Inspirado en la canción Breath of life (un soplo de vida) de Florence And the machine

¡Besos a Sthefynice! Mi beta :)


Capitulo 2: Las razones de Snape

"Raro y celestial don, el que sepa sentir y razonar al mismo tiempo"

Vittorio Alfieri


Capítulo 2: Las razones de Snape

"Raro y celestial don, el que sepa sentir y razonar al mismo tiempo."

—Vittorio Alfieri

Harry fue lanzado a una habitación desconocida. Tan pronto como el Señor Oscuro escapó de su vista, Bellatrix deslizó una risita rasposa y le miró con sus oscuros ojos divertidos, cerró la puerta frente a los ojos del Niño-Que-Vivió, con el seguro traqueteando y el brillo de un hechizo bloqueador adherido por precaución. Harry inclinó la cabeza, su respiración tamborileaba inquieta. Cuando estuvo seguro de que Bellatrix ya estaba lejos, se lanzó contra el pomo de la puerta, con frustración comprobó que estaba cerrada con un hechizo. Intento no entrar en pánico, reguló su respiración cerrando los ojos, e inhaló con lentitud. Al final de la habitación, fría e impersonal, se levantaba un ventanal con un balcón de puertas de cristal.

Observó con detenimiento la habitación en busca de algún objeto que pudiera romper el cristal. La cama era amplia, similar a la que había visto en la habitación del Lord, todo era lo suficientemente impersonal como para adivinar que no estaba habitada. Lo que logró discernir fue que la puerta del baño conducía a un lavabo elegante y modesto como para tratarse de los Malfoy's: sólo había una ducha, productos personales y toallas dentro de un gabinete de baño que combinaban con el negro y blanco de las baldosas. No había nada que lo ayudara a escapar. Perdiendo la calma, volvió en sus pasos hacia el balcón; al acercarse, pudo comprobar que el vidrio tallado era lo suficientemente grueso como para hacer inútiles a sus puños. Apretó la yema de los dedos con firmeza contra la superficie fría, sintiendo el encantamiento de refuerzo fluir por el cristal.

Arrastró su mano por el cabello desordenado con frustración. Había refuerzos mágicos alrededor de todo el balcón, gruño maldiciendo a Riddle. Un puño descargó su pena sobre la superficie imperturbable, tras el balcón, casi burlándose de él, un pétreo jardín de flora despampanante daba paso a la libertad.

Al parecer, Voldemort predijo con exactitud los intentos de escapar que tendría en algún punto del período que pasaría en esa habitación. Harry despotricó, liberó una patada de frustración al suelo; el muy idiota tenía que ser tan meticuloso y prevenido, tan desesperante. Harry volvió a gruñir, dejándose caer sobre el piso alfombrado de un mórbido color ceniza.

¿Qué había hecho? Aceptar un matrimonio con el asesino de sus padres, eso había hecho.

Mantuvo la calma, no debía desesperarse. Sus ojos vagaron de nuevo por toda la habitación. Había un armario al final, blanco y frio con tallados victorianos, al mirar hacia arriba notaba los dibujos de hojas secas y vintage hechizado que rodeaban los alrededores del techo, una puerta desnuda estaba a su derecha dando paso al baño, ni siquiera había alguna chimenea con algún atizador, nada.

Cerró los ojos, sintiendo la presión sobre su pecho. Ginny, con seguridad, había sido torturada con la maldición Cruciatus después de su encuentro, tal vez incluso se le aplicaron castigos físicos que pudieron romper el pequeño cuerpo de la chica, al igual que Ron y Hermione, quienes podrían estar sufriendode igual manera. Todo por su culpa, por haber seguido a Malfoy y a Snape, enviado por la rabia y el deseo de venganza, ¿es que nunca nada podía salir bien? De nuevo su respiración se volvía irregular, Harry sabía que en algún momento cedería, sabía que esto lo estaba sobrepasando. Se sentía desesperado, el corazón le latía en la garganta, con las frustración que causó estragos en sus esperanzas.

"Respira, cálmate", repitió dentro de sí, su cabeza parecía estar dando giros agitados con un dolor que punzaba hasta su cerebro.

Se levantó solo para desparramarse sobre la cama, dispuesto a esperar el momento preciso en el que tuviera tiempo para escapar. Sus ojos se fijaron en la doble puerta de madera que le confinaba a las garras de Tom Riddle.

Escaparía de alguna manera, daría lucha y ganaría.

Ganaría como siempre.

-BreathOfLife-

Tom estaba complacido. Pero no feliz, porque los sentimientos eran un estorbo la mayoría del tiempo. Lo habían sido desde que fue un niño huérfano sin esperanzas, un adolescente sin nadie en quién confiar o un hombre que defendía los ideales que nadie respetaba.

Aunque, tampoco era que los necesitaba, ahora que el Ministerio Mágico Ingles caía sobre sus manos, ansiosas y ávidas de poder.

Lord Voldemort, ahora conocido como Tom Riddle, heredero de Slytherin, se había hecho de la Inglaterra Mágica con solo su astucia. Actualmente, reyes de diferentes países recibirían la noticia de que el Reino de Inglaterra se había alzado de nuevo gracias al (ahora más que reconocido), heredero de Slytherin. País que, tan decaído y dañado por los ánimos de la guerra, no pondría oposición más que algunos pocos. Tom sabía que todo estaba pasando exactamente como debían de hacerlo: las piezas estaban a su favor, tenía la fama, el título y los seguidores adecuados. No podía fallar.

