CAPITULO 2
Aquel planeta, parecía carecer de mujeres, según le habían dicho, o por lo menos el número de estás era muy reducido, y las pocas que habían preferían las peleas o simplemente a tomar por compañero un partido importante, y en este caso el saya más codiciado era el heredero al trono. Sin embargo pese al pequeño número de hembras de ese planeta, lo sayayines no estaban dispuestos a mezclarse con ninguna otra raza, podían conquistarlas, utilizarlas pero jamás su superioridad y orgullo se vería menospreciado al combinarse con seres inferiores. Por lo tanto todas las hembras extranjeras que eran tomadas recibían una dieta especial, para evitar el mestizaje.
Las trataban mejor que a la basura, les daban techo, comida, ropa, no les pegaban, pero a cambio tenían que satisfacer las necesidades sexuales de sus masculinos captores. Y no todos tenían derecho a ellas solo los altos rangos, por lo que estaban confinadas a cierta parte, en este caso, del palacio solo para ellas. El príncipe tenía su propio "harem" por llamarlo de alguna manera, el cual contaba con aproximadamente 50 hembras, la mayoría humanas, y por supuesto tenia sus favoritas, pero no por ello les daba mejores ropas, o un trato digno. Favoritas eran aquellas que lo visitaban con mayor frecuencia para apaciguar su caliente necesidad.
La atención del príncipe últimamente estaba enfocada en una alienígena de ínidga mirada, no sabía el por que pero solo pensar en aquella esclava le hacía hervir la sangre, y había tomado a otras en su lugar en un intento de apaciguar esa estúpida necesidad por ella, pero no pudiendo olvidar su capricho la había solicitado en varias ocasiones. Con sólo pensar en poseerla una vez más, su cuerpo reaccionaba al instante.
El contacto que tenía con ella antes del día que ojos vieran lo que escondía y sus manos acariciaron más de lo que debían, volvió hacer como en un principio. Ella había sido trasladada a la habitación del príncipe únicamente en dos ocasiones más, escoltada por uno o dos guardias, entraba, y tenía que esperar en la puerta la orden de su amo. Ansioso como en una de ellas, lo estaba al verla entrar la acorraló contra la pared, levantó la enorme falda sus piernas separaban las de ella, y su mano lujuriosa comenzaba a recorrer sutilmente sus muslos hasta introducirse en su interior, al sentir su humedad su mano abandonaba a la mujer y cediendo su lugar a su henchido miembro, empujando una y otra vez hasta calmar su deseo, podía tenerla 3 o 4 veces por visita.
Y en la otra, prefirió la comodidad de su cama, a le ordenó tumbarse en ella, mientras él se colocaba sobre ella mientras sus manos apartaban la incómoda tela y actuaban preparándola para él y acto seguido la penetró. Bulma no se explicaba esta actitud, antes la llamaba con mayor frecuencia, sin embargo prefería esto a estar sometida a los vulgares deseos del sayayìn, su cabecita loca no dejaba de tramar tretas.
La mente del Vegeta rememoraba constantemente a aquellas situaciones en las que la respiración agitada de la muchacha le erizaba la piel, el contacto de su pecho aplastando los de ella lo excitaba, y mas a un el recordar el momento en que acarició aquellas hermosas y grandes tetas, los gemidos de su boca al manipular su feminidad tenían un efecto de impaciencia y continuar con aquellas caricias tan solo por escucharla dominada por él, sus labios hinchados por los salvajes besos de los que los hacia presa en momentos de debilidad…había luchado por arrancarla de su pensamiento, de su cuerpo, la había dejado descansar más que a las demás con la esperanza de librarse del hechizo de la mujer de cabellos azules, pero todo aquello era imposible… tal era su turbación que la había mandado llamar en dos ocasiones más en un vano intento por remediar la situación, al contrario se había vuelto una enfermedad, una adicción, y esta noche volvería a estar con ella.
El silencio de aquel enorme pasillo fue roto por los pesados pasos de un par de guardias, quienes escoltaban a una prisionera, vestida con una fea y espantosa camisola, larga y floja al igual que la falda, su azulada cabellera estaba recogida en una trenza. Se detuvieron frente a una de las tantas puertas de aquel lugar, y la hicieron ingresar en la habitación. La mayor parte estaba en penumbras, salvo por algunos de los blanquecinos rayos lunares que se colaban por el ventanal, y que no llegaban hasta donde ella estaba, cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad encontraron la figura del sayayìn al otro lado de la habitación. Sus manos trabajaron rápida y hábilmente en su atuendo, evitando hacer el menor ruido posible mientras se desnudaba.
