Domo mina-san!
Bien, aquí va el segundo capítulo de este fanfic ^ ^ Me alegra que les haya gustado, ya que en un inicio pensé que no tendría éxito alguno u . u
¡Muchísimas gracias por los reviews! ^ ^
Inazuma Eleven Go! no me pertenece ni tampoco sus personajes, son propiedad de Level 5.
Capítulo II: Mi vida, mi historia.
Las clases habían terminado.
El grupo que se juntaba generalmente con Kirino lo estaba acompañando a guardar sus cosas. Habían pasado muchos meses desde que ninguno conversaba.
-¡Eh, Kirino-kun!- exclamó Hamano, un chico moreno y de pelo azul, que gustaba de la pesca y tenía como hobby la música, específicamente, tocar la batería.- ¿Es cierto que irás a casa del nuevo?
-Sí.- confirmó Kirino. Todos rieron.
-¿En serio?- preguntó Amagi, un chico de gran tamaño, pero excelente trompetista.
-Se ve tan… creído.- comentó Kurama. Kirino alzó una ceja.
-Yo diría que él está de espía.- dijo Kurama. Kirino lo miró confundido.
-¿Espía?- preguntó el de pelo rosa. El moreno asintió con la cabeza.
-Dicen que este año el director ha dejado entrar gente para espiar nuestros comportamientos.- dijo Hamano.- Con todo ese enorme reglamento…
-De seguro nos echaran la primera semana…- comentó un chico de cabello café claro y lentes blancos de nombre Hayami, agachando la cabeza pesimistamente.
-Vamos…- dijo Kirino.- No es tan grave.
-¿Qué no es tan grave?- preguntó Sangoku alzando una ceja. Luego indicó a Minamisawa y a Kurama.- Estos dos desaparecieron por toda la jornada de estudio.
Los involucrados se sonrojaron.
-Y eso, los acaba de delatar.- dijeron Kirino y Hamano al unísono.
El grupo llegó hasta el portón de la academia, donde todos separaban su camino.
-Bien, nos vemos mañana.- se despidió Kirino de su grupo.
-¡Hasta luego!
Y Kirino se quedó esperando a Shindou durante unos minutos.
Sinceramente se sorprendía al escuchar a sus amigos. Es decir, ¿por qué creían que Shindou era creído? El no era así… El era una buena persona. Era talentoso, educado… quizás algo inocente, ¡pero engreído nunca!
-Kirino.- Shindou estaba a su lado, ya había llegado.
-Vaya, te has demorado un poco.- dijo Ranmaru.- ¿Qué sucedió?
-A-Ah, la maestra ha dicho que quiere que tome clases adicionales de piano.- dijo el castaño. Kirino sonrió.
-Eso es bueno.- dijo su amigo.
-Eso creo.- dijo el pianista inseguro.
Kirino lo miró fijamente. Había algo raro con Takuto. Era diferente, lo sabía, pero… ¿por qué?
Kirino miró fijamente a su compañero.
-¿O-Ocurre algo?- preguntó el castaño.
-¿No íbamos a tu hogar?- preguntó Kirino.
Entonces, una limosina paró en frente de ambos muchachos. Kirino frunció el ceño, desconfiado, aunque también asombrado al ver un auto de tal esencia en esas calles.
La puerta se abrió, y de ella, salió un hombre vestido de terno, dirigiéndose a las puertas de atrás y abriéndolas. Shindou se acercó a la puerta y miró a Kirino. El de pelo rosa captó el mensaje y entró.
¡Y si que era un auto! ¡Jamás había estado en un auto así!
Luego se subió Shindou, el hombre cerró la puerta, se subió, y finalmente el auto empezó a andar.
Kirino miraba asombrado el auto.
-¿E-Este auto es… de tu familia?- preguntó Kirino mirando a Takuto. Shindou negó con la cabeza.
-Es el auto de mi padre.- corrigió el castaño. Kirino abrió los ojos de par en par.- Mi madre tiene un Ferrari rojo.
-Pues, menudo gusto y dinero tienen…- dejó escapar el peli rosa observando el auto con mayor detalle. Shindou sonrió.
-¿Nunca te habías subido a un auto?- preguntó el chico de ojos carmesí. Kirino alzó una ceja con una sonrisa en el rostro.
-A una limosina, nunca.- dijo el de pelo rosa. Ambos rieron un poco.
La limosina se detuvo, y la puerta se volvió a abrir. Shindou salió seguido por Kirino.
Y cuando Kirino lo creyó haber visto todo, entonces vio la enorme, grandísima y fabuloso mansión que tenía su compañero.
