Pues finalmente, luego de incontables ediciones y de reescribir casi por completo la versión original del capítulo... aquí está el capítulo dos.

Aclara algunas dudas sobre Teto, quien vendría siendo el personaje principal en éste capítulo aunque en el siguiente espero volver a Gumi.

Algo que olvide mencionar es el apellido de Gumi. Como verán, le llame Gumi Fujiwara pues honestamente no me gusta el Megpoid y no me suena como un posible apellido... La combinación fue sugerencia de Apocrifi Sogno y me gustó bastante asi que se quedó así. Muchas gracias *3*

Disclaimer: Ni Vocaloid ni los personajes me pertenecen. Son propiedad de sus respectivos autores y son usados por mi persona con fines no lucrativos.


Dulce perdición

Capítulo 2

Al otro día, justo como pensaba, las cosas volvieron a ser como siempre. Gumi llegó sonriente y con un muy buen humor, como si el día anterior no hubiera pasado nada. Se alegró al verle así, aunque le preocupaba la idea de que volviera a ser lastimada por el rubio pero quizá, antes de que eso pasara, podrían cambiar las cosas. Suspiró suavemente y se levantó de su asiento, caminando al de la peliverde y sentándose encima de ella, riendo –Buenos días- Le dijo; acercándose a morder su oreja, cosa que sabía le molestaba. Se resistió a moverse cuando la otra comenzó a forcejear para liberarse, hasta que ésta se resignó y le dejo sentada donde estaba –Hola Teto…- Dijo haciendo un pequeño mohín, mirándole a los ojos.

Sonrió, acariciándole el cabello y le dio un beso sonoro en la mejilla para después ponerse de pie y se apresuró a tomar asiento una vez más cuando el profesor entró al salón. Pasó el día bastante aburrida, estaba nublado y comenzaba a llover suavemente. Odiaba la lluvia.

A la hora del descanso, la pequeña llovizna se había convertido en un fuerte aguacero. Suspiró suavemente mientras caminaban al comedor -¿Por qué no te gusta la lluvia? Es agradable- Preguntó Gumi, mirándola mientras sonreía ampliamente, colgándose de su brazo y tirando un poco para hacerle caminar más a prisa.

Teto fue a sentarse en una de las tantas mesas, la primera que encontró vacía mientras que Gumi fue a formarse para comprar su almuerzo. Así podían asegurarse de guardar un lugar para que las dos pudieran sentarse a comer, primero compraba una y después compraba la otra. La fila era bastante larga así que la peliverde tardó varios minutos en volver, tomando asiento junto a Teto quien iría a formarse esta vez, aprovechando que la mayoría de estudiantes ya habían comprado y la fila era mucho más corta ahora.

Al llegar su turno, sonrió al ver que todavía había pan, una de las primeras cosas que se acababan. Compro varias piezas de pan y salió de la fila para volver a su asiento que, para su sorpresa y descontento, se encontraba ocupado por el novio de su amiga. Frunció ligeramente el ceño al verle, le molestaba demasiado. No solo por las cosas que hacía a su amiga sino por su comportamiento tan pesado.

Suspiró y dio media vuelta, caminando hacia la salida de la cafetería y volvió al salón de clases, sentándose en su lugar. Definitivamente era un mal día para ella, al menos su amiga parecía estar disfrutándolo. Apoyó su codo en la banca y sostuvo su cabeza con la mano mientras miraba por la ventana y comía en silencio.

