Maggie Plott

La Entrega~Capitulo 2

El 1 de septiembre fue un día agradable. Tras la llegada de los alumnos a Hogwarts, procedieron a ir al gran comedor donde los esperó un grandioso banquete. Era la sexta vez que Maggie asistía a la misma ceremonia de bienvenida, pero aun así no dejaba de maravillarse. Su parte favorita, sin duda alguna, era ver los rostros desconcertados del curso de primer año, y las expresiones asombradas al escuchar la respuesta del Sombrero Seleccionador.

Minerva Mcgonagall nuevamente dio un discurso, con su voz severa pero con aquellos apenas detectables rastros de afecto que la caracterizaban. Maggie tuvo que hacer un gran esfuerzo para no dormirse, lo de ella no eran las largas charlas. De vez en cuando cruzaba palabras con uno que otro compañero de Huffepuff. Ninguna duró más de cinco minutos. Maggie era una chica reservada, no solía hablar de su vida ni de sus gustos.

El día siguiente la recibió con un clima frío, tanto así, que la chica tuvo que correr a su armario en busca de un abrigo. Sabía que su primera clase era Herbología, y que sería compartida con Gryffindor. Aquella asignatura no era precisamente la que más le agradara a la Hufflepuff, de hecho, ninguna llamaba su atención. Cuando atravesó la sala común notó que el Fraile Gordo se encontraba hablando con Chris Rittle. Maggie los observó con tanto detenimiento mientras caminaba, que el fantasma de la casa se volteó a saludarla. Chris no pareció darse cuenta de su presencia.

Era una fortuna para Maggie que la entrada de Hufflepuff diera justo en la cocina. En muchas ocasiones salía a robar algún bocadillo, sin ser pillada. Los elfos domésticos ya estaban acostumbrados, así que jamás tenía problemas. Aquella mañana no fue la excepción: se había levantado tan tarde que no tuvo tiempo siquiera para desayunar. Mientras caminaba apresurada por los extensos corredores, se llevó unos cuantos tropiezos, y algunas malas miradas.

El invernadero estaba repleto de plantas y criaturas extrañas. Maggie agradeció en silencio no tener que tratar con ninguna mandrágora. Para su suerte y por ser la primera clase, solo se preocupó por escuchar las explicaciones que el profesor Neville daba. Rose Weasley era la chica que más intervenía. Admirable participación, pensaba la castaña, con algo de envidia. Por otro lado, Aaron Longbotton no hacía otra cosa que interrumpir la clase constantemente con comentarios absurdos y vacíos. Su padre lo miraba desafiante, mas eso no fue suficiente para reprimirlo. El contraste que existía entre ambos era impresionante.

La clase trascurrió rápido, y pronto estuvo nuevamente en los corredores. Aritmancia y Pociones fueron otra de las asignaturas. Maggie casi suelta un suspiro lleno de alegría cuando el profesor les indicó que podían retirarse para almorzar. En el camino se encontró con Max Creevey, quien al igual que su tío- ya fallecido- era amante de la fotografía. El joven rubio tenía una cámara en su mano, y no dejaba de tomar fotos, molestando a los otros estudiantes. Maggie no le dedicaba mucha atención, hasta que el reflejo de un flash disturbó su mirada.

-Hey, Maggie. Sonríe un poco- sugirió Max.

Tenía el visor del artefacto a escasos milímetros de su ojo izquierdo, mientras el otro estaba cerrado. La castaña ya se sentía apenada.

-No…- murmuró.

Para cuando Max ya apretaba el disparador, Dominique Weasley se paseaba frente a ellos, con sus auténticos aires de grandeza y superioridad. La rubia pertenecía a la casa de Slytherin, y era una estrella del quidditch, con el papel de cazadora. La atención que Max había tenido en Maggie desapareció tan rápido como había venido.

-Oye, bonita. Regálame una foto.

Apuntó con su cámara el nuevo objetivo, pero la bruja soltó una risa incrédula y se marchó. Él se encogió de hombros y como Dominique, también siguió su camino.

A Maggie se le hizo imposible llegar al comedor, porque Albus también fue un obstáculo en el recorrido. El pelinegro jadeaba, como si estuviese en apuros por llegar a una clase, pero esas eran horas de almuerzo. Maggie abrió la boca para hablar, no obstante fue interrumpida.

-Necesito que le entregues éste libro a James. Lo necesita con urgencia.

Maggie, aun sorprendida, a penas pudo pensar en cómo responder.

-¿Pero dónde est..?- cerró sus labios, Albus ya había marchado a cualquiera que fuese su destino.

La joven no sabía si quiera por dónde empezar a buscar. Miraba el libro en sus manos, queriendo pensar que quizás no era tan importante, pero conocía a Albus, y a juzgar por la manera en la que se lo había pedido, sí lo era. Visitó algunos salones vacíos, con la esperanza de vislumbrar a James. Pasó cerca del retrato de la Señora Gorda, ya que tenía conocimiento que esa era la entrada para la sala común de Gryffindor, y hasta llegó a asomarse por la enfermaría.

