2.


Si Victor tuviera que usar una palabra para describir a Yuri, esa palabra sería "torpe".

Porque lo era. Sus propios allegados lo habían dicho de otra forma: Yuri no era un genio. No era precisamente lento, pero tampoco era rápido para aprender. Cuando Victor le enseñaba un movimiento tenía que practicarlo miles de veces antes de ejecutarlo correctamente.

Sin embargo, Yuri tenía algo especial: su gran resistencia física.

De la misma manera ocurría con el sexo. Después de las primeras veces, Yuri poco a poco iba convirtiéndose en un monstruo insaciable. Al principio era tímido, pero una vez que iniciaba ya no había quién lo detuviera. A veces Victor yacía en cama, sudoroso y exhausto, sintiendo que podría desmayarse en cualquier momento mientras Yuri lo montaba y lo devoraba con fervor.

No era como que Victor no podía decir que estuviese a disgusto con ello. A decir verdad, lo excitaba y lo hacía sentir más joven. Los movimientos algo... erráticos de Yuri tenían cierto encanto en su ingenuidad. Y quizá Victor solo estuviera ahí por un tiempo pasajero y lo suyo con Yuri no pasaría de algo físico, pero en ese caso tenía derecho a disfrutarlo, ¿no?

Él solo era un maestro orgulloso que se regocijaba en los avances de su pupilo.

No tenía nada de malo que Yuri le causara ternura de vez en cuando, o que algunas veces en verdad no pudiera resistir las ganas de besarlo. Podía dejarlo en cualquier momento. Mientras no se obsesionara, estaría bien. Por lo pronto tenía que seguir con su papel de novio y entrenador perfecto, y devolverle a Yuri la confianza que había perdido en sí mismo.


Cuando estaban juntos era como si los colores se mezclaran. Todo lucía brillante, y de pronto el espacio debajo de las sábanas era un nuevo mundo, un universo distinto donde el cielo era todo naranja y el suelo era suave y hecho de almohadas; y el aire consistía de oxígeno, secretos y risitas compartidas entre dos.

Victor rio y Yuri tembló cuando acarició su abdomen plano. "Cerdito," Victor rio de nuevo. Yuri puso una cara triste. "Oh no, no hagas eso," Victor dijo. Yuri sonrió pero era un gesto triste que no alcanzó sus ojos.

"Probablemente vuelva a ponerme gordo en un futuro. Es muy difícil para mí mantenerme en forma, ¿sabes?" Yuri sorbió la nariz e intentó reírse para restarle dramatismo, pero sonó más como un sollozo reprimido. "Si gano, quiero estar contigo. Quiero comer contigo. Quiero pasar todo mi tiempo contigo, aunque tal vez tú —no, no tal vez, seguramente tú vas a aburrirte de mí y me vas a dejar," hiperventiló; "de hecho, ¿por qué sigues aquí? Eres tan hermoso," espetó al borde del llanto; "tan hermoso y talentoso y yo no soy nada — soy aburrido y ordinario y deberías estar con alguien más como tú — alguien como Yurio, tal vez—"

"Hey," Victor frunció el ceño. Parecía enojado como aquella vez en el aeropuerto. "Yurio es hermoso, y talentoso, pero me gustas tú, ¿sabes? Y me seguirás gustando incluso si tienes pancita, incluso si no ganas, incluso si piensas que eres nada... para mí lo eres todo. Ven acá, cerdito," Victor lo abrazó. Yuri estaba llorando, pero cuando Victor lo besó se sintió un poco mejor, como si al fin pudiera respirar de nuevo y entonces sonrió porque por una vez en su vida, sentía que él era suficiente.


Él también había estado enamorado. Solo una vez, y había ocurrido hacía tantos años que a veces lo olvidaba.

Su nombre era Mihael. Mihael Smirnov, y estaba en la gloria de la juventud cuando Victor lo conoció a sus tiernos catorce. Mihael tenía dieciocho. Eran solo cuatro años de diferencia, pero en ese entonces se sentían como una eternidad. Mihael era fuerte, de espalda ancha y de barba incipiente. Su rostro estaba enmarcado por rizos castaños y largos. Constantemente hablaba de chicas y fiestas. Y Victor... Victor era un mocoso larguirucho con extremidades demasiado largas en comparación con su cuerpo enclenque. A pesar de ello, era un niño lindo, incluso en su fase incómoda. Pero Mihael era mucho más interesante y atractivo, o al menos Victor lo percibía así en ese entonces. Ahora, a sus 27, se daba cuenta que ni los adultos tenían mucha idea del mundo, ¿qué diablos podría saber Mihael?

Ambos solo eran mocosos idealizando un sentimiento, en un pueblito ruso a unas horas de Moscú.

Y fue dulce. Agridulce, quizás, porque Victor se enamoró más de la cuenta, y Mihael nunca estuvo del todo interesado. Mas Victor lo recordaba como una de las épocas más tiernas de su vida, debido a la pureza de sus sentimientos en ese entonces.

Era similar a la mirada que Yuri le dirigía cada vez que aparecía en la misma habitación. Inocente, sin un rastro de lujuria ni maldad. Un corazón nuevo y aniñado.

Mihael fue su inspiración para patinar profesionalmente. Victor estaba seguro de que hubiera podido llegar lejos. El chico tenía talento; y el invierno en el que coincidieron se sintió tan cálido para Victor que a veces lo recordaba como una primavera.