-¡I-Increíble!- tartamudeó Ranmaru. Luego miró a Shindou sin creérselo.- ¿Tú vives aquí?
-Sí.- dijo el pianista.
Un hombre de terno elegante abrió las rejas de la enorme mansión.
-Bienvenido sea a casa, señorito Takuto.- dijo el hombre. Luego miró a Kirino.- Y tiene compañía, por lo que veo.
-Su nombre es Kirino Ranmaru. Es un amigo.- dijo Takuto. El hombre se acercó a Ranmaru y le extendió la mano.
-Sebastian Klein. Soy el mayordomo de la familia. Es un gusto recibirlo en nuestra humilde morada, señorito Ranmaru.- dio la bienvenida Sebastian. Kirino sonrió y le dio la mano de regreso.
"¿Humilde morada?" pensó apenado Kirino. "De humilde no tiene mucho…"
Ambos pasaron a la mansión. Kirino ya se estaba acostumbrando a llevarse sorpresas como esas.
-Señorito Takuto, ¿desea algo para comer?- preguntó Sebastian. Shindou negó con la cabeza.
-No, gracias, Sebastian. Estoy muy bien así.- dijo el castaño. Luego, miró a Ranmaru.- ¿Quieres algo para comer, Kirino?
Kirino se avergonzó.
-¡N-No, gracias! Estoy muy bien así…- contestó.
-Muy bien. Si necesitan cualquier cosa, estaré en la cocina, señoritos.- Sebastian hizo una reverencia.- Si me disculpan…
Y se largó.
Kirino siguió a Shindou. El pianista subió escaleras, muchas escaleras, hasta que llegó a una habitación en específico.
El chico de pelo castaño la abrió y entonces Kirino lo pudo ver.
Un hermoso piano de cola junto a un ventanal, donde la luz llegaba. Parecía un espacio realmente maravilloso para poder tocar cualquier instrumento.
-Esta es mi sala preferida.- confesó Shindou. Kirino lo miró.
-Ya veo porque.- indicó el piano. Shindou sonrió.
A la izquierda del piano había un gran mueble, lleno de carpetas distintas. Shindou se acercó a una de ellas y empezó a buscar en ella unos papeles. Una vez que los encontró, fue hasta Kirino y se los extendió. El de pelo rosa los recibió.
-Invierno, de Vivaldi.- dijo el chico de ojos turquesa. El pianista tomó una de las manos del de pelo rosa.
-¿Sabes tocarla, no es así?- preguntó Takuto. Ranmaru sonrió.
-Es mi… favorita.- dijo el de pelo rosa sonrojado. Shindou sonrió.
-Ya veo. A mí también me gusta mucho.- sonrió el chico.
Hubo silencio, que fue interrumpido finalmente por Shindou.
-¿La tocarías conmigo?- preguntó el castaño. Ranmaru miró las partituras y luego sonrió.
-¡Me encantaría!- exclamó entusiasta. Luego, al darse cuenta de su actitud, se puso más serio.- E-Es decir… si tú quieres.
Shindou se acercó al piano y se preparo. Kirino, en ese lapso de tiempo, sacó su violín y se preparó para tocar.
-Tú das el inicio.- dijo Shindou. Ranmaru asintió con la cabeza y apoyó el mentón en el barbiquí.
No pasó mucho y empezó la a tocar la melodía. Poco después, Shindou le siguió el ritmo.
Ambos estuvieron tocando juntos, improvisando, tocando partituras… Pasaron tres horas. Las horas más cortas para ellos.
Los dos, exhaustos, dejaron los instrumentos de lado para poder descansar.
Kirino miró como Shindou guardaba las partituras en su lugar. El de pelo rosa sonrió divertido. Su nuevo amigo era bastante ordenado. ¿Y cómo no serlo? Venía de una familia adinerada, claro estaba.
-Debe encantarte estar aquí.- dijo Kirino. Shindou lo miró confundido.
-¿A qué te refieres?- preguntó el chico. Ranmaru sonrió.
-¡A esto!- exclamó haciendo un ademán con ambas manos.- Es decir, ¡lo tienes todo! Un piano de cola, sirvientes, autos de lujo, ¡una mansión! ¡Esto es un sueño!
Shindou bajó la mirada. El chico se había quedado en silencio absoluto.
-¿Shindou?- preguntó el chico mirándolo con sus ojos turquesa. Shindou no dejó de observar el suelo ni un segundo. Una vez que levantó la mirada, a Ranmaru le corrió un escalofrío por la espalda.
