II. Canto de guerra

Después de años de cruel y sangrienta guerra, todo finalmente había acabado. Los terribles enemigos fueron derrotados y Tokyo Crystal había quedado a manos del poder y la protección de la heredera al trono lunar quien dedicaría su vida a evitar que otro desastre de grandes magnitudes amenazara su existencia. No obstante, la victoria que salvó el reino de la luna tuvo un alto precio: Dorian, principe heredero del planeta Neptuno encontró la muerte bajo el filo de una espada que atravesó su corazón. Chaol, principe segundo del planeta Urano había perecido en medio de la locura que le producía ver a sus semejantes morir, Lady Plut, perdió a su marido, miles de soldados e incluso a sus dos hijos.

La mayoría de participantes de la guerra se encontraban ahora refugiados en la luna. En los pasillos, Lady Neptune, esperaba noticias sobre Lady Venus, Lady Saturn y su padre el Rey. Quería saber si ellos estarían pronto en la lista de los caídos. El milenio de plata exigía una reconstrucción urgente por donde quiera que se mirara, solo había destrucción y escombros. Sabía bien que dentro de la capilla del palacio se llevaba a acabo una ceremonia para honrar el alma de los heróicos guerreros que dieron su vida por la paz del milenio. Pero ella prefería estar ahí, admiraba y sentía una profunda tristeza por las vidas perdidas, más no valía llorar por los que ya no estaban, después de todo, ellos ya no sienten dolor. Un eco la sacó de sus pensamientos, un par de pesadas botas de acero que se acercaban al lugar donde ella se encontraba.

-Lady Neptune- Pronunció la figura que había llegado.

La heredera del planeta Neptuno no contestó, como se encontraba de espaldas al portador de aquella voz, giró levemente su rostro para poder verlo. Aquella persona llevaba una armadura perteneciente al ejercito del planeta Urano, su cabello era corto y de color rubio cenizo. A pesar de su apariencia masculina, ella sabía perfectamente que se trataba de la hija primera del fallecido Rey Urano-quien había sucumbido por enfermedad hacía un tiempo antes de la guerra- bajo su brazo derecho cargaba el casco que complementaba su armadura, sus ojos claros destilaban un brillo particular, digno de aquellas personas que han visto lo peor de la guerra, la reconocía porque ella misma también poseía ese brillo. La chica de cabello aqua detallo aquella vestimenta de metal, podía ver con claridad las magulladuras y las profundas marcas producidas por flechas, filos de espadas y garras monstruosas, le pareció ver incluso la sangre de los enemigos se mezclaba con la de los aliados a los que seguramente trato de socorrer.

Lady Neptune dió la vuelta para quedar frente a la guerrera y se aceró a ella hasta pasar por su lado. Lo ojos zafiro de la rubia la siguieron entonces la princesa de Neptuno volvió a mirarla y le hizo un gesto de que la siguiera, más "Lord Uranus" -como prefería que le llamasen- no hizo ningún ademán de seguirle.

-Bien, será aquí entonces.-

Lady Neptune se acercó de nueva cuenta a la actual soberana del reino de Urano manteniendo una distancia prudente, su mente trabajaba a toda velocidad buscando organizar las próximas palabras que le diría a su interlocutora. De todas maneras no era fácil domar al viento.

-Finalmente la guerra terminó- musitó en voz queda- Nuestros reinos necesitan recuperarse para seguir protegiendo al milenio de plata y a la Neo Reina.-

La líder del ejercito de Urano se matuvo en silencio, meditando lo que Lady Neptune le estaba diciendo, después de unos momentos pasó por el lado de la princesa aqua sin esperar que la siguiera, algo que la dama Neptuniana había comenzado a hacer tan pronto noto el movimiento de la rubia. Caminaron hasta salir del palacio de cristal, el viento soplaba trayendo consigo el aroma a polvo y muerte.

-Así es, Lady Neptune. Hemos visto como esas criaturas devoraban a nuestra gente, como los guerreros enemigos partían en dos a nuestros soldados y henos aquí- Señaló los escombros de lo que era el reino lunar-esto es el fin de la guerra- En un movimiento lento, la soberana de Urano bajo su brazo- Esta claro que nuestros reinos deben volver a levantarse pero mi gente no va a cargar con los educados, pasivos y débiles soldados de Neptuno, los guerreros de Urano son fieros y poderosos. Nada comparado a su gente.-

-Si aceptas lo que trato de proponerte podrás entrenarlos como quieras, los que consideres que son fuertes los transformarás en poderosos soldados y los que consideres que son débiles serán granjeros, cazadores o recolectores. Es un equilibrio Uranus. Esta es la clave para levantarnos siendo más fuertes.- Lady Neptune pronunciaba sus palabras con suavidad, observando los gestos de su acompañante.

Sabía que esa propuesta no le agardaba a Lord Uranus pero tenían que tomar acciones pronto, la Neo Reina no daría espera. Sabía que se avecinaban cosas peores.

-¿Qué deseas, Neptune?- La rubia había pronunciado su nombre con asperesa.

-Un trato- Respondió sin inmutarse al tono de voz empleado.

-¿Un trato? Un trato sustentado ¿en que? ni siquiera eres Reina de tu planeta.- Sentenció.

-Iba a casarme con tu hermano tan pronto ascendiera al trono que me pertenece-

-Si, porque él te amaba-Siseo- Te amaba...-

-¿Qué te hace pensar que lo nuestro se basaba en amor?- Cuestionó la joven hija del mar.

