¡Buenas noches! Espero hayan tenido un buen comienzo de semana. Y sí, les traigo la actualización :D Por lo que no me queda más que decirles que lo disfruten y bueno, cuando tenga el siguiente capítulo lo iré subiendo, mientas tanto esto es lo que toca. ¡Bonita semana y nos estamos leyendo! Matta ne~

Capítulo 88

Glassy Sky

No era el fuerte estruendo de la lluvia nocturna lo que alternaba la estabilidad habitual de sus pensamientos, sino más bien las circunstancias que les rodeaban y que con celeridad desesperante estaban tornándose más de lo que podían asimilar y manejar.

¿Cuánto tiempo más deberían soportar ver escenas como la de hace un par de horas atrás?¿Realmente debían creer que las cosas se quedarían de ese modo siempre?

Estaban conscientes de que existían más razones de las que conocían y que irremediablemente se relacionaban con esos chicos. Sin embargo, ¿estaba bien entrometerse en asuntos que no les correspondía?

Sólo había una manera de responder a esa pregunta.

—¿Qué es lo que está pasando aquí realmente? -las primeras palabras que quebraron el mutismo en la pequeña sala no podían venir de otra persona que no fuera Red.

—Larga y tediosa historia -respondió la única que podía llevarle a la luz o hundirle en un mar de incertidumbre.

—¿Qué pudo haber sido tan terrible como para que ellos les aborrezcan de ese modo? -Green fue el segundo en hablar.

—Es algo complicado de explicar -volvió a dialogar Shade-. Y tampoco es como si les afectara a alguno de ustedes -su atención estaba puesta en el reflejo de su persona, ignorando totalmente el paraje externo; existía demasiada oscuridad para vislumbrar todo adecuadamente.

—Todos estamos metidos en este problema. Y al mismo tiempo estamos preocupados por todos ustedes...-Gold se veía serio como pocas veces en su vida.

—Agradezco el gesto, pero ustedes exclusivamente deben preocuparse por su entrenamiento y nada más -reiteró con firmeza. Incluso les obsequió una mirada de soslayo.

—Pero...

—Gold, tenemos que respetar su decisión -habló Valente para todos. Los chicos sabían que él tenía razón, pero otra parte de su ser les orillaba a presionar para obtener información.

—Si me disculpan, iré a dormir -se excusó la peli azul antes de dirigirse hacia las escaleras que llevaban a la segunda noches.

—Ya les hablará al respecto más adelante -pronunció el ex campeón de Hoenn que hasta el momento se había mantenido en silencio junto a Kai-. Así que sean pacientes.

—Háganlo caso -recomendaba el peli negro.

—Lo dices porque seguramente tú sabes lo que pasó -echó en cara el de los googles.

—En realidad no. Solamente tengo una vaga idea al respecto.

—No arreglaremos nada discutiendo. Lo mejor será que vayamos a dormir que mañana debemos dirigirnos hacia el Bosque Vetusto -les notificó el As.

No había algo más lamentable que intentar dormir y saber que todo el sueño se te ha escapado deliberadamente. Como si deseara que tu mente continuara trabajando en contra de todo pronóstico.

Y sin más remedio salió de la cama y abandonó la protección de su habitación. Habría de descender a la primera planta siendo lo más silenciosa que pudiera; el resto estaban durmiendo.

—¡No me metas esta clase de sustos! -exclamó lo más quedito que pudo en cuanto su mirada se topó con la de él; alguien parecía sufrir su mismo padecimiento.

—Ah, Shade. Realmente lo lamento -se disculpó el joven en cuanto descubrió que no estaba solo.

—¿Otra vez leyendo cosas sobe piedras, Steven? -se burló ampliamente.

—Te sorprendería saber que estás en un error -sonrió ladinamente mientras le enseñaba el libro en sí.

—Bueno, al menos ya te interesan otros tópicos -había tomado asiento en el sofá más próximo. Quizás no tuviera sueño, pero sí sentía cierto cansancio.

—El resto de los investigadores están muertos -su lectura podía esperar. Había temas más importantes que abordar.

—Eso...significa que...

—Al parecer están indispuestos a dejar que hayan testigos indeseables.

