Holis de nuevo, y... comienzo con unas pequeñas advertencias sobre este capitulo :O
¡LAMENTO TANTO LA DEMORA!, es que ya saben... una se queda sin ideas o... o se queda en paginas de anime viendo Free! o Brothers.C... no tengo excusa T-T ok xd
- Contiene escenas algo subiditas de tono :v
- Flashbacks incestuosos (me van a odiar por eso)
- Raito puede aparecer en tu habitación y darte duro contra el teclado. (se recomienda preparar Webcam, por si las porno, digo moscas)
- Es tan dulce que puede provocar diabetes.
Los capitulos no tienen lazos entre si n.n
Sin más que deicr, ¡Disfruten el capitulo!
Raito
No tengo nada especial, salvo este pasado miserable.
Si te dijera que quiero perderme contigo y olvidarme del futuro...
¿Acariciarías mi piel, donde debajo corre la sangre corrupta?
Sucio, oscuro y estrecho, así podría describirse el callejón donde se encontraba. Unos de sus más repugnantes y perversos hábitos era, sin dudar, buscar a aquellas mujeres que tuvieren ese cierto parecido. Bizarro, lo sabía. Perverso, también. Increíblemente repugnante, era más que obvio. Pero sabía, que como muchos hombres seductores, podía hacer caer a una mujer de ese nivel en menos de lo que cantaba un gallo. Aunque nada se comparaba con su adorable Bitch-chan... él también tenía sus necesidades.
Un reconocido y muy habitado bar, donde se encontraba bebiendo del más caro whisky de la casa. Miraba con sus ojos seductores la indicada, que yacía mirándolo con una mueca sensual en esos labios llenos. Muchas veces era distinto, prefería ser aleatorio. Encontraba rápidamente a la que tenía un parecido a ella, la vigilaba por diez minutos y ya era suya.
Con pasos seguros y confiados avanzó hacia la voluptuosa mujer de cabello largo y del color morado, tomándola de la cintura sin aviso y viendo con satisfacción la risita felina de aquella mujer. Tanta fue la atracción de la joven, que sin decirle su nombre salieron del bar aun con la cintura pegada al brazo del desconocido. Tan solo eran unas vagas palabras vacías y ya la tenía consigo, caminando hacia su propio pozo.
¿Y ahora donde se encontraba? Bajo la fina manta de la noche, en aquel oscuro y sucio callejón sin salida. Los gemidos que profería la mujer eran música para sus oídos y su cuerpo tenía muy buenas curvas, ideales para ser tocadas. Con solo unas caricias más, esos fervientes besos en su cuello y aquellas articulaciones que entraban y salían de su intimidad, la mujer de cabello largo alcanzó el orgasmo en pocos minutos.
Él atacó su clavícula con sus colmillos.
Ah... La satisfacción de probar la sangre justo cuando el cuerpo haya alcanzado el éxtasis... Bebió toda de ella, disimulando el grito de horror y dolor de la joven con el del placer ya obtenido. La sangre dulce y húmeda pasaba por su lengua y garganta calentándolo, excitando su cuerpo con rapidez y apresurando las succiones. La dejó seca, manchando el vestido ajustado de la esencia carmesí. Al terminar dejó el cuerpo bajar lentamente, apoyándose en la fría pared de ladrillo. Miró con sus iluminados ojos esmeraldas la escena...
¿Por qué no se sentía satisfecho?
Encontró la respuesta cuando llegó a la mansión, algo que ni siquiera quería pensar. Raito no tenía una idea fija de lo que era el amor, más se lo relacionaba con la relación carnal entre dos cuerpos. El amor... ser amado... eso no era un problema para él. No necesitaba que ninguna mujer lo ame y el no necesitaba amar a alguien, pues ya tenía a quien amar.
flash back
- aaahh... si... si... - los gemidos salían descontrolados de su boca teñida de sangre. - más rápido... así es... ¡Ah! buen chico...
Gemía sin parar en sus brazos, pidiendo más a las embestidas. Entraba y salía de ella con fuerza y rapidez, respirando jadeante y sensual en el oído de ella. Él también disfrutaba aquello, mucho más de lo que ella gozaba. Al llegar al orgasmo, Cordelia gritó de placer y satisfacción mientras sentía como él se derramaba en ella.
...
- ¿Puedo saber... por qué es que lo haces?