No obstante, alguien probablemente hubiera señalado un punto en falso en su plan: La Orden del Fénix, tontos rebeldes que no aceptarían a un Rey, un Rey que había matado a muchos para sustituir lo que ellos creían que era un "justo sistema democrático". Y era justo allí en donde jugaría su carta bajo la manga, a su favor. Harry Potter, un chico de sólo 16 años que había sido destinado a matarle.

Pero Tom esta vez había sido inteligente, y con ayuda de la información valiosa de que el pequeño muchacho no era nada más que uno de sus Horrocruxes todo pudo encajar con exactitud en su plan. Aquel chico que cargaba en sus hombros las esperanzas del Mundo Mágico y de la Orden del Fénix, de todos aquellos tontos ilusos que creían podrían derrotarlo, no era más que el trofeo de su gloria.

Nada haría a la población mágica sentirse más desamparada que el hecho de que su propio héroe les traicionara. Harry era lo suficientemente poderoso como para gestar y perpetuar la línea del próximo reinado de Inglaterra, junto con la noble sangre de Salazar Slytherin alzándola en todo su orgullo de nuevo. Tom sabía que no había nadie más idóneo para compartir un enlace matrimonial con él que el mismísimo Harry Potter. El Lord estaba consciente de no amar a nada, ni a nadie más que así mismo por sobre todas las cosas, pero el dilema radicaba en que aquel pequeño y entrometido Gryffindor insufrible albergaba un fragmento de su alma dentro de él. En alguna parte de su cuerpo llevaba latiendo una parte del heredero de Salazar Slytherin, lo que lo hacía perfecto para ejercer el trabajo de consorte. Cambiaba un poco sus planes originales, sí, pero para bien.

Era por ello que Tom se hallaba tan confiado, porque esta vez, todo encajaba y nada se saldría de su plan. Harry Potter sería suyo como lo era ahora Inglaterra.

Unos leves golpes sonaron en la puerta de caoba, y los pensamientos del Lord divagaron hasta desaparecer.

—Pase—permitió, con voz ronca. El traje negro de Severus ondeó al pasar hacia el despacho de su Señor, se inclinó y murmuró un "Mi rey",que ahora todos estaban obligados a usar. La coronación sería al día siguiente, frente a los ojos de todos, y aunque aún no llevara el título, los Mortífagos ya habían empezado a mostrar su aprobación por su próximo Rey. —Severus, es una grata sorpresa tenerte aquí.

Snape desdeñó una mueca cuando se le permitió sentarse frente a su Señor en una pomposa silla de estampado negro. El despacho de su Señor en la mansión Malfoy era frío y elegante, como su dueño, aunque anterior a eso hubiera sido el de Lucius Malfoy. Con poca iluminación y decoración de oscura madera, la única luz provenía del ventanal de cortinas de terciopelo vino tinto, y las misteriosas velas en los rincones menos perceptibles en donde Nagini solía tomar un poco de calor de las velas.

— ¿Que deseas, Severus? Muy pocas veces intentas llamar mi atención y sé que no eres dado a las charlas.

—Deseo hablar con el muchacho—pidió Severus, con seguridad en su voz susurrante. Había tenido suficiente tiempo para adaptarse a la nueva apariencia de su Señor como los demás Mortífagos. Pero aun era inquietante como éste había recuperado su anterior apariencia. La quijada firme de ángulos elegantes se alzaba con soberbia, pero sus mortales ojos rojos seguían allí, recordando que tenía el suficiente poder como para albergar tanta magia negra, hasta el punto de que su alma se tiñera de ella.

Tom alzó una ceja, imperturbable.

— ¿Ver al chico?—preguntó con desconfianza, su voz viperina reforzando su apariencia mortal. La tensión en los hombros de Snape era palpable, pero su rostro parecía inescrutable.

—Me temo que Potter es algo susceptible a los ideales que se le implantaron desde niño, si le explico con propiedad mis razones tal vez ceda, poco, me temo. Me veo en la necesidad de ver el que acepte debidamente su puesto… —Tom observó con detenimiento a uno de sus Mortifagos más confiables, la fuente de información que había resultado vital. Sin Severus, todos sus planes más importantes hubieran caído en picada, y los de Dumbledore habrían triunfado sin duda, aun después de su muerte.

—Ve con él si eso lo que pretendes. —Aceptó con desinterés. —Supongo que él se tranquilizaría si logras convencerle de que todo ha sido por su bien. —Dejó un gesto con su pálida mano y señaló hacia la salida. Severus se inclinó con respeto y se marchó. Tom lo vio marchar desinteresado, con sus pensamientos puestos aun en la coronación para el día siguiente.

Snape logró respirar ligero cuando salió de la oficina, debía tener primero el permiso de su Señor para poder visitar al muchacho. De lo contrario, hubiese hecho lo posible por evitar esa sensación asfixiante cuando se estaba cerca del Lord. Caminó por pasillos de Malfoy Manor con confianza, intentando sacudirse los escalofríos de la piel. Se encontró con algunos Mortifagos por el camino, también con Narcissa, que planeaba un tanto emocionada la pomposa boda que ahora estaba organizando para nada más y nada menos que Tom Riddle y Harry Potter, los enemigos insondables más grandes que el mundo mágico hubiera conocido, y además, próximos reyes de Inglaterra.

