¡Muy buenas a todos!

Os traigo el segundo capítulo de la historia, sí, lo sé, puede parecer un poco aburrido esta parte en la que se tramita el traslado de Sakura, pero os prometo que a partir de aquí empieza todo lo bueno *^* porque la llegada de Sakura va a provocar un revuelo en todo el internado e.e ya veréis ya.

Muy felices fiestas a todos ^^ al final del capítulo responderé a las reviews que vayáis dejando, simplemente buscar vuestro nombre ^^


Su madre no había dicho una sola palabra desde que abandonaron el colegio, Sakura, ella precisamente, una alumna excelente había sido expulsada sin motivo del lugar por algo que no había hecho y sin tener al menos la oportunidad de defenderse. No tenían razón alguna y luego esa asquerosa de Temari que no dudó en acusarla…

Subió junto a su madre las escaleras hasta llegar a su casa, ahora ¿qué iba a ser de ella, qué haría a partir de ahora?

Nada más entrar por la puerta una violenta bofetada por poco la tira al suelo. Observó cómo su padre estaba frente a ella con ojos llenos de rabia y decepción. La joven no se lo esperaba, pero ahora sentía como si le hubieran arrimado un atizador al rojo vivo a la mejilla. Pero lo que más dolía era la pena de ser juzgada, la impotencia de no ser creída, la desolación de no poder hacer nada para hacer valer su voz.

-Eres una deshonra para esta familia, no eres más que un parásito que hace daño a todo lo que le rodea… -siseó con odio.

Prácticamente lo que la joven sentía ahora podría llamarse odio hacia su padre, o quizás rabia con todo y con todos por esto.

Sus padres se sentaron en la mesa de la cocina y le indicaron hacer lo mismo, la muchacha obedeció frotándose la mejilla, que debido a su blancura se apreciaba con claridad la rojez del impacto.

Su madre sacó unos folletos que la pelirrosa miró con desdén… ¿Qué era eso?

-Es un internado, se llama Himitsu Tsuki, tiene buena fama por lo que hemos mirado, es para gente muy inteligente pero que tiene una mala conducta reseñable, y tengo entendido que aplican buenas medidas disciplinarias… - explicó su madre.

-No le deis rodeos, queréis meterme allí para perderme de vista y punto –repuso amargamente evitando mirarles- es vuestro modo de decirme "márchate de casa"

-Entiéndenos cariño… no te reconocemos… has quemado el colegio –tartamudeó su madre conteniendo el llanto- en cuanto te moderes volverás, será poco tiempo - intentó coger entre sus manos la mano de su hija, pero esta rechazó el contacto separándose.

Sakura no esperó más tiempo de conversación, se levantó con brusquedad y se dirigió a su habitación pensando en las hipócritas palabras que acaba de oír "cariño… si ya, sobre todo eso".

-¿Dónde vas? -inquirió su padre.

-A hacer la maleta, así todo esto acabará en breves.

Subió hasta su habitación dejando a sus padres a solas.

-Es lo mejor… lo sabes y le vendrá bien -aseguró su padre.

-No sé, nunca ha estado fuera de casa sin nosotros, nunca ha dejado esta casa más de un mes, y ahora de pronto la separamos para que se modere cuando sabemos que ella jamás haría algo así -suspiró resignada-. ¿Y si lo pasa mal?

-No es definitivo -sonrió él- además, sabrá apañárselas.

"Espero saber apañármelas" pensaba la joven Haruno mientras metía toda su ropa en una gran maleta. Tampoco es que ahora le importara mucho marcharse, ese lugar parecía que no era tan horrible, es más, su incipiente curiosidad rogaba por adentrarse en él. Salvo que ella nunca había estado interna en un colegio, ¿cómo sería estar allí, tendrían muchas restricciones, se llevaría bien con los alumnos? Esa última precisamente le importaba poco, pues generalmente siempre había sido lo que se conoce como raro, a lo que nadie está acostumbrado, lo único, lo difícil de ver. Era el motivo por el que siempre estaba sola y apenas tenía amigos.

Cogió unos cuantos libros sin leer de su estantería y seleccionó dos de sus favoritos los cuales se sabía de memoria desde la primera hasta la última palabra, le harían falta sin duda. Necesitaría un lugar de abstracción cuando la realidad impusiera su crudeza sin piedad.

