Zelena aún está inconsciente cuando Regina entra en su cuarto de hospital. Se acerca una silla para sentarse junto a ella, como ha hecho en los últimos días. La cara de su hermana va lentamente recuperando los colores a medida que le son aplicadas bolsa tras bolsa de suero intravenoso, pero todavía permanece inmóvil como un tronco, excepto por el rítmico subir y bajar de su pecho.

No quería llegar tan lejos. Sería más fácil si no lo hubiera hecho, menos daño que reparar, menos ansiedad con respecto a lo que iban a hacer con Zelena. Pero ella era igual que Regina, una luchadora en todos los sentidos: obstinada, resiliente. Una idiota. Tal vez permanecía dormida para mortificar a Regina, para postergar la inevitable conversación que ella había estado preparando y ensayando desde que tuvieron que llevarla precipitadamente al hospital.

Pero entonces ella empieza a moverse, y Regina exhala la respiración que no sabía que estaba aguantando. Zelena toma una profunda bocanada de aire antes de abrir sus ojos apenas, frunciendo el gesto por la repentina luz. Regina la observa despertarse por completo, como sus ojos permanecen fijos en el techo antes de lentamente registrar la presencia de alguien más. Cuando finalmente gira la cabeza para mirarla, parece que va a necesitar otra bolsa de suero.

-Bien- Dice Regina, la boca apretada pero la voz suave -Te despertaste ¿Necesitas agua?

Zelena abre la boca, pegajosa, los labios secos y la lengua rígida. Intenta hablar, tose, y realmente hay lagrimas en sus ojos. Un vulnerable asentimiento y Regina se inclina hacia adelante para levantar la cama, sirve agua en un vaso de plástico y lo acerca a la boca de Zelena.

Luego de beber, y cuando parece que por fin se ha recompuesto, Zelena nuevamente tiene una expresión dura, su postura rígida y Regina toma distancia apropiadamente.

-Me mantuviste viva- Le dice con la voz áspera -¿Por qué lo hiciste?

Regina arroja el vasito plástico al cesto y vuelve a sentarse, cruza las piernas, ladea la cabeza. Cualquier clase de actitud que pueda manifestar control.

-Los héroes no matan.

Zelena resopla burlonamente.

-¿Y qué, ahora eres una heroína?- No le da tiempo a Regina para responder. En lugar de eso, Zelena se echa hacia atrás, sobre las almohadas y cierra los ojos -¿Por que estás aquí?

-Perdiste mucha sangre, tienes varias costillas fracturadas. Extrajeron la bala de tu brazo y lo vendaron,- Regina explica -pero toda magia tiene un precio, incluso la remoción de la misma. Tu cuerpo no lo esta llevando muy bien.

Una expresión de dolor cruza brevemente el rostro de Zelena cuando se da cuenta de que es lo que falta.

-Puedo acelerar tu proceso de recuperación, si quieres.

-No ¿Por que harías eso? ¿Acaso no se supone que debes castigarme, no ayudarme? -Zelena voltea la cara hacia otro lado, apartando la vista de Regina -No, no necesito ni quiero nada de lo que tengas para ofrecerme. Me imagino que moriré de todas maneras.

Regina siente una repentina pero muy sutil presión en el pecho y el estomago y se apresura en responder.

-No voy a dejar que eso pase.

-Que seamos hermanas no significa que tengas que fingir que te importo.

Ahora es, piensa Regina. Ahora es el momento que, ella tiene la esperanza, será una segunda oportunidad para ambas, un nuevo comienzo. Una puerta que vuelve a abrirse.

-No es fingir, Zelena- Dice suavemente, incitando a Zelena a que la mire. Cuando esta lo hace, ella espera que lo que Zelena ve sea sinceridad y no vulnerabilidad, no desesperación -De la forma que nos hemos comportado, no somos realmente hermanas. Compartimos sangre, sí, pero...

Los ojos azules de Zelena no muestran signo de anticipación.

-Podríamos empezar de nuevo, ser una familia de verdad.

Tan pronto como termina la frase, Regina lamenta haberla dicho. Desea que ojalá nunca se le hubiera ocurrido, pero en el fondo anhela fuertemente cualquier tipo de familia, lo último que queda de su familia de sangre, y ahora Zelena se esta riendo lo mas fuerte que sus costillas dañadas le permiten, tanto que cualquiera de las palabras que hubieran podido ocurrírsele a Regina se congelan, y lo único que puede hacer el salir derecho del cuarto.

A la mañana siguiente, está más que sorprendida de encontrar una llamada perdida y un mensaje de voz de Whale comunicándole el pedido de Zelena de que regrese lo más pronto posible.


Cuando Regina llega, es casi medio día, y la tardanza crea una tensión visceral en el cuarto. Encuentra a Zelena con la mirada puesta en algún punto del cuarto, un vaso de agua vacío en sus manos, y luce calmada, pero triste. El tipo de tristeza que podría reconocer a la legua.

-Siento no haber podido venir antes- Dice sinceramente -Además de ti, tengo otros percances que controlar.

Zelena se mantiene quieta, pasando el pulgar por el borde del vaso y moviendo los dedos de los pies por debajo de las sábanas. Regina está a punto de resoplar y demandar el motivo por el cual fue llamada, pero entonces:

-No debí haberme reído- Es apenas más que un susurro, y suena tan, tan minúsculo -Ya dolía siquiera respirar, en primer lugar, y en segunda fue por estaba aterrada.

Regina siente que algo en su corazón se ablanda -Cambiar es un prospecto aterrador.

-Parece aterrador vivir- La corrige Zelena, finalmente acomodándose para mirar a Regina a los ojos.

Y ella entiende. Y es imposible decirle que se está ahogando en un vaso de agua, que todo eso va a ser solo el comienzo de su final feliz. Solo puede acercarse, tocar con la punta de sus dedos el dorso de la mano de Zelena.

Ante el contacto el aspecto entero de Zelena se endurece convirtiéndose en algo cercano al desdén, como si estuviera colocándose una máscara que no va con el brillo rosado de sus ojos.

-Creo que,- Dice, dócil pero altiva -dadas las circunstancias en las que mi encuentro... supongo que lo mejor que puedo hacer es considerar tu propuesta.

-Es una segunda oportunidad,- Dice Regina -no una transacción de negocios.

Y Zelena rueda los ojos, y de pronto la máscara ya no es más una máscara si no quién realmente es -Quiero decir, mi otra opción es probablemente someterme a tu sistema de justicia de segunda, así que...

Regina de verdad sonríe satisfecha, y quizás es una ilusión, pero le parece ver el fantasma de un músculo tirando hacia arriba en la comisura de los labios de Zelena.

-Tienes suerte de que ya no hagamos ejecuciones públicas. Y de que tampoco sigamos mucho las reglas por estos lados.

-¿Me vas a ayudar a respirar sin sentir un insoportable dolor o no? Ya duele bastante mirarte. Ponte a hacer algo productivo.