Aclaración: Los personajes de HTF no me pertenecen, son plena propiedad de Mondo Media.
Advertencia: Este fic, puede tener lenguaje para adultos, como material explicito de escenas no apta para mentes inocentes. Quejara bajo su responsabilidad seguir leyendo! :)
Chapter 2
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―Mu…mucho gusto, mi nombre es Flaky Red― se presento con su voz algo temblorosa, ese hombre irradiaba una presencia, muy diferente a la que estaba acostumbrada. Lo observo de arriba abajo con disimulo, agradeciendo por primera vez en su vida tener unas gafas más grande que su cara para que ocultara el curso de su mirada.
Era alto, demasiado alto, fácilmente a ella con su orgulloso metro sesenta y cinco logrado a lo largo de su vida podía ridiculizarlo, si se paraba a su lado. Sus hombros eran apretados por un traje negro, elegante y refinado, mientras que adherida a su cuello una corbata verde apagado hacia resaltar ese cabello verde que apuntaba hacia todos los lados de la habitación de manera sensual. Brillante y sedoso, muy diferente a su cabello casposo. Ignorando aquel hecho, observo su rostro, casi se pierde en esa mirada pigmenta que fríamente le regalaba. Era una mezcla exótica entre el más puro color miel, con el intenso color verde de los bosques, era sin duda alguna un color de ojos poco común.
Una sonrisa fruncida cubrió sus labios carnosos pero firmes, al girarse hacia Petunia y recibir un severo y silencioso reclamo por parte de ella. Debía ser cortes con su huésped. Miro a ese pequeño rubio, que tanto resentimiento se gano en su corazón al ser él, el mejor amigo de su hija. Aquel que amenazaba con sacarle a su princesa en un futuro cercano. ¡Pero él no se lo permitiría mientras este con vida!. Su hija quedaría solterona- y posiblemente con quince gatos de compañía- hasta que él partiera de este mundo.
―Mocoso despreciable, vete de aquí antes de que te eche de una patada de mi casa.― gruño al niño, que asustado se perdió en una ráfaga amarilla entre los pasillos de su mansión. El orden era perfectamente el que él quería. Miro nuevamente a esa muchacha escuálida, que lo miraba con una intensa mirada de desconcierto tras esos cristales que no le permitían ver con claridad el color de sus ojos.
Era tal como la recordaba: Insignificante. No representaba ninguna amenaza para él, más que vivir en la misma casa.
―Tú. Acompáñame a mi despacho, tenemos que discutir algunas cosas― Sin ningún tacto de delicadeza. Era su casa, y a partir de ese día esa muchacha, era un simple huésped. No pensaba actuar con modales, estando él en su propia casa. Bajó a Giggles, no sin antes regalarle un sonoro beso en su mejilla sonrojada― Quédate con estos dos, ahora vuelvo princesa. Asegúrate de echarles agua si se ponen muy empalagosos― Tras alzar su mentón en alto y firmemente mostrar un saludo idéntico a la de un militar, la pequeña niña tomo las duras mejillas de su padre para besarlas con sonora efusividad.
―¡Si mi General!― grito mostrando una sonrisa hermosamente infantil. Flaky se sintió eclipsada de cierta manera con esa niña, en sus recuerdos. Cuando su padre aun estaba vivo, ella era su pequeño sargento, que quedaba a cargo de los reclutas "Pelusa", "Silver" y "Níno", tres perros policiales que su padre tenía en su casa, para que cuidaran el hogar incluso cuando él no estaba. Por lo general, esos tres perros solían entrar por la puerta de la cocina, a sacar un bocado de carne que el cocinero de la casa, Brain, les preparaba. A su madre jamás le gusto que ella, ande para todos lados con esas enormes bestias siguiéndola, moviendo el rabo de lado a lado, tirando la cara losa o los importados jarrones de la abuela.
El padre de Flaky, también había sido un militar. A pesar de que no le faltaba nada, él nunca decidió adherirse a ese ambiente empresarial y oficinesco que sus abuelos querían introducirlo. Él era un hombre de campo, de naturaleza. En sus recuerdos Flaky lo recordaba como un hombre fuerte, capaz de hacer todos los trabajos de la casa, mejor que los empleados "especiales" que su madre había contratado.
Cuando el respetable empresario Red, su abuelo, murió dejo bien en claro que Splendon´t debía encargarse personalmente de la empresa, nadie más que él. Y luego de ello, una vez que él decidiera abandonar el cargo, o como tristemente sucedió realmente, muriera, exclusivamente debía ser Flaky la que tomara como propiedad la empresa y sus millones de bienes esparcidos en el mundo. La fortuna de su abuelito, debió ser muy grande como para que cada vez que la vinieran a visitar a la granja, le trajera dos camiones llenos de juguetes y ropa. Luego de la muerte de su abuelito, su abuela era la que se encargaba de llevar responsablemente cada dos semanas esos regalos, al irlos a visitar. Hasta que un día no apareció como lo debería a ser, a ella que apenas era una niña de siete años, no le importaba en lo más mínimo los juguetes o los vestidos, ella no le importaba era ver a esa mimosa anciana risueña, que la estrechaba entre sus brazos con olor a flores finas. Su madre intento explicarle tras palabras suaves, que su abuela se había ido al cielo, y ella desde ese momento con su madurez avanzada para una niña de su edad, se dio cuenta de que su abuela nunca más iba a volver a besarles sus mejillas sin impórtales que estas estén cubiertas de barro.
