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Eran de nuevo las ocho cincuenta y cinco, pero hoy era un día diferente y especial… Vendrían mi abuelito Charlie y mi abuelita Rene.

Cuando ellos venían, mamá y papá me trataban diferente… muy bonito.

- ¡Despierta ya pedazo de mierda! – Me levante de la cama he hice mi rutina, solo que esta vez me puse un vestido, tenía tres, uno azul cielo, uno rojo con una flor en mi pancita y café con un osito en mi pancita. Me puse el café, era mi favorito.

Baje y hay ya estaban mis abuelitos, camine hasta ellos y los abrace como pude.

– Hey pequeña, ¿Cómo estás? – Pregunto mi abuelito Charlie, yo solo sonreí y le hice la seña de bien con mi manita, la abuelita Rene me cargo y acaricio mi cabello, me estremecí, no me gustaba que me tocaran, pero por ellos me esforzaba para que no lo notaran.

– Deberían llevarla al doctor, no es normal que no hable – Oh, oh, creo que olvide mencionar que no hablo, la razón es que a mi papi no le gusta que hable, así que cundo tenía dos años deje de hablar, a esa edad hablaba mucho y casi nunca me trababa, mi papi me enseñó a hablar a su modo, que era, o hablas bien o te pego en la boca hasta que lo digas bien.

– Ya la llevamos mamá, dice que es porque es muy tímida – Dijo mami, ella siempre salva la situación.

– A bueno, así era tu cuando tenías su edad – El abuelito medio jalo la mejilla de mami, ella se rio.

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Mami y la abuelita tomaban el té en la sala, yo estaba sentada contando botones y haciendo pirámides con ellos, mami y papi no me habían tratado mal. Además, papi había sido llamado al trabajo, al igual que abuelito Charlie.

La abuelita Rene empezó a trenzar mi cabello, me llegaba como a media espalda, era color cobrizo y rizado.

– Mamá, no tiene caso que la peines, al poco rato se despeinara – Dijo mami.

– Calla, que me gusta su cabello – Sonreí.

Cuando la trenza estivo terminada, mi abuelita la fijo con una liga que estaba a un lado del teléfono y siguió hablando con mami, al parecer, una familia amiga de la de mis abuelitos se mudaría a la casa de al lado.

Recogí mis botones y subí a mi cuarto, los guarde y mire por la empañada ventana, no era paño de frio y calor, era de mugre, pero aun así se veía para afuera.

El día era soleado, pero sabía que si salía, me ensuciaría y mami y papi se enojarían conmigo.

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Mami, me jalaba el cabello, me dolía mucho, así que empecé a llorar.

– Ya deja de llorar mierda, las niñas buenas y lindas son las únicas que pueden estar peinada, tú no, porque eres mala, muy mala – Me jalo aún más el cabello, pero trate de aguantarme y solo llorar en silencio. ¿Yo en verdad era mala? Según mami y papi, sí. ¿Por qué lo soy? No lo sé, lo que si se es que no me gusta…

Desearía ser buena para ellos… para todos…

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¿Y cómo se portó? – Pregunto papi a la hora de la cena, yo solo me quedaba allí, en silencio, esperando a que acabara y esperando que dejara algo para que comiera… no comía mucho que digamos, pero ahora tengo hambre.

– No quiso comer a la hora de la comida – Dijo mami mirándome con algo feo en los ojos. Papi bufo, se había enojado.

– Te damos comida, no comes, no te damos y tienes hambre… ¡Por dios! – Me levante de un salto y salí corriendo, escuche las pisadas de papi tras de mí, en la escalera me alcanzo… sabía lo que venía.

– ¡A ver si con esto dejas de molestar! – Me sentó sobre sus piernas de modo que mi pompis quedaran al aire y me empezó a pegar, muy fuerte.

Me dolía mucho, era insoportable el dolor, así que empecé a llorar.

A los cinco minutos me dejo, pero cuando me pare, papi me dio una cachetada, me caí al suelo.

– Y si vuelves a molestar… juro que no podrás levantar en días Renesmee… ¡Ahora vete a dormir! ¡Que no te quiero ver!


Espero no me maten .-. de verdad .-.