No entiendo que pasó en el capítulo anterior pero la nota final no salió, bien por eso dejaré constancia de que ESTE FIC ES UN REGALO DE CUMPLEAÑOS PARA ANGELINA ARTEAGA, una amiga de Facebook, y una comentarista de fic admirable, espero que la disfrutes y que te guste, ya me dirás que te parece.
Leo: Hola, sí que termina así, no sé por qué no salió la nota final, en donde claro está estaba la despedida y la dedicatoria.
En fin, me alegro que te guste, ya me dirás que te parece este nuevo capítulo, nos vemos en los otros fics, el de No intervendremos lo subiré esta noche, son dos capítulos, es que ahora no me da tiempo a actualizar más historias porque he de irme, así que espéralo para esta noche buybuy, cuídate y nos vemos pronto ;)
Gimli: Hola, gracias por leer y comentar, espero que te siga gustando, ya me dirás que opinas de este nuevo capítulo, nos vemos pronto buybuy. ;)
Noemi Cullen: Hola, muchas gracias por tus palabras y por leer y comentar, espero que siga gustándote el fic hasta el final, nos vemos pronto o al menos eso espero buybuy y hasta el siguiente ;)
Objetivo:
Sintió que algo la golpeaba en la cabeza, de forma perezosa abrió los ojos:
-Arriba, es evidente que la noche pasada te divertiste de lo lindo.
La voz de Pansy la sacó de su descanso, miró a esta y vio que había vuelto a hacer de las suyas:
-Otra vez te has cambiado el pelo.
-Me aburrí de ser pelirroja, no comprendo como puedes tú seguir siendo castaña, el color de tu pelo es aburrido.
No le hizo el menor caso:
-¿A qué se debe tú presencia aquí hoy?
Pansy, sonrió enigmáticamente y declaró:
-Estar toda la noche entre humanos te ha vuelto olvidadiza.
-No estuve entre humanos, solo estuve con uno.
-No sé que le ves a acostarte con esos seres tan insignificantes, lo que uno de los nuestros puede ofrecerte es mucho mejor.
Se incorporó de la cama con la gracia que la caracterizaba y con un simple camisón de seda, caminó descalza hasta el armario, abrió el mismo y revisando entre sus ropas declaró:
-Sí, pero eso implicaría escoger a uno, y soy demasiado joven para atarme a un sangre pura, deja que me divierta tranquila.
-Si yo te dejo, el problema aquí, es que el Drante se ha enterado de tu escapada de la noche anterior.
Tras sacar unos pantalones vaqueros negros que se ajustaban a sus piernas, un top rojo y una camisa fina también negra, tiró la ropa encima de la cama y replicó:
-¿Quién es el chivato en esta ocasión?
Pansy sonrió sin más, se puso en pie e hizo una reverencia ante ella:
-Si serás perra.
Pansy rompió a reír divertida:
-No querida, soy una zorra, y me alegro de serlo, te recuerdo que tú me vendiste la semana pasada, le revelaste que salí de caza.
-Necesitaba puntos con él, pero esto es diferente, salir de caza no es relacionarse con la posible comida.
Pansy se encogió de hombros y declaró:
-Puedo brindarte una especie de salida, yo que sé, dile que estabas buscando al siguiente Drante, seguro que eso lo desvía del tema principal.
Sin más Pansy se acercó a la puerta y añadió:
-Por cierto te quiere en la sala en menos de una hora.
La dejó sola en la habitación, sin duda recibiría un buen castigo, el Drante no admitía que sus hijas hicieran lo que ella había hecho, Pansy hija de la familia pura Parquinson, Padma hija de la familia pura Patil, Hanna hija de la familia pura Aboot y ella, Hermione de la familia pura Granger.
Era bien sabido que cada Drante debía concebir al menos varios hijos de sangre pura, y hacer que su linaje perdurase, este Drante había engendrado cuatro hijas legítimas, pero había creado a muchos desperdicios para distraer a los cazadores.
Sonrió de medio lado, esos eran unos idiotas, mientras ellos podían crear figuras que pese a que no se volvían inmortales como ellos, sí que podían matar y crear serios problemas entre los humanos, los Cazadores solo se dedicaban a ser unas pocas familias, y no admitían a nadie en su grupo.