Fue de esa manera en cómo Flaky asumió la muerte como algo natural. A todos nos pasaba en un determinado momento, los humanos a pesar de ser criaturas fuertes que pudieron imponer su dominación sobre sus hermanos animales, también eran mortales. Morir era lo más natural del mundo, pero…Eso no significaba que no causara tristeza su partida…Y más si la persona que partía, era una persona amada.
Cuando murió su padre, ella no recordaba cuantos amaneceres y anocheceres estuvo llorando con desconsuelo, llego un momento en el que no podía levantarse de su cama ante las energías desgastadas que libero de su cuerpo mediante el llanto. Hasta ahora ya años en el futuro, no podía olvidar ese momento en el que vio ese rostro pálido a que ella adoraba con tanto esmero, en esa asquerosa caja oscura.
Aun sentía en su paladar aquellos caramelos, que por más de ser dulces, sabían amargo en conjunto de esa taza de café que les brindaban a todos los que brindaron sus pésames en el velorio.
Rostros tristes. Lagrimas. Y ella aun allí, parada frente al ataúd de su padre, mientras escuchaba los sollozos de su madre en algún lugar a lo lejos, posiblemente siendo consolada por algún familiar o amigo.
Era tan desgarrador sentir la mano fría de su padre sobre su mano, cada noche cuando las pesadillas le ganaban, que juraba sentir como unas manos más pesadas le cerraban la garganta en un apretón fuerte haciendo que ella se quedara sin aire ante la desolación. Sus ojos tardaron semanas en perder su enrojecimiento irritable del llanto y cuando lo hicieron aun seguían notándose esas marcas rojas que las lágrimas al raspar contra la piel dejaban heridas leves como también, esas oscuras manchas que eran ocultadas por esas gafas que semanas atrás el oculista le había dicho que usara.
Su madre a pesar de haber llorado los dos primeros días, para ese momento se mostraba fría, decidida, e inclusive en ocasiones sonreía. Era tan impenetrable, que Flaky la envidio. Y en cierto grado, el asqueroso parasito de odio, calaba en su interior, al verla tan indiferente ante la muerte.
Desde ese momento decidió, que no dependía de ella. No la necesitaba para salir adelante, de igual manera que ella no la necesito para superar la muerte de su padre.
¡Era una niña de trece años!.¿Cómo no eres capaz de siquiera darle un abrazo para consolarla?...Era inaceptable, no apoyar a tus hijos cuando más lo necesitaban.
Quería ser fuerte, no por nadie, sino por ella misma. Para superar su situación a sabiendas que no contaba con el apoyo de nadie a quien ella considerara importante, más que el de sí misma.
Al escuchar la puerta cerrarse a su espalda levanto la mirada del suelo para ver una enorme biblioteca cubriendo una pared entera, delante de la misma un escritorio de caoba, prolijamente limpio y con solamente una netbook negra cerrada en el centro, y unos leves adornos que descansaban unas plumas y algún que otro objeto.
―Toma asiento― Como un fantasma sigiloso ese hombre cruzo por su lado para sentarse en el enorme sofá de cuero detrás del escritorio. Ella observo minis replicas del mismo simétricamente colocados a unos pasos de ella. Se sentó con nerviosismo mirando curiosa la habitación. Apretó sus manos entre ellas, con disimulo.
Unas cortinas gruesas de color rojo descansaba a un lado de la ventana, mientras que otras cortinas blancas un poco más fina se ondeaban levemente ante la brisa que entraba por la gran ventana abierta. ¡Esas ventanas eran inmensas!. Al otro lado, una mesita ratona era rodeada por unos sofá amplios de la misma textura del que ella se encontraba sentada, mientras que en la pared, una chimenea enorme se alzaba por la pared cubierta de piedras decorativas. Esa habitación era muy elegante, pero a la vez muy cómoda.
Pensando que se vería muy descortés si ella seguía mirado embobada la decoración, volvió la mirada hacia Flippy que simplemente se encontraba con su mirada puesta en unos papeles en su mano. Sin prestarle atención.
Ella se removió nerviosa en su lugar, haciendo que él elevara su mirada exótica hacia ella.
―¿Ya terminaste de curiosear?― pregunto ladeando una sonrisa maliciosa al verla bajar su mirada apenada, mientras que un rojizo intenso acariciaba el marco grueso de sus gafas.
