NOTAS:
-Éste capítulo también lo subí antes, pero estaba muy mal editado porque no tenía ni idea de cómo se usaba éste sitio. No me he limitado a editar éste capítulo, sino que he cambiado varias cosas. Ya puestos...
-He subido la edad de los niños protagonistas, más o menos dos o tres años.
-Cersei Lannister se casa con Rodrick Greyjoy, hermano mayor de Theon y heredero de las Islas del Hierro, ya que Robert Baratheon murió.
- Los Greyjoy no intentaron independizarse, así pues tanto Rodrick como Maron, los hijos mayores de Balon Greyjoy, siguen vivos.
- En éste fic se nombra una canción que no pertenece a ASOIAF, se trata de ``Sora´s song´´, de la película ``La visión de Escaflowne´´(no la serie). La canción está escrita en un idioma inventado por la compositora (Yoko Kanno), basado en el rumano antiguo mezclado con varios idiomas más. La traducción es mala porque ésta no existe, lo poco que se sabe de su significado es lo que dice el protagonista de la película.
1. La canción de Sora.
(Aegon/Arya)
Ser rey no era tan divertido como parecía cuando su madre ejercía de regente y hacía todo el trabajo duro por él. Eso lo decidió Aegon aproximadamente una semana después de su coronación, a los dieciséis. Cuatro años habían pasado desde entonces, y el manejo del trono no se había vuelto más divertido, precisamente. Ni más fácil.
Sin embargo, era su deber. Lo habían educado, desde su más tierna infancia, en la creencia de que el trono no era un privilegio ni un derecho, sino una obligación, y Aegon se lo había tomado al pie de la letra. Era un buen rey. La gente lo alababa las pocas veces que podía salir de la Fortaleza Roja, las arcas reales estaban llenas, y los calabozos vacíos. Jamás faltaba a ninguna reunión de su Consejo, y participaba activamente en todas. Trabajaba muy duro.
Así no le hacía ninguna gracia que le estropeasen las únicas vacaciones que tenía al año.
Todos los años se celebraba un gran torneo, coincidiendo con el día del nombre de la Reina Elia. En realidad había varios torneos a lo largo del año, y Aegon asistía a todos porque era su obligación, o al menos enviaba a Viserys o Jon como representantes, pero el Gran Torneo era distinto. Duraba una semana y se celebraba cada año en uno de los reinos, así que Aegon podía dejar la Fortaleza Roja al mando de Jon Connington, su Mano, e irse de viaje sin ningún trabajo que realizar. Ninguna queja que escuchar, ningún documento que firmar, ninguna rencilla en la que ejercer de juez…era perfecto. Aquel año se celebraba y todo era aún más perfecto. El clima era perfecto, el vino perfecto, la comida perfecta, la compañía perfecta. Todo perfecto.
Hasta que Cersei Lannister irrumpió en la sala del trono de Hoster Tully, donde Aegon jugaba al cyvasse contra éste, arrastrando al idiota de su hijo Jeoffrey Greyjoy y arrojando furia por los ojos.
-¡Su Majestad, exijo justicia!-gritó.
Aegon se levantó de un salto de la silla de puro sobresalto.
-¿Qué ocurre, mi señora?- preguntó Aegon, pero era obvio. Jeoffrey traía el brazo lleno de vendas sanguinolentas y la nuca hinchada y sangrante.
-¡Esa perra Stark ha azuzado su loba contra mi hijo!- gritó Cersei, y no fue buena idea.
Edmure y Hoster, tío y nieta de la niña respectivamente se pusieron de pie inmediatamente, lo cual tenía mérito, tratándose de Hoster, que no era ni joven ni sano.
-Señora, esa ``perra Stark´´ es mi nieta y no toleraré que se le falte al respeto en mi presencia-dijo Hoster.
-Y mi sobrina. Además; ¿a cuál os referís? ¿A Sansa o a Arya?-preguntó Edmure-No, espera. Seguro que es a Arya.
Aegon rodó los ojos. Aquella conversación podía extenderse hasta el infinito y más allá.
-Las dos hijas de lord Eddar Stark son damas y merecen ser tratadas con respeto.-dijo, a ver si así se callaban-Recordadlo, lady Cersei.
-Explícaselo, Joff-dijo Cersei.
El chico dio un paso al frente.
-Yo estaba paseando por la orilla del Tridente cuando me encontré con Arya Stark..
-Lady Arya Stark-corrigió Edmure con voz venenosa.
Joffrey le echó una mirada venenosa y siguió con su relato.
-… y un criado. Estaban combatiendo con espadas de madera. Yo quise combatir con ellos, pero ellos no quisieron y me atacaron. Lady Arya me dio con su palo en la nuca y me azuzó a su loba. Cuando se me cayó la espada la cogió y la arrojó al río.
-¡Eso no es cierto!-gritó Edmure-¡Los lobos de los niños nunca muerden a nadie, a no ser que amenaces a sus dueños!
Edmure tenía razón. Hacía dos años que Robb Stark había ido a Desembarco del rey con su propio cachorro de lobo, una cosita que ahora era más grande que el caballo de Aegon llamada Viento Gris y otro cachorro más, un huargo albino y mudo. Robb dijo que había encontrado una camada entera; cuatro varones y dos hembras; uno para cada niño Stark, contando al que no llevaba el apellido, a Jon. Jon llamó a su lobo Fantasma, y creció y creció hasta que casi toda la corte le tuvo pánico. Pero nunca había atacado a nadie que no supusiera una amenaza para Jon. Ni siquiera gruñía, aunque eso último tal vez tuviera que ver con el hecho de que fuera mudo. Y tenía sus ventajas. Jon no necesitaba guardia, gracias al lobo.
No se había fijado mucho en Arya Stark y su lobo, pero si se parecía en algo a Fantasma, debía de ser pacífico.
-¡¿Cómo osáis insinuar que mi hijo miente?!- gritó Cersei, y Aegon no pudo evitar estremecerse. Aquella mujer casi se convierte en su madre. Lo único bueno que había hecho su abuelo era desestimar el ofrecimiento de lord Tywin y casar a Rhaegar con Elia. Después de ahí, todo había ido cuesta abajo en su gobierno. Aegon lo sabía mejor que nadie; los errores de Aerys habían ocupado los primeros diez años del reinado de su madre, y aún veinte años después, a veces seguía encontrándose inconvenientes y problemas fruto de sus pésimas decisiones.
-No lo insinúo, mi señora-dijo Edmure- ¡Lo afirmo! Esos lobos son pacíficos.
-Si Arya os hubiera azuzado a Nymeria- dijo Hoster -Ahora no tendríais brazo.
-¿Dónde está lady Arya?-preguntó Aegon -Tengo que oír su versión.
-Salió huyendo al bosque con su loba.-dijo Joffrey- El chico también, pero por otro lado, creo.
-¿No ha vuelto aún?-preguntó Edmure.
-Solo los culpables huyen-sentenció Cersei.
-O los que tienen miedo.-dijo Hoster.
-¿Lo sabe lord Stark?-preguntó Aegon
-Aún no-replicó Cersei.-Vinimos directamente aquí.
-¿Su hija de trece años…-comenzó Aegon.
-Quince-corrigió Jeoffrey, como si fuera menos malo pelearse con una chica de quince que de trece. La mirada que le echó Aegon podría haber detenido un khalasar dothraki en seco.
-…de quince años ha desaparecido en el bosque y a vos no se os curre avisara su familia?- preguntó, incrédulo-¡Ser Pato!
Pato, su miembro de la Guardia Real predilecto, se puso firme.
-Avisa a lord Stark. Si loady Arya no ha vuelto al atardecer, organizaremos expediciones de búsqueda.
-¿Pero y mi hijo?-preguntó Cresei-¡Le quedarán cicatrices de por vida!
-¿Y mi espada?-preguntó Joffrey.
-No decidiré nada hasta haber hablado con lady Arya. No creo que tarde mucho en aparecer.
Pero Arya tardó cuatro días en aparecer. La buscaron todos. Los caballeros y los miembros de las guardias de los lores. La guardia real. Los miembros de las Casas. Incluso el propio Aegon formó parte de las expediciones de búsqueda. Y mientras todos los demás buscaban, los Greyjoy y los Lannister buscaban por su cuenta. Aegon no quería ni imaginar qué pasaría si alguno de ellos encontraban a los niños. Ni lo que pasaría si lady Arya sufría unn accidente. Ya se estaban temiendo lo peor cuando volvieron los dos, uno con pocas diferencias del otro.
Aegon no les dio tiempo ni a beber agua. En los últimos días habían surgido pequeñas rencillas entre los hombres de los Lannister y los Greyjoy y los Stark, y quería atajarlas antes de que el asunto se fuera de las manos. Hizo que todos se reunieran en el salón del trono de Hoster Tully para presenciar el juicio.
Arya y el hijo del carnicero estaban de pie en medio de la sala; Joffrey estaba también allí, pero separados por media sala, obviamente, queriendo estar lo menos cerca posible uno de la otra y viceversa.
El hijo del carnicero era un chico desgarbado y alto, con la mirada gacha y el pánico escrito en su postura. Tenía un feo corte en la mejilla, mal curado e infectado, que Aegon juraría que había sido hecho por una espada. Probablemente la de Joffrey.