Eso era una estupidez, y a lo largo del tiempo, era evidente su superioridad ante esos ineptos, el único problema era, que, sin un motivo aparente, los Drante habían comenzado a escasear entre ellos, hacía quinientos años que su padre había aparecido, y durante todo ese tiempo no había dado señales de existir otro Drante.
Eso significaba que los sangre pura podrían tener serios problemas, pues solo el Drante podía engendrar hijos, y crear nuevos inmortales, su sangre era la única que podía otorgar ese poder, había algunas veces que el Drante consideraba oportuno que había pocos sangres puras y elegía a algunos convertidos para otorgarles la inmortalidad.
Hijos legítimos del Drante varones no había ninguno, todos eran trasformados, si el Drante hubiese tenido un hijo varón todo sería diferente, pues además de asegurarse un puesto privilegiado, solo él podía crear inmortales o incluso si era una buena mezcla de sangre, engendrar algún hijo.
Nunca sería igual que si el Drante lo hiciera, pero aseguraba la perpetuidad de todos ellos.
Además los hijos de los hijos del Drante ya no tenían el mismo poder, eran puros sí, pero ya no podían tener hijos ni crear inmortales. Y ahí radicaba el problema que los acometía, si al menos hubiese un hijo varón legítimo el temor no sería el mismo.
Pero no, y pese a que tenían constancia de que había un nuevo Drante, les había sido imposible localizarlo, no obstante su padre se había encargado de que los cazadores tampoco lo localizaran, la legendaria familia de cazadores Potter, la única con un poder tan increíble como detectar a un Drante había sido exterminada.
Tras darse una buena ducha y vestirse, se retocó el cabello y lo dejó caer limpiamente por su espalda. Sabía que al Drante le gustaba su cabello largo y suelto, era la única de sus hijas que contaba con el cabello largo, este decía que era su favorita.
Pese a que ser su favorita otorgaba ciertos beneficios, también era sabido que no era lo mejor que podía pasarle a ninguna de ellas. Ser la favorita dejaba en claro que podías ser la siguiente amante.
Aun no la había solicitado como tal, pero no se hacía la estúpida y sabía de sobre que acabaría algún día en su cama, sin embargo, eso podría esperar, ahora la prioridad era encontrar al siguiente Drante.
Salió de sus habitaciones y al hacer eso escuchó que le decían:
-Así que la princesa de la noche ya está despierta.
Ni lo miró, era consciente de quien se trataba:
-¿Te divertiste anoche?
-Sí, el lugar que me recomendaste me aportó un sujeto interesante.
-Me alegro haber sido de utilidad para mi señora, y dime, ¿mordiste a tu galán?
-No suelo comerme aquello que me aporta placer, aunque confieso que probé su sangre.
-Eso sí que es una novedad, ¿suficiente sangre?
-No Snape, no soy estúpida, sé lo que eso puede significar, pero el chico no se convertirá en uno de nuestros siervos y podrá seguir con su vida tal y como hasta ahora.
Snape rompió a reír divertido:
-Seguro que sí, y buscando a su amante todos los días de su vida.
-Ese es un mal menor, seguramente creerá que todo fue un sueño producido por el alcohol.
Snape asintió a sus palabras:
-Está furioso.
-¿Por algo en particular?
Este se encogió de hombros y levantó una de sus manos hacía arriba, tenía levantados tres dedos, sin dejar de caminar declaró:
-No encuentra al Drante por ninguna parte, y se está planteando la posibilidad de que cometió un terrible error al terminar con los Potter, cree que hubiese sido buena idea mantener como marioneta al inepto de Potter. –Bajó uno de sus dedos y señaló el siguiente: -Debe enfrentarse a algo que anteriormente no había sucedido, la cachorra de los Black ya ha llegado al despertar y necesita alguien que la controlo mientras se centra. –bajó el segundo dedo y señalando el tercero añadió: -Y su hija favorita está retozando con seres inmundos cuando se le place, sí, creo que esos tres motivos son más que suficientes.
-¿La cachorrita Black? Tenía entendido que solo quedaba un Black con vida que suponía un peligro para nosotros. Sirius Black ¿no?
Snape bajó un poco la cabeza y sonrió, una sonrisa siniestra y sumamente divertida:
-No es una Black completa y sin duda nuestro querido Sirius desearía poner sus manos encima de ella. La cachorrita es un híbrido, hace veinticuatro años el actual Drante mordió a Andrómeda Black, la última mujer Black cazadora que quedaba en esa familia, lo que el Drante desconocía es que la chica estaba embarazada.