―Lo…lo siento…― se disculpo bajito con su voz temblando. Apretó más la manga de su suéter entre la palma de sus dedos y lo miro, dándose valor a sí misma.
―Dime…¿Dónde está tu madre?― Fue directo al punto en el que quería hablar, no le gustaba andar con rodeos. Ella poso su mirada en él con un sabor amargo en su lengua al nombrar a esa mujer.
―No lo sé, seguramente disfrutando del dinero que sacó de la cuenta bancaria de mi padre. Tengo entendido que pasaría una larga temporada en el Caribe con ese tipo…―Ella tampoco quería hablar mucho. El recuerdo de esa mujer, le resulta desagradable.
―¿Qué tipo?― pregunto secamente con una seriedad absoluta. Ella estaba a punto de contestar "El tipo que le puso pasión a su vida" textualmente como se lo dijo su madre al subir las valijas a esa limosina negra, de la mano de ese hombre de mirada pervertida antes de partir. Pero dedujo que eso causaría una conmoción que no estaba dispuesta a explicar, si el solo nombre le causaba un mal sabor de boca, nombrar los hechos que la llevaron a repudiarla de esa manera seguramente sin poderlo evitar soltaría una grosería y no quería quedar internada en un colegio de señoritas, por no hablar con propiedad.
¡Demasiado tuvo en su infancia, con las molestas clases de disciplina que le brindaba su madre!. Al notar imposible, el hecho de que ella dejara de subirse a los arboles, y corretear por los alrededores. Sonrió internamente al recordar aquella época de su vida, tenía una personalidad de un niño, aunque aquel cabello rojo enredado y cubierto de ramitas como de caspa, contradijeran un poco la imagen de un chiquillo con rostro afeminado que normalmente la gente veía al verla juguetear con algún animal o por los alrededores de su Granja.
Pero volviendo al tema, no deseaba tener una clase de "Buena conducta, para una señorita que desea ser refinada y fina como una rosa, para que un inútil príncipe afeminado la rescate". Frunció un poco el ceño, ante ese pensamiento tan discriminante. Si decía aquello, posiblemente, el hombre frente a ella, la internaría en un colegio de señoritas malcriadas.
―Su "aparentemente" nuevo novio…―hizo énfasis en la palabra, al aclararse con exactitud en ella
―Ya veo…―murmuro únicamente prestándole más atención a las hojas sobre su mano― Tu única alergia es el maní. ¿Verdad?― Ella asintió con firmeza―No eres tolerante a lactosa. Además de eso, no tienes ningún problema de salud, y por lo que veo eres muy atlética según este dato…―amplio sus ojos mostrando una verdadera sorpresa, esa niña se veía tan escuálida que fácilmente si él al empujaba con una fuerza mínima se podría quebrar.
―Si…Antes era mucho más robusta debido a mi poca feme…femenil…fememiasasdas. ¡Ni siquiera sé cómo se pronuncia!― Se quejo nerviosa revolviendo con sus manos pálidas sus cabello desordenado. A Flippy se le escapo una leve risita al verla tirar de su cabello con fuerza. Se notaba a distancia que estaba nerviosa― Bueno no importa…el punto es que cuando falleció mi padre, baje mucho de peso, hasta el punto de tener un nivel un poco alto de desnutrición…―esos recuerdos le causaban un dolor de estomago insoportable, decidió apurarse al narrar su punto― Es por eso que ahora me cuesta mucho subir de peso, además de que el hecho de ser alguien que come poco y anda mucho, me mantiene en un estado sin movimiento en el numero de mi peso…
―Entiendo― Él aparto su pesada mirada de ella para posarla nuevamente en los papeles― ¿Qué piensas estudiar una vez que termines el último año de educación?― le pregunto distraídamente mientras tomaba con delicadeza una pluma de un adorno y sacaba una hoja de un cuaderno cercano. Ella rápidamente contesto, al darse cuenta de que se encontraba mirando sus dedos largos y fuertes con absoluta atención.
―Algo que me ayude en la empresa― Él garabateo algo con rapidez en la hoja, para luego volver a posar su mirada sobre ella.
― ¿Administración de empresas, por ejemplo?¿Alguna rama de la economía?― Asintió― Bien, debido a que Splendon´t fue un gran amigo mío, te he de confesarte que estoy dispuesto a brindarte la mejor educación que hay en esta ciudad en el año que te queda, y si es de tu elección pagare con seguridad una universidad decente donde puedas terminar los estudios para ya estar completamente realizada…― Flaky dejo caer sus labios, al escuchar aquello. ¿Estaba dispuesto a hacer todo ello?. Flippy vacilo por un momento, mirando un papel sobre el escritorio. Pero Flaky supo percibir que no miraba el papel, sino que miraba algo más que el papel, miraba algo en sus recuerdos. En su mente, observaba un pensamiento.― Como también, serás una integrante más de la casa. No me permitiré a mismo, no tratarte como en verdad eres: Una digna amiga de familia. Mi amigo y tú, me atendieron con una cortesía y amabilidad admirable cuando los visite, no pienso tratarte de una forma distinta. Quedas en la libertad de recorrer la casa a tu antojo…―Flippy dudo unos momentos antes de mirarla con completa seriedad y frialdad― Excepto, este lugar. Está estrictamente prohibido, para ti como para los demás en esta casa, entrar en este lugar. ¿Entendiste bien?― Ella asintió sintiendo sus piernas temblar. Ese tono era tan serio como intenso. No lo desobedecería por nada del mundo.