Ella sonrió, mirándolo con aquellos ojos esmeraldas tan idénticos a los suyos. Acarició su rostro mientras entrelazaba su pierna desnuda en las caderas descubiertas del adolescente.
- ¿No es muy obvio? Te quiero.
Él rió, mirando con ojos fieros a la figura voluptuosa de Cordelia discretamente.
- ¿Que madre quiere a su hijo de esta manera?
fin flash back
Mientras caminaba por los oscuros pasillos de la mansión recordaba todas y cada una de las atrocidades tan placenteras que había cometido. Je, era muy divertido pasar el rato así... aunque estuviera deshonrando a su familia bebiendo sangre de mujeres sin valor, le gustaba provocar las amenazas. Reiji se enfadaba tan divertido que juraba morirse a carcajadas por cada expresión por su rostro. Sonrió.
Caminaba sin rumbo, aunque en realidad no tenía donde ir. Su habitación, sin duda ya le era aburrida en su totalidad. Si hubiera querido jugar más tiempo habría buscado otra dama con las cualidades de la otra joven muerta, pero ya estaba cansado. Irónico, ¿verdad? Sentirse cansado cuando la inmortalidad te ofrece la energía suficiente para obtener el mundo en una sola noche. Mas el no quería nada en esos momentos. Acomodó con sus dedos el sombrero en su cabeza y dio un giro a la derecha, caminando en otro de los interminables pasillos.
¿Por qué se sentía tan vacío? Era algo incomodo, lo sentía allí... justo en el pecho. Miró por las ventanas la medialuna en el cielo mientras hacía una mueca curiosa con los labios. ¿Se sentía así, y aun no era luna llena? Esas cosas solo ocurrían en aquellas noches donde la redondes de la luna y su belleza aparecían a sus ojos. La sonrisa se le fue y frunció el ceño. ¿Qué era lo que ocurría en su cuerpo, en su interior?
Entonces escuchó unos gemidos ahogados de una habitación. Giró su rostro y se encontró con la gran puerta blanca que daba paso a una de sus diversiones favoritas. Los gemidos eran bajos, muy bajos, pero con su oído tan agudo podía hasta escuchar su respiración entrecortada. ¿Que es eso, acaso Bitch-chan está...? Abrió la puerta con lentitud, con la juguetona expresión en sus ojos esperando encontrar a Yui con las "manos en la masa". Enarcó una ceja al ver la escena.
La habitación estaba oscura, y las cortinas claras se movían perezosamente con la brisa del exterior. Se fijó en la cama, donde los bultos de un cuerpo se movían debido a la respiración. Se acercó silenciosamente hacia ella, examinándola un poco. Yui se encontraba de lado, con las manos en su pecho y los ojos fuertemente cerrados. Respiraba trabajosamente, como si le costara inhalar el aire. Una expresión de angustia en su rostro y de sus labios rosados soltaban aquellos gemidos. ¿Eran de miedo, acaso? Una lagrima rodó en la mejilla de la chica inconsciente, dejando perplejo al vampiro de ojos verdes.
- Estas teniendo una pesadilla, Bitch-chan... - susurró Raito con una pequeña sonrisa, acariciando el rostro de Yui. - ¿Tengo que despertarte, o debería chuparte la sangre en este momento...?
Antes de que incluso pudiera decidir, ella abrió los ojos con sorpresa.
Yui
Pasado y presente,
pasando uno al lado del otro...
Corriendo, corriendo con pavor hacia la salida que resplandecía a sus ojos. Detrás de ella las risas maniáticas de sus captores sonaban como si estuvieran encima de su oído. La desesperación, el miedo y las lagrimas al sentir como sus garras acariciaban la parte de su espalda. Gritó y lloró, corriendo con mas rapidez hacia la salida que parecía que se alejaba a cada paso.
No huyas...
Jadeó al sentir sus rodillas entumecidas, y el viento helado pasó por su cuello como si hasta esa brisa clavara sus inexistentes colmillos en ella. Las lagrimas volaban en el viento mientras corría, corría como nunca había corrido. La salida, que estaba tan lejana, comenzó a acercarse con rapidez. Sonrió con esperanza, con la respiración aun agitada mientras forzaba sus pies. La luz refulgente de aquella salida hacía que su corazón latiese a mil por hora con la esperanza de poder escapar, de aquel martirio que tanto la ha dejado herida. De pronto las heridas en su cuerpo comenzaron a arder, convirtiendo la blanca piel en rojiza. Ella soltó un gemido de solo al sentir las quemaduras expuestas en ese estado, como si estuviera quemándose viva sin ningún tipo de fuego.
