Dekiru de las Sombras.

Capitulo: La hija del traidor.

Algunos murmullos llegaban a sus oídos, varias voces eran las que estaban en esa habitación. Más precisamente tres, dos se escuchaban discutiendo a lo lejos, mientras otra les ordenaba que se callasen estando junto a el.

Comenzó a abrir los ojos con lentitud, acostumbrándose al cambio de luz que se hacía presente. Una nubosidad fue lo primero que vio, seguido manchas de colores. Algo se movió frente a él, y llamo en voz alta a otras personas, nombres que tampoco pudo escuchar. En ese momento cayó en la cuenta de lograba sentirse afiebrado, llevaba un paño húmedo en su frente y el calor acompañados de escalofríos lo abrumaba.

- Está despertando…

Logró escuchar, una voz femenina, que se sentía impaciente y alterada. Termino de abrir los ojos, encontrándose con un par de orbes azules que lo miraban de cerca y con intriga, con algunos mechones de cabello castaño cayéndoles por la frente.

- Kiru-chan, aléjate, no le dejas respirar…

La aludida desvió su vista a un lado y se incorporo de la cama – Lo lamento – se disculpó, ante la mirada ojerosa y sorpresiva que le daba Daiki.

- No es necesario que te disculpes… - dijo, con dificultad. Ciertamente estaba engripado, y de una de las peores que había tenido antes. A duras penas se sentó en la cama, pasando una mano por su cara, sintiéndola caliente.

Al mirar adelante, reconoció a dos muchachos, ambos más mayores que la muchacha, uno sentado en el suelo, sin quitarle la vista intrigada de encima, sus ojos eran azules, al igual que su cabello, algo que llamo mucho su atención, pero en ese momento, solo le logro un dolor de cabeza horrible. De pie junto al mismo, otro muchacho, de cabello negro y ojos cerrados, estando recargado en la pared. Al fijar su vista al frente, nuevamente los grandes ojos azules le miraban con preocupación e intriga.

- Oye… No debes moverte mucho, tienes una fea gripe – aconsejó la chica.

- Kiru-chan ¿Qué te he dicho? – recordó la misma persona que antes. La aludida nuevamente se alejo, pero sin despegar su clara mirada de la del Hitsugaya.

- ¿Cómo es tu nombre? – Inquirió ella, sentándose a su lado y pasando el paño que tenía en mano por la cara del castaño – Soy Dekiru No Shadou (1), pero puedes llamarme Kiru-chan – sonrió sin miramientos.

- D-Daiki… - pronunció, notando la sonrisa con cierta pena de ella al verle en ese estado. La siguió con la mirada mientras se paro y lo ayudo a recostarse nuevamente.

- Bien, Daiki-kun – asintió ella – Ahora debes descansar más – volvió a sonreír cálidamente, acariciando su cabeza con cierta ternura por un momento. Cerró los ojos, comenzando a quedar dormido nuevamente, ante la mirada y palabras que la castaña le dedico.

- Se que no eres frágil, lo noto en tu energía. Pero todos necesitan descansar cuando están en este estado… Descansa Daiki-kun…

- ¿Q-Que dices? – Inquirió, sin poder creerlo - ¿Estas seguro que no lo encontraron?

- Lo siento mucho, teniente Hinamori. No quedó rastro de Hitsugaya Daiki luego del ataque del hollow. Lo sentimos mucho… - y se retiró. Dejando a Momo con la palabra palpitante en la boca, queriendo salir y matar a toda bestia que se le cruzase por el frente.

Cubrió su boca en un vano intento por calmar sus lágrimas, ya que éstas caían sin consideración de sus ojos, surcando por sus mejillas. Al no encontrar donde poder sentarse, simplemente se agacho hasta sentarse en el suelo, cubriendo con ambas manos su húmedo rostro. Cuando un par de manos pequeñas se posaron una a cada lado del mismo y al mirar, la mirada turquesa de su hijo menor estaba seria e indiferente, pero la miraban con un brillo especial, dándole a entender que no le gustaba para nada verla así.

Se abrazo al niño de dos años como si fuese lo último que le quedaba, a la vez que el pequeño peliblanco, dejaba que así fuera, olvidándose que aquellas muestras constantes de afecto no eran de su agrado nunca.

- ¡¿Qué Daiki que…?