—Hasta cierto punto se demoraron. Aunque quizás haya otro motivo -nadie se dignaba a darle un poco de paz-. Por cierto, hay algo he quiero decirte.

—Pude declinar la invitación, sin embargo, no podía hacer a un lado algo como esto...-le observó durante el tiempo suficiente para darse cuenta de que estaba enfadada por su decisión-. Lamento no haber seguido tu consejo.

—...Eres un gran cabezota...-gruñó molesta-. ¿De qué sirvió lo que hice si haces cosas como éstas?

—Jamás fuiste demasiado buena reprochando, Shade -comentó burlón. Ella sólo torció el entrecejo.

—Lo soy, únicamente que contigo no funciona bien -se cruzó de brazos y depositó su mirada en los escasos adornos de la sala.

—Agradezco tu preocupación, pero debo hacer esto. Espero lo comprendas.

—Odio tu diplomacia, Steven -suspiró exasperada.

—A mí aún me parece encantadora tu faceta protectora y egoísta -profesó con una mitad llena de sinceridad.

—¡Deja de decir cosas como ésas! -involuntariamente se había puesto de pie al tiempo que sus mejillas se teñían de rojo.

—Existe cierto placer culposo en hacerte reaccionar de esta manera -sonrió cándida y cínicamente.

—Pequeño tramposo -bufó ante sus palabras. Maldecía que le conociera tan bien.

—Wallace también te ha echado de menos.

—Otro fastidioso -soltó más relajada-. Yo también los he extraño bastante -volvió a sentarse y guardar al calma-. Fueron buenos tiempos.

—Tuvimos nuestros problemas, pero nada comparado con esto.

—Ya lo sé... Me hubiera gustado poderme quedar con todos ustedes –confesó seriamente, viéndole. Y esa verdad era algo que aparentemente eran incapaces de cambiar.

—Conozco las razones por las que no le cuentas todo, pero…inevitablemente terminarán enterándose.

—Lo sé, pero…no es algo que pueda ser explicado fácilmente –indicó-. Nuestro caso…fue especial… Más allá de todo, creíste en mi palabra. Estaba muy desorientada por todo lo que había ocurrido… Sabrán todo, pero de momento está bien así –restiró sus brazos para despabilarse un poco-. Tengo hambre.

—Siempre sacando comentarios así cuando se tratan temas serios –se burló.

—A falta de sueño, comida –tarareó-. ¿Qué tal un poco de ese desabrido curry que te queda espectacular, eh?

—Muy graciosa –chasqueó.

—La cocina nunca ha sido tu fuerte –mencionó con comicidad-. Mejor los sándwiches que te quedan decentes –nada como un poco de diversión nocturna.

Sus oídos se contaminaban con el estruendoso chapoteo, con los ahogados y exasperantes gritos de ayuda que jamás serían percibidos por un tercero. El deseo de alejarse de aquel sinuoso y peligroso sendero sin retorno se volvía un futuro inminente del que nadie puede ser salvado.

¿En qué instante sospechó que las cosas pudieran dar un giro tan vertiginoso como ése?¿Cuándo consideraría que el error de subestimarle le orillaría a la extinción de su alma?¿Es que las cosas deberían seguir tan siniestro sendero?

Sus manos aún rodeaban el diámetro de su cuello. No deseaban alejarse de allí hasta no estar totalmente convencido de que ese ser había exhalado su último aliento; no abandonaría su posición sin sentirse plenamente seguro de haber consumado su más anhelado capricho.

Se levantó con pesadez, no a causa de la culpa que pudiera llegar a embargarle, sino más bien porque sus calmas pupilas no abandonaban el rostro que había sido congelado en su último momento de dolor.

—Con esto no deberíamos tener ningún problema ya –pronunció con normalidad, como si sus manos nunca hubieran sesgado la vida de absolutamente nadie-. Sus ideas eran buenos, pero demasiado arcaicas –se movió tenuemente, quedando a un lado de la extraña casualidad que se había convertido en su víctima.

—Ahora tendrá un mejor uso –el joven de cabellos blancos no estaba totalmente solo. Alguien había observado su actuación desde una abandonada y mohosa esquina; y curiosamente sonreía ampliamente, mostrando su alba colección de dientes.