-No es así.- su compañero de trabajo lo miró fijamente. Kirino lo miró sorprendido. Takuto tenía los ojos llorosos.- Mientes…
Aunque… quizás tenía sus razones.
-Shindou…- dijo Kirino.- Vamos, no puede ser tan malo.
Takuto lo vio enfadado.
-¿Qué sabrás tú?- preguntó Shindou. Kirino abrió los ojos, atónito. Luego avanzó muy molesto hacia donde estaba el pianista y se arrodilló para quedar a su altura. El de pelo rosa se sacó la chaqueta del uniforme, para luego proceder a arremangarse la manga de su blusa blanca, dejando ver unos moretones.
-No puede ser peor que lo mío.- dijo Kirino. El castaño miró asombrado las marcas del chico. Ranmaru se sentó, para luego suspirar y mirar con nostalgia el ventanal de la sala.- Mis padres se pelean constantemente en casa. Tengo que soportarlos gran parte del año… Luego, en vacaciones, me quedo a vivir con mi hermana, Hinata, en ciudad Inazuma. Y como ella tan solo puede recibirme en esta época del año, hace algunos años me matriculó en la Academia.
-Eso quiere decir…- dijo Shindou.- ¿Que no eres de acá?
-Exacto…- dijo Ranmaru. Luego vio aquellos moretones.- Mi padre no sabía que asistía a la Academia. Nunca estuvo de acuerdo en que me dedicara a la música. La cosa es…- suspiró- que hace días lo descubrió…
Ranmaru bajó la mirada, mientras que Shindou escuchaba atentamente a su amigo.
-Ya había visto que maltratara a mi madre, pero francamente jamás me imaginé que me golpearía a mí…- comentó el de pelo rosa.- Cuando mi hermana se enteró, discutió con él… Y es por eso que quizás me quede a vivir con ella y con mi madre.
Shindou bajó con la mirada.
-Yo…- el castaño estaba realmente triste.- Mis padres trabajan viajando alrededor del mundo, por lo que pocas veces los veo… Para mis cumpleaños, o navidades tan sólo tengo a Sebastian, ya que mi padre les da el día libre en navidad y días festivos. Ellos… se olvidan completamente de que existo. No les importo. Ni si quiera llaman para saber cómo estoy. Ellos creen que enviar un regalo caro de otro país puede solucionarlo… pero ambos sabemos que no es así.
-Shindou…
-Siempre estoy solo. Sin amigos… sin nadie que quiera conocerme si quiera. El único que está para apoyarme es Sebastian, pero él no es mi padre… o mi madre. Yo los quiero a ellos.- dijo Takuto mientras que sus ojos se volvían llorosos.- No me gusta estar solo… Cuando entré a la escuela… Todos me odiaban… Todos me odian, pero ni si quiera me conocen.
-Shindou…- Kirino lo miró, y sin pensarlo más de una vez, le dio un cálido abrazo. Takuto abrió los ojos de par en par.
Era algo nuevo para él. Jamás le habían dado algo así. Jamás lo habían abrazado.
-No estás solo.- dijo Kirino sonriendo.- Yo estaré aquí para apoyarte siempre.
Shindou correspondió el abrazo y se tranquilizó un poco más. Dio un suspiro, que le sirvió para aliviarse.
-Te lo agradezco…- dijo Shindou.- No sabes lo feliz que soy al tenerte como amigo…
Ranmaru sonrió.
-Lo mismo digo, Shindou.- respondió el de pelo rosa.- Por cierto, ¿qué te gustaría que preparáramos para nuestra presentación?
Shindou desvió la mirada sonrojado.
-L-Lo que tú quieras estará bien.- dijo el castaño. Kirino sonrió un poco.
-Claro que no. La decisión debe ser de ambos.- dijo el chico. Takuto pensó un poco.
-¿Invierno…?
-Lo dijiste solo porque es mi canción favorita.- dijo Kirino descubriendo al castaño. Shindou desvió la mirada avergonzado.
-Entonces, no lo sé.- dijo Shindou. Kirino suspiró. Luego observó unas partituras que se hallaban en el piano de Shindou. Se acercó a ellas y leyó.
-"Magnet"- dijo Kirino.
-¿Eh?- Takuto se volteó y miró como su compañero tomaba las partituras. El pianista corrió y le quitó las partituras de golpe.- ¡NO LEAS LA LETRA!
Kirino vio como Shindou tenía las mejillas ardiendo. Estaba realmente avergonzado, su sonrojo lo delataba.
Kirino alzó una ceja.