Te lo repetiré una vez más...
La luz se fue. Miró por todos lados, incapaz de ver nuevamente la salida. No podía ser... estaba tan cerca de la victoria y luego desaparece como si nada. Cayó de rodillas en aquella oscuridad interminable, respirando con dificultad mientras sostenía entre sus manos la cruz de plata... Ya no tenía salvación.
Una mano se posó en su hombro. Las descargas eléctricas le recorrieron toda la espina dorsal advirtiéndole que NO gire el rostro, pero como era humana y curiosa... probó del pecado de la duda. Unos ojos diabólicos la vigilaban desde lo alto, apretando su hombro con aquellas garras. Sus orbes rosadas miraron horrorizada al ser, deteniendo su corazón.
De aquí no puedes escapar, ni ahora ni nunca.
Abrió sus ojos asustada, escuchando latir su corazón fuertemente contra su pecho. Le dolía el cuerpo, mucho más que el día anterior. Su costado ardía y cada inhalación era una tortura, debido a la herida. Y por si fuera poco... allí, en la oscuridad, se hallaba Raito con sus ojos verdes iluminando la oscuridad. Yui no dudó, en ese momento se sentía tan asustada, tan débil y vulnerable...
- ¡Raito-kun!
Con las pocas fuerzas que le quedaban, abrazó al vampiro con fuerza por el cuello.
Raito
Si tú lo deseas, te voy a envolver.
Con mis garras aún al descubierto.
- ¡Raito-kun! - había dicho ella, asustada, mientras se abrazaba a él.
Raito no lo podía creer, sorprendido sintió el cuerpo cálido de Yui en sus brazos. Que ella misma le abrace a voluntad, aunque solo sea para protegerse... le hizo sentir algo cálido en sus venas. Una sensación placentera. Sonrió cabizbajo y estrechó el cuerpo de Yui con el suyo, pero al hacerlo escuchó un gemido de dolor de aquellos sonrosados labios. La separó de ella, mirándola con una ceja alzada.
¿Que había hecho mal? ¿La habría abrazado muy fuerte? Preguntas mas confusas le vinieron a la mente, ¿Por qué se preocupaba por ella? ¿Por qué ahora se sentía angustiado por si le hacía daño? ¿Acaso no quería hacerle daño? Muchas preguntas, pocas respuestas, y una sola mirada hacia los ojos llorosos de Yui.
Ese fino camisón de seda, que tan transparente era a su vista, dejaba ver una herida vendada en su abdomen. Pareciese que le dolía a cada movimiento, y la piel descubierta estaba más pálida de lo normal. Volvió a mirar a la rubia a la cara, fijándose en esos ojos llorosos que tanto querían decir.
En ese momento, una ira desconocida nació de él. ¿Quien le había hecho eso a su Bitch-chan?¿Es que acaso quería morir en sus manos por al menos tocarla? Sintió como la sangre le hervía y se sentía con tanta energía como para matar a cualquiera que se interponga. Pero no, guardaría toda esa energía para matar al causante del sufrimiento de ese cuerpo pequeño y femenino. Esos pensamientos invadieron su mente, y antes de que se pueda dar cuenta hecharon raíces y le hicieron creerse cada palabra. Odiaba que alguien más toque a Yui, lo sabía, pero herirla de ese modo era demasiado.
- ¿Quien te hizo eso? - le preguntó con voz contenida, manteniendo la calma mientras aquellos ojos rosados se cristalizaban nuevamente.
Yui comenzó a tartamudear.
- E...estaba en la cocina... Reiji-san dijo... dijo que él quería de mi sangre... - decía mientras lagrimas comenzaban a caer de sus pestañas. - Yo... yo le dije que no... y empujándome a la... pared... él... él... - comenzó a llorar con mas fuerza, aferrándose a los brazos del vampiro. - Fue mi culpa... si hubiera dicho que si él no... él no...
No volvió a hablar, por que Raito la había abrazado nuevamente evitando tocar la herida. Acarició sus cabellos, sintiendo la sorpresa en el cuerpo de su humana y como iba correspondiendo conforme pasaban los segundos.
