El Mandala Seleccionador

El castillo Mandalay hubiera suscitado el incrédulo estupor de cualquier arquitecto.

Ramiro se había dado cuenta de su magnífica presencia tardíamente, cómo la aeronave recién aterrizada le impedía su vista; y doble había sido su sorpresa al encontrarse con esa exepción viviente a las leyes de la natura. En el medio de la llanura desierta, el Mandalay surgía como una gigantesca flor de piedra rojiza, con sus cuatro torres de distinta altura, tan diferentes y tan armoniosas a la vez, que dominaban el paisaje. En particular una de ellas, la más alta y central, llamaba la atención, siendo sede de un enorme reloj cuya imponencia parecía ir más allá de las dimensiones y comunicaba una singular sensación de paz –curiosamente- algo amenazadora. Los techos en pizarra le acuerdaban a Ramiro los de París, que sólo había visto en unas viejas fotos que su mamá amaba mostrarle, prometiéndole que algún día iban a partir hacia esa ciudad de sueño.

Pero cuando el conductor de la aeronave llevó a los chicos adentro de aquel lugar, nuevas imagenes borraron las de la capital francesa en la mente de Ramiro. En el piso del patio interno se destacaba una especie de diseño geometrico de colores vivos –verde, amarillo, violeta...-, algo cómo un mosaico vítreo.

-¡El Mandala!-, chilló Estefanía, entusiasta.

-¿Y vendría a ser...?-

El tono neutro de Valeria no podía ocultar por completo su curiosidad.

-El símbolo del colegio-, explicó Jazmín, en su habitual papel de guía. –La leyenda dice que fue realizado por los artesanos Enanos...-

-...Los mejores y más renombrados del mundo entero.-, completó Francisca, casi automáticamente.

-¿Y vos qué sabes?-, se asombró Marianella, admirada.

Ramiro vio las mejillas de la chica enrojecer de manera notable mientras esta contestaba, con un hilo de voz:

-Me documenté.-

-Bueno, ojalá hubiera hecho como vos-, le sonrió Marianella, y Rama entendió que no estaba tratando de burlarse de la otra. –En cambio, ni pregunté a mis viejos que va a pasar ahora...-

-Nos van a reunir aquí en el patio, y vamos a ser seleccionados para una de las casas-, informó un chico alto y moreno, aparecido como de la nada detrás de Jazmín, que se sobresaltó.

-Perdón, no quería asustarte. Es que yo y mi amigo Thiago-y señaló a este-Los escuchamos hablar, y, bueno...-

-Está todo bien... Yo me llamo Jazmín. Ellos son Rama, Mar, Kika y Vale. Y tu nombre es... Octavio, ¿verdad?-

La rapidez con la cual la cara del chico se volvió tensa a las palabras de Jazmín y la expresión preocupada del tal Thiago despertaron la curiosidad de Ramiro.

-En realidad, no... Soy Simón-, fue la respuesta, proferida con voz de funeral.

Jazmín parecía mortificada:

-Perdoname, es que vi ese nombre sobre tu maleta, y pensé que...-

-Tranquila-, sonrió Simón, algo amargado. –Ya fue.-

El amigo del susodicho, Thiago, procedió a cambiar de tema con amabilidad:

-¿En que Casa les gustaría terminar?-

Mientras Ramiro estaba tratando de encontrar una manera cortés para comunicar a ese grupito de aspirantes magos que no tenía ni idea de las diferencias entre una Casa y la otra, Valeria, más directa, le ganó de antemano.

-¿Por qué, tan distintas son?-

Los cuatro Sangre Pura –el, en cambio, era un nacido de muggles, se repitió- éran el rostro de la incredulidad.

-¡Si son distintas!-

-Cada una tiene sus características-, remarcó Mar. –Los Naranja son valientes y medio impuli... Impulsi...-

-Implusivos-, completó Thiago, viéndola en dificultad.

-Algo loquitos-, dio su contribución Estefanía.

-Che, para mí estaría bueno ser Naranja-, se quejó la hermana.

-Justamente por eso!-, bromeó la flaquita, chistosa.

-Ja ja... Y a vos yo te veo Azul, ¿sabes?-

-¿Por mis capacidades ocultas?-

-Bueno, ¡cierto es que las ocultaste bien!-

-Podría jurar que Rama va a ser Verde-, se entrometió Jazmín, decidida. –¡Ya lo veo!-

Ramiro no se veía nada, y podía decir ser aún más mareado que antes; le costaba creer que en ese castillo repleto de gente tan sorprendente hubiese un lugar para el, aunque fuese de los más chicos.