Solo fueron dos meses, pero nunca había sentido un ardor así.

A veces, cuando patinaba y lo recordaba, sentía algo similar. Pero la llama se fue apagando conforme el tiempo pasaba y Victor olvidaba a Mihael para concentrarse más en complacer al público, hasta que perdió su rumbo por completo.

Quizá otras personas lo tacharían de insensible. Él diría más bien, "desesperado".

Desesperado por volver a sentir. Triste, por tener que romper dos corazones en el proceso. Pero jamás insensible, porque Victor había estado en todos sus lugares y conocía exactamente el tipo de dolor que cada uno sentía.

Había sido Yuri; ingenuo, puro y fácil de seducir. Había sido Yurio; apasionado y aferrado a una persona que nunca lo querría de verdad. Y había sido Mihael, confundido y aparentemente despreocupado cuando en realidad se estaba desmoronando por dentro.

Quería evitarles el dolor, pero sabía que era demasiado débil y egoísta como para poder detenerse a esas alturas.


A veces, Yuri llegaba a sentir que Victor estaba mintiendo. Simple y sencillamente la situación era demasiado perfecta.

Durante una plática muy sincera —Yuri moría de vergüenza, pero en verdad necesitaba desahogarse con alguien— Yuko le había dicho que dejara de torturarse, que él también merecía ser feliz. Pero es que ella no estaba ahí para ver los pequeños detalles que Yuri sí. Por ejemplo, sus besos. No había duda de que Victor era un experto en su técnica, pero algunas veces Yuri sentía como si todo fuera demasiado frío, demasiado calculado. Prefería sus besos erráticos y descuidados durante sus momentos más apasionados, o los besos flojos después de la intimidad, donde simplemente se dejaba llevar. Incluso sus cumplidos, sus palabras... Yuri podía leer en su mirada cierta ternura, pero a la vez había recelo. O al menos eso pensaba. Trataba de convencerse que eran sus problemas de autoestima actuando y no algo relativo a Victor, porque eso lo destruiría. Era la primera vez que tenía algo bueno en su vida, y no necesitaba echarlo a perder con sus inseguridades.

Aunque a veces, solo algunas veces... Yuri podía jurar, no sin algo de tristeza, que las únicas ocasiones en las que Victor era verdaderamente feliz eran cuando jugaba con su caniche de rizos castaños.


Victor lo peinaba antes de sus presentaciones. Su tacto era delicado y Yuri se dejaba querer.

"Tu cabello es lindo. ¿No has pensado en dejártelo largo?"

"Eh, no. La verdad, me resulta muy cómodo llevarlo así, aunque supongo que podría intentarlo..."

Victor frunció el ceño. Se detuvo y colocó el peine sobre el tocador con más fuerza de la necesaria.

"Yuri, ¿te gusta tu cabello así? Sé sincero."

Yuri parpadeó, azorado por el cambio de humor tan repentino.

"Ehh... eh, sí, supongo que sí..."

"Entonces no dejes que nadie, ni siquiera yo, te imponga algo que no quieres. Si te gusta tu cabello así, déjalo así; y si lo quieres largo, déjalo crecer. Pero que sea algo que tú decidiste, ¿entendido?"

Yuri pasó saliva. "Sí, entiendo..."

Victor sonrió y volvió a tomar el peine.

"De todas maneras, ya te dije que a mí siempre me vas a gustar," susurró en su oído antes de continuar con su labor.

Yuri se sonrojó.


"Tu cabello es lindo. ¿No has pensado en dejártelo largo?"

"¿Tú crees? ¿Crees que se vería bien?"

Mihael tomó un mechón platinado entre sus dedos.

"Pues claro, Victor. Todo lo que tú uses se verá bien."

Victor le apartó la mano, algo nervioso. Estaban sentados en el piso de su cuarto viendo una película, aunque la verdad es que Victor no había prestado mucha atención. Era difícil con Mihael a su lado.

"Deja de hacer eso. Tienes novia, no está bien."

Mihael rio. "¿Estás celoso?"

"¡Eso no—!" Victor empezó, mas fue acallado por la risa de Mihael.

"Es broma, Victor. Además Dasha no es mi novia, solo hemos salido un par de veces. Dios... eres tan lindo," terminó con una sonrisa de un hoyuelo que hizo sonrojar a Victor. Si tan solo su tono fuera menos filial y más... más apasionado, como si Victor no fuera algo parecido a un hermano menor, sino algo más.

Si tan solo...

Mihael volvió a reír, sus ojos fijos en la televisión. En la pantalla estaba un famoso actor americano que Victor había visto pero no recordaba su nombre, y una chica mucho menor que él. Él se le acercaba, tocaba su rostro y ella sonreía con nerviosismo. Entonces él aprovechaba para meterle el pulgar en la boca. (1)

Mihael aplaudió una vez.

"¿Sabes cuál es la mejor parte de esta escena? Que todo fue improvisado. Escuché por ahí que a la chica le gustaba De Niro," De Niro, claro, ese era su nombre; "y cuando él se enteró de esto, decidió aprovecharlo para la escena. Es por eso que todo lo que ves: la tensión, la sorpresa de ella, la malicia de él — se siente tan natural y genuino. Es simplemente brillante."

"¿No es un poco maligno?" dijo Victor. Aprovecharse de los sentimientos e inocencia de una chica... aunque fuera para una película, no se sentía bien.