Suspirando sonoramente revolvió sus cabellos verdes con una de sus manos, para luego recargarse en el asiento con tranquilidad. La miro mientras cruzaba sus gruesos brazos sobre su pecho, solo vestía una camisa blanca mientras que su saco negro se encontraba descansando sobre el respaldar de la silla, la tela se estiro sobre sus codos fuertes.
A Flaky, esa simple muestra de fuerza le causo terror. Además de ser alto, intimidante y tener una mirada imperturbable, demostraba tener una fuerza absoluta.
―Seguramente Giggles se encargara de mostrarte a todo el personal y las partes de la casa. Por lo que de eso no me deberé preocupar…―mirando hacia un punto especifico del papel volvió la mirada hacia ella con curiosidad leve mostrada en sus pupilas oscuras.― ¿Te sientes cómoda con tus gafas?― Aquella pegunto fue la más desconcertante de todas.
Frunciendo levemente su ceño, lo miro dudosa, no sabía a qué punto quería llegar.
―¿Disculpe?―Nunca perdió la educación y respecto hacia él.
―¿Qué si te sientes cómoda con tus gafas?. Si lo deseas puedo mandar a hacerte lentillas o si lo prefieres una operación de laser…―pregunto como si fuera lo más natural del mundo. Ajustando las gafas, ella lo miro con horror. ¿Operación?. Doctores haciendo quien sabe que en su cuerpo mientras ella estaba inconsciente. ¡No gracias!. Eso no era para ella. ¿Lentillas? Una vez vio a un sujeto que había perdido un ojo por usar de esas cosas. Eran peligrosas, a pesar de que gran parte las preferían sobre lo clásico que representaban los lentes.
Pero ella no estaba dispuesta a quedarse ciega por una cosa tan estúpida como esa.
―¡Me siento muy cómoda con ella!. Pero gracias por su gesto― exclamo sin poder evitar sentir orgullo en su voz al decirlo. En verdad estaba tan acostumbrada a ellas que ni siquiera las notaba.
―Bien. Ya todo aclarado― se alzo del asiento sin causar ningún ruido en el trascurso ella lo observo en silencio. Mientras que con pasos sigilosos y largos, y una clara cara de molestia en su rostro abrió la puerta de golpe, dejando que los cuerpos de Petunia, Handy y Giggles, cayeran con fuerza sobre el del pequeño rubio, que podía sentir como su alma se escapaba por sus labios al quedar medio inconsciente.
Flaky no pudo evitar soltar una carcajada divertida al notar que los cuatros, hasta Cuddles medio inconsciente traían una tacita de porcelana pegada en sus orejas. Flippy alzo su mano dándole una clara señal de que entraran a verla.
―Como ven no le hice nada― dijo con voz ronca, antes de cruzarlos ágilmente para perderse por las escaleras hacia el segundo piso. Parándose en el tercer escalón volvió su vista hacia atrás con el ceño fruncido― Estoy cansado. Dormiré hasta la cena, no me molesten―
Tras esas palabras su figura elegante e intimidante se perdió de su vista. Flaky bajo la mirada hacia los dos niños y los dos adultos que se incorporaban con lentitud del suelo. Giggles alzo su manito en alto una vez de acomodarse perfectamente su moño sobre su nuca.
―Las tasas, son de una porcelana importada de China― señalo con atención en su vocecita infantil.
―¡Mentira!― rezongo el pequeño rubio, la miro con el ceño fruncido― ¡Yo mismo acompañe a Petunia a comprarlo al supermercado, para regalártelo!― Flaky y Handy se rieron bajito al ver el terror que mostraba la mirada azulada de la mujer, al ser descubierta.
―No te creo. Petunia nunca miente, y si ella dice que es de China, es de China. Además, en la parte de debajo de las tacitas dice "Made in China". No sé leer, pero Petunia dijo que eso significaba "Importado de China" – presumió como toda una niña sabionda, mientras recogía sus tacitas y las metía en un cajón cercano a salvo.
―¡Pff!. Esas son cosas de niñas de todos modos, me voy a tirar piedras a los pajaritos― sacando su fiel gomera bien escondida de entre sus ropas, se dio la vuelta para desaparecer nuevamente.