- Ya estas bien... - susurró en su oído mientras acariciaba su rostro cubierto de lagrimas. - y tú no tienes la culpa de nada.
- Raito-kun... - murmuró ella sorprendida, con sus brazos en el cuello del vampiro.
Yui
Aunque el dolor sea eterno,
incluso si solo eso siento,
se que podré superarlo
si a mi lado te tengo.
Ella lo miraba con esos ojos rosados abiertos de par en par, sorprendidos y a la vez aliviados. Raito la acariciaba con suavidad, delicadeza y... podría jurar que si no lo conociera, diría que con amor. Al menos fue, la primera vez que le dijo que ella no tenía la culpa de algo en su vida.
Allí estaban, en su habitación iluminada con la medialuna en su punto más alto. El costado le dolía, pero podía jurar que con cada minuto que pasaba el dolor escaseaba unos momentos. Le alivió eso, y le alivió que al menos aquel vampiro de cabello castaño y ojos verdes no la hubiese corrido por hacer algo tan impropio al abrazarlo. Pero allí estaban, abrazados y sin ninguna molestia de por medio. Era agradable y cálido sentirlo junto a ella.
Se sentía bien, se sentía muy bien...
- ¿Quieres que me quede contigo hoy? - preguntó de repente Raito, mientras acariciaba su cabello con sus manos.
Ahora algo caminaba por su mente. ¿Donde estaba el Raito que ella conocía? ¿Donde estaba aquel adolescente cruel, pervertido y sádico? El Raito que con ella estaba, era completamente diferente a lo que era antes. ¿Será que...? No, no podía ser eso. Él no podía cambiar de un día para el otro así nada más... pensó Yui con detenimiento. Pero, aun así, si fuera por aquella noche creería las palabras de ese nuevo Raito. Asintió mientras se apretaba mas a su cuerpo, cerrando sus ojos.
Escuchó su sonora risa, en voz baja solo para los dos.
- Entonces, déjame recostarte nuevamente. - le dijo mientras se separaba. Ella asintió mientras volvía a acomodarse en la cama, un quejido de dolor saltó de sus labios al sentir como oprimía la herida. - tsk, ¿Reiji no puede ser un poco más delicado?... a ver, levanta el camisón para que pueda verte.
El rostro de Yui se volvió completamente rojo.
- ¿Que?! - dijo ella mientras intentaba bajar como podía el camisón.
¡y ahí estaba su Raito-kun, solo que algo diferente pero estaba allí! Él solamente se río mientras observaba el rostro sonrojado de la joven.
- No voy a ver nada que no tenga que ver,- le dijo con una sonrisa juguetona y un guiño de ojo. Al ver como ella se sonrojaba más se volvió serio nuevamente. - Vamos, déjame ver esa herida.
Quería protestar de nuevo, pero al ver la seriedad que casi nunca mostraba se levantó con timidez el camisón, dejando expuesta su ropa interior y la venda en su costado. Raito le sacó la venda, viendo una horrible herida mal curada. Yui, avergonzada, intentó decir algo para defender tontamente al mas sádico de los Sakamaki pero... era verdad, Raito-kun tenía razón y eso era pasarse de la raya. Entonces vio como el vampiro se cortaba con los colmillos su propia muñeca, dejando ver la sangre de esta.
- ¡Raito-kun, que haces! - le dijo preocupada, intentando moverse para curar lo que el vampiro se hizo a si mismo.
Raito solamente rió, mirando con esas brillosas esmeraldas.
- ¿Acaso no sabías que la sangre de un vampiro conlleva muchos beneficios? Voy a darle un poco de mi sangre a tu herida para que cicatrice rápido, ¿De acuerdo? - le dijo con una sonrisa burlona, al verla tan sonrojada... - Aunque no sé te arderá un poco... pero se que a Bitch-chan le gusta eso, ¿No? Tranquila, solo bromeaba.
Acercó su muñeca sangrante hacia la herida, y ella solo pudo cerrar sus ojos con fuerza esperando que un gran dolor se apoderase de ella. ¿Y si todo salía mal? ¿Y si la sangre los vampiros no la ayudaba, la herida se infectaba y moría por culpa de Reiji? No, sabía que no la dejarían morir tan rápido como si fuera alguien más. Ellos aseguraron que ella llevaba sangre "especial" y que por eso no la mataban, nada más. Pareciese que el único que se apiadaba de ella era... nadie, para ser exactos. Teddy era un muñeco inanimado, por lo que no se consideraba persona que se apiadase de ella.
