CAPÍTULO DOS: Una travesía difícil.
Lo que al principio le pareció un gesto de lo más ruin, pronto se convirtió en un verdadero alivio al notar cómo las partículas de arena y todo el polvo que levantaban los otros dos deslizadores que iban por delante del suyo, chocaban contra el saco de tela que le habían colocado cubriendo completamente su cabeza, evitando que penetrara en sus ojos, oídos o boca, a la vez que también la protegía contra la fuerte corriente de viento generada debido a las altas velocidades a las que se desplazaban, sorteando las numerosas dunas que se alzaban a su paso.
Ignoraba cuánto tiempo llevaban viajando. Podían haber pasado un par de horas o un par de días, incluso. Tanto le daba. Asami había entrado en un estado de semi aturdimiento, en el que le era imposible quedarse dormida del todo a causa de los continuos vaivenes del transporte al que se encontraba atada.
Aquello le recordaba vagamente a las vagonetas de las atracciones de un parque temático al que había acudido con sus amigos de la universidad durante la celebración de un importante festival en la en la ciudad. A varios ellos les había dado auténtico pánico subirse. Pero ella, por el contrario, encontraba francamente estimulantes esas sensaciones de vértigo y rapidez combinadas, parecidas a las que experimentaba cada vez que probaba algún nuevo modelo de automóvil o avioneta que Industrias del Futuro desarrollaba y patentaba.
Dudaba mucho que la mediocre calidad de estos deslizadores tuviera algo que ver con el material con el que ella estaba acostumbrada a trabajar en sus fábricas. Quizás fuese esa una de las tareas que el Avatar querría encomendarle. Y ojalá tuviera razón.
De pronto se dio cuenta de que habían detenido la marcha, sin saber cuánto tiempo llevaban ya estacionados en quién-sabe-dónde. No veía absolutamente nada. Se sentía muy débil y la cabeza no para de darle vueltas. Y sospechaba que no era precisamente por haberse mareado a lo largo del trayecto.
Intentó captar las voces de sus secuestradores, que se percibían como un murmullo lejano lleno de carcajadas, exclamaciones y una especie de ¿chapoteo? "Espera, ¿estamos cerca del agua?" – Asami se dio cuenta de la tremenda sed que la acuciaba, pero tenía miedo de expresar su deseo de beber agua por si le respondían con insultos o golpeándola directamente. Aun así, ya sentía sobre su piel los primeros síntomas de deshidratación: labios agrietados, persistente dolor de cabeza y calambres musculares. ¿Cuánto tiempo más podría resistir sin agua?
A punto estaba de volver a dormirse para no pensar más en ello cuando oyó unos pasos firmes avanzando por el entarimado de madera y que poco a poco iban ganando intensidad. "Alguien se acerca. Quizás necesiten algo del deslizador y hayan venido a buscarlo" – pensó la joven conteniendo el aliento, evitando hacer el más mínimo ruido. "Si les hago creer que estoy dormida, tal vez me dejen en paz durante todo el viaje. Después…"
Pero no tuvo éxito en su intento de pasar desapercibida, pues el objetivo que perseguía ese individuo no era otro que ella misma. Se acercó hasta Asami y, de forma un tanto brusca, le desanudó el lazo con que le habían atado el saco a la cabeza y se lo quitó de un tirón.
Inmediatamente, cerró los ojos ante la intensa luz del sol a la que se había desacostumbrado. Pero al menos ahora podía respirar aire fresco, algo que agradeció profundamente.
Notó además cómo el recién llegado se colocaba justo detrás de ella y procedía a liberar sus manos de las cadenas que la ataban al mástil sobre el que apoyaba su espalda. Sin embargo, sus pies permanecerían atados por los tobillos. "¿Para qué tanta parafernalia? De todas formas, no voy a ir a ninguna parte".
