Capítulo I
Jay ahogó un bostezo mientras daba una mirada más a la pizarra frente a él. Hank acababa de colocar la fotografía de la víctima más reciente de su caso debajo de su nombre escrito en marcador con una caligrafía ligeramente inclinada.
―Leila Anders, mujer blanca de veintiochos años— comunicó Voight. El resto de los detectives comenzó a acercarse. — Una pareja la encontró detrás de un contenedor de la Avenida Michigan anoche.
― Fue estrangulada con una soga de nylon― dijo Ruzek pegando las imágenes de la escena del crimen. ― Criminalística halló la cuña de metal con la que fue agredida sexualmente dentro del contenedor. También tenía signos de tortura, cortes en muslos y brazos, quemaduras de cerillas, marcas de ataduras en las muñecas y tobillos.
― Estuvo retenida― supuso Olenzky. ― Si secuestró a Leila inmediatamente después de abandonar el cuerpo de Anna Beckett la tuvo un total de dos días. Está reduciendo el tiempo entre crímenes, al inicio había un intervalo de siete días entre muertes, este es el tercero de la semana.
Jay miró los nombres de las víctimas que asociaban al mismo sujeto hasta el momento. El caso había iniciado dos meses atrás cuando fueron llamados a la escena del crimen de una niña de diecisiete años. Sus padres habían reportado su desaparición seis días antes, después de que no llegara a casa para dormir. Los oficiales de policía que habían registrado la denuncia no se tomaron el caso enserio, supusieron que la joven había huido debido a una pelea que mantuvo con sus padres la noche anterior. Siete días después de la última vez que fue vista la encontraron en el parque Humbolt, fue violada y asesinada con una soga de Nylon, los forenses comprobaron que la mantuvieron cautiva, sin alimentarla y torturándola por varios días. A la semana siguiente un niño que jugaba debajo de las vías del tren halló el cuerpo mutilado de María Goyer de cuarenta y tres años.
El asesino comenzó con una víctima por semana; la unidad debería estar trabajando en su octava víctima, sin embargo algo había ocurrido que llevó a alterar la conducta del homicida y ésta era su tercera víctima en menos de cinco días.
Aún no sabían la relación que el asesino encontraba en sus víctimas, si bien todas eran mujeres sus edades variaban entres los quince y cincuenta años, no discriminaba en razas o clase social; el único punto en común que había hallado la unidad era la forma que tenía de asesinarlas.
― Once víctimas en ocho semanas, algo lo llevó a cambiar su tiempo para actuar y necesito saber qué fue― ladró Voight. Los últimos meses se había vuelto mucho más severo que de costumbre y ninguno de sus detectives ignoraba que su furia era provocada por el escritorio vacio a la derecha de Halstead. ― Nadie denuncio la desaparición de esta joven, Atwater y Ruzek busquen a los padres u otro familiar de esta mujer, averigüen por qué nadie alertó a las autoridades sobre su ausencia. Alvin, Antonio, quiero que hablen con la pareja que la encontró. Halstead sigue revisando los archivos de las otras víctimas, debemos hallar el punto común en todas ella, algo hace que el asesino las elija, averiguarnos qué es.
― El sistema tiene registrada a Leila Anders― comunicó Mouse acercándose a Jay. ― Fue arrestada tres veces sólo en el último año por posesión ilegal de estupefacientes y prostitución.
― La sexta víctima, Sonya Richie, también tenía cargos por solicitud― dijo Jay, buscando los archivos de arrestos; habían investigado a sus víctimas en los últimos cinco años de sus vidas, pero ninguna de ellas a excepción de Sonya y ahora Leyla tenía más que una multa de tráfico. ― Pero nada en las otras. Tenemos tres madres, dos estudiantes, dos jóvenes con cargo de prostitución, la niñera que salía de cuidar a los niños Hudson, Hannah Michelle se escapó después de una discusión con sus padres, la asesora de cuarenta y nueve años, y la camarera de Fulton Market.
― Sigan buscando― ordenó Voight. ― Tiene que haber algo.
― Espere, ¿sargento?― Jay se levanto de su asiento y siguió a su jefe hasta la oficina.
― Cierra la puerta.
― ¿Ha oído algo de Lindsay?― inquirió con cautela. Jay sabía que Erin era una cuestión delicada para Hank, pero en los últimos tiempos había estado compartiendo con él todos los avances de su búsqueda, lo cuales no fueron muchos en realidad.