Entretanto, Valeria había vuelto a la carga:

-Cómo quieran, Verde, Naranja, Azul y todo el arco iris, pero ¿quién decide adónde tenes que ir?-

-Quién no-, corrigió Jazmín. -...Qué. Y vas a verlo en unos instantes.-

Cómo por obra de mágia –y no había expresión más apropriada-, Ramiro vio las cabezas de esa miríada de adolescentes darse vuelta todas contemporáneamente, cómo en una antigua danza ya olvidada.

El objeto de semejante atención era una pareja de hombre y mujer recién aparecida a un paso del Mandala. Ella, según la humilde opinión del joven Ramiro, tocaba cumbres de belleza aún desconocidas a los seres humanos comunes: toda de blanco, su pelo rubio relucía en el sol cómo si fuera nacido para eso. El hombre, un poco más grande que ella a la apariencia, le rodeaba las espaldas con un brazo.

-Son los directores del Colegio-, susurró Jazmín. –Cielo Mágico y Nicolás Bauer.-

Y fue Nicolás Bauer quién habló primero, y su voz llegó hasta en los rincones más escondidos del patio.

-Eximios, queridos, futuros estudiantes de Mágia... Bueno, demasiada formalidad, ¿no? Chicos, entonces... Porque son chicos, la mayoría de ustedes no tiene ni doce años. Quiero que sepan que hoy va a empezar un camino que los va a cambiar para siempre, y no solamente porque hoy comienza su verdadera aventura en el mundo de la mágia, con todos sus peligros y sus maravillas.-

-Cada uno de ustedes-, siguió Cielo, que por cierto tenía voz de ángel –En este viaje va a descubrir no solamente el poder de la mágia, sino también, y esto es lo que nosotros deseamos, sus propias potencialidades humanas. Nadie tendrá la misma ruta, pero todos van a llegar a la misma conclusión: Eudamón. No hace falta que se pregunten lo que es ahora: pronto entenderán.-

-Pero ahora dejemos de lado el futuro, y hablemos de su presente acá en Mandalay. Ven a ese mandala? Será el responsable de su bienvenida. Uno a uno, van a posicionarse en el centro del mandala, que los pondrá en un grupo particular.-

-Los grupos-, volvió a intervenir Cielo –Son tres: Naranja, Azul y Verde. Todos los alumnos pertenecen a uno: los integrantes de cada una de las que solemos definir "casas" pueden ser parecidos entre ellos por algunas cosas, pero diferir totalmente por otras. Sin embargo, seguramente habrá algo profundo que los acomune.-

Dicho esto, la mujer angélica se quedó en silencio y miró a la masa de chicos de una manera especial; en sus ojos, a pesar de estar lejos, Ramiro veía brillar la misma luz que habitaba la mirada de su madre cuándo Alelí era una beba todavia y los problemas no parecían tan insormontables.

-Antes de dejar el mandala a lo que es su deber-, añadió de repente Cielo -Quisiera explicarles mejor lo que son las casas a través de una antigua filateria; literariamente no será gran poesia, pero tiene la simplicidad que hace falta en estas ocasiones.

Tres hermanos, trillizos,

Naranja, Azul y Verde,

Tratan de hacer, cómo buenos amigos,

Que cada uno con el otro concuerde

Ya que los tres, sabios, entienden

La importancia de la comunión;

Si a unir sus valores aprenden

Juntos llegarán a Eudamón

El fuego le arde en el pecho

Al fuerte Naranja valiente

Subordina el pensamiento al hecho

Su vida es razonada en presente

Es hijo del agua corriente

El Azul de muchos matizados:

Lidera o sigue diligentemente

Bajo superficie tiene tesoros bien guardados

De la selva de la mente y sus condados

Mucho sabe el Verde, pensador;

Cómo árboles por el viento azotados

Resiste silencioso al gran mundo aterrador

Tres hermanos, trillizos,

Naranja, Azul y Verde,

Tratan de hacer, cómo buenos amigos,

Que cada uno con el otro concuerde

Ya que los tres, sabios, entienden

La importancia de la comunión;

Si a unir sus valores aprenden

Juntos llegarán a Eudamón.-

Cuándo Cielo terminó con la declamación, la explosión del aplauso fue casi inmediata. Ella, a pesar de haber seguramente vivido esa misma escena un millón de veces, regaló a todos una sonrisa de sincera alegría.