Mihael despegó los ojos de la pantalla mientras De Niro besaba a la muchacha. Victor sintió un escalofrío.

"¿Tú crees?" ronroneó Mihael, posando su mano en la mejilla de Victor. Acarició sus labios y, si bien un poco forzadamente, introdujo su pulgar en la boca de Victor.

Victor cedió, cerró los ojos y succionó. Mihael sacó el dedo, se inclinó para besarlo...

La puerta se abrió, y la madre de Victor soltó un grito.


"Veo que te tomaste muy enserio lo de no permitir que nadie te imponga cosas que no quieres hacer," remarcó Victor la noche después de la presentación de Yuri en el Campeonato de Patinaje Artístico de Japón. Su nariz había vuelto a sangrar y ambos estaban en la habitación de Victor; Yuri mirando al techo como un estúpido y con papeles en la nariz, mientras que Victor limpiaba el desastre.

"Lo siento," se disculpó Yuri. Victor bufó, incapaz de contener una sonrisa.

"A veces eres demasiado impaciente. Podrías haberte lastimado gravemente, ¿sabes? Ese choque contra el muro se vio feo."

Yuri se encogió de hombros.

"Valió la pena."

"Hm. Bueno, ten más cuidado."

"Lo haré," suspiró. "Victor."

"¿Qué pasa?" Victor tiró los papeles ensangrentados y se acercó a Yuri, quien estaba sentado en la cama. Yuri rodeó sus caderas y escondió su rostro entre la ropa de Victor. "Oi, Yuri... me vas a manchar."

"Gracias por preocuparte por mí," Yuri dijo en voz ahogada. Victor no pudo evitar sentirse sobrecogido por la ternura, y se agachó para besarle los cabellos negros.


Una semana después de que fueron descubiertos cayó una gran nevada. Victor yacía en su cama, mirando al techo y sin poder dormir. Desde el incidente estaba así: no podía dejar de pensar en Mihael.

Unos golpecitos en la ventana captaron su atención. Victor se levantó, corrió la cortina y se encontró con Mihael. Jadeó y rápidamente abrió la ventana. Una ventisca helada entró y sintió un escalofrío.

"¡Brrr!" exclamó Mihael, frotándose los brazos para librarse del frío y de la nieve. Victor lo silenció.

"¡¿Qué diablos haces aquí?!" siseó. "Si mis papás te encuentran, ¡nos matan!"

"Victor, solo vengo a despedirme."

"¿Qué?"

Mihael sonrió, extrañamente tímido.

"Me voy a Moscú a dedicarme al patinaje profesional. Tengo unos amigos allá con los que puedo quedarme."

Victor sintió un nudo en la garganta.

"¿Vas... vas a dejarme?"

Mihael se rascó la nuca. "Diablos, Victor, esto no es fácil para mí tampoco, ¿sí? Pero tengo que salir de este maldito pueblo, aquí no hay nada y lo sabes muy bien. No encajo."

El semblante de Victor se descompuso.

Sí, lo entendía. Personas como Mihael no encajaban ahí, personas como él estaban destinadas a ser grandes, libres. Mihael debía sentirse como un pájaro con las alas amarradas en ese lugar.

En el fondo, siempre supo que se iría. Solo que nunca imaginó que fuera tan pronto.

Una lágrima rodó por su mejilla.

"Sí, entiendo."

"No, no llores," murmuró Mihael, envolviéndolo en un abrazo. "Prométeme que seguirás patinando, ¿sí? De esa forma algún día nos volveremos a encontrar. Dios, Victor, imagínate. Podríamos patinar juntos. El público se volvería loco, y Rusia definitivamente sería campeón en patinaje artístico. Tú y yo, la gloria de nuestro país..."

"¿Dos hombres patinando en pareja? Eso es algo que jamás sucederá," respondió Victor con amargura, deshaciendo el abrazo. Mihael sonrió.

"Eso es lo que tú crees. Victor, el público siempre va a querer que lo sorprendas," miró su reloj. "Oh por Dios, tengo que irme."

"¿Ahora?" Victor enarcó una ceja. Pero la carretera está horrible, y dicen que va a volver a nevar."

"Iremos con cuidado, te lo prometo. Va Dasha conmigo."

Victor estaba tan preocupado que no le importó que mencionara a su novia-no-novia.

"¿No pueden esperar unos días?"

"No," sentenció Mihael, y Victor entendió que era definitivo. No importaba lo que dijera —Mihael no cambiaría de opinión. "Te llamaré cuando lleguemos, ¿sí? Si tus padres interceptan la llamada te mandaré una postal, aunque va a tardar tiempo en llegar. En fin, Victor..." agregó con ojos vidriosos, acercándose a la ventana; "ha sido un placer. Espero que nos volvamos a ver algún día."

"¡Espera!" lo llamó Victor antes de que saliera. Lo haló de la chamarra y capturó sus labios tiernamente. Mihael respondió al beso. Saboreó a Victor con lentitud, disfrutándolo y grabándolo en su memoria: su calidez, los sonidos que emitía su garganta, la suavidad de su cabello. Se separaron cuando les hizo falta el aire, y entonces Mihael se fue y dejó tras de sí el invierno más crudo que Victor tuvo que soportar.

Nunca volvió a verlo.


Cuando Yuri regresó después de anunciar en televisión el tema que había escogido para el Grand Prix, Victor estaba distante.

