Los personajes que aquí aparecen, y le sean conocidos mundialmente, no me pertenecen; ellos son propiedad de J.K.R. Los personajes los he utilizado sin fines de lucro.
-Disculpa por lo de esta mañana –dijo Hermione.
La voz de ella, y especialmente sus palabras exactas, lo toman por sorpresa. Llega de su trabajo, cansado y obstinado con el sistema del ministerio, y es que en muchos momentos los Aurores podían sentirse peor que un prisionero con tanto papeleo. Pero volviendo al presente… su esposa se encuentra junto a la puerta de su habitación y lo mira expectante, espera alguna reacción o respuesta, lo sabe, pero, siendo honesto, no conoce exactamente que decir ahora mismo. Hermione, seguramente percibió su duda, porque se acercó a la cama a paso lento, sentándose a mitad de esta en una orilla. El color café no pierde de vista al azul cielo.
Tras una discusión por el simple hecho de que Ron dejo la toalla húmeda en la cama (cosa que sucedía por primera vez) y Hermione lo peleó terriblemente, no obstante, el pelirrojo, sabiendo de ante mano el sensible estado de ánimo de su esposa decidió, por primera vez, permanecer callado ante los insultos. Y ahí están nuevamente en la habitación donde aproximadamente hace 13 horas discutieron, bueno, la castaña discutió con su esposo. Hermione se nota arrepentida, desde el punto de vista de Ron, y así lo es. Su esposa está afligida con todo lo que pasó; mueve sus manos nerviosa, cada tanto mira la habitación, algo pasa, y hasta Ron se dio cuenta de eso. El pelirrojo ya está acostado, abrigado por el edredón de rayas finas, azules y negras, y cautelosamente, sin miedo, se acerca a su esposa; quitó con infinito cariño una pequeña pelusa de su rostro y, astutamente, aprovechó para acariciar las mejillas rojizas de su esposa, quien por inercia cierra sus ojos, al tiempo que se hunde en un suspiro.
—Está bien –afirma Ron cariñosamente, usando un susurro.
—Disculpa, no debí hacerlo –repite Hermione—. No existía motivo para pelearte. Perdóname, Ron –pide—.
Junto a esas palabras se unen unas pequeñas lágrimas saladas. El pelirrojo afligido remueve con rapidez las finas gotitas y los caminos recorridos por éstas, además él está confundido, pues no hay motivo para llorar, y aparentemente, para ella existe. Terminado su trabajo, se recuesta en la cama, y la atrae junto él, quiere darle confort. Si Ron tuviera la intuición como cualidad humana, claramente viera que ella se siente temerosa.
-Tranquila, Hermione –toma él la palabra—; tranquila –repite—. Todo está bien. No hay problema—.
-No, Ron. Si lo hay –contradice; aclara su voz, y se corrige—: bueno, no es un problema. Es una nueva situación. Algo que ocurrió, mejor dicho—.
Toma aire. Ron se extraña.
—Me peleé con Ginny esta mañana –continua Hermione—. Fue horrible. Nunca había peleado con ella, y hoy, precisamente hoy, lo hago—.
—Ay, Hermione –dice Ron, tras expulsar un poco de aire, contenido por la expectación a algo peor. La abraza fuertemente—. No te preocupes, ya se arreglarán. Simplemente tuviste un mal día; no descansaste lo suficiente. Ella entenderá—.
—No. Ella entendió, Ron –aclara para desconcierto de él—.
—¿Qué?
—Me llevó al hospital –informa despacio, sin lágrimas o lloriqueos-. Ginny, me llevó al hospital.
—¿Qué? –repite aun sin entender-. ¿Por qué lo hizo? Una simple pelea no...
—No fue la pelea lo que la impulsó a llevarme al hospital –corta abruptamente-. Tras pelear, ella se iba ir, pero antes de poder levantarse, yo caí al suelo desmayada –revela mirando al suelo.
—¿Qué? ¿Por qué no me llamaron? –pregunta directamente-. ¿Estas enferma o algo? ¿Estás bien? ¿Ahora estás bien? –repite preocupado. Detesta cosas cómo esta y no ser informado.
Hermione asiente con mayor ánimo, y levanta la cabeza para verlo directamente. Suspira y dice:
—Estamos bien –en una afirmación—.
—No preguntaba por la pelea con mi hermana, Hermione; estoy preguntando si tú estás bien, nada más –insiste—.