De pronto, dejó lo que estaba haciendo cuando vio su imagen reflejada en el espejo de su habitación. Su mente se trasladó al suceso de esa mañana, cuando se desmayó y ese sueño acunó su cabeza. Espejos… ¿Por qué últimamente sólo veía eso? Además aquellas mujeres eran desconocidas a la vez que familiares, ¿quiénes eran, qué relación tenía todo aquello?
Unos golpecitos llamaron a la puerta de su habitación, esta se abrió y su hermano pequeño apareció en el vano de la puerta.

-Ritsu… qué raro que hayas llamado antes de entrar de golpe como siempre -rió mientras se sentaba en la cama. El pequeño abrió sonriendo con timidez y se posicionó al lado de su hermana mayor.

-¿Es cierto que te vas de casa? -preguntó agachando la cabeza mientras balanceaba los pies- ¿Puedo ir contigo?

-No, Ritsu -negó tajante la joven- tengo que irme yo sola porque… es así –no sabía cómo explicarle todo a su hermano, es más, no quería hacerlo porque no lo comprendería. Él era aún demasiado pequeño.

-¿Y te vas a olvidar de mí?

-¡Claro que no! -rió ella mientras lo abrazaba-. Es más, de ti es del único que no podría olvidarme nunca, te traeré un regalo sólo a ti cuando vuelva.

-Qué bien, así cuando tú vuelvas yo también podré irme contigo…

Su hermano no terminó toda la frase, aún era demasiado inocente como para comprender lo que esta separación supondría: ninguno de sus padres volverían a confiar en su hija porque en esos momentos para ellos, era una desequilibrada mental que había hecho un intento pirómano, Sakura por su parte estaba muy dolida por el hecho de que sin creerla y sin tener pruebas, la mandaban lejos de casa a un internado. Su enfado pues, era descomunal, y el sentimiento de decepción que lo acompañaba también, ella ya no querría saber más de ellos en un futuro lejano.

Pero en el fondo, una luz esperanzadora brillaba fuertemente en su interior, casi podía afirmar con seguridad que aquel cambio le atraía, como si ese lugar escondiera algo…

Esa fue la última noche que pasó durmiendo en su cama, el último día que vería a su familia y las cosas tal y como las conocía, ese día había sido el último normal en su vida. A partir de ese momento las cosas iban a cambiar. Y lo harían tan drásticamente, que su vida nunca más volvería a ser la misma.

Al día siguiente a las seis de la mañana, su madre entró a despertarla.

Mientras susurraba su nombre con dulzura, la joven percibía el delicado perfume que emanaba. Con las manos tibias acariciaba las mejillas de su hija al tiempo que seguía pronunciando su nombre.

-Cariño despierta -llamaba despacio- es hora de irse.

-Ya voy… -respondió incorporándose.

Por mucho que estuviera ofuscada y enfadada, detalles como esos sí que los extrañaría, eso no se podía negar. Cuando estaba preparada para salir, cogió su equipaje y echó un último vistazo a su habitación, no podía evitar sentir nostalgia, no podía creer que fuera a dejar los rastros de su adolescencia encerrados en esa habitación sin salir nunca más. Seguirían allí, bajo llave esperando, esperando tras una puerta cerrada a cal y canto por la injusticia. Siguió el mismo proceso con toda la casa, recordando instantes alegres, tristes, de enfado, de confusión, de lamentos… simplemente instantes de vida.

Abrazó a su hermano con fuerza, éste lloraba en silencio con unos ojos de reproche, no quería que su hermana se separase de él.

Sakura abandonó su casa con pesadumbre mientras que su padre subía sus maletas al coche. Su madre la abrazó y besó asegurando que irían a visitarla, la joven aprovechó para aspirar por última vez el aroma de su madre y conteniendo las lágrimas subió al coche.

Su padre por el contrario arrancó serio, no parecía querer entablar conversación alguna, cosa que su hija agradeció ya que las palabras ahora se habían atascado sujetando al llanto, el cual saldría ininterrumpidamente si ella se forzaba a hablar.

-No te llamaremos todos los días… sólo durante la primera semana para que te acostumbres, pero –puntualizó pendiente de la carretera- no lo tomes por costumbre, debes saber valerte por ti misma.

-Ya… -suspiró ella admirando el bello paisaje del exterior. Su padre adoptó esa postura que salía únicamente cuando quería aparentar que todo seguía igual que siempre, ignorando el vacío, ignorando todo…

-¿Qué te pasa?

Esa pregunta irritaba a sobremanera, ¿acaso no era obvio? ¿Tenía que explicar lo que resultaba evidente? Ya era bastante dolorosa la situación en sí como para que encima viniera esta burla por su parte.