Llegó hasta la puerta con impaciencia, sintiéndose tenso al saber que al otro lado estaba el hijo de Lily, angustiado por sus amigos y de lo que estuviera pasando afuera de la mansión, desinformado e indefenso. ¿Era eso un buen pago al sacrificio de su amiga? ¿De la tierna y delicada Lily? Severus tomó aire para mantener su máscara fría e imperturbable, y en el proceso, despejar sus dudas.

Lily hubiera preferido a su hijo vivo y con una familia que muerto por "El bien mayor"

El chirrido de la puerta al abrirse vibró bajo su mano apoyada en el pomo. Entreabrió la puerta con cuidado, y por precaución, empuñó su varita. Pero fue inevitable alarmarse cuando no vio a nadie en toda la habitación, la madera bajo unos pies descalzos gimió justo antes de que Severus esquivara el pedazo de madera que había estado destinado a hacerle daño.

— ¡Bastardo traidor! —Bramó Harry, apareciendo de manera repentina detrás de la puerta. El pedazo de madera partida con astillas filosas entre las manos jóvenes fue alzado de nuevo, en son de amenaza. —¡Asqueroso bastardo asesino! —Avanzó contra Severus, con seguridad. Éste en vez de esquivarlo como la vez anterior, le sostuvo las manos, arrebatándole el pedazo de madera que cayó sobre el piso. Snape estaba sorprendido por el asalto repentino, pero más que todo, estaba secretamente alegre de que el chiquillo aun siguiera vivo y sano. Con frecuencia, dejarlo solo en una habitación acarreaba más desgracias que beneficios.

— ¡Cállese, por Merlín!—Exclamó resentido el pocionista. — ¿Podría usted escucharme antes de hacer pataletas? ¡Pudo matar a alguien con eso!

— ¡Pues usted mató a Dumbledore! ¡¿Por qué habría de importarme si lo mato a usted?! ¡Sucio traidor de mierda! —El chillido de Harry casi le deja sin tímpanos, el pequeño muchacho avanzó nuevamente después de haber sido empujado con brusquedad hacia atrás. Parecía tan decidido a matarlo que Severus se permitió sentir al menos una pizca de miedo cuando recuperó el pedazo de madera para atacarlo. — ¡Usted lo mató, y él confiaba en usted!

— ¡ÉL ME ORDENÓ QUE LO MATARA! —Estalló, harto de los chillidos de su alumno. Los ojos de Harry se templaron con la barbilla elevada, la anterior llama furiosa de sus irises pasó a ser la vulnerable ventana hacia el alma del chico. Snape se relajó cuando Harry dio tres pasos hacia atrás—Estaba agonizando ¡Dumbledore prefirió una muerte limpia y fácil, a una dolorosa! ¡Me lo ordenó él mismo!

— ¿Cómo sé que es verdad? —Murmuró con desconfianza, el pedazo de madera balanceándose en sus manos menudas y heridas por las astillas. Severus dudó, pero al menos el chico ya no estaba alzando cualquier objeto filoso en busca de la muerte segura de alguien.

—Tendrás que depositar tu confianza en mí. ¿Quieres saber porque estás aquí y no muerto y en la lista de asuntos resueltos del Lord? Escúchame. —Sentenció con gravedad. Harry mordió su labio con duda. Severus vio, levemente, como el fantasma de las lágrimas en los ojos parecidos a los de Lily, empezaban a brillar. Oh, no, lo que menos necesitaba ahora era a un chiquillo lloroso.

— ¿Cómo pasó? —Harry intentó regular su tono de voz, su cuerpo parecía inquieto, los ojos nerviosos parpadearon para no dejar salir las lágrimas. Al parecer, su orgullo era más grande que su pena. Severus se irguió de nuevo, arreglando con un movimiento de cabeza los mechones que se habían salido de lugar durante el forcejeo, miró hacia las inquietas manos del chico, estaban llenas de sangre. Al mirar hacia el armario del fondo, efectivamente, la puerta estaba desencajada y una parte considerable arrancada a golpes.

—Déjame primero curar esas heridas. —Harry no supo si fue un ofrecimiento o una orden, pero no opuso resistencia cuando el brusco toque de Snape tomó sus manos, el oscuro profesor movió en una limpia floritura su varita. Harry vio como las astillas desaparecían en volutas de brillantina roja y las heridas se cerraban frente a sus ojos.

Se alejó dos pasos, inseguro de si hablar o mantenerse callado. Alzó la vista, y la volvió a bajar, tan confundido como sólo un chico de 16 años en su posición podía estarlo. La puerta seguía abierta y la leve idea de escapar pasó por su mente, pero tan pronto lo pensó, la puerta se cerró con un estruendo que hizo eco en la habitación.