―¡Cuddles, eso es cruel!― grito histéricamente la niña, siguiéndolo mientras el rubio corría. Flaky dibujo una sonrisa en sus labios al notar el suspiro sonoro que soltó la hermosa mujer.
―Te salvaste de una grande, amor― rio Handy, ganándose un codazo por parte de su novia. La rodeo con sus brazos, besando su sien tiernamente.― Deberíamos ir a casa. Flaky debe estar cansada…Mañana te prometo que te pasare a dejar, antes del trabajo, para que estés todo el día con ella. ¿Te parece?― Petunia asintió con un puchero en sus labios, saliendo del abrazo de su novio se dirigió a la muchacha y la estrecho entre sus brazos cariñosamente.
―Prometo que volveré mañana en cuanto pueda. No te preocupes por Flippy, el siempre es así de gruñón y mal educado. Aunque Giggles no te dejara en paz hasta que suelte su último aliento de energía, posiblemente dentro de unas horas cuando el sueño ya no la deje caminar…―Besando sus mejillas con dulzura se separo de ella, para encaminarse a la puerta. Handy en cambio, la estrecho en un abrazo de oso, que casi dejo sin aire sus pulmones y con sus piernas colgando en el aire por un corto periodo de tiempo.
― Nos vemos mañana―con ternura revolvió su cabello casposo. –Cuídate.
―Gracias por todo― dijo ella con una sonrisa, despidiéndolos con efusiva simpatía. Eran dos personas increíbles.
Pasaron unos pocos minutos hasta que la figura de un hombre con traje entro por la puerta y se inclino con respeto.
―Señorita, su habitación ya se encuentra lista. ¿Desea recostarse un rato hasta que este la cena o prefiere seguir conociendo la casa?― Ella estaba a punto de contestarle cuando un bostezo se le adelanto. Mirándolo con una sonrisa, sonrojada, él la entendió en su totalidad. Asintiendo con una sonrisa amable― Por favor, sígame.
―Por favor…Dígame Flaky― pidió con voz baja mientras lo seguía a varios pasos de distancia. Jamás le gusto que los empleados se dirigieran a ella con tal respeto. Aturdido, el hombre se giro hacia ella como si estuviese loca. Ella rápidamente se apresuro a aclarar― Me siento incomoda si me trata con tanto formalismo. Por favor, solo llámeme Flaky― pidió con sus labios temblorosos.
―Está bien, si así lo desea.― sin reclamar más le abrió la puerta de una habitación. Ella sintió como él se despedía apenas ella cruzaba por el umbral de la puerta.
Tal vez la cordialidad y amabilidad irradiaban los gestos de los que conoció ese día, en excepción claro de ese hombre de mirada peligrosa, pero ella de alguna manera se sentía fuera de lugar. Esa no era su casa, nada de ese lugar era de ella además de su valija y su ropa. Por alguna extraña razón se sintió una intrusa.
Al sentarse en esa cómoda y amplia cama, se sintió mareada. Era tan grande que ella parecía un simple cachorro pequeño ocupando solo una parte del colchón. Se sentía tan cómoda, que no pudo resistir sacarse sus zapatillas y depositar sus gafas sobre la mesa de luz a un lado. Reposando su despeinada cabeza sobre esa almohada blanca. Se sentía tan bien.
Los pensamientos pesimistas, aquellos que desde que falleció su padre la seguían, como parásitos adheridos a su sombra, llegaron a su mente al estar en soledad.
¿Qué pasaría si no podría socializar con nadie en su colegio?. Siempre fue muy tímida para hablar por primera vez, era por ello que siempre eran los demás quien se aventuraban a conocerla más. Nunca ella.
No había dejado muchos amigos en sus antiguos colegios, por lo que no echaría de menos a nadie. Aunque la idea de estar rodeada de chicas sin ninguna otra cosa en la cabeza más que ropa, le causaba infinito horror. Conocía a las chicas que vivían en ciudades como esa, muy, pero muy diferentes a su aire campesino que irradiaban cada uno de su aspecto desalineado.
Estaba comenzando una nueva vida, en ese lugar. No debía ser pesimista. Además su madre siempre decía que…
La ira, mezclada con el amargo gusto de la tristeza, se le atoró en la garganta como una vez lo hicieron. La primer noche que ella la abandono, aprovecho para llorar toda la noche. A sabiendas que al día siguiente el enrojecimiento de sus ojos no se notaria.
¿Una madre deja a sus hijos?
¿Eso era normal?
No estaba segura. Pero…Quería llorar….
Podría aprovechar en ese momento para llorar. Después de todo, luego de dormir, los rastros de sus hinchados ojos, no serian tan notorios. Enderezándose bien, boca arriba, mirando aquel techo desconocido. Se susurro para sí misma aquella frase que desde niña le dio aliento, como si fuese un conjuro que le daba fuerzas que claramente ella no tenia. Una palabra que hacía que su padre nuevamente este a su lado, acunándola entre sus brazos mientras sentía el dulce tintineo de su garganta al tararear una nana dulce y risueña.