-¿Qué tan terrible puede ser?- preguntó intentando quitárselas, pero Shindou se negó.
-¡No!
Kirino frunció el ceño molesto. Luego sonrió maliciosamente.
Silenciosamente se acercó a Shindou lo abrazó por la espalda. El pianista se sonrojó a más no poder. Sintió como el corazón se le aceleraba y perdió mágicamente las fuerzas, como al poco rato las partituras, y por ende… las letras.
Kirino sonrió victoriosamente.
-¡Kirino, no las leas!- exclamó el chico avergonzado.
-¡No seas exagerado! ¡Sólo será la primera estrofa!- replicó el de pelo rosa. Shindou suspiró resignado.- Veamos…
Shindou se sonrojó. Kirino había leído gran parte de la letra, y por cada línea adquiría un sonrojo cada vez más notorio.
-…
-C-Creo que ya es suficiente, Shindou.- dijo Kirino sonrojado.
¿Qué clase de pervertido, además de Minamisawa, escribiría tal letra?
-Te dije que no la leyeras.- le replicó el pianista.
-Me queda claro el por qué.- dijo Kirino entregándole las partituras.
-Cambiando de tema…- que oportuno era Shindou haciendo eso.- ¿Te gusto mi casa?
-¿Casa? Querrás decir mansión, y… ¡Claro que sí! ¡Es fantástica!- exclamó Kirino entusiasta. Shindou sonrió un poco.
-Vamos, no creo que sea tan distinta a la tuya.- comentó el chico.
-¿Es broma? Lo mejor y más sorprendente que tiene mi casa, es la casa del perro.- bromeó el de pelo rosa haciendo reír a Shindou.
-Deberías invitarme algún día. Así veré que tan cierto es lo que dices.- dijo el pianista. Kirino sonrió.
-¿Te gustaría venir mañana?- preguntó el de ojos turquesa. Shindou sonrió.
-¿En verdad?
-¡A mi hermana le encantará que vengas a casa!- exclamó Kirino.
-¡Me encantaría!- exclamó Shindou. Parecía feliz.
Kirino observó el reloj que yacía en la pared del salón. Al chico casi le da un pre infarto.
-¡Maldición, se me hace tarde! ¡Tengo que crear una excusa! ¡Y mi hermana me matara si llego tarde a casa!- exclamó el de pelo rosa corriendo de un lado a otro preocupado. Shindou lo tomó de un hombro.
-T-Tranquilo…- dijo el chico.- Si quieres nos vamos en auto. Así llegarás a tiempo, le damos la explicación a tu hermana, y no te regañará.
Kirino suspiró aliviado y luego abrazó a Shindou, quien se sonrojó.
-No sabes cuánto te lo agradezco Shindou.- dijo el de pelo rosa.
-No tienes porque agradecérmelo.- le contestó el chico acercándose a la puerta y abriéndola, dejando pasar primero a Kirino. Luego pasó él y ambos se dirigieron a conversar con Sebastian.
Una chica unos 20 se paseaba por la sala de estar de su casa preocupadísima. Tenía el cabello color blanco hasta la cintura y ojos turquesa; era delgada y alta, lo cual bastaba para calificarla como una bella muchacha.
De repente escuchó como un auto paraba en el frente de la casa. Abrió la puerta, y fue cuando vio a su hermano menor el momento en el que pudo volver a respirar calmada.
-¡Ranmaru!- exclamó molesta la chica. El de pelo rosa solo se volteó nerviosamente a verla.
Estaba en graves problemas.
-H-Hermana, te juro que hay una explicación razonable para todo esto…- se adelantó a decir el chico. Antes de poder explicarle nada, Shindou se acercó a la hermana mayor de su amigo y extendió una de sus manos en forma de un cordial saludo, el cual la muchacha correspondió sin dudar.
-Takuto Shindou, encantado de conocerla.- se presentó educadamente el pianista.
-Hinata Kirino.- se presentó la chica.
-Hinata-san, creo que lo correcto es que yo le dé la explicación correspondiente. Verá, como Kirino no tenía a dónde ir porque había olvidado las llaves, yo le ofrecí quedarse en mi casa, para que no estuviese yendo de un lugar a otro.- explicó Shindou.
-Se nos hizo tarde haciendo un trabajo…- explicó Kirino.
Hinata asintió con la cabeza y luego sonrió.
-Está bien.- aceptó la muchacha.- Me alegro de que solo haya sido eso y nada más.
-Señorito Takuto, ya es hora de irnos.- indicó Sebastian desde el auto.