- Cálmate, Momoko…

- ¡No puedes pedirme que me calme! – Se alarmó, colocando una mano a cada lado de su rostro - ¿Don fue que se perdió? – pregunta firme, sin titubear.

Su padre suspiro, resignado. Al parecer no iría solo en la búsqueda de su hijo. Pero no alcanzó a pensar nada, un oficial se apresuró a llegar con el.

- En Inuzuri – le respondió a su primogénita. Y la peliblanca asintió, mientras se daba la vuelta y corría a la salida del sereitei - ¿Qué necesitan?

- La teniente Hinamori lo busca, señor – comentó, dando una reverencia. Hitsugaya suspiro, encaminándose a su escuadrón, esperando encontrarse con lo que ya sabía: una Momo bañada en lágrimas siendo consolada por Matsumoto.

No podía decir ni pedir nada, su hijo ya llevaba perdido más de tres días. Tiempo en el que el grupo de Daiki se resigno y dejo de buscarlo, y apenas ahora se decidían a volver.

Los murmullos entre los demás shinigamis llegaban a sus oídos, cosas sin sentido, la mayoría alegando cosas de que para dirigirse a su oficina en ese momento no le debía importar su hijo, otras tantas como que su persona estaba muy relajada y tranquila como para haber perdido a su hijo.

Maldijo por lo bajo. ¿A ellos que les tenía que importar? Su hijo era muy importante en su vida, pero no era la única persona tampoco. Ahora su trabajo era estar con su familia y procurar que todos sigan juntos y en paz.

Detuvo su caminata.

Había dejado que su primogénita fuese al lugar donde su hijo mediano se perdió. Si su mujer se enteraba sería hombre muerto. Pero Momoko había querido ir sola.

Mejor no habría la boca. Pero si Momo preguntaba, él le diría.

- Oye, niño… Despierta, que ya debes de tener hambre – le llamo.

Sus ojos se abrieron nuevamente. La cabeza ya no dolía, pero el dolor del cuerpo no dejaba de hacerse presente. Como siempre hacía cuando su hermana le despertaba, iba a replicar que lo dejaran seguir durmiendo, cuando un rugido terriblemente alto se esparció por la habitación.

Quien lo había despertado, era el muchacho de la vez anterior, que llevaba ojos y pelo azul. El mismo rió burlón – No debes de aguantarte el hambre… ¡Vamos! El desayuno ya esta listo… - y se retiró. A lo que Daiki se sentó y puso de pie, saliendo de aquella habitación por primera vez, encontrándose rápidamente con la cocina-comedor frente a él.

- Vamos, siéntate – le llamó el muchacho y el castaño solo atinó a sentarse en la mesa frente a él - ¿Sabes? No me he presentado… Soy Bairei… - sonrió. Pero borró su sonrisa en cuanto noto que el chico ni tocaba su comida – Oye ¿Aun te sientes mal?

- N-No… - respondió, tomando la taza que contenía el arroz y comenzando a devorarlo – Solo…que…creí sentir…un reiatsu…que viene de…afuera – explicó, entre la comida.

- ¿Qué no te enseñaron a comer con modales? – Se le burló, pero el Hitsugaya ni se detuvo y continuó comiendo - ¿Un reiatsu dices? Si sabes de eso entonces estas en lo cierto… Kiru-chan está afuera con Benjiro.

- ¿Hablas de Dekiru-chan? – Inquirió con sorpresa, dejando de lado el plato de comida y mirando al peli-azul - ¿Ella…?

- Es muy fuerte, tiene un gran poder espiritual – comentó, comenzando a comer también - ¿Cómo creíste que te salvo de aquel hollow sino?

- ¡¿Ella me salvó?

- Por supuesto, baka. Kiru-chan te encontró luego de que el hollow te haya arrojado al suelo para intentar comerte…

Daiki intentó vanamente intentar recordar aquello, antes de volver a la comida. Desvió su vista por un momento a la ventana y se detuvo nuevamente – Bairei-san ¿No me dijiste que era el desayuno? – pregunto curioso.

- Si.

- ¿Por qué es de noche entonces? – recibió una mirada burlona de parte de él.

- Estoy seguro que si te decía que era de noche seguirías dormido y no comerías – adivinó – Y si no lo hacías, Kiru-chan me mataría… - agregó.

Sonrió mientras negaba con la cabeza ¿Aquella niña podría llegar a golpear a alguien? Si sus ojos no detonaban más que cariño y ternura.

