Disclaimer: Free! Iwatobi Swim Club y Free! Eternal Summer pertenecen a Kyoto Animation, éste trabajo se ha hecho sin ánimos de lucro, sólo con fines de entretenimiento.

N/A: Continuamos con el segundo capítulo de este fanfiction, le agradezco a todas las personas que se han dado la molestia de leerlo, este hecho es más que suficiente para mí. Quiero darle las gracias especialmente a Chrome Burns y a Anakashi, que fueron las primeras en comentar, dar like o follow.

Advertencias del Capítulo: Posible OOC, y el hecho de que me gusta rodear a Makoto dentro de un confortable capullo de cursilería.

CAPITULO II

Makoto Tachibana era amable y gentil, siempre afectuoso y considerado, dejando de lado sus necesidades por hacer feliz a los demás, observador como era, notó poco a poco cambios en la actitud de Haruka, cambios en su actitud hacia Rin Matsuoka.

Makoto intentó suprimir una punzada de dolor en su pecho al recordar como Haru se miraba mas distraída de lo usual, como su mirada azul se iluminaba cuando recibía algún mensaje de texto o cuando Gou anunciaba una práctica conjunta con los miembros de la Academia Samezuka.

Sabía que los demás no lo notaban, pero el castaño sabía leer a través de la aparente indiferencia de su amiga y sabía que algo pasaba entre ella y el pelirrojo.

Sus sospechas fueron confirmadas aquel funesto día cuando fueron a comprar trajes de baño al centro comercial, se habían encontrado con Seijuro, el capitán del equipo rival, con el pequeño y amable Nitori y por supuesto con Rin.

Mientras se probaban los nuevos trajes de baño, notó que Haruka no aparecía por ningún lado, pensó que lo más seguro era que seguía revisando los bañadores con idénticas líneas moradas pero al no encontrarla en dicho sitio salió en su búsqueda.

Cuál fue su sorpresa al verla hablar con Rin cerca de un enrejado, los vio discutir –más bien vio a Rin gritar y a Haru alejarse- vio cómo el pelirrojo la alcanzaba y la acorralaba contra el enrejado, tomándola de las muñecas y besándola con pasión, vio a la chica tensarse pero nunca resistirse, en ese momento el mundo de Makoto se derrumbó.

No supo en qué momento, o más bien era muy tonto para darse cuenta que desde siempre había amado a Haruka, desde que eran pequeños y la había convencido de entrar al club de natación, tal vez desde antes.

Crecieron juntos y la vio convertirse en una hermosa joven, tal vez poco convencional, su belleza era como el mar que tanto añoraba la chica, natural, libre, avasalladora, tal vez su madre ya se había dado cuenta porque ya no los dejaba dormir juntos en la misma habitación como cuando pequeños.

-Haru-chan ya es toda una señorita y no está bien visto que duerma en la habitación de un chico- fueron las palabras amables de su madre, por eso cuando la ojiazul se quedaba a dormir lo hacía en el cuarto de los gemelos junto a la pequeña Ran, mientras que su hermano dormía con Makoto.

Cuando el chico de ojos verdes se quedaba con Haruka, le decía a su madre que dormía en la habitación de huéspedes, que era la antigua habitación de la abuela de Haru, lo cual no era del todo cierto, Makoto solía dormir en un futón en la misma habitación que la pelinegra.

¿Pero eso estaba bien no?, esa acción para él era digna de todo un caballero, amaba a su mejor amiga y la protegería de todo, incluso de sí mismo o al menos eso fue lo que creyó en un principio.

Al pasar las semanas siguió observando más cambios en la pelinegra, comenzó a mirarla con la mirada apagada y hasta con un deje de tristeza, no tardó mucho en atar cabos y darse cuenta de que todo coincidía con el momento en que Sousuke Yamazaki había vuelto al pueblo y ahora formaba parte del Samezuka, supo que él era amigo de la infancia de Rin y en las prácticas conjuntas observaba la camaradería de los dos muchachos.

Mientras, Haru se mostraba más ensimismada que nunca, totalmente ajena a todo, apenas llegaban se desvestía y saltaba a la alberca y no salía hasta terminar la práctica.

¿Acaso estaba evadiendo a Rin? Se preguntaba Tachibana con cierta curiosidad y sobre todo esperanza, tal vez esta era la oportunidad que ansiaba desde hacía mucho tiempo, la oportunidad de confesarle sus sentimientos a la chica que siempre había amado y protegido.


Haruka ya llevaba algún tiempo sin dormir bien, las noches eran cada vez más cálidas y ni siquiera sus eternos baños en la tina le hacían aminorar el calor, aunque tal vez su sopor no se debiera precisamente al clima.

Tenía varias semanas sin ver a Rin y eso la estaba afectando, siempre supo que su relación no había sido convencional ni lo sería jamás, Rin tenía muchos sueños y ambiciones y en este punto de su vida él no estaba listo para una relación digamos formal.