- ¿qué haces?- la pregunta la tomò por sorpresa
- Nada
- Acércate – La orden había que había sido emitida por una voz profunda y ronca.
Bulma obedeció, fue acercándose lentamente, el se adelantó unos cuantos pasos y la luz iluminó parte de aquella poderosa figura sin embargo la penumbra seguía ocultando su rostro. Las negras orbes del saya se abrieron como platos al observar el femenino cuerpo completamente desnudo iluminado por los rayos lunares, estaba completamente atónito y ella continuaba acercándose a paso lento. Observó perfectamente su hermoso rostro adornado por un par de brillantes y azulaceos topacios, su fina nariz, sus delgados labios carmesí que dejaban escapar los provocados gemidos, que había probado violentamente, su delgado cuello que bajaba hasta sus hombros, y más abajo sobresalían dos grandes y voluptuosas senos, en cuyo centro se erguían un par de rosáceos y grandes volcanes, que subían y bajaban al compás de su respiración. Vegeta contuvo el aliento, la sangre le subió a la cabeza, la excitación de su pene fue inmediata, sin embargo el seguía inmóvil contemplándola. Su mirada continuó recorriéndola, la estrecha cintura llevaban su mirada hacia su pronunciada cadera y mas abajo unos rizos cubrían aquel lugar donde sus dedos habían tocado, manipulado, acariciado muchas veces consiguiendo su humedad y donde su pene había entrado a satisfacer su ambición.
Finalmente Bulma se detuvo a poca distancia del futuro soberano, esperando una nueva órden, pero esta no llegó, un momento se convertía en horas, esperando que todo saliera como quería, decidió dar un paso más, haciendo desaparecer el espacio entre ellos y sus labios besaron los de él tiernamente, el saya no hacía ningún movimiento, estaba paralizado.
Vegeta sentía los dulces labios de Bulma en los suyos, estaba completamente confundido las nuevas sensaciones que ella le causaba no sabía si lo asustaban, si le gustaban si le inquietaban pero lo que si sabia era que le estimulaban sobremanera, había decidido en ese momento poseer a la terrícola tantas veces fuera necesario hasta verse libre de su necesidad por ella.
Vegeta profundizó aquel beso, devorando y recorriendo la boca femenina con su lengua, y ella le respondía de igual manera, mientras sus manos se encadenaban a su cuello y las de él se posaban en sus nalgas y la apretaban contra su cuerpo y entonces Bulma sintió de inmediato la excitada virilidad de su amo en su vientre. En un movimiento brusco Vegeta se separó de la mujer rompiendo el beso y el contacto físico.
- Quiero observarte otra vez – diciendo esto sus ojos se clavaron en sus enrojecidos labios, y luego en su pecho que subía y bajaba completamente agitado. Sus manos se dirigieron al rostro de Bulma, lo acariciaron suavemente y sin prisa, sus ojos, sus labios, bajaron por su cuello hasta sus hombros, continuaron descendiendo hasta su pecho, y comenzaron a manosearlo, cada mano en cada uno de sus senos.
- eres muy suave mujer – le dijo mientras sus manos los apretaban y entonces un gemido escapó de su boca,
- ¿te gusta que apriete tus tetas?
- Sí…- dijo con voz entrecortada.
Sus manos continuaron jugando suavemente en aquella zona, después recorrieron su cintura y al llegar ala cadera volvió a aferrarla hacia él, mientras la besaba y la guiaba hacia su lecho, ella se aferró al cuerpo masculino y sintió nuevamente los efectos de aquella excitación en su vientre.
Entre febriles besos la recostó en la cama y finalmente la falta de aire les hizo separarse el volvió a mirarla totalmente maravillado, bajo de él estaba la mujer que tanto había deseado, su espléndida desnudez lo fascinaba, y ahí sometida bajo su peso quiso observarla temblar sometida a sus caricias, quería escucharla rogarle su ego necesitaba saber que el no era el que la deseaba sino al revés y una sonido ronco de una seductora invitación proveniente de sus labios lo trajo la realidad.
