Acá el siguiente capítulo disfrútenlo
-o-o-o-o-o-o-o-
Kikyou's POV
En una aldea de humanos muy tranquila. Donde todo era armonía entre ellos, las personas se ayudaban entre sí para mejorar como personas cada día, pero en una ubicada a las afueras de la misma, mejor dicho un templo, donde habitaban los monjes y sacerdotisas de esa aldea, todo era agitado desde que comenzaba el alba hasta que el ultimo rayo de sol se perdiera en el horizonte.
En aquel templo habitaba vivía yo, una hermosa jovencita de aproximadamente 17 años, que dormía plácidamente hasta que los rayos del sol empezaron a entrar por la ventana de su acogedor cuarto dándome directo a la cara haciendo que cubriera mi rostro con la sabana pero pocos minutos después…
-Señorita Kikyou…Vamos señorita Kikyou…Es hora de despertar – decía una linda aprendiz de sacerdotisa muy parecida a mi físicamente que venía a despertarme y verificar mi salud ya que la noche anterior había sufrido una fiebre que sobre pasaba los grados normales de una persona sana, por lo tanto al lado de mi cama en la mesa de noche se encontraba un cubo con lo que antes era agua fría y un pequeño trapo.
-Solo dame cinco minutos más Kagome…no tengo ánimos para levantarme- dije con un hilo de súplica en mi voz aun soñolienta, pero la otra joven aprendiz no desistió en querer despertarme por ende siguió llamándome y moviéndome.
-¡Vamos señorita Kikyou! Tiene que despertar –decía Kagome con su paciencia más que agotada- ¡dije que es hora de levantarse! –grito ya fuera de sí quitándome la sabana para ver si ahora si la obedecía.
-Ok…Ok…Ya estoy despierta –dije levantándome rápidamente y sentándome en mi cama observándola con una mirada realmente fría; como odiaba que me despertaran tan temprano- ¿Qué pasa Kagome? no entiendo para que me despiertas tan temprano. ¿Acaso hay un incendio? –finalice diciendo lo último con ironía y sarcasmo tan propio de mí.
-Perdóname, señorita Kikyou, pero es que tu padre me dijo que te despertara hoy temprano, dijo que tenía algo importante que decirte por eso que cuando estuvieras lista fueras a verlo- hablo aquella joven que me había despertado, me quede viéndola a los ojos, realmente nuestros rostros eran hermosos, eran muy parecidos por lo tanto la gente solía confundirnos como hermanas. Realmente no me importaba porque la consideraba como si lo fuera, solo ella y Kaede eran mis únicas amigas, las únicas en las que podía confiar ciegamente – dime, ¿cómo te encuentras?... Me has dado un tremendo susto con la fiebre tan alta que te ataco anoche-prosiguió Kagome.
-¿Mi papa quiere hablar conmigo? Me pregunto de que se tratara...él nunca quiere hablar con nadie al menos que sea de suma importancia-exprese con extrañes en mi voz – bueno la verdad ya me encuentro mucho mejor Kagome, dormir un poco me hizo sentir mejor, gracias por preocuparte por mi te lo agradezco mucho respondí hacia la que parecía ser mi reflejo calmando sus preocupaciones.
-Para eso estamos las amigas Kikyou, sabes que siempre podrás contar conmigo para lo que desea –sonrió-pero bueno es mejor que te vayas a cambiar rápido para ir a ver a tu padre no vaya a hacer que luego empiece una batalla campal contra ti – dijo algo divertida Kagome mientras salía de aquella habitación dejándome completamente sola.
