Hola de nuevo.

Bien aquí está el segundo capítulo, este tiene muy pocos cambios a comparación con el anterior, pues donde más tengo planeado agregarle material es en los siguientes. De igual manera hice un par de cambios que creí convenientes.

Miles de gracias a todos los que me siguen leyendo y también a los nuevos lectores que se han agregado para el fic, yo estoy muy emocionada de que aun les guste. Muchas gracias por todos sus comentarios, espero en verdad que este capítulo sea de su agrado. Siento haber borrado la versión anterior, pero fanfiction no me dejaba mantenerla, pero realmente les aseguro que por tarde habrá un capitulo por semana, así que…Sin más…disfruten de este.

Kee

Eventos sociales. Y ese era uno más de ellos. No lo malinterpreten, por muy aburridos que fueran desde niño aprendido a sacarles provecho, pero esta vez lo único que quería el joven Syao es que este terminara. O que al menos surgiera algo que le permitiera seguir escuchando el relato que había dejado a medias. Suspiró rendido al ver a la gente alrededor, parece que no tenía otro remedio más que esperar al siguiente día. ¡Dioses! ¿Por qué tenía que ser tan curioso? No creía había heredado eso de ninguno de sus padres, pero aun así lo era.

Giró la vista a la concurrencia, su madre conversaba con Tomoyo muy animadamente. Su pequeña hermana salió corriendo y dejándole un beso en la mejilla a Sakura salió corriendo en dirección hacia donde estaba su padre. El altivo rey atrapó a su hija en brazos y en medio de una imperceptible sonrisa, que muy pocos de los presentes pudieron captar, dejó que su hija lo besara en la mejilla y la bajó de nuevo al suelo.

Considerando que su hermana iba hacia la cama, pensó que él mismo debería de hacerlo lo mismo. Así terminaría más rápido la tortura de esperar, por lo que comenzó a caminar fuera del salón principal, hacía su alcoba, distraído en sus propios pensamientos.

-Syao…Syao…Syaoran Li –se giró para ver que la voz que le hablaba era la de su madre. Ella lo miraba con una ceja encarnada y los brazos cruzados sobre el pecho, una postura muy poco común en Sakura, pues ella en rara ocasión se molestaba con algo. En medio de ambos estaba la pequeña Nadeshiko, mirándolos curiosa a ambos –Syaoran Li, te estoy hablando, hijo.

-Lo siento madre, estaba distraído –dijo Syao con una sonrisa poco creíble.

-Hija, ¿Quieres adelantarte un segundo? –pidió Sakura cariñosamente a su hija, la pequeña asintió y salió corriendo hasta entrar a la siguiente alcoba. –Syao, ¿Te molestaría decir que te sucede? Estas extraño desde hace días.

-Es que estaba pensando algunas cosas –contestó Syao suspirando resignado, su madre no podía dejar de conocerlo mejor –pero no te preocupes madre, no es nada de qué preocuparse.

-¿Estás seguro? –preguntó Sakura volviendo a arquear una ceja. Syao asintió esta vez con una sonrisa un poco más creíble. Sakura le sonrió, se inclinó sobre la punta de sus pies para poder darle un beso en la mejilla a su hijo. Para ese momento Syao ya había alcanzado la misma altura que su padre, lo cual significaba que habían rebasado a Sakura –está bien, sigue con tus cosas entonces.

-En realidad iba a la cama –dijo él mientras la seguía hacia la alcoba de su hermana.

Se quedó con ella mientras acostaba en la cama a Nadeshiko. Ese ritual madre hija que antes solía él vivir en el lugar de su hermana. Sus preguntas se hicieron aun más claras en su cabeza, aun seguía sin entender como Tomoyo le decía que no tenía porque preocuparse. No es que creyera que su padre sería capaz de hacerle daño a alguien solo para su propia diversión, pero la realidad era que Syao no entendía como su madre una mujer tan dulce podía estar con alguien como su padre. Y lo último que él quería averiguar es que él mismo fuera el producto de una relación a la cual su madre no hubiera querido entrar en ningún momento. Aun si había llevado una buena infancia al lado de aquellos dos reyes, a quienes conocía como sus padres.