Esta estaba tan débil debido al embarazo que no acabó convertida como sus otras dos hermanas, sino que acabó muriendo, tuvo a su hija, pero al igual que la madre no terminó de convertirse.
Ahora es una híbrida, está apunto de despertar y no sabemos en que puede desembocar, es alguien única.
Llegaron a la puerta donde se encontraba el Drante a la espera de que apareciese ella y Snape se despidió de ella con una sonrisa retorcida en el rostro, lo ignoró y abrió la puerta sin más, en el interior de la sala se encontraban el Drante y una de sus hermanas, Padma.
Iba vestida con un vestido negro con vetas rojizas, sin duda estaba en el puesto de amante, aún quedaban por caer ella y Hanna, no se hacían muchas ilusiones de salir airosas de eso, pero al menos esperaban que Padma diera la talla lo suficiente para tener suficiente tiempo para ellas.
Compuso su mejor sonrisa para su hermana y declaró:
-Me llamó mi señor.
-Sal de aquí Padma querida, hay algunas cosas que quiero tratar con tú hermana menor.
Padma sonrió a su vez e hizo una inclinación hacía el Drante, caminó de forma grácil hacía la puerta y al pasar cerca de ella declaró:
-Hazte la sumisa hermana, hoy no está de buen humor.
En cuanto se escuchó que la puerta tras ella se cerraba el Drante fijó sus ojos en ella. Unos ojos negros como la más oscura de las noches, tenían unas motas rojizas en los mismos y eran escalofriantes, según le habían enseñado los Drante tenían ojos infinitos.
El cabello del Drante era negro y lo llevaba de un largo hasta los hombros, algunas veces lo llevaba cogido con un lazo de seda de cualquier color, otras sin embargo estaba suelto y en esa ocasión le caía por el rostro.
Era un tipo apuesto, no podía negarlo, pero también peligroso, muy peligroso:
-¿Dónde fuiste anoche pequeña?
Su voz sonó en un susurro.
De forma despreocupada caminó por la sala y declaró:
-Por el pueblo de los cazadores.
Sintió la ira del Drante en su interior, todas sus hijas debían de estar sintiéndola en ese preciso instante, del mismo modo que podían sentir todas sus emociones si las mismas eran fuertes.
-¿En el pueblo de los cazadores?
-Así es, quería saber cuantos cachorros de cazadores hay en edad de luchar, sin embargo no encontré a ninguno. Hace dos semanas el de la familia Malfoy alcanzó la madurez, la familia Lovegood y su cachorrita ya están en danza también, el fortachón de los Longbottom comenzó su entrenamiento al igual que el último Weasley varón hace un mes.
Sintió la curiosidad del Drante y sonrió para sí:
-Eso quiere decir que todos los Weasley ya están en su entrenamiento.
-No todos mi señor, todavía está la pequeña gatita, pero por lo visto esta no ha heredado los dotes de su padre. Ella ha quedado exiliada de su familia, una gatita abandonada.
-¿A qué te refieres?
-Es una humana más, al parecer siete hijos consiguen que el último pierda la pureza de la sangre en nuestros cazadores. Vive en el mundo humano sin saber que tiene hermanos, siendo una completa desconocedora de nuestro lado del mundo.
-¿Vigilancia?
Miró al Drante y sonrió:
-Ninguna mi señor.
La risa del Drante inundó toda la sala, los cazadores habían sido muy estúpidos al dejar a esa Weasley tan expuesta, al parecer creyeron que la mejor protección era el ignorarla por completo, pero habían olvidado que el amor de una madre era mayor que su deber o pensamiento, y la pobre Molly Weasley no había podido dejar de ver a su pequeña en el orfanato al que había sido designada la chica.
Aun faltaban un año para que la chica fuera accesible, pese a que para los cazadores la chica no era útil por ser una simple humana, para el Drante era una posible sangre pura más.
-Muy bien mi pequeña, por eso eres mi favorita, piensas como yo. Quiero a esa Weasley para nosotros.
-Aun queda un año para su posible despertar mi señor, es una cachorra de diecisiete años.
-Muy bien, entonces tendremos que hacer nuestro movimiento para ganarla ahora.
-Tenemos que ir con cuidado, creo que no debemos mostrar interés en ella de forma muy clara o sino los cazadores se percatarán que la queremos para nosotros.