Su familia lo acogió con la misma devoción de siempre. Minako lo regañó por haber dicho que sus sentimientos hacia ellos eran algo "sutil" a pesar de todo el apoyo que le habían brindado, pero en el fondo se veía feliz por él. Y Victor...

Victor no dijo ni una sola palabra.

Yuri se preguntaba si había hecho algo mal, y eso lo tenía dando vueltas fuera del cuarto de Victor por un largo rato, mientras se debatía entre entrar o no.

"Yuri, ya entra, por el amor de Dios. Tus pisadas tan ruidosas me distraen."

Yuri sintió como si le hubiera caído un balde de agua fría.

"¿Puedo pasar?" inquirió, asomándose tímidamente por la puerta.

"Adelante."

Victor estaba en la cama, jugando con Makkachin. Yuri entró, cerró la puerta y se sentó al borde de la cama.

"Victor, ¿hice algo mal?"

"Así que, ¿amor?"

Yuri abrió los ojos desmesuradamente.

"Yo..." intentó buscar palabras para justificarse, pero no encontró nada. Suspiró. "Ya te lo había dicho."

"Sí, a mí. No a miles de personas en televisión abierta."

"¿Te molestó?"

"Yuri, no dejé que me tomaras de la mano en el aeropuerto por una razón. Si vieras lo que la gente está diciendo ahora — ya todos sospechan que somos pareja..."

"Lo siento," se disculpó Yuri. "Lo admito, me dejé llevar y probablemente hablé de más pero... Victor, en verdad... ¿Es que te avergüenzas de mí o algo así?"

Victor se quedó en blanco por un momento.

"¿Qué?" espetó cuando fue capaz de reaccionar. Yuri estaba encorvado y con la cabeza baja. Victor se movió hacia él y lo rodeó con un brazo.

Yuri se apartó.

"No me avergüenzo de ti, cerdito. Solo estoy tratando de protegerte, es todo."

Yuri lo miró.

"¿Protegerme?"

Victor asintió y se mordió el labio. Mierda, mierda, mierda. De repente se sentía abierto y extremadamente frágil.

"No sabes lo cruel que la gente puede llegar a ser. Yuri, nosotros no somos una pareja normal, ¿entiendes? Somos hombres, somos famosos y somos deportistas profesionales — estamos en un ámbito de hombres. Hombres que no dudarán en hacerte sentir menos, que te harán sentir asqueroso por algo tan simple por el género de la persona a la que quieres. Y a eso, a eso súmale las masas, los periodistas, todo el mundo tiene una opinión y Dios, Yuri, no creo que estés listo para soportar todo eso."

"Victor," jadeó Yuri, sorprendido por la vulnerabilidad que de pronto le mostraba. Era una faceta que jamás se imaginó ver, y le provocaba abrazarlo y besarlo.

Pero se contuvo.

"Victor, ¿y qué si te dijera que estoy listo?"

Victor negó con la cabeza, pálido y sin mirarle.

"No. No lo estás."

Yuri comenzaba a pensar que el que no estaba listo era otra persona. Pero decirlo en voz alta solo dañaría el orgullo de Victor, y lo menos que Yuri quería era lastimarlo. No cuando Victor había hecho tanto por él y lo había ayudado a sanar sus heridas.

Ahora era su turno. Rodeó a Victor con su brazo y besó su mejilla.

"Tienes razón. No estoy listo. Lo haremos cuando lo esté."

Victor asintió. Yuri suspiró y se paró para apagar las luces, mas antes de hacerlo, volteó a ver a Victor.

"Victor... ¿Puedo dormir contigo esta noche?"

Victor levantó el rostro y esbozó una sonrisa que calmó la ansiedad de Yuri.

"Me sorprende que tengas que preguntar."

Y de nuevo, Victor hacía que todo estuviera bien otra vez.


No había dejado de practicar excesivamente desde su regreso a Rusia.

"Yuri. Deberías descansar," dijo Mila, observando al rubio patinar desde afuera de la pista.

"No puedo descansar," respondió este sin perder la concentración en sus movimientos. "Tengo que practicar mucho si quiero ser el mejor."

"Pero inclusive Lilia te ha dicho que puedes descansar. Anda, te vas a lastimar."

"No voy a lastimarme. Si no tienes nada que hacer, déjame en paz."

Mila puso los ojos en blanco y sacó su celular para distraerse. Era imposible hablar con Yurio cuando se ponía así.

"Pff. Oh por Dios, ¡¿ya viste esto?!" Mila abrió los ojos como platos al ver la noticia que aparecía en su navegador. Yurio frunció el ceño y se elevó para dar una pirueta en el aire, cuando Mila continuó: "¡Hay rumores de que Victor y Yuri Katsuki están saliendo! ¡Hasta hay una declaración de Yuri y to—"

La concentración de acero de Yurio se desplomó al escuchar eso, y no controló su aterrizaje. Su pie derecho se dobló mal y Yurio cayó sobre el hielo con un alarido de dolor.

"¡YURI! ¡¿Estás bien?!" exclamó Mila, alarmada. Yurio se hizo un ovillo, temblando y con el orgullo hecho pedazos. El dolor en su tobillo era insoportable.

"Lla... llama a Yakov, por favor. No creo... poder levantarme yo solo."

Mila salió corriendo por ayuda.


Yuri despertó por la voz de Victor. Estaba en el cuarto, semidesnudo y hablando por teléfono. Yuri no podía entender ni una palabra, pero el ruso sonaba tan sensual al provenir de la boca de Victor, incluso aunque estuviera alterado.