-¡Por favor! era más que evidente.-

La chica de cabello aqua suspiro, apenas caía en cuenta que desde que se conocían, ella siempre le había tenido una enorme paciencia a la guerrera de Urano, el humor de su compañera venía del mismisimo infierno, solía sulfurarse con fácilidad, tan pronto se enteró del compromiso que había entre la hija del Rey de Neptuno y su hermano menor, explotó con tal furia que los vientos golpearon con violencia al planeta.

-Tu hermano ya no está, el mío tampoco, mi padre seguramente estará muy mal para volver al trono, tomo la responsabilidad que tengo para con mi pueblo como estoy segura que tu tomarás la tuya ahora que eres la única hija del Rey fallecido.-

Lord Uranus sabía que ella tenía razón pero no le convencía del todo. Lady Neptune formalizó más su idea.

-Uranus, quiero que te conviertas en el Rey de Urano y Neptuno. Es más que obvio que tomaré mi lugar como Reina tan pronto vuelva a mi planeta. Sea como sea debemos seguir adelante.-

La rubia quedó en silencio, al principio creyó que era una mala jugada de Neptune, una broma, pero dada la gravedad del asunto, la situación actual y el semblante gélido que adoptó el bello rostro de la princesa, desechó esa idea rápidamente. Lo pensó durante un momento antes de dejar escapar una sonora carcajada.

-Vaya, ¿la "Reina" no soportará el frío de una cama vacía?-

-No es obligatorio que duermas conmigo, Uranus.- Ante la idea de yacer en la misma cama que Uranus le tiño las mejillas de color carmín, más sin embargo, pronunció esas palabras con neutralidad, intentando controlar la sensación tibía que amenazaba con expandirse al resto de su cuerpo.

-Los tratos son para las personas débiles, Neptune.-

-Y los tercos suelen ser los primeros en morir, Uranus.-

Lord Uranus gruñó por lo bajo y lanzó una maldición, acto seguido dió media vuelta y entró al palacio, la dama de Neptuno se quedó en su sitió, en completo silencio.

Los días pasaron, Lady Venus se encontraba aun en cuidados hospitalarios pero ya estaba fuera de peligro, Lady Saturn tenía un brazo roto y una leve laceración en la cabeza pero su vida tampoco corría peligro, en cuanto al Rey de Neptuno había quedado invalido, por lo que tal y como Neptune había predicho, cedió su trono a su hija. Uranus y Neptune habían hablado poco durante las semanas siguientes a la coronación de esta última, en donde la rubia ni siquiera asistió. Grande fue la sorpresa que se llevo la reciente soberana de Neptuno cuando Uranus, en su mejor traje militar, asistió a la ceremonia que la Neo Reina realizó con motivo de la reciente reconstrucción del Milenio de plata, más sin embargo con un par de miradas y gestos Lord Uranus le había dado la respuesta a Lady Neptune. La Reina de Neptuno pidió permiso a la Neo Reina para hacer un importante anuncio y ante la cara de sorpresa de los presentes anunció su compromiso con Uranus, la boda se llevaría a cabo en cuatro semanas a partir de ese instante.

Los días posteriores fueron una tortura para Uranus, ir de viaje a Neptuno para que el pueblo se familiarizará con quien sería su futuro Rey y estar rodeado de tantos buenos modales la irritaban, no es que ella no fuera participe de los buenos modales pero la gente de Neptuno lo llevaba a otro nivel. Neptune procuraba tener paciencia para ella había sido más fácil ganarse el pueblo de Urano. Finalmente tanto Lord Uranus como Lady Neptune se hicieron a la idea de verse uno al lado del otro la mayor parte del tiempo.

Ante el sabio que debía certificar su matrimonio, Neptune llevaba un traje blanco, bordado con detalles en oro y esmeraldas, con una fina capa elaborada en seda que caía a varios metros de sus pies, su cabello estaba perfectamente arreglado dejando que unos mechones rebeldes enmarcaran su angelical rostro. Uranus por su parte, llevaba el cabello desordenado, llevaba puesto un traje blanco con ornamentos metalizados en el pecho y muñecas-no le gustaba sentirse sin algo rigido que la protegiera- sobre su espalda caía una capa de color azul con bordados en oro. No hubo mucho rodeo, la ceremonia se llevó a cabo y una vez culminada se procedio a hacer la coronación por parte de ambos pueblos, en donde sobre la cabeza de Uranus reposó una corona con decoraciones marinas y sobre la cabeza de Neptune descansaba una corona con decoraciones en plumas, lo que las certificaba como gobernantes de Urano y Neptuno. Era el momento de celebrar.

Una vez bien entrada la noche, Neptune se retiro con cautela de la celebración, a los pocos minutos Uranus la imitó. Se encontraron en la habitación real del palacio de Neptuno, la Reina se quedo en silencio, esperando algún comentario envenenado por parte de Uranus antes de que esta se retirará a sus aposentos en Urano-Habían acordado con anterioridad que a pesar de estar casadas cada una yacería en su planeta- sin embargo, Uranus sonrió levemente y se acercó a ella, retiró su capa de seda y con suavidad tomó el mentón de Neptuno quien tras unos momentos demandó saber que estaba haciendo.

-Esta tarde...-Comenzó la rubia- Me hiciste prometer cosas tan ridículas.-

Lord Uranus redujo el espacio entre ellas dándole la oportunidad a Lady Neptune de que se alejara pero la Reina no se movio y se quedo quieta aceptando el beso. Tentando a la suerte, Neptune despojo de los adornos metalicos a su consorte y retiro su capa azul. Obtuvo como respuesta las traviesas manos de Uranus desabrochando los botones de su vestido.