Lady Arya parecía de todo menos una lady. Llevaba un vestido de sarga gris cerrado por delante con corchetes, pero abierto en la cintura, mostrando unos pantalones de cuero anchos y unas botas de montar. Luego se descubriría que el vestido se lo robó a una criada y los pantalones a su hermano Robb, pero ese es otro tema. Tenía una larga melena oscura, que llevaba tan enmarañada que Aegon estaba seguro de que si la agitaba con un palo, saldrían musarañas de allí. Tenía la piel, clara como solo podían tenerla los Stark de pura cepa como ella (de ahí venía el rumor de que estaban hechos de nieve y de que si bajaban más allá del Cuello se derretirían) sucia, y los ojos cansados. Tenía pequeños arañazos en las mejillas y las manos, fruto de vivir en los bosques cuatro días, y una expresión gélida y estoica que Aegon solo había visto en dos personas más: lord Eddar y Jon. Los tres se parecían mucho.
Decían que Lyanna Stark y su sobrina Arya eran tan parecidas como dos gotas de agua. Así, toda sucia y despeinada, no parecía que fuera una mujer por lo que valía perder un reino, la verdad.`` Tal vez después de darse un baño y dormir unas horas´´ pensó Aegon.`` Y podría sonreír un poco. Aunque, claro, ahora no es que tenga muchos motivos para sonreír. Voy a juzgarla. Pero al menos podía dejar de mirarme así.´´
-Joffrey Greyjoy- llamó Aegon- relatad lo ocurrido.
El muchacho comenzó a contar la misma historia que contó cuatro días antes. Arya lo miró con una expresión indignada que fue en crescendo hasta que al final explotó.
-¡Embustero!-gritó-¡¿Cómo que te ataqué sin motivos?! ¡Si apenas te conozco! ¡¿Por qué iba yo a atacarte?!
-No sé por qué lo atacaría ella, pero se me ocurren varios motivos por los cuales le atacaría yo-susurró Asha Greyjoy entre dientes.
Toda la sala estalló en carcajadas, mientras que a Joffrey se le llenaban los ojos de odio y se le ruborizaban las mejillas de vergüenza.
-Silencio-dijo Aegon, y todos se callaron de momento. El rey no era famoso por ser paciente, precisamente.-Relatad vuestra versión, lady Arya.
-Después de comer, todos se echaron a dormir la siesta-comenzó Arya-Pero yo no tenía sueño, y me aburría. Así que fui a buscar a Micah.
-¿Quién es Micah?-preguntó alguien.
-Yo- el hijo del carnicero levantó la mano tímidamente.
-¿Es amiga del hijo del carnicero?-preguntó Cersei con la voz llena de veneno- A saber qué harían los dos en la orilla del río.
Ned, Jon, Robb, Edmure y Catelyn se levantaron tan rápido que pareció que les habían pinchado en el trasero.
-Retirad eso, lady Cersei.-bufó Ned, con el rostro pálido de furia.
-No he dicho nada malo.-terció Cersei.
-Retiradlo-siseó Robb-Retiradlo o…
-¿O qué?- gruñó Rodrick Greyjoy.
-Retirad lo dicho y disculpaos-dijo Aegon con voz calma. ``Éstos idiotas van a organizar una guerra aquí mismo, si los dejo´´
-Mi esposa no ha acusado a nadie de nada.- replicó Rodrick.
-He dicho que os disculpéis. Ahora.- Aegon se puso en pie y todos tragaron saliva. Un Targaryen siempre es un Targaryen, no importa lo buen rey que sea.
-Disculpad a mi cuñada, lady Arya-dijo Asha Greyjoy- No parece comprender que el hecho de que algunas se dediquen a revolcarse con unos y con otros no significa que todos lo hagan.-
Las carcajadas volvieron a alzarse y pareció disminuir la tensión de la sala. Cersei le echó una mirada letal a Asha.
-Discúlpate- dijo la voz de Tywin Lannister, y Cersei apretó los labios.
-Disculpadme si os he ofendido, lady Arya-dijo, con un tono tan falso como su sonrisa- Si alguien ha interpretado mal mis palabras, ha sido un error. No quería insinuar nada.
Aegon suspiró.
-Continuad-
-Entonces apareció Joffrey- la voz de Arya era ahora áspera -y quiso luchar contra Micah.
-¿Y qué tiene eso de malo?- se quejó Cersei.
-¡Joffrey quería luchar contra él llevando una espada de verdad, mientras que Micah llevaba un palo!- gritó Arya-¡No era justo!
Micah tenía la vista clavada en el suelo, pero era fácil ver sus mejillas arreboladas.
-Y no solo es eso- continuó Arya-Si hubiera hecho daño a Joffrey, hubiera muerto. Lo hubieran ahorcado por la ley que impide que un plebeyo toque a un noble. Pero Joffrey seguía insistiendo, e incluso rajó a Micah la cara con su espada. Enséñales la herida, Micah.
El chico alzó la cara tímidamente, muerto de miedo.
-¿Y quién nos asegura que se lo ha hecho Joff?- preguntó Cersei-¿Cómo estamos seguros de que no se lo ha hecho otra persona, o él mismo, para acusar a mi hijo?
-Yo estaba allí- respondió Arya.
-Y el chico también- añadió Robb Stark.
-¿Te lo hizo Joffrey Greyjoy, Micah?- preguntó Aegon.- ¿Fue él quien te hizo el corte?
El chico titubeó, miró a Arya y asintió.
-Necesito que lo digas, Micah.
-S-sí, Su Majestad. Fue Joffrey Greyjoy quien me cortó la cara.
Un murmulo se extendió por la sala.
-Continuad, lady Arya.
Ella se mordió el labio.
-Entonces fue cuando le golpee con mi palo.- admitió.
-¡Ajá!-exclamó Cersei, victoriosa.
-¡Estaba defendiendo a su amigo!-gritó Jon.
-Cayó al suelo, y yo le dije a Micah que huyera-continuó Arya.
-¿Es eso cierto?-preguntó Aegon al chico.
-Sí, Su Majestad.
-¿No atacasteis a Joffrey de ninguna manera?
-No, yo…sabía que me colgarían si lo hiciera.
-Bien, Micah, eres inocente de todo cargo. Puedes irte tranquilo.-suspiró Aegon.-Que alguien le dé de comer y le miren el corte. Dadle una semana de descanso. Además, como multa por mentir y acusar en falso, Joffrey te dará diez venados de plata.
-¡¿Qué?!- jadeó éste-¡No pienso dale ni una moneda!
-Que sean veinte. Y si osáis alzarme la voz una sola vez os haré latigar. Además, creo que adoptare las costumbres de los Stark y os latigaré yo mismo. No quiero ni una sola interrupción más. Micah, puedes retirarte. Lady Arya, podéis continuar.
Ella lo estaba mirando ahora, con ojos brillantes. No había visto esa expresión en Jon antes, y lo hizo sentir incómodo y nervioso.
-Se levantó furioso-explicó ella- y me atacó.
-¿Con su espada?
-Sí… ¿con qué si no?
Aegon volvió a ponerse en pie, pero ésta vez avanzó. Pasó junto a Arya y se paró frente a Joffrey.
-¿Atacasteis con vuestra espada de acero a una niña que llevaba una espada de madera?
-No soy ninguna niña- se quejó Arya.
-Cállate, Arya- le siseó Jon.
-No- negó Jeoffrey.-No la ataqué.
-Estás mintiendo a nuestro rey, sobrinito - dijo Asha- Antes dijistes que estaban jugando con palos de madera; ¿acaso uno de ellos se transformó milagrosamente en una espada de acero, o fue Colmillo de León, tu pomposa espada la que se volvió de madera.
Joffrey tragó saliva. Aegon se quedó allí, frente a él, de brazos cruzados.
-Lady Arya, por favor-dijo.
Arya se giró hacia él. No le llegaba ni por el hombro, pero no parecía intimidada. Alzó sus ojos grises, que por algún motivo habían dejado de parecerse a los de Jon, y los clavó en los suyos. Aegon tragó saliva y se esforzó en evitar que el rubor le trepara por las mejillas.
-Logré esquivar sus mandoblazos, pero resbalé y caí al suelo, de espaldas. Me puso la punta de la espada en la garganta, y entonces fue cuando Nymeria lo mordió. Empezó a chillar y a suplicarle que le quitara a la loba de encima.
Tuvo que guardar silencio porque Renly Baratheon estaba riendo tan fuerte que las lágrimas le corrían por las mejillas.
-Lord Renly, por favor-suspiró Aegon.-Me gustaría terminar éste juicio en algún momento del futuro cercano.
-Le quité de encima a Nymeria, cogí su espada, la arrojé al río y salí corriendo- terminó Arya.
-¿Y la loba?- preguntó Cersei con voz calma.
-Se escapó.- respondió Arya, y Aegon supo que mentía. Adoptaba la misma posición desafiante que Jon cuando lo hacía.
-¿Porqué os interesa la loba?- preguntó Arya.
-Quiero su piel. –Dijo con un tono que helaba la sangre.- ¡Daré cien dragones a quien me traiga su piel!
-¡¿Qué?!-jadeó Arya.-¡No! ¡Su Magestad, por favor! ¡No lo permitáis!
-Si queréis una piel de lobo no será la de Nymeria.-Sentenció Aegon.-Esa loba no ha hecho nada malo. Si mordió a vuestro hijo, fue porque él atacó a su dueña. Pero como os sentís tan generosa como para ir repartiendo fortunas, subiré la multa a Jeoffrey. Cincuenta dragones de oro para Micah y cincuenta para lady Arya. Ser Barristan, encargaos de que pague hasta la última moneda antes de que parta a las Islas del Hierro. Además de eso, Joffrey tiene prohibido participar en ningún torneo, duelo, justa o competición en los siguientes dos años. Y si a lady Arya, Micah o Nymeria les acaeciera algún tipo de accidente, me da igual que el chico se ampute un dedo cortando jamón o que ella se tropiece y se arañe las rodillas, haré personalmente responsable a Joffrey; ¿entendido? Podéis retiraros.