—Escúchame bien. —Siseó el hombre de negro, las expresiones de Snape parecían incluso más oscuras y sombrías que antes. Harry vio atento como el mago mayor conjuró dos sillas cómodas y una mesa, se sentó al extremo opuesto del que su antiguo profesor tomó. El hombre se irguió en su asiento, tomando aire para hablar. —Debido a que mis decisiones no acarrearon un buen destino para la persona que amaba como una hermana, tenía mi confianza puesta en Dumbledore, completa y absoluta desde el día en que te entregaron a los Dursley. Estaba ciego ante sus promesas, y trabajaba solo para él, espiando al Señor Oscuro, enviando información casi insignificante a los Mortifagos, pero no fue hasta estos últimos días en los cuales abrí los ojos en plenitud. Dumbledore estaba loco, tenía buenas intensiones, pero estaba trastornado. El Lord desconocía de este hecho, del que tú eres su Horrocrux y pensó utilizarlo a su favor. Supongo que te contó del anillo de los Gaunt, ese anillo era un Horrocrux, lo destruyó de tal manera que la maldición de éste cayó sobre él, y no le importó. ¡Dio su propia vida por la causa pensando que cualquiera lo haría con tanta facilidad como lo hizo él!

—Su mano… —susurró Harry, comprendiendo de repente. — ¿Estaba matándolo?

—Poco a poco, si—admitió con pesar— Fue entonces cuando empezó a revelarme todo, el día en que el Lord dejo esa marca en ti, Potter. No solo creó una conexión, dejó un pedazo de su alma dentro por equivocación. Para vencer al Lord, debías matar cada uno de los Horrocrux, incluyéndote como uno de ellos. Debías morir para que él también lo hiciera, y la profecía no hacía más que darle peso al hecho—resopló con agriedad, Harry sintió algo pesado caer en su estómago. La profecía desde ese punto de vista lograba tener más sentido, si él era un Horrocrux, entonces también debía de ser destruido para lograr que Voldemort cayera. Qué ironía, había estado luchando contra sí mismo, la profecía decía que ninguno viviría si el otro seguía vivo. Pero Tom Riddle estaba vivo, y no solo en otros Horrocruxes, también dentro de él.

—Dame un momento—masculló Harry. La información se conglomeraba a montones sobre su mente cansada. Estaba paralizado, con la mente en blanco y el corazón rezumbante en su pecho. Había pasado peores cosas en su vida… ¡pero diablos! No había sido esas estar destinado a morir sin importa qué, ni tampoco estar destinado a las manos de Voldemort, estar conectado de manera tan íntima a un ser al que despreciaba.

Sus pasos vacilantes se dirigieron al balcón cerrado, algo latía en su pecho con desenfreno, no era su corazón. El latido de su corazón no dolía tanto, no hacía que sintiera tanta culpa y miedo al mismo tiempo, de manera tan intensa.

—Sé que es difícil de entender—Severus apoyó una mano fría e impersonal sobre el hombro delgaducho del adolescente, el tono de voz regulado no expresaba ninguna emoción—Pero es algo que debes de asimilar. Pensarás que he tomado la peor decisión, pero me prometí que te mantendría a salvo y mantenerte con el Lord, el que seas su pareja, te mantendrá vivo. Más de lo que cualquier mago podría imaginar.

— ¡¿Y qué pasa con las personas que confiaban en mí?!—Bramó, alejando la mano pálida de Severus fuera de su alcance, sus ojos verdes latían con rencor. — ¡Estarán bajo el mandato de un tirano! ¡Seguiré vivo, pero todo lo que dices será como matarme!

—Tu madre no te hubiera querido muerto… —gruñó, apretando sus dedos delgados alrededor de la mano que se había alzado en busca de lastimarlo. Harry apretó los labios y le miró con esos ojos verdes brillantes tras las gafas, que le hacían ver idéntico a James Potter en su juventud. Severus notó como la furia de Harry subió al mencionar a su madre.

— ¡No hables de mi madre como si supieras más de ella que yo!—Harry gritó.

—Pues si lo sé. Sé mucho de ella, sé que amaba los viernes por la tarde y que su materia favorita era Encantamientos. Fui su mejor amigo. ¡Sé que ella te amaba, que ella no hubiese querido, ni por un segundo, que el hijo que adoraba muriera solo por las alucinaciones de un lunático!—Severus estaba en su límite, tanto como para gritar todo lo que guardaba tras capas de indiferencia y años de luto. Nunca fue bueno para soportar mocosos insolentes y el leve parecido que Harry podría tener con Lily, no jugaba suficiente peso con el parecido pasmoso que James Potter tenía con su hijo. — ¡Te casarás con el Lord, y vivirás como su consorte! ¡Lo quieras o no! ¡En tres días, Potter! Me importa muy poco las personas que confiaban en que un niño de 16 años les salvara. Con suerte, el Lord limpiará esta sociedad llena de tontos incompetentes. —Hizo un amago de despedirse. —Hasta el día de tu boda, Potter.

Severus giró, y con los nudillos apretados, cerró la puerta con un estruendoso portazo y el sonido del hechizo de cerradura impactando contra la madera.

Harry no replicó, ni gritó. Solo se mantuvo apenas de pie con sus ojos fijos en la puerta por donde Snape había marchado. Puestas las razones, resultaba solo un poco más complicado señalar a Snape con plena confianza de que él tenía la culpa de todo.

-BreathOfLife-

Malfoy apretó los dedos entre su cabello rubio platino mientras se hundía en su aburrimiento matutino. Bellatrix tatareaba al otro lado de la habitación con sus ojos negros fijos en el techo.

—Es solo un mestizo, ¿por qué un Lord Oscuro querría casarse con la mitad de un Sangre Limpia ?—Draco barbulló, Narcissa envió una mirada resignada a su hijo al alzarla de los pergaminos. Había tarjetas de boda por allí, diseños de arreglos florales y pequeñas notas de medidas para trajes por allá. La mujer rubia iba a replicar, pero la voz arrastrada de Bellatrix se le adelantó.

