II
Entrevista con el Enemigoi.
Espero que me arreglen antes de ir al estudio donde pediré en televisión nacional el alto al fuego. No sé si debería estar nervioso o preocupado, pero la verdad es que no siento nada. Las imágenes de la destrucción del distrito no han salido de mi cabeza. Cada bomba, cada incendio, todo se repite una y otra vez. Pero no puedo sentir nada. No hay tristeza, ni rabia. Siento que lo he perdido todo.
Así no era como las cosas debían ser. Aunque supongo que a estas alturas eso no es una novedad. Nada de lo que ha sucedido parece correcto, sino más bien una seguidilla de eventos destinados a generar una masacre de proporciones. Una masacre que se llevó a todos mis seres queridos. A todos excepto a uno.
Una parte de mí, una parte egoísta, solía pensar que quizás no había sido tan malo haber sido escogido en la cosecha e ir a los juegos con ella. Primero pensé que era una señal para protegerla, para devolverla a su familia que la necesitaba para sobrevivir. Durante los juegos incluso llegué a pensar que había servido para estar juntos, aunque fuera un par de días. Después de tanto tiempo de amarla desde lejos, iba a disfrutar cada momento con ella, cada beso, cada abrazo. Claro, en ese momento yo no sabía que todo era un engaño. Pero después vino nuestra amistad que, aunque rodeada de la actuación del romance frente a las cámaras, era sincera. Y me intenté decir que era suficiente, que era mejor que no tener nada de ella como antes.
Y ahora ella es lo único que me queda. Pero no sé dónde está, cómo está. ¿Qué sabrá ella de mí? ¿Se preguntará, como lo hago yo, sobre mi paradero? ¿Me verá en la televisión ahora que pediré el alto al fuego? ¿Qué pensará de esto? No importa, debo protegerla. Eso es lo único que importa.
Los agentes de la paz me llevan hacia el escenario y me obligan a sentarme. Luego se quedan detrás de las cámaras. No pasa mucho rato hasta que Caesar Flickerman aparezca también en el escenario. Me saluda con naturalidad, el traje brillante y combinado con el estridente color de su pelo y lápiz labial. Las cámaras empiezan a grabar de inmediato y Caesar saluda a la cámara antes de dirigirse a mí. Sé que debo actuar como si todo estuviera bien. Al menos en esto me ayudará el maquillaje del Capitolio.
—Así que… Peeta… bienvenido nuevamente—dice Caesar con su sonrisa de siempre.
—Le apuesto a que pensó que había hecho su última entrevista conmigo—le digo sonriendo ligeramente.
—Confieso que lo pensé—dice Caesar. —La noche antes del Vasallaje… bueno, ¿quién hubiera pensado que te veríamos otra vez?
—No era parte de mi plan, eso es seguro—digo frunciendo el ceño.
Caesar se inclina hacia mí un poco. —Creo que era claro para todos nosotros cuál era tu plan. Sacrificarte en la arena para que Katniss Everdeen y tu hijo pudieran sobrevivir.
—Ese era. Claro y simple. —Toco los brazos de la silla con la punta de mis dedos, la tela levemente rugosa. —Pero otras personas también tenían planes.
¿Quiénes son estas personas? ¿Estaría Katniss involucrada realmente? No lo creo, pero no sería la primera vez que me equivoco con ella. ¿Estaría Haymitch al tanto del plan rebelde? ¿Qué hay del resto de la gente del distrito? ¿Están todos muertos o también se encuentran en el distrito 13 con Katniss?
De pronto noto que llevamos un largo rato en silencio. Caesar habla primero: —¿Por qué no nos cuentas sobre esa última noche en la arena? Ayúdanos a entender algunas cosas.
Asiento. Intento seleccionar bien mis palabras. Debo ayudar a Katniss, me recuerdo.
—Esa noche… para hablarte acerca de esa noche… Bueno, ante todo, tienes que imaginarte cómo se sintió en la arena. Era como ser un insecto atrapado debajo de un tazón lleno de aire caliente. Y todo a tu alrededor sólo hay selva… verde y viva, y haciendo tic-tac. Ese reloj gigante contando los segundos que te quedan de vida. Cada hora promete algún nuevo horror. Tienes que imaginarte que en los pasados dos días, dieciséis personas han muerto, algunos de ellos defendiéndote. Por la forma en que avanzan las cosas, las últimas ocho estarán muertas por la mañana. Excepto una. El vencedor. Y tu plan es que no serás tú.