Su compañera volvió un par de minutos después de que sonara la campana, el profesor por el contrario no parecía tener intenciones de presentarse. Miró a la pelirroja y tomó asiento a su lado, en su propio asiento -¿Dónde estabas? Fuiste a comprar y no volviste…- Dijo un poco molesta de que se hubiera ido sin avisarle, podía al menos haberse tomado la molestia de decirle. Teto giró el rostro, mirándola y desvió la mirada al suelo. Era ella quien debía estar molesta, su amiga le había dado su lugar a su novio –Te vi con Len… sentado en MI lugar… así que regresé aquí- Dijo volteando a ver nuevamente por la ventana. Escuchó a la peliverde suspirar y le miró de reojo –Len solo se sentó un momento… si tan solo te hubieras acercado, podrías haber recuperado tu lugar-

Hizo un mohín y giró a ver hacia la ventana de nuevo –Sabes que no me agrada… ni siquiera tolero verlo…- Susurró molesta. Escuchó un suspiro por parte de la peliverde y entonces se hizo el silencio. Ninguna de las dos volvió a hablar hasta que la clase comenzó varios minutos más tarde de lo que debería, a causa de una junta de profesores que se prolongó, motivo por el cual el profesor tardó bastante en presentarse en el salón.

El resto del día fue muy similar a ese momento. Muy pocas veces se dirigieron la palabra. No estaban enojadas, pero era común ese tipo de alejamiento cuando el tema del rubio salía.

La lluvia tampoco había cesado. Teto tuvo que esperar en la entrada de la escuela a que cesara pues no llevaba una sombrilla y Gumi, quien sí llevaba, se había ido antes de que se hubiera dado cuenta.

Se sentó a un lado de la puerta que daba acceso a lo que eran las instalaciones del colegio ya que esa parte estaba techada y el agua no había alcanzado a mojar el suelo. Suspiró suavemente, abrazando sus piernas. Veía varias personas irse. Unas corriendo para buscar donde ocultarse de la lluvia, lo que era algo inútil, pues al correr se mojaban más; otros, la mayoría, con sombrilla, ya sea solos o compartiéndola con alguien más. Hizo una pequeña mueca. Incluso ella deseaba compartir la sombrilla con alguien, pero lamentablemente, aunque tuviese la sombrilla, no tenía a ese alguien con quien compartirla.

Escuchó unos pasos que venían desde adentro y volteó a ver, encontrándose con quien menos esperaba, o al menos: con quien menos deseaba encontrarse. El chico rubio salía caminando, sosteniendo su mochila en la diestra y su chaqueta con la mano izquierda. Suspiró suavemente y miró alrededor, encontrando a la pelirroja sentada en el suelo –Hola Teto– Dijo con aquel molesto tono, arrogante y un toque seductor que no pasaba desapercibido. La chica miró a otro lado, suspirando y se puso de pie, incómoda -¿Qué quieres?- Dijo fría, sosteniendo su mochila con fuerza.

La risa del rubio le hizo fruncir el ceño y voltear a verlo –Vamos, linda… ¿por qué estas molesta? Podríamos aprovechar ahora para jugar un poco… como antes- Sonrió y le guiñó un ojo, acercándose a ella y tomándola suavemente por la cintura –No gracias… ahora déjame tranquila. No soy una cualquiera como todas con las que te acuestas…- Una risa divertida y llena de sorna fueron la respuesta del mayor, quien ladeó la cabeza, apegándose más a ella gracias a su fuerza física superior, que impedía a la pelirroja alejarle -¿Dices que Gumi es una cualquiera? Seguramente se pondría triste si sabe lo que dijiste de ella.

Había tocado un punto sensible. Con toda su fuerza, logró empujarlo y le lanzó una bofetada –No te atrevas a hablar así de e…- Mientras gritaba, su mano fue detenida antes de conseguir golpear su objetivo y sus labios fueron atrapados por los ajenos. El rubio se apegó más a ella, atrapándola entre su cuerpo y la pared mientras sostenía sus manos con fuerza para impedirle soltarse.

Estaba furiosa, tironeaba como podía para liberarse pero era imposible, el varón era mucho más fuerte. Abrió los ojos al sentir los labios ajenos separarse y vio aquella molesta sonrisa que siempre se dibujaba en labios del mayor cuando obtenía lo que quería. Ya la había visto muchas veces antes en situaciones muy similares. Se ruborizó y desvió la mirada a un lado aunque había dejado de forcejear. El mayor le liberó al notarlo y la tomó por la cintura, bajando a su cuello para comenzar a besarlo suavemente.