Aquella noche Joffrey no acudió a cenar. Al parecer Rodick lo había castigado. Aegon no estaba seguro de en qué consistió aquel castigo, pero la siguiente vez que lo vio tenía un labio partido y un ojo morado. Lady Arya Stark tampoco acudió a la cena. Aegon no le dio mayor importancia al asunto; probablemente estaba descansando. Pero a su lado estaba Dany, y al lado de ésta, lady Sansa, y el tema de conversación de la noche era lady Arya, por supuesto.
-No sé a qué viene tanto alboroto- decía lady Sansa- Arya organiza un escándalo y ni siquiera es castigada. No digo que la justicia de nuestro rey no sea impecable, pero Arya tiene una capacidad extraordinaria para meterse en líos y salir de ellos indemne. Como, por ejemplo, cuando veníamos para acá. Se pasó todo el viaje a caballo, haciendo gamberradas con el hijo del carnicero. Se separaba de la columna para ir a buscar flores silvestres. Toda la columna se detenía a buscarla pero como cuando volvía, con el vestido sucio y su sonrisa de caballo, lo hacía con un ramillete de flores para nuestro señor padre se libraba del castigo. En vez de castigarla, como era propio, nuestro padre le daba un beso y le sonreía.
-¿Su sonrisa de caballo?- preguntó Daenerys-A mí me parece que lady Arya es muy hermosa.-
``Más que vos´´ añadió mentalmente Aegon y cuando se dio cuenta casi se atraganta con el vino.
Más tarde, a petición popular, Sansa Stark se situó en mitad de la sala y cantó un par de canciones. Cantó Jenny de Piedrasviejas, Una rosa de oro y Alyssane. Finalmente, a petición de su Rhaenys, cantó La Canción de Sora.
-¿La canción de quién?-preguntó Aegon, que no recordaba haber oído ninguna canción titulada así.
-Es una canción norteña- explicó Rhaenys- He leído la letra, pero no se qué ritmo lleva, ni como se canta, ni he encontrado ningún bardo sureño que la conociera.
En mitad de la sala, Sansa cambió su laúd por una cítara y empezó a cantar.
Win dain a lotica
En vai tu ri
Si lo ta
Fin dein a loluca
En dragu a sei lain
Vi fa-ru les shutai am
En riga-lint
Win chent a lotica
En vai tu ri
Si lo ta
Fin dein a loluca
Si katigura neuver
Floreria for chesti
Si entina
La la la la la la la la la...
Fontina blu cent
De cravi esca letisimo
La la la la la la la la la...
De quantian
La finde reve
Win dain a lotica
En vai tu ri
Si lo ta
Fin dein a loluca
En dragu a sei lain
Vi fa-ru les shutai am
En riga-lin
-¿Qué idioma es ese?- preguntó Aegon en un susurro.
-Es un dialecto norteño muy antiguo.-respondió Rhae- Al parecer, lo único que queda de él ésta canción.
-¿Sabes que significa?
-En la oscuridad, el dragón despierta, el dragón despierta y toma al corazón insensibilizado por el frío.. Contigo a mi lado el dragón duerme. En las alas del dragón tus deseos saltarán...tus deseos pueden traernos la destrucción, o pueden traernos la salvación. en la oscuridad el dragón despierta, el dragón despierta y toma al corazón insensibilizado por el frío.
-¿Crees que se refieren a nosotros, a los Targaryen?
-No lo creo, hermanito.- dijo Rhae- Dicen las leyendas que antiguamente, en Invernalia había dragones de hielo. Y dicen las leyendas que más allá del Muro, sigue habiéndolos.
-¿Quién es Sora?
-Nadie lo sabe. Ahora cállate un ratito, anda. Está cantando mi canción favorita.
Aegon se echó para atrás en su silla, enfurruñado. Luego recordó que era un rey Targaryen y se puso derecho.
Aunque en Aguasdulces no hacía ni la mitad de fuerte que el de Desembarco del Rey, pero era más pegajoso. Pasó la noche revolviéndose entre sábanas calientes y sudadas, y las pocas veces que logró dormir, tuvo pesadillas. Soñó con el torneo de la Falsa Primavera, con su padre depositando la corona de flores en el regazo de Lyanna Stark. Soñó con su padre, con el pecho destrozado por la maza de Robert Baratheon, cayendo al Tridente en una lluvia de sangre y rubíes. Ni siquiera amanecía cuando se puso una simple camisa de lino teñida de rojo, unos pantalones anchos negros y sus botas y se escabulló. Ser Barristan y Ser Pato dormían frente a su puerta. Pensó en regañarles, por eso de dormirse en vez de guardar su puerta, pero entonces seguro que alguien encontraba algo que él tuviera que hacer. Aquellas era sus vacaciones y entre la búsqueda de Arya Stark y el juicio no había podido tener ni un minuto de descanso. En vez de eso escribió una nota avisando de que estaba en el Bosque de los Dioses y que lo dejaran tranquilo y la pegó a la frente de Ser Barristán con cera tibia, bajó a las cocinas, robó un montón de comida y salió del castillo.
Encontró el Árbol Corazón del Bosque de los Dioses con facilidad. Siempre le habían gustado los árboles Corazón, aunque nunca había podido ver un auténtico arciano. De esos solo quedaban en el norte y en la Isla de las Caras. Y él no tenía tiempo para viajar. Aunque el árbol Corazón de Aguasdulces era muy hermoso, cargado de frutos.
De frutos y de otras cosas, al parecer.
Había una chica durmiendo en las copas del árbol. Dormía boca abajo, con el cabeza apoyado en el brazo y el rostro velado por una cascada de cabellos castaño oscuro. Las faldas del vestido y las largas mangas, de seda amarilla con miles de hojas de mil tonos de rojo y ámbar bordadas en el ruedo del vestido y la orla de las mangas. Cuando Aegon se acercó a ella, se dio cuenta de quién era.
``Bueno, al menos esto explica porqué no acudió al banquete´´
-Lady Arya- llamó con suavidad.
Ella abrió los ojos como platos, rodó sobre las ramas y cayó al suelo de pie, con las rodillas flexionadas, en un revoloteo de sedas amarillas y cabello castaño.
Se quedó allí de pie, sin duda esperando a ver qué hacía él, observándolo con gesto hosco.
Después de tomar un baño, ponerse un vestido decente y peinarse un poco, resultó que era hermosa. No del tipo de belleza que poseían las damas de la corte, con rostros con forma de corazón, ojos de gacela y boquitas de piñón que solo saben derramar miel, sino un tipo de belleza propio.
Así que éste es el aspecto que debía de tener Lyanna Stark
Era imposible no mirarla. Uno podía pensar que era un rostro común, pero cuanto más la miraba, más descubría rasgos de belleza extraordinaria, como una nariz recta y fina, algo respingona que la hacía parecer altiva, unos ojos del color de las nubes de tormenta bajo unas cejas que se alzaban hacia las sienes y le daban aspecto de estar frunciendo el ceño constantemente, unos pómulos que podrían cortar hielo, unos labios que parecían dibujados con pincel, un cuello esbelto y flexible, una silueta espigada, con el talle estrecho, un cabello espeso y sedoso que hacía que su piel pareciera tallada en marfil... Aegon tenía problemas para dejar de mirarla, y aquello no era bueno. Era como una polilla rondando alrededor de una llama. A nadie le gusta sentirse polilla.
-¿Qué hacéis aquí?- preguntó ella en un tono poco amable, bostezando.
-¿Qué haces tú aquí?- preguntó él a su vez.
-Éste es el Bosque de los Dioses de mi abuelo.
-Bueno, yo soy el rey. Si está en mi reino, me pertenece. Aguasdulces está en mi reino. Así que éste bosque es técnicamente mío.
-No me refiero a eso. Vos seguís la Fe de los Siete, no a los Dioses Antiguos.
-¿Vos seguís a los Antiguos?- preguntó Aegon, genuinamente interesado.
-Mi padre sigue a los Antiguos, mi madre a los Siete. Pero los Siete me aburren- dijo ella con voz despreciativa.
-Bueno, a mí solo me gustan los Bosques de los Dioses. Son tranquilos y bonitos.
-Eso es porque no habéis visto visto un Bosque de los Dioses norteño- rió Arya. Tenía una risa ronca que no tendría que resultarle tan agradable a Aegon, pero lo hacía. –Son oscuros y espesos, y nuestro Árbol Corazón es un auténtico arciano de cara llorosa.
-Debe de ser terrorífico, vuestro Bosque de los Dioses- comentó Aegon.
-Me encanta nuestro Bosque de los Dioses.- respondió ella- Además, por lo que has dicho antes, es vuestro también. –añadió en tono de burla.
-Cierto. Ahora me disponía a desayunar, ¿me acompañáis? Viendo cómo vais vestida, está claro que os escapaste del banquete para ir a buscar a vuestra loba y habéis pasado la noche en el bosque. Seguro que tenéis hambre.
Arya asintió. Era obvio que querría haberse negado, pero que tenía demasiada hambre para permitirse ser orgullosa. Aegon sonrió, se quitó la capa y la tendió sobre la hierba húmeda. Se sentó sobre ella y sacó la comida robada. Había carne asada que sobró del banquete, manzanas verdes, pan, queso, tocino, miel y hasta un pichel de hidromiel. Suficiente para tres personas.
Arya se sentó a su lado sobre la capa, evidentemente incómoda. Al menos hasta que Aegon le dio una rebanada de pan cortada con su espada y untada en miel. Entonces ya no estaba incómoda ni hosca, sino hambrienta.
-Tengo curiosidad; ¿por qué dormías sobre un árbol? No parecía muy cómodo.