―"Nunca dejes que te dominen"― Ella desde la muerte de su padre entendió esa frase, se refería a las pesadillas. Nunca debía dejar que tomaran el control de su mente, de sus emociones. Porque si lo hacían, ella se perdía. Si esos fantasmas siniestros que sollozaban cerca de su oído, cada vez que recordaba lo que le había pasado a lo largo de su corta vida, aquellos hechos que la hicieron madurar de una manera perturbadora. Si les hacía caso a esos entes desconocidos, que habitaban su mente, ella se perdía…
Ella era fuerte. Ella había salido adelante sin la necesidad de unos brazos que la consuelen. Y ella se prometió, que jamás dependería de unos brazos que la consuelen. Porque ella lo suficientemente capaz de darse fuerza a sí misma.
¿Su madre?. No la necesitaba. Nunca la necesito, para no decaer ante esos entes que en la noche, en sus sueños la visitaban. Su padre, sus abuelos, le dieron la suficiente fuerza como para ganarle a las sombras de su pérdida. Aquellas criaturas que aparecen, en la sombra de una tristeza, de una pérdida. Ella no lloraría ahora…porque ya tuvo muchas noches llorando en soledad…
Ahora podía comenzar una nueva vida. Una vez que sea mayor y sea capaz de poder manejar la empresa de su padre, de su abuelo, de su linaje. Se encargaría completamente de ello…Sin necesidad de tener a nadie a su lado…
Porque ella no era un alma maternal, a los cuales los niños se sentían atraídos, protegidos, como una vez lo dijo su abuela. Ella era un alma solitaria…Que estaba condenada a traspasar su estadía como humano, sola.
Con ese pensamiento se quedo dormida oculta debajo de esas cobijas multicolores.
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Despertó cuando unos golpes ruidosos en la puerta se hicieron oír, tomando sus gafas de la mesita ahogo un bostezo con su mano.
―Adelante―dijo con voz adormecida aun. La figura pequeña de Giggles batallo un poco con el picaporte antes de por fin pasar dando saltitos hasta subirse a su cama y mirarla con una sonrisa de oreja a oreja, idéntica a la del gato de Alicia en el País de las Maravillas.
―¡Hola Flaky!― hablo con un cariño que a ella se le hizo desconcertante. Ya llevaba menos de un día con ella y ya la trataba de esa manera.
―Hola…cariño― La acaricio ella su cabeza, mirándola con total ternura. Giggles podía causar que cualquier corazón se derritiera con tan solo mirarla.
―Vas a bajar a cenas. ¿Verdad?¿Verdad?― ella la miro con una sonrisa ante el asombro repentino que había tenido la más grande.
¿Ya era la hora de la cena? ¿Tanto tiempo había dormido?
―Sí, bajare― se destapó con cuidado, estirando un poco los músculos relajados. Había tomado una promesa a sí misma: Mientras pueda comer, comería. La sola idea de recordar la imagen apagada y al punto de delgadez absoluto, que una vez el espejo le devolvió, le causaba una hambre digna de treinta marineros que habían pasados meses sin un trozo de comida decente. No quería ver su cuerpo débil otra vez, era una cuestión de ser precavida.
―¿Qué sucedió con tu amiguito?― pregunto de pronto al terminar de atar los cordones de su zapatilla, a la pequeña niña. Se le hacía extraño no ver a ese rubio encantador acompañándola.
―Se fue a su casa. El padre de Cuddles trabaja para papi, es gracias a él que Cuddles me viene a visitar…―Cubriendo su boquita rosa entre sus manos pequeñas Giggles le murmuro por lo bajo cerca de su oído en un susurro suave― Cuddles dice que su papá es un guardaespaldas de mi papi. Lo he visto varias veces cuando habla con papá, es un hombre muy simpático…
―Oh, ya veo. Es por eso que Cuddles está aquí en tu casa. ¿No?― la curiosidad inocente estuvo en su voz, por lo que Giggles sonrió emocionada al tener a una buena compañía que no la regañaba como las empleadas al hablar "temas de adultos", como le decían aquellas mujeres que a hurtadillas pegaban las orejas en las puertas para escuchar a su padre en ocasiones.
―Él está aquí siempre, porque su mamá está de viaje. Papi lo deja quedarse en casa durante el día, hasta que su padre termina de trabajar. También deja quedar a Toothy, aunque él la mayoría del tiempo no puede jugar por ayudar a su padre en el jardín…―la niña hablaba con tanta rapidez y fluidez que Flaky le prestaba su completa atención. Para ser una niña de cinco años era una buena compañera de prácticas. Además, de ser una niña muy madura para su edad― Papi es muy bueno con ellos. Aunque a veces cuando anda de mal humor, los quiere fuera de su vista y lejos de mí. Siempre les trae obsequios cuando se va de viaje, pero en ocasiones parece que los odia.