Contrólate Yuri, se dijo a sí mismo y se incorporó en la cama. Victor lo miró de reojo, lo saludó y continuó hablando un par de instantes más.

"¿Qué pasó?" preguntó Yuri cuando colgó. Se dieron un beso de "buenos días" y Victor se acurrucó a su lado.

"Yurio se lastimó el tobillo practicando. Yakov y Lilia están preocupados, aparentemente se rehúsa a ir a un doctor y ya sabes cómo es de terco. Supongo que tiene miedo a que le digan que no podrá participar en la Copa de China y mucho menos en el Grand Prix. Incluso subió un video en su cuenta de Instagram donde dijo que si no podía participar, se retirará del patinaje para siempre."

"¡No puede hacer eso!"

"Hablamos de Yurio," Victor arrugó el ceño. "Lo creo completamente capaz."

"¿Piensa participar con una lesión entonces? ¡Eso puede ser peor!" exclamó Yuri, alarmado.

"Lo sé, y por eso Yakov quiere que vaya a Rusia a convencerlo de ver a un doctor. No escucha ni a sus padres. Todos están muy preocupados por él."

Yuri pasó saliva. "¿Y... vas a ir?"

Victor suspiró.

"Supongo. No tengo muchas ganas, pero —awww, cerdito, no pongas esa cara. Trataré de estar de vuelta para la Copa de China. Te prometo estar ahí."

"Está bien..." Yuri miró al piso. Se sentía como mierda por ser tan dependiente, pero es que Victor lo había ayudado a crecer muchísimo como patinador. Victor era su inspiración, ahora más que nunca, y Yuri lo necesitaba para ganar la Copa de China.

Y entonces, se le ocurrió una gran idea.

"Victor, ¿y si vamos juntos?" inquirió con el rostro iluminado. Victor enarcó una ceja.

"Pero si Yurio te ve—"

"No tiene porqué verme. Los dejaré solos cuando estés con él, lo prometo. Es solo que... quiero aprovechar al máximo el tiempo que tenga para practicar contigo."

"Hmm," Victor lo pensó por un momento y luego se encogió de hombros. "Supongo que está bien. Además quizá Rusia te ayude a inspirarte más... Sí, por qué no."

La sonrisa de Yuri fue amplia y brillante.

"Gracias, Victor."


Durante el trayecto del avión, fue idea de Yuri hacerle preguntas a Victor. Este último no estaba del todo de acuerdo, pero supuso que Yuri tenía razón en que él sabía todo acerca de la aburrida vida de su pupilo, mientras que Yuri apenas y sabía lo que decían en los medios. Además, era una forma entretenida de pasar el rato.

"¿Familia?"

"Mamá y papá. No tengo hermanos."

"¿Y los ves?"

"No. Dejé de verlos desde que entré en esto del patinaje, pero les mando dinero."

"Hm," Yuri decidió cambiar el tema a algo más alegre. Desde la noche anterior, Victor estaba siendo sorprendentemente abierto y no quería presionar demasiado. "Bueno, ¿cuál es tu color favorito?"

"Café."

"¿Como Makkachin?"

Victor rio. "Sí, y como el color de tus ojos."

Yuri se ruborizó.

"Um. ¿Le temes a algo, Victor?"

El semblante de Victor se ensombreció.

Amor.

Rechazo.

Olvido y...

Victor desvió la mirada de Yuri hacia la ventanilla.

"No me gustan las tormentas de nieve."

"Oh, ¿qué no son comunes en Rusia?"

Hubo un silencio. Yuri podía sentir que había una historia detrás de eso, pero no estaba seguro de que Victor fuera a contarla.

"Sí," respondió con voz severa; "lo son."

"Oh," Yuri se aclaró la garganta. "Bueno, siguiente pregunta..."


Yakov y Lilia vivían en una enorme mansión. Victor, quien ya estaba familiarizado con ella, habló con ellos mientras Yuri se embobaba admirando los alrededores y oyendo la conversación en un segundo plano. De cualquier manera, no es como que entendiera ruso.

"Yuri," lo llamó Victor. "Cuida a Makkachin. Voy a subir a hablar con Yurio."

"Está bien. Lo sacaré a pasear por ahí. Suerte, y me saludas a Yurio."

"Claro. Nos vemos más tarde," Victor se despidió. El plan era dejarlos completamente solos para que pudieran hablar en paz, de modo que tanto Yakov como Lilia también saldrían por un rato.

Cuando los tres se fueron, Victor subió las enormes escaleras y caminó hacia el cuarto de Yurio.

"¡¿Ahora qué quieres, Yakov?!" gritó Yurio cuando Victor tocó la puerta. Victor abrió y asomó la cabeza, sonriendo.

"¿Se puede?"

"¡Victor! ¿Q-qué haces aquí?" exclamó Yuri lleno de vergüenza. Estaba parado, con un pie en la pared. Sus piernas formaban un perfecto ángulo de 90 grados. Sin embargo, la hinchazón de su tobillo era bastante notoria; y a juzgar por su gesto, Yurio no estaba precisamente feliz al respecto. La lesión era obvia y probablemente grave si Yurio seguía sin atenderla.

"Wow, es cierto que te lastimaste. Pero, ¿en verdad vas a renunciar?"