-Evidentemente, quizás nuestro miembro más joven pueda acercarse a ella, fingir interés y amistad hasta que esté madura para nosotros.
-Es lo más sabio mi señor.
El silencio se estableció en la estancia y cuando ya se creía fuera de la cólera del Drante este declaró.
-De todas formas no creas que te librarás de tu castigo pequeña, has de aprender que los humanos no son algo a lo que acudir cuando necesitas saciarte. Ellos son inmundicia y no consentiré que una de mis hijas se retoce con la misma.
Sintió la mano fría y fuerte de este bajo su cuello y como sus ojos se clavaban en los de ella, no intentó luchar, sabía que era imposible, pero tampoco apartó la mirada de él.
-Pequeña Hermione, no me gusta que regales a otros lo que es mío, y viendo que estás deseosa de darlo en breves te lo pediré.
El Drante apresó sus labios con furia y ella respondió al beso, sintió en su interior el deseo que el Drante estaba experimentando por ella, y sin duda todas sus hermanas lo sintieron a la par, agradecía el que ellas no pudieran sentir lo que ella estaba sintiendo, pues no le agradaba encontrarse en esa situación. Sus hermanas peleaban por el puesto de la favorita como si eso pudiera granjearles a ellas protección, lo que no parecían entender es que eso las convertía en el punto a atacar.
El Drante se separó de ella y con un destello de ira mezclado con deseo desenfrenado, agitó su mano con un leve movimiento y ella salió despedida contra una de las paredes, antes de golpearse contra la misma consiguió estabilizarse lo justo para evitar el duro golpe, no obstante este llegó hasta ella antes de que se recuperara del todo, la empujó contra la pared y clavando sus dedos en uno de sus hombros se acercó a su oído y declaró:
-Como te sobra el tiempo, te daré algo para hacer, vigilarás de cerca a la cachorrita Nymphadora Tonks, controlaras sus movimientos y si despierta quiero que seas lo primero que vea y que le ofrezcas ayuda, si la pierdes no podrás ocultarte de mi cólera y la próxima vez que me entere que te acuestas con esos despreciables humanos, te entregaré a todos los sangre pura después de saciarme yo mismo.
La soltó y sintió que el hombro le ardía, al mirarse el mismo descubrió que caían unas gotas de su sangre por el mismo, posó su mirada en el Drante y vio como este llevaba uno de los dedos que le había clavado hasta sus labios, horrorizada supo lo que eso significaba, si ella experimentaba el sexo con cualquier humano, él, lo sabría en el acto.
Acababa de atarla.
Cuatro años y medio después:
Repaso sus pechos con su lengua y bajo lentamente por su abdomen, deposito pequeños besos por el camino y se recreó en su ombligo, un lugar que a ella la volvía loca.
Con sus manos dibujó cada curva de su cuerpo y acarició hasta el lugar menos accesible de ella. Nunca se saciaba lo suficiente, en esos malditos cuatro años no había conseguido alcanzar la plenitud, pero ese día aparentaba ser distinto.
Sintió como se revolvía bajo sus manos y decidió torturarla un poco más, siguió su camino hasta alcanzar sus húmedos labios y lentamente la saboreó, su nombre escapó de sus labios en una mezcla de placer y tortura.
Se sació de su sabor a la par que ella alcanzaba el cielo, se sintió eufórico al comprobar que después de tantos sueños ella había alcanzado al fin lo que tanto deseaba, y gracias a que él se lo había dado.
Sintiendo el deseo de saciarse a él mismo volvió sobre su camino y se refugió en su cuello, Lavanda, era como estar en casa. Sin impedimento alguno y en cierta manera deseoso entró en ella.
Lo recibió envolviéndolo en sus brazos:
-Parece que hoy sí que tenías ganas.
La voz de ella lo obligó a abrir los ojos, verde y plateado se encontraron en el camino, un escalofrío lo recorrió:
-Luna.
Susurró su nombre con cierta sorpresa, pese a que era evidente que no podía ser otra más que ella quien se encontrase entre sus brazos en ese instante, ella le dedicó una sonrisa a la par que se mordía el labio inferior y se movía contra él.
¿Cómo había sido tan estúpido?, llevaba cuatro años soñando noche sí y noche también con que le hacía el amor a una muchacha que nada tenía que ver con Luna.