Pero aun así, aunque pensase en el dolor futuro y en que nadie le tenía al menos lastima, la imagen de hace unos segundos de Raito seguía en su mente. Aquel rostro cambiado, triste y preocupado... ¿Fue una ilusión, una imagen borrosa del sueño? Confundida quiso volver a mirarlo, pero el solo se dedicaba mirar la herida. ¿Acaso estaba jugando nuevamente, era eso? Pero... si fuera así, al menos por esta noche, le gustaría al menos fantasear que era de verdad...
- ¿Qué haces? - la voz de Raito la sacó de sus pensamientos, volviéndola al presente. - Puedes abrir los ojos, ya terminé.
- ¿huh? - Abrió los ojos uno por uno, mirando sorprendida como el volvía a ajustar la venda en su sitio y bajar el camisón. ¿No lo había sentido? - ¿No lo has hecho?
Raito volvió a mirarla, con su muñeca al aire señalando la curación tan rapida de esta. Claro, ellos eran vampiros y se curaban con rapidez, pensó Yui.
- Te dije que la sangre de los vampiros ayuda, en menos de lo que canta un gallo solo será una cicatriz más. - le dijo mientras sonreía, diferente a las demás veces. - Ya puedes volver a dormir, Bitch-chan.
En un abrir y cerrar de ojos, se encontraba abrazándola. Yui se sonrojó, pero agradeció que por esa vez el sea así de dedicado. Apoyó su cabeza en el pecho de este, regularizando la respiración conforme el tiempo avanzaba. Esa noche dormiría con Raito-kun por que ella quería, no por que la obligaban.
y eso fue... bueno.
- Gracias, Raito-kun. - le susurró mientras apretaba más su cuerpo al suyo, sonriendo.
Raito
Oye, ¿Qué es eso que haces?
Eso que se llama amar.
¿Podrías enseñarme?
Aunque sea por hoy...
Enséñame a amarte.
(4:00 am)
- Duermes mucho... - susurró mientras acariciaba los cabellos blancos de Yui, al verla tan tranquila durmiendo. Podría sentirse tranquilo, ya nada atormentaba a su Bitch-chan.
Se quedó toda la noche allí, observándola dormir. Parecía un angel, si es que existían en el cielo. No estaba cansado, pero se sentía aburrido. Quería cambiar de posición, le resultaba incomodo, pero no quería arruinarle el sueño después de aquella pesadilla. Deshaciendose de esa idea pensó en otra cosa, una que le dio risa por un momento.
"Mil maneras de matar a Reiji" el libro con más ventas en toda la región, escrito por Raito Sakamaki y inspirado en las múltiples torturas que se realizaron a Reiji Sakamaki."
Por dios, era tan ridículo el titulo que hasta se imaginó los primeros capítulos. Pero dejando de lado lo divertido, de verdad quería torturar a Reiji por lo que hizo, hacerle sentir un intenso dolor por lastirmarla sin razón. Si, sabía que era un sadico igual a los demás, pero el lo llevaba a tal extremo...
Una cosa era humillarla y bajar su autoestima, otra cosa era apuñalarla en el costado. hmph, y después se hacía llamar "caballero" .
- ¿Raito-kun? - la voz de la joven en sus brazos captó su atención. Bajó la mirada y vio esos curiosos ojos rosados observarlo.
- ¿Te has despertado tan pronto? vaya chica... - le dijo mientras soltaba una pequeña risa. Ella le sonrió un poco, mientras asentía.
- El costado... ya no me duele. - murmuró Yui sorprendida, bajando su mano hasta su costado. - ¡Gracias, Raito-kun! - soltó ella, y parecía feliz.
Raito sonrió, tomando aquella mano con la suya y entrelazando sus dedos. Ahora se encontraba mejor, tenía mucha razón acerca de la sangre. Se sintió aliviado al verla progresar tan rapido, sin duda tenía un cuerpo fuerte para esas clase de cosas. Bueno... de no ser por su sangre la herida habría sido mucho peor, y le gustó servir de ayuda para su cuerpo. No estaba mal ser bueno con ella, quizá ahora se dejaría llevar con más facilidad con él. ¿No? Pero ahora debía preguntas varias... Oh, esperen... ¿Por qué miraba a Yui desde arriba?
