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No me pretenecen ni la serie ni ninguno de los personajes, el credito es meramente de los Studios Gonzo.

(Si la serie fuera mía habría mas escenas romanticas entre Hibiki y Dita x3)


... Agua fría - Agua tibia ...

...

Casi no podía creerlo, dos años habían pasado… dos años desde que había puesto el primer pie en aquella nave llena de mujeres, desprovista de cualquier sombra proveniente de Tarak que no fuese la suya. Muy pocas cosas habían cambiado en todo ese tiempo… su edad, su altura, el largo de su cabello, la altura del resto de las tripulantes; estas eran las únicas cosas que, a simple vista, habían cambiado de forma relevante…

-¡Vamos Hibiki, es hora del baño!

…Si, casi nada había cambiado…

-¡Por ultima vez, yo me puedo bañar solo!

Dita hacia oídos sordos a las quejas de Hibiki. Aunque este hubiese crecido esos últimos años, tanto en altura como en fuerza, ella aun podía llevarlo a rastras hasta el baño… quien sabe, tal vez era él que se dejaba llevar a propósito

Vio aproximarse a lo lejos el enorme cartel de la entrada de los baños; este cartel, desde su llegada al Nirvana, solo había presagiado desgracias o accidentes en los que terminaba siendo golpeado sin piedad alguna por un grupo de mujeres (se lo mereciera o no).

Logró escapar después de varios forcejeos de los brazos de su compañera. La esquivó y entró a la división especial que habían creado para él después del accidente que tuvo el día que llego a la nave. Dita, aunque con algunas quejas, se quedo en el lado que tocaba a ella y al resto de las tripulantes. Se quito la ropa y se metió en el agua, estaba tan cálida y reconfortante como siempre. Dentro, el vapor flotaba a diez pies de altura, interpretaba esto como una buena señal ya que el vapor era el mejor método para evitar incómodos accidentes. Solo le restaba relajarse y disfrutar…

-Hibiki, ¿quieres que te frote la espalda?

…Bueno, obviemos lo de relajarse…

Dita había cruzado la división de los baños, no era la primera vez y de seguro tampoco la última; había llegado hasta él con unos pasos tan silenciosos como los de un felino, se sentía casi acechado. Impuso una distancia prudencial al sentir el contacto de los dedos de ella en su espalda.

-¡Te he dicho que no hagas eso! –le regañó. No la pudo ver directamente a los ojos. Era consiente de su sonrojo mas no podía evitarlo; le ocurría siempre que la contemplaba o se acercaban, ya fuese por accidente o a propósito.

Amor… esa era la única explicación existente. Ambos estaban consientes de ella desde el día de su primer encuentro, mas, ninguno sabia como sobrellevarlo. Bueno, al menos lo intentaban…

Se fijo en ella por unos segundos. Desde que había llegado a la nave siempre le había causado curiosidad el cuerpo de las mujeres; por lo que había visto hasta ahora era muy distinto al suyo o al de los demás hombres de Tarak. Lleno de curvas, suave, estilizado, elegante, frágil algunas veces… para el no existía algo más hermoso, aunque nunca iba a aceptarlo frente a Dita o cualquiera de las demás. En una nave llena de mujeres ser un hombre se sentía muy incomodo; era casi como ser un extranjero en un país, sentías que todos te observaban y reprochaban.

La miro al fin a la cara, tenía las mejillas sonrojadas, posiblemente por el vapor (¿o tal vez por algo más?), sus ojos le estaban mirando fijamente en un intento de muda súplica. Bajó la mirada hasta sus labios y de allí a su cuello, sus hombros, y…

Volteó con violencia la cabeza, ¡no!... ¡no iba a mirar allí por mas curiosidad que tuviese!, no sabia el porque pero cada vez que miraba justamente en ese punto su corazón se aceleraba y sentía la sangre subir hasta su rostro… y hacia algunas otras partes que no creía conveniente mencionar. ¡No!, no lo haría.

