¡Hola a todos otra vez! Siento mucho haber estado desaparecida, pero con las clases no he tenido casi tiempo para escribir. Al final se me ha vuelto a complicar la cosa y el fic al final va a tener tres capítulos, aunque no descarto la idea de hacer un prologo, o una segunda parte, incluso me he planteado traducirlo al inglés… pero eso ya más adelante. El primer capítulo ha tenido muy buena acogida, así que este, en el que por fin hay interacción entre Hipo y Astrid, os guste aun más que el anterior. ¡Os dejo con el capitulo!
P.D.- Abajo os he vuelto a dejar el glosario, con alguna palabrilla mas, por si necesitáis consultarlo. Aun así, si tenéis alguna duda, preguntádmela por privado o por review y os la resolveré encantada.
Todos los personajes que aparecen, así como la historia original, pertenecen a Dreamworks.
Parte 2
Ni siquiera un acontecimiento como aquel les evitó a los gladiadores otra dura jornada de entrenamiento. Antes de que muchos de ellos pudieran siquiera digerir la noticia, Bocón hizo chascar otra vez su látigo y todos volvieron a regañadientes al trabajo, mientras este le explicaba a la joven norteña el funcionamiento del ludus. Cada vez que pasaba al lado de algún grupo de combatientes estos se ponían rápidamente a cuchichear y le lanzaban miradas lascivas. Todos la miraban con mal disimulado deseo excepto Hipo, que la miraba con curiosidad. Le recordaba a las mujeres de su tierra, a las que también se les enseñaba a manejar armas exactamente igual que un hombre y llegaban a ser incluso más fieras que ellos. De hecho, cuando los romanos invadieron su aldea siendo Hipo apenas un niño, su madre fue la última en caer, y durante muchos años se rumoreó entre las legiones que ella sola había acabado con casi 100 romanos.
La presencia de Bocón, que se acercaba a él acompañado de la joven, le sacó de su ensimismamiento (llevaba unos minutos mirando embobado la empuñadura de una de sus gladius) y, pasándose el antebrazo por la sudorosa frente, continuó golpeando el palus con saña, imaginándose que a cada estocada, mataba a un romano de los que le habían robado su familia, su aldea y su libertad. Pero la fantasía duró poco.
-Y por ultimo quiero presentarte a Hipo, nuestro campeón, que también ostenta el honor de ser el gladiador más joven en conseguir ese título en 150 años.
Durante un instante una expresión de admiración recorrió el rostro de Astrid, y aunque fue fugaz, al hispano no le pasó inadvertida, lo que le causó una extraña mezcla de sensaciones que tuvo que aplacar mientras le estrechaba el antebrazo.
-Es un honor conocerte.-le dijo ella con expresión solemne.-Tus hazañas han llegado hasta mi tierra.
-Lo mismo digo-le contestó parcamente.
Ambos jóvenes se miraron el uno al otro, analizándose mutuamente, hasta que el doctore, visiblemente incómodo, los interrumpió:
-Bien, bien… Ahora si me acompañas te enseñaré el sitio donde dormirás.- Y añadió en voz alta para el resto de los presentes- ¡Como vuelva y alguno de vosotros esté holgazaneando, me aseguraré de que sirva de alimento a los leones del circo*!
Una vez que Astrid hubo abandonado la arena de entrenamiento, todo el mundo volvió al trabajo con normalidad, y se respiraba un silencioso aire de concentración, aunque algo tenso. Era una necedad hacer enfadar al tullido doctore teniendo en cuenta que la hora de la cena se acercaba y que pronto podrían reunirse para charlar libremente.
Así pues, cuando el sol se ocultó tras el horizonte y ya no se podía ver más allá de las antorchas recién encendidas, todos los gladiadores dejaron por fin sus armas y entraron a la enorme sala cuadrada, plagada de mesas y bancos de madera que hacía de comedor. En una especie de mostrador de piedra Brusca, la hermana gemela de Chusco, servía sopa caliente y pan a los hombres, y otra chica morena y con el pelo recogido en una trenza, que Hipo creía recordar que se llamaba Heather, se paseaba entre las mesas llenando los vasos vacios de agua o vino. Él, como de costumbre, recogió su ración y se retiró a una esquina alejado de los demás, con la espalda apoyada en la pared y las piernas cruzadas sobre el regazo, observando con desprecio como sus compañeros comían con la boca abierta entre risotadas y comentarios hirientes dirigidos a la pobre Heather, que seguía sirviendo bebidas.
Pero cuando al poco rato Astrid entró a la sala, todas las risas cesaron y un silencio sepulcral como Hipo jamás había visto se adueño de la sala. La muchacha, ajena a la reacción que había provocado, se acercó tranquilamente al mostrador, recogió su ración de comida y un vaso de agua y se fue a sentar… junto a Hipo.