― He estado en contacto con alguno de los residentes de la torre de departamentos en la que ella vivía, pero ninguno de ellos ha registrado ningún movimiento.
― ¿Por qué piensa que volvería a su casa? Tal vez esté viviendo en otro lado.
― Ella no colocó su apartamento en el mercado, dejó por adelantado el pago de los impuestos de todo un año― le explicó. ― Cual fuera el motivo por el que salió de su casa ella tenía la intención de regresar.
― ¿Y Bunny?
― Ella no copera― suspiró Voight con frustración. ― No ha visto a Erin en cinco meses, y creo que eso es cierto, pero sabe más de lo que dice.
― He hablado con mis CI, ellos prometieron advertirme si escuchaban de ella― Jay habló. ― Si continua en Chicago, y si aún sigue consumiendo, entonces tendrá que encontrarse con algún distribuidor en algún momento.
― Si continua en Chicago― repitió Hank. Negó con la cabeza. A Jay le pareció muy vulnerable en ese momento, él sabía que su jefe se sentía responsable de Erin y de sus acciones, como única figura paterna que ella había tenido Hank creía que debía haber hecho más aquella mañana en el bar de Bunny, incluso si más significaba sacarla a la fuerza de aquel lugar entre pataleos y gritos. ― Sabes, esta mañana cuando llamaron para decirme que habían hallado un cuerpo en Michigan -a sólo cinco minutos del departamento de Erin- y me dieron las características de la mujer... yo sólo pensé... yo...
― Lo sé― susurró Jay. ― Cada vez que nos llaman por un caso de sobredosis, o algún accidente o incluso las víctimas de este asesino, siempre tengo la sensación de que la terminare hallando en una de esas camillas dentro de una habitación helada. El asesino no parece tener un tipo específico de víctima, y eso es aterrador, porque cualquiera, incluso ella puede ser la siguiente. Y siempre les deja en estos barrios bajos de Chicago, prostitución y droga en cada esquina, y pienso que ella podría estar en cualquiera de esos lugares.
― Está siendo muy egoísta― gruñó Hank repentinamente.― Si ella realmente está bien sólo tiene que atender su teléfono para hacérnoslo saber, para que no tengamos que levantarnos cada mañana pensando que el próximo cuerpo que hallaremos será el suyo.
―Ella no está pensando, sargento― Jay siempre intentaba defenderla, aún cuando sabía que Hank no la estaba culpando a ella sino a sí mismo.
― Está siendo egoísta― repitió suavemente, mirando con nostalgia al marco de fotos apoyado en el escritorio de su oficina. ―Ella ni siquiera sabe que Justin se ha ido, la Erin que conozco, la Erin que crie nunca haría algo como esto.
Jay sabía lo difícil que era para su jefe mencionar a su hijo recientemente fallecido de un disparo, y peor aún, considerar la idea de que Erin -la única hija que le quedaba- ya no estuviera en ese mundo tampoco.
― La Erin que conoce está consumida por toda esa mierda que toma― se quejó el detective, recordando la última vez que la vio saliendo de un club a medio día con los ojos inyectados en sangre de tanto alcohol y lo que sea que estuviera consumiendo en ese momento. Jay no sabía demasiado sobre eso, pero Hank le había confesado en algún momento en los últimos meses que Erin solía ser adicta a la exicodona y que la había atrapado más de una vez con heroína y cannabis en su adolescencia.
― Yo conocí a esa Erin― Hank lo miró a los ojos, averiguando lo que estaba pensando. ―La conocí en su peor momento; la Erin de quince años que encontré por primera vez en las calles hubiera hecho cualquier cosa por conseguir un poco de droga. Hizo cualquier cosa por conseguirlo.
Jay sabía que hablaba por Charlie y las ventas que hacía para él, y los cargos de solicitación que la muchacha había tenido por primera vez tan sólo a los catorce años. A Jay le rompía e corazón saber que ella había llegado tan bajo, más aún sabiendo que no se trataba sólo de la droga, sino que lo hacía para sobrevivir. Él odiaba a Bunny por haber empujado a Erin, a una Erin inexperta de catorce años a hacer lo que hizo, ninguna niña de su edad debería tener que preocuparse por esas cosas.
