El crecer aumenta tus responsabilidades, cosa que ocurrió con la joven eriza rosa. Regresó a su casa dispuesta a realizar los quehaceres mientras su abuela regresaba del pueblo. Entró a la casa y tomó un paño blanco y una cinta roja. Amarró la cinta a su cintura. Dobló el paño, mojándolo en un cubo para luego colocarlo en el piso. Con ambas manos tomó el paño mientras que con sus pies se impulsaba en la sala para limpiar. Luego de esto, Tomó algunas sabanas y las colgó afuera para que recibieran el brillo del sol. Finalmente, La eriza se dirigió a la cocina y empezó a cortar unos nabos, que servirían de alimento para ella y su abuela.

-Ya llegué-

Amy se asomó. Se trataba de su abuela que venía con un saco de arroz pequeño. Amy se dirigió hacia ella para ayudarle con el saco y llevarlo hasta la cocina.

-No era necesario que lo llevarás-dijo la anciana a regañadientes

-No tienes la fuerza de antes, además no me molesta-dijo Amy mientras colocaba el saco en la cocina.

-Como sea- la anciana se dirigió a la puerta trasera en donde habían herramientas para trabajar en el campo. Tomó algunas de estas y se dirigió a la parcela en donde cultivaban vegetales. Amy continuó cortando los otros vegetales para colocarlos en una olla con agua. Coloco leños secos y con algunas ramas logró encender el fuego. Tomó un abanico de papel y empezó a soplar de manera que las llamas lograsen consumir los leños y brindaran el calor suficiente. Una vez terminado esto Amy escuchó un grito de la anciana, dirigiéndose hacia donde se encontraba.

-Maldita sea- dijo la anciana mientras sostenía su brazo derecho. La azada que había usado estaba en el piso

-¿Qué sucede?-preguntó Amy

-No es nada-dijo la anciana molesta.

-¿Otra vez te duele?-dijo Amy viendo como la eriza mayor sostenía su brazo. –Debes descansar- dijo mientras se acercaba a ella.

Un plato de sopa hirviente se encontraba en la mesa, justo frente a la anciana que tenía un pañuelo amarrado en su brazo. Frente a ella la eriza joven terminaba de comer luciendo muy satisfecha.

-¡Gracias por la comida!-dijo mientras colocaba el plato en la mesa

La anciana solo miraba fijamente al plato con sopa.

-¿Quieres que te ayude?-dijo Amy a punto de tomar el plato de sopa.

-Puedo comer sola-dijo la anciana, haciendo que Amy retirará su brazo. La joven eriza solo suspiró.

La anciana empezó a comer con algo de dificultad. La joven eriza solo se levantó, tomando su plato para llevarlo a la cocina. Después de los primeros sorbos, la anciana habló –Necesito que vayas por agua…-

La eriza joven se asomó algo incrédula de lo que su abuela dijo.- ¿Quieres…. Qué vaya al bosque?-

La anciana cerró sus ojos –El dolor no me dejará traer los cubos llenos y debo de reposar…quiero que vayas a traer el agua por mí-


Amy tenía sobre ella el bambú con dos cubos de agua en cada extremo. Estaba a punto de marcharse-Regresaré pronto- dijo volteándose hacia el pórtico en donde se encontraba su abuela. Inició su marcha para adentrarse al sendero que conducía al único pozo cercano. El follaje verdusco lleno de vida simbolizaba que el bosque rebosaba de felicidad por la primavera. Los mantos de nieve que había cubierto la montaña habían desaparecido por completo. Las aves anunciaban que la primavera era buena y llena de amabilidad al contrario que su frío y duro hermano invierno. Amy se sentía bien. El bosque y el viejo gato eran los únicos en quien pudo confiar sus secretos, con quien pudo reír y llorar, pues eran amigos fieles con los cuales creció durante estos años.

Una vez que había llegado al pozo, se dispuso a llenas ambos cubos con el líquido cristalino y lleno de vida. Una vez que los cubos estaban llenos Amy se detuvo. Quería disfrutar un poco más las bondades del bosque, así que tomó asiento cerca del pozo relajándose mientras la suave y dulce brisa mecía las ramas de los árboles cercanos.

Sin embargo un ruido llamo su atención. Escuchó como las hojas que se encontraban en el suelo sonaban entre sí. La joven eriza se asomó y se sorprendió. Se trataba de un pequeño zorro blanco que olfateaba curiosamente el cubo de agua.

-Shu…vete-dijo Amy en voz baja. El pequeño zorro se subió al cubo a tomar un poco de agua, pero al ejercer peso en su orilla el cubo cayó sobre el zorro.

-¡No!-dijo Amy levantándose y tomando el cubo. Miro que el pequeño zorro estaba muy mojado y parecía toser por la gran cantidad de agua. El zorrito empezó a agitarse para eliminar el exceso de agua de su pelaje. Desamarró la cinta roja en el centro de su traje y se quitó la camisa grande y rosa que le cubría, descubriendo así una camisa sin mangas de color azul. Con la camisa grande cubrió al pequeño Zorro. Amy dejó salir un suspiró y volvió a llenar el cubo. Mientras sacaba el cubo del pozo noto como el pequeño zorro se acurrucaba en la pierna de ella. Amy se agachó colocando el cubo en el piso, se acercó al pequeño zorro.

-No te deberías de encariñar conmigo- dijo rascándole tras la oreja.