-¿Puedo sentarme aquí?-le preguntó con una sonrisa señalándole la silla que tenía enfrente suyo.
-Sí, claro… Por supuesto.-contestó el encogiéndose de hombros. No tardaría mucho en darse cuenta de que el no iba a ser buena compañía.
Ambos comieron en un silencio tan incómodo que al final Hipo no tuvo más remedio que romperlo. Además, para que negarlo, sentía curiosidad por esa chica.
-Bueno, y tu… ¿Cómo acabaste aquí?
-Me alejé de mi aldea demasiado mientras cazaba y me topé con un campamento romano. Traté de esconderme, pero los muy cabrones me descubrieron y vinieron a por mí. Aun así, conseguí cargarme a cuarenta soldados antes de que me cogieran.-explicó ella con la voz impregnada de orgullo.
-¿Y después?
-Durante toda esa noche, trataron de sonsacarme la ubicación de mi aldea, y como veían que no iba a hablar, me encadenaron a una roca de la playa con el agua por el cuello. En cuanto amaneció me encerraron en un barco, en donde le arranqué un dedo de un mordisco a un marinero que trataba de sobrepasarse. Cuando tocamos tierra, casi un mes más tarde, me arrastraron hasta el mercado de esclavos, donde conseguí romperle una pierna al esclavista y dejar inconsciente a uno de sus guardias antes de que tu lanista me comprara.
-Vaya… -murmuró Hipo impresionado.- ¿Y cómo es que Estoico sigue aun de una pieza?-bromeó.
-Bueno, me explicó para qué me quería, y que si luchaba bien y me ganaba al público, podría conseguir mi libertad.
-Y si sobrevives…
-Y si sobrevivo. – Afirmó ella.- En la arena no voy a tener problemas, pero en cambio aquí…-comentó mirando a los demás gladiadores.
-Estoico nos advirtió que tocarte significaba la muerte.
-Eso solo si les pillan. No, definitivamente necesito protección extra.- Y le lanzó una mirada cargada de significado que Hipo pilló al vuelo.
-Ni lo pienses. Ya bastante tengo con protegerme a mí mismo, gracias.-negó rotundamente apuntando con la cabeza a Patán y el resto de la pandilla.
-¿Y si nos lo jugamos a una apuesta?-preguntó ella con una sonrisa traviesa.
-¿Disculpa?-contestó él enarcando una ceja.
-Mañana, en el entrenamiento. Un combate solo tú y yo. Si me ganas, te dejo en paz, y si pierdes… bueno, me tomaras bajo tu protección y me defenderás de esta panda de babosos. ¿Hecho?- y le extendió una mano abierta hacia él.
Hipo se lo pensó. Era verdad que por lo que le había contado, la chica era una guerrera fiera, pero al fin y al cabo él era el campeón del ludus, y no había gladiador en toda Roma capaz de presumir de que le hubiera hecho siquiera un corte en la arena. ¿Qué tenía que temer?
-Hecho. –dijo mientras le estrechaba la mano.- Mañana, a primera hora, antes de que termine de amanecer.
La muchacha, con una sonrisilla de autosuficiencia, asintió con la cabeza y se retiró a sus aposentos, sin dejar de sonreír. Ya veríamos quien reía el último mañana.
campeón: Era el titulo del mejor gladiador del ludus. Solía ser el favorito del pueblo y participaba en los mejores combates.
circo romano: Antigua instalación lúdica romana, consistente en una arena alargada, dividida en dos por un muro bajo y rodeada de gradas, en la cual se representaban todo tipo de espectáculos, sobre todo carreras de cuadrigas.
dimachaerus: Tipo de gladiador romano que luchaba con dos espadas y grebas que protegían ambas piernas, cinturón ancho y protección en los brazos.
doctore: Esclavo (generalmente un gladiador retirado) que se encargaba de formar y supervisar a los gladiadores.
gladius: Espada corta romana.
lanista: Era el propietario de un ludus y de los gladiadores que se entrenaban en él. Lo más común era que fueran antiguos gladiadores a los que se le había concedido la libertad.
Ludus: Escuela de gladiadores, donde vivían y entrenaban.
mirmillón: Gladiadores que luchaban con un gladius y llevaban túnica corta, cinturón ancho, armadura en su pierna izquierda y en su brazo derecho y el clásico escudo rectangular curvado del legionario romano, además de su característico casco con forma de pez.
palus: Palo de madera que se clavaba en el suelo en vertical y que le servia a los gladiadores para entrenar.
Bueno, ¿Qué os ha parecido? Comentádmelo por las reviews, que ya sabeis que me encanta saber lo que opinais. ¡Muchos besitos, y nos vemos en el próximo capítulo!