―Pero vi algo en ella; cada vez que la miraba, detrás de sus ojos apagados veía esa chispa de anhelo y fortaleza, ella no quería esa vida, no la había elegido; se vendía a sí misma para tener algo con lo que alimentarse cada noche, y consumía drogas para olvidar lo que hacía, soportó a Charlie y sus abusos porque deseaba ser amada por alguien, porque de alguna manera ella encontró en él una extraña seguridad que nadie más le proporcionó. Cuando le entregue esa tarjeta hace quince años supe que ella llamaría en algún momento. Aunque se tomó su tiempo.
― ¿Lo hizo?
― Casi un año después, había sido mi CI por varios meses. Charlie la envió esa tarde con un paquete para hacer un intercambió, pero hubo un problema y un grupo de oficiales de la 18 la arrestaron a ella y uno de los compradores. Alvin, que sabía de mi relación con Erin me llamó cuando se enteró, la saque de allí y ella volvió a su casa― mencionó la palabra casa con ironía. ― Ella nunca había llegado a hacer el intercambio y los oficiales le habían incautado la droga, así que cuando volvió con Charlie él la estaba esperando con los tres sujetos a los que le debía dinero, el dinero de la venta que debía hacer esa tarde.
― Estaba enojado.
―Se puso furioso. Yo la había visto nerviosa cuando la deje aquella noche, pero no pensé que él la dañaría de esa manera. Pugliese nunca me gustó, pero Erin nunca me mencionó hasta ese momento que él era violento con ella, todas las veces que intente arrestarlo o desaparecerlo ella me rogó que no lo hiciera. Creía que lo amaba, y peor aún, creía que él era capaz de amar a alguien.
― ¿Qué? ¿Qué paso?― preguntó Jay, tragando el enorme nudo en su garganta.
― Los sujetos le ofrecieron un trato. Ya que él no tenía el dinero y que Erin había sido la responsable de eso... bueno, podría pagarle de otra manera. Erin a cambio del dinero y todo el problema habría sido olvidado.
― Él... él no lo hizo, ¿verdad?― Jay cerró los ojos, no podía imaginarse a su Erin en una situación como esa. Cuando Hank no respondió él volvió a insistir. ― No lo hizo, no se la entregó ¿Hank?
― Me gustaría decirte que no lo hizo― susurró tristemente. ― Me llamó esa noche cuando esos bastardos se habían ido y Charlie dormía. La encontré sentada en el piso de la calle fuera de la casa temblando, su cuerpo era más purpura que otra cosa, casi no la había reconocido. Me hubiera gustado que no llegara a eso, pero al menos eso la empujó a querer salir. No me dejo matar a Charlie, pero le di una lección que le recordaría por mucho tiempo que las mujeres no eran ninguna mercancía. Le ordené que se alejara de Erin y de Chicago. Lo hizo, hasta hace un tiempo.
― ¿Y los otros?
― Ella no me dijo sus nombres, pero el cobarde de su novio soltó todo para poder salvarse. Ellos no serán un problema nunca más― dijo con el rastro de una sonrisa. ― La lleve al hospital, estuvo seis días con temblores y alucinaciones antes de superar la etapa de abstinencia, en su momento de más desesperación me rogó que la dejara volver a Charlie o que le diera algo para tomar. Así que sé... sé que ella podría hacer cualquier cosa por consumir... y eso es lo que me aterra.
― No hay padres, ni hermanos, no hay marido― dijo Adam. ― Ningún familiar en Chicago o en el país. Mouse nos envió la información de sus antecedentes criminales, así que fuimos a Alvany, donde fue arrestada hace tres meses por prostitución, e intentamos hablar con alguna de las mujeres que trabajan allí. No conseguimos mucho, la mayoría de ellas se sentían incomodas con un policía cerca.
― Pero Amalia Denisse― Atwater colocó la imagen de una muchacha de no más de catorce años en la pizarra. ― Ella conocía a Leila, solían recorrer las mismas zonas juntas. La vio por última vez la noche que desapareció, se subió a un SUV negro, no recuerda matrícula, y describió al sujeto como blanco, alto, parecía decente.
― Mouse, revisa la base de datos, investiga si algún SUV negro fue multado o detenido por cualquier motivo en los últimos meses.
