Así fueron todas las noches de mi primer mes en mi nueva escuela, sentía que era lo mismo que estar en el orfanato, la emoción no recorría mis venas como creí que haría, pero los días, en cambio, eran más divertidos gracias a Defensa Contra las Artes Oscuras, que era sin lugar a dudas mi materia favorita, Pociones, Transformaciones y Hechizos y Encantamientos, entre otras materias, no me disgustaban para nada, pero si me aburría mucho en Historia de la magia. La materia favorita de Bryony era Cuidado de Criaturas mágicas, y siempre me decía que debía prestar más atención en Herbologia, ya que era mi materia favorita para no prestar atención y distraerme con libros de Artes Oscuras que robaba en la Sección Prohibida de la biblioteca.
En uno de los libros que tomé prestado, hablaba sobre los "Maleficios Imperdonables", eran tres hechizos los cuales, al realizarlos, se podía tener cadena perpetua en la cárcel de Azkaban.
Maleficio Imperius: se utilizaba para, por medio de la fuerza, controlar a cualquier persona, víctima o enemigo para que realice lo que uno desee.
Maleficio Cruciatus: servía para generar en una persona, víctima o enemigo hacerle generar un dolor intenso en todo el cuerpo que sería una tortura para el mismo.
Avada Kedavra: es la maldición asesina, con ella podrás matar a cualquier ser viviente de la tierra de una manera rápida e indolora, según dicen.
Me quedé estupefacto al leer lo que estos tres hechizos podrían hacer y la cantidad de usos que se les podría proporcionar.
Una noche, al quedarme despierto viendo las criaturas marinas por mi ventana, pensé ir a la biblioteca para estudiar sobre los fundadores de las casas de Hogwarts. Salí de mi sala común y recorrí los oscuros pasillos, deseando no encontrarme con Picott, el conserje.
Me escabullí con cautela entre las miles de repisas que había, pensando ir a la Sección Prohibida nuevamente, para dejar los libros que había tomado los meses anteriores y llevarme otros. Entré a ese espacioso lugar leyendo los títulos de los libros más cercanos a mi altura, tome mi varita y susurre "Lumos".
Entre los miles de títulos encontré uno que me llamó mucho la atención "El heredero de Salazar Slytherin". Lo tomé y me fui rápidamente hacia mi sala común, tratando de no ser descubierto.
Me recosté en mi cama y comencé este libro bajo mis mantas, creyendo que no encontraría nada interesante, pero todo lo contrario pasó. Llegué en un momento a un párrafo que decía estas mismas palabras:
"…La familia Gaunt era una familia descendiente de Cadmus Peverell y Salazar Slytherin de sangre pura, obsesionada por seguir con este legado hasta a tal punto que se casaban entre primos, así, además, conservarían la lengua Pársel…" Mérope Gaunt.
En ese instante me di cuenta de que mi madre, su hermano Morfin y su padre eran descendientes directos de Salazar Slytherin, por lo que yo también lo era… Pero en ese momento pensé en seguir investigando como eran los lazos filiales, pero no encontré nada. Investigué semanas y semanas pero nada llegaba a mí, así que recurrí a la última pero no menos importante opción, Dumbledore.
Al día siguiente me propuse a ir, pero una molestia se colgó de mí nuevamente… Bryony quería acompañarme. Ya me estaba encaminando a su despacho, cuando esta niña comenzó a perseguirme por donde iba, y no tuve más que suspender mis planes e ir cuando ella estuviese en el gran salón para reunirse con sus amigas.
Apenas cruzó la puerta corrí con toda prisa a su despacho, pero me encontré nuevamente en un problema, la gárgola que cubría su puerta tenía contraseña y como la entrada de las salas comunes cambiaba cada dos semanas, pero para mi suerte Dumbledore salió de allí luego de dos minutos e pensar una contraseña.
-Te estaba esperando, Tom.- Sin gestos ni contestación lo seguí por la escalera de piedra- ¿Qué duda tienes en mente, Tom?
-Leí un libro sobre los descendientes de Salazar Slytherin y Cadmus Peverell.