Y no es que ella así lo deseara, a veces al estar con Matsuoka sus ansias de ser libre se sentían truncadas por el afán de posesión del pelirrojo, él quería que fuera suya en cuerpo, mente y alma y ella no estaba segura de poderse entregar a totalidad.

Después de que Rin "terminara" con ella, llegó a buscarla varias veces pero siempre se negaba a verlo, se suponía que habían quedado como amigos y ya no quería complicar más las cosas; ella odiaba lo complicado, le daba pereza, y con la llegada de Sousuke las cosas estaban más enredadas aun.

Cuando entrenaban juntos podía sentir la mirada hostil del más alto hacia ella y observar cómo iba evolucionando la relación entre los dos muchachos.

Yamazaki hacía exactamente lo que Rin hizo con ella, tejiendo una red a su alrededor para seducirlo y Rin estaba cayendo, tal vez sin darse cuenta.

Haru se preguntaba que si cuando el pelirrojo le dijo que la amaba lo hacía con sinceridad o si simplemente era por la pasión del momento.

Muchas veces llegó a tocarse pensando en él y aunque eso le permitía desfogar su ansiedad aun así se sentía sola; luego se ponía a pensar en Makoto.

Haruka siempre supo que el castaño estaba enamorado de ella, pero prefería fingir que lo ignoraba, el motivo de su actitud era muy sencillo, el era su amigo desde que eran muy pequeños y no quería lastimarlo, lo quería bastante y se preocupaba por él.

A pesar de nunca demostrarlo abiertamente él era la persona más importante de su vida, después de su abuela y tal vez más que sus padres.

Tal vez por eso estaba confundida sobre lo que sentía hacia Rin, la personalidad y el carisma del muchacho la atraían como un imán, había mucha química entre ellos y su relación fue muy pasional.

Cuando Rin le propuso mantener la relación en secreto no protestó, es más estuvo de acuerdo, no quería saber la reacción de Makoto si se enteraba de lo suyo con Rin, sabía que lo destruiría.

Cierto día de práctica conjunta coincidió su mirada con la de Sousuke y ahí se dio cuenta, el enorme muchacho la miraba condescendiente y muy arrogante y eso la irritó sobremanera.

Y al parecer las emociones llegaron a su rostro porque le dirigió otra mirada burlona mientras abrazaba por lo hombros a Rin y éste ya no mostraba incomodidad por el acercamiento, al contrario tenía plasmada esa típica sonrisa sensual de medio lado que Haru conocía tan bien.

La chica ya no pudo soportarlo, tomando sus cosas salió del lugar, dando una débil excusa de que tenía tarea pendiente, sus amigos quedaron bastante sorprendidos por su actitud y totalmente ignorantes a la situación, salvo Makoto, que salió casi de inmediato detrás de ella, con la excusa de averiguar si se sentía enferma.

Tachibana alcanzó con relativa facilidad a su amiga, que iba caminando con la cabeza agachada y totalmente ausente a su entorno, le preguntó si se encontraba bien y ella repitió que tenía tarea pendiente.

El castaño decidió entonces acompañarla a su casa como tantas veces, la chica estaba tan distraída que él tenía miedo de que le pasara algún accidente y así se lo hizo saber a la pelinegra, que solo volteo hacia el lado contrario y siguió caminando.

-Oye Haru-chan, sabes que si tienes algún problema puedes contarme, lo que sea que te pase yo aquí estoy para escucharte- dijo el chico de ojos verdes.

-No pasa nada malo Makoto- contesto la chica aun sin mirarlo a la cara.

Su amigo seguía mirándola con detenimiento cuando de repente ella volteó y lo miró fijamente:

-¿Te gustaría quedarte a dormir en mi casa?, hace mucho tiempo que no lo haces- Dicha acción sorprendió al muchacho, no solo por lo repentino de la pregunta, sino porque volteo a mirarlo tan bruscamente que lo había asustado.

-Claro que si Haru, si quieres vamos a mi casa por un cambio de ropa y luego llegamos a la tuya.- Le contestó el castaño, incapaz de negarse a cualquier petición de su amiga.

La chica se limitó a asentir y siguieron caminando, claro que había pasado tiempo desde que Makoto no dormía en la casa de la pelinegra, desde que ella estuvo con Rin ya no lo invitaba, solo pasaba de vez en cuando los fines de semana con los Tachibana, pero nada más, el chico se sentía feliz de que ella lo invitara de nuevo.

Llegaron a la casa de Makoto y éste subió por un cambio de ropa a su habitación, al terminar le escribió una nota a su madre diciéndole que iría a estudiar a casa de Haru para un examen muy importante y que tal vez terminarían muy tarde el repaso, por lo que posiblemente se quedaría a dormir.

Habiendo terminado la nota salió de su casa con un nudo en el estómago, sin saber muy bien porque, o tal vez sentía mariposas, eso no lo podía definir, pero el hecho de estar con su amiga a solas lo estaba poniendo muy nervioso.