-Para evitar a las bestias. No puedo encender un fuego en un Bosque de los Dioses, podrían enfadarse.- explicó ella.
-Tiene sentido.- admitió él.
-¿Nunca has dormido a la intemperie?- preguntó ella, curiosa.
-Un rey no duerme a la intemperie.
-Y una dama tampoco, pero cuando Jon viene a Invernalia y se va de acampada con Jon y Bran yo voy con ellos. Aunque me tengo que escapar de mi septa. O a veces, cuando pasa algo bueno, padre nos hace a todos dormir en el Bosque de los Dioses para agradecerlo.- Arya parecía animarse por momentos, pasando de ser una adolescente hosca a una niña excitada. En teoría tendríamos que pasar la noche en vela y rezando, pero nos deja dormir sobre nuestras capas.
-Suena divertido- admitió, y se ganó la primera sonrisa genuina de Arya.
-¿Y por qué no te vas de acampada? Eres el rey, se supone que puedes hacer lo que quieras.
Aegon se dio cuenta de que en algún momento, habían dejado de tratarse de vos. Decidió pasarlo por alto. Técnicamente, ella era casi de la familia. Prima de su hermanastro. Jon decía que la quería tanto como si fuera su hermana de sandre.
-Y puedo. En teoría. Pero, verás, estoy en una situación delicada. No tengo hijos, y si muero Rhae sería la reina. Y Rhaenys es maravillosa, pero no se ha tomado nada en serio en ésta vida y dudo mucho que el gobierno le interese lo suficiente como para esforzarse. Es inteligente, ha leído todos los libros de la Biblioteca Real y viaja constantemente de reino en reino para leer sus libros. Sería una reina excelente si se esforzara. Pero no lo haría. No le gustan las responsabilidades. Lo que quiero decir es que en mis actuales circunstancias, mi muerte podría llevar a una guerra civil. Tywin Lannister lleva años conspirando en mi contra, y aún llevan más tiempo haciéndolo los Greyjoy. Eso no es ningún secreto. Tywin Lannister odia a los Targaryen desde que mi abuelo rechazó su oferta de casar a Cersei con mi padre. Se apostaron fuera de la Fortaleza Roja durante la guerra, según Varys para matarnos a todos para ganarse el favor de Robert Baratheon, al por aquel entonces creían que sería el vencedor A la mínima oportunidad que tengan, caerían sobre Rhae como un lobo sobre un cordero. No puedo permitirme irme de acampada solo, porque entonces debería llevarme a la Guardia Real y a una escolta, y un montón de idioteces más que le quitarían toda la diversión al asunto.
-Ser rey es un asco. ¿No tienes suficiente con ocuparte del reino ahora, también tienes que preocuparte de él después de muerto?
-Tiene sus ventajas, desde luego. Ver a tus enemigos arrodillados ante ti y poder hacerles lo que quieras. Que todo el mundo te haga la pelota. Sabes que te mienten, desde luego, pero eso no lo hace menos divertido.
Arya se echó a reír.
-No te he dado las gracias por lo de antes.- dijo.-Por el juicio, ya sabes.
-Eres mi súbdita. Se supone que tengo que protegerte. Para eso me pagas los impuestos.
Arya volvió a echarse a reír, y pareció relajarse del todo. Comieron en amigable silencio. Aegon estaba echado sobre su costado, apoyado en su codo, y ella sentada con las piernas dobladas hacia un lado y apoyada en su brazo. De repente, ella se tragó la comida que tenía en la boca y lo miró con el ceño fruncido.
-¿Estas tarareando?- preguntó.
-¿Quién, yo? Que va. Soy un rey, y los reyes no tararean.
-¿Seguro?
-Claro que sí. Soy rey, sé mejor que nadie lo que hacen los reyes.
Arya lo miró con sospecha, pero siguió comiendo. Al cabo de un rato, volvió a la carga.
-¡Estás tarareando!
-Vale, sí, lo admito.- dijo él- Estoy tarareando. No es un delito. Si fuera un delito, yo lo sabría. Mi trabajo incluye escribir leyes.
-¿Qué canción es esa?
-La Canción de Sora..
-No la conozco.
Aegon tarareó la canción más alto. no se sabía la letra, desde luego.
-Nunca había escuchado esa canción antes.- susurró ella.
-La cantó tu hermana en el banquete de anoche.
En cuanto nombró a Sansa Arya se puso tensa y clavó los dientes en una manzana como si fuera el gaznate de su hermana.
-Esa canción es una tontería. Todas lo son.
-¿No te gusta la música?
-Eso es para Sansa. Como bailar y cantar y coser y usar palabras bonitas.
Aegon había pasado toda su vida atendiendo audiencias y emitiendo juicios; sabía detectar la rabia reprimida cuando la veía. Mejor cambiar de tema.
-¿No has encontrado a Nymeria?
Ella negó con la cabeza. Se dejó caer hasta acabar tumbada a su lado, boca arriba.
-Ni la encontraré- añadió con voz triste y queda- No se escapó: yo la espanté. Joffrey no paraba de decir que haría que la mataran y…le dije que podía irse, pero no se iba. Empezó a seguirme y tuve que arrojarle piedras. Le acerté una vez y chilló y me miró de una manera…ahora ya no querrá volver.
Estaba aguantándose las lágrimas. Los ojos le relucían de una manera que parecían adularias incrustadas en su rostro. Pensó en prestarle su pañuelo, pero estaba demasiado hermosa así como para estropearlo. Recordaba el comentario de Sansa de la noche anterior. Arya Caracaballo. Comparada con Arya, Sansa era una bruja fea y arrugada. Comparada con Arya, todas las mujeres lo eran. Era una línea de pensamiento bastante preocupante. Recordó a su padre, a como se había enamorado de la loba, y como había acabado todo.
-No digas eso. Lady Ashara me decía cuando era pequeño que no hay que pensar cosas tristes, porque se hacen realidad. Las piedras son como las palabras; a veces duelen, pero eso no va a hacer que quieras menos a quien te las arroja. Es más, a veces duelen más porque quieres a quien te las arroja. Nymeria sabe que lo hiciste por su bien. Lo que pasa es que no está segura de si será bien recibida o no. Ya verás cómo tarde o temprano, aparece de nuevo. Reservaremos algo de carne asada y el olor la atraerá, seguro.- para entonces Arya estaba medio dormida. No debía de haber pasado una buena noche en aquel árbol, y tener el estómago lleno la había adormilado. No tardó demasiado en dormirse. Y Aegon tampoco.
Para cuando volvió a despertar era casi medio día, y Nymeria estaba acurrucada junto a Arya, con su enorme cabeza en el hombro de la chica, que seguía dormida. Él tenía la cabeza sobre el otro, y se apartó de inmediato, antes de que Arya despertara y lo notara. Volvió a quedarse dormido, y cuandso despertó, ni Arya ni Nymeria estaban allí.
Aquella noche Sansa, por petición de Aegon volvió a cantar La Canción de Sora. Sansa, ruborizada y sonriente, accedió. Mientras cantaba, Aegon luchó por mantener sus ojos fijos en ella. Pero a veces fallaba y dirigía su vista hacia Arya, ataviada con un vestido azul medianoche que hacía que su piel se viera como nata helada y el cabello recogido en un complicado moño trenzados, decorado con copos de nieve de plata, idénticos a las que llevaba bordados al vestido. No había nadie en aquella sala que fuese la mitad de hermosa a ojos de Aegon, y aún así estaba sola, sentada junto a su hermano Bran.
Aegon sentía la mirada de su hermana Rhaenys, pero no le importó. Eso fue hasta que Rhae pidió a Sansa que cantara El príncipe de las libélulas, la canción de Duncan Targaryen, que renunció al trono por una mujer y todo acabó en una sangría. Entonces a Aegon se le heló la sangre de las venas y no volvió a mirar a Arya Stark en toda la noche.
Los Stark fueron los primeros en partir por la mañana. Aegon los vio partir desde su ventana. Vio a Jon y a Dany abrazarlos, y a Arya, envuelta en su capa verde, lanzar miradas furtivas a su ventana, aunque no respondió a ninguna.
Se acabó pensó cuando vio su silueta desaparecer, a lomos de su caballo, entre el gentío de la columna que se dirigía a Invernalia. Ahora todo irá bien. Me olvidaré de todo y todo volverá a la normalidad Ni siquiera se atrevía a cambiar el ``todo´´ por ``ella´´. Si no pensaba en ella directamente, parecía menos real.
Pero por supuesto, se equivocaba.
Pasó un año, el último año de verano antes del otoño. Aquel fue un año especialmente caluroso, insoportable. Aegon daba vueltas en su cama, sudando como un cerdo, soñando con chicas de vestidos amarillos subidas a árboles y diciendo que nada de cama de plumas para ellas, chicas con diademas de rosas invernales en el regazo, rubíes cayendo al río, y luciérnagas sobrevolando las ruinas del Refugio Estival.
Aegon fue en persona al Refugio Estival y observó las ruinas, mientras Elia esperaba en el carruaje con el corazón oprimido. Rhaegar también solía ir a ver las ruinas del Refugio Estival, aunque se llevaba su arpa con él y pasaba horas componiendo música triste. Aegon simplemente miraba las ruinas y se preguntaba cómo habría empezado todo. Duncan Targaryen y Jenny Piedrasviejas murieron en el incendio también.