Yurio dejó caer la pierna, no sin una mueca de dolor. Pero su enojo y su resentimiento eran más fuertes.

"¿Y a ti qué te importa? ¿No deberías estar con tu noviecito japonés?"

Victor ni siquiera se inmutó.

"Oh, Yuri. Te manda saludos, por cierto."

"¿Saludos? ¡¿Saludos?! ¡Por mí puede tomar sus saludos y metérselos por—" Yurio se quedó callado cuando Victor se le acercó y lo tomó por la barbilla para obligarlo a mirarle a los ojos. Yurio se apartó como si el roce quemara y siseó por su pie lastimado.

"¡¿Qué estás haciendo?!"

Victor volvió a acercársele y puso sus manos en los hombros de Yurio.

"Yurio, no puedes renunciar. ¿Dónde quedó tu orgullo? ¿Acaso no quieres ver ganar a tu nación?"

"¡¿Por qué eso debería de importarme?!"

"Porque a mí me importa," sentenció Victor. "Yurio, no quería tener que llegar a esto, pero no me dejas opción," suspiró; "Lo mío con Yuri es solo una mentira."

A Yurio se le fue el aliento.

"¿Qué?"

"Solo estoy fingiendo entrenarlo para que pierda. Le dije que no se concentrara en los saltos, más bien en actuar... pero fue impaciente y no me hizo caso. Es por eso que también necesito de tu ayuda. Puedo cooperar hasta cierto punto, pero Rusia no puede ganar si tú no pones de tu parte."

Yurio parpadeó sin entender.

"¿Quieres decir... que entonces... cuando pase el Grand Prix, tú dejarás a Yuri?"

Victor asintió.

"Así es."

Yurio tembló. Todo su cuerpo se sacudió a consecuencia del ataque de risa que lo invadió. Sus carcajadas eran estruendosas y retumbaron en la amplia habitación, haciendo que Victor se molestara.

"¿Qué es tan gracioso?" preguntó ofendido.

"¡Mierda! ¡Todo lo que dices es un montón de mierda, y no voy a creerte ni una palabra, Victor!" espetó Yurio, limpiándose las lágrimas que se habían formado en las comisuras de sus ojos. "Entiéndelo, ¡no pienso competir de nuevo! ¡Estoy harto de todo esto, estoy harto de verte, y no te necesito! ¡No necesito de tu estúpida ayuda, ni de tu lástima para ganar! ¡¿Entendiste?!"

Victor entrecerró los ojos.

"Entonces, ¿por qué te retiras?"

Yurio apretó la mandíbula.

"Porque quiero. No necesito darte explicaciones."

"Hm, qué conveniente. ¿Quieres saber qué es lo que pienso, Yu—"

"No."

Victor apretó los puños. No se desesperaba fácilmente, pero el temperamento de Yurio era difícil y lo ponía al límite.

"Te lo diré de todas formas. Pienso que estás asustado. Tienes miedo de que Yuri se vuelva un mejor patinador que tú y se quede con tu fama, pero no vas a lograr nada si sigues—"

"¿Sabes qué es lo que yo pienso?" lo interrumpió Yurio, enterrándole el dedo índice en el pecho. "Que el único asustado aquí eres tú. Así es, Victor, tienes miedo. Tienes miedo de que alguien más joven como yo se robe a tu adorado público. Apenas tengo 15, pero la gente ya me llama un prodigio. Apuesto que de seguir en esta porquería, para cuando alcance tu edad tendré muchos más logros que tú, y la gente no se acordará de tu nombre porque estarán muy ocupados gritando el mío. Oh, no me mires así," espetó. "¡Sabes que es verdad! Sabes que es verdad, ¡y por eso decidiste aferrarte a una causa perdida, para alimentar tu frágil ego! Pero Victor, ¡tú no eres nada! No eres extraordinario, ¡y tienes miedo a aceptar que soy más talentoso que t—!"

Yurio cayó al piso con un golpe sordo y un grito ahogado. Se hizo un ovillo y enterró la cabeza en sus rodillas.

Su mejilla ardía, pulsaba; al igual que la mano de Victor.

La bofetada le había dolido, pero lastimó más su orgullo.

Y en ese momento, la puerta se abrió y el caniche de Victor entró corriendo a la habitación.

"...ah, Victor, ya sé que me dijiste que sacara a pasear a Makkachin, pero el clima está raro, así que regresamos y oí gritos y—" Yuri se quedó inmóvil al registrar la escena frente a él: Victor tenso y de pie, con una mano enrojecida y Yurio en el suelo, cubriéndose la mejilla y temblando ligeramente.

¿Estaba llorando?

Yuri frunció el ceño.

"¿Qué paso?"

Victor tomó en brazos a Makkachin.

"¡Yuri!" Victor se le acercó, mas Yuri se apartó. "No es lo que parece, ¡lo siento! Fue un arranque, yo—"

"Victor, no me importa lo que haya pasado, ¡pero Yurio es solo un niño!" respondió Yuri, ofendido. Caminó hacia Yurio y le extendió una mano, mas Yurio solo se encorvó más sobre sí mismo.

"Anda, Yurio," insistió Yuri. "Solo queremos ayudarte."

Yurio murmuró algo ininteligible.

"¿Eh?"

"¡Victor no te quiere!" rugió Yurio con lágrimas en los ojos. Lucía tan feroz que Yuri tuvo que retroceder. "¡Él no quiere a nadie más que a su estúpido caniche!"

