café aquí? —Severus pensó sobre que clase de pregunta era esa, pero definitivamente conocía la respuesta.
—Si, por supuesto—.
—Entonces todo es cortesía, pero el siguiente café tendrás que pagarlo—Le dijo la joven y le guiño un ojo. Severus supo por que era una cortesía. Tácticas de venta. Normalmente le molestaría sentirse manipulado por tácticas de venta usadas en marketing, pero esta vez el producto era bueno, no como la mayoría de las cosas producidas en masa.
—Gracias, vendré mañana—.
—Hermione, me llamó Hermione, pero mañana no trabajo aquí. Puedes ir directo al mostrador y decirle a Harry, él es el barista. Cualquier café que se te ocurra, el seguro lo hace. También hace unos bocadillos muy buenos ¿No crees? —Hermione se fue sin esperar respuesta y Severus enfilo sus pasos hacia Hogsmeade.
Al día siguiente fue a solicitar una cita con el profesor que había ido a ver y su secretaría la agendo para después su última clase de ese día a las ocho de la noche. Severus ocupó el tiempo para vagabundear por el campus, vio a unos pelirrojos idénticos molestar a otro más joven, hermanos, presumiblemente y junto a ellos, a la joven que lo atendió el día anterior. Estaban muy lejos como para que lo notarán así que observo todo el intercambio con interés. La joven podía servirle de inspiración para un personaje, tenía el tipo de mejor amiga con aire maternal, pero sin llegar a ser completamente maternal.
Su personaje hasta el momento no tenía un mejor amigo o amiga, así que pensó que esta chica podía servirle como modelo, quizás en una de esas tardes en el café podía entrevistarla y explicarle para que necesitaba cierta información sobre ella. Le gustaba la personalidad de la chica.
Cerca de las cuatro, empezó a sentir algo de hambre y se dirigió a la cafetería, ignorando la más grande que estaba dentro del castillo, simplemente estaba demasiado abarrotada y no se sentía agradable como la otra. Estaba bastante vacía para la hora que era, pero eso jugaba a su favor. Severus prefería comer lo más silencioso posible.
Se dirigió al mostrador como le había dicho Hermione el día anterior y se topo con su personaje en carne y hueso.
—¿Qué se le ofrece? —Contrario a su amiga, este joven era más "chapado a la antigua" y prefería dirigirse a los clientes de usted.
—Yo... ¿Qué tienes comestible? —El joven hizo una mueca entre despectivo y divertido.
—Depende, prefieres carne, vegetales o algo dulce—.
—Carne—Eso pareció suavizar el desprecio en el rostro del joven.
—Tengo bagels, chapatas o sándwiches, pizza si prefieres algo con queso—.
—Un sándwich estará bien—.
—¿De que carne? —.
—Sorpréndeme—.
—De acuerdo ¿Alguna bebida para acompañar? —.
—¿Tienes café irlandés? —.
Esa pregunta hizo que algo se encendiera en el joven por que sus ojos parecieron refulgir con alegría.
—Lo puedo hacer, siéntese donde guste, le llevare su orden—.
—Si no es molestia, prefería permanecer aquí, me gusta ver como preparan mi comida—.
—Como guste—.
El joven era bajo para ser universitario, parecía apenas de 16 o 17 cuando seguramente tendría alrededor de 20 o 21, quizás, primer o segundo año de alguna carrera, cabello negro, revuelto como si apenas se hubiera levantado y ojos verdes, justo como había imaginado a su personaje, el señor Williams.
—Disculpa, ¿Cómo te llamas? —El joven de ojos verdes no contesto, primero acabo la taza de café, un humeante y aromático café irlandés perfecto.
—Harry, me llamó Harry—El joven entregó el café y continuó con el sándwich. En cuanto estuvo listo, le entregó el plato a Severus, un sándwich de jamón curado.
—Gracias—.
—Serían 2 libras—Severus pagó y se fue a sentar a una mesa.
Observó al joven mientras trabaja en la casi vacía cafetería. Iba de aquí para allá, avanzando en preparativos para... algo, como si supiera que estaba por pasar mucha gente, quizás cientos de clientes, pero eso no podía ser, la población estudiantil era apenas mayor a 2000 alumnos, y aun con todos los profesores y empleados, no superaba los 2500 además de que había al menos otras 4 cafeterías en el campus-castillo además de la cafetería principal "El Gran Comedor" en el área central.
