Desprecio, desdén,

Lleva la marca del mal en su piel.

Desgracia (ultraje), desdén (fue infiel)

Desde el principio problemas dio él

(El Rey León 2, desterrado)


Miraba las llamas que bailaban en la chimenea sin verlas realmente. Cuando esa marca fue grabada en su antebrazo izquierdo sintió orgullo; orgullo por conseguir lo que Sirius no hizo, orgullo porque sus padres se sentían orgullosos. Sus sentimientos estaban muy lejos del orgullo en esos momentos, nunca pensó que eso pasaría, y ahora que había ocurrido, no podía quitárselo de la cabeza.

o-o-o

Regulus dejó de mirar por la ventana, el paisaje le había empezado a aburrir hace tiempo, optó por observar a su mejor amigo; llevaba el pelo castaño un poco más largo que la última vez que lo vio, sus ojos verdes estaban fijos en un libro muggle, no parecía importarle el ajetreo que había en el interior del tren, si los gritos de sus compañeros le estaban molestando no lo estaba mostrando de ninguna manera; no había abierto la boca en todo lo que llevaban de viaje. Cuando se habían encontrado en la estación solo le había dirigido un frío saludo y alguna que otra formalidad.

Ater levantó la vista, sintiendo la mirada de Regulus fija en él; abrió la boca pero pareció cambiar de idea y volvió a centrarse en el libro. Estaba enfadado, pero eso no era lo que le molestaba; Regulus no sabía lo que había provocado la actitud de su amigo, si había algo que le irritaba era no saber.

— ¿Se puede saber qué te pasa? —Sus ojos grises brillaron con furia, el silencio fue todo lo que recibió como respuesta. Ahora era él quien se estaba enfadando.

—No solo a él ¿Qué ha pasado entre vosotros dos? —La otra ocupante del vagón hizo acto de presencia.

Ater por fin habló, quizá más alto de lo que debería.

— ¿Qué que me pasa? —Siseó— ¿Has visto lo que tiene en el brazo? Maldita sea, Alexia. Se ha unido a ellos, ahora es uno de esos malditos mortífagos—Imprimió todo el asco que pudo en cada una de sus palabras. La rabia en su rostro fue remplazada por decepción. —Lleva la marca tenebrosa grabada en la piel, ya no puede volver atrás.

El silencio volvió a inundar el vagón, las palabras de Ater resonaban en la mente de todos, formando un muro invisible entre todos ellos.

o-o-o

¿Cómo habían llegado a eso? Él se lo contó porque confiaba en él, sabía que sus ideales eran completamente opuestos, pero nunca había sido un problema ¿Qué había cambiado en ese verano?

Alguien entró en la sala común, sacándole de sus pensamientos; era Alexia, su mejor amiga, y su prometida según lo pactado entre sus padres y la familia Higgs hace muchos años, cuando ellos ni si quiera sabía lo que significaba esa palabra. Se sentó a su lado, mirándole preocupada. Llevaba las últimas semanas repartiéndose el tiempo para estar con los dos chicos, intentándoles convencer de que tenían que hacer las paces.

Tienes que hablar con élLo mismo de todos los días, sin embargo había algo distinto, había preocupación en su mirada, sin duda había algo que la atormentabaSois amigos desde que entrasteis a Hogwarts, no podéis dejar que vuestros malditos ideales acaben con eso.

—Fue él quien se enfadó, debería ser él quien se disculpaseSuspiró Además no es culpa mía ¿Verdad?No esperó respuestaCreí que ya había quedado claro lo que cada uno pensaba, no puede intentar cambiarlo solo porque él no piense igual.

La Slytherin ya sospechaba que no le convencería de buenas a primeras, sin embargo la situación no podía seguir así. No iba a permitir que sus mejores amigos pasasen su último curso enfadados.

—Vale, déjame llevarte a la biblioteca, Ater está allíNo le dio tiempo a protestar, le cogió del brazo y tiróPrometo que, si lo que os digo allí no os convence, os dejaré tranquilos.

Ater estaba en una mesa alejada de la puerta y del ruido, cuando lo había, en esos momentos la biblioteca estaba casi desierta. Odiaba transformaciones, además no conseguía concentrarse. Se apartó el pelo de la cara y se dispuso a volver a leer el ejercicio, sin embargo algo le quitó la luz, obligándole a alzar la cabeza; la sonrisa con la que recibió a su amiga se borró en cuanto vio a la persona que estaba a pocos pasos de ella. Las motas amarillas en sus ojos se acentuaron cuando estos brillaron con rabia. Alexia se acercó a él y le agarró de la muñeca, consiguiendo que el chico adivinase sus intenciones, la mirada severa que le dirigió no consiguió amilanarla.

— ¿Quieres seguir creyendo que él tiene toda la culpa? Hazlo—Su voz era desafiante—Pero lo harás sabiendo toda la historia—Levanto la manga de la camisa del menor de los Rosier, dejando al descubierto su antebrazo cubierto de moratones y cortes. En la mirada del chico se pudo distinguir una mezcla de resignación y vergüenza antes de que recogiese sus cosas y se marchase a una velocidad vertiginosa.


Notas de la autora: Aquí está el primer capítulo, cortito.

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