-Por favor Hibiki, solo una última vez –Dita intento poner la cara y voz mas triste que pudiera. Inteligente… muy inteligente… esa era la famosa "táctica definitiva", la única cosa a la cual él no podía resistirse.

-Esta bien… ¡pero esta es la ultima vez! – nadó hasta donde ella lo esperaba. Había caído de nuevo en la trampa. Se colocó de espaldas y dejo que ella hiciese lo demás. Miro el lugar, hasta ahora parecía vacio, tampoco se escuchaba ningún otro chapoteo; no había nadie que criticara o se burlara.

Sintió de inmediato una sensación placentera extenderse por todo su cuerpo, no le extrañó ni asustó, ocurría siempre que ella limpiaba su espalda. Cerró los ojos para disfrutarla a plenitud. No era provocada por la suavidad de la esponja, tampoco era el embriagante olor del jabón que usaba para lavarle ni los suaves movimientos que hacia al frotar; era la mano que se hallaba posada en su hombro mientras la otra manipulaba la esponja; esa mano que, cada cierto tiempo, se movía por su espalda para quitar el exceso de jabón. La sensación era, a falta de otra definición mas larga y completa, deliciosa

Se avergonzó al instante de ese pensamiento, ¿desde cuando su mente usaba palabras así de… embarazosas?...

Como siempre Dita termino rápido, quito los últimos resquicios de jabón con un balde lleno de agua y le escurrió el cabello. Él solo suspiró por lo bajo, era triste que hubiese acabado tan rápido. Extendió una pierna para separarse, ya era hora de que regresaran a sus respectivos baños…

-¿¡Pero que…!?

Nada lo hubiese preparado para lo que ocurrió. Los brazos de Dita envolvieron su pecho en un suave abrazo, él solo se quedo paralizado sin saber que hacer o decir. Sintió la sangre fluir rápidamente por sus venas de nuevo, daba la impresión de que su corazón peleaba por salir de su pecho; sentía arder el rostro, la garganta se le obstruyo y una extraña sensación apareció en su estomago.

Las suaves manos pasearon lentamente por su pecho y bajaron hasta la altura del estomago, de allí volvieron a subir y luego se separaron definitivamente.

-Hibiki… te ves tan lindo cuando te sonrojas –dijo, acompañó la frase con una leve risa.

-¡Maldición, ya te enseñare yo lo que es tomar por sorpresa a alguien! –le lanzo el agua del balde; ella esquivo el chorro y huyó a toda velocidad. ¡Maldición!, debía tener la cara completamente roja en ese instante. Lo había atrapado de nuevo.

-¡Te espero en el comedor! –grito ella antes de desaparecer por completo en la densa capa de vapor. Podía escuchar su risa aun a lo lejos.

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El almuerzo fue de los mas normal, como siempre ella lo espero con una caja… ¿Cómo era que se llamaba?... ¿obento?, ¿bento?... la verdad ni se acordaba ya, se distraía tanto al comer que sus sentidos se separaban totalmente del mundo exterior, aun mas con almuerzos tan deliciosos como los que ella le preparaba.

Ese día había mucha tranquilidad en la nave, ningún insistente enemigo que los atacara, ninguna nave extraña con la que cruzarse… una modorra se extendía como un potente virus en todos los tripulantes, él no estaba exento. Con pasos lentos se dirigió a su habitación y se acostó en su cama a medio desvestir. Agradecía no dormir más en aquella celda en la que estuvo sus primeros días de estancia en el Nirvana. La habitación era pequeña, aunque él tampoco era muy exigente… mientras la cama fuese buena no tenia ningún problema.

Sintió algo incómodo en su pantalón, hurgó los bolsillos y descubrió un pequeño encendedor plateado. Se lo había regalado su padre cuando niño… había sido en un cumpleaños, no recordaba en cual. Sus palabras al dárselo habían sido: "consérvalo siempre contigo. Nunca sabrás cuando te sea útil".