- El Avatar me ha pedido que te dé esto – sonó la voz de un hombre joven. "Al menos no es ella" – se sintió aliviada. – Es mejor que te lo bebas todo. No volveremos a parar hasta el ocaso, y para eso faltan todavía unas cuantas horas.
Acto seguido le tendió una cantimplora llena de agua fresca que no tardó en vaciar en su garganta. Sabía que debía beber despacio, pero la sed había hecho estragos en su voluntad, así que no hubo manera de que se contuviera y acabara por ingerirlo todo enseguida.
- Ten, he traído otra – le retiró la cantimplora vacía y se la cambió por otra llena. Esta última sí le duró unos minutos más, tras haber aplacado su sed más aguda.
Asami aprovechó para observar de cerca al hombre que se situaba frente a ella, el cual se había sentado sobre unas cajas de madera a esperar a que terminase de beber. Era un joven guapo, alto, de complexión media, piel clara, con el pelo corto marrón y ojos color ámbar. "El prototipo estándar de maestro del fuego" – sentenció enseguida. Recordó entonces que fue él el que horas antes le había aconsejado al Avatar sobre la ventaja de matarlos a todos y así no dejar pistas. Al fin y al cabo, sólo se trataba de otro asesino más, a pesar de que se hubiese tomado la mínima molestia de traerle agua y dirigirle dos palabras. "Espera, ¿cómo se llamaba…?"
- ¡Mako! – le gritó un compañero suyo desde el pequeño lago rodeado de unas cuantas palmeras – ¡Venga, date prisa o empezaremos el torneo sin ti!
- ¡Ahora voy! – respondió en voz alta, pero con cierto aire de desgana. Parecía estar algo cansado.
Asami terminó también con toda el agua de la segunda cantimplora y el joven que respondía al nombre de Mako la recogió y se encaminó de regreso hacia donde le esperaba el resto de la comitiva. No se dignó ni a mirarla ni a hablarle de nuevo.
Al menos había tenido la decencia de no volverle a colocar el saco en la cabeza ni de atarle las manos, brindándole la posibilidad de estirar sus doloridas articulaciones y de cambiar ligeramente la postura. Su espalda se lo agradeció profundamente.
Aprovechó para mirar en derredor, ahora que sus ojos se habían adaptado a la luz del día. Salvo las mismas dunas de siempre, lo único que singularizaba el paisaje era el pequeño oasis en el que se bañaban alegremente el variopinto grupo de maestros junto a su líder, que jugaba a lanzarles potentes chorros de agua hasta conseguir derribarlos.
Asami, en el fondo, también se moría de ganas por darse un baño. Pero en su piscina privada, en su casa, sola o quizás con sus amigos. Y es que oír cómo sus captores se divertían mientras ella se quedaba sola y apartada sólo conseguía que se pusiera a pensar en su propia desgracia y en lo mucho que echaba de menos su hogar. "Tal vez el general Iroh venga pronto con un ejército a rescatarme. O puede que lleguen a un acuerdo para liberarme. O incluso podría escaparme" Pero ninguna de esas posibilidades parecían ser todavía plausibles. Tendría que esperar al momento adecuado y rezar porque para entonces no fuese ya demasiado tarde.
Y así continuaron la travesía por la tarde sin ninguna novedad destacable. En cuanto empezó a ponerse el sol, se detuvieron y montaron unas tiendas de lona color ocre bastante espaciosas para pasar la noche. También prepararon un fuego con el que cocinaron lo que parecía una especie de sopa de verduras. Olía estupendamente.
Esta vez sí la habían desatado por completo, dejándole libertad también para poder evacuar discretamente toda el agua que había previamente consumido. De todas formas, de intentar huir, no llegaría muy lejos. De nuevo, el joven maestro del fuego de le acercó, alejándose de sus compañeros y trayendo consigo otra cantimplora con agua y un plato de esa humeante sopa, acompañada de un pedazo de pan tierno.