Su corazón latía frenético y ella comenzaba a desesperarse. Tendría que elegir entre su amistad y su propio deseo pero el tiempo que tenía era reducido. –Len…- Susurró suavemente, dejando escapar un pequeño suspiro mientras sus manos jugaban con el cabello de chico –Déjame… nuestros juegos se acabaron definitivamente en cuanto empezaste a salir con ella…- Susurró apartándolo. El chico rió suavemente y se alejó, encogiéndose de hombros –Ya jugare con ella entonces- Dijo divertido, sonriendo con malicia mientras comenzaba a alejarse sin importarle la lluvia. Ella frunció el ceño sin decir nada más para evitar las posibles consecuencias que podrían traer sus palabras a su amiga y miró al chico alejarse hasta que le perdió de vista al salir del patio principal e internarse en la calle.

Se sentó en el suelo y abrazó sus piernas, mirando al frente fijamente. Detestaba la actitud del chico por el mismo motivo que se sentía atraída a él. Aquella actitud molesta y arrogante, mientras no involucraba el malestar de su amiga, le encantaba.

Al cabo de un rato se levantó. Ya que la lluvia no había cesado, decidió caminar a casa, parte de su decisión se debía al bajón en la temperatura durante los últimos minutos. Caminó con calma, cubriéndose cada que podía debajo de los pequeños tejados que encontraba en su camino. Una vez en casa tomó un baño caliente pues se había mojado bastante con la lluvia y se sentía un poco mal por el frío; se abrigó y se metió a la cama, buscando más calor. El resto del día lo pasó girando en su cama, recordando lo ocurrido. Si su amiga no hubiera elegido a ese chico todo, sería más sencillo para las dos.

Intentó llamar a la peliverde varias veces a lo largo del día pero nunca le contestó, desistió después del quinto intento. Dejó el celular a un lado y se acurrucó en la cama, cerrando los ojos. Empezaba a creer que enfermaría, se sentía un poco mal, así que decidió dormir un rato.

Al despertar, lo primero que notó fue la oscuridad en su habitación y un paño húmedo en su frente, estaba fresco así que era reciente. Se sentó en la cama, mirando alrededor mientras esperaba a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad. De pronto la puerta se abrió y ella volteó hacia ésta –Ma…- Susurró, sonriendo levemente –Lamentablemente, no soy ella… salió hace un rato- La peliverde cerró la puerta después de haber entrado y se sentó a un lado de la cama -¿Cómo estás?- Susurró suavemente, sonriéndole. La pelirroja rió suavemente, mirándola -¿Ahora eres enfermera?- Preguntó riendo, acercándose a ella y abrazándola por el cuello.

Se dejó caer hacia atrás, haciendo que la otra se recostara y rió suavemente –Enfermera-chan… me siento mal- Dijo con un tono infantil, besando la mejilla de su amiga que soltó una pequeña risita y se liberó de sus brazos, volviendo a sentarse –Vine a verte pero me dijo tu mamá que estabas un poco mal… así que me ofrecí a cuidarte. Hace un rato salió a comprar cosas para la cena. Me pidió que me quedara- Teto rió y se tapó hasta la cabeza, haciendo un mohín –Desprecias mis invitaciones pero aceptas las que te hace una mujer mayor…- Susurró con fingida molestia, la otra solo rió suavemente.

Media hora después, quizá un poco más, su madre volvió a casa y comenzó a preparar la cena. Luego de haber disfrutado de la comida con su amiga y su madre, la mayor le ofreció llevar a Gumi a su casa, era algo tarde. Se abrigó bastante pues afuera hacía frío y fue con las dos, despidiéndose de la peliverde cuando ésta bajo del auto afuera de su casa.