— ¡El Lord puede casarse con quien quiera!—Exclamó, presionando los hombros de Draco hacia abajo, el chico se sobresaltó. Bella rió, tatareando con su voz discordante. —Su sangre es pura, ¡Del mismo Salazar Slytherin! ¿Qué es la sangre de una nacida de Muggles contra ello? ¡Nada! Potter podría ser una nacido de Muggles como su tonta madre y nada importaría. Es de mi Señor quien se habla, tonto sobrino.

Draco no podía creer que una excusa con tales fundamentos y tan malas referencias podría convencer a alguien, así que buscó la mirada de su madre para encontrar aprobación. Gruñó entre murmullos, agradecido de no estar tan ciego, el Lord podría ser la misma reencarnación de Merlín, y aun así no lograría purificar la sangre impura de Potter. El chico era rebeldía en toda su extensión, todo lo que Draco odiaba: tonto, desalineado, desafiante y dueño de unos ojos verdes que eran lo suficiente agradables como para poder hundirte en sus encantos.

También debía de admitir que su molestia por la próxima boda no nacía solo de la sangre mestiza que corría en las venas del Niño-que-Vivió, sino que le desgarraba el orgullo el simple hecho de saber que el Lord había sido lo suficientemente inteligente, como él no pudo serlo, para someter a Potter, aquel chico de miradas fieras y esmeraldas que guardaban las vivas emociones de un estúpido adolescente. La sensación de que el Señor Oscuro tendría esos sonrosados labios de donde manaban ácidos insultos hacia su persona era por demás irritante.

—Tonterías, Potter es solo un idiota.

—Oh, ¡calla, Draco!—Exclamó Narcissa, sus lindos ojos teñidos en enfado. —Pronto, Potter será el consorte del Lord, sin mencionar que el Lord será nuestro Rey. ¡Debes respetar a alguien que será tu próximo gobernante!—ella se puso de pie, arrastrando el vestido de encaje que con orgullo lucía— Harry Potter será el consorte de Thomas Marvolo Riddle, nuestro Rey, nuestro Lord y nuestra lealtad será recompensada con muchas más cosas que la libertad de tu padre, Dragón.

Bellatrix pareció encantada con el discurso de su hermana menor, porque rebotó en su asiento puesto en el espacioso estudio de Narcissa y rió como tan solo ella podría hacerlo.

—Potter un Rey—gruñó con voz áspera Draco, no pudiendo evitar pensar en ese tonto Gryffindor ocupando un trono, con esa sonrisita de niño bueno y porte de león. —El Lord está demente.

— ¡Niño idiota!—Bramó Bella, sus pequeñas manos se alzaron junto con su varita en un movimiento brusco que pretendía ser una maldición cortante.

—Bellatrix, ¡por Merlín!—Exclamó Narcissa. —Recato, cariño—musitó con voz suave, la morena imitó fanfarronear de la voz delicada de su hermana en respuesta. —Debo de llevar estos diseños a un costurero, por ahora solo no intenten matarse. En su sangre corre la misma sangre de los Black, intenten conectarla y… tantear terreno.

Draco gruñó con hastío en su honorable puesto en el sillón central. Bellatrix hizo algo parecido, tirada en el piso con su vestido de encajes negros esponjosos alrededor de ella luciendo como toda una niña malcriada podría lucir.

Narcissa los ignoró y enfiló hacia la salida, tenía cosas más importantes que hacer en vez de estar rebajándose a ser niñera de dos niños mimados.

-BreathOfLife-

Las sábanas estaban frescas, Harry había visto el sol siendo tirado hacia el horizonte por largas horas yaciendo sobre ellas. No tenía ánimos para seguir luchando por ahora, no había forma de escapar, y tal como las horas pasaron, los sucesos habían caído sobre él de manera alarmante. Un elfo pequeño y tembloroso dejó en algún punto de la noche, un plato de cena caliente en la mesa conjurada que había dejado Snape, la pequeña criatura temblorosa se inclinó frente a él.

—El Lord ha ordenado que el joven amo Harry Potter tome un baño y luego cene. Dodo tiene que supervisar al joven futuro señor. — Harry apretó los labios, sintiendo una desazón en su pecho. Oh, ahora él creía que concebiría todo lo que pasara por su cabeza, se dio la vuelta con hastío, si el Lord creía que Harry era una mascota a la que podía manejar con tanta facilidad, pues estaba equivocado con eso, oyó al elfo refunfuñar. —El amo señor Tom me ha dicho que usted se resistiría, así que el amo señor ha dado permiso a Dodo para obligarlo.

—¿Pero qué…?—Harry oyó un chasquido justo cuando, de repente, era halado de la cama, se sintió tan desconcertado que no pudo percatarse de que el elfo lo estaba levitando hacia el baño hasta que comprobó que no podía evitar su lenta marcha hasta la puerta, la bañera ya se estaba llenando cuando fue empujado hacia ella. Las burbujas flotaban junto a él en una pequeña danza que parecía burlesca, Potter se removió en el aire refunfuñando sobre elfos idiotas. El elfo domestico lo miró, con sus ojos de color amarillo despiertos y, con una parsimonia que parecía casi tenebrosa, chasqueó los dedos—No te atre- ¡Ahhh!