- ¿Tienes frío? – le preguntó mientras la observaba devorar literalmente su comida. Era cierto que las temperaturas en el desierto descendían en picado durante la noche, estableciéndose una diferencia de incluso 40º C. Asami paró de comer al momento, sorprendida por la aparentemente considerada pregunta. Asintió brevemente. Supuso que el joven lo habría intuido por los escalofríos que hacían temblar ligeramente su cuerpo.
Mako se levantó sin mediar palabra y se dirigió hasta la tienda más próxima que tenía y regresó con un bulto oscuro bajo el brazo. Para cuando le echó toscamente la suave manta de lana a sus pies, ella ya había terminado con su frugal cena, en principio insuficiente, pero menos daba una piedra, por lo que no se atrevió a quejarse.
Ya había recogido su plato y su cantimplora vacía y se disponía a regresar cuando de los labios de Asami salió sin quererlo una simple palabra que hizo que el joven se detuviera unos instantes.
- Gracias – expresó amablemente y con tal suavidad y delicadeza, inesperadas dada su actual situación, que poco le faltó para derretir el endurecido corazón del maestro del fuego, que consiguió sobreponerse y continuar como si no hubiese escuchado nada, asumiendo que lo mejor era no encariñarse demasiado con la prisionera y procurar mantener las distancias lo máximo posible.
Y Asami volvió a quedarse completamente sola, abrazándose a sí misma y luchando contra la angustia de no tener a nadie a su lado con quien hablar o simplemente haciéndole compañía. Estaba aislada, y eso la ponía más triste de lo que en un principio hubiese podido imaginar. Acabó por quedarse dormida entre lágrimas, sin nadie que pudiera consolarla. Sólo quedaban ella y su voluntad o, mejor dicho, inercia de seguir adelante.
A la mañana siguiente levantaron el campamento a primera hora. La ataron al poste, le cubrieron la cabeza con el saco y se pusieron de nuevo en marcha sin demora.
Cuando alcanzaron el mediodía e hicieron una parada para almorzar, constató que el paisaje no había cambiado absolutamente nada, como si apenas hubieran avanzado unos metros durante todo ese tiempo. Sabía que el desierto que debían atravesar era extenso, pero a ella se le estaba haciendo particularmente eterno. Y monótono. Y aburrido.
Mako seguía sin hablar con ella, al igual que los otros maestros que iban a su lado en el deslizador. Aunque con el ensordecedor ruido del viento les resultaba complicado entablar conversación incluso entre ellos. En vista del panorama, Asami volvió a entrar en su ya habitual estado de adormecimiento, resignada a esperar a que algo interesante. Como llegar a su destino, cruzarse en el camino con alguna alimaña, que alguien le dirigiese la palabra o que el Avatar se cansara de cargar con ella y la dejase abandonada a su suerte en aquel inhóspito lugar. Tantas horas de inactividad daban para imaginarse un sinfín de posibles y diversos escenarios.
Pero a las pocas horas algo captó su atención, algo que le resultaba novedoso desde que comenzara su extenuante recorrido. Y es que el terreno arenoso por el que se deslizaban con relativa facilidad había cambiado drásticamente a otro más duro pero completamente liso. Habían dejado atrás el desierto.
- ¡Shen, ten cuidado o te cargarás el casco si lo raspas mucho contra el suelo! – Oyó advertirle a un hombre en voz alta al maestro del aire que ejercía de conductor del deslizador - ¡Agarraos bien, chicos!
La velocidad comenzó a disminuir a medida que aumentaba la fuerza de rozamiento que se oponía al movimiento del transporte. Asami podía notar las fuertes vibraciones en el entarimado de madera, y luchó por no golpearse la cabeza contra el mástil mientras avanzaban a trompicones.
- ¡Vamos, un poco más, ya casi lo tienes! – le siguió animando su compañero hasta que por fin se detuvieron completamente. "Un final de trayecto algo movidito" – valoró la joven, comparándolo a una experiencia que tuvo conduciendo un satomóvil defectuoso en la pista de pruebas. Por poco no lo contaba.