El silencio que rodea mis palabras es palpable. Creo que Caesar está aguantando la respiración.
—Una vez que estás en la arena, el resto del mundo llega a ser muy lejano—continúo. —Todas las personas y las cosas que amaste o por las que tuviste interés casi dejan de existir. El cielo rosa y los monstruos en la selva y los tributos que quieren tu sangre se convierten en tu realidad, en lo único que importa. Tan malo como te hace sentir, tendrás que asesinar, porque en la arena, tú sólo consigues un deseo. Y es muy costoso.
—Te cuesta la vida—dice Caesar con seguridad. Pero se equivoca.
—Oh, no. Te cuesta mucho más que la vida. ¿Asesinar a personas inocentes?—respondo rápidamente. —Te cuesta todo lo que tú eres.
—Todo lo que eres—repite Caesar calladamente.
Nuevamente el silencio. Pero no lo dejo alargarse demasiado esta vez. Sé que tengo la atención de todos en la habitación.
—Así que te aferras a tu deseo. Y esa anoche, sí, mi deseo fue salvar a Katniss. Pero aún sin saber acerca de los rebeldes, algo no se sentía bien. Todo era demasiado complicado. Me encontré arrepintiéndome de no haber huido con ella más temprano ese día, como ella lo había sugerido. Pero ya no podíamos irnos en ese punto.
—Estabas muy enredado en el plan de Beetee de electrificar el lago de agua salada—dice Caesar.
—Demasiado entretenido jugando a los aliados con los otros. ¡Jamás debí haber permitido que nos separaran!—estallo. —Ahí fue cuando la perdí.
—Cuando permaneciste en el árbol del rayo, y ella y Johanna Mason tomaron el rollo de alambre abajo hacia el agua—dice Caesar. Las palabras son tranquilas, pero me son acusadoras.
—¡Yo no quería hacerlo!—comienzo a agitarme. —Pero no podía discutir con Beetee sin indicar que estábamos a punto de romper la alianza. Cuando ese alambre fue cortado, todo simplemente enloqueció. Sólo puedo recordar partes de lo que sucedió. Recuerdo intentando encontrarla. Viendo a Brutus asesinar a Chaff. Matar a Brutus yo mismo. Sé que ella gritaba mi nombre. Entonces el rayo cayó sobre el árbol, y el campo de fuerza alrededor de la arena… estalló.
—Katniss lo hizo estallar, Peeta—dice Caesar. —Tú viste las imágenes.
—Ella no sabía lo que hacía. Ninguno de nosotros podría haber seguido el plan de Beetee. Puedes verla intentando resolver qué hacer con ese alambre—digo rápidamente.
—Bueno. Sólo se ve sospechoso—dice Caesar. —Como si ella formara parte del plan de los rebeldes todo el tiempo.
Éstas palabras me enfurecen. No puede ser cierto, me digo. Me levanto de pronto y me apoyo en cada brazo del sillón de Caesar, bloqueándole la salida
—¿De verdad? ¿Y formaba parte de su plan que Johanna casi la matara? ¿Que esa descarga eléctrica la paralizara? ¿Provocar el bombardeo sobre el Distrito 12? —Ahora estoy gritando. ¡No puede ser cierto! —¡Ella no lo sabía, Caesar! ¡Ninguno de nosotros sabía nada más que teníamos que luchar por mantenernos vivos el uno al otro!
Caesar coloca una mano en mi pecho. El gesto es suave, como buscando apaciguarme, demostrarme que está de mi lado y no en mi contra. Pero al mismo tiempo crea una distancia entre nosotros, protegiéndose ante un eventual ataque. —De acuerdo, Peeta, yo te creo.
—Bien—me retiro de la silla de Caesar acomodando mi cabello y sentándome en mi silla. Pero aún alterado. Si yo tengo dudas, ¿quién dice que no las tendrá el resto de Panem? ¿Quién dice que no las tendrá Snow? Empiezo a temer que no sirva de nada todo lo que estoy haciendo.
