-II-

Alfred mantiene su agarre fuertemente, dándole un apretón intentando transmitir consuelo para lo que sea que le esté pasando a Arthur por la cabeza.

No es que le importe mucho, pero Alfred tiene que admitir que no le gusta cuando pone esa cara.

Esa que da a entender que se está perdiendo en el pasado y él lo prefiere aquí en el presente con ellos, a pesar que es un dolor de cabeza y su vida ha dado un giro de 180° desde que despertó.

Ahora se concentra en intentar sacarle una risa para reanimarlo, comportándose como un idiota y haciendo comentarios burlescos de los estampados de cada suéter que ven, hasta que dan con un suéter rojo que esta estampado con una rana bajo un muérdago y el único que se ríe es Alfred ya que esa es otra de las cosas que Arthur no entiende muy bien, el bendito muérdago, que es algo que no quiere explicarle porque se siente extraño; pero Arthur, ajeno siempre a su molestia, pregunta una vez que están fuera del lugar y armados con un suéter de rana y otro de panqueques.

-Es solo una tradición, la gente debe besarse bajo el muérdago -explica rascándose la parte posterior del cuello -Se parece a Francis con su manía de andar besando a todo mundo.

Y es entonces cuando se da cuenta que la atención de Arthur no está en él, ni en su rostro, ni en ninguna de las partes a las que debes ver cuando alguien te está hablando; se encuentra arriba en el marco de la puerta, donde un pequeño muérdago descansa.

-Maldición -masculla Alfred, queriendo tragarse su "deben besarse bajo el muérdago"

No es una obligación hacerlo, pero hay algo en el brillo de los labios de Arthur o en la forma que las luces se reflejan en sus ojos que le hacen pensar cosas extrañas, Alfred sabe que en ese punto su cerebro se ha atrofiado.

Adiós Universidad, piensa dramáticamente sin darse cuenta que su cuerpo se mueve solo, se ha acercado un poco, sus dedos bailan contra la barbilla de Arthur.

Podríamos besarlo, solo un poco más y sería como antes ¿No quieres que sea así?

Le dice una voz extrañamente familiar dentro de su cabeza, Alfred no está seguro de que antes le está hablando, pero por alguna razón no le agrada la idea.

No, no quiero un antes, quiero un ahora.

Y su ahora no esta en un beso en los labios como algo intimo, esta en un fino contacto contra la piel de la mandíbula que les causa escalofríos a ambos.

Alfred se separa con una tímida media sonrisa en los labios, él no sabe nada sobre un antes o no quiere pensarlo, le gusta el ahora que viene acompañado con la promesa de un mañana mejor y con miles de luces de colores que se reflejan en sus miradas.

-Es hora de ir a casa -dice antes de comenzar a caminar en dirección a su camioneta.