- Créeme, puede ser muy tierna y todo. Pero no haces lo que te pide amablemente y eres hombre muerto – sentenció. Ahora Daiki rió, en medio de eso, una fuerte explosión se hizo presente, a la vez que todo tembló de forma inesperada.

Con curiosa sorpresa el castaño miro a Bairei, que simplemente asintió, se notaba que estaba acostumbrado a ello. Entonces se puso de pie y salió de la casa, seguido del Hitsugaya, que todavía no dejaba su curiosidad.

Fuera, la muchacha estaba sentada en el suelo, en posición de indio, recargando su cara en su mano, escuchando con aburrida expresión lo que el pelinegro que tenía en frente le explicaba de forma molesta.

- Si vuelves a hacer eso, harás que medio Rukongai salga volando – dijo en tono frío y seco, mirada de enojo y color verde que se fijaba severamente sobre la niña.

- Valla, es la primera vez que te escucho hablar tanto – se mofó ella, con su vista algo gacha y cargada de tristeza.

- Te estoy hablando enserio, Dekiru – recalcó, desenvainando su espada. A la vez que ella se ponía de pie y suspiraba – Si no eres fuerte, no mereces tú nombre – incito, apuntándola con su arma, mientras la energía se desprendía de la castaña, resaltando de un color rojo que a Daiki lo hizo temblar y recordar ferozmente cada uno de sus sueños.

Y con sutileza se sentó en el suelo a observar, al igual que Bairei.

- Daiki, ¿Estas bien? – inquirió el peli-azul.

El pelinegro atacó a la muchacha con su espada.

- Dime algo…

- ¿Qué?

- ¿Por qué se me hacen tan conocidos todos ustedes? – dijo, perdido en cada uno de los movimientos que el entrenador y la alumna hacían.

El muchacho dudó en decirle – Primero dime algo…

- ¿Qué es? – le dirigió una mirada.

A la vez, Dekiru esquivaba un golpe de Zampakuto.

- ¿De donde vienes? Más bien… ¿Quién eres? – curioseó.

- Vivo en el sereitei, soy hijo de dos shinigamis del Gotei trece, capitán y teniente… También estudio para ser uno – explicó – Y no me falta mucho para terminar.

- Claro… ¿Sabes algo de la Guerra de Invierno? – cambió completamente de tema.

- Si… Por supuesto, fue la más importante. Tuve un muy largo examen oral sobre ella, donde tenía que hablar sobre los espadas y Aizen – comentó, frustrado de solo recordar aquella vez.

- Bien… ¿Entonces recuerdas el orden de los espadas?

- Si… Oye ¿Por qué me preguntas esto?

- Es que… - nuevamente dudo en decirlo, y dirigió una mirada a la pelea que se armaba frente a ellos – Somos cuatro personas que vivimos aquí – comenzó a explicar – Él se llama Benjiro y su gemela, que ahora mismo no está, es Ikiru (2) – El castaño le miraba sin entender mucho a donde quería llegar con aquello – Ambos… - se tomo su tiempo – Sn hijos del cuarto espada – Los turquesa ojos se abrieron desmesuradamente – Yo… Soy hijo del sexto espada… - ahora trago saliva.

- ¿C-Como…?

- Yo nací hace veinticinco años ya… Y él y su hermana hace treinta. Entre nosotros no sabemos siquiera como se llamaban nuestros padres, y nuestras madres simplemente desaparecieron el día en que nacimos… Soy hijo de un alma que fue llevaba a Hueco Mundo por un hollow y un Arrancar del que no recuerdo ni su nombre, que solo dejo que asesinaran a mi madre una vez nací, y me abandonaran aquí junto a una anciana que ya cuidaba de Benjiro e Ikiru…

- Y ¿E-Ellos?

- Nacieron tres años antes de que todos se aliaran al traidor y de por si jamás conocieron a su padre, solo a su madre, que era una ex-shinigami joven y retirada, que se encontraba enferma en ese momento… Los tubo con ella por cuatro años, antes que los dejara con la anciana y luego al año llegue yo…

- ¿Qué hay de…?