-Sí.- asintió con la cabeza Shindou y se acercó a Kirino, extendiendo una de sus manos.- Gracias por hacerme compañía esta tarde.
-No…- dijo el de pelo rosa aceptando el saludo.- Gracias a ti, por tener la confianza de tenerme en tu casa.
-No hay de qué. Hasta mañana. Hasta pronto, Hinata-san.- el pianista les sonrió antes de entrar al auto y se fue.
Ambos entraron a la casa y se dirigieron al comedor, donde la cena estaba servida.
-Gracias por la comida.- dijo dándole un bocado al plato de arroz que había preparado su hermana.- ¡Está delicioso!
-Ranmaru…- dijo la chica tras poner una pícara sonrisa en su rostro.- ¿Quién es el "apuesto" joven que te trajo hoy? Era realmente mono. ¿Cuántos años tiene?
Kirino se atragantó con la comida.
-N-No sé de qué estás hablando…- inquirió sonrojado.
-Oh, vamos, se te nota en el rostro, hermanito.- rió Hinata.- Además, es un chico muy educado.
-N-No entiendes, Hinata. Somos muy distintos.- dijo Ranmaru tras seguir con su cena. La chica rodó los ojos.
-Sí, como no…- dijo tras sonreír.- Ranmaru… ¿te gusta, cierto?
-¡Qué ridículo!- exclamó el chico de pelo rosa. Luego miró seriamente a su hermana.- A penas lo conozco de un día… Y somos dos hombres. Eso no es bien visto hoy en día.
Hinata miró molesta a Ranmaru.
-¿Y qué me dices de Minamisawa y Kurama? ¿A caso no son pareja, y eso ahora está mal?- preguntó la chica.
-Está bien, por ellos… Y-Yo… no quiero estar con un chico, Hinata.- aclaró Ranmaru. Terminó su comida y subió las escaleras.
La chica miró como su hermano subía las escaleras sin arrepentirse si quiera.
Ranmaru estaba cometiendo un error grave. Lo sabía.
En sus ojos se notaba como lo miraba, su forma de hablar… Kirino no era así con nadie, a excepción de él.
Ambos se amaban, al cabo de un tiempo, terminarían haciéndolo de todos modos…
Y costase lo que costase, Hinata iba a hacer que Ranmaru se diera cuenta de ello.
Shindou entró a su habitación y cerró la puerta tras de sí.
Era una pieza que tenía hasta el más fino detalle decorado.
Al centro estaba su cama, que era lo suficientemente grande como para que dos personas cupieran en ella perfectamente. A la izquierda había un mueble con libros y algunas partituras. Luego, lo seguía un ordenador en un escritorio que usaba habitualmente para hacer los deberes.
El chico se dirigió a su cama y se recostó en ella, pensando en lo que había pasado en el día.
Abrazó sus rodillas y luego recordó la perfecta imagen de Kirino, la única persona en la que podría confiar a partir de aquel momento, además de Sebastian.
Sonrió.
Él era una gran persona. Un chico de sus edad, normal, que no lo miraba con envidia, si no con admiración.
Y aunque Shindou aún lo ignorara… quizás lo miraba con mucho más que admiración y amistad…
Bien, aquí termina el capítulo ^ ^
Tsurugi: Más te vale no hacer nada yaoista en mi contra ¬ ¬
Cami-chan: Creí que había quedado claro... Que era yaoi, o tener un pasado lo suficientemente trágico como para incluso acabarte en el fic ¬ ¬ Sin contar que tengo apoyo, ¿no es así, Cherryl-chan?
Cherryl-chan: ¡Hai!
Cami-chan: Bien...
Tsurugi: Gracias por leer, y no olviden dejar reviews...
Cami-chan: ¡Con ánimo, hombre! ¬ ¬ Bien, chicos, gracias por leer ^ ^ Por cierto, lamento no haber escrito un especial de navidad, pero tengo uno preparado para año nuevo ^ ^
Tsurugi: ¿Y de qué se tratará?
Cami-chan: Es sorpresa ^ ^
Tenma y Shinsuke: ¡Sorpresa! ¡Amo las sorpresas!
Cami-chan: Que ánimo... ¡APRENDE DE ELLOS KYOSUKE!
Tsurugi: Ni de muerte ¬ ¬
Cami-chan: Bueno... ¬ ¬ ¡Vamos, tenma, Shinsuke!
Tenma y Shinsuke: ¡Cami-chan les desea una muy feliz navidad! ^ ^
Cami-chan: ¡Hai, mina-san! ^ ^
Todos: Matta-ne!