No hubo bardo que pasara por Desembarco del Rey y que no tocara El príncipe de las luciérnagas para el rey. Intentó hallar algún bardo que tocara la canción de Sora y no halló ninguno. Intentó averiguar algo sobre los dragones de hielo de Invernalia y no halló nada tampoco. Intentó descubrir algo sobre la tal Sora y no encontró absolutamente nada. Ya no se reía, ya apenas salía de su despacho, noche y día trabajando. Hizo construir silos para empezar a almacenar víveres para el invierno, compró miles de hectáreas y sembró los arboles que más rápidamente crecían para acumular carbón, arregló las fortalezas medio derruidas de la Guardia de la Noche, reparó diques, inauguró caminos. Y cuando ya no le quedó más trabajo por hacer empezó a diseñar un nuevo palacio de verano, para sustituir el que ardió hasta los cimientos. Pero nunca llegó a terminar el proyecto. Y cuando no trabajaba, paseaba por el Bosque de los Dioses.
Y entonces empezaron las apuestas. Era obvio que el rey estaba enamorado, sí, pero ¿de quién? Las candidatas eran siempre las mismas… Arianne, Myrcella, Sansa…ésta última era la favorita, ya que Aegon le pidió que cantara. Una vez alguien se atrevió a apostar por Asha …pero Arya nunca entró en las apuestas.
La gente estaba feliz; todos querían una reina. Pero pasaron los meses y no llegó ninguna novia a Desembarco del Rey.
Elia estaba preocupada por su hijo, e instó a Rhae, Jon, Dany y Viserys a que hablaran con él, pero no soltaba prenda y nadie se atrevía a insistirle demasiado, pues todos sabían que la paciencia no era una virtud que Aegon poseyera.
Aegon empezó a prestar más atención a lo que decía su hermanastro, esperando captar algo sobre cierta chica norteña en sus conversaciones.
-Tío Ned cree que ha llegado la hora de que Arya se case- comentó un día a Dany en el desayuno, y de repente la comida se convirtió en cenizas en la boca de Aegon.
-¿No está mal visto que la hija menor se case antes que la mayor?-preguntó Rhaenys, mientras miraba a Aegon.
-Sí, pero tío Ned cree que últimamente está rara. Me pidió que le escribirá preguntándole si tenía algún problema, pero cuando me respondió no dijo nada de eso. Tío Ned dice que últimamente está de mal humor…bueno, de peor humor que de costumbre, y que ella y Nymeria se pasan el día en el Bosque de los Dioses.
-Tal vez esté enamorada.- comentó Rhae con los ojos clavados en Aegon y una sonrisa pícara.
Rhaenys lo sabía, por supuesto. Rhaenys se daba cuenta de todo. Jon solía decir que podría hacer la competencia a Varys. Solo que ella no era tan discreta.
-Como averigüe de quien está enamorada le parto los dientes- gruñó Jon.
Aegon casi se atraganta con un gajo de naranja.
-¿Porqué?
-Porque es un canalla. Llegar al corazón de Arya es algo muy complicado. Ella no es como Sansa, ni las otras, que se enamoran de alguien solo por su aspecto. Ganarse su corazón es algo que muy pocos pueden lograr, y si ese tío ha sido lo suficientemente idiota como para hacerlo y no reconocer lo que vale el corazón de Arya, es que es tan imbécil que no merece vivir.
-Estoy de acuerdo- sonrió Rhae mientras Aegon hundía la cara entre las manos- Ese hombre es completamente imbécil.
Un mes más tarde, Jon recibió otra carta, ésta vez de Robb. A media lectura estalló en carcajadas.
-¿Qué ocurre?- preguntó Elia, alarmada.
-Es Arya. Tío Ned quiso acordar su boda con Theon Greyjoy. Ya estaba todo acordado cuando Arya se las ingenió para quedarse a solas con él. Nadie sabe qué pasó pero Theon salió de allí aguantándose las lágrimas y diciendo que jamás se casaría con semejante salvaje. Bien hecho, primita.
Y poco después pasó algo parecido con Ned Dayne. Y con el heredero de los Karstak. Y con uno de los Florent. Después Ned Stark se rindió. Por ahora.
Cuando Jon se lo contó Aegon se pasó el resto del día con una sonrisilla tonta en los labios. Jon creyó que era porque le habían hecho gracias las técnicas de su hermana para librarse de sus pretendientes.
Pero como de costumbre, Jon no sabía nada.
-Mira esto- le dijo un día Jon, mostrándole una espada corta de hoja muy fina; el tipo de espada que usan los delincuentes callejeros.
-¿Vas a meterte a ratero?- preguntó Aegon.
-Claro que no. Es para Arya. Ella es muy delgada, para ella es más adecuada una hoja que no pese poco y redondeada, para que sea más fácil matar. Si alguien la ataca, tiene que ser una herida letal porque es muy pequeña y la desarmarían de inmediato.
-¿Vas a regalarle una espada a tu prima? Seguro que a lady Catelyn le encanta.
-Es una de las ventajas de ser hermanastro del rey- dijo Jon- La gente se guarda su opinión. Y es el día del nombre de Arya, así que no puede quejarse de mi regalo.
-¿Vas a ir a Invernalia por su día del nombre?
-Cumple dieciséis, una fecha importante. Dany y Rhae vienen ¿Por qué no vienes tú también? Te sentará bien despejarte. Últimamente solo trabajas y trabajas y trabajas.
``Tentador. Pero no, gracias´´Aegon inspiró hondo.
-No, gracias-dijo-Tengo trabajo pendiente. Ya sabes, se acerca el invierno, como dicen los Stark y todos vamos a morir congelados y hambrientos si yo no preparo el reino. Pero yo también quiero hacer un regalo a Arya. Aún no se qué voy a regalarle,, pero ven a recogerlo el día de vuestra partida.
Y llegó el día de la partida y Jon fue a recoger el regalo de Aegon. Se esperaba una joya. Una capa de pieles. Un vestido. Un caballo. Pero no un señor calvo.
-Vas a regalarle… ¿una persona?- preguntó Jon, alzando una ceja.
-Claro que no. El esclavismo está prohibido en Poniente, por mucho que Illyrio siempre me está insistiendo en que lo permita de nuevo. – respondió Aegon. – Él es Syrio Forel, ex-primera espada de Braavos y Maestro de Danza del Agua. Él le enseñará a lady Arya como hacer uso de tu regalo. Conociéndote, te limitarías a darle la espada y a decir algo como…``clávala por el lado afilado´´ como único consejo. Le he pagado por adelantado todo el aprendizaje de tu prima. La Danza del Agua parece la técnica más apropiada para Arya, en vista de lo pequeña que es.
-Esto sí que no va a hacerle ninguna gracia a lady Catelyn.
-Soy el rey y el rey regala lo que le da la gana.
-No hace falta que lo jures. Aún recuerdo cuando me regalaste aquella lagartija muerta.
-Teníamos tres años.
-Cuatro años.
-Sigo opinando que era un regalo fantástico.
La propia Arya le escribió una carta de agradecimiento, con una letra torcida y descuidada, llena de borrones de tinta e insultos velados, aunque también autentico agradecimiento. Lo cierto es que junto a Aguja, como había llamado a la espada de Jon, era el único regalo que había recibido pensando en lo que le gustaría tener y no lo que era útil o apropiado. Aegon sonrió al leerla y la guardó en su escritorio, donde podía echarle vistazos furtivos sin que nadie se diera cuenta. Aegon la releía a menudo y fingía Arya había sido medianamente grosera en su carta porque se sentía decepcionada por que él no había asistido a su día del nombre.
Y luego Jon y las chicas escribieron diciendo que se quedarían en Invernalia hasta el torneo, ya que al fin y al cabo, se celebraría allí.
Aegon estampó la cabeza contra su escritorio. Se había olvidado del torneo por completo. Y no podía suspenderlo porque aquel sería el último gran torneo antes de la llegada del otoño. Tenía que ir. A Invernalia. Donde vivía ella. Aquello no iba a acabar bien.
Dos meses después, apoyados en la baranda del barco que los llevaba a Invernalia, Viserys le dijo:
-En Invernalia hace frío pero no tanto, sobrino.
-¿A qué te refieres?
-A la cara que traes. Pereces una oveja dirigiéndose hacia el matadero.
``Así es como me siento. Mierda, los reyes no piensan esas cosas´´
-Elia ha estado hablando conmigo.- continuó Viserys.- Quiere que me busque esposa. A mí no me gusta la idea. Tú tendrías que casarte con Dany y yo con Rhae. Es lo que llevamos haciendo los Targaryen durante generaciones, para conservar pura la sangre del dragón.
-Mi madre tiene razón. La guerra nos ha dejado con algunos enemigos. Los matrimonios son la mejor clase de alianzas. Como el de Jon con Dany. Y ya.. bueno, ya no quedan dragones.
Vyseris frunció la nariz.
-Nosotros somos dragones. No hay enemigo que se pueda comparar a un dragón. Pero de todas formas, si tengo que escoger una esposa, me gustaría la chica Stark.
Aegon se puso pálido antes de tener tiempo de reaccionar.
-¿Quién?
-Sansa, la mayor. Sansa es hermosa, dulce, elegante y sabe tener la boca cerrada y no ser una maldita pesada. La otra es insoportable, una salvaje. Fíjate la que organizó en el torneo del año pasado. Si yo hubiera sido rey, la hubiera hecho azotar por su insolencia.
-Tío Viserys- dijo Aegon con calma.-Vete de aquí antes de que te tire por la borda.
Y Vyseris se fue ofendido, directo a decir a todo el mundo que el rey montó en cólera cuando él sugirió la idea de pedir la mano de Sansa Stark.
Para cuando el barco tomó tierra, cada uno de los que iban a bordo tenía la firme convicción de que Aegon estaba enamorado de Sansa Stark y que en breve iba a pedir su mano.
Y por supuesto, aquel rumor llegó a Invernalia antes que los viajeros.