- Y ella… – señalo a la muchacha que ahora sonreía entusiasmada mientras seguía con la práctica – Es…hija del mayor traidor de la Sociedad de Almas… Sousuke Aizen…

Y ahora si, una fuerte presión en el pecho por poco no lo deja respirar. Llevo una mano al mismo, intentando calmarse, en ese momento solamente podía sentir como su madre se llenaba de los recuerdos de su antiguo capitán. Y para nada quería aquello, él sabía perfectamente todo lo que sufrieron sus padres por su culpa. Miro a su acompañante que solo le sonrió de lado de forma comprendedora.

- Tiene apenas catorce años… - agregó el peli-azul.

- ¿C-Como…? Es imposible…

- ¿De que hablan? – la dulce voz hizo que ambos callaran al instante y la miraran con rapidez, el Hitsugaya de forma seria y todavía con el shock de la noticia - ¿Qué ocurre? – pregunto, centrada en la mirada del muchacho. Para luego agachar la cabeza con tristeza, darse la vuelta e irse. Puesto que rápido había supuesto que aquel chico al que salvó, sabía la verdad que mucho le costaba admitir.

- Dekiru-chan – escucho que la llamaban, y detuvo su paso, todavía mirando hacía abajo, centrándose en sus pies descalzos, en espera de algo más para decir – Debo volver a casa antes que me tomen por muerto – dijo riendo, ante la seriedad de la situación y que presentaban los otros dos muchachos - ¿Quisieras…acompañarme?

La castaña levanto la vista y volteó a mirar al chico. Tan acostumbrada a que luego de saber, la despreciaran de alguna manera, que aquella pregunta no solo la tomo por sorpresa, sino que la hizo dudar de quien era en realidad aquel muchacho.

- ¿Quién eres? – inquirió al final.

- Hitsugaya Daiki. Estudiante a shinigami e hijo de dos de ellos – acabo de presentarse.

- ¿Quiénes? – a sus espaldas, con voz fría, Benjiro pregunto.

- Hinamori Momo y Hitsugaya Toshiro… - respondió, pero sin quitar la vista de la chica que ahora agachaba la mirada al suelo nuevamente – Dekiru… Quiero que sepan de ustedes… - confesó de una, ante la sorpresa en la mirada que detonaron los otros dos.

- Pero…

- No te harán nada – le tranquilizó, acercándosele y tomándola por los hombros de forma reconfortable – Apenas te conocí y ya me caíste bien… ¿Qué tiene que seas hija de Aizen? A mi no me importa, tu no eres ni parecida a él – intentó animarla – No quiero que nadie sepa de ti…

Sus ojos se encontraron. Y se miraron intentando encontrar en el otro algo que los confiara a ambos. Suerte que lo encontraron, para sorpresa de los compañeros de Dekiru que se miraron dudosos entre si, ante la respuesta afirmativa que la menor de ellos dio.

Las cuatro miradas, alertas, miraron a quien recién aparecía en el lugar. Con los ojos bañados en lágrimas que sorprendieron de sobremanera al Hitsugaya.

- Momoko… - susurro el castaño, soltando a Dekiru por un momento para recibir un abrazo de su hermana.

- Eres un idiota, Daiki – recalcó ella, sin separarse del abrazo y dirigiendo una mirada a los otros tres presentes, sintiendo una extraña familiaridad con ellos. Pero no le importo en nada, solo se propuso a estrujar al torpe de su hermanito que el muy genio no se había dignado a volver.

Al otro día, llegaron nuevamente al sereitei. Esta vez con sus tres acompañantes que constantemente miraban alertados en todas direcciones, siendo altamente regañados por Momoko ante esto.

El Hitsugaya mediano recibió el abrazo estrujante de su tía Rangiku y el húmedo de su madre, las palabras de regaño de su padre al enterarse éste que había estado vivo y no había regresado.

Llego la hora de explicar a sus padres quienes eran sus tres acompañantes, hablando solamente con Dekiru y ellos a solas. Mientras su hermana se quedaba fuera con Bairei y Benjiro.

Luego de eso. Hinamori y Hitsugaya se encaminaban a las cárceles del primer escuadrón, donde estaba, supuestamente, 'encerrado' Aizen. Necesitaban explicaciones claras ¿Cómo tenía una hija de catorce años si el estaba encerrado hace más de veinte años?