La pelirrosa no contestó, pero su padre no detuvo la conversación que pretendía ser bien intencionada.

-No te enfades, encima que tu madre y yo lo hacemos por ti, y yo…

-¿Y tú qué, eh? -objetó mirando fijamente con sus ojos verdes a su padre- ¿Me vas a decir lo que he oído tantas veces ya, que tú no eres el malo de la película, que es por mi bien, que algún día comprenderé todo esto? No creo…

-Encima los malos somos nosotros… mira Sakura…

-No -objetó estrictamente mientras volvía la vista al paisaje- si vas a decirme algo sobre este tema, entonces no tengo nada de lo que hablar…

El silencio se adueñó del vehículo, su padre siguió conduciendo mientras que ambos se quedaban separados por la terrible barrera del silencio y la indiferencia.

Al otro lado de la ciudad, en el internado Himitsu Tsuki, cierta directora miraba los nuevos ingresos de última hora de los alumnos.

Tras desesperarse por no encontrar un expediente decente, alguien llamó a la puerta.

-¿Quién es? –preguntó de forma no muy amable, ese maldito dolor de cabeza la estaba estresando. Una chica con gafas tímidamente se adentró en el despacho.

-Directora Tsunade -dijo la joven mostrando un sobre marrón- acaba de llegar esto hace quince minutos. Parece que es un ingreso de última hora de una alumna.

-¿Qué? ¿Cómo es posible que nadie se haya dignado a avisarme? -preguntó molesta-. Ya tengo bastante trabajo, ¡no me compliquéis más las cosas!
-Pero directora -objetó la muchacha asustada- no es un informe de revisar, es un informe ya clasificado, de hecho he llamado al coordinador y dice que esta alumna hoy se instala aquí.

-Vaya, vaya, vaya… -se sorprendió Tsunade cogiendo el sobre y vaciando su contenido para mirarlo- eso quiere decir que debe tener un buen expediente para que la hayan colocado sin más preámbulos.

La jovencita se subió las gafas sonriendo ante la calma de su superiora.

-De hecho -explicó balanceándose sobre sus pies- tiene un expediente impoluto, además de muy buenas notas, será un buen fichaje para el internado.

-Eso está bien… pero que muy bien.

Tsunade sonrió para sí misma observando ese expediente, debía afirmar que a la joven no le faltaba talento.

-En cuanto llegue, haz que pase directamente aquí, ya habrá tiempo de mostrarle las instalaciones –ordenó reclinándose sobre la silla.

Justo antes de irse, la joven volvió a inquirir.

-¿En qué grupo piensa meterla?

-Eso es evidente, irá al grupo número 3, ahí están los mejores -dijo con una mueca de orgullo- ah, por cierto, informa ahora mismo a sus compañeros de su llegada, quiero que reciban a este… prodigio del modo que se merece sin duda.

Dicho esto, la jovencita secretaria se dirigió al piso primero del internado hacia la clase número 3.

-Bien… ¿Lo habéis entendido todos? -preguntó Kakashi señalando un epígrafe en la pizarra-. Este libro es muy complicado de comentar, por eso es importante que no os centréis sólo en su aspecto subjetivo, el objetivo os dará la puntuación para…

Unos golpes interrumpieron la explicación de Kakashi, que con gesto decidido invitó a la llamada a entrar.

-Profesor Kakashi – asomó tímidamente la secretaria- debo comunicar algo a su clase.

Kakashi se sorprendió, que él hubiera visto, no había ningún comunicado en la sala de profesores ni nada que mereciera importancia. El asunto encendió su curiosidad.

-Adelante -invitó.

Sasuke Uchiha suspiró y soltó su bolígrafo azul con desinterés, aquello lo aburría, es más, ahora podría estar perfectamente durmiendo hasta la noche, hasta el momento de cazar algo…

Un chico normal en apariencia, pero en la sobra uno de los peores asesinos. Sasuke Uchiha era un vampiro, o semi vampiro, diría más bien. Él necesitaba sangre como todos los de su especie, pero la luz del sol podía tolerarla aún, siempre y cuando no se transformara por completo… menos en las fases de luna llena, momento en el que su lado oscuro afloraba alcanzando su éxtasis, punto en el cual su necesidad de beber sangre lo volvía susceptible a su fiereza y agresividad.