Que se perdía en su piel y entre toda ella, más nunca conseguía satisfacer su deseo y ni su propia hambre de ella, la veía en diferentes lugares, en una cama con doseles rojizos, en una sala acompañada de bastante gente a los que realmente no miraba.
Se perdía única y expresamente en ella, en el calor que emanaba y el deseo que sus ojos ámbares le procesaban cuando lo notaba cerca. Era una atracción animal y cargada de lujuria.
Enfadado por su estupidez no dudó en desquitar su frustración de no ser a ella a la que había llevado casi a la locura. Entró en Luna y salió de ella consiguiendo que se perdiera en todo lo que le estaba provocando.
Luna alcanzó de nuevo el clímax y poco después la acompañó, no obstante no estaba para nada conforme.
Se separó de ella algo molesto y se sentó en la cama, Luna se giró sobre sí misma y lo miró entre las sábanas:
-¿Nervioso por tú primera misión como jefe?
¡Ojalá fuera eso!, se puso en pie completamente desnudo y caminó recogiendo su ropa por el camino:
-¿Dónde vas?
-A darme una ducha, en una hora tenemos que estar abajo, o Sirius se transformará en algo incontrolable.
Luna rio divertida y también se levantó de la cama, llegó hasta la puerta del baño antes que él, le guiñó un ojo y declaró:
-Una hora da para mucho, y te veo con energía hoy.
Estuvo tentado a negarse, sin embargo se sentí en cierto modo culpable, acababa de acostarse con ella mientras pensaba estar poseyendo a otra, una a la que no conocía de nada.
Quizás le debía un poco de su atención. Sabía que lo que tenía con Luna era más desahogo que otra cosa, después de todo, durante dos años había sido torturado cada noche soñando que cada una de ellas, acariciaba y disfrutaba de una fantasía con olor a Lavanda y algo prohibido.
Con sabor adictivo y metalizado, una noche sumamente borracho y más en una de sus fantasías que en la realidad, había terminado con Luna en la cama.
Ella sola, él más que dispuesto a dejar de sonar esa clase de cosas y hacer una realidad, se habían enfrascado en una relación.
Draco decía que prefería eso a tener que salir con Luna de marcha y soportarla de caza y frustrada sexualmente.
Sirius daba su visto bueno, después de todo era una cazadora y por lo visto él, debía estar con una de los suyos. El único que parecía inconforme con su estado actual, era su mejor amigo Ron.
Se acercó a la puerta del baño y descubrió que Luna ya estaba en la ducha y que su cabello rubio caía por su espalda desnuda acariciando brevemente la parte baja de su espalda, justo donde esta dejaba de recibir ese nombre.
Era una mujer hermosa, no comprendía como podía fantasear con otra teniendo a Luna a su disposición cuando alguno de ellos lo deseaba. Eran una pareja estable pero con secretos.
Abrió la mampara de la ducha y tras soltar la ropa y dejar las toallas al alcance de ambos, la abrazó por la cintura y apresó su cuello con sus labios. Intentó no cerrar los ojos, quería verla a ella, hacerle entender a su mente que era Luna la que lo besaba y recibía y no alguien inexistente y borrosa de su mente.
La hora pasó rápidamente y justo a tiempo llegaron a la reunión que daría comienzo a su primera misión como jefe de grupo. Cuatro años y medio de entrenamiento se pondrían a prueba esa noche, ¿estaría a la altura de las expectativas?
Sus ojos verdes resplandecían en la oscuridad de la noche, los cerró por unos instantes y respiró hondo, el sonido de la música, lo embargaba mientras movía lo justo sus brazos.
Habían cometido un error y él se aprovecharía del mismo, no pudo evitar recordar lo sucedido el mismo día de su dieciochoavo cumpleaños, cuando su vida dejó de ser la de un chico normal y corriente de dieciocho años. Preocupado única y exclusivamente por sus estudios y por las fiestas a las que asistiría o dejaría de ir.
Después de la metedura de pata de Luna y Draco en la sala de estar de la casa de Sirius, McGonagall había irrumpido en la misma y había echado a Draco y Luna de la casa, Sirius y Ron se encontraban encerrados en el estudio del primero.
Ron se marchó también y solo quedó él en la estancia cargado de preguntas y dudas.
Sirius no había dudado un segundo en comenzar a hablar, se había negado a creer todo eso, y más aún a aceptar lo que este le había dicho que debía hacer. Tras la negación inicial, había llegado la reprimenda de McGonagall y su presentación como su tutora oficial. Ella, Sirius y Remus Lupin, eran los encargados de entrenarlo y hacerle entender su posición en todo eso.