- Bien, lo que quería decirles es sobre ellos tres – comenzó su explicación Daiki – ¿Vieron el muchacho de cabello azul? Es hijo del sexto espada, Grimmjow Jeaguerjaques… - suspiro - El muchacho de cabello negro, tiene una gemela, y ambos son hijos de cuarto espada, Ulquiorra Cifer… miro a su lado - Ella es Dekiru… - la misma se sonrojo al recibir las miradas de la pareja – Y…

- Soy hija de Sousuke Aizen… Y solo tengo catorce años… - con ello, dio a entender que ni ella sabía como era posible aquel acontecimiento.

Las puertas de la prisión se abrieron. Solo tenían cinco minutos para aclarar sus dudas. Después de todo tenían prohibido hablar con él, ésta fue una clara excepción.

- Tienes visitas, Sousuke Aizen – declaró uno de los guardias, dejando paso a la teniente del cinco y al capitán del diez.

- ¿Visitas? – Dijo de forma sarcástica – Que enorme sorpresa… - dijo con más sarcasmo, y entonces noto tres figuras acercarse, dos de ellas, ya conocidas, que lograron darle ganas de reír y la otra, solo prefirió no darle importancia a lo que sintió.

- Necesitamos saber algo – fue lo que dijo Toshiro, secamente, mientras que unos pasos detrás Momo sostenía por los hombros a la castaña que no salía de la sorpresa al encontrarse allí.

- Dime… No tengo otra cosa que hacer aquí…

- Tienes una hija de catorce años, explícame ¿Cómo es eso posible? – y una risa sarcástica y burlona logro que frunciera el ceño molesto.

- ¿Una hija? ¿Estas demente? – pero su risa cayó, volviendo su voz seria – No tuve hijos nunca, siempre estuvo prohibido aun cuando era shinigami… ¿Quién te hizo creer eso?

Y con aliento de Momo, y acompañada de la misma, con cierto temor Dekiru se acerco la celda. Sus piernas temblaba, al igual que toda ella, más aun sintiéndose observaba por aquel hombre, que, inevitablemente, tenía el reiatsu demasiado parecido al suyo. Un escalofrío recorrió su espina dorsal.

- ¿Quién eres? – pregunto el Sousuke.

- D-Dekiru… - fue lo que respondió ella, temblante.

- ¿Quién s tu madre? – inquirió nuevamente.

- Murió hace años… Pero se llamaba Kimiko No Shadou – respondió nuevamente, pero esta vez en un hilo de voz quebrante – Era un alma del Rukongai. Una muchacha aparentemente joven, cabello negro y ojos azules. Hija de una señora mayor que ya criaba a dos niños antes que yo naciese…

- Kimiko… - susurro. Y luego de un chasquido de dedos, la cinta que cubría su vista ya no estaba. Dejando ver a la asustada castaña que tenía enfrente, acompañada de el peliblanco y la melocotón, que de por si lo miraban con alto desprecio – Si… La conozco.

- ¿Hay una posibilidad de que esta niña sea quien cree ser? – fue pregunta de Hinamori, que todavía no llegaba a entender que estaba hablando justo con su anterior capitán.

- Si… - confirmó, ante la sorpresa que mostraron los tres presentes - ¿De verdad creyeron que estuve encerrado todos estos últimos veinte años? Antes de ser sentenciado ya me habían dejado sin poderes, y antes del encierro, pude escapar con la ayuda de alguien, uno de mis antiguos subordinados espadas…

- ¿A que quieres llegar?

- Hace trece años estoy encerrado terminantemente en este lugar, y mis últimos dos años como fugitivo los pase en una pequeña casa del Rukongai, donde vivían una anciana con tres niños y la madre de esta niña, por supuesto… - miro a Dekiru por un momento, antes de escuchar otro chasquido de dedos y notar que sus ojos eran cubiertos nuevamente – Tu nombre esta bien puesto, Dekiru… ¿Y sabes lo que, seguramente, no quieres? – Ella trago saliva – Eres muy parecida a mí… Después de todo, yo te nombre, solo que jamás creí que seguías con vida…

1: 'Dekiru' significa 'Poder', y 'No Shadou' es 'De Sombra'.

2: Ikiru significa Vivir.

Uff… ¡Mil perdones la tardanza! Este capitulo es un verdadero desastre.

Miko: Bicho-chan promete que el próximo será mucho mejor, ya que también puede ser el último…

Verdaderamente… Gracias a Any-chan15, Sayitta-Hinamori, RoseWeasley13, SHIROMOMO y Lalalas.

¡Muchas gracias por leer! Dejen sus reviews por favor…

¡Cuídense mucho, nos leemos! ^^