- oooooooooh, por favor ……..continúe –
Diciendo esto tomó masculinas manos y las llevó hasta sus pechos incitándolas a acariciarlos, el se dejó guiar sorprendido perdido unos instantes en esa clara mirada llena de deseo, y al sentir la dureza de los pezones y la suavidad de sus voluptuosos pechos bajo sus palmas tomó la iniciativa y como hiciera antes, pasó sus pulgares sobre la zona rosa viendo como los pezones cedían ante la presión de estos, apretaron gustosamente aquel par de blancas montañas como si se tratara de una exprimirle jugo a una dulce y delicada fruta, extrayendo los mas dulces gemidos de la femenina boca. La hembra se retorcía debajo de él, y sin quererlo se restregaba contra su dura masculinidad.
Bulma gozaba al sentirse por primera vez como mujer y no como objeto, gozaba el triunfo haber llevado Vegeta hasta ese punto, pero sabía que no era suficiente, pero en este momento eso no importaba, estaba disfrutando todo lo que él le hacía.
- Oh mi príncipe- gimió
Vegeta se posesionó salvajemente de su boca, Bulma enredó sus dedos en la negra cabellera, sus rostros se separaron y las miradas azulaceas y de obsidiana llenas de pasión se encontraron por unos instantes que parecieron horas. Se besaron una vez más y la real boca comenzó a descender despacio por el delgado cuello, llegando a los hombros, sus pechos seguían subyugados por las poderosas manos. Se detuvo un momento como si dudara de lo que tenía ganas de hacer, sus manos se apartaron y sus labios se cerraron en el rosado botón, gimió al sentir el primer beso y a este le siguieron muchos más, cuando Vegeta descubrió lo que su boca podía hacer ahí, no tuvo miramientos y se dedicó a saciar su apetito, besando, lamiendo, succionando suave o apasionadamente, y en ocasiones mordisqueando las suaves zonas con pasión desbordante, abriendo la boca para abarcar mucho o siendo considerado y abarcar solo el orgulloso pezón, gemidos y súplicas clamaban al príncipe continuar.
Mientras su boca se colmaba de placer, la mujer se arqueaba sobando su pelvis contra la de él, mientras el fuego líquido se liberaba entre los muslos, y las manos del príncipe se deslizaban por su vientre y más abajo, mientras sus piernas separaban completamente las de ella, mientras una mano aventurera se descendía por la selva de rizos con un solo propósito, sin embargo siguió de largo encontrando un sendero húmedo, tibio y resbaloso, su mano ascendió hasta la meta recorriendo suavemente sus labios, comprobando la dilatación e instintivamente y la hundió en ella, un grito y un espasmo fueron consecuencia satisfactoria de aquella anhelada invasión a su intimidad. Los intrusos se movían suavemente, consiguiendo más humedad, más súplicas, más deleite a la vez que su boca se hartaba de ella. Llegó el momento en la excitación exigía más que solo caricias y entonces entro en ella, embistiendo a la mujer y llegando ambos clímax, un solo alarido fue suficiente prueba de ello.
Cansado se recostó a su lado pasando un brazo por su cintura, generalmente se tumbaba a su lado y descansaba sin permitirse ningún otro tipo de contacto físico como no fuera netamente para satisfacerse Esa noche algo en el príncipe había cambiado, la forma de tocarla fue absolutamente diferente¿podría ser que al fin hubiera conseguido algo por lo que había estado luchando?...si a eso se le puede llamar "lucha", se tendría que andar con cuidado no podía cantar victoria todavía, y aun así en algún momento de la noche aquella fiebre volvió apoderarse de ellos.
¿Cómo podía ser que deseara tanto a esa mujer? A esa esclava¿por qué siempre aparecía en su mente?...¿por que esa obsesión? Incluso alguna vez llegó a observarla de lejos y no solo el deseo de tenerla a su lado despertó en él, si no que su ritmo cardiaco se aceleró, y sus ojos se maravillaron al verla ¿Qué DEMONIOS LE ESTABA PASANDO?
Gracias por sus reviews espero recibir màs a ver que opinan de este capitulo, abuuur