Me pare de mi cama algo cansada por la fuerte fiebre de la noche anterior; a pesar de ya estar mucho mejor, aún quedaba rastros de cansancio en mi rostro. Me dirigí a mi armario sacando un hermoso traje de sacerdotisa color rojo con blanco, me lo coloque y me voltee para verme en el espejo; adoraba ese traje, era mi favorito ya que fue el último obsequio que me dejo mi madre antes de morir por causa de una gran enfermedad que desconocían, una enfermedad que tal vez yo podría haber heredado…de inmediato opte por quitar esos pensamientos de mi cabeza, solo para poner un semblante triste y dar un pequeño suspiro con desdén de mis hermosos labios rosados…como extrañaba a mi mama, sus risas, sus cuentos sobre aventuras, las comidas que siempre le preparaba cuando me comportaba bien en el templo, realmente para mí mi madre era y siempre seria la persona más importante en mi vida; suspire de nuevo esta vez melancólica, como no extrañar a mi madre puesto que siempre sentí que mi padre no me comprendía , se perfectamente que él me ama sobre todas las cosas y que se preocupa por mi bien estar, pero la verdad me molesta que sean tan sobreprotector conmigo eso me hace sentir atosigada, que me quitaba mi espacio pero también comprendía que por mi condición hacia que el fuera de esa manera, enfermarse a cada rato y sufrir temperaturas muy altas no eran propias de una joven normal. Mi padre siempre decía que tal vez esa enfermedad que tenía era igual a la que mato a mi madre, con solo pensar en ello un gran escalofríos recorrió toda mi espina dorsal; pero no tenía por qué pensar en eso después de todo ya empezaba a sentirme mucho mejor, tal vez recaía pero eso no me quitaba las ganas de sentirme viva.
Cuando por fin estuve lista salí al pasillo de ese gran templo para buscar a mi padre. De repente note unos hermosos pájaros azules volar libremente fuera de este templo, sentí algo de envidia por ellos. Nunca había salido de los muros de este odioso templo, no me molestaba ser una sacerdotisa y esmerarme en ser la mejor cada día pero yo también quería libertad como aquellos pájaros, quería salir de allí y tomar aire fresco, ser una con la naturaleza ya que ella siempre la he amado, sobre todo a las flores y a los niños. Pero todo eso lo tenía prohibido ya que mi padre no le gustaba que saliera porque decía que me podría enfermar o ponerme peor de lo que ya me encontraba por lo que me mantenía encerrada dentro del templo lo más que podía. Lo que no entendía mi padre es que para mí era maravilloso juntarme con los niños y las flores, hacía que yo olvidara que tenía una enfermedad que podría acabar con mi vida, quería ser una mujer normal como las chicas fueran de la aldea. Desvié la mirada de esos pájaros para concentrarme en el camino que ahora recorría, quería ver que era aquello tan importante que él tenía que decirme aparte ya era hora de bajar de la fantasía y concentrarse en la realidad de que jamás podría salir del templo muchas veces le pedí a Kagome que me ayudara a escapar, cosa que ella siempre se negaba porque sinceramente tenía mucho miedo de ser descubierta, Kagome nunca era discreta y una joven muy miedosa en vez de ella proteger parecía que le gustaba que la protegieran a ella. Cuando llegue a la sala me encontré con mi padre ya tomando su desayuno matutino por lo cual me dirigí hacia él sentándome a su lado.
-Buenos días padre – dije con una sonrisa en mis labios tomando mi desayuno junto a el - Kagome me ha dicho que me has llamado, que tienes algo importante que decirme.
-Buenos días hija –dijo aquel joven sacerdote dejando su desayuno a un lado observándome seriamente, cosa que hizo que me preocupara – bueno Kikyou- prosiguió- …como sabrás los sacerdotes de otras aldeas y yo hicimos una reunión hace ya algunas semanas atrás porque necesitábamos hablar de algo muy importante…- .
-¡Papa! Te recuerdo que tengo 17 años no soy una niña, ¿ya podrías ir directo al grano por favor?-pedi cansada de que a veces me tratara como una idiota, como si no supiera de que me hablaba. Cosa que no era, me consideraba una mujer muy astuta e inteligente.
-¿Sabes? estoy orgulloso de ti hija –esbozando una sonrisa- me alegra que seas la chica más inteligente de este templo –solo fruncí el ceño- bueno el punto es que en la reunión logre que me reconocieran como uno de los mejores sacerdotes de todo Sengoku-
-¿De verdad? ¡Padre! ¡Es la mejor noticia que me has dado! ¡Yo soy la que está orgullosa de ti! –exclame con mucha alegría y energía en mi voz.
-Tranquila Kikyou –una risita se escapó de sus labios- bueno la verdad es que hay más-se aclaró la garganta- bueno como ahora soy uno de los sacerdotes más importantes me asignaron a un trabajo de gran responsabilidad, por esa razón –suspiro y dijo lo siguiente con calma- nos tendremos que mudar.
-¿Que has dicho? –no podía creer lo que mi padre me estaba diciendo, por lo que intentaba analizar las palabras que mi padre acababa de decir sin más.