Amy colocó los cubos en la caña de bambú y se levantó.-¡Cuídate!-dijo despidiéndose del pequeño. Empezó a caminar colina abajo, sin embargo un ruido la detuvo-kyun-Amy se volteó. Era el pequeño con la camisa de Amy en su boca.

-Gracias, lo había olvidado-dijo mientras lo tomaba con delicadeza. Amy prosiguió con su marcha. Escuchó como las hojas del suelo volvían a resonar. El pequeño aún continuaba siguiéndola. Amy se volteó. El pequeño solo movió la cola de un lado a otro.

-No es una buena idea que me sigas…-dijo Amy con un tono de tristeza. El zorro solo movió la cabeza a un lado. Amy continuó tratando de ignorarlo, talvez así el pequeño no le seguiría. Aun así escuchaba como las hojas del suelo seguían revelando los pasos del Zorro.

Una vez que salió del bosque, Amy no escucho más ruido. Se volteó y el zorro no se encontraba ahí. Suspiró Aliviada. Sin embargo algo llamó su atención –¡kyun!- el pequeño zorro se encontraba frente a ella.

-Vete de una vez- dijo Amy simulando estar molesta, pues creyó que el zorro le temería y se iría. Sin embargo el pequeñín movió su cola y se acercó a Amy, acurrucándose en su pierna. No podía molestarse con él, su inocencia y ternura simplemente llegaban al corazón de Amy. Pensándolo bien, era una pequeña criatura del bosque, su abuela no le diría nada. Amy continúo caminando, esperando que todo saliera bien.

Llegó a la casa. Su abuela no se encontraba dentro. Amy entró para guardar los cubos de agua. Devolvió su vista al pequeño haciendo un ademán de que entrará, sin embargo el pequeño se quedó sentado afuera.

-Vamos, entra-dijo Amy llamándolo. El pequeño no respondió.

-¡Amy!- Amy se incorporó rápidamente. –¡Abuela!, ya estoy aquí- dijo ella dirigiéndose a la cocina.

-Veo que no tuviste problemas con el agua-dijo la anciana mientras se dirigía a la sala. La puerta aún estaba abierta y el pequeño seguía afuera. –y ¿qué te pasó?, ¿dónde está tu camisa rosa?-preguntó la anciana. –Yo…eh…me mojé un poco con los cubos cuando los traía hacia acá, así que me la quité para no resfriarme. Abuela, ¿quieres tomar té? Prepararé un poco-dijo intentando llamar la atención de su abuela

La anciana se detuvo –un té no me vendría mal-dijo mientras se sentaba en el comedor. Amy empezó a colocar agua y un poco de hierbas en la tetera. Esperaría a que su abuela se durmiera para poder encargarse del zorro, o al menos así hubiese sido.

-¡kyuuuuuun! ¡kyuuuuuun!-

El zorro había empezado a llamar a Amy o llorar porque nunca salió de la casa. La anciana lo escuchó y se levantó de golpe.

-¡Abuela espera!- dijo Amy corriendo hacia ella.

La anciana tomó una escoba y se dirigió a golpear al zorrito, quien no se movió de lugar esperando a Amy.

-¡Lárgate de aquí!-dijo mientras lo golpeó fuertemente con la escoba, provocando que el zorro fuese empujado a lo lejos por la fuerza del impactó. El zorro gimió de dolor pero aún seguía llamando a Amy -kyuuuuun- la anciana se dirigió hacia el dándole un par de golpes más.-Lárgate…de…aquí-decía la anciana con cada golpe que sestaba. Siguió así hasta que alguien la detuvo.

-¡BASTA! ¡YA ES SUFICIENTE!-se trataba de Amy quien había tomado su escoba.

-¡TRAJISTE A UN ESPÍRITU TRAS DE TI! – dijo la anciana histérica.

-Solo es un zorro bebé-

-Eso no es un simple zorro…es un kitsune-dijo la anciana agitada.

Amy miró al pequeño. Había recibido muy buenos golpes, pero aun así el pequeño movió la cola al ver a Amy. –Pero el…-

-¿¡Cómo se te ocurre traer una cosa así a nuestra casa!?-dijo la anciana histérica.

-¡Deja de tratarlo como un monstruo!-dijo Amy molesta por el comportamiento de su abuela –Él no me hizo nada, solo me siguió y ya-dijo algo agitada. Ambas miraron al zorro.

-Si vuelvo a encontrarlo por aquí…la próxima vez usaré mi hoz-dijo la anciana molesta regresando a la casa. –Vamos adentro-dijo la anciana. Amy miró al pequeño, quien a pesar de todo el ajetreo se acercó a ella, moviendo suavemente su cola.

-¡AMY!-dijo la abuela desde lejos.

-Lo siento…-susurró Amy con una lágrima saliendo de ella.

Su abuela ya estaba dormida. Amy se encontraba apagando las lámparas del interior de la casa, cuando vio por la ventana que el pequeño aún seguía afuera, sentado, esperando por ella. Se sintió culpable. Talvez si no lo hubiese ayudado nada de esto hubiese pasado. De una cosa si estaba segura: él no era malo. Pasaron los días y el pequeño rondaba cerca de la casa. Por suerte, lograba escapar de los ataques improvisados de la abuela de Amy. No importa si había viento, si el día era soleado, las noches frías o si una pequeña lluvia espontanea aparecía, el pequeño esperaba a Amy con ansias afuera.