Siente que la castaña no lo entiende. Quizás, no está bien.
—Y eso dije –conviene Hermione.
—Pero dijiste 'estamos bien', eso es plural, Hermione –rebate Ron con seguridad. No entiende las palabras de su esposa ni por qué ahora sonríe abiertamente— ¿Me explicas? –le pide-. Yo no te estoy entendiendo –confiesa sin miedo-. ¿Qué tratas de decir?
—Que estamos bien –repite pacientemente—. Lo estamos.
—¿Estamos bien? ¿Los dos?
—Los tres –corrige segura. El rostro de ron demuestra que con cada sílaba parece entender menos—.
—¿Los tres? –pregunta confundido—. ¿Cuáles tres? Ginny no cuenta, mione—.
—Y yo no hablaba de ella –asegura la castaña de cafés ojos—. La razón por la que hablo en plural y digo 'tres' tiene mucha relación con mi salud –intenta explicar, desconcertando aun más al pelirrojo de su marido—.
—¿Tu salud? –repite Ron—. Hermione, no me preocupes más, y dime qué pasa—.
—No debes preocuparte –asegura mientras le acaricia su mejilla—. Hablo de tres porque… estoy embarazada. Estoy embarazada, Ron. Vamos a tener un hijo—.
La cara de Ron es un verdadero poema. Cuando Hermione dice aquellas palabras, el pelirrojo se tensa. Muchas emociones en un solo segundo, se puede suponer.
-¿Ron? –sacude Hermione a su esposo atrayéndolo al mundo-. ¿Ron? ¿Ron, estas ahí?
-Un hijo... –murmura con infinito asombro, para después despertar—: ¡Hermione, vamos a tener un hijo! –Su felicidad se extiende por su pecoso rostro—.
-Si, lo se –firma alegre, llena de felicidad—…
-¡Merlín, un hijo! –eleva su voz-. Un hijo nuestro, Hermione. Nuestro… -dice con voz soñadora—; ¿no es maravilloso? –inquiere de la emoción—.
Hermione asintió. Está feliz, pues su esposo lo está. Y para ella es suficiente. La castaña brilló de alegría cuando lo supo, pero cierto miedo humano la invadió esa misma tarde, en el hospital junto a Ginny, ¿y si Ron no quería hijos aún?. Es humana, y cosas así, idioteces finalmente, pasan por los cerebros de los seres vivos de mayor "razonamiento", aunque en algunos casos la "razón" solo estorba al corazón.
-Claro que lo es –dice Hermione—. ¿Estas molesto? –pregunta temerosa—.
-Nunca podría estarlo –asegura rápidamente-. Me haces el hombre más feliz, Hermione. Todas mis alegrías han venido llegando gracias a ti; eres muy especial en mi vida, preciosa. Te amo demasiado y ese bebe –acaricia el vientre de la castaña-, nos trae solo alegrías, amor. Ese hijo es muestra viva de lo mucho que te amo, de lo que nos amamos, es fruto de nuestro amor –termina—.
La emoción del momento le permite confesar sentimientos y palabras profundas, además, que ser Hermione la dueña de esas palabras reales y verdaderas, le facilita las cosas al pelirrojo. La ama, no hay duda. Ellos se aman.
-Oh, Ron –se emociona radiante de felicidad-. Te amo—.
-Yo también te amo –se abrazan—. Los amo a ambos.
Esa misma noche hicieron el amor, aun más enamorados que antes, y eso se creía imposible. Ambos son felices, y son felices gracias a que están juntos los dos, bueno, los tres. Su embarazo no fue planificado, lo sabían, fue inesperado y sorpresivo; sin embargo, pertenece a la lista de sorpresas que solo traen felicidad en un matrimonio, en un hogar, como el de Hermione y Ronald Weasley.
liRose Multicolor.
Escrito el 22 de julio del presente año.
Editado el 25 de Octubre de 2009.
Publicado el 10 de Diciembre de 2009.
Gracias a Nat Potter W; Claricia (dedicado a ti); Honneygranger; danielaweasley: Yanet; Pulytas; V-Weasley; Summerbreeze2; -yunn mellO-. Nos leemos, personas especiales.
V
¿Reviews?
Ustedes lo deciden. Gracias por leer.
¡Besos!. Diana.
P.D.: El próximo llegará pronto. Pasen por mi blog (Está en mi perfil).
