Vientos Nocturnos cap. 2
La emoción que sentía Misao, no se comparaba con nada desde la última vez que había peleado al lado de Aoshi y el Kenshin-gumi por encontrar a Kaoru después de descubrir que no estaba muerta. Esa sensación de salir en la obscuridad hacía una misión bajo la luz de la luna como guía sin saber lo que resultaría de todo aquello, la hacía sentir viva otra vez, la adrenalina llenaba sus sentidos haciéndolos aún más agudos, escuchaba, sentía, olfateaba y veía podría jurar casi al mil por ciento.
Esa adrenalina que perturba sus emociones, la que resulta tan atractiva a sus sentidos como cuando se le acelera el corazón cada vez que veía a su Aoshi-sama, como cuando le llevaba el té o como cuando estaba tan cerca que podía oler su fragancia natural de caballero ninja. En otras palabras, estaba excitada.
Mientras pensaba en eso, continuaba entre un techo y otro, llegando al centro de la ciudad, pasó un puente que la hacía cruzar el pequeño río que dividía la ciudad en dos distritos a lo largo. Cuando llego al final, se detuvo en seco, miró instintivamente hacia atrás, y hacia los lados, derecha e izquierda, tenía la sensación de que la venían siguiendo.
-"No, imposible"- pensó ella lo habría notado. Modestia aparte sus habilidades ninja mejoraban cada día. Incluso se lo había dicho el viejo lobo de Saito alguna vez. Y eso es mucho decir, lo que le afirmaba la confianza de que debía de ser cierto.
Continúo caminando un par de kilómetros más, hacía el lado oscuro de la ciudad de Tokyo. Se adentró a la calle hacia su derecha, se veían varios edificios tradicionales, con grandes letreros y globos de luces de colores que adornaban las fachadas y las puertas principales de cada uno que hacían un luminoso contraste, con el ambiente de la noche, cálido contra frío respectivamente.
No era un barrio peligroso, pero sí viejo, famoso por ser el centro de reuniones de negocios de varias asociaciones, líderes de negocios legítimos y los no tanto, desde empresarios hasta matones. Los edificios se trataban de restaurantes con tendencias occidentales, hasta casas de té antiguos.
Y justo a uno de esos se dirigía. El famoso edificio de fachada roja y luz amarilla, que durante el día y la noche cobraba vida conforme sus inquilinos lo exigían. Llego a la puerta y toco dulcemente con tres toc, toc. Bajo un letrero tallado en madera que decía: "Bienvenidos a la casa de té Vientos Nocturno". Pesé al nombre simple pero misterioso, llamaba la atención a locales, nacionales y extranjeros.
Era un edificio viejo pero con gran colorido. Contaba con dos jardines uno principal hacia la puerta y el otro más privado detrás del edificio principal, que contenía una fuente de piedra enorme con forma de dos mujeres desnudas abrazadas una de otra, iluminada por velas alrededor y con flores de loto flotando en el agua.
De no ser por la profesión que las mujeres de ahí ejercían habría sido lugar agradable para vivir. Según reflexionó Misao.
-Adelante, la Madame la espera señorita- le dijo un hombre de edad media, al abrir la puerta principal, un hombre alto fornido, pero de rostro amable, era el señor Lee, quien según los rumores había sido abandonado ahí durante su infancia, la Madame de la casa lo adoptó y cuidó, haciéndolo el portero y guardaespaldas principal de las chicas que ahí habitaban.
Misao recorrió el jardín y llegó al edificio, este a su vez se partía en dos pisos enormes con diferentes habitaciones entre los pasillos, pero al centro un salón principal que conectaba con todos los pasillos del primer piso. En medio, de éste había unas escaleras de madera cedro tallado en detalles geométricos que eran notados sólo por los visitantes más conocedores, o que al menos pinta de cultos tenían.
Subió las escaleras rozando el barandal con sus manos sintiendo con los dedos el tallado de los artesanos, ni áspera ni suave, pero llena de formas. Se abrió paso al final del pasillo a una habitación principal. Tocó nuevamente con delicadeza y esperó a que la voz firme pero dulce de una mujer le permitiera entrar.
-Pasa, Misao-chan- dijo la Madame, se trataba de la dueña y señora de la casa de té, una mujer de aproximadamente unos cuarenta y tantos años, cabello largo castaño, recogido en un chongo alto, ojos del mismo color que hacían juego con su piel pálida como el mármol. Era una belleza, que no se apreciaba de todos los días, pensó Misao.
-¿Lista?, ¿Trajiste todo lo que te regalé la vez anterior?- le preguntó. La mujer estaba sentada en una silla de madera junto a la ventana de la habitación que daba vista hacía el jardín posterior, observando la fuente de piedra. Los muebles de la habitación eran elegantes al estilo occidental pero con toques refinados de la propia cultura japonesa. Misao asintió y se sentó a la orilla de la cama quedando de lado hacía la mujer.