El agua tibia se desbordó de las orillas de porcelana, Harry se acurrucó con la ropa empapada pegada a la piel, y los lentes húmedos cayeron por el puente de su nariz pequeña. El elfo parecía saber lo que hacía, chasqueó los dedos de nuevo. Lo despojó de la ropa que junto con sus lentes enfiló alegremente hasta la cómoda del baño, las sales y el cepillo de baño también se levantaron de su sitio para llegar hasta Harry. Las sales se agitaron, cayendo en chapoteos alegres dentro del agua, el cepillo se limitó a sacar la mugre de la piel, Harry aspiró los olores del baño y se relajó. El elfo sonrió, una sonrisa parecida a la de Dobby cuando recibió un calcetín, y su libertad. La pequeña criaturita tarareó alegre y con lentitud, dirigió todos los accesorios de baño hacia la bañera, ellos enfilaron sobre el aire para empezar a hacer sus respectivas funciones sin ninguna ayuda más que la magia. Una vez listo, el pijama fue dejado en la cómoda junto con los lentes.

—Dodo dejará su ropa aquí, señor joven señor. —Sonrió con alegría, sus orejas puntiagudas alzándose con diversión. —Dodo estará esperándolo en la habitación, señor. —Harry suspiró, recargando su mejilla en la fría porcelana de la bañera, ¿cómo se suponía que escaparía de allí? Nadie parecía presto a ayudarle, y se veía incapacitado para utilizar sus propios medios. Cuando el agua enfrió, buscó la toalla, se secó y sin mirar hacia el espejo, se puso el pijama y los lentes. Dodo lo esperaba con una sonrisa y la comida aun caliente sobre la cama. —Que tenga una buena cena, señor. —La pequeña criaturita se inclinó, su sonrisita picaresca fue dirigida hacia él antes de desaparecer.

La comida lucía apetitosa, Harry tenía hambre. Consideró que tal vez la carne de apariencia apetitosa podría tener veneno… no, recordó con brusquedad, Voldemort lo necesitaba vivo. Tomó el primer bocado con lentitud, y los siguientes que le fueron a ese siguieron prestos, saboreando con euforia la comida. Cuando terminó, bajo el peso de su estomago lleno, el sueño pareció llevárselo de nuevo a tomar una profunda siesta.

-BreathOfLife-

Era la tercera o cuarta vez que Harry despertaba sintiendo que olvidaba algo, la calma superficial se agitó cuando abrió los ojos. Esta vez no fue un elfo doméstico quien le devolvió la mirada, era mujer de profundos ojos color miel y severo porte. Su mirada le recordó a McGonagall, la mujer llevaba una túnica color violeta y sus manos cruzadas sobre el regazo. Dos chicas con uniforme estaban sumisamente ubicadas detrás de ella, cargando ropa entre sus brazos delgados y una pequeña caja de lindos tallados. Más allá, Harry pudo reconocer su baúl flotar tranquilamente por su espera.

—Ha tardado en despertar. —La vieja bruja dijo, ella hizo un gesto adusto hacia la criada de la derecha que le entregó la ropa sin mirarla a los ojos. Harry se sentó sobre las colchas aun aturdido—Me llamo Annabelle, soy su ama de llaves. A partir de ahora, soy la encargada de administrar su tiempo y cumplir sus caprichos, eso va también con enseñarle sobre los protocolos. Estas dos chicas son sus criadas—ellas se inclinaron, aún sumisas colocadas en su lugar. Harry parpadeó, aun sintiendo que no entendía por completo la situación cuando Annabelle dejó sobre la cama el traje blanco que la criada había proporcionado. —El lord nos envió para que se le prepare, le arreglaremos para la ceremonia.

— ¿Qué ceremonia? —Harry logró tartamudear.

La bruja le miró con sus severos ojos color chocolate, casi a punto de bufar. —Para la coronación, por supuesto. Usted es el prometido de nuestro Señor, hoy será su coronación y como futuro Consorte, debe estar presente para efectuar los debidos protocolos. Por lo tanto, mañana todo estará listo para efectuar las ceremonias nupciales.

Harry se recordó enseguida el por qué seguía allí: sus amigos estaban en peligro, así tanto como Ginny, y era probable algunos más cercanos de Hogwarts. Voldemort le había prometido su libertad y protección si accedía a casarse. "Es por ellos", se dijo, mientras la mujer de cabal silencio esperaba una respuesta concreta por su parte. Ella tenía todo el porte de una sangre pura. En cambio, las dos chicas restantes parecían sumisas, casi atemorizadas de que se les reprendiera por un paso en falso, y Harry se atrevía a señalarlas como hijas de Muggle. En el brazo derecho de cada una, había una marca hecha en hierro caliente, el símbolo de la casa de Salazar Slytherin

Harry alzó la vista con la garganta seca— ¿Puedo bañarme por mi mismo?—dijo, con voz rasposa—Sería incómodo que alguien más lo hiciera por mí.

La vieja bruja desdeño una mueca molesta. Pero parecía satisfecha con la cooperación del chico.

—De acuerdo. Esperemos aquí, y tendremos los preparativos listos para cuando regrese.