-Sakura, te necesitan de regreso –dijo asiendo una aparición Tomoyo perfectamente al final del cuento de Nadeshiko, aunque la niña aun no se dormía. Sakura dudó por un segundo viendo a sus dos hijos, Tomoyo sonrió como de costumbre para hablar de nuevo – yo me quedo con ellos, ¿Si? -Sakura asintió y de mala gana salió de la habitación. Tomoyo se sentó al lado en la cama de la niña hasta que se quedo dormida. En silencio se levantó y caminó hasta él hijo mayor de los Li, y en un susurro le dijo –, vamos a fuera, se que quieres que continué. Y sabes mi querido Syao, esto me pareció que fuera asunto serio, realmente me parece muy malo lo que estas pensando.

Syao asintió y la siguió ansioso, aunque las palabras de Tomoyo realmente hicieron su efecto dentro de él. Pues pudo asegurar de que un poco de culpa se asentó en su interior. Aunque en aquel momento aquel sentimiento se desplazó por su propia curiosidad. Comenzaron a caminar por el pasillo hasta que encontraron una pequeña banca, donde ambos se sentaron.

-Bien, ¿Entonces en donde me quede? –preguntó Tomoyo.

-Ambos hicieron un trato esa noche –contestó Syaoran recordando en ultimo relato.

-O si, veamos –dijo Tomoyo llevándose un dedo a su barbilla mientras pensaba -, bien el siguiente día fue bastante divertido, bueno al menos para mí…


La joven Sakura caminó enfadada consigo misma en dirección al jardín de su palacio después del desayuno. Como había aceptado un trato así con alguien tan despreciable, ahora tenía que hacerle compañía todo el día, él la estaba esperando en el jardín. ¡Y pensar que hasta lo había considerado atractivo! En el futuro tenía que recordarse a sí misma no dejarse llevar por las primeras impresiones, porque en ese momento estaba segura que todas las buenas cualidades que había creído que él poseía se habían ido por el caño.

Lo vio a lo lejos de pie, con las manos tomadas en la espalda, justo al lado del árbol de cerezos de su madre. Se miraba sereno, tranquilo y la ropa que traía puesta le daba un aire de altivez única que lo hacía verse tan…tan…guapo. ¡Guapo! Aquello era una señal de emergencia que indicaba que la lógica ya la estaba abandonando. Pues por muy atractivo que aquel joven se le hiciera, no soportaría estar con él y su carácter más de un momento a solas. Y de eso, Sakura Kinomoto en aquel instante, dijo estar completamente segura.

Respiró profundo un par de veces, se calmó a sí misma y olvidó todos los pensamientos ya fueran buenos o malos, solo se concentro en ese día, y en lo que iba a hacer. Rezó internamente para que aquel trato que había hecho realmente funcionara, antes de poder continuar lo que había ido a hacer a su jardín.

-¿Y bien como empezamos? –preguntó Sakura educadamente cuando estuvo al lado de Syaoran, aunque aun se podía notar un tanto de fastidio en su voz. Que no pasó del todo desapercibido por el castaño a su lado.

Él bajó la mirada para verla a ella, incluso se podía decir que esa mirada cargaba algo de desprecio, o simplemente eran imaginaciones suyas. Aquello Sakura nunca lo supo. Aunque considerando que él era tan cerrado, seguro no podía ser capaz de producir sentimientos, por muy malos que fueran.

-Pasar el día, juntos –fue la respuesta de Syaoran, tan fría como él y toda su apariencia –para formar una pareja –poniéndole toda mala vibra posible a la última palabra.

Sakura no le dijo nada, solo comenzó a maldecirse en su mente por su suerte. Instintivamente comenzó a caminar al ver que él no le decía o hacía algo, iba bastante cerrada en su mente solo quería que esto terminara. Syaoran frunció el ceño y comenzó a seguirla a paso ligero, aquella acción para él era algo completamente inaudito. Nadie se podía si quiera a atrever a dejarlo a él con la palabra en la boca, o en plena plática. No si querían conservar completos todos los miembros de su cuerpo. Y aunque por unos instantes la costumbre quiso apoderarse de él, en cuanto vio a la castaña unos cuantos pasos lejos de él, Syaoran se dio cuenta de que no podía hacerle nada. No al menos si quería seguir con todo aquel plan y librarse de la prometida que le estaban imponiendo. Y para aquella situación, a Syaoran no le faltó más excusa para cambiar su habitual carácter que aquella, sin atribuirle nada a la castaña que estaba con él.