-Esa espada firme.- dijo Syrio- Venga, niña. Estás hecha de carne, músculo y hueso, no de merengue. El brazo firme. Muy bien, así.
Syrio se arrojó sobre ella en una lluvia de estocadas, tan fluidas que parecían agua, buscando cualquier apertura en la defensa de Arya.
-¡Ay!- chilló Arya, recibiendo un golpe en el antebrazo.-Basta por hoy, por favor. Me has dejado un moretón, seguro.- se quejó.- La septa quiere que lleve un estúpido vestido sin mangas para el banquete de ésta noche y ahora se pasará horas regañándome por el cardenal.
Syrio se puso serio. Si había alguien a quien temiera en toda Invernalia, era a la septa Mordane. Ella lo odiaba con oda su alma. Estaba convencida de que estaba ``echando a perder´´ a Arya con la danza del agua, que nunca lograría encontrar marido por su culpa. No podía echarlo, ni quejarse de él ante lord Eddard, porque era un regalo del rey y podría ofenderse y nadie ofende a un Targaryen, no si quiere vivir sin quemaduras de tercer grado. Pero aquella vieja destilaba odio, y Syrio prefería evitar su ira.
-Mejor que lo dejemos por hoy entonces, niño.-
-No soy un niño. Soy una chica. Una mujer, ya.
-¿Prefieres que me vaya a bordar sábanas?
-Eso no es lo que hace una mujer, niño. Eso es lo que los hombres mandan que hagan las mujeres.
Arya ladeó la cabeza.
-¿A qué te refieres?
-¡Arya!- exclamó una voz airada, y ambos se estremecieron.
La septa Mordane estaba tras ellos, y no parecía nada contenta.
-¡¿Otra vez con pantalones?! –la septa avanzó hacia ella y le cogió del brazo con fuerza.-¿Cuántas veces te he dicho que lo que una dama no pueda hacer con faldas es porque no debe hacerse? Suelta esa espada ahora mismo, tienes que darte un baño y ponerte un vestido nuevo. El de encaje blanco. A ver si podemos hacer algo con esas greñas. ¿Y qué son estos moratones? Tienes que ser más cuidadosa. La hermana de la futura reina no puede ir por ahí llena de moratones.
-¿La qué?- musitó Arya.
-¿No has oído los rumores?- preguntó la septa, orgullosa- Parece ser que el príncipe Viserys dijo que el rey tiene intención de pedir la mano de Sansa. Bueno, era obvio que algo así pasaría; Sansa es la viva imagen de lo que una reina debe ser. Será una reina extraordinaria, desde luego.
Arya se zafó de la septa de un tirón.
-Aún no he terminado mi entrenamiento por hoy- replicó con voz dura.- Déjame en paz.
-¡¿Cómo te atreves?! ¡Se lo diré a tu madre!
-Y de paso díselo al rey. Dile que no quieres que aprenda esgrima de el maestro que él contrató.
La septa se puso blanca, luego roja, luego giró sobre sus talones y se fue, indignada y sin duda a contarle todo a Catelyn.
Arya recogió la espada de madera.
-Continuemos, Syrio.
-Creí que habíamos acabado porque no querías tener moratones para el banquete.
-El Muro se derretirá antes de que yo vaya a ese estúpido banquete.- siseó entre los dientes apretados.
Syrio sonrió y se puso en guardia.
-Ahora sí que estás de humor para entrenar.
Y en efecto, Arya no acudió al banquete. Observó al rey y su comitiva, los primeros en llegar, desde su ventana, y fue a las habitaciones de Jon para saludarlo sin cruzarse con el rey. Cuando las doncellas de su madre la dejaron en su vestido de encaje sin mangas y cerrado por detrás y el cabello en un complicado recogido y se marcharon para ir a atender a la estrella de la noche, es decir, Sansa, cogió su capa más abrigada, de piel de zorro, sus guantes y una lámpara y se escabulló por los pasillos de Invernalia hacia el Bosque de los Dioses. Hacía años que Bran había descubierto centenares de pasadizos y puertas que nadie más conocía, y solo se los había enseñado a Rickon y a ella. Y el Bosque de los Dioses era el lugar más seguro para esconderse. Su padre no la regañaría demasiado si le decía que había estado allí, rezando. Eso suponiendo que se dieran cuenta de que faltaba, lo cual no era muy probable. Al fin y al cabo, la que importaba era Sansa. Y ella tenía mucho en qué pensar.
Había anochecido por completo cundo llegó frente al arciano. Dejó el farol en el suelo y se sentó frente a él, con Nymeria acurrucada a su alrededor. El vestido no era precisamente cálido, pero entre la capa y Nymeria no pasó frío. El aceite de su farol no tardó en apagarse, pero no le daba miedo la oscuridad, no con Aguja en su costado y Nymeria a su lado.
Pronto empezaron a llegar hasta donde estaba ella los ecos de la música, las risas y la charla; muy alta estaba ya la luna cuando se desvanecieron, así como las luces en casi todas las ventanas de Invernalia.
Estaba ya casi dormida sobre la loba cuando ésta se incorporó de golpe y empezó a gruñir. Alguien se acercaba al arciano, llevando una lámpara. La sujetaba baja, de tal manera que podía ver las rodillas de aquella persona pero no su rostro, y él en cambio sí podía verla. Arya se puso en pie. Había sido un largo banquete y no era de extrañar que algún caballero o miembro de la guardia se hubiera emborrachado más de la cuenta. Sin embargo, no quería que ningún idiota viniera a molestarla.
-¿Quién anda ahí? Es de mala educación observar a los demás sin dejarlos ver tu rostro.
-Es curioso que precisamente tú te quejes de la falta de educación de los demás.- dijo una voz que Arya encontraba familiar pero no lograba ubicar.
-¿Quién eres?
-¿Ya te has olvidado de mí? Creía que dejaba más huella en las personas.- el de la lámpara suspiró, pero la alzó hasta iluminar su rostro.
-¡Aegon!- exclamó Arya.
-Aegon VI, para ser más exactos.
-¿Qué haces tú aquí?
-Creo que ésta conversación ya la hemos tenido, allá en Aguasdulces. – dijo él. –Quería ver el arciano.
Se acercó más al árbol hasta que iluminó su rostro. Era algo escalofriante, sobre todo a la luz de la lámpara y con toda esa oscuridad rodeándolos. El tronco del árbol era blanco como la leche, mientras que las hojas eran rojas como el vino. El rostro tenía una expresión angustiada y la sabia que rezumaba de la talla era roja y espesa como sangre a medio coagular.
-Dicen que los Dioses Antiguos ven a través de los rostros en el árbol. Por eso en el sur los Dioses Antiguos no tienen poder, porque talaron todos los arcianos con rostro y no pueden observar a sus fieles desde allí.- explicó Arya.
-¿Y no se puede tallar una cara en cualquier otro árbol?
-Son tallas especiales que hacían los Niños del Bosque. Ya no quedan.
-Es triste. –dijo Aegon.-¿Porqué llora?
-Porque matasteis a sus parientes.
-¿Matasteis?
-Los ándalos cortaron a todos los arcianos del sur cuando os inventasteis toda esa porquería de la Fé.
-Yo no soy ándalo. Provengo de Valyria.
-Y yo de los Primeros Hombres.
-Pero tu madre es una Tully. Eres medio ándala. Mi madre es dorniense, procede de los rhoynar.
Arya lo miró con rencor.
-Pero sigues la Fé de los Siete.
-Yo ya no sé en qué creer, y tal vez sea mejor así. Pero no se lo digas a nadie. Si no creen que sigo la Fé, el septón supremo se me echará encima. Ya tengo suficientes problemas, gracias- masculló Aegon, sentándose frente al arciano.
-¿Qué estás haciendo?- gruñó Arya.
-Sentarme aquí; ¿no lo ves?
-Yo estaba sentada ahí.
-Hay mucho suelo por aquí. Estoy seguro de que encontrarás un hueco.
-Pero yo iba a pasar la noche aquí.- bufó, airada.
-¿Ah, sí?- preguntó Aegon- Pues yo también.
Aquella fue la gota que colmó el vaso.
-¡¿Qué?! ¿Algo que celebrar?-bufó Arya, perdiendo lo poco que le quedaba de paciencia.
Aegon ladeó la cabeza.
-¿Celebrar el qué?
Arya observó su rostro detenidamente, para comprobar si se estaba burlando de ella. No lo parecía, así que añadió.
-Tu compromiso con Sansa.
Al principio Aegon la miró como si no pudiera comprender lo que decía. Luego abrió tanto los ojos que a Arya le entraron ganas de poner las manos debajo, para recogérselos si se le caían. A la luz de la lámpara se veían negros como la tinta.
-¡¿Mi qué con quién?! ¿De dónde has sacado algo tan absurdo?
-Me lo contó mi septa. Y luego las doncellas de mi madre. Que el príncipe Viserys quería pedir la mano de Sansa y tú te enfadaste con él porque la querías tú para ti.
-Puaj, no. ¿En serio? Discutí con Viserys, sí, pero no porque me quiera casar con Sansa. Por mí se puede casar con ella.
-¿En serio?
-En serio.
-¿Y por qué no ibas a querer casarte con Sansa?- masculló Arya- Es lo que toda reina debería de ser.