― Harris Parck, el profesor de la cuarta víctima, Miriam Bradnet― dijo Adam.― Él fue el último que la vio antes que ella desapareciera del campus de la universidad, lo entrevistamos hace un mes, él tiene un SUV negro.
― Vayan a hablar con él― ordenó Hank.
― La pareja que encontró a Leila no pudo decirnos mucho― Alvin entró mientras la otra pareja de detectives bajaba por las escaleras. ― Tampoco pudieron explicar que hacía a la madrugada en un callejón de una de las calles más peligrosas de Chicago. Pero esa cuadra es uno de los puntos más reconocidos de intercambios ilegales.
― ¿Y Antonio?
― Hablando con algunas de sus CI que trabajan en las calles, todos los puntos donde los cuerpos fueron abandonados son un antro de la prostitución y la droga, alguien tuvo que haber visto algo.
― ¿Halstead?
― Isabela Sheridan― señaló la fotografía de una mujer caucásica de treinta años, una de las víctimas más recientes del asesino. ― Era camarera en un bar de Fulton Market. Y Megan Dinari, la mujer embarazada de cinco meses... su cuerpo fue hallado en esa misma calle, pero ellas no tienen ninguna relación, lo más probable es que nunca se vieran una a la otra, quizás sea sólo coincidencia, pero es una de las dos únicas conexiones que halle entre las víctimas. Y otra cosa importante... la universidad de Anna Beckett, Harris Parck también daba cátedra en ella.
― Mouse, envía esa información a Ruzek y Atwater.
― Señor― la voz de Kim Burgges interrumpió. ―Los siento, pero una mujer, Martha Lambers, está esperando abajo, dijo que necesita hablar con usted.
Hank se vio repentinamente interesado por el nombre de la mujer. Dio un asentimiento a la oficial, indicándole que estaría allí en un minuto. ― Halstead, Alvin, vayan a la universidad de Anna Beckett, averigüen si Parck tiene algún comportamiento extraño, si pasa más horas de las necesarias con las estudiantes, interroguen a los estudiantes, a los profesores. Traigan algo.
Sin mediar más palabras Hank comenzó a caminar hacia las escaleras. Su expresión había cambiado cuando Burgges mencionó aquel nombre, y Halstead no pudo no advertir en su mirada, él estaba seguro de que tenía que ver con Erin.
Cuando llegó Platt le señaló uno de los banquillos, una mujer mayor estaba sentada encorvada sobre sí misma. Hank le dio a Kim y Trudy un movimiento de cabeza y continuó en dirección a la mujer.
― Señora― la ronca voz de Hank saludó. La mujer levantó la cabeza con una sonrisa.
― Sargento Voight, soy la vecina de Erin, Martha Lambers.
―Lo recuerdo.
―Dijo que si notaba algo extraño en el departamento se lo avisara― Hank asintió con impaciencia. ― No he visto a nadie entrar, pero esta mañana cuando desperté podía oír como si alguien estuviera corriendo los muebles, es un poco molesto porque el piso de la Srta. Erin da a mi techo y...
― ¿Está diciendo que hubo alguien en la casa?― inquirió el hombre. La mujer asintió enérgicamente.
― Había alguien hasta que salí de mi casa. Llame a la puerta luego del almuerzo pero nadie respondió. Quizás alguien entró a robar, o quizás era esta mujer que tenía llaves del departamento.
― ¿Mujer? ¿Qué mujer?
― Una mujer mayor, mediada de los cincuenta― se encogió de hombros. ―Cabellos rubio corto. Apareció unas cinco o seis veces desde que la Srta. Erin se mudó.
Bunny, pensó Hank. Por supuesto que ella tenía acceso a la casa de Erin, no le extrañaba que hubiera convencido a su hija de darle una copia de llaves mientras le ofrecía alguna píldora.
― ¿Alguien más estuvo en el departamento?
― Un sujeto, más joven que la mujer― Hank frunció el ceño. Quizás alguna de las malas compañías de Erin. ― Estuvo fuera del departamento, pero no entró. Apareció al menos una tres veces la última semana.
Hank agradeció a la mujer antes de dirigirse al escritorio de Trudy.
― ¿Algo nuevo?
― Aparentemente Bunny está en el departamento de Erin― dijo. ―Iré a hablar con ella, si sabe algo de Lindsay es un gran momento para que me lo diga.