-¿Qué diablos estás haciendo? –preguntó Syaoran alcanzando a Sakura de dos grandes zancadas y tomándola del brazo para detenerla. Claro que no iba a pegarle o a dañarla, pero de alguna manera, Syaoran no podía evitar gritarle un poco.

-Caminaba –contestó Sakura comenzando a enojarse, en esos tonos de voz y rabia que no eran comunes en ella. De un tirón se zafó del agarre que Syaoran le tenía en su brazo, masajeando la parte en la cual el castaño la había sujetado.

-¿Qué no me oyes niña tonta? Te dije que había que estar juntos, ¿Cómo me te atreves a dejarme solo? –cuestionó Syaoran siseando para asegurarse de que nadie más los escucharía.

-En primera señor Li, tengo nombre y me gustaría que lo usara. Porque a diferencia de usted yo si tengo ciertos modales –dijo Sakura. Era la primera vez que alguien se atrevía a contradecirlo a gritarle cosas en la cara. Tanto que por alguna razón no se atrevió a callarla, solo la observó mientras continuaba gritándole y apuntándole con un dedo hacia su pecho, mientras inconscientemente se acercaba más a él. Internamente se dijo a sí mismo, que la audacia de Sakura al responderle le había gustado, aunque descartó el pensamiento lo más rápido que pudo -, en segunda, claro que lo escuche pero viendo que yo no soy su sirvienta y que también soy la dama aquí, ¿No significaría que usted debería seguirme a mí? Y tercera, ¿Qué no le habían dicho que es usted el ser más despreciable? Y por desgracia lo he tenido que conocer.

Sakura terminó de gritar todo, tenía un puño cerrado apretando con fuerza la camisa de Syaoran, exacta la mano con la que lo había estado señalando. Estaba roja hasta las orejas de toda la rabia liberada, y eso que ella era una persona tranquila, nunca se había visto a si misma tan enojada con alguien.

Syaoran no dijo nada, solo la vio frívolamente desde su propia perspectiva, lo había asombrado el acto de valor que había tenido ella al gritarle tanto. Y aunque no quisiera, era la primera vez que se había quedado sin habla.

-¡Tío Syaoran! ¡Tío Syaoran! –Syaoran entrecerró los ojos al escuchar aquella voz. Lo único que le faltaba para terminar de hacer su día más fastidioso era su sobrina. Y justo había reconocido su voz que lo estaba llamando de inmediato. Tenía ese frio presentimiento, de que debía mantener separadas a Kee y a Sakura, no porque la ultima fuera hacerle daño a su sobrina, mas por las ideas que estas dos puedan llegar a tener sobre él mientras estaban juntas.

Los dos dieron un brinco hacia atrás al escuchar la voz de la pequeña niña, por alguna razón se dieron cuenta de lo incomodo que se veían en esa posición.

-¿Qué quieres? –fue el rugido que salió de la boca de Syaoran hacia su pequeña sobrina. La niña dio un respingo al oír la fue voz de él hablándole así. Sakura lo observó reprobadoramente, pero él no quiso ni disculparse ni cambiar de alguna forma lo que había dicho.

-Eriol dijo que estabas en el jardín y pensé que podía acompañarlos –contestó Keeroshi bajando la mirada realmente abochornada. Su voz luego salió en un susurro, que por suerte fue percibido por Syaoran y Sakura –, a menos de que este interrumpiendo algo.

-No creo que… -quiso decir Syaoran para ordenarle a Kee de la mejor manera que buscara algo que hacer, que no lo involucrara a él.

-¿Te llamas Keeroshi, verdad? –interrumpió Sakura a cualquier regaño que tenía preparado Syaoran hacia la niña, por lo que solo lo vio con malicia y se acercó a hablar con Keeroshi.

Syaoran le devolvió la misma sonrisa maliciosa, si se trataba de fastidiarlo, ella iba a ser la primera. A eso se refería él cuando pensaba que debía mantener a aquel par bien lejos la una de la otra.

-Sí, puedes decirme Kee –contestó Kee levantando el rostro y viendo a Sakura con una sonrisa.

-Bien Kee, él joven aquí a mi lado está aprendiendo buenos modales –dijo Sakura mirando de nuevo a Syaoran, este resopló un bufido extraño y la niña dejó salir una pequeña risita –pero nos encantaría que caminaras con nosotros. ¿No es así Li? –preguntó Sakura poniéndose de nuevo al lado de Syaoran y dándole un leve golpe con sus caderas mientras sonreía.