Lo siguiente que pudo oír desde donde estaba fueron gritos de euforia y felicitaciones mutuas por haber salido airosos de la misión y del buen botín que habían obtenido. Sin duda para ellos, el esfuerzo realizado y los riesgos tomados habían valido la pena.
- Faltan unas dos horas para que caiga definitivamente la noche. Será mejor que coloquemos cuanto antes el cargamento a bordo del tren, así lo tendremos todo listo para mañana. Pasaremos aquí la noche – reconoció esta vez la autoritaria voz femenina del Avatar. Todos estuvieron de acuerdo con su decisión. –Ah, y quitadle a la señorita Sato el saco de la cabeza. Ya no va a necesitarlo más – añadió de soslayo.
En pocos minutos, Asami comprobó con sus propios ojos que no habían llegado todavía a su destino. En lugar de una ciudad, se encontró frente a una imponente cadena montañosa, bien parecida a una muralla natural de piedra desnuda, sin ningún tipo de vegetación que a simple vista se pudiera apreciar. A su lado, se hallaba estacionado un pequeño tren de seguramente no más de cuarenta metros largo y tres metros de alto, con chapado con aluminio y de morro estrechado.
Y siguiendo en línea recta salían de debajo de la locomotora unas gruesas vías que se perdían en la distancia, hasta probablemente alcanzar la cordillera de picos nevados.
"¿Un tren de alta velocidad? ¿En mitad del desierto?" – resultaba de lo más extraño, pero por otro lado, daba gracias de cambiar de medio de transporte a algo más moderno y civilizado. Ojalá no se tratase de un pedazo de chatarra parecido a lo que construían en Corporaciones Col, cuyos productos eran mucho más baratos pero de ínfima calidad.
Mientras que los demás se encontraban atareados, un chico moreno de rostro risueño y ojos verdes se le acercó con cautela y, extrayendo una llave de su bolsillo, abrió la cerradura de las cadenas que todavía la mantenían firmemente atada, retirando también con delicadeza las cuerdas que aprisionaban sus tobillos.
- Es que… solemos guardar los tres deslizadores bajo un montículo de piedras que luego tapamos para protegerlos de los tornados o de las tormentas de arenas – comentaba con jovialidad a modo de explicación mientras realizaba su labor – En invierno hay incluso lluvias de granizo, ¿puedes creerlo?
Le tendió la mano con amabilidad, instándola a incorporarse completamente por primera vez en dos días. Tuvo que apoyarse contra el mástil para no perder la estabilidad. Tenía las piernas entumecidas.
- Eso es, tómatelo con calma. Si quieres, puedes dar una vuelta por los alrededores, pero no te alejes mucho, podrías perderte – le sugirió con una sonrisa.
- Pero… ¿y el Avatar? – Aunque aquel moreno de ojos verdes le inspirara confianza, temía que, siguiendo las recomendaciones del chico, los dos se metieran en problemas si llegaban a contrariar los deseos de su líder.
- Bah, no te preocupes. Korra está muy ocupada ahora mismo sacando arena de la locomotora central. Podría formarse otro desierto con todo lo que hay ahí depositado – exageró de forma divertida. - Anda, ve. Ya te avisaremos cuando la cena esté preparada.
- Gracias - contestó al fin con una débil sonrisa, dispuesta a seguir el consejo del dicharachero joven. "Así que ése es tu nombre. Korra."
- No hay de qué – repuso a su vez con otra sonrisa mucho más ancha que la suya.
A diferencia de la frialdad y distancia que Mako mantenía con ella, este chico se mostraba mucho más accesible y cercano. "Al menos parece haber alguien allí con un mínimo de consideración y amabilidad. Podría haber sido mucho peor" – reflexionó Asami, ignorando estar a punto de vivir el lado más amargo de su cautiverio.