-así es Kikyou, nos mudamos mañana mismo al atardecer –dijo de una forma muy tranquila.
-¡Pero yo no quiero!...no quiero irme de este templo que ha sido mi hogar hasta ahora, además ¿que pasara con Kagome y Kaede?, ¿Qué pasara con el entrenamiento de Kagome? Recuerda que soy su profesora en el ámbito de ser una sacerdotisa…no papa por favor yo no quiero mudarme-dije con voz suplicante a mi padre.
-Kikyou entiende por favor que esto es importante para mí.
-Si lo entiendo…lo entiendo perfectamente, pero tu muy bien podrías irte y yo me quedo en este templo con las personas que más me importan y con mi trabajo de sacerdotisa-
-¡No! Tú aquí no te vas a quedar –dijo muy serio- ya lo decidí -dedicándome una mirada muy fría, yo solo me limite a observarlo con cierto recelo – por Kaede y Kagome no tienes por qué preocuparte ellas vendrán con nosotros a nuestra nueva aldea así que no estarás sola, sobre lo de tu puesto sobre atender a Kagome para ser sacerdotisa pienso que es mejor que ella lo deje no está apta para serlo y tú no estás en condiciones para enseñar. Pero bueno, lo mejor de todo querida mía es que me han mencionado que en la aldea a donde nos vamos a establecer hay buenos doctores y pueden curar tu enfermedad-
-¡No me importa mi enfermedad! ¡Quiero quedarme aquí!, ¡En mi hogar!, ¡aquí están todos los recuerdos de mi madre! ¿Porque nunca me entiendes padre? –preguntoe realmente exaltada, no quería irme de aquí, de mis raíces- además Kagome ha mejorado mucho conmigo ella esta apta para ser una buena sacerdotisa y yo aún puedo dar clases y sobre todo practicar con el arco ¡No soy una inútil padre!
-¡No me alces la voz, jovencita! – me reprendió aquel hombre – ¡mientras vivas bajo mis órdenes harás lo que yo diga! Tú no te mantienes sola por lo tanto nos iremos mañana al atardecer, dejaras de enseñar a Kagome porque esta nunca llegara a ser una sacerdotisa y es mi última palabra ¡Ya no quiero reproches infantiles tuyos! ¿Me oíste? –Me grito mi padre con mucha furia de que según el yo fuera una egoísta y que solo pensaba en mi misma y nunca en el que supuestamente siempre buscaba lo mejor para mí.
No dije absolutamente nada, solo me limite a pararme de la mesa y retirarme. No queria discutir con él ya que él nunca entendía de razones, pero lo que realmente me molesto es que me tratara a mí de inútil y a Kagome de ineficiente porque sé que ella podría mejorar con mis entrenamiento yo daba fe a eso. Corri por el pasillo del templo hasta llegar a mi habitación y encerrarme adentro, no era justo que mi propio padre quería arrastrarme a la oscuridad junto con el, se que estaba actuando como una rebelde pero tenía mis razones ¿Era mucho pedir ser una mujer normal?
El tiempo paso muy rápido y no me di cuenta que se hizo algo tarde; ya más calmada decidí salir y caminar tranquilamente.
-Apuesto a que mamá no me obligaría a ir…de eso estoy muy segura- me dije a mi misma mientras caminaba por el pasillo que llevaba directo a la cocina, realmente tenía mucha hambre no había comido en todo el día.
-Yo también estoy segura que ella no te dejaría ir si no quieres- dijo Kagome sacándome de mi reflexión y haciendo que me sobresaltara un poco- lamento haberte asustado.
-No te preocupes Kagome –dije en un gran suspiro.
-Se que a veces el sacerdote Miyamoto puede ser algo obstinado pero solo quiere tu bien –con eso dicho empezó a caminar junto a mi hacia la cocina, al entrar en ella Kagome me sirve una taza de té –
-Gracias –dije mientras sostenía la taza de té en sus manos- no es justo que mi padre ya no quiera que te de clases para entrenarte como sacerdotisa, ahora ya me ha prohibido todo.
-Yo también pienso que es injusto – dijo Kagome sentada a mi lado- pero también debes entender que yo no soy buena en esto, mis poderes no se han desarrollado y tengo una pésima puntería.