Lo guardo de nuevo en otro bolsillo y continuó mirando el techo.

Su mente retomó los sucesos de esa mañana, con el almuerzo parecían haberse esfumado pero ahora que estaba solo y en silencio los había recodado.

No iba a negar su atracción por ella, pero aun tenía muchas dudas. Era cierto que ya era una pareja –o algo así, en Tarak no tenían esa palabra, en Mejere parecía que si-, desde ese primer beso ya se habían considerado como una –o por lo menos ella le había dicho que eran una. La verdad era que esto del amor era demasiado enredado-. Varias del Nirvana incluso ya estaban aceptando su cercanía. La pregunta que aun quedaba por resolver era… su futuro.

Sabia muy bien la fascinación de las mujeres por los bebes, había escuchado muchas conversaciones acerca de ellos en el comedor. Siempre había pensado que, si Dita lo quisiese, nunca se iba a poder dar debido a las diferencias entre ambas razas. Después de un año de su llegada al Nirvana, en la enfermería, comprobaron que su ADN era perfectamente compatible con el de la raza Mejere hasta tal punto que era posible que ambos procrearan.

Investigando más sobre la casi extinta raza humana comprobaron que la unión entre hombres y mujeres era posible… la pregunta era ¿Cómo?

Conocía los métodos de fecundación usados en Tarak… del método de las mujeres no conocía mucho, solo sabia que se usaban los mismos fundamentos aunque con distinto medio de desarrollo.

Con un poco más de investigación habían descubierto que, en la época de los primeros humanos, la tecnología para la fecundación externa era inexistente, pero aun así esta raza crecía y se reproducía con mucha rapidez. Descubrieron en uno de sus viajes unos documentos que hablaban de otro tipo de fecundación, la interna. ¿Cómo rayos se hacia? ¿Porque no existían registros escritos o digitales sobre esto en los documentos que habían hallado sobre el ya desaparecido planeta tierra?... bueno, estos eran dos de los grandes misterios de la antigua raza humana.

No estaría mal tener un bebe con Dita –pensó; poco a poco el sueño fue apoderándose de sus sentidos. Una sonrisa se dibujo en sus labios antes de caer definitivamente dormido.

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Era aproximadamente medio día (aunque esto nunca se sabe con exactitud en el espacio); el comunicador general se encendió emitiendo un leve pitido molesto y ridículamente agudo; inmediatamente se transmitió el mensaje:

-Atención, debido a falta de suministros, tanto de agua como de alimentos, y la necesidad de hacer mantenimiento a la nave, pararemos en un planeta cercano para reabastecernos y hacer las reparaciones necesarias. Se les agradece a todas tener sus naves preparadas para explorar el lugar; también lleven armas ya que el planeta no fue identificado en los mapas estelares que poseemos en la base de datos.

Apenas termino de pasar el mensaje desconectó el micrófono. Tenia que hablar con Meia y Parfet sobre cambiar el sonido del comunicador general; aun siendo una cabina prácticamente aislada le llegada ese detestable ruido desde afuera cuando lo encendía.

Se disponía a salir de la cabina. Pronto se dio cuenta que ya era muy tarde… ella ya había llegado…

-Oye, Barnette, ¿no olvidas algo?

-Creo que no –contestó esta como si no entendiese la pregunta. No era la primera vez que afloraba esta breve e infantil discusión; la verdad era tan común que ya ni siquiera necesitaba voltearse para asegurarse que ella estaba tras suyo.

Dita torció la cara, una costumbre infantil que aun conservaba. Barnette sabía a lo que ella se estaba refiriendo.

-¡Esta bien, esta bien! –acabó aceptando. Encendió de nuevo el comunicador. La próxima vez lo desconectaría y se iría antes que ella llegara. El molesto ruido le llegó de nuevo por la puerta entreabierta.