Makkachin lloriqueó. Victor se tensó, y Yuri puso los ojos en blanco.

"Vamos, Yurio, esto es ridículo."

"¡Pregúntale!" espetó Yurio. "¡Pregúntale! ¡Solo te está usando para hacerte perder, y que Rusia gane! ¡Es por eso que está tan preocupado por lo de mi pie! No es por mí, o por ti, ¡solo se preocupa por él mismo!"

"Yuri," mencionó Victor una vez que el arrebato de Yurio se deshiciera en balbuceos y sollozos. El japonés estaba inmóvil. "Yuri, en verdad no quería que..."

"¿...Que me enterara? ¿Por eso no querías que viniera?" lo enfrentó Yuri.

"Eso no es lo que quise decir."

"¿Entonces qué es?" dijo Yuri con resentimiento. "Victor, dime la verdad. Lo que dice Yurio... ¿es cierto?"

Hubo un silencio donde solo se escucharon los leves sollozos de Yurio.

Y luego, Victor habló.

"Sí, ¡pero—!"

"Es suficiente. No tienes que dar explicaciones," rezongó Yuri con voz firme, aunque su cuerpo temblaba. "D-de todas maneras, yo ni debería estar aquí. Lo entiendo, salgo sobrando." Victor dio un paso adelante y Yuri retrocedió. "Victor, no me sigas, por favor."

"Yuri," murmuró preocupado. "¿A dónde vas?"

Yuri volteó con una sonrisa triste en su rostro. "De vuelta a Hasetsu. Victor..." tomó una bocanada de aire, rogando porque su voz no se quebrara. "En verdad estoy agradecido. Aunque no fuera tu intención, me enseñaste muchas cosas... y me ayudaste a mejorar. Gracias. Y Yurio... lo siento."

Yuri cerró la puerta de golpe y se retiró.

Victor puso a Makkachin en el suelo con un suspiro. A decir verdad, se sentía extraño. Como si su alma hubiese abandonado su cuerpo, dejándolo insensible.

Parecía como si el tiempo se hubiera detenido. Inclusive Yurio se había quedado inmóvil y silencioso. El ambiente se sentía cargado con estática.

Victor se acercó y le tendió una mano.

"Lo siento. Me dejé llevar. No debí pegarte... En verdad lo siento."

Yurio sorbió la nariz y se talló los ojos.

"Yurio," presionó Victor en voz suave. "En serio lo siento. Por favor deja de llorar. Lo siento."

"N-no es eso," lloriqueó Yurio. "M-mi tobillo... me d-duele, me duele mucho..."

"Déjame ayudarte," susurró Victor, sintiéndose culpable. Tomó al muchacho entre brazos y este ni siquiera forcejeó. Su rostro estaba rojo y empapado en lágrimas. Victor no pudo evitar sentir compasión. Como Yuri bien había dicho, Yurio era solo un niño. Malhumorado, desesperante e increíblemente talentoso... pero un niño. Y así lucía aún más pequeño y vulnerable.

"Voy a llevarte con un doctor."

Yurio asintió. Avergonzado de su propia debilidad, escondió su rostro en el pecho de Victor.

Victor no hizo nada por apartarlo.


¿Por qué siempre le pasaba lo mismo?

Llorar en un baño... se sentía tan patético. Pero simplemente no podía controlarlo. Y lo peor de todo es que esta vez en verdad se estaba rompiendo. El Yuri anterior no se hubiera imaginado que podía sentir esa clase de dolor tan profundo y desesperante que lo dejaba sin aire. Yuri se caía a pedazos en el baño del aeropuerto, y cada vez que intentaba calmarse volvían a su mente los recuerdos: los besos, las caricias, las palabras dulces.

Victor, Victor, Victor.

Había sido tan ingenuo. ¡Pues claro! Era obvio que alguien como Victor jamás estaría con alguien como él a menos de que hubiera motivos ocultos. ¿Por qué jamás lo había pensado?

Intentó controlarse. Se secó las lágrimas y miró hacia arriba para no derramar más. Tenía un nudo en la garganta. Sorbió la nariz y tomó aire: una, dos, tres veces. Cerró los ojos. Trató de no pensar.

Sacó su teléfono móvil y sintió un fuerte tirón en el estómago al ver su fondo de pantalla: era una foto que Victor y él se habían tomado juntos después de practicar.

Tranquilízate...

Tratando lo mejor posible de ignorar la fotografía, le marcó a la única persona que sabía los detalles de su relación hasta ese momento: su amiga Yuko.

"¿Bueno? ¿Yuri?"

A Yuri le costó un momento encontrar su voz.

"Yuri, ¿está todo bien?"

"Yu-uko," Yuri maldijo internamente por la manera en que su voz se quebró. "Estoy en el aeropuerto de Moscú. Voy a regresar a Hasetsu."

"¡¿Eehh?! ¿Y eso? ¿Pasó algo? ¿Está Victor contigo?"

"Victor y yo... terminamos," sollozó Yuri, incapaz de contenerse mucho más. Sus ojos volvieron a nublarse. Al otro lado, Yuko estaba histérica.

"¡¿QUÉ?! ¡Pero si estaban tan bien! ¿Qué pasó?"

Yuri tragó saliva.

"No quiero hablar de eso ahora. Por favor, solo quería saber si me podías hacer favor de recogerme cuando llegue. Mi vuelo sale en unas tres horas, te mantendré informada. Y por favor... no le digas a nadie, ¿sí?"