Harry asintió. Bajo la mirada filosa de la bruja, caminó hasta el baño. Aún envuelto en su pequeño capullo de aturdimiento no lograba asimilar por completo que ocurría. Lanzó las mismas sales que el elfo de la noche pasada había echado a la bañera, y se hundió en el agua tibia cuando estuvo cargada hasta el borde. Para su sorpresa, el cepillo de baño volvió a volar hasta él para rasparle la espalda y la esponja chapoteó alegremente para ayudarlo a tallar su cuerpo. Con el agua hasta la nariz intentó, nuevamente, no caer en la desesperación. Estaba en sus manos la vida de sus amigos, tenía el privilegio de decidir y con el Lord nadie nunca tuvo opción a replica. Podría salir de ésta, jaloneaba los cabellos empapados, inhalando tembloroso, convencido de que encontraría una manera de salirse con la suya.

El suave chapoteo del agua sonó cuando abandono la bañera, con ropa interior limpia y una bata de baño cubriéndolo celosamente, regresó a la habitación. La fría mirada del ama de llaves le recibió.

—Muy bien—ella barbulló, sin aliento pero con gracia—Esther, Vivian. —Las criadas se inclinaron con respeto, aunque su extrema sumisión parecía un chiste. Ambas se adelantaron hacia Harry para quitarle la bata y dejarle en paños menores. Con rapidez, incorporaron el traje formal blanco y dorado, acompañado de una túnica y una capa a juego. Annabelle observó con ojos meticulosos cada movimiento, sus ariscos ojos prestaron particular atención desde las botas de tacón ligero, al traje cerrado de botones de oro. La chica más bajita empujó levemente a Harry hacia el tocador, donde moldearon a duras penas su cabello para colocarle una fina aureola de plata. Harry no tuvo tiempo de preguntarse qué significaba cuando la ama de llaves apareció en el reflejo del espejo para espantar de sus hombros las inexistentes volutas de polvo del impecable traje y arreglar la aureola en un ángulo distinto.

—Significa pureza—ella explicó, movió su varita para perfumar el traje con cuidado —Es el símbolo de que usted pronto pertenecerá a la realeza, y que será desposado cuando aún es virgen. —Ella hizo señas de nuevo a una criada, la tímida muchacha se acercó con la caja en las manos. Annabelle la inspeccionó y con ojo crítico, la abrió, mostrando una fina alianza de color negro brillante que descansaba sobre el acolchonado del cofre—Y esto—ella explicó, mientras el anillo era colocado en el dedo anular de Harry—Es el símbolo de su compromiso.

Harry observó el brillante anillo color cobalto resaltar en su pálida mano. Con aprehensión, comprobó su peso y suspiró sobre la superficie resplandeciente. En el espejo, un jovencito de ropajes elegantes y un dulce rostro de mirada ingenua se reflejaba. Harry se dijo que él habría podido ser uno de aquellos personajes sobrios y hermosos que se mostraban en los cuadros de Hogwarts, pero el simple hecho de que sus ojos parecieran no tener ninguna expresión le restaba gracia a su belleza.

—Ya es hora. —Él suspiró. Annabelle estuvo de acuerdo.

La puerta se abrió unos minutos después, Severus entro, con su rostro pétreo sin una sola expresión, no parecía feliz de estar allí.

— Soy el encargado de escoltarlo.

Annabelle asintió, chocó las palmas con elegancia para retirar a las chicas que se inclinaron con respeto y enfilaron a la salida, tan calladas como siempre.

Severus se tomó el tiempo de admirar a Harry mientras Annabelle se retiraba, el chico parecía decaído, pero su apariencia superficial parecía el digno Consorte de un Rey.

—Procura no hacer nada estúpido, mantente callado y se respetuoso cuando el lord te hable. No fijes la vista mucho en las personas, habrá caras conocidas—el dijo con voz agria.

Harry lo miró al rostro, Snape no parecía querer estar allí para entregar a Harry de aquella manera, exhibiéndolo como un trofeo de guerra sin la mayor consideración.

— ¿Donde será la coronación?— Harry pregunto, sin muchos ánimos de saber en realidad.

—En el antiguo palacio de los Reyes—Severus ofreció su brazo para Harry, él le miro con ojos molestos pero acepto resignado—Supongo que no sabes de ello, había una monarquía mucho antes del Ministerio. Decían ser descendientes de Merlín. La mejor casta de magos sangre pura jamás vistos. Te daré tres consejos, Potter. No hagas enojar al Lord, si es posible que te veas feliz, hazlo y si el Lord pide algo de ti, tranquilo, no te humillara, es demasiado orgulloso como para tratar mal algo de su propiedad.

—No soy de su propiedad—Harry gruñó.

—La alianza en tu mano dice otra cosa, y la conexión que ha puesto en ti. Puede controlarte desde el lugar en que este, estas tan unido a él que si tuvieras un cuchillo en las manos no podrías cortarle la yugular, y cuando el matrimonio esté listo, créeme, no será amor, pero sentirás tanta devoción por él como cualquiera que estuviese enamorado.—el tono duro de Snape le golpeó la esperanzas con crueldad. Severus estuvo al tanto, porque se enderezó con su porte indiferente y rostro inexpresivo. Lo guio fuera de la habitación, pasearon por los pasillos hasta llegar a un saloncito de fiesta y sin mirar atrás Severus echó polvos flu en la chimenea gritando "Royal Palace"

Viajar fue como un borrón, un muy amargo borrón de imágenes y sensaciones agobiantes. Al salir de la chimenea entraron a otro salón, más grande, adornado de cuadros sentados, erguidos y orgullosos de las coronas y joyas que los engalanaban. Había cortinas de seda y muebles finos con lámparas de araña decorando el techo de finos acabados a juego con la imponente chimenea de mármol.