—Es casi sorprendente que no haya más como ustedes tres allá afuera…Quizás hayan sido los primeros en convertirse en las víctimas de aquel hombre, pero no los últimos –estipuló, mirando de reojo la escena que ahora acontecía. Aquel cuerpo no era más que un mero aperitivo para los entes que vivían y dominaban en la oscura ignorancia del mundo.

—Lo que me tiene más intrigado es tu naturaleza tan particular, Blake… Acabas de extinguir la vida de alguien que ha velado por ti durante muchos años.

—Si hubiera sido menos hipócrita su destino podía haber sido otro… Las mentiras no me agradan, tampoco los dobles planes –sonrió ladinamente, con inocencia-. Y lamentablemente los seres humanos mienten por naturaleza. ¿No es eso triste?

—¿No sientes un poco de compasión por su lamentable final? Los seres humanos se compadecen mutuamente. Viven el dolor de sus congéneres y buscan dominar a los que están por debajo de su mirada.

—¿Compadecerlo…? –caviló, clavando sus plateados ojos en ese ente-. Él vivió plenamente, hizo lo que siempre deseó pero tomó las elecciones equivocadas. Todo fue a consecuencia suya, no mía. Entonces, ¿por qué debería compadecerle?¿Tú lo haces?

—Por supuesto que no. Esa clase de sentimientos no existen en mí. Lo único que yo deseo es que todos los humanos contemplen el mundo que se encargaron de crear –gesticuló risueño, como si ese capricho ya fuera una realidad visible. Quería que esa pesadilla fuera desatada.

—Las presas se tornarán los cazadores…El equilibrio mundano que ha sido creado se romperá y todo será reescrito una vez más –apuntó a decir. No parecía en lo más perturbado ante un destino que comprometía su mera existencia-. Suena sumamente interesante. Tengo mucha curiosidad al respecto.

—Tus deseos podrían llevarte a la muerte…-eso claramente era una amplia y satisfactoria sonrisa-. Quieres traicionar a los tuyos. Has optado por darle la espalda a la humanidad, Blake. ¿No te arrepentirás de condenarlos de este modo tan frívolo únicamente porque quieres contemplar algo que rompa con tu rutinaria vida?

—El no hacerlo sería traicionarme a mí mismo. Y eso es algo mucho más impensable. Además, lo único que necesito puedo obtenerlo sin importar que haya arrojado el futuro de muchos en tus manos, Anaiyibi.

La luna mirándole detenidamente, examinando hasta el último recoveco de su alma y conciencia, y las tímidas estrellas que apenas iluminaban la fría y casi perecedera noche, eran el único paisaje que le saludaba desde lo alto, desde esa sección de techo destrozado. Más allá de ese mundo nocturno sólo se avistaban los escombros que alguna vez dieron glamour a esa modesta habitación y aquella fría y honda bañera que poseía un polizonte inesperado que se deleitaba con su lisa naturaleza.

—¿Otra vez meditando sobre tu pasado? –cuestionó esa voz tan familiar y cercana a él. Alguien amaba esconderse en las entrañas escabrosas de la oscuridad-. Estás bastante retrospectivo, Blake. Eso no es muy usual en tu persona.

—Llámalo nostalgia por volver al lugar en que nuestros planes pudieron al fin dar comienzo, Sol –mencionó con cierto entusiasmo notorio-. Aquí cayó el antiguo líder de White Nightmare.

—Te aclaro que fuiste tú el que terminó con su vida –siseó con humor-. Le privaste de la vida como si no sintieras absolutamente nada. Era tu familia después de todo, la única que aún te quedaba…

—Era yo o él. La decisión estaba clara… Es la ley de la sobrevivencia.

—Es bueno ver que no has cambiado en todos estos años –sonrió, satisfecho.

—Presiento que muchas tragedias se vendrán encima ahora que Luna está de ese modo. Y advierto que pronto Estrella y tú estarán igual –sentenció sin inmutarse en lo más mínimo-. Por lo visto esos cuerpos no sirvieron de nada.