―¿Toothy?― No recordaba haber escuchado ese nombre.
―¡¿No te hable de Toothy?!― exclamo mientras tomaba su mano para caminar hacia el piso de abajo para cenar.―¡Oh, debes conocerlo!.¡Él es el que más odia mis fiestas de té, pero ama mi té imaginario!― sus cachetes sonrojados se inflaron en un gesto de por si tierno.― Es idéntico a Cuddles, aunque él un poco más infantil…
― Por lo visto tienes muchos amigos― rio al contemplarla hacia abajo. Giggles alzo su rostro hacia ella mostrando una sonrisa dulce y orgullosa.
―¡Sí!.Y estoy segura de que tú serás una de las más importantes― El corazón de Flaky por un momento dejo de latir. Nadie jamás le había dicho algo así. Desde que sus abuelos y su padre la abandonaron, jamás había obtenido una muestra de cariño o siquiera una mínima señal de importancia de su madre, la única persona que le quedaba para brindarle ese afecto. Ahora, esa pequeña niña que apenas la había conocido hace unas horas, le decía eso, no podía evitar sentirse feliz. Era lindo sentirse queridos por unos patéticos segundos.
Giggles la miro con esa sonrisa inocente, repleta de verdad. Flaky no pudo evitar entrecerrar sus parpados por debajo de sus gafas para mirarla con una sonrisa igual de sincera.
―Yo también espero eso. Me esforzare por hacerlo― prometió inclinándose a su par para ser recibido por unos pequeños bracitos que la rodearon, dejándola con sus ojos abiertos de par en par, mientras sus labios temblaban.
¿Cuántos años habían pasado desde que alguien la había abrazado?
Si poder contenerse abrazo a esa pequeña niña contra ella, sonriendo feliz. Quizás quedarse en ese lugar, no sería tan mala idea como ella lo pensaba.
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La mirada de Flippy era de un pigmento raro, casi exótico por así decirlo. Pero en esos momentos ella no podía descifrar si era un color verde opacado o un intenso y fuerte color ámbar. El trozo de carne asada que pinchaba su tenedor se cayó nuevamente en su plato, haciendo que ella apartara su mirada de él para mirar su plato con una disculpa a punto de escapar de sus labios.
Sintió la mirada del Señor Flippy correrse de la pequeña Giggles que hablaba sin parar en frente de ella, para posarse en ella con un ceja en alto.
―Lo…lo siento…―se disculpo con sus manos temblorosas tratante inútilmente de limpiar bien los manchones de salsa que yacían alrededor del plato.
Una mano blanca detuvo sus movimientos de golpe. Ella, retiro sus manos para dejar que esa sirvienta limpiara rápidamente el desastre y le acomodara nuevamente el plato en su lugar.
―Lo lamento― se disculpo nuevamente con la joven muchacha que simplemente sonrió amigablemente antes de llevarse sobre una bandeja la servilleta sucia. Flaky poso su mirada en la mesa, sobre su plato, apretando sus labios con fuerza.
―¿Qué pasa, Flaky?. ¿No te gusta la carne?―pregunto Giggles curiosa, alzándose en la silla para verla atreves de aquel enorme pavo asado que cubría la mesa, en conjunto con las ensaladas.
―No… en realidad…Soy muy torpe…―mintió soltando una risita nerviosa. Flippy lo único que hizo fue volver su mirada hacia su plato y masticar con lentitud un pedazo de carne. Trago con tranquilidad, acompañándolo con un sorbo de vino. Hipnotizada ella vio como su nuez de Adán, bajo y subió lentamente en su cuello, antes de volver su mirada desinteresada hacia ella.
―¿Cómo era tu vida antes de venir aquí?― la pregunta se formulo en su mente por cosas del azar, en busca de una conversación hacia la peli roja. Normalmente, él solo comía prestándole atención a su niña, o en su defecto si Handy y Petunia se quedaban a comer, se dedicaba a tirarles el vino encima, si "Los enamorados del cuento de hadas" se ponían muy melosos frente a su hija, pero ahora teniendo una nueva integrante no debía ser descortés. Flaky ahora formaba parte de esa familia de dos que eran ellos, no le tenía que ser indiferente.
―¡Yo también quiero saber!¡¿Tenias muchos animalitos en tu glanja?!― Giggles con su usual sonrisa blanca, pura, exaltada se alzo sobre sus piernas para pararse encima de la silla.
―Se dice "Granja", no "Glanja"― Le corrijo el hombre cariñosamente, para luego mirarla con reproche― Siéntate bien― la regaño levemente Flippy, haciendo que ella inmediatamente y sin perder su sonrisa bajara su traserito hacia el asiento. Él, sonrió por detrás de la copa que cubría su boca: su hija era muy obediente, y eso lo hacía inflar su pecho con orgullo.