-Madame Farath, Estoy lista- dijo Misao confiada y con un brillo en los ojos que proyectaban querer comerse al mundo.
-Bien pequeña, bienvenida al mundo de los hombres que buscan placer y las mujeres que somos dueñas de lo que quieren- dijo la Madame, con la solidez de una roca. – Ve a cambiarte, te maquillaré y peinaré, para que bajes al salón principal. Hoy sólo vas a observar a tus hermanas, en algunos días tal vez te deje participar-
Sin decir más, Misao obedeció.
Aoshi por su parte estaba más que asombrado, estaba incrédulo de lo que veía. Había seguido a Misao, con cautela para que no le notará. Se impresionó al ver a la chiquilla tocar la puerta de ese edificio con tal familiaridad como si de Aoiya se tratará y le sorprendió aún más el que la hayan dejado entrar como si la estuvieran esperando. Atónito se escabulló por los jardines y vio como Misao entraba a la casa principal. Eso no pintaba nada bien, no era muy conocedor del tema, pero si sabía por los reportes de patrullaje de los demás ninjas a su cargo que, la casa de té Vientos Nocturnos, era una de las mejores si no es que la casa principal de las mujeres cortesanas, No geishas ni prostitutas, sólo mujeres con similares actividades de una Geisha*, servir a su señores, tomar el té, alcohol con ellos, pero a diferencia de ellas estas cortesanas si podían apostar su sexualidad en los hombres que servían, por regalos, dinero u otro tipo de patrocinios. En esa casa adoptaron las costumbres japonesas de las geishas con los prostíbulos occidentales americanos. Era la originalidad de la casa y lo que llamaba la atención de los clientes.
–"¿Qué carajos hacía su protegida en ese tipo de lugares?, más vale que tuviera una excelente explicación".- pensó el ojiazul.
Observó como Misao subía las escaleras, entraba a una habitación principal. Tardó ahí adentro una hora tal vez menos, y la vio salir nuevamente. Lo que observó lo dejó más que sorprendido, más bien atontado… idiotizado, por decir menos. Para el carácter de Aoshi y su falta de emociones ante el mundo, esta vez no sabía qué hacer.
Misao salió de la habitación vestida con un kimono verde de bordes dorados, con estampados de mariposas en las orillas de las mangas y al final de la falda hacia los tobillos, el cabello recogido en una media coleta con un broche de plata como accesorio, su flequillo hacia su lado izquierdo rozaba su mejilla, pero lo que más le llamaba la atención era dos detalles que nunca habría imaginado ver en su pequeña okashira.
Primero, el colorete rojo que pintaba su labios finos y suaves, el segundo, el Kimono dejaba ver su cuello y dos tercios de la clavícula hacia los lados apenas ocultando los hombros. Casi lo que las mujeres occidentales llevaban como escote. No esa no era su Misao, era otra mujer. Una Hermosa y tentativa mujer. No pudo seguir pensando, puesto que detrás de la ojiverde, salió otra mujer castaña, en un Kimono más sofisticado color rosa pálido. La otra mujer, se le hacía familiar.
Ambas bajaron las escaleras y se dirigieron al salón de fiestas, llegaron al centro y de inmediato se vieron rodeadas de hombres y mujeres, clientes y otras cortesanas respectivamente. Aoshi trató de acercarse más hacía detrás de un ventanal enorme para seguir a su protegida, más valía vigilarla de cerca por si había algún peligro para ella. Eso sin mencionar que podía escuchar mejor.
-Señores, permítanme presentarles- dijo la Madame posicionada junto a Misao, tomadola de la muñeca con delicadeza- A mí más reciente joya, la señorita Misao, está aquí como una de nosotras y por supuesto, se pondrá en venta su desfloración como ha sido siempre una tradición en esta casa, al mejor postor, en un mes es la fecha límite para sus ofertas, el ganador obviamente será el que mejor pagué por esta hermosa joya- Finalizó la castaña, levantando un poco más la muñeca de Misao, ofreciéndola metafóricamente a juego con lo que acababa de decir. Sonrió satisfecha-
-"¿Pero que…demonios?"- Decir que el gran Shinomori, estaba fuera de sí era poco. Apretó los puños.
Desde su lugar, observó la mirada tímida, pero insinuadora de Misao. Y él por su parte, sabía que lo único que quería era ver el mundo arder.
Nota de Autora: no soy conocedora a profundidad de la actividad exacta que tenían las Geishas en aquel entonces, por lo que he decidido hacer la casa de té una mezcla de ambas culturas, no sean exigentes conmigo, todo es parte del fic, así que puedo equivocarme en algunas cosas, pero en otras son mera imaginación.