-Más vale que no molestes Kee –aprobó Syaoran de mala gana, siempre se encontraba haciendo cosas por su sobrina, pero una mezcla entre Sakura y Kee era algo que inevitablemente le decía que tenía que ceder.

-Por supuesto que no Tío, Gracias –dijo Kee sonriendo y adelantándose unos pasos –iré adelante para no molestarte.

Syaoran vio caminar a su sobrina adelante, luego se giró un poco para ver a Sakura que estaba a su lado, sonriente, solo viendo como Kee caminaba y de vez en cuando se detenía a ver alguna flor.

-¿Sucede algo Li? –preguntó Sakura cuando sintió su vista en ella.

-Nada –contestó Syaoran seriamente, ella continuó sonriendo -¿Nos vamos? –dijo haciendo ofreciéndole su brazo.

Sakura sonrió y enrolló su pequeña mano alrededor del musculoso brazo de Syaoran Li, y sin dejar de sonreír le dijo cuando empezaron a caminar –, lo ve, no tiene nada de malo ser educado. Estás aprendiendo.


-Ya veo, esa es la razón por la que mi prima Kee se lleva tan bien con mi madre –dijo Syao interrumpiendo el relato que Tomoyo llevaba a cabo.

-Probablemente es porque les encanta hacer enojar a tu padre –opinó Tomoyo con una de sus sonrisas –Creo que es mejor seguir mañana, se que queda mucho que contar pero… hay un evento social allá afuera y tengo que ir.

-Está bien, puedo esperar –dijo Syao poniéndose de pie junto a Tomoyo.

-¿No regresaras? –preguntó Tomoyo al ver que él joven no llevaba el mismo camino que ella.

Syao negó levemente con la cabeza –creo que mejor me iré a la cama. Buenas noches y gracias.

-Buenas noches…

Syao comenzó a caminar hacia su habitación. Afuera comenzaba a llover y unos cuantos truenos resonaban en todo el castillo. Una mano jaloneo a Syao del pantalón antes de que pudiera entrar a su habitación, al mirar hacia abajo vio a su hermana menor abrazando un oso de peluche y dar un brinquito al oír un trueno más.

-¿Quieres que me quede contigo? –preguntó Syao sonriendo. Nadeshiko asintió levemente y Syao sonrió y la levantó en brazos, entrando con ella a su habitación.


-Ya esta grande Sakura, no tienes porque venir a verlo –dijo Syaoran mientras estaba siendo arrastrado por su esposa en un pasillo del palacio –además si quieres venir, ¿No pudiste haberlo hecho sola? Tengo sueño.

-¿Te molesta tanto acompañarme? –preguntó Sakura deteniéndose y haciéndole frente.

-No pero…

-Lo vez, ya entonces no repliques tanto y sigue caminando –dijo Sakura volviéndolo a tomar del brazo y siguiendo su camino.

Syaoran sonrió de lado y continuó caminando, ¿Cuándo ganaría una con ella?

-Sucede Sakura que te encanta llevarme la contraria –continuó diciendo Syaoran.

Sakura solo sonrió de lado pero no le dijo nada, soltó la mano de Syaoran y entreabrió la puerta de la habitación de su hijo, metiendo la cabeza por la pequeña hendidura –no está–le dijo Sakura.

Syaoran sonrió de lado, estaba apoyado en el marco de la puerta anterior, con dos dedos juntos le indicó a Sakura que se acercara. Ella obedeció y se acercó hasta estar a su lado. Adentro en la habitación estaba Syao y apoyada en su pecho dormía Nadeshiko y su pequeño oso de peluche.

-Ves te preocupas demasiado –susurró Syaoran cuando ella miraba a sus hijos con ternura –de seguro Syaoran tenía sueño y subió a dormir con Nadeshiko. Esa fiesta estaba aburrida.

-Syaoran Li eres un amargado –murmuró Sakura rodando los ojos. Se acercó más a él y apoyando sus manos en su pecho se paró de puntillas y le dio un rápido beso en los labios –Vamos a dormir lobito –dijo ella volviendo a tomar su brazo para jalarlo hasta su propia alcoba.

¿Y bien? Espero sus comentarios.

Besos, hasta la próxima.