-Bueno, chicos, llegó la hora. Cómo aquí en Mandalay creemos que lo que indica nuestro valor sean nuestros propios méritos y no nombres o títulos especiales, el orden de llamada no será alfabetico: al oír su nombre, pisen el mandala y ponganse bien en el medio... Cuándo el habrá decidido, les indicaré lo que tienen que hacer.-

-Ya basta-, dijo Nicolás, extraendo un papel enrollado de quién sabe dónde –ah, ¡esa mágia!-.

-Empecemos por... ¡Pedro Vörg!-

De algún lejano rincón del patio el chico se abrió paso por entre la multitud, poniéndose sobre el mandala con jactancia.

-Para mí va a ser Azul-, sentenció Estefanía.

Mar no estaba de acuerdo: -¿Qué? Es Naranja, seguro.-

Cuándo todavia no había terminado la frase, ocurrió algo difícil de creer para Ramiro: el mandala, hasta ese momento multicolor, se volvió, empezando por el centro, completamente naranja, de un naranja tan brillante que casi dolía.

-¡Yo lo dije!-, exultó Marianella, en voz baja para que nadie más la escuchara en el silencio.

Entretanto Cielo había señalado al tal Pedro dónde tenía que quedarse, y Nicolás seguía con el elenco; el primero de ellos, Simón Arrechavaleta, fue nombrado un par de minutos después, y terminó siendo Verde.

Cuándo le tocó a Ramiro, casi todo el grupo había pasado por el mandala: previsiblemente, las hermanas Rinaldi habían sido divididas-Marianella Naranja, Estefanía Azul-, Francisca se había sumado a la casa de Simón, Jazmín había resultado ser Azul y Valeria, después de cierta indecisión del mandala (le hicieron falta dos minutos para decidir), Naranja.

Ese "Ramiro Ordoñez" dicho por Cielo Mágico casi lo asustó: era su turno! Ahora todos iban a descubrir que el no valía nada y estaba ahí por error. Avanzó lentamente hasta al mandala cómo si fuera un cadalso, y esperó con paciencia que llegara su hora; pero lo que llegó fue sinceramente inesperado.

Ramiro Ordoñez, ya sé que me oís... Mejor dicho, me sentís. Todos me oyen, pero para vos es algo distinto, más profundo. Buena cabecita tenemos acá, ¡sí señor! Sos un chico inteligente, no hace falta que te lo diga yo. Medio inseguro, eso sí... ¿Pero quién no lo es? Bienvenido al Mandalay, Ramiro. De verdad te lo digo, creo que vas a estar muy bien con los Verdes! Allí sí saben valorar inteligencia y sensibilidad... Eso, sensibilidad! No te olvides de esto que te dije, Ramiro: verás lo importante que va a ser!

Antes de darse cuenta, Ramiro se encontró en las filas de los Verdes, rodeado por Simón y Francisca que le sonreían.

-Yo... La voz... En mi mente...-, balbuceó, incrédulo.

-El mandala-, contestó prontamente Simón. –Creo que sea hechizado.-

Francisca asintió, tímida.

-Yo me pegué un susto...-

Yo también, pensó Ramiro. Sensibilidad, había dicho... ¿De eso no tenía que olvidarse, o de otra cosa? ¿Y por qué había aceptado dejar su familia que lo necesitaba y irse a ese lugar tan raro, dónde los mandalas tenían voz y te entraban en la cabeza? Pero, aunque no quisiera admitirlo todavia, había una parte de el que estaba terriblemente feliz por esa oportunidad para zafar de la realidad, viviendo sin espectros y, elegido por primera vez en su vida, sintiéndose alguien de verdad.


Hola, volví! J Perdón por el retraso, pero escribir en Español es un verdadero desafío para mí, y necesito mucho tiempo para hacerlo decentemente... Y escribir "poesias" es un desafío en mi idioma también, así que perdonenme por el desastre que hice.

Sí, señores, el Mandala tiene el papel del Sombrero Seleccionador! No es una grandísima idea, pero es lo que hay. Por ahora encontramos a algunos de nuestros amigos Ángeles, pero no se preocupen, porque van a llegar todos ;)

-Aguss, quería contestarte antes pero no pude, porque no estás registrada en el sitio así que no pude inviar un MP o contestar al comentario. Te agradezco mucho, y espero que sigas leyendo, así me podes corrigir! xD Soy de Italia, así que aunque no lo haya estudiado trato de arreglarmela con el Español, empecé para ver la 3° y 4° temporada de Casi... Pero casi nunca me sale todo bien, y las correcciones son bien aceptas! ;)