Severus se equivocó. Había más gente que el no había contemplado, los parroquianos de Hogsmeade, más específicamente, los clubes. El club de Bridge y Criquet locales hicieron su primer arribo y Harry ya estaba despachando una orden que parecía ser la usual de ambos, una tanda de 20 cafés y pastelillos de lavanda, limón y nuez, variados. Una tanda de 30 cafés con canela y sándwiches de pavo, jitomate y queso mozzarella.
Minutos después de que se fueran ambos clubes, llegaron el club de tejido y el club de cetrería, la zona entre la universidad y el pueblo tenia un bosque bastante amplio lleno de presas de caza, perfecto para las aves de rapiña. Las ordenes de estos clubes eran tan extensas como las anteriores y así sucesivamente, Harry vio al menos otros 6, quizás 8 clubes.
Luego de eso, llegaron los estudiantes y los pedidos llegaban y salían con la misma rapidez. Severus estaba asombrado de ver a su personaje tal como lo concibió y un pensamiento lo asaltó ¿Acaso el joven también tendría una historia tan horrible como la que él concibió en su imaginación? No es como si pudiera llegar y decirle "¡Hola! ¿Me permites entrevistarte y verificar si tu vida a sido un continuo infierno? Es para un personaje, soy escritor".
—...Esta usted muy pensativo ¿Esta todo bien? —El joven barista había salido del mostrador y lo miraba con curiosidad. Severus pudo verlo con más detalle y notó que se trataba de un joven atractivo, definitivamente estaba en sus 20.
—Disculpe, estaba pensando en algo, nada más—El joven se encogió de hombros y Severus se fue de ahí hacía la oficina del profesor Binns, el experto que había ido a ver, pero su secretaria lo despacho diciéndole que tuvo una emergencia y ya no podía atenderlo ese día y tendría libre un espacio hasta la semana siguiente.
Severus bufó exasperado, pero no quiso demostrarlo, agradeció a la secretaria y se fue hacia la habitación que estaba rentando.
Harry estaba terminando de cerrar la cafetería, su turno ya había acabado, Hermione tomaba su día libre ese día, justamente por que Harry era muchísimo más productivo cuando estaba a solas. Además de que este día le encantó ver a solas al hombre de cabello negro que Hermione le dijo estaba para comerse, nunca una definición estuvo más cerca de la realidad.
—Hermano, ¿ya estas listo? —Un joven de cabello rojo y pecas algo más alto que Harry llegó de repente.
—Sí, listo ¿Trajiste tu auto? —.
—Nah, los gemelos trajeron su camioneta, ya sabes—.
—Sí, bueno. Vámonos, solo siéntate junto a mi y piensa en tu lugar feliz—.
—Ja ja, muy gracioso. También son tus hermanos. Yo soy tu hermano. Deberías estarme defendiendo de esos dos—.
—Para eso está Hermione—.
—Gracias por nada hermanito—.
—De nada—.
El pelirrojo le dio un zape en la cabeza.
—Ya, larguémonos, empieza a hacer frío—.
Harry y el pelirrojo caminaron hasta el estacionamiento donde otros dos pelirrojos, pero estos idénticos los estaban esperando.
—Hermanito, Ronnie—.
—Gred, Feorge—Harry los saludo.
—Ya vámonos, la cena se enfría—Les dijo "Ronnie".
—Tu siempre pensando en comida—Dijo Gred (¿o era Feorge?).
El viaje hasta la casa de los pelirrojos y Harry llevó apenas una hora, vivían en una casa construida "sobre la marcha" a la que les gustaba llamar "la madriguera" por que antes de que fuera su propiedad había sido una granja de conejos que quebró. Aun había conejos, pero también gallinas, una vaca y un puerquito. Más allá del improvisado establo, se extendía un sembradío de múltiples verduras, hierbas y algunos arbustos y árboles frutales.
La madriguera era el sueño dorado de alguien que amaba cocinar con ingredientes frescos.
Apenas entraron a la casa, fueron recibidos por una ronda de abrazos y besos de una mujer algo regordeta y bastante baja en comparación a sus hijos.
—Mis niños, bienvenidos, la cena esta lista—.
—¡Que bien! —"Ronnie" saltó a sentarse y empezó a servirse.
—Fred, ¿Puedes traer la jarra del café? —.
—Yo soy George, ¿En serio te dices nuestra madre, mujer? —.
—Oh, disculpa George—.
—Es broma, soy Fred—Fred salió corriendo antes de que su madre le alcanzara a dar un zape.
—Cuando no se están llamando Gred y Feorge, están molestándome con eso, Harry querido, siéntate a comer, tu también George—.