Hasta ese momento, no se dieron cuenta de que al moverse habían quedado uno arriba del otro. Miró con curiosidad la mirada sonrojada de la chica, mirando la vergüenza en sus ojos rosados.
Yui
Jamás pensé que tú...
fueras la pieza que faltaba en mi rompecabezas.
No se había dado cuenta, pero Raito estaba encima suyo desde hace minutos. Su rostro se sonrojó al mirarlo a los ojos, completamente avergonzada por aquello. Oh dios, ¿Qué hacía en esa posición con él, y por que justamente él no se corría? Se sentía tan bien estar entre sus brazos, y ese dolor que ya no sentía en el costado, que olvidó completamente en la forma que estaban. Al estar tan cerca y con sus piernas entrelazadas era obvio que sus cuerpos se moverían si uno solo lo hacía, terminando de esa manera. Pero esta vez era diferente a las demás, por que él estaba allí por que ella se lo permitió y por qué necesitaba de su apoyo en ese momento. Como un rayo en la noche negra ese pensamiento apareció en su cabeza, aclarado todo desde un principio. Lo necesitaba, a él...
Necesitaba a Raito.
Con temor y timidez levantó una de sus manos, produciendo un cálido viento entre ambos. Sin dudar, acarició con suavidad el rostro sin imperfecciones del vampiro, sonriendo con mucha vergüenza. Vio como los ojos de Raito se abría más por la sorpresa, que tan grande era como los nervios de Yui.
- Muchas gracias, Raito-kun. - Le susurró en la oscuridad, aun acariciando con sus dedos el rostro del muchacho. - Gracias por cuidar de mí...
Yui pegó sus labios a los de él, sin permiso de nadie le dio un tímido beso. Una descarga electrica recorrió su espina dorsal, estremeciendola cuando sus labios hicieron contacto. Aquella sensación, esa caricia... había hecho que su cuerpo se sintiera calido, lleno y aliviado. Raito no había correspondido, pero tampoco la alejó de su lado. ¿Qué había hecho mal? ¿Acaso... besaba mal? Su interior se llenó de tristeza al esperar en vano que correspondiera, separándose de él con sus ojos mirando a otro sitio.
Raito
¿Es esto lo que quieres?
¿Entregar todos tus tesoros a una fiera?
Pues, si es así, no me opongo.
También te entregaré todo de mí.
Sus labios se encontraban sellados por los de ella en ese momento, y no sabía que hacer. Yui jamás quiso besarlo, jamás quiso abrazarlo y en esa noche la tenía haciendolo. ¿Qué debía hacer ahora? Se sorprendió y no fue seguro corresponder aquel beso, lleno de timides y vergüenza. Una calidez en su pecho nació, ondeando entre sus venas invadiendolo por completo. ¿Qué era esa sensación, por qué no sabía identificarla? Era desconocida, y la pensó cuando ella se separó de él y bajo triste la mirada. Oh no...
- Lo siento, Raito-kun. - susurró en voz baja y evitando su mirada.
¿Le había negado un beso por accidente, solamente por pensar en cosas sin sentido? Quería ese beso, pero no sabía por qué no le correspondió. Sus besos eran calidos, dulces y humedos... salados, aun mojados por las lagrimas en su rostro. Que idiota se sintió al no corresponderle, sintiendo esa urgencia nuevamente. ¿Por qué? ¿Por qué no pudo hacerlo ahora? Esto no se iba a quedar así, ¡Demostraría que el la deseaba también!
Pero... ¿Cómo, sin asustarla o herir sus sentimientos? Se sentía tan idiota...
- Oye. - le dijo en un susurro, esperando que Yui levante su mirada. - Mírame, ahora.
Yui levantó tímidamente la mirada, con aquellos ojos rosados tristes. Raito suspiró, aunque siga triste, era hermosa. Entonces, como si todo hubiera sido obra de una simple broma, le sonrió con alegría.
- Esta bien, Bitch-chan~. - Había sido su respuesta al sonreírle con afecto, dejando muda a la chica de cabellos rubios.
Fue cuando, en ese momento, se entregó a ella con sus labios en un beso. De su parte, y se sintió feliz.