Llegaron a la casa de Haruka y ella se dispuso a hacer su usual cena de caballa con arroz mientras Makoto le ayudaba a poner la mesa, él se sentía feliz porque todo era como antes.

Su amiga llegó con los platos humeantes de la cena y comieron en silencio, algo muy usual entre ellos, al terminar el muchacho le dijo que podría ayudarle con su tarea pendiente y resultó que sólo era la tarea del fin de semana, resignado se pusieron a trabajar en ello y terminaron ya entrada la noche.

-Vaya, parece que la tarea no era tan complicada como creí, si bien era bastante, no estaba tan difícil ¿no crees Haru-chan? –Pregunto Makoto- a lo que la pelinegra respondió con un asentamiento.

-Ya tengo sueño, vayamos a dormir ya- dijo la chica en su acostumbrado timbre de voz monótono.

-Está bien Haru, voy a cambiarme de ropa y a sacar el futón del cuarto de huéspedes- Estaba por levantarse pero Haruka detuvo su muñeca con una mano.

-No te preocupes Makoto, puedes dormir en mi cama.

-Haru-chan, no creo que eso sea lo más adecuado, digo ya no somos unos niños pequeños y creo que ya ni siquiera quepo en tu cama- dijo Makoto con una risa nerviosa.

Era imposible para él dormir en la cama junto con su amiga, no sólo porque el chico había crecido demasiado, sino porque tenía miedo de que la naturaleza lo traicionara.

Porque ¿cómo iba a decirle a la chica que ya no la miraba como su amiga de la infancia sino como la hermosa mujer en la que se había convertido?

¿Cómo iba a decirle que sentía un fuego en el vientre cada vez que la ayudaba a salir de la bañera y miraba la manera en que el traje de baño se pegaba a su delicado cuerpo?

¿Cómo iba a decirle que cada noche, en la oscuridad de su habitación se masturbaba pensando en el aroma de su cabello?

Todo eso era indecible y si ella se deba cuenta, tenía pánico de perderla para siempre.

-No creo que haya problema con eso Makoto, hace semanas cambié la cama de mi abuela a mi habitación, ese colchón es más grande- contestó la chica con total naturalidad.

Makoto sólo sintió otra punzada en su pecho, por supuesto que Haru había cambiado de cama, en su antiguo colchón individual apenas cabía ella y lo más seguro era que Rin le había ayudado a mover la cama para estar más cómodos.

El chico de ojos verdes forzó una sonrisa y no añadió nada más. Se dirigió al baño a asearse y salió con su acostumbrada pijama de bóxers y una camiseta vieja, se sintió un tanto avergonzado, hubiera preferido llevar un pantalón largo pero ya no tenía caso regresar a su casa por otra muda de ropa.

Tocó la puerta de la habitación de la pelinegra y ésta le dio el pase, apenas entró y se quedó sin habla, la chica usaba un short de algodón blanco y una blusa de manga con botones de igual color, la pijama se veía algo aniñada pero en Haru se miraba perfecta o al menos eso fue lo que pensó Tachibana.

La chica no se dio cuenta de que la miraba fijamente, ella estaba ensimismada en la tarea de cepillarse el cabello, que caía como una cascada negra sobre sus hombros.

Haruka muchas veces había pensado en cortárselo como cuando era niña por la incomodidad que le generaba tener que acomodarlo perfectamente en la gorra de natación, pero Makoto siempre lograba convencerla de no hacerlo, y Nagisa solía bromearla con que si lo hacía parecería de nuevo un niño y tendría que llamarla "Haru-kun".

La chica sonrió imperceptiblemente ante ese recuerdo, de cuando usaba el cabello corto y no vestía ropa femenina, cuando solía nadar acompañada de puros chicos y le había ganado a aquel pelirrojo tan presumido que se había autoproclamado su rival.

De cuando él le había pedido la revancha y había descubierto que había sido vencido dos veces por una niña, el chico había llorado avergonzado y no quiso saber nada de ella por varios años.

Haruka decidió dejar de recordar y cerró los ojos al sentirlos húmedos, no quería que su amigo la viera así, volteó a ver a Makoto y éste seguía en el umbral de su recámara, se miraba algo incómodo.

Ella se levantó de la cama y empezó a mover las cobijas y algunos cojines que tenía, junto con los peluches de delfines que le habían regalado sus amigos a lo largo de los años.

Fue entonces que su amigo reaccionó y fue a ayudarle a preparar la cama, ambos se acostaron y Haru le dio las buenas noches al chico y se dio la vuelta para apagar la lámpara y se dispuso a dormir, el castaño quedó acostado sobre su espalda y de dispuso a ver las grietas del techo, sería una larga noche.

Dedicado a Gustavo Cerati, quien siempre será mi mayor inspiración para escribir.