Al despertar, se removió un poco debajo de las sábanas y cuando finalmente abrió los ojos, miró el techo. Se sentía mal, físicamente. Tendría la temperatura elevada un par de grados y su garganta ardía. Luego de un rato, se levantó y fue a su ropero, sacando su uniforme. Por suerte tenía dos juegos de ropa para la escuela, pues la que había usado el día anterior estaba completamente mojada. Se quitó el pijama y fue a darse un baño, acurrucándose debajo del agua caliente de la tina. Suspiró suavemente, mirando el techo –No me gusta la lluvia…- Susurró con la voz un poco ronca y cerró los ojos.

Salió de la ducha luego de varios minutos y se puso el uniforme, dispuesta a ir a la escuela aunque su madre le detuvo al verla –Ni creas que iras así. Anoche estabas enferma y ahora no te ves mucho mejor, ve por una chamarra. Hoy yo te llevaré… a esta hora hace mucho frío- La pelirroja suspiró pero obedeció sin rechistar. En realidad le gustaba la idea, le llevaría a clases así que se ahorraría la necesidad de caminar y la chamarra… ya podría quitársela en el salón de clases.

Al llegar al aula miró alrededor. Era temprano aún, había llegado mucho antes al ir en auto, pero en realidad esperaba que ya hubiera más gente cuando ella llegara, al menos un par de personas más. Fue a tomar asiento y se quedó mirando por la ventana fijamente. Estaba segura de que su temperatura había ascendido un poco más, comenzaba a sentirse mal de verdad.

Gumi llegó un par de minutos antes de que la clase diera inicio, sonriendo ampliamente a la pelirroja que correspondió la sonrisa, ligeramente forzada -¿Sigues muy mal? Te debiste quedar en casa…- La peliverde movió el cabello de Teto a un lado, juntando su frente con la de ella y sonrió –No, no estás tan mal… pero igual debiste descansar por hoy, podrías empeorar a lo largo del día…- Teto desvió la mirada a un lado, haciendo un pequeño mohín –Gracias por los buenos deseos- Dijo inflando las mejillas, haciendo que Gumi riera y volviera a tomar asiento mientras el profesor entraba al salón.

-Señorita Kasane… ¡Señorita Kasane!- Cabeceó y levantó rápidamente la vista. Su temperatura se había elevado otra vez, quizá un poco más que la noche anterior. Miró al profesor, ladeando ligeramente la cabeza –Disculpe… no me encuentro muy bien…- Susurró, mirando su libro para leer lo que el profesor había pedido hacia un momento –Si se encuentra mal vaya a la enfermería a tomar una pastilla y si es necesario, tómese un descanso- Asintió suavemente y se puso de pie para abandonar el salón. Estaba agotada, necesitaba dormir un rato y reponer fuerzas aunque seguro volvería a sentirse mal si su temperatura no bajaba.

Al llegar al corredor donde se encontraba la enfermería, en la segunda planta, escuchó pasos detrás de ella. Giró para ver por encima del hombro. Suspiro al verlo, un chico rubio más alto que ella aunque al verle con más detenimiento se dio cuenta de que no era el chico rubio que pensó al principio. Sonrió levemente y siguió caminando hacia la enfermería.

Al llegar, la enfermera le pidió que tomara asiento mientras ella buscaba una pastilla para darle. Se la entregó junto con un vaso de agua que bebió por competo de un trago, junto con la pastilla.

Aprovechando el ofrecimiento de la mujer, se puso de pie y se dirigió a una de las camillas del colegio para poder tomar un descanso mientras esperaba que la pastilla hiciera efecto. Se recostó y cerró los ojos, intentando dormir un rato.

Su celular la despertó. El sonido que hacía al recibir un nuevo mensaje comenzó a reproducirse de pronto y ella sacó el celular, mirando que era un número que no tenía grabado en la memoria aunque se le hacía conocido. Abrió el mensaje y frunció el ceño al terminar de leer las palabras que decía éste

"¿Qué pasa? ¿Estás caliente después de lo de ayer? - Len"

Suspiró suavemente y apagó el celular, volviendo a guardarlo en uno de sus bolsillos. Volvió a acomodarse en la camilla y abrazó con fuerza una de las almohadas que tenía, hundiendo el rostro en ésta.

-Idiota…- Susurró cerrando los ojos.