-Creo que tu definición de ser reina y la mía son muy distintas, Arya- suspiró Aegon- Ser reina no es… no sé, sentarse en un jardín de rosas, vestida de seda con una corona de margaritas en el cabello y rodeada de damas mientras los bardos componen canciones en honor a su belleza y los caballeros se baten en duelo por su amor, todo ello mientras come pasteles de limón sin engordar lo más mínimo. No quiero una reina cuya primera orden sea pintar los castillos de rosa y ponerle un tapete de croché al muro. ¿Acaso no conoces a mi madre? ¿Crees que ella se pasa el día componiendo canciones con arpas de plata y haciendo que sus doncellas la peinen? Necesito a una reina que sea capaz de gobernar si a mí me pasa algo. Me caso con una mujer, no con toda su familia. ¿Qué pasaría si me caso con Margaery Tyrell, o con Myrcella Greyjoy, o con Sansa, tenemos un hijo y muero, como le pasó a mi padre? Antes de que se hayan apagado las brasas de mi pira funeraria la corte estará llena de los miembros de su familia, modelando a mi hijo a su imagen y semejanza, manejándolo como una marioneta. No, yo necesito una reina capaz de gobernar, de sentencia a muerte a alguien en un juicio, de dirigir a un ejército si llega el caso. Que no se asuste ante una plaga, una revuelta o una hambruna. ¿Crees que Sansa, que Myrcella o que Margaery son capaces de hacer eso? No. Antes de que me quemaran siquiera el culo de tu padre, de Mace, de Tywin o de Balon estarían en el Trono de Hierro. No. Ellas no me sirven. Solo hay tres chicas en el reino capaces de ser una reina de verdad, no una muñequita paridora. Está Arianne, pero es estúpida y ambiciosa. Además de un poco…libertina. Los que tienen como emblema al ciervo astado son los Baratheon, no los Targaryen. Asha Greyjoy es otra, pero es un kraken y un kraken leal a los suyos. El trono sería de Balon en cuanto ella me envenenase en el banquete nupcial. No quiero a Rhaenys, quiero a Visenya. Y luego estás tú.
-¿Qué?- jadeó Arya.
Ni el propio Aegon podía creerse lo que acababa de decir. Pero ya no podía echarse atrás. Era lo único que realmente había deseado desde hacía años. Desde que tuvo conciencia del hecho de que era rey, cada uno de sus actos, de sus deseos, había sido en beneficio del trono. La esposa ideal, la que beneficiaba al trono, era Myrcella Greyjoy. Eso calmaría a los Lannister y a los Greyjoy. Tal vez no a los Greyjoy, pero sí a los Lannister y sin éstos los Greyjoy estaban perdidos. Aquella era la primera vez que quería algo que no beneficiaba al trono. La primera vez que quería algo porque sí. Y aunque no había muchas oportunidades de que Arya accediera, tenía que intentarlo.
-Lo que has oído, Arya. Cásate conmigo. Se mi reina.
En la oscuridad no podía ver su rostro, pero sí oír el temblor en su voz, aún disfrazado con su tono hosco.
-¡Estás loco!
-Todos los Targaryen estamos locos, de una manera u otra, ¿no lo sabías?
-Sería una reina horrible. No me da bien coser, ni bailar, ni las palabras bonitas, ni…
Aegon se echó a reír.
-¿Y eso que importa? Quiero una reina, no una costurera. Si quiero bailar contrataré un maestro de danza, y si quiero palabras bonitas, a un bardo. Ya lo he dicho antes, la vida no es una canción. Quiero una esposa, alguien que hable de verdad, no que repita las cosas bonitas que le dice su septa. Que me diga cuando me equivoco en la cara, que me quiera a mí, no a mi corona. Que cuando cometa una estupidez me lo diga en la cara y no me suelte un ``un rey nunca se equivoca, si vos lo decís tendréis razón´´. Y una vez seas la reina, nadie te dirá lo que hacer. Nadie te obligará a bailar, ni a coser. Solo obedecerás a tu rey, y tu rey soy yo y soy fácil de contentar. Lo único que te pido es que me seas leal, fiel, me des hijos y no declares la guerra a nadie. Ni siquiera a los Lannister o los Greyjoy. Un hijo, fidelidad y que no mates a nadie sin un motivo justo. No es mucho. A cambio te doy siete reinos, una corona, dinero como para construir una réplica de Invernalia en oro, libertad para hacer lo que te venga en gana y mi persona. Un buen trato ¿no te parece?
-¿Tú persona?-la voz de Arya tenía ahora un tono burlón.
-Admite que es un chollo. Admite que como mínimo me tienes cierto afecto. Te gusto. Al menos un poquito.
Arya se ruborizó de pies a cabeza y reprimió las ganas de darle un bofetón para borrarle la sonrisa presuntuosa que sabía que estaba esgrimiendo.
-Tú no sabes nada de mí, cretino.
-Vivo en el nido de víboras más grande que existe, Arya. Podría reconocer el menor atisbo de celos en cincuenta leguas a la redonda. Y juraría que estabas celosa cuando creías que me iba a casar con Sansa.
-He oído muchas cosas de ti, Aegon Targaryen. Que eres presuntuoso, orgulloso y tienes poca paciencia. Pero nunca había oído que además eras sordo.
Aegon sonrió en la oscuridad. Tratar de conseguir una confesión de amor de Arya Stark era como intentar arrancar una confesión de un asesino en serie. Ya trabajaría en eso cuando llegara el momento. Ahora lo importante era conseguir un sí. El resto ya llegaría. No iba a ser fácil, pero eso lo haría mucho más divertido.
-Mi querida lady Arya..
-No me llames lady. Odio que me llamen así.
-… permíteme recordarte que la oferta sigue en pie, pero es limitada. Y en cuanto a lo de lady… ¿no crees que suena mejor ``reina´´? Reina Arya. A mí me parece que suena bien.
-La vida en la corte…
Aegon suprimió las ganas de hacer un bailecito de la victoria (costumbre familiar) Eso era prácticamente un sí. Buscaba excusas para no decir directamente sí. Ahora solo era cuestión de desmontárselas. La pobre ilusa no debía de darse cuenta de que su trabajo consistía en gran parte en las palabras. Saber decir las apropiadas y saber interpretarlas.
-La vida en la corte puede ser opresiva y difícil para cualquier dama, pero no para la reina. La reina dicta la etiqueta de la corte. Si mi madre se pusiera un yelmo sobre la cabeza a modo de adorno a la semana siguiente todas las damas de la capital lo llevarían. Y para tu información, los grandes señores como tu señor padre, que descienden de los Primeros Hombres, y los otros señores, que descienden de los ándalos son los que son tan poco permisivos; mi madre es dorniense, descendiente de los rhoynar, que tratan a la mujer con igualdad ante el hombre. Y mi madre es quien ha dictado las normas de la corte desde hace veinte años. Rhaenys lleva pantalones constantemente, y Syrio Forel fue maestro suyo antes que tuyo. ¿Tengo que hablarte de mis primas, las Serpientes de Arena? Ya habrás oído hablar de ellas. La que no lucha se disfrazó de chico para que la admitieran en el colegio de maestres de Antigua, o es capitana de barco, y miedo me da hablarte de Elia y Obella, los terrores de las piscinas. Créeme, lo que no hayan hecho ellas es porque no puede hacerse. Y todas rondan por la corte cada poco tiempo. A no ser que entres con un hacha decapitando gente nadie se va a espantar. El año pasado mi prima Obara se puso a dar latigazos a Ser Sandor Clegane durante una audiencia en la sala del trono porque éste dijo que las mujeres eran todas unas debiluchas. ¿Crees que puedes superar eso?
En medio de la oscuridad, Arya se rió.
-Parecen interesantes. Me gustaría conocerlas.- Lo peor que había hecho Arya era hacer un agujero al colchón de Sansa, rellenarlo con bosta de oveja y volver a coserlo, o robarle los pantalones a Robb.
-Para eso tendrías que venir a Desembarco. Las Serpientes nunca vienen tanto al norte.
-No me sienta bien el calor.
-Como bien dicen en tu casa, se acerca el invierno. Pronto no hará calor ni en Dorne.
-¿Y después?
-Después estarás tan enamorada de mí que vivirías en el desierto por estar a mi lado.
-¿Estás borracho o drogado, Aegon Taragaryen?
-Ni una cosa ni la otra, aunque nadie lo creería de estar escuchando esto. Esto es lo más cerca que he estado nunca de suplicar algo, Arya, y puedo asegurarte que es lo más cerca que estaré jamás. Y me gusta apostar, y apostar fuerte. Eso y el riesgo. Cásate conmigo y conseguiré que te enamores de mí.
-¿En serio?- se burló ella.
-Eh, se supone que soy uno de los hombres más guapos de todo Poniente. Y de parte de las Ciudades Libres. No puedes negar que soy apuesto. Soy rey, rico, joven, no me emborracho, no ronco, soy atlético, se mantener una conversación, he leído todos los libros que hay en la Biblioteca Real, hablo tantos idiomas que a veces pienso en pentosi. Ah, y soy mejor espadachín que tú.
-¡¿Qué?!
- Bueno, solo llevas un par de meses entrenando, pero…
-Exacto. Si llevara tanto tiempo como tú…
-No me llegarías ni a la suela de los zapatos.
-¿Perdón?- jadeó Arya ofendida.
-Un rey no pude participar en torneos, ya lo sabes, pero supongo que habrás oído de mi fama. ¿Qué es lo que dicen? Ah, sí, que soy el mejor espadachín de todo Poniente.
Arya había escuchado eso, ciertamente. Pero no iba a admitirlo ni bajo tortura.
-Mucho me temo que estamos tan aislados que no llegan muchos rumores. Y los pocos que llegan, resultan ser falsos.
-Ya. Así que éste es el trato: nos casamos, yo consigo que te enamores de mí, y a cambio te concedo que me retes a duelo dentro de…digamos cinco años.
-No necesito cinco años para vencerte.