-Me temía que leyeras eso, y puedo deducir que estuviste sin aviso alguno en la Sección Prohibida.- Comentó con una sonrisa mirándome sobre sus anteojos de medialuna.
-En fin, quiero saber en dónde se conecta esa descendencia, ya que no importa cuántos libros lea, no lo encuentro- Dumbledore sonrió nuevamente.
-Mira, Tom, quiero decirte desde ya, aunque creo ya lo dedujiste, que eres descendiente directo de Salazar Slytherin, y me temo que lo que tú me estas preguntando no puedo resolverlo yo, Tom. Yo no poseo ese tipo de información, deberías preguntarle a alguien que sea de tu familia, pero si tienes alguna otra duda despéjala.- Me sentí algo angustiado, no conocía a ningún familiar mío.-No, gracias de todas maneras.- Me levanté de mi asiento y me dirigí a la puerta.
-Sabes…- Interrumpió Dumbledore mi ida- Puedes ir a visitar a tu tío Morfin cuando tengas la edad.
-Pensé que estaba en Azkaban- Dije algo confundido.
-Salió hace bastante, en unos años deberías ir a visitarlo para informarte sobre tu familia, vive en Pequeño Hangleton- Asentí y bajé las escaleras, para asistir a mi clase de Pociones, que comenzaría en veinte minutos.
Todas las noches del año estuve en la situación de buscar los libros de la familia Gaunt, Peverel y Sytherin, pero seguía sin encontrar las conexiones, definitivamente debía visitar a mi tío, pero el tiempo que tenía que esperar para poder ir por mis propios medios era mucho… Definitivamente mucho.
Y, de un día para el otro, llego la víspera de Navidad. No esperaba recibir nada en concreto, solo me emocionaba un poco la idea de dejar por unos días los estudios y poder estar en la biblioteca estudiando sobre algunos maleficios y, por sobretodo, sobre mi familia materna.
La mañana del 25 de Diciembre me levanté para ir a la biblioteca, pero el niño con el que me había sentado el primer día en el gran salón me tomó del brazo.
-Espera Riddle, ¿No viste? Tienes un regalo frente a tu cama- Me informó.
No sabía si estaba enfermo o algo por el estilo, ya que cuando hablaba parecía tener la nariz tapada. Era pelirrojo y panzón, con muchas pecas en los mofletes.
Miré donde el niño me había indicado y él tenía razón, había un regalo pequeño al lado de mi equipaje, y pude notar que era de parte de Dumbledore, ya que había una nota de él que decía:
"Tom: Espero que este regalo sea de tu agrado, lo encontré entre mis viejos libros cuando ordenaba mi biblioteca del despacho, infórmate."
Desgarré el papel de regalo y tras él había un libro con el título "Los misterios sobre Slytherin y descendientes". No sonaba muy prometedor, pero viniendo de Dumbledore debía serlo.
Bajé para el desayuno dejando mi regalo bajo mi cama, y me encontré con nadie más ni nadie menos que Bryony… nuevamente.
-Hola Tom, ¿Recibiste muchos regalos?- Preguntó ella con un tono de entusiasmo en su hablar. Yo negué con la cabeza.- Pues yo tengo un regalo para ti- Me extendió la mano con su presente y lo tomé sin mirarla, rompí el papel y pude notar que era otro libro, llamado "Peverell y Slytherin".
-¿Cómo lo sabias?
-Escuché tu conversación con Dumbledore y te vi últimamente ir a la biblioteca, se muchas cosas sobre ti- *acosadora* pensé.
-Pero no te vi- Le dije confuso.
-Soy animaga, puedo convertirme en serpiente, es algo que heredé, no lo traté, y no estoy registrada pero no le digas a nadie- Me maravillé ante este acontecimiento- y estuve persiguiéndote, todas esas noches en las que bajaste a la sección prohibida, yo siempre estaba frente a la chimenea de la sala común, pero nunca me notaste.
Estaba confundido, no sabía que los animagos podían heredar este don, y cuando supe esto pensé ¿Por qué no finjo que me agrada y quiero estar con ella para manipularla? Ese fue el instante en el que mi amistad con una niña insoportable comenzó.