Como ya no podía seguir durmiendo encima del deslizador, la instalaron en una pequeña tienda de lona, un poco apartada de las otras, aunque manteniéndose cerca del tren. Después de la cena, consistente en otra crema de verduras y un mendrugo de pan, se retiró casi en seguida, procurando pasar inadvertida, mientras que los demás reían y charlaban animadamente alrededor de la hoguera que habían encendido.
La verdad era que no tenía nada de sueño, pero aun así se tendió sobre el par de mantas bien estiradas que conformaban su improvisada cama y se dedicó a contar las estrellas que brillaban sobre el cielo nocturno a través de una abertura en el techo de la tienda.
En el exterior, las voces y las risas iban ganando intensidad. Estaban de celebración. De entre todo el jolgorio de afuera, alguien comenzó a cantar con voz grave e ininteligible, provocada casi seguro por una considerable ingesta de alcohol, mientras que el resto de sus compañeros le coreaban con entusiasmo.
Asami seguía con la mirada perdida en el firmamento, hasta el momento en el que se percató de cómo alguien descorría la carpa exterior con brusquedad, irrumpiendo en su interior con paso errático, mirando a todas partes, como si no supiera bien lo que buscaba. Finalmente lo encontró.
- Tú. Levanta. – sonó aquella voz autoritaria a su espalda que hizo que el corazón de la ingeniera pegara un brinco. Al principio pensó en hacerse la dormida, aun sabiendo que eso no funcionaría con ella. Se incorporó despacio y con la cabeza gacha, evitando enfrentarse todavía a la penetrante mirada de ojos azules.
- Ven aquí – volvió a ordenarle pasados unos segundos.
La joven avanzaba despacio, con paso dubitativo, notando cómo el aire se condensaba con el fuerte a olor a alcohol que despedía la recién llegada, haciéndose cada vez más evidente a medida que se acercaba a ella. Cuando ya sólo se encontraban a medio metro de distancia, Korra la tomó con fuerza por los brazos y la pegó contra su cuerpo, eliminando el poco espacio que quedaba entre ellas. Asami contuvo la respiración, aún sin atreverse todavía a alzar la vista, reparando en esas manos fuertes y hambrientas que se dedicaban a recorrer su espalda de arriba abajo sin ningún pudor, propinándole un enérgico apretón en su trasero que hizo que pegara un respingo, escapándosele un ligero jadeo que satisfizo a la morena, que se mordía el labio inferior en un gesto lujurioso ante esa espontánea reacción.
Subiendo una mano, la tomó por la barbilla sin ninguna delicadeza, obligándola a mirarla de frente antes de besarla apasionadamente en la boca, capturando ávidamente sus agrietados labios mientras que con la otra mano continuaba manoseándola a su antojo.
En cuanto su captora logró profundizar el beso, introduciendo sin permiso su lengua en la cavidad bucal de la ingeniera, fue como estar bebiendo directamente de la botella de ginebra que, ahora con total seguridad, había estado compartiendo minutos antes con sus secuaces. Hasta pensó que podría emborracharse ella también con sólo sus besos, si antes no se asfixiaba por la falta de aire en sus pulmones.
La fogosidad que desprendía el Avatar contrastaba con la frialdad y rigidez de Asami, que procuraba mantener los ojos fuertemente cerrados, deseando únicamente que aquello terminase cuanto antes. Y si no había tratado de luchar por soltarse e impedir que esa malnacida mancillara su honor, era por temor a las represalias. La superaba con creces en fuerza, pudiendo matarla de un simple golpe si llegaba a enfurecerla lo suficiente. Y entonces ahí se acabarían sus esperanzas de regresar a su hogar. De volver a ver a su padre. De ser feliz.
Korra empezó a empujarla hacia atrás, sin mirar hacia dónde iba, hasta que sus pies se enredaron con los de Asami, trastabillando y cayendo estrepitosamente encima de ella. Por suerte habían alcanzado las mantas, que consiguieron amortiguar el golpe contra el suelo.