Caesar habla después de un momento de observarme: —¿Qué hay de tu mentor, Haymitch Abernathy?
Esa es una pregunta que no puedo, ni quiero contestar: —Yo no sé lo que Haymitch sabía.
—¿Podría haber formado parte de la conspiración?—pregunta Caesar.
—Él nunca lo mencionó—digo.
Caesar insiste: —¿Qué te dice tu corazón?
—Que no debería haber confiado en él—digo frunciendo el ceño. —Eso es todo.
Haymitch podría haberlo sabido todo y nunca habérmelo mencionado. Incluso podría habérselo contado todo a Katniss. No sería la primera vez que ambos están al tanto del plan y me dejan a oscuras. Supuestamente porque yo sé que hacer sin intervenciones suyas. Bueno, pues espero que su plan fuera que me atrapara el Capitolio...
—Podemos parar un momento—me dice Caesar, con una mano me aprieta el hombro, en un gesto de apoyo.
—¿Queda algo más que hablar?—Estoy cansado, muy cansado, y la furia no se apaciguará hasta que libere un poco de energía.
—Pensaba preguntarte sobre la guerra. Pero si está demasiado alterado...
Mierda. Voy a pagar por esto. El alto al fuego es el motivo de esta entrevista para el Capitolio. No mi agenda personal de proteger a Katniss.
—Oh, no estoy demasiado alterado para contestar eso—me apresuro a contestarle. Respiro hondo antes de continuar: —Deseo que todos los que estén mirando, tanto los del Capitolio como los del lado rebelde, se detengan por sólo un momento y piensen acerca de lo que esta guerra podría significar. Para todos los seres humanos. Nosotros casi nos extinguimos por luchar unos contra otros antes. Ahora somos aún menos que entonces. Nuestras condiciones son más frágiles. ¿Es esto realmente lo que queremos lograr? ¿Aniquilarnos completamente? En las esperanzas de… ¿qué? ¿De que alguna especie decente heredará los restos humeantes de la Tierra?
—Realmente no… No estoy seguro de que estoy siguiéndote…—dice Caesar.
—No podemos luchar los unos contra los otros, Caesar—le explico. —No habrá suficiente de nosotros para continuar luego. Si todo el mundo no baja sus armas… y me refiero a muy pronto, todo estará acabado, de todos modos.
—Así que… ¿estás pidiendo un alto al fuego? —me pregunta Caesar.
—Sí. Llamo a un alto al fuego—digo. Estoy agotado. Todo esto ya es cansador como para tenerlo que revivir frente a las cámaras frente a una entrevista. Me pregunto cómo afectará esto a Katniss. Supongo que no hay más que pueda hacer yo desde aquí. —Ahora, ¿por qué no llamas a los guardias para que me lleven de regreso a mi cuarto, así puedo construir otras cien casas de naipes?
—Bien. Creo que eso es todo. Entonces regresamos a nuestra programación regular—Caesar se gira hacia la cámara.
Las cámaras se apagan y se retiran. Caesar se despide y me parece ver tristeza en sus ojos, algo completamente nuevo en el alegre presentador. Siento que quiere decirme algo, pero dos agentes de paz se lo llevan rápidamente antes que pueda hacer más que dedicarme una triste sonrisa. Cuando éste sale del estudio me veo rodeado de un grupo de 5 agentes de paz.
Antes que pueda reaccionar, dos de ellos me levantan bruscamente del asiento y me tiran al suelo donde caigo sobre mi abdomen. Ellos aún me sujetan los brazos. Los otros tres agentes de paz, comienzan a golpearme. Patadas, combos y golpes con lo que se sienten como palos de algún tipo de metal no dejan libre a ninguna parte de mi cuerpo. El dolor se hace aún más patente cuando uno me patea con fuerza en la cara. Quedo viendo puntos negros por largo rato, hasta que de pronto todo se desvanece. Mi último pensamiento es el recuerdo de la panadería consumida por las llamas.
i El porqué pensé en una entrevista es claro al leer el capítulo. A mi mente vino "Entrevista con el vampiro" de Anne Rice... No es que diga que Caesar sea gay como los vampiros de esa saga. O tal vez sí.