-Rectificación. Se le agradece a todas, y a Hibiki Tokai, estar preparados para descender a explorar.

-Gracias Barnette –antes de que esta última se quejase ya ella había desaparecido por la puerta.

No le gustaba que dejaran de lado a Hibiki; muchas aun no lo consideraban como un compañero, incluso había algunas que lo despreciaban solo por ser un hombre. Lo defendía siempre que otras lo menospreciaban o lo dejaban de lado. Esperaba que, algún día, fuera aceptado como un igual.

Corrió hasta la planta baja, ella también estaba entre el grupo de exploración.

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El planeta parecía deshabitado, por lo menos por personas u otras formas de vida humanoides. Seguramente era un mundo en sus inicios. La temperatura y aire eran aptos para la supervivencia humana, no tuvieron mayores problemas para efectuar algunas exploraciones a pie sin usar mascaras de oxigeno. El sitio estaba lleno de plantas, daba la impresión de ser una enorme selva; se podían ver algunos animales extraños en las copas de los arboles, la mayoría eran muy pequeños, casi como un ratón. Pero, lo mas importante, había comida en enormes cantidades.

-¡Con esto tendremos para casi ocho años! –dijo Jura mientras daba una mordida a una enorme fruta.

-Ten cuidado con esa, no sabemos aun si son venenosas.

Tiro la fruta de inmediato ante el comentario de Meia.

Dita se encontraba cerca de ellas, divertida con toda la situación de Jura escupiendo los trozos de fruta que se había comido mientras se le quejaba a Meia de no haberle avisado antes. Ella misma cargaba un canasto donde iba almacenando las frutas que conseguía. Mas tarde las encargadas de la cocina determinarían cuales eran venenosas y cuales no.

Caminó un poco mas a dentro de bosque, siempre tratando no perder de vista la nave. Pronto lleno todo el canasto y se disponía a regresar cuando escucho un extraño murmullo. Sonaba muy lejano y era apenas audible; no era un animal, de esto estaba segura… tenia cierta música, le sonaba conocido… parecía… ¿agua?

-¡Dita! –escuchó gritar tras suyo, era la voz de Meia- ¡no te alejes demasiado!

-¡Esta bien! –respondió. Avanzó un poco mas desobedeciendo la orden, quería asegurarse de si lo que escuchaba era realmente agua.

No se equivocó. Una enorme catarata apareció frente a sus ojos. Tenía varios pies de altura; el agua que caía por ella era cristalina; no se veían peces ni otros animales acuáticos cerca. Hace mucho tiempo que no veía una ya que la mayor parte de su vida la había pasado en el Nirvana; recordaba vagamente haberse bañado en una catarata cuando tenia apenas 7 años, aunque el agua de aquella no era tan pura y cristalina como la de esta.

Toco la superficie con un dedo, estaba ligeramente tibia, el origen debía ser subterráneo. Retomó el camino con paso apurado, por suerte encontró el sendero por donde había llegado. Las demás ya debían estar subiendo los alimentos a la nave; debía avisarles antes que se alejaran más y perdieran la ubicación del lugar.

-¡Hey, chicas! –gritó al avistar a las demás- vengan a ver esto…

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Esa tarde se decidió permanecer en ese planeta por tres días más o menos, todos dormirían dentro de la nave ya que, aunque aun no se habían encontrado animales peligrosos, tampoco se podía asegurar que no los hubiera. Tres días era tiempo suficiente para terminar la exploración, subir las provisiones, hacer el mantenimiento, disfrutar de la paz que transmitía el lugar… y disfrutar un refrescante baño en la catarata.

-¡Cuidado abajoooo!

Las que escucharon la advertencia no tuvieron tiempo suficiente para escapar, una gran ola mojó a todas aun más de lo que ya estaban, algunas incluso tragaron agua por accidente. Otras valientes se lanzaron al ver que su compañera estaba viva. Aparecieron nuevas olas que mojaron incluso a las que estaban más lejos de los lugares de impacto.