―Bueno…Cuando papá murió, mi madre y yo nos mudamos a la ciudad junto con mis abuelos maternos. Ella no tardo en vender la casa junto con el campo a un precio de por si patético, ella odiaba la granja…―comenzó sin poder evitar soltar una sonrisa algo amarga― Cuando la vendió, con ella vendió la mayor parte de animales que quedaban…Pero…― miro con una sonrisa simpática a la infante que la miraba expectante― Recuerdo que tenía mucho animales. Vacas, ovejas, caballos, cerditos, pero sobre todo gallinas. Nunca me gustaron, siempre les tuve miedo, pero a mi padre le encantaban…― Ella escucho una risa masculina y sonora salir de la garganta de Flippy, haciendo que las dos lo miraran sin entender.
―¿Le tienes miedo a las gallinas? ¿Enserio?― Ella asintió sin medir el tinte de burla que yacía en su tono de voz. Estaba segura en lo que le decía, le aterraban las gallinas.
―Mucho más los pollitos. Me aterran― Aseguro haciendo que la diversión del hombre sentando en la punta de la mesa, aumentara. Un brillo de alegría hizo que sus ojos brillaran como si fueran dos gemas oscuras de jade.
―¿Los pollitos?. ¡Oh, por Dios, no puede ser!.― Una nueva carcajada hizo que sus ojos se cerraran con fuerza, mientras lágrimas divertidas decoraban la comisura de ellos.
Giggles alzo su mentón en alto con orgullo.
―¡Giggles no le teme a los pollitos!― aseguro en alto. Haciendo que el rostro de Flaky compitiera con el color de su cabello. Jamás le había contado eso a nadie, además de sus padres y familiares que ya lo conocían.
Poso su mirada sobre ese hombre que se carcajeaba con gozo y diversión, y sin poderlo evitar rio con él. Era estúpido su temor si lo veían desde un punto diferente al suyo.
―¿Por qué…porque les teme?― ahogado por la risa, él pudo articular sonriendo divertido. Por primera vez desde que ella llego, pudo ver esa sonrisa y mirada pasiva, ser dirigida alguien que no fuera Giggles, y no supo si sentirse confundida o feliz, al ser ella a la cual se la dedicaba.
―Sus ojos, me confunden. Te miran tan fijo que parece que conocen lo más profundo de tu ser….¡Me aterran!― chillo levemente con su mirada puesta en ese gran pavo muerto y cocido enfrente de ella― Parece ser que en cualquier momento me clavaran sus espuelas en la espalda…
―Ja, sin duda alguna tú debes ser la única que conozco que le teme a los pollitos…―sonrió divertido, haciendo que Flaky lo mirara boca abierta. Ahora, entendía de donde Giggles heredo esa sonrisa tan encantadora. La sonrisa de Flippy era más que perfecta. Una hilera de dientes blancos y bien acomodados le mostró una sonrisa que normalmente se ven en las portadas de las revistas.
Él mismo parecía un espécimen del mundo del modelaje.
Él le mantuvo la mirada, antes de darse cuenta porque ella mantenía sus ojos abiertos, rudamente sorprendida. Aclarándose su garganta, bajo su mirada riendo nervioso. Quizás, ella malinterpretaría su risa.
―Lo siento. Es que en verdad me resulto en cierta parte gracioso…―se disculpo metiendo a su boca otro pedazo de carne, guardando silencio.
―No se disculpe…Se que parece ridículo…―rio bajito.
El resto de la cena, Flaky se dedico a contestar todas las preguntas que Giggles le nombraba. Pero Flippy guardo silencio en todo momento, haciendo que ella sin poder evitarlo lo mirara en varias ocasiones de reojo.
Algo dentro de sí, aquella parte que siempre veía lo bueno de todo, le decía que no había sido tanta mala suerte venir a esa casa a vivir. Podría vivir tranquila estando con ellos.
En verdad no tengo palabras para describir cuanto los amo!...En parte por esperarme tanto tiempo, y en otra por aceptar esta historia con una gran calidez.
Lamento profundamente, el retraso. Y con ello, deje a la luz un nuevo fic, sobre estos dos tortolitos. Aunque para leerlo deberán buscarlo bajo la clasificación "M", debido que al igual que este poseerá en un futuro cercano, algunas escenas que no serán aptas para todo publico.
Quiero agradecer, infinitamente a las siguientes personitas, que se tomaron la molestia de dejar un comentario, como de leer la historia:
Sukima Moe
zitzi333
Luna Paola Black
eliiotaku
Zpye
Yue
camilaflordeloto
is
Feyris Nyan
Yue Akai
Moonchide
xAbiichan
ivon1287
Jehanne d´ancy.
Lamento no poder contestarle una por una, pero el tiempo no me permite :(...Sin embargo, intentare ir contestando por PM, a medida que me dejan comentario.
En verdad esta autora perezosa, los ama! Y espera profundamente no haberlas o haberlos, decepcionado con el segundo capitulo... :)
Gracias por leer y aceptar esta historia! C:
Nos leemos!