-Un año. Y si crees que voy a ser suave contigo porque eres una chica que sepas que Rhae me rompió la nariz cuando tenía once años. Tengo bien claro que las mujeres no son tan blandas como uno cree. Será una lucha con armas embotadas, pero iré a ganar. No puedo permitir que mi reina me patee el culo delante de la corte entera.
-Sigue soñando.
-¿Trato? –Aegon extendió la mano. Empezaba a amanecer y podía vislumbrar la silueta de Arya.
-Trato.- asintió Arya, estrechándole la mano.
En los años venideros se hablaría de cómo Aegon Targaryen, sexto de su nombre, conquistó a su reina con promesas de un duelo a espadas, pero en aquellos momentos no le importó. Tiró de la mano de Arya hasta que ésta calló en sus brazos y antes de que ésta tuviera tiempo de reaccionar la besó. La pobre se quedó paralizada antes de apartarlo de un empujón y darle un sonoro bofetón.
-¡Fresco!- incluso a la escasa luz del amanecer Aegon podía ver claramente las mejillas tan arreboladas de Arya que parecían rojas como la grana.
Aegon retrocedió, estallando en carcajadas.
-Si por un beso me das un bofetón; ¿qué me harás en la noche de bodas?-
-No creo que para entonces sigas vivo.
A Aegon pareció hacerle gracia y volvió a atraparla por la cintura. Ésta vez, cuando la besó, se quedó quieta. Puede incluso que respondiera al beso, pero eso no iba a admitirlo después.
Volvieron a la fortaleza antes de que nadie despertara. Para Aegon fue como un deja vû de aquel día en Aguasdulces, solo que ésta vez Arya iba de su mano, seguida por su loba.
Así que cuando Aegon pidió hablar con lord y lady Stark, todos supieron que iba a haber una petición de matrimonio, sí, pero no acertaron con la chica.
La septa entró a la habitación de Sansa a la carrera y la ayudó a ponerse su mejor vestido, mientras Jeyne Poole la ayudaba con el cabello, trenzándolo con hilos de oro, sin saber que en su propio dormitorio, Arya hacía lo mismo, pero añadiendo a su vestido gris de magas de poeta un colgante de oro con forma de dragón de tres cabezas, colgado de su cuello en un cordón de cuero azul. Era el colgante de Daena Targaryen, Daena la Desafiante, que antes había estado colgado del pomo de la espada de Aegon, Hermana Oscura.
Cuando Arya salió de su cámara, con el cabello suelto sobre los hombros pero perfectamente peinado y expresión extraña en el rostro, Rhaenys Targaryen miró el colgante sobre la seda gris de su vestido y luego a Sandsa, con las mejillas ruborizadas de emoción y ataviada como una princesita, o mejor dicho, una reina, no supo si llorar o reír. En vez de eso se sirvió más vino.
El compromiso se anunció durante el almuerzo. Elia Martell no podía decidir quién se puso más blanca, si Cersei Lannister o Sansa Stark. Lo sintió por la niña, pero se regodeó por Cersei, que ya veía a Myrcella coronada. Y lo cierto es que si Aegon no hubiera escogido a Arya, se habría casado con Myrcella por razones políticas. Sin embargo, su sonrisa falló un poco cuando vio a su hijo sentado junto a Arya. Era como ver a Rhaegar y a Lyanna juntos de nuevo. Y por la cara que tenía Ned Stark, era obvio que pensaba lo mismo. Pero Aegon se inclinó hacia ella, le dijo algo y ambos miraron a Cersei de reojo y se echaron a reír y la reina se sintió un poco mejor.
-No es lo mismo.- dijo Jon, sentado a su lado- Arya y Aegon pueden parecerse a ellos, pero no es lo mismo. Lyanna y padre están muertos, y ellos no son ellos.
La reina le sonrió.
-¿No estás enfadado con Aegon?
-Claro que lo estoy. En cuanto pueda le parto los dientes- dijo Jon, y sonaba bastante sincero.-Todo un año babeando detrás de mi prima favorita y no me dice nada. Ésta me la paga. Como lo de la lagartija.
-Ahora que recuerdo, ¿no le llenaste la cama de arena fina en venganza y pasó toda la noche con picores?
-Shhh, por favor, no lo digas muy alto que Aegon no recuerda esa parte.- dijo Jon.- Pero estoy feliz con el compromiso. Arya es la persona que más quiero en éste mundo, junto con Dany, Rhae y Aegon, y me alegro de que venga a vivir con nosotros. Y se ve que Aegon la quiere de verdad. Tarde o temprano, tío Ned la habría casado con algún abanderado suyo, u otro señor, por mucho que ella se resistiera. Y Arya no hubiera sido feliz. Aegon está acostumbrado a tratar con mujeres de carácter fuerte, así que no se enfadará cuando Arya monte una de las suyas.
-Tienes razón.- suspiró Elia.- Es solo que… se parecen tanto a Rhaegar y a Lyanna…me da miedo que todo acabe igual.
-Es distinto. Padre estaba casado y mi madre prometida a otro. Es como lo que pasó…pero bien hecho.
Elia ladeó la cabeza, dubitativa, costumbre que había pegado a sus hijos y a Jon, y decidió que él tenía razón. Su hijo se casaba por amor, y eso ya era una victoria, siendo rey. Y aquella boda ayudaría a cerrar la herida del norte. Ella había criado a Jon, que era medio Stark, como si fuera hijo suyo, pero eso no había sido suficiente. Para el Norte, Jon era un dragón, no importa cuánto se pareciera a un Stark. Para ellos los Targaryen robaban hijas y quemaban señores mientras ahorcaban a sus herederos. Desconfiaban de los Targaryen. Pero una reina Stark…eso era diferente.
Y no solo el Norte. Arya era tan hija de Ned Stark como nieta de Hoster Tully y sobrina de Jon Arryn. El Valle y Las Tierra de los Ríos se habían levantado contra los Targaryen también. Después de la guerra y del perdón a todos, habían vuelto a jurar lealtad, pero era una fidelidad a medias, de la que se jura porque no se tiene más remedio. En cambio, jurarían lealtad de todo corazón a un hijo de Arya Stark, nieto de Eddar Stark, sobrino-nieto de Jon Arryn y bisnieto de Hoster Tully.
Y tal vez hiciera falta, porque ni los Greyjoy ni los Lannister parecían felices con la elección de novia. Cersei estaba rígida en su silla mientras Rodrick vaciaba una copa tras otra.
Los Tyrell tampoco estaban contentos, pero eran realmente leales a los Targaryen. Y además, Margaery se había sentado l lado de Vyseris y el muy idiota ya se estaba ruborizando mientras ella le llenaba la copa.
Y Arianne estaba junto a Edmure Tully, y Elia juraría que ésta tenía una mano sobre su muslo. Al menos esperaba que fuera sobre su muslo.
Y mientras Rhaenys bebía vino del Rejo y compartía comentarios burlones con…Tyrion Lannister. Elia no pudo evitar fruncir el ceño, pero después se lo pensó mejor y se encogió de hombros.
En otro lado de la mesa, Myrcella miraba de reojo a Robb Stark , que tenía un brazo sobre los hombros de Jon y amenazaba con darle una paliza a Aegon, con corona y todo, si hacía llorar a su hermana. Pero sus ojos le chispeaban de alegría contenida y su copa era la primera en alzarse en cada brindis. Cuando Jon se puso en pie para el brindis, vio que tenía cogida la mano de Dany, lo dedos fuertemente entrelazados mientras reía a carcajadas del último chiste del Gnomo.
En un lateral del banquete Sansa Stark estaba quieta, recatada, con el rostro pálido y pétreo, sin duda intentando fingir que no se sentía afrentada. Pero mientras mantenía la vista clavada al frente no se percataba de cómo la miraba Willas Tyrell, con los ojos llenos de admiración. ..ni como la miraba también Quentyn…o Ned Dayne.
Y Bran Stark sonreía anchamente, porque el rey le había ofrecido un puesto como su escudero. El sueño de Bran era ser miembro de la Guardia Real, y ser escudero del rey era muy buena forma de lograrlo. Estaba sentado junto a Tristane Martell, el otro escudero de Aegon, instruyéndole seriamente en cada una de sus futuras labores.
Y apartado del grupo, Shireen Baratheon acariciaba a Peludo, el lobo de Rickon Stark, mientras el niño alzaba los labios del huargo para mostrar, orgulloso, los largos colmillos del animal.
Elia sonrió, satisfecha. Sus hijos, y los hermanos de su esposo, a los que había criado como si los hubiera parido, sonreían, o mejor dicho, reían a carcajadas. Las grandes familias de Poniente estaban todas reunidas en torno a una mesa. No todas felices, pero eso ya se vería. Al menos no había muerto nadie, y tal y como estaban las cosas, era de agradecer.
Por un momento deseó que Rhaegar estuviera allí. Pero Jon tenía razón. Rhaegar estaba muerto. Y ellos vivos. Vivirían la vida que los muertos deberían de haber llevado, lo que no habían podido vivir.
-Lo he hecho bien, ¿no Rhaegar?- suspiró, tan bajo que nadie pudo oírla.-Al menos lo he hecho lo mejor que he podido. Supongo que, pese a todo, tengo que darte las gracias. Rgaenys y Aegon son unos hijos excelentes. Y Jon también, aunque no sea hijo mío. Es por eso que te lo perdono, Rhaegar.
-Madre, ¿con quién hablas?- preguntó Rhaenys, también con la cabeza ladeada.
-Con nadie, hija.- suspiró. Y luego sonrió y se puso en pie, con la copa en alto.-Por los novios- dijo-Por los novios y por los que ya no están y hubieran querido estarlo. Porque nos están observando, y mientras lo hacen nos sonríen. Salud.
Y todas las copas se alzaron en brindis.