"Está bien, Yuri. Sabes que puedes contar con nosotros. Y cuando sea que quieras hablar, aquí estaré, ¿sí?"

"G-gracias," dijo Yuri antes de finalizar la llamada y echarse a llorar de nuevo.


"...Un esguince de tobillo de grado dos. No podré hacer ejercicio durante un mes... o más, dependiendo de cómo sane mi tobillo," Yurio se talló los ojos, eliminando todo rastro de llanto. Victor colgó el teléfono y miró al chico. Lucía tan triste, con el tobillo inmovilizado en la cama del hospital.

"Al menos no te rompiste ningún hueso. Hubiera sido mejor si desde el principio hubieras accedido a venir al hospital, pero... al menos me alegra que ya estás aquí," exhaló. "Por cierto, tu familia ya viene en camino. Yakov y Lilia también están enterados."

"Gracias," respondió Yurio de mala gana. Apretó la mandíbula y las sábanas con sus puños.

"No es justo," siseó con furia reprimida. "Aunque me cure, no podré participar en el Grand Prix. ¡Maldita sea! ¡Todo lo que hice, todas las horas que practiqué, el maldito ballet... todo para nada!"

Victor apretó su hombro.

"Yurio, tienes mucho tiempo para participar en otras competencias. Sí, esta temporada ya está perdida, pero tienes un brillante futuro por delante. Es más... si quieres puedo entrenarte, con eso de que ya estoy libre," ofreció Victor con una risa nerviosa y forzada.

Yurio levantó la vista, incrédulo. La sonrisa de Victor tenía tintes melancólicos.

Yurio se estremeció.

"No."

La sonrisa de Victor desapareció.

"¿Eh?"

Yurio desvió la mirada.

"Victor, no quiero ser tu segunda opción. Todo lo que me dijiste hace rato... lo de tu plan, todo era mentira, ¿verdad?"

Victor jadeó, sintiéndose expuesto y frágil. Miró en otra dirección y su pecho se llenó de angustia al descubrir lo bien que Yurio podía leerlo.

Resolló. No tenía sentido ocultarlo más.

"Más o menos," confesó, tomando asiento y ganándose la atención de Yurio. "Sabes, Yurio, la persona que me inspiró a patinar profesionalmente era muy orgullosa y sobre todo nacionalista. Quería era ver ganar a su país a toda costa," Victor hizo una pausa, perdido en el pasado. "Pensé que a mí también me importaba, y también pensé que inclusive aunque tú no ganaras, si Yuri lo hacía el mérito caería sobre mí. No había manera en que pudiera perder, o al menos eso creí," soltó una carcajada amarga, mirándolo fijamente. "En realidad tienes razón sobre mí. No soy extraordinario, y tengo miedo a que la gente me olvide. Mi ego es frágil y patético, y necesitaba algo que lo alimentara."

"Pero igual te enamoraste de Yuri," Yurio finalizó. Victor negó con la cabeza y Yurio puso los ojos en blanco. "Victor, todos lo sabemos. De hecho... deberías ir con él."

Victor sacudió la cabeza.

"No va a querer verme."

"¿Eres idiota? ¡Claro que quiere verte! ¡Te ama, carajo!" Yurio gritó. "¡Quiere que vayas y corrijas todas tus estupideces!"

"Pero tú—"

"Voy a estar bien," afirmó. "Joder, no puedo moverme, Victor. No voy a escapar a ningún lado."

Victor se quedó pensativo por un momento, y después se puso de pie. Yurio desvió la mirada. A pesar de que quería que Victor fuera feliz, le dolía tener que verlo partir para perseguir a alguien que no era él. Simple y sencillamente, no podía presenciarlo.

"Yurio..." la voz aterciopelada de Victor lo obligó a mirarle.

"¿Qué?" rezongó con voz ahogada y ronca.

Victor sonrió de oreja a oreja, y Yurio pudo jurar que sus ojos estaban vidriosos. Se inclinó y le dio un rápido beso en la misma mejilla donde lo había golpeado anteriormente.

"Gracias," dijo antes de marcharse.

Yurio se quedó inmóvil y con los ojos muy abiertos mirando la salida. Su mano tocó su mejilla en un gesto de incredulidad y se sintió tan insignificante y desprotegido que no pudo evitarlo: echó a llorar como un niño pequeño.

"Idiota..." sollozó; "Victor, eres un idiota..."


Victor se había quedado paralizado en el estacionamiento del hospital.

El cielo azul se había transformado en un gris tan oscuro que costaba trabajo creer que era de día. El viento era helado e intenso, y pequeños copos de nieve comenzaban a caer en la ciudad.

Victor se estremeció, y no fue a causa del frío.

Parecía que tendría que afrontar más de uno de sus miedos si quería recuperar a Yuri.

Con un suspiro, desató a Makkachin del poste donde lo había dejado y se aventuró en su búsqueda.


A/N:

(1): La película que Mihael y Victor estaban viendo es "Cape Fear" de Martin Scorsese. Es de 1991 y aunque no es para nada de romance, la escena del pulgar es bastante sugestiva XD acá dejo el enlace por si quieren verla.

youtu . be / a2p8UuFmmVs

El próximo capítulo será el último, creo. Habrá más explicaciones sobre Victor y porqué es como es.

Espero que les haya gustado! No olviden dejar review contándome lo que les pareció este cap ;)