—Con el paso del tiempo es mucho más difícil que hallemos algo que sea compatible con nosotros –por fin abandonó las tinieblas y se mostró ante su interlocutor-. El espíritu humano se vuelve débil, frágil, carente de fortaleza. Las circunstancias actuales han domesticado el alma y ese es un problema para nosotros –versó.

—Vayan simplemente tras de ellos. Tienen lo necesario para que sean sus recipientes.

—Queremos esperar un poco más de tiempo. Todavía no nos hemos decidido –sonrió hilarante-. Podemos aguardar hasta el momento en que las puertas sean abiertas.

—Espero que para ese momento su cordura haya vuelto en sí o no serán diferentes a lo que controlan –estableció secamente.

La cajetilla de cigarrillo no era más que un puñado de papel perfectamente comprimido en su mano derecha mientras ese espeso humo abandonaba con enorme prisa sus labios. Existían pocas cosas que pudieran calmarle como lo hacía la nicotina; y claramente lo que tenía frente suyo exigía como mínimo el intentar contener su ira y deseos de cometer la locura que cruzaba por su mente.

Ante sus ojos se erigía un pueblo fantasma, una pequeña aldea que alguna vez estuvo llena de vida y un sinfín de actividades. No obstante, ahora únicamente les mostraba la decadencia y la macabra realidad.

No hubo necesidad de dar un paso más, las numerosas manchas carmesí mancillando las paredes y el suelo confirmaban la penosa conclusión a la que llegaron en cuanto el silencio fue lo único que les recibió.

—Estamos lo suficientemente lejos del campamento, por lo que no deberíamos preocuparnos de momento –Max había apagado su cigarro a medio consumir y su mirada se observaba peligrosamente calmada.

—Esto no estaba esperándomelo…-susurraba Dylan, aún pasmado ante la clara masacre en la que se vio envuelto todo el poblado-. No hay ni un solo sobreviviente…

—¿Los tres estarán del mismo modo?

—Para nuestra fortuna, es probable que se trate de uno nada más…por el momento. Habría mayor escándalo si se tratara de los tres –el peli rosa observó a sus compañeros con enorme seriedad. Parecían entender la idea que cruzaba por la cabeza de su amigo-. Las cosas ya estaban suficientemente complicadas como para que se quedaran sin recipientes.

—Y el sonido de las campanas no los alejarán –remarcaba el rubio.

—Lo único que podemos hacer es rogar porque hallen un cuerpo lo suficientemente compatible para que los retengan. Si regresan a sus instintos primitivos todos estaremos en graves problemas –esa seriedad no podía ser tomada a la ligera por ninguno de los dos; sabían que las cosas podrían salirse totalmente de control.

—No podemos hacer nada más que quedarnos de brazos cruzados, ¿verdad? –pronunció Allen con enorme impotencia. Era una amarga realidad.

—Es bueno saber que todavía recuerdas que tienes hermano –el timbre que rompió la tensión existente desapareció en el momento en que atendió el teléfono-. Estabas demorando en llamarme, Shade.

—Tengo asuntos que tratar contigo, pero eso puede esperar.

—Steven sabe cuidarse solo, así que no te angusties –se burló ampliamente. Nada como hacerla cabrear.

—¡Ja! Graciosito.

—Dense prisa en llegar. Las cosas están poniéndose demasiado movidas allá afuera. No sólo de esas cosas es que debemos cuidarnos ahora.

—¿Qué podría ser peor que eso? –ironizó.

—Uno de ellos volvió a su forma primitiva, Shade. Se ha encargado de terminar con dos pueblos enteros en lo que va de la semana… Su apetito y fuerza exceden con creces al resto de los yata; y en su estado actual es peligroso. No podemos enfrentarles sin suponer que saldremos mal parados, así que lo mejor es evitar acercamiento alguno.

—Entonces sería mejor cambiar el sitio de reunión. Irnos a otra región si es posible.

—Una idea sumamente tentadora, pero eso también sería contraproducente. Nos tienen acorralados por decirlo de algún modo –estableció rápidamente-. Tenemos una prioridad que cumplir.

—Hay algo que me tiene muy inquieta, Max.