Jay caminó por encima del césped del campus mientras escuchaba atentamente a la joven que caminaba a su lado. Miró más allá y vio a Alvin metido en una conversación con un estudiante.
― Entonces, ¿ella solía pasar mucho tiempo en la oficina del señor Parck?
― Más que de costumbre. Anna siempre estaba buscando una escusa para visitar su oficina. Incluso cuando no teníamos ninguna asignación de su materia ella estaba entrando y saliendo de esa habitación.
― ¿Qué está tratando de decir?
― Yo, nada― se encogió de hombros la muchacha. ―Pero la gente hablaba. No era fácil ignorar todo el tiempo que el señor Parck y Anna pasaban juntos. Sé que él fue llamado por el consejo de la universidad, mi compañera de cuarto estuvo castigada hace dos semana y tuvo que ser la ayudante de la secretaria de la directora. Estuvo allí cuando el señor Parck fue reprendido por la directora Rollins; le dijeron que su comportamiento era inapropiado, no ha vuelto a dar clases aquí desde entonces.
Jay frunció el ceño. Si Harris Parck fue despedido de College Souls a causa de Anna parece una motivación para asesinarla, e incluso tiene una conexión con otra de las víctimas; pero las otras mujeres, Jay no encontraba relación o causa. Si hubiera sido despedido a causa de la primer víctima quizás comprendería un poco más, quizás su enojo lo había impulsado a asesinar a otras mujeres aleatoriamente; pero su despido se dio hace dos semanas y los homicidios habían comenzado dos meses atrás.
― ¿Y qué hay de Anna? ¿Hay algo de ella que pueda recordar? ¿Se comportó de manera inusual las últimas semanas? ¿Puede pensar en alguien que quisiera hacerle daño?
― Puedo pensar en muchas personas que la quisiera muerta― manifestó con indiferencia, como si no estuviera hablando de su compañera asesinada brutalmente. ―Le gustaba ir detrás de hombres comprometidos, tuvo muchas peleas con algunas estudiantes del campus por meterse con sus novios.
― ¿Es probable que alguno de esos novios quisieran lastimarla? ¿Quizás si amenazó a alguno con revelar su relación? ¿O alguna mujer?
― No lo creo, que los amenazara. Anna no era el tipo de guardarse las cosas, si lo quería decir lo hacía, sin juegos de por medio. Hace cinco meses se puso a gritar en media cafetería que se acostó con Eric Hotchner, su novia lo descubrió y se fue con su hijo.
― ¿Eric Hotchner?― Jay se detuvo. ― El esposo de Diana Hotchner.
― Ex esposo. Sé que estaban en pleno proceso de divorcio. Eric dejo la universidad después de la muerte de Diana, él estaba destrozado.
Jay recordó haber entrevistado a Eric Hotchner casi dos semanas atrás. A él le había parecido todo menos destruido. Recordó que estaba enojado porque su esposa se había llevado a su hijo, y él estaba seguro de no hubiera muerto de haberse quedado con él, sin embargo él tenía una coartada solida para el momento del homicidio.
Jay observó a Alvin acercándose y agradeció a la muchacha por la información. ― Dawson llamó, encontraron otro cuerpo.
N/A: Así que... es la primera vez que escribo para este fandom. Si bien no soy nueva en fanfic siempre me pone nerviosa escribir para un nuevo fandom porque sé que quienes leen son un público completamente diferente, y mis historias anteriores están lejos de ser remotamente parecidas a algo como CPD.
Ni siquiera sé si alguien leerá esto, sé que las historias en español de CPD son realmente muy pocas, así que todo en incierto; pero tenía esta idea loca en mi cabeza y necesitaba sacarla de mi.
También advertir que quizás allá algún error sobre la serie, actualmente estoy volviendo a ver la primera y segunda temporada para aclarar algunas dudas que tengo. Otra cosa... recuerdo que el expediente de Erin decía solicitación, y por lo menos aquí se entiende que eso es prostitución, pero en la serie nunca fue mencionado abiertamente, sin embargo en mi fanfic así será. Al igual que la razón que invente para que Erin dejara a Charlie, eso no ocurrió -lo sé- pero me parecía algo bastante factible a ocurrir a alguien con el pasado de Lindsay.
Aún no tengo idea de a donde quiero ir con esto, como les dije es sólo una idea loca que estaba en mi cabeza.