¨Lo siento¨ Había dicho un poco después de que la señora Pomfrey advirtiera su presencia y fuese a echarla.

-La biblioteca… ¿Cómo no lo pensé antes?- reflexionó, un poco disgustada consigo misma.

Era la tercera vez que se desplazaba casi a zancadas por los corredores. Las tripas le rugían con ganas, y su frente brillada gracias a unas cuantas gotas de sudor. Ver a James sentado en una de las mesas de la biblioteca, fue algo así como un milagro. Él mostraba cierta frustración, y no dejaba de golpear su pluma con la mesa, lo que le recordó a Maggie su viaje en el tren. Trató de recuperar el ritmo de la respiración, para luego acercársele.

-¿James?- preguntó, a sabiendas de que sí se trataba del pelirrojo. Aquella había sido la única manera que encontró para no pasar inadvertida por el mago.

Al escuchar su nombre el Gryffindoriano despegó la vista de su pergamino y soltó su pluma. Contempló a Maggie por unos segundos y optó por recibirla con una sonrisa.

-¿Maggie?- soltó divertido. Como si se estuviese burlando por la pregunta de la ojismiel.

Ella, con las mejillas sonrojadas ante la respuesta, se aclaró la garganta y depositó el libro en la mesa.

-Éste libro… Te lo manda Albus- colocó su frente en alto, y por un instante su voz sonó con más firmeza, haciendo intentos por ocultar la pena.

James la miró con cara de querer plantarle un beso. Había estado buscando el texto durante horas, y de no ser por Maggie, no hubiese tenido como terminar su ensayo sobre Defensa Contra Las Artes Oscuras.

-¡Estupendo!- exclamó-. Si sigues así pronto te ganarás una cita conmigo- bromeó, sin ninguna intención de coquetear con la Hufflepuff.

Maggie nuevamente colorada, clavó sus grandes ojos en el suelo. Hubo un silencio antes de que el estómago de la castaña volviese a rugir. James pudo ser partícipe del sonido y como había comprendido la situación, se pasó una mano por sus cabellos rojizos y habló.

-Muchas gracias, Maggie- manifestó educado-. Tú ya no tienes de qué preocuparte. Solo espero que no te hayas quedado sin almuerzo por mi culpa.

A James realmente no le importaba si Maggie comía o no, mas fue la manera más apropiada que encontró para decirle que se marchara. Necesitaba terminar con su tarea. La chica asintió con la cabeza y se esfumó. Ya en el comedor, tan solo pudo coger unas cuantas patatas ya frías, y un jugo de calabaza. Algunas chicas de Hufflepuff, que devoraban sus postres no paraban de hablar acerca de los sucesos ocurridos a través del día.

-¿Ya vieron que los equipos tendrán tan solo dos semanas para entrenar?- comentaba Alessandra Stassi, con el acento italiano-. Pronto empezaran los torneos. Tal vez tengamos algo de suerte éste año.

-Puede que sí. He oído que Chris se ha preparado muy bien durante el verano- corroboraba una joven de quinto año-. ¿Han visto el buen aspecto que tiene?

El trío de jóvenes lanzó un suspiro, seguido de una risita tonta.

-Yo no me confiaría. Alexander Nott resulta ser ahora el nuevo guardián de Slytherin- intervino una pelinegra-. Me han contado que posee excelentes reflejos.

Las amigas adoptaron expresiones de duda. Con tanta gama de opiniones no sabían qué pensar acerca de cuán probable era su victoria en los próximos juegos. A pesar de que Maggie, al no tener algo mejor que hacer escuchaba sin mucho interés, de un momento a otro la imagen de James le vino a la mente. Había quedado un tanto intrigada desde el momento en el que lo vio embelesado en sus deberes. Y ahora que lo recordaba, Albus le habían mencionado que su hermano había sido elegido como prefecto. Maggie jamás hubiese pensado que James Potter daría la talla para semejante puesto, aunque desde hacía unos años atrás la directora había establecido que los prefectos solo podían escogerse si cursaban el último año. Con una reducción de opciones así, ya Maggie no lo veía tan extraño.

Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto, y se levantó de su asiento para ir a su siguiente clase: cuidado de Criaturas Mágicas.

Na: ¡Hola a todos! :D Como en el primer cap de mi fic no dejé ninguna nota de autora, me vi con la obligación de dejarla en éste cap. Primero que todo me gustaría decirle que de verdad espero que les esté gustando la historia. Yo he estado un tanto ocupada, y a duras penas tengo tiempo para estar en la compu y escribir, pero aún así trato de sacar ideas en cuanto tengo tiempo. También quería decirle que si tenían alguna sugerencia para el fic, no duden en comentar. A mi no me molestará, en lo absoluto.

Bueno... No suele ser muy buena con éstas notas, así que me despido ^.^ ¡Un abrazo! ¡Gracias por leer! *O*