—¿Qué sucede ahora? –preguntó con enorme interés.

—Ellos quieren conocer las razones por la que esos investigadores nos tienen en la mira…Pero eso no es lo más importante, sino más bien lo referente a las Ruinas de Sitara…-dijo con gravedad.

—¿Es sobre lo que tienes que hacer?

—No, en lo absoluto. Tengo claro todo eso…Es más bien –Max se quedó totalmente callado ante el repentino cambio de voz. Alguien se había encargado de interrumpir su charla por determinados motivos.

—¿A qué debo el honor, Red? –preguntaba festivo el peli rosa.

—Quiero que seas claro. Me he cansado de todos tus rodeos y explicaciones a medias –agregó hoscamente, sin mucho ánimo.

—No soy una persona particularmente interesante, pero te escucho. Cuéntame tus dudas.

—¿Qué demonios fue lo que hicieron para ganarse del deseo de muerte de todos esos hombres?¿Qué es lo que están escondiendo ahora?

—No tengo tiempo para viejas historias. Tengo asuntos delicados que atender, así que dejemos esta conversación para otro momento, Red.

—¡E-Espera…! –su petición se la llevaría el viento. El peli rosa le había colgado y dejado con las preguntas en la garganta; algo que era usual en su persona-. Tsk.

—Tenía asuntos que tratar con él, Red tonto –se quejó Shade para cuando tuvo su celular entre sus manos-. Deja de ser un imprudente.

—Mira quien lo dice –chisteó-. Además, ¿qué rayos haces parada a estas horas? –quedaba claro que pronto el nuevo día llegaría sin más.

—Se llama insomnio, Red –aclaró-. Y vine a la cocina por un vaso de agua, es todo.

—¿Por qué no quieres contarnos lo que ocurrió?

—¿Por qué tanto interés en saber algo que pasó hace años atrás y nada tiene que ver con todos ustedes? –contratacó-. En la ignorancia se vive mejor.

—Vaya que así es –resopló con notoria molestia-. Pero esto pone a todos en riesgo, no solamente a ustedes.

—No creo que tengamos que preocuparnos por eso demasiado –esa sencilla oración le daba una premisa peligrosa.

—¿Qué quieres decir con ello…?

—Sol y los otros se encargaron de silenciarlos, Red. El único que queda fue justamente el que me vino a buscar anoche… No sé por qué motivos Blake los dejó vivir por tanto tiempo, pero parece que cambió de idea y puso sus manos en el asunto.

—Así que irán detrás de él ahora…-no le caía en la más mínima gracia lo que ese hombre había hecho, pero tampoco le deseaba un mal como ése. Una parte de él quería hacer algo al respecto.

—Saca de tu cabeza la idea de querer ayudarlo. Es inútil…

Él nunca creyó que esas palabras pudieran emerger de sus labios. Y por ende, no sabía cómo reaccionar ante un momento como ése. ¿De verdad decía eso con seriedad o simplemente quería que pasaran el tema por completo?¿Cuál de los dos?

—Lamentablemente…no podemos salvar a todos. Siempre habrá pérdidas…-podía percibirse la melancolía en su timbre de voz, pero al mismo tiempo ese amargo sabor a conformismo.

—Lo sé perfectamente –replicó en automático-. Pero quisiera evitarme eso en la medida posible –endureció su mirar. Una parte de él estaba molesto y decepcionado de que ella le soltara semejante confesión.

—Es algo que entiendo, pero considera que las cosas no pueden terminar bien siempre…-habló crudamente, sin tentarse en lo más mínimo en subir el tono de su voz-. Nosotros también deseábamos que nadie muriera, pero no pudimos lograrlo…Sin importar los esfuerzos, o lo que hiciéramos, había alguien a quien teníamos que decirle adiós… Entiéndelo…-le juzgó mal por meditar las cosas de manera tan precipitada. Quedaba claro que no es que desechara la vida de nadie, sino más bien que estaba consciente de sus propias limitaciones y de la brutal realidad-….No queremos que a ustedes les suceda lo mismo que a nosotros… Ustedes no deben hundirse en ese pensamiento…de querer que todos los seres humanos desaparezcan…