—Si mamá—Dijeron ambos jóvenes al unísono.
El resto de la familia llegó, al menos, la que vivía ahí, Percy trabajaba para el gobierno, en una oficina del registro civil, al igual que su padre, solo que Arthur trabajaba en el departamento de derechos civiles. Molly, su mujer, era ama de casa a tiempo completo, pero vendía conservas y pasteles los fines de semana. Ron estaba en el mismo semestre que Harry en la universidad y trabajaba como la mascota del equipo de la universidad, usando una botarga de un Hipogrifo (una bestia mítica con partes de león, águila y caballo) mientras Ginny estaba por empezar su primer semestre en la universidad, la más pequeña de la familia.
Ellos eran la familia Weasley y Harry era lo que se llamaría "El frijolito en el arroz", aunque en este caso era el frijol entre un mar de rojo. Harry era el hermano adoptado de los Weasley luego de que vivió dos tragedias personales si no se contaba su vida hogareña antes de llegar con ellos. Nunca hablaban de esos tiempos, ahora era un Weasley y eso era todo lo que importaba.
Harry era feliz donde estaba. Incluso luego de que le confeso a su madre que era gay, ella no se inmuto, ni ella ni ninguno de sus hermanos. Cuando terminó con su primer novio, los gemelos le hicieron la vida miserable en la secundaria, el último año del infeliz de Michael Corner fue el infierno en la tierra, y luego el muy idiota trato de ligar con Hermione y recibió una ronda de cachetadas de parte de ella como corolario.
Lejos de ahí, en una mansión solariega pero lúgubre, un lord rubio estaba intentando por enésima vez llevar a cabo sus planes con el rico empresario Tom Riddle, si no fuera por que el maldito se encapricho con el joven que estaba al cuidado de sus vecinos, los Dursley, Tom Riddle hace tiempo que habría caído en las redes de su hijo Draco y él hubiera podido llegar a un arreglo monetario con los Dursley por el muchacho.
Ellos eran idiotas de verdad. Creían poder engañar a todos diciéndoles que el joven era un huérfano sin más, pero él sabía quién era el muchacho y esa era la única razón por la cual lo ayudo a huir, o, mejor dicho, su hijo lo ayudó a huir. Eso cambiaba sus planes, su hijo tendría que casarse con el joven y él tendría que conquistar a Tom Riddle. No es que eso le desagradara mucho, él era gay, pero su deber como Lord era dejar un heredero. Afortunadamente, su hijo hacía poco se había casado y enviudado y tenía ahora un hijo propio, así que podía casarse con quien él quisiera sin levantar los temores alrededor de su título.
Solo tenían que esperar a que el joven cumpliera los 21 y eso sería todo. Draco y él serían felices, él sería feliz con Riddle y ya está. Tres grandes fortunas, la Malfoy, la Riddle y la Potter.
—Encuéntrelo, busque por todos lados, incluso por debajo de las piedras y tráigalo aquí—Vernon Dursley iba y venía frente al hombre que tenía en su salón.
—¿Esta seguro de que sigue vivo? Huyo muy joven, quizás murió—.
—No, estoy seguro de que está vivo. El señor Riddle ha estado inquieto y sé que solo esta esperando que su prometido vuelva—.
—Si eso es lo que quiere, lo hare, pero ¿Por qué la prisa? Digo, ha estado perdido por años, 8 años para ser exactos—.
—Esa es toda la información que tendrá, solo... encuéntrelo, Pettigrew—.
—Como guste—El mayordomo le indico la salida al hombre y este salió de ahí. El sirviente no había visto así de nervioso a su jefe desde que su sobrino huyó hace años. Él sabía que tenia que ver con el testamento de sus antiguos señores, los Dursley anhelaban el título de los Potter y solo había una manera de obtenerlo... que el joven Harry apareciera.
—¡Albus! —Vernon estaba gritando y el pobre Albus suspiró. Esperaba, en el fondo de su corazón, que el joven jamás apareciera, o lo hiciera hasta que se cumpliera el plazo del testamento y entonces retomara su legítimo lugar como el heredero de los Potter.
Nota al margen: Como le comenté una vez a una lectora de Wattpad, suelo tener estas ideas que no me dejan en paz, así que decido escribir el primer capítulo antes de que se me olvide la idea. No se preocupen, aunque tengo muchos WIPs, todos van a ser cerrados eventualmente, nunca dejo trabajos abandonados.
Este es un AU, con el tema de barista. Va a ser una historia muy de tipo novela rosa y llena de clichés, quedan advertidos. Espero les guste.