-Esas niñas… – Barnette torció los labios enfadada. Su cabello, hasta hace pocos segundos completamente seco y acomodado, se hallaba ahora mojado y flácido.

-Déjalas ser –rió Jura a su lado-, hace tiempo que no veíamos una catarata como esta. Casi no recuerdo la última vez que me relaje tanto.

Nadie sabía como la mitad de una tripulación podía estar reunida en un sitio tan pequeño (la otra mitad estaba cocinando y haciéndole reparaciones a la nave), y, sin embargo, había aun espacio. Las más jóvenes disfrutaban lanzándose desde las rocas altas; otras nadaban abajo; algunas, no tan atraídas por el nado o las guerras con agua, simplemente observaban a las demás desde la orilla. Solo una persona brillaba por su ausencia… más bien, dos.

-No puede ser que yo sea el único que no valla –se quejo Hibiki. Se hallaba sentado en el comedor de la nave. Hace tiempo que había terminado su plato, solo se hallaba allí por que no tenía nada mejor que hacer.

-Si yo fuera ellas te dejaría ir

Dita se hallaba a su lado; ella aun no se había bañado en la catarata. Él sabia la razón de que no le dejaran ir… además, no iba a ir de todas formas si iba a tener toda una población de mujeres en poca ropa (e incluso sin ropa) a su alrededor. Bueno, al menos tenía con quien hablar…

-Posiblemente valla mas tarde –comentó Dita-, me gusta mas bañarme cuando no hay muchas personas a mí alrededor. ¿Me acompañarías?

-Ni loco –respondió él mirando hacia otra parte.

Ella solo sonrió; en todo ese tiempo había descubierto que a Hibiki no le gustaba estar rodeado de mujeres cuando se bañaba; él siempre se alejaba cuando ella intentaba lavarle la espalda o simplemente cuando lo observaba discretamente desde la otra división del baño. No estaba segura, pero imaginaba que era por las diferencias entre sus anatomías. Tal vez le incomodaba ser diferente a ellas –cosa que quedaba evidenciada aun más cuando estaba desnudo, aunque ella nunca había visto mucho ya que él no le había dejado-.

La puerta del comedor se abrió, varias entraron, vestidas pero con sus cabellos aun húmedos. Era ya la hora del almuerzo. Tanto Hibiki como Dita se levantaron y fueron por distintas rutas.

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Era ya de noche. Casi todas habían entrado ya a la nave, solo unas pocas aun se estaban bañando en la catarata. Dita estaba entre ellas.

El cielo estaba oscuro, alumbrado solamente por las estrellas y dos lunas blancas como la nieve, únicos satélites naturales que poseía el planeta; la temperatura tibia del agua alejaba el frio nocturno de los cuerpos que aun permanecían en ella. Había 7 personas en total bañándose; pronto el número se redujo a 4, después a 3, 2… pronto solo quedo una persona nadando lentamente en el agua. Pasado cierto tiempo, no se veía ya a nadie…

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El prolongado baño parecía surtir efecto, muchas habían ido a sus camas temprano con caras soñolientas y grandes bostezos; algunas pocas aun conversaban animadamente en la fuente o en el comedor, con claros signos de cansancio y felicidad en sus rostros. Parecía que ya todas habían regresado de la catarata. Era su hora de actuar.

Con mucho sigilo caminó por los pasillos y salió por la puerta evitando cruzarse con alguna de las tripulantes. No quería tener que responder preguntas innecesarias, él solo quería tomar un baño y nada más. Afuera hacia frio, pero no el suficiente como para enfriarle el ánimo. Caminó entre los espesos arbustos. Aunque no había visto la catarata debido a que el grupo de exploración en el que había participado tomó otra vía, había escuchado como llegar hasta ella. Tenía que agradecérselo a Dita; aunque ella posiblemente ya estaba dormida en su habitación.