Él era el líder de los cachorros cazadores, como Sirius y Remus los habían apodado, decían que era el nombre que los vampiros habían utilizado para referirse a ellos y al parecerles gracioso, ellos mismos habían comenzado a apodarlos así.
Esa sería la primera misión que él dirigiría, evidentemente Ron estaba cerca de él, él había sido el jefe hasta ese momento y pese a que no le hacía gracia ser el segundo ahora, era su puesto.
Sirius no había ocultado nada y su forma de hablarle había sido cruel y sin una pizca de sentimiento, le había dejado en claro que los sentimientos carecían de importancia a ese lado de la línea, que solo servían para atar y destrozar a la gente.
En esos años había recibido instrucción sobre lo que debía utilizar para matar a alguno de esos seres despreciables, le habían enseñado a luchar con las mismas e incluso sin armas. A defenderse y ocultarse en la noche, a luchar herido y sobre todo a proteger todas y cada una de las partes de su cuerpo.
Debía impedir que lo mordieran y sobre todo que alguno de esos despreciables probase la más mínima gato de su sangre. En todo ese tiempo había aprendido varias cosas, pero le habían dejado en claro que seguía siendo un cachorro y que no dejaría de serlo rápidamente.
Remus era el explorador, y él había sido el que había descubierto que varios siervos de esos indeseables, vigilaban a una joven de veintiocho años, que acababa de graduarse como policía. Esa misma noche, ellos abordarían a la chica, necesitaban saber porque les interesaba a los vampiros.
Según Remus, solo podían existir dos opciones, o era uno de ellos a los que debían proteger, o esos vampiros solo la querían como carnada.
Abrió los ojos al escuchar la primera campanada del gran reloj y miró a la oscuridad de la noche, las once en punto, la chica debía comenzar a caminar por la calle que daba a su edificio.
-¿Listos?
-Sí, Harry, nosotras estaremos en el lado sur.
-Yo y Neville nos ocupamos de los tejados.
-Entonces Harry y yo somos los apuestos cebos para atraer a la chica.
-Si no es ciega, sin duda aprovechará la oportunidad.
Luna se acercó a él sonriendo y depositó un corto beso en sus labios, alargó su mano hasta rozar su mejilla y él respondió al gesto con una media sonrisa:
-Ten cuidado Luna, no sabemos quienes pueden seguirla exactamente.
-Tranquilo galán, tu gata es de armas tomar.
Neville le sonrió y le palmeó en la espalda, Ron tan solo le hizo un gesto a Neville. El chico Longbottom parecía más un armario que un chico de veintidos años casi veintitres, sus ojos invitaban a sonreírle, pese a ello era todo un contrincante a tener en cuenta, y con el arco no tenía rival.
Ron era más de pistolas. Luna se había dedicado a los puñales y había conseguido que le construyeran unos látigos bastante dañinos para esos despreciables.
Ella decía que a las bestias había que amaestrarlas bien.
-Será mejor que nos demos prisa, tenemos que llegar antes de que entre en su edificio.
-Ya lo sé, tened cuidado todos.
Sin más cada dos se pusieron en marcha a sus respectivos lugares, la compañera de Luna era una muchacha asiática mayor que ellos, tenía el cabello largo y negro, era muy callada y sus ojos negros eran poco expresivos. Su nombre era Cho Chang, por lo visto había pasado algo y los cazadores se estaban rejuntando, aun no les habían informado de a qué se debía ese cambio.
Cho había sido la primera en llegar a su organización.
Draco y Harry llegaron al principio de la calle en poco tiempo, caminaban por la misma como distraídos y Draco parloteaba como si nada, la verdad era que no le estaba prestando demasiada atención a lo que decía. Tan solo tenía fijos sus ojos en el frente a la espera de que la muchacha hiciera su aparición.
La decisión de que él la abordase había sido de Sirius, decía que por alguna razón no habían registrado aún su presencia los vampiros, y deseaba que se diera a conocer consiguiendo una completa victoria.
-Lo lamento mucho señorita, vaya torpe que soy.
Draco se encontraba ayudando a recoger unas cosas a una muchacha contra la que había tropezado, esta contaba con el cabello rojo casi como el fuego y unos ojos acaramelados, discutía con Draco enfadada a la par que su objetivo entraba en la calle:
-Draco vamos.