-Kagome, Roma no se hizo en un día –dije tan reflexiva como siempre- yo sé que tu podrás lograrlo.
-Pero jamás seré tan buena sacerdotisa como tú, Kikyou.
-Y si sigues pensando eso, jamás lo serás –le respondí tomando un poco del té que tenía en mis manos para luego suspirar – no quiero irme de aquí Kagome.
-Entendemos que no quieras irte querida- decía una voz detrás de mí.
-¡Kaede! –Exclamamos Kagome y yo al mismo tiempo.
-Si la misma – dijo con algo de diversión aquella mujer ya mayor, tendría unos 60 años de edad pero era como nuestra abuela, siempre velando por las dos, a pesar de su vieja figura siempre mantenía una belleza incomparable.
- Bueno Kikyou sé que no quieres irte, pero la razón por la que nos mudamos debes entenderla…esto significa mucho para Fujitaka y es normal que quiera compartirlo contigo.
-¿Sabes? Kaede tiene mucha razón Kikyou, es importante para él y deberías entenderlo pero al menos no estarás sola porque iré contigo y me encargare de fastidiarte todos los días –dijo Kagome con un tono divertido en su voz-
-¿Ha así? Pss...Yo me encargare de enviarte al infierno cada vez que me molestes – dije divertida.
-Veo que recuperaste tu ánimo pequeña –dijo Kaede con una gran sonrisa-
-Escucha Kikyou, siempre vamos a estar contigo no importa lo que pase, no importa que ya no pueda estar allá como sacerdotisa pero si como tu amiga que siempre he sido –dijo Kagome colocando una mano sobre la mía para darme ánimo.
-Así es querida, siempre estaremos contigo además me han dicho que en nuestra nueva aldea, el templo es más hermoso que este y es inmenso con un gran jardín en él y detrás hay un gran y frondoso bosque - dijo Kaede para intentar anímame y que aquella mudanza y destitución de profesora no me cayera tan de sorpresa y de terrible manera.
-Sabes como siempre me has pedido que te ayude a salir del templo esta vez lo hare y te ayudare a escaparte de vez en cuando –decía Kagome en tono cómplice con Kaede.
-¿De verdad? ¿Lo dicen enserio?- dije con mis ojos iluminados por la felicidad que ahora mis dos mejores amigas me brindaban –ustedes son las mejores personas que he podido conocer en toda mi vida, las amo – dicho esto las abrace muy fuerte.
-Me alegra que hayas recuperado esa alegría tuya –dijo Kaede con una sonrisa en los labios.
-Si yo también me alegro pero, podrías soltarme me asfixias – decía Kagome intentando soltarse.
-Lo siento – se excuse soltándolas a las dos chicas- ya sabes lo que dicen el amor duele.
-Si muy graciosa – dijo kagome algo molesta, realmente ella era de poca paciencia.
-Bueno ya dejen de pelear chicas, ya se está haciendo algo tarde y sus ruidos molestaran a los demás – dijo Kaede autoritaria.
-Lo sentimos –dijimos ambas bajando la cabeza.
-Asi está mucho mejor…Oigan recuerdo que ustedes no han comido nada en todo el día ¿verdad? –dijo Kaede acercándose a la cocina – ¿quieren que les prepare algo?
-¡Sí! Amamos lo que cocinas Kaede! – gritamos Kagome y yo emocionadas de que ellas nos cocinara.
-Oye Kikyou con respecto a que nosotras te ayudaremos a escaparte, será un secreto entre nosotras tres, ¿entendido? – decía Kaede mientras cocinaba algo rápido y sencillo para nosotras.
-Así es ..Porque si no Miyamoto-sama se enojara horriblemente con nosotras y no sabemos que podría ser capaz de hacer – decía Kagome algo nerviosa.
-Tranquilas prometo no decir nada- dije alegremente.
Cuando la cena estuvo hecha comimos alegremente mientras seguíamos platicando, luego de terminar cada una nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones a descansar para estar más tranquilas para el día siguiente ya que nos esperaba un largo y tedioso viaje hacia nuestro nuevo hogar.
Continuara….
-o-o-o-o-o-o-o-
Espero que les haya gustado el segundo capitulo n-n…no soy muy buena con esto de los fanfic pero con la experiencia ire mejorando n-n cuidense gracias por los comentarios espero que pronto tenga mas x3 sayonara n-n