Severus lo apresuró entre pasillos y personas desconocidas que se inclinaban con respeto y temor en sus ojos sumisos, todos parecían criados, con una marca hecha de hierro caliente en el brazo derecho. Pasillos y ventanas que mostraban jardines esplendorosos, puertas gigantes, rosales hermosos. Y a pesar de la belleza del lugar, la inquietud de Harry crecía a cada segundo, oía los murmullos de los invitados zumbar cada vez más alto.

Al llegar al salón, rostros serios se presentaron ante él, diferentes dialectos le saludaban con respeto, magos y brujas de vestimentas exóticas, con vestidos victorianos y galas elegantes de época. Había pocos niños, pero eran tan o más estirados que sus padres, el lugar parecía una iglesia, una capilla integrada o algo por el estilo, estaba tan bien decorada como el resto del palacio.

—Hay tantas personas—Harry balbuceó en voz baja.

—Debe haberla—fue lo único que Severus respondió, él lo entregó sobre el altar, en una silla a la derecha del trono. Nervioso, Harry buscó caras conocidas sentado en su lugar, atinó a alguna, Percy estaba sentado en una de los asientos más lejanos donde se suponía estaban los trabajadores del disuelto Ministerio. Bellatrix Lestrange y su esposo estaban en las primeras filas, junto con Malfoy y su madre, ambas mujeres sonreían. También había alumnos de Hogwarts, de todas las casas y edades disponibles encantados por las exquisiteces y sus privilegios, tan ajenos a lo que significaba que Tom Riddle gobernara Inglaterra.

Las trompetas sonaron.

Harry pensó que Riddle se veía ridículo ataviado con la capa y las vestimentas de la corona. Había sacerdotes de la dogma dominando la ceremonia, mientras él se mostraba callado y sumiso los magos aclamaban a su próximo rey.

Se iniciaron los juramentos, lealtad al país, lealtad al pueblo, simples protocolos que Harry ignoró por su propia salud, ojala hubiera podio gritarle, pero sus labios parecía sellados. Quiso tanto parar esa farsa. Voldemort estaba consiguiendo lo que quería y él, el gran Harry Potter, no podía hacer nada por evitarlo, solo podía estar allí, sentado y humillado.

Se purificó la corona y se terminaron las promesas al pueblo. Riddle se veía imponente, no lo podía negar. Sus ojos rojos brillaban por la victoria y las vestimentas le resaltaban el encanto que su apariencia humana tenia.

La corona ascendió entre las manos de obispo mago, la posó en la cabeza de Tom y en ese preciso momento Thomas Riddle se convirtió en el máximo gobernante de Inglaterra.

El encargado de la ceremonia presentó al nuevo gobernante, con su voz pausada hablo firme:

—He aquí al Rey Thomas, heredero de la noble casa Slytherin, Sangre Pura y soberano de todo lo que toque el sol de la sagrada Inglaterra.—Harry se sorprendió cuando un hombre de uniforme lo levanto de su asiento y lo llevo hasta al lado del Lord oscuro, frente a todas aquellas personas de aires pomposos y sonrisas regocijadas no supo que expresión mantener—He aquí a su prometido, Harry James Potter, próximo Consorte de la Sangrada Corona Británica.—presentó el obispo, y con su voz anciana clamó:— ¡Salve el Rey!

— ¡Salve el Rey Thomas, viva la Corona Inglesa, viva su prometido y los herederos por venir!—clamaron por protocolo, las manos de Harry temblaban, se sentía sucio, se sentía asqueado y tan intranquilo. Tom le tomó la mano con una enguantada, su pétreo rostro sin sentimientos le miró fijamente.

—No tiembles— le gruñó al oído. Harry asintió, pensó en Hermione, Ron y Ginny. Solo ellos tres, solo el valor de sus vidas frente a algo tan insignificante como lo que vivía.

Fue en ese momento, tal vez, en el que El-Niño-Que-Vivió comprendió que no podría escapar de aquella realidad. Nunca más, él ya era de Riddle y nada ni nadie cambiaría eso.


Notas:

Oh si, hola. Espero que el capitulo haya sido de agrado. No puedo extenderme mucho esta vez pero espero no se hayan olvidado de este pequeño fic. Si les apetece, revisen una linda pagina de Facebook que e hecho se llama I Love BottomHarry :)


Aclaraciones:

Si, pienso en la religión Católica (o algo muy parecido, no lo se) como dogma para los magos. Resulta que muchas de sus costumbres son muy parecidas a las cristianas (Bautizo por ejemplo). Hace pensar también el hecho de que J.k es Católica. Esto solo por hacer mención como complemento, nunca habrá una inclusión muy abierta hacia el tema para evitar aquellos a los que les desagrada. Sé que suena loco, pero es posible. También se debe a que no me imaginaba la coronación de otra manera que no fuera la manera cristiana. Pido perdón si a alguien le desagrado.


Respuesta a anónimos:

Moonclock Hanzel ( Gracias cariño, te daría toda una carta de lo mucho que me encanto tu review, pero de nuevo mi tiempo es corto ¿Te parece si te digo todo lo maravillosa que eres por PM? xD )

Sheil ( Muchas gracias por tu review ¡He aquí el cap! xD )


¡Gracias por leer!