Escuchó un lejano sonido de agua corriendo, apresuró el paso...

No tuvo mayores problemas en llegar, solamente un accidente con unas ramas y sus pantalones, nada que no pudieran arreglar después las expertas en costura de la nave. Llegó hasta la orilla; no se veía a nadie bañándose ni a ningún animal que pudiese representar una amenaza. El agua estaba cristalina, parecía mas un espejo liquido. Emanaba un cierto calor. Ahora si podría disfrutar de un buen chapuzón al aire libre. Se quito la ropa con rapidez y la dejo en un sitio seguro.

Entró de un salto, el agua estaba tibia… muy relajante; nadó algunos metros y luego se zambulló.

Aunque lo pareciera no estaba solo; a pocos metro de él, detrás de la catarata, se hallaba otra persona. El ruido del agua al caer no les había permitido notar sus presciencias. La caída de agua los ocultaba a ambos de los ojos del otro. Nadaban relajadamente pensando que se hallaban totalmente solos.

Pasaron algunos minutos. Estaba flotando en la superficie del agua mientras miraba el cielo. Algunas nubes grises comenzaban a acumularse sobre él anunciando la llegada de una tormenta, pronto tendría que regresar. Esto le decepcionaba pues aheleaba quedarse un rato más, pero las frías corrientes de aire indicaban que no iba a poder hacerlo. Aunque, antes de marcharse, nadaría bajo la catarata.

Volteo hacia esta; era alta, la mas alta que había visto en su vida. El sonido del agua era ensordecedor, parecía muy potente. Trago saliva y se acerco; no iba a actuar como un miedoso, se consideraba todo un hombre. Estaba a pocos metros… 3 metros, 2 metros, 1 metros, algunos centímetros… extendió su mano para tocar el agua que caía verticalmente…

…No llego a tocarla, por lo menos no en ese instante…

Se quedo paralizado en una posición extraña. Sus pies no respondían, tampoco sus brazos ni ninguna otra parte de su cuerpo. Tenía la mente en blanco, su garganta parecía hacerse obstruido. No sabia que día ni que hora eran, apenas recordaba porque había llegado allí o porque estaba a pocos centímetros de la catarata; ni siquiera sabia porque había decidido acercarse a ella. Solo sabía que, su mano derecha, estaba tocando el pecho de Dita en ese instante mientras esta lo mirada con una expresión tan desconcertada como la que debía estar pintada en su propio rostro en ese instante.

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-¿Hi… bi… ki?

Estaba confundida. ¿Qué hacia Hibiki allí?... recordaba haberlo invitado a nadar pero, conociendo su actitud orgullosa, suponía que nunca vendría. Tal vez él no sabía que ella aun estaba allí, conocía muy bien su mala memoria. Sintió algo extraño en su pecho, bajo la vista y encontró la mano de él encima de este.

Quitó la mano de inmediato y se volteo; de los casi 4 litros de sangre de su cuerpo sentía aproximadamente 2 en su rostro... ¡no!... ¡3 litros!. Escuchaba sus latidos en los oídos y sentía como si su estomago se hubiese invertido. Las piernas le temblaban. Su mente apenas comenzaba a procesar que Dita se hallaba tras él desnuda y él la había tocado allí.

-¡Lo siento! –dijo esto rápidamente y huyó en dirección contraria. Sabia que era estúpido, pero no iba a poder mirarla a la cara después de eso.

-¡Espera Hibiki! –intentó alcanzarlo. Accidentalmente piso una piedra en el fondo, perdió el equilibrio y se resbalo.

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proximo capitulo

Un acidente y un imprevisto, cosas molestas e inoportunas;

pero que, de vez en cuando, y si no hay terceros involucrados, logran milagros casi imposibles...

(No apto para todas las edades)

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dentro de 7 dias (a esperar xD)