-Espera, maldita sea, me he enganchado con el maldito bolso.
Miró a este como discutía con el mismo:
-Lo lamento mucho, mi amigo es un desastre.
-No hace falta que lo jure, maldita sea, va ha romperlo.
Reclamó la chica intentando detener a Draco y sus tirones del bolso:
-Me adelanto.
Declaró sin más y abandonando a esos dos allí, la chica contaba con un cabello de un color negro azulado, no obstante tenía mechas de color violeta, resultaría extraño sino fuera porque le quedaban bastante bien. Era una muchacha delgada y se encontraba en buena forma, iba distraída tarareando una canción, no le fue difícil identificar la misma; "My Inmortal" de Evanescence, muy apropiada sin duda.
Abrió la boca para saludar a esta cuando sintió un escalofrío recorrerlo, todo su cuerpo sintió una pequeña descarga, cerró los ojos y la respiración se le aceleró, era imposible, le habían advertido que podía sentir a los sangre pura, pero Remus le había dicho que solo siervos seguían a la chica.
No obstante no era el caso, abrió los ojos y miró a su alrededor, algo andaba mal, terriblemente mal, todo su cuerpo detectaba el peligro, pero no lo veía.
-¿Te sucede algo?
Miró a la muchacha ante él y al ver su sonrisa dio un paso hacía atrás, era ella, la muchacha a la que se supone que debían de engatusar era una sangre pura, ¿cómo era posible eso?
-Sí, es solo que…
Cortó su frase a medias, si bien ella era una sangre pura no era la amenaza que él sentía, no era la que lo tenía nervioso y confundido. Ella no despertaba en él nada más que un cosquilleo.
-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?, pero si es el cachorrito Malfoy.
Esa voz sí, rápidamente se giró colocándose ante la muchacha que debía proteger y se encontró ante otra que observaba a Draco, el cual se encontraba delante de la otra muchacha con la que había chocado hacía unos instantes.
-¿Cómo es posible que haya pasado esto?
Ese sí era un siervo, al igual que los otros tres que salieron de ninguna parte y se colocaron al lado de la mujer y otros dos detrás de la chica que había chocado contra Draco.
¿Acaso él se había confundido de muchacha?, miró hacía su espalda, no, ella era la chica a la que debían sondear, ¿entonces la otra muchacha iba a ser un daño colateral?, maldita torpeza de Draco.
-No lo sé, pero eso nos ha beneficiado, ahora tenemos a un cachorro para disfrutar, aunque claro, ellos nunca van solos, ¿dónde están los otr…?
Una flecha acertó en uno de los siervos y este cayó al suelo de rodillas gritando de dolor, Neville sin duda. Miró a su alrededor y se sorprendió al ver que solo estaban ellos en la calle, eran las once y media de la noche y esta parecía desierta.
Un grito rompió el silencio que se había establecido en el lugar, la muchacha tras Draco era la que lo había proferido, antes de darse cuenta la chica tras él tenía su pistola en mano y él mismo había sacado sus puñales.
De detrás de ellos dos se escuchó una risa divertida:
-Y vamos a divertirnos hermana menor.
Otra sangre pura. ¿Qué estaba pasando?, Sirius le había dicho que era difícil que los sangre pura atacaran tan a la ligera.
Se giró y la chica giró con él, detrás de ellos había otros siete más, les ganaban en número.
-Maldita sea.
Se escuchó decir a sí mismo.
-Vaya, la cachorrita Black quiere jugar con su arma de juguete.
¿Cachorrita Black?, ¿de quién estaban hablando?
-Malfoy, yo que tú llamaba a todos los cachorros, o morirás aquí solo.
De nuevo todo su cuerpo pareció reconocer esa voz como si le perteneciera, negó intentando centrarse en la situación ante ellos.
-¿No?, pues nada, habrá que hacerlos salir.
La lucha dio comienzo en ese preciso instante, tres de los siervos se lanzaron contra él y la muchacha a su lado, ella comenzó a disparar casi como loca, no obstante cuando se percató de que las balas no parecían ni rozar a los tipos esta soltó la misma y casi por inercia propinó una patada en el estomago a uno.
La rapidez de su movimiento y la fuerza del golpe, estuvieron apunto de conseguir que él mismo se quedara helado de la sorpresa, no obstante no fue el caso. La otra sangre pura prorrumpió en un grito y los tipos se lanzaron contra ellos dos.