Miró desaprensivamente a las numerosas chicas de su clase que posaban sus ojos sobre él, estaba más que harto. Todas eran unas tontainas que soltaban grititos histéricos nada más verle, en su clan de vampiros, sólo había dos chicas en su clase. Karin e Ino. La primera interesada en él, la segunda no, y esto le agradaba más, así le facilitaba el trabajo.

Miró de un modo brusco a Karin, que lo tomó como un halago.

-Esta mañana estás más guapo que de costumbre Sasuke… más guapo que ayer y un poco menos que mañana…

-Y tú estás más pesada que ayer y menos que mañana Karin…

Ino reprimió una carcajada haciéndose daño al clavarse los colmillos, que aunque estuvieran en su tamaño reducido, al ser más grandes que los de los humanos, inevitablemente ocasionaban algún que otro pinchazo.

Sasuke tenía la peculiaridad de ser rematadamente atractivo, no había chica en el instituto que no se hubiera encandilado de él.

-¿De qué te ríes, tontaina? -preguntó Karin a Ino con superioridad.

La rubia prefirió ignorarla alegando:

-Tardaría tanto en explicarlo que cuando lo consiguieras entender, ya habría perdido su gracia…

Sasuke rió ante el comentario, lo cierto es que con Ino no es que se llevara a las mil maravillas como quien dice. Discutían día sí y día también, pero era algo inevitable cuando chocaban dos personas con un carácter igual de fuerte, y uno trataba de sobrepasar al otro.

-A ver niños atended -llamó la atención Kakashi tras oír la información de la secretaria. El asunto lo cautivaba a sobremanera.

-V-veréis, h-hoy…

Todo el mundo comenzó a reírse de la joven, la secretaria era inexperta y tímida. El hecho de hablar en público la mataba, así que viendo el panorama de su falta de autoridad, Kakashi decidió echarle una ayuda.

-Callaos y escucharme todos. Hoy mismo viene una alumna nueva a nuestra clase, y la directora quiere que la recibáis de un modo propio de compañeros, y no como unos salvajes. ¿Queda claro? -preguntó tras anunciar la noticia.

Un murmullo general que denotaba curiosidad invadió el aula, los chicos se hacían emociones, y las chicas curioseaban sobre cómo sería la alumna nueva.

-¡Silencio! -pidió Kakashi a la clase- por lo visto tiene un expediente de lujo y por ello no ha pasado el control rutinario antes de asignarle una clase, por lo cual, sabéis lo que significa…
-Que es una de las mejores -interrumpió un alumno- que tiene una nota media de nueve o más.

-Exacto… por lo tanto, olvidaos de la competencia ¿habéis entendido?

El sí general de los alumnos acompañó el sonido de la campana que finalizaba la clase. Todos se levantaron para disfrutar del recreo.

Sasuke se dirigió a su habitación para comer tranquilo.

-Así que una nueva alumna… ¿eh?

El padre de Sakura aparcó el coche delante del enorme edificio. La joven se quedó maravillada, en verdad era aún más abrumador que en las fotos, si tenía tal aspecto por fuera ¿cómo de increíble sería por dentro?

Bajó del coche hipnotizada por un misterioso encanto, algo que le había hecho olvidarse de todos sus problemas de pronto, para centrarse únicamente en la hermosa construcción.

El portazo del maletero la sacó de su ensimismamiento, su padre posó las maletas a su lado.

-Bueno, este es el momento de las despedidas.

-¿Ni siquiera vas a acompañarme dentro? -inquirió la joven en tono de reproche.

Observó la negativa en los ojos de su padre y cogiendo su equipaje, se adentró en el camino sin mirarlo.

-Adiós… ¡Te llamaremos por teléfono!

-No hace falta -masculló ella furiosa- he hecho todo sola durante mi vida, esto sólo es una cosa más.

E introduciéndose en el interior del patio tras cerrar de un golpe la cancela, observó que una chica de aparentemente unos veinticinco años se dirigía hacia ella.

-Bienvenida… señorita Haruno.


Esto es todo de momento, actualizaré la siguiente parte en dos días! Ya que voy alternando esta historia con otra ^^

Un saludo y nos vemos en el próximo capítulo, os animo a que por favor comentéis! Vuestros comentarios son fundamentales ò.ó

nini: sí, lo ocurrido a Sakura es muy injusto, pero tiene su explicación que se develará mucho más adelante ^^ Temari a mi me encanta, pero aquí se ha portado muy mal D: ¿por qué lo habrá hecho?
Espero que sigas disfrutando de la historia *^* un abrazo!