Aprovechó entonces para palpar con ansias la parte delantera de su cuerpo. Sus muslos, su torso, sus pechos… mientras sus labios se deslizaban con torpeza por su rostro, hasta llegar a su cuello, que comenzó a besuquear y mordisquear sin descanso, a veces haciéndole daño. La joven de ojos verdes se tragaba los quejidos al notar los dientes de Korra ensañarse con su delicada piel, sin poder evitar estremecerse al sentir su cálido aliento sobre esa zona, además de notar cómo frotaba obscenamente su propio cuerpo contra el de ella, aprovechando su posición dominante. Era una situación tremendamente humillante, que la hacía sentir sucia y avergonzada.
Había oído decir que hacer el amor era algo muy placentero, una experiencia mágica donde los amantes se entregaban mutuamente demostrándose su amor de la forma más íntima. Pero en esos momentos lo único que era capaz de experimentar era incomodidad, repulsión y un terrible nudo en la garganta, conteniendo a duras penas unas inmensas ganas de llorar, sobre todo cuando el Avatar la obsequiaba con algún sonoro gemido susurrado al oído mientras seguía divirtiéndose con ella y, ahora además, desnudándola sin ninguna contemplación.
Ya habiéndole quitado la chaqueta y prácticamente arrancado su blusa, apenas pudo contener el impulso de apartarla de un buen empujón cuando sintió cómo el rastro de abundante saliva que dejaba a su paso iba descendiendo por su cuerpo hasta el comienzo de uno de sus pechos, todavía protegidos por un sujetador negro, mientras se afanaba en colocarse entre sus muslos, separándolos a la fuerza con sus rodillas, ejerciendo tal presión que Asami intuía que le dejarían dos gruesos moretones al día siguiente.
Trataba de pensar en otra cosa, en algo bonito o dejar la mente en blanco para controlar el ataque de pánico que estaba sufriendo por momentos. Se repetía a sí misma que esto no estaba pasando, que no era real. Que se acabaría pronto, que terminaba ya.
De pronto, captó un ruido procedente de su vientre, justo el lugar donde Korra había posado su cabeza, dejándola descansar sin hacer ningún movimiento más. Asami permanecía estática, esperando a que de un momento a otro su asaltante prosiguiera abusando libremente de ella. Pero pasaron unos minutos y seguía en la misma posición, volviendo a emitir ese ruido tan extraño que la ingeniera achacó en principio a algún tipo de sonido lujurioso destinado a sus noches de placer.
Volviendo a prestar atención, al fin pudo identificar el origen de los ruidos y el cese de toda actividad por su parte, pues lo que oía no eran nada más y nada menos que ronquidos. Korra se había quedado profundamente dormida encima de ella, cayendo rendida ante el combinado explosivo de cansancio, alcohol y sexo. Aunque ése último tan sólo a medias, para consuelo de su víctima.
"¿Y ahora qué hago? Si me muevo quizás se despierte… pero ¿y si se despierta igualmente y me encuentra así?"
Con muchísimo cuidado y conteniendo la respiración, consiguió sacársela de encima y depositarla con suavidad de nuevo sobre la cama sin que llegara a despertarse. Luego tomó una manta y buscó acurrucarse en un rincón de la tienda, lo más alejada posible de su asaltante, aunque eso sólo fueran unos metros, pues tampoco tenía otro sitio al que ir.
Y así permaneció despierta un par de horas más, rompiendo por fin a llorar en silencio, dejando que fluyera hacia afuera toda la tensión y la angustia vivida hasta que de puro agotamiento físico y emocional, terminó por sumirse en un sueño intranquilo y lleno de pesadillas en las que era atacada por un horrible monstruo de ojos azules.
¡Hola! Traigo el segundo capítulo de esta historia. Es un poco fuerte, más tratándose del comienzo, pero se irá suavizando en los siguientes. Agradezco mucho los comentarios/críticas/sugerencias. Un saludo y buen fin de semana =)