Como si lo hubiesen entrenado de toda la vida para luchar juntos, ambos casi con la misma rapidez, fuerza y puntería lucharon. Sus movimientos eran ágiles y fluidos, cuando se le calló uno de sus puñales, no dudo en lanzarlo al aire para que la chica lo cogiera, solo hizo falta una mirada para que ella comprendiera.
Giró sobre sus propios brazos y antes de los esperado la chica quedó sobre quien la tenía presa en un principio, clavó su puñal en el hombro del tipo, no obstante al ver la sorpresa cuando este se echó a reír, furiosa, entrecerró los ojos, sacó el puñal y con todas sus fuerzas le clavó el mismo en el pecho.
El siervo prorrumpió un grito y la empujó lejos, se golpeó contra una de las paredes y la muchacha quedó inconsciente. Sabiendo que no podría acudir en su ayuda hasta terminar con los siervos, luchó con todo lo que tenía.
Luna y el resto se reunieron con ellos a tiempo, en cuanto terminó con los tres siervos que lo estaban atacando a él, miró hacía la muchacha, se sorprendió al descubrir a Remus acompañado de Alice Longbottom, esta cargaba a la muchacha y Remus luchaba contra la sangre pura.
Giró para ver el resto de la situación y se encontró con que Sirius ayudaba a Ron y Neville a luchar contra otros cinco, vio a Draco luchar contra otro siervo que parecía decidido a coger a la muchacha tras él y a la sangre pura apoyada en una de las paredes sonriendo mientras veía el espectáculo ante ella.
-Muy bien, ha llegado el turno de borrar esa sonrisa.
Era imposible que ella lo hubiese escuchado desde la distancia en la que se encontraba, no obstante su sonrisa se borro y sus ojos se encontraron con los de él. Verde y ámbar se mezclaron en un instante y todo él pareció despertar de un largo y cansado sueño. Sin apartar sus ojos de la sangre pura comenzó a caminar hacía ella.
Las voces de Sirius y el resto se escuchaban a su alrededor, vio a un siervo que intentaba morder a Luna y lanzó el puñal que le restaba contra él, acertando en el pecho. Luna tardó segundos en sacarlo y cortar el cuello del mismo.
En cuanto llegó a la distancia necesaria de la sangre pura, ella sonrió de medio lado:
-¿Y quién es este cachorro?
Sin articular palabra alguna, ambos, se enfrascaron en una pelea, sus movimientos eran rápidos, ágiles y gráciles. Enseguida notó que ella no parecía luchar muy enserio, por el contrario parecía divertida con la situación, antes de darse cuenta, se encontraban algo alejados de la refriega en sí y centrados en los movimientos del otro.
-Un cachorro rápido, demasiado para ser un don nadie, dime, ¿acaso el último de los Blacks ha tenido un cachorro y no lo sabíamos?, tienes la rapidez de los Black.
No contestó a sus palabras ni preguntas, era extraño, pero sentía que la conocía de antes, ¿la habría visto con anterioridad en otra misión de refilón o algo?
Ese segundo de distracción le acarreó recibir una fuerte patada de ella que lo lanzó contra la pared, rápidamente protegió su cuello antes de que ella llegara a él, no obstante lo que se dirigía a su cuello era la mano fría de ella, y eso fue lo que atrapó.
Quedaron a escasos centímetros uno del otro:
-Rápido, demasiado, y atractivo.
Debía de sentir asco hacía ella, era la reacción normal, o eso le había dicho Sirius, se suponía que tras acostarse con una de las damas del pueblo, ellas perdían todo el poder sobre los cazadores, ¿por qué entonces sentía ese ardor en su interior?
La sangre pura no dudó y tras sonreír sumamente divertida, atrapó sus labios, sin duda ella no esperaba su reacción, del mismo modo que él tampoco se la esperó. Sus labios la recibieron sin objeción y su cuerpo ardía en deseo por ella.
Sintió en su interior la ola de calor que la recorría a ella también, ¿qué demonios se supone que estaba pasando?
Bien este es el segundo capítulo de este fic, espero os esté gustando, ya me lo diréis, nos vemos en otro cap o fic, buybuy y hasta otra, creo que hoy tenéis mucho que leer sobre todo aquellos que seguís todos mis fics jejeje ;)