Ahora él estaba jugando sus cartas, aprovechando cada momento. La haría sentir bien, que se siente segura y comoda. Aquellos sentimientos, la opresión en el pecho y sus recuerdos le incitaban a que continuase. Podría estar así por siempre, pensó, y no le importaría en lo absoluto. Yui le correspondió, confundida pero le correspondió y eso le hizo feliz. La felicidad de que ella quería sentirlo también, sentirlo como él a ella. Se separaron por falta de aire, mirándose uno al otro en esa posición indecorosa. Mirándose a los ojos, verde esmeralda y rosado refulgente, Raito comprendió algo en ese brillo.
Acarició con suavidad su mejilla, haciéndola sonrojar.
- ¿Que es lo que sientes por mí? - preguntó Yui, sacandole la palabra de la boca.
¿Qué era lo que sentía por ella? ¿Amor, tal vez? ¿Qué era el amor, aquello que antes creyó sentir? Te amo... te amo... esas palabras que no entendía, tampoco sabía por qué los humanos las pronunciaban. ¿Por qué te amo? ¿Por qué sentía que no podía describirlo? Ah... saber tanto de una mujer, de una humana que con solo decirle palabras tiernas era suya.. y no conocer el amor, era muy confuso. Pero Yui no era una humana que con solo decirle palabras tiernas se entregaba a él, no... ella era muy diferente.
Algo en ella, aunque sea estúpido y sin sentido, hacía que la saque del circulo "humana ordinaria". No, ella no era una humana ordinaria y tampoco se acercaba a serlo. Ella, Yui, su bitch-chan... eran lo que la hacía diferente, por lo que era especial. Aunque no supiera el por qué, o lo que era, sabia que era especial. Lo era, para él. Lo es y lo sería para siempre, aunque en toda su vida no encontrara la respuesta. Aunque ella se aleje de su lado y lo deje en solitario, seguiría siendo especial para él...
Cómo un golpe en el rostro lo descubrió, parando su corazón y encontrando lo que faltaba en aquel rompecabezas interminable. Aunque solo viera su rostro en aquella pieza, podría descifrarla... y era ella. Era una sorpresa el como una noche podía cambiarte tanto, hacer que tu interior se mezcle con los sentimientos ajenos y poder expresarte sin saberlo. Incluso en las noches comunes podrías sentirte de esa manera, sentirla a ella y sus sentimientos. ¿Por qué justo esa noche? ¿Por qué no antes, por qué no después? Aquellas malditas preguntas que nublaban su mente, pasaron a un segundo plano. Ya nada le pareció importarle en aquel momento, solo la respuesta era lo unico importante.
- ¿Acaso tienes que preguntarlo? Te amo... - y lo entendió.
La amaba, más que a nada, más que a todo.
Aquella noche, la que parecía tan común a los ojos de otra persona, hizo cambios en la vida de Raito. Nunca más probaría otra sangre, nunca más buscaría mujeres con las semejanzas de su madre, y nunca más... probaría a otra mujer.
Nada más importaba, salvo la delicada curva de su mandíbula; la piel nívea especialmente suave bajo su tacto; el borde de sus ojos, más hermoso y delicado que el resto y sus labios sensualmente tímidos de color rosado, como las rosas del jardín. Solo era ella, Yui, su Bitch-chan.
(5:45 am)
- Tú, solamente eres mía... bitch-chan... - le dijo al oído al recostarla en su pecho, con las respiraciones agitadas y sus cuerpos desnudos sudorosos.
Ella le sonrió, cansada, apoyando la cabeza en el pecho desnudo del vampiro. Acarició con sus manos los brazos de Raito, abrazándolo.
- Entonces... eso significa que Raito-kun es mío... - bostezó, y de alguna manera se quedó dormida, con esa sonrisa en los labios.
Se sorprendió al escucharla decir eso, como si fuese un grito en pleno silencio. Al final sonrió, apoyando el mentón en los cabellos de Yui.
- Solo tuyo... Yui.
Cuerpo, corazón, sangre y alma... también le entregaría todo de él.
~Fin~
Neee! ¿Qué les pareció este?
Nuevamente perdón por tardar tanto XD una promesa es una promesa, y bueno... etto...
El proximo capitulo será una sorpresa, y me estoy esmerando con el capitulo final. Tendrán que esperar un poco más para el siguiente capitulo, dado que se me hace muy dificil ahora que estoy trabajando. *Vos aguda de vieja* - Carrizo, no hiciste tu papeleo anoche. :v
¡Nos vemos en el siguiente capitulo, bye bye